martes, marzo 31, 2009

Así escribe poesía la nueva generación de Chile

Se cumplirán 20 años (¡20 años!) del encuentro “Reconstrucción del tiempo” que se organizó en Estocolmo en 1989. En aquellos días Anders Cullhed publicó el siguiente artículo en el diario Dagens Nyheter, el más importante diario sueco.

Así escribe poesía la nueva generación de Chile

Anders Cullhed, Dagens Nyheter, octubre 1989

Cada cuatro años se realiza la Copa América y entonces la samba la lleva. Tras cada victoria aparecen caravanas de autos tocando las bocinas durante toda la noche en las grandes ciudades. Justamente una de esas noches, Gustavo Wojciechowski, uno de los destacados poetas uruguayo de la joven generación, se encontraba en bus 546 de Montevideo:

“desearía escribir un homenaje a la Copa América

pero no puede ser, pues supongo que Neruda

ya lo había hecho.”

Los versos de Wojciechowski se me vienen a la mente cuando el sábado pasado escucho poesía chilena en el Moderna Museet Es Sergio Badilla, poeta, hombre de radio, y residente de Estocolmo desde hace varios años, que ha invitado poetas de Suecia, del resto de Europa y de Chile.

El fin de semana estuvo lleno lecturas poéticas y de seminarios, con un público sorprendentemente masivo y Badilla, recién convertido en padre de una niña, hace una semana atrás, feliz y sobre estresado.

En el escenario está Carmen Berenguer y lee su poema pulsante de gran ciudad, Santiago Punk

La libertad pechitos al aire

Jeans, sweaters de cachemira

Punk artesanal made in Chile

Punk de paz

La democracia de pelito corto

Punk, Punk; Der Krieg, Der Krieg

Beau monde. Jet-set

Rightists Jet-set leftists

Hablo un rato con Berenguer en la pausa y ella me cuenta sobre la joven poesía chilena en una economía por ahora estable, donde Pinochet muy pronto –eso esperamos- será parte del pasado. Es un poema que ha extraído bastante del lenguaje de la calle, humorístico, irónico, provocador.

Neruda definitivamente no es un nombre para el hoy. Un poeta como Diego Maqueira, también de visita en Estocolmo, influenciado por los films americanos y los dibujos animados. El se describe a sí mismo como un poeta dramático y satírico. Yo quisiera ser un romántico, pero no funciona. Los tiempos son duros.

Sun Axelsson presenta en total a nueve poetas, interpretados al sueco por tres actores. Yo no hallo ningún estilo común que los una, a parte de que vienen de un mismo país- en la formulación de Badilla:

“Al fin del mundo hay un país arruinado

el horizonte ya no es mi casa

ha sido invadido por los perros.”

El fascismo en Chile no ha sido bueno con la cultura, y el objetivo de estos días de la poesía, tal como se llama el programa, “reconstrucción del tiempo”, dibujar la imagen de una generación que sido obligada a vivir en un estado de excepción, tanto dentro como fuera de Chile.

Teresa Calderón, también de visita desde Chile, colaboró con el poema más corto. Se llama "Bodas":

"Hasta que la muerte nos separe-

Y cómo brillaba

en su mano

el puñal".

Calderón entrega buenos consejos a las esposas con maridos infieles: Tan mortal puede ser resbalarse en la ducha, un accidente casero cualquiera tiene en la vida, arreglabas un enchufe y ¡oh, sorpresa, Fiat Lux! - hágase la luz. En comparación, las jóvenes poetas suecas aparecen como más complejas, más espirituales, y –menos mal- más peinaditas, que sus colegas chilenas.

Queda por ver si esta Chilean connection tendrá alguna consecuencia para nuestra propia poesía de los noventa. Lo dudo, aunque probablemente tengamos una que otra cosa que aprender. Algunas cosas son imposibles de aprehender. Como la flecha de Sergio Infante, arraigado en Estocolmo, lanzada desde el regimiento al firmamento:

¡Es mi tiempo!, confieso al Santo Oficio.

¡Es mi tiempo!, le grito a quien me inquiere.

¡Mirad los senderos en el cielo, allí van los astronautas!"


Traducción del sueco: Omar Pérez Santiago.

miércoles, marzo 25, 2009

Escritora fogosa


Termino de leer este buen libro con la convicción de que tiene un solo gap.

Fuego es el tercer volumen de la serie “Diario amoroso” de Anaïs Nin, continuación de Henry y June e Incesto.

En Fuego, desde diciembre de 1934 hasta el 3 de marzo de 1937, entre París y Nueva York, Anaïs Nin establece relaciones paralelas (por llamarlas de algún modo) con:
su esposo, el bueno de Hugh Parker Guilem (1898-1985),
con el escritor Henry Miller (1891-1980),
el doctor sicoanalista austriaco, Otto Rank (1884-1939) y
el artista peruano, Gonzalo Moré (1897-1966).

Anaïs Nin –que se enamora de modo expedito y le dedica entera dedicación a sus amores- relata las pequeñas trampas, los pequeños engaños para ver a un amante y para ver enseguida a otro, y, a menudo, acostarse con uno y enseguida con el otro. Formas de evitar pequeñas tragedias, los celos y las posesiones, los sadismos y los masoquismos.

“Tres vidas. Tres hogares. Tres amores. ¿Es que no puedo dejar que nada muera, no puedo desprenderme de lo anterior, no puedo soportar la separación, los finales, la muerte, el paso del amor? O ¿es que mis amores son eternos e intensos, que la transformación de mis sentimientos.”

En ese aspecto el libro se lee como una novela –aunque a veces se desestabiliza- de una buena chica escritora, -bien hembra, por supuesto-que surge y sale bien. Uno busca o espera ver a la narradora en esos paquetes sentimentales sin los que ella no puede vivir. Está bien editada como una novela sobre la inmediatez, que fortalece el lenguaje que parece vivo.

Y son morbosas sus reflexiones sobre como olvida a uno, mientras está acostada con otro y como NO olvida a otro, mientras está con uno.

“Deseo, deseo que Gonzalo pudiera penetrar en mi seno como hizo Henry, y permaneciera allí, oscuramente, dentro de mi carne”

Es interesante además la discusión sobre el valor artístico de un diario de vida versus una novela. La posmodernidad volvió autobiográficas las novelas y eso a nosotros nos parece muy normal ahora (brumosos límites de la ficción y la realidad, no separación del arte pop y arte fino, juego lúdico con el pasado y el futuro) . En la época de Nin, el tema se debatía pacientemente, como ella misma lo relata en el libro:

“Henry Miller volvió a decirme que creía que yo debía dejar de escribir el diario y escribir una novela.
No me siento natural fuera del diario. El diario es mi forma. No tengo objetividad. Sólo puedo escribir mientras las cosas están calientes, mientras están sucediendo. Cuando escribo más tarde me vuelvo artificiosa. Estilizo. No soy natural. He combatido bastante mi neurosis. Ya no soy neurótica. Sé lo que soy. Soy como los chicos. Escribiré libritos al margen del diario. Vivir intensamente y producir un solo poema. Me siento bien conmigo misma. He de perfeccionar lo que es natural.
-Si lo miras desde esa perspectiva tan elevada, no tengo nada que decir- dice Henry y añade: El diario es una droga, un narcótico”

En ese sentido, el libro no sólo es apto para erotómanos, sino especialmente para escritores erotómanos

La story, para volver al primer párrafo, tiene un solo gap. Y es éste:
El libro está escrito en primera persona. La escritora relata lo que a ella le pasa, o como ella se inventa y reinventa amores.
Pero, no cuenta o no sabe, o no le interesa saber ni contar, lo que sus amantes realmente piensan de ella.
Esa es la brecha.

sábado, marzo 21, 2009

"El poeta colérico de Rinkeby" por Víctor Montoya


Víctor Montoya

Es difícil imaginar el panorama de la poesía latinoamericana en Suecia sin la presencia de un personaje extravagante como Sergio Canut de Bon, quien le ponía color a la vida burlándose de la muerte. Era un conversador ameno y sabía sacarle partido a las tertulias, donde sus anécdotas parecían juegos de pirotecnia. Sus sentencias concisas, hechas con ingenio y humor cáustico, constituyeron el lado fuerte de su creación literaria, quizá porque a través de ellas quería expresar la verdad -su verdad- de una manera breve, rotunda y poética.

Canut de Bon, acostumbrado a la reflexión moral e intelectual, era gran admirador de Salvador Allende, Luis Emilio Recabarren y fiel simpatizante de la revolución cubana. No en vano uno de sus libros está dedicado al comandante Fidel Castro Ruz, seguida de una frase que agregó entre paréntesis: "Lo que Yo habría deseado ser". Se le conocían algunas actividades políticas como militante del Partido Socialista y se denominaba presidente de LAIFE (Sociedad de Escritores, Artistas e Intelectuales Latinoamericanos en el Exilio); una organización que, sin afanes de lucro ni representaciones jurídicas, hacia circular de cuando en cuando una "Hoja informativa" entre amigos y afiliados.

Cuando lo conocí personalmente, a principios de los años 80, ya me habían contado de sus ocurrencias irreverentes en el barrio de Rinkeby, donde graffiteó en los puentes y frontis más visibles: "¡Viva Canut de Bon!" o "¡Arriba Canut de Bon!". Asimismo, cuando algunos le echaron la talla por su excesivo ego, él volvió a los mismos lugares y, allí donde antes había escrito: "¡Viva Canut de Bon!" o "¡Arriba Canut de Bon!", escribió con puño firme: "¡Muera Canut de Bon!" o "¡Abajo Canut de Bon!". Y, para no darles el gustito a todos, se podía leer en las paredes de las iglesias luteranas la sentencia: "¡Dios ha muerto! ¡Qué viva Canut de Bon!"...

La primera vez que lo visité en su apartamento, me enseñó un enorme mapa de Sudamérica que tenía en la pared de su sala, mientras me relataba sus hazañas de caminante que hacía camino al andar. "Pasé por tu país -afirmó con expresión risueña-. Me gusta su gente y la majestuosidad de su paisaje que forma parte del macizo andino". Luego añadió: "Bolivia es un país que quiero entrañablemente, podría parafrasear a mi amiga Violeta y decir: ‘Bolivia... que me ha dado tanto'...". Me contó que, al mejor estilo del Che, recorrió por los territorios cuyas rutas estaban señaladas con marcadores de color, sin más compañía que un mapa en la mano y una mochila al hombro.

Compartimos lecturas en el escenario menor de la Casa de los Conciertos de Estocolmo, donde se llevó a cabo "Poesi-Dagen" en 1983, y en las jornadas literarias de la Biblioteca de Brandbergen, el 29 de abril de 1987; ocasión en la que se quejó de que algunos "aprendices y baciniqueros" le dijeron "tonterías", a tiempo de criticar su particular modo de abordar la poesía. Su queja, más que ser casual, parecía premeditada e intencional, pues a Canut de Bon, maestro en el manejo de la ironía mordaz, le gustaba referirse al cotilleo literario chileno, a la eterna rivalidad entre Pablo Neruda y Pablo de Rokha, a los amaneramientos de Vicente Huidobro o al lesbianismo no confeso de Gabriela Mistral.

En diciembre de 1986, con motivo del 5o. aniversario del semanario Liberación, hicimos el largo viaje entre Estocolmo y Malmö, junto al poeta Carlos Alberto Muñoz y al periodista Luis Garrido, quien iba al volante con la velocidad de un conductor que no usa bocina. Allí, reunidos entre colaboradores y amigos del semanario, conformamos el jurado del certamen literario que se convocaría en memoria a Olof Palme. Recuerdo que durante el trayecto me confesó que amaba tanto la literatura que, la preparación del libro de su vida, le costó incluso el divorcio de su esposa, quien, por ese entonces, estaba vinculada a un pequeño círculo de mujeres que se reunían en torno a la revista "Micaela", la misma que, según su opinión, era una publicación extremadamente feminista que ponía a volar pajaritos en la cabeza de las mujeres cansadas del machismo latinoamericano y de la vida matrimonial.

Al cabo de publicar sus "Aforismos y poemas", me envió gentilmente un ejemplar el 25 de septiembre de 1986, con una dedicatoria que dice: "Estimado Víctor: No me molesta, por el contrario, el que me señalen errores o ataquen. Es agradable el que en una amistad o compañerismo te señalen los defectos y tañan el nombre de uno sin ser cómplices de lo negativo. Así entiendo la amistad verdadera (...) Ráyalos, tájalos, qué sé yo, no me disgustaré. Dímelo y te daré aun más gracias. Espero me comprendas. Es duro criticar, si se hace con un espíritu alerta a lo bueno en esta dura tarea hacia la perfección". Éste era el verdadero sentido de la amistad y de la crítica constructiva que asumía Canut de Bon, quien, como todo ser curtido en la escuela de la vida, no confiaba en esos "criticones" parecidos a los perros que ladran pero que no muerden.

La segunda vez que nos reunimos en su apartamento, con motivo de dar a conocer el veredicto del certamen literario convocado por el semanario Liberación, estuvimos acompañados de Carlos Alberto Muñoz, a la sazón tercer miembro del jurado. Cotejamos los puntajes de los finalistas y, por unanimidad, decidimos premiar la poesía de Juan Cameron. Acto seguido, y como no podía ser de otra manera, nos enfrascamos en una conversación amigable en la que no faltó el vino tinto ni los bocadillos.

Un día nos encontramos en la estación del metro de Odenplan y caminos juntos hacia el antiguo edificio del Instituto de Estudios Latinoamericano, donde Isabel Allende habló de su exitosa novela "La casa de los espíritus". Años más tarde, nos reencontramos en la Universidad de Estocolmo, con motivo del primer Festival Latinoamericano de Poesía denominado "La reconstrucción del tiempo" (octubre de 1989), en la que Daniel Moore le tomó una fotografía desde su asiento, como quien estaba decidido a perpetuar la imagen de un Canut de Bon con el bastón en la mano.

No recuerdo bien cuándo fue la última vez que nos vimos, pero me enteré que estaba viviendo en el Servishus de Rinkeby, donde el niño que habitaba en él seguía dándole cuerda a sus travesuras. Esto me lo confirmaron unas señoras de la tercera edad. Decían que Canut de Bon era una persona especial, que pasaba los días entre la lucidez y la locura, y que por las mañanas, movilizándose en su silla de ruedas por los pasillos, las despertaba con "garabatos" y declamando sus versos a grito pelado, y que, en más de una oportunidad, armó tremendos líos en el comedor. En fin, nada raro en un ser humano cuya excéntrica personalidad estaba marcada por su actitud de juerguista, extrovertido y socarrón.

Desde que lo conocí, de igual a igual, mantuvimos un trato cordial y un mutuo aprecio. Me alentó en mis primeros avances literarios y hasta llegó a escribir en unas de sus cartas: "Debería envidiarte la juventud" y, a tiempo de despedirse, no dejaba de desearme: "Salud, dinero y amor... y el que tenga estas tres cosas...". De él aprendí, como todo joven aspirante a escritor, que el sentido del humor es la mejor arma contra los comentarios ponzoñosos y malintencionados. "Cuando te echen la talla -me recomendaba-, lo mejor es no picarse. Ríete y olvídate. Y si los envidiosos hablan a tus espaldas, ríete también con más ganas". Tampoco era extraño escucharle decir: "Esté feliz de que hablen de usted, compadre, que le serruchen el piso y lo pelen a lengua suelta. ¡Así lo harán famoso, saboreándolo de boca en boca!...".

Hasta aquí, todo hace pensar que Canut de Bon hizo de todo, pero lo cierto es que era poeta ante todo. Murió en el Hospital de Karolinska el 28 de enero de 1993 y sus restos fueron incinerados en la Capilla de la Rosa del Crematorio de Råcksta. Al fin y al cabo, cumplió su deseo de enterrarse en Estocolmo en caso de morir en el exilio. Ya antes de que el tirano Pinochet fuese tumbado por el clamor popular, dejó dicho y escrito: "... no debo ser enterrado en ningún lugar del territorio nacional mientras el usurpador esté vivo o muerto pudriendo o pudriéndose dentro de sus límites. Sólo tras ser alejado ese corruptor de la nación de su territorio entonces mis cenizas sean repartidas o colocadas en el Patio Once del Cementerio General de Santiago donde reposan mis camaradas ‘N.N.' víctimas, entre otros, de tanta insania".

Guardo celosamente algunas cartas escritas de su puño y letra, incluida una dedicatoria que estampó en una servilleta de "Berns Salonger", durante la tertulia del 24 de noviembre de 1983, en presencia de Mario Romero, Carlos Geywitz, Sergio Badilla y otros. Las guardo por si acaso alguien, algún día, las necesite para reconstruir la vida de este poeta colérico que fue buen amigo de los amigos, y, por qué no decirlo, también amigo de sus más furiosos enemigos.

Bibliografía

Sergio Canut de Bon Salas (Chile,1923 - Estocolmo,1993). Autor de "Mis pensamientos" (1956), "Campacana y otros poemas" (1958), "Trovas de odio y de amor colérico" (1959), "Nosotros-Yo, Latinoamérica" (1960), "Historias por y para campesinos" (obra quemada por el fascismo, 1973), "Aforismos y poemas" (1986) y "Nuevos aforismos y pensamientos" (1989).

viernes, marzo 20, 2009

Marchant Lazcano y Calderón en el Altazor

Hace unos meses atrás escribí dos reseñas. Una sobre el último libro de Jorge Marchant Lazcano, El amante sin rostro, y la otra sobre el último libro de poesía de Teresa Calderón, Elefantes. Ambos libros han sido nominados ahora, por mis colegas escritores, como premios Altazor.

Lean a Jorge Marchant Lazcano. Lean a Teresa Calderón.

(Dicen por allí, burócratas de la baja y rebaja cultura estatal chilena, que no existen novelistas en Chile después de Roberto Bolaño.
Majaderos.
Pelmazos.
Justifican y rejustifican su maligna consciencia por la becas y premios que les han regalado a otros majaderos y pelmazos. Nada dijeron de Bolaño, hasta que Bolaño –ayer o anteayer- se hizo famoso.)

miércoles, marzo 18, 2009

Dos jóvenes solos esperan taxi en Ñuñoa

Recuerdo ahora la imagen sangrienta, irremediablemente destemplada, en una casona de Ñuñoa cuando vi como le hacían un aborto clandestino a mi joven, a mi muy joven polola, tirada sobre una mesa, ya que no camilla.

Vi la sangre y vi la sangre fría de la abortera y vi el rostro de niña y oí los gemidos de mi polola sometida a un proceso fiero.

Salió de allí caminando. Es una forma de decir. Ella salió arrastrando los pies, mientras se apoyaba en mí.

Ahora somos dos jóvenes abrazados, solos e irremediablemente solos, que esperan un taxi en una calle de Ñuñoa para irnos a su casa.
Ella musitó en mi oído: ¡Virgen María, ayúdanos! 0 ¡Virgen, perdónanos! Ahora no estoy seguro.

Llegamos a esa casona abortiva una mañana. No hubo muchas palabras. A mi joven y bella polola la abortera la hizo entrar a una pieza de esa casona de techos altos.
Esto ocurrió así: Esa pieza tenía una ventanilla arriba casi en el techo. Yo me puse curioso y subí a una silla y entonces lo vi todo como si fuera un film de terror realista.
Lo que vi me dio un escalofrío, mi silla trastabilló.
Pensé que no debía seguir mirando.
Pero ya lo había visto todo.
Allí me quedé.
Atónito. Petrificado.

viernes, marzo 06, 2009

Historias Bellacas, gramática de la post globalización

Omar Pérez Santiago y Javier Milanca, Feria del Libro La Serena, Febrero 2009


Historias Bellacas de Javier Milanca (n. 1970) son cuentos de la post globalización. Es decir, de la decepción.

Son 19 cuentos de seres fantasmales pero vitales, sitiados en la resaca de un barrio de provincia, en el relegamiento femenino, en la precariedad laboral, en la vida de frustraciones, de pesadez, de lentitud y de la inmovilidad social y sin redes sociales que dejó el paso de la globalización.


Lo central del libro es, entonces, el desamparo en la provincia de perjudicado folklore. Una suerte de crónicas fragmentadas amargosas y picantes sobre la espiral de la violencia, el alcohol, la miseria, la soledad, los mata gatos callejeros, el odio racial al inmigrante, la pobreza, la discordia y los prejuicios. Las calles polvorientas de los suburbios, los escombros que la tele no quiere mostrar. Desengaño o cesantía, prostitutas, y el navajazo en la puerta de una discoteca camorrista. Todo tan real.

Los cuentos de Javier Milanca fortalecen una nueva corriente de Realismo Chungo, que repropone los temas de la identidad en nuestras vagas sociedades populares y villanas, sociedades con débil conciencia de sí.

Mcondo y el Crack

Milanca de algún modo ayuda a cerrar y abrir círculos en los que la literatura latinoamericana se ha estado dando de cabezazos, desde que la corriente de Mcondo surgió en Chile con Alberto Fuguet y desde El Manifiesto del Crack mexicano en 1996, que aspiraban a escribir sobre temas internacionales, que interesarían al mundo desarrollado.

La mercadotecnia y los editores asumieron literaturas oficiosas, con formatos codificados, reelaborados, parodiados del pop y los medios de comunicación y para consumo de las masas. Literatura sin nación, sin ubicación geográfica y con intentos de ser o creerse (da lo mismo) globalizada.

Roberto Bolaño y los inútiles correteos de grupo

Y mientras el efecto de promoción y marketing del Mcondo y del Crack funcionaba en el mercadillo, en el año 1999 Roberto Bolaño gana el premio Rómulo Gallegos, con su obra Los Detectives Salvajes. Y esto produjo un temblor de tierra grado 7 y afectó a los autores de Mcondo y del Crack mexicano. Hoy Roberto Bolaño es considerado como uno de los mejores escritores, demostrándoles a los de Mcondo o a los del Crack, que en la literatura, como en muchos otros ámbitos de la vida, las carreras son individuales y nunca de cuadrilla o de tropel

Propuesta de Realismo Chungo

Y ahora aparecen los cuentos de Javier Milanca.
Está claro entonces que Javier Milanca no repite ni a los de Mcondo ni menos a los del Crack. Tiene una propuesta estética peculiar, distinguible, y se observa en él una voluntad por forjar un estilo, una voz propia consistente y, también está claro, retoma realidades latinoamericanas fuertes, en ambientes de desecho, sobre personajes populares, en esos suburbios de las ciudades, en la frontera de lo legal, lo duro y lo bizarro. Se admite aquí que vivimos entre la fragilidad y la violencia, en un presente desolador: catastrófico en términos de equidad y justicia social, siniestra en materia de respeto a los derechos humanos y apocalípticos para la salud ecológica del planeta.

Milanca fortalece un nuevo círculo para presentar una realidad muy chunga, de mala calidad, difícil y enrevesada que dejó el paso de la globalización en nuestros pueblos.
Abre, además, un diálogo creativo, una convocatoria sobre la necesidad de reflexionar críticamente y que genere discusiones, sobre el desencanto y la indiferencia o cinismo que dejó en los pueblos la post globalización.

Narrativa Mapuche

Dicen que Javier Milanca significa mixtura de oro y plata en mapuzugún. No estoy seguro. Sé, sin embargo, que Milanca guarda raíces mapuches y está aportando a la narrativa etnocultural. Tiene origen e identidad dual. Esto puede incomodar, pero es una señal de los tiempos que vivimos, un signo de que la literatura latinoamericana la harán de modo más frecuentes, escritores con identidades duales, pertenecientes a más de una tradición a la vez, con una cosmogonía étnica en busca del proceso de construcción de una diversidad cultural más digna, más justa y más consecuente. Amén.