domingo, diciembre 29, 2013

Evangelio según mi zombi de Rubén Aguilera.

Eran las postrimerías de los años 80, finalizaban los tan mentado años 80. Rubén Aguilera era joven en 1989, según veo en la fotografía del libro bilingüe, Los escarabajos (Aura Latina) de 1989.
Recuerdo además su obsesión para que su libro quedara tal como él lo soñaba. Obsesiones de escritores, eso de soñar un libro,  cosas difíciles de entender por el entorno. Rubén había estudiado arte, y uno de sus gustos era pasarse metido en museos, y copiar cuadros, y tenía la manía de valorar a los libros por sus calidades estéticas. Manía de escritor. Deseaba que su libro “Los escarabajos”, que él había diseñado y dibujado, fueran contra un fondo oro. No sé que hizo la imprenta Team Offsett de Malmö para darle el gusto al poeta. Escarabajos de Oropel. Así salió esa edición bilingüe sueco/español de Aura latina, con espléndida versión sueca de Clemens Altgard, poeta fundador de la Pandilla de Malmö.

viernes, diciembre 27, 2013

“¿Hay algún autor no mediocre que sea razonable?” Mario Levrero conversa con Pablo Silva Olazábal

 “¿Es razonable un perro?”
“Conversaciones con Mario Levrero” de Pablo Silva Olazábal, editado por Lolita ediciones, es otro libro que he leído con interés.   Mario Levrero el escritor uruguayo, librero, editor de revistas, guionista de cómics y creador de crucigramas conversa con  Silva Olazábal sobre el arte y la verosimilitud del relato,  el cine, los dibujos animados, la telepatía, de la imagen como núcleo, los miedos al plagio, a esos textos que parecen dictados por textos ajenos.
Por ejemplo:
Levrero habla sobre un relato (que dice) que escribió y en que el personaje al despertar nota que su mujer que duerme a su lado, tiene una máscara. El hombre sale a la calle y se da cuenta que todo es fachada. Pero Levrero intuye el plagio y lo destruye. Luego un amigo le muestra un libro donde había el mismo cuento, con otro estilo, quizás, pero el mismo argumento. Levrero no recuerda el autor. Pablo Silva Olazábal recuerda a Levrero la película The Truman show dirigida por Peter Weir y protagonizada por Jim Carrey. Ahora sabemos que The Truman Show tenía su base en la serie de televisión La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone), que estuvo al aire entre 1959 y 1964 y que fue el  criadero base donde se engendraría lo que vendría luego en el terreno de la fantasía y la ciencia-ficción, auspiciado por la imaginación de Rod Serling. Lo sé bien, pues mientras escribía mi novela recién publicada, “Allende, el retorno”, (un Salvador Allende que despierta 40 años después de muerto y cree que está en una serie de la Dimensión Desconocida), vi de nuevo toda esa serie, que no ha envejecido mal.
Parece que todo es circular.
O Levrero conversa sobre un cuento que (dice) escribió para enviar a un concurso y le puso espejos porque en el jurado estaba Borges.
Eso dice. Vaya uno a saber. Lavrero lo hace verosímil.
Por eso este libro es interesante para escritores viejos y jóvenes y fue escrito en base a la correspondencia digital que mantuvo Silva Olazábal con Levrero entre los años 2000 y 2004. Incluye una carta al editor Francisco Mouat, una entrevista a Levrero realizada por el periodista Álvaro Matus, un ensayo de Ignacio Echeverría y fotografías del autor 
Mario Levrero (1940-2004):
“Para mi gusto, la crítica es una actividad innecesaria, improductiva, muchas veces destructiva.”
“Cuando el yo busca, es difícil que encuentre, porque estorba, quiere dirigir demasiado en algo que no sabe.”
“En mi caso, la literatura es más bien compulsiva. Más o menos como el cigarrillo o la comida.”

Mérito de Pablo Silva Olazabal, (n. 1964) que maneja la técnica de la entrevista con agudeza, por nada tiene un excelente programa de radio donde entrevista a autores,  el programa de radio La Máquina de Pensar, donde una vez hablamos él y yo, sobre Tomas Tranströmer y la poesía nórdica.  Ha publicado los cuentos “La Revolución Postergada” (2005), “Entrar en el juego” (2006) y la novela “la huida inútil de Violeto Parson” (2012).

Julio Ramón Ribeyro y sus entrevistas

Julio Ramón Ribeyro, el gran narrador y ensayista peruano, afirmaba que no le gustaban las entrevistas. Se consideraba tímido. “No me atrae en absoluto la fama” “Me incomoda que la gente me reconozca”. “Quienes me conocen saben que soy hombre parco, de pocas palabras, que sigue creyendo, con el apoyo de viejos autores, en las virtudes del silencio.
Paradojalmente, Lolita Ediciones ha publicado un libro titulado “Las respuestas del mudo”, de las entrevistas que Ribeyro dio  a diversos medios; recopilados, con prólogo y notas del crítico peruano Jorge Coaguila.
 Ribeyro, un escritor del que se ha dicho, con una broma muy literaria, que fue “el mejor  escritor peruano del siglo 19”, por su predilección por Balzac, Stendhal, Flaubert y Maupassant y las técnicas narrativas decimonónicas, creo que más que mudo,  le cansaba más bien la repetición de las preguntas de los periodistas. ¿Por qué te fuiste de Perú? ¿Cómo escribes?
Ribeyro tenía un sentido de la ironía tan fino en sus cuentos; y alejándose del naturalismo, aumentando el desfase, se fueron convirtiendo algunos en cuentos alegóricos y fantásticos, donde trata el asunto del doblaje o el doppelgänger, que yo valoro mucho, temas que fueron popularizados por Hoffman, Poe, Cortázar y Borges, pero que en realidad son temas presentes en los viejos cuentos de la humanidad.
Pero, se dice que la narración breve dejó atrapado o marginalizado a Ribeyro del boom literario latinoamericano, pues el cuento, como género, no tenía “buena prensa”. “Los libros muy largos me inquietan un poco”
Este es un libro que resultó valioso para mí. Quizás lo sea también para varios de ustedes.