miércoles, julio 29, 2026

Alende el retorno. Patricia Espinoza, Reinaldo Carreño, Enrique Pérez Arias, Soledad Vignolo, Aldo Astete, Emersson Pérez

 


Patricia Espinosa
Las Últimas Noticias. 31 de Enero al 21 de Febrero de 2014

 Allende, el retorno


Salvador Allende aparece en Santiago de Chile a cuarenta años del golpe militar. Ese suceso da lugar a la ucronía Allende, el retorno, de Omar Pérez Santiago, una novela temáticamente atractiva, ya que el ex presidente aparece convertido en una suerte de hipster que causa estragos con sus lentes gruesos y estilo de vestir retro, al punto de verse involucrado en una intensa historia de amor con una chica alternativa.

El punto de quiebre que separa la realidad histórica de la ficcional corresponde al momento posterior al bombardeo de La Moneda. La imagen del palacio de gobierno en medio de “humo, grietas y escombros” es el único recuerdo que posee el personaje cuando llega al siglo veintiuno. Con posterioridad, a través de internet, Allende se informará de que murió esa mañana de septiembre de 1973, siendo una de las primeras víctimas de la masacre que los militares golpistas recién empezaban a ejecutar. Respecto al pasado anterior al Golpe, su memoria sólo recuperará algunos amigos, su pasión por el tango y el cariño por su perro de la casa de Tomás Moro.

Para los actuales habitantes de Santiago, el protagonista no es más que una copia del Salvador Allende original, que genera simpatías más que sorpresa. El desencanto que producen en el personaje los cambios urbanos y el hecho de ser un anónimo son experimentados con tristeza, pero con bastante pragmatismo. El Allende del presente no queda precisamente en shock y ni siquiera se le cruza por la cabeza buscar a sus descendientes; al contrario, asume con extrema facilidad las transformaciones que le trae el nuevo siglo. A pesar de sentirse hostigado por difusas voces internas, se conforma con su nuevo destino y se dispone a vivir como un chileno medio, desvinculado de la política y privilegiando la vida familiar.

La narración no propone una razón clara que justifique el motivo del viaje temporal de Salvador Allende. Sin embargo, se insinúa que el personaje puede ser víctima de determinada entidad maléfica o poder secreto relacionado con algún tipo de experimento yanqui o un androide de origen desconocido; incluso puede ser un fantasma o el doble del que habitó La Moneda.

Un Allende ingenuo y estrafalario circula por estas páginas, protagonizando situaciones insólitas. Un hecho para remarcar es que su polola queda embarazada y, al parecer, para el narrador, la figura presidencial se completaría con un varoncito que llevara su mismo nombre; no hay que olvidar que él sólo había sido padre de mujeres. La secuencia en que Allende trabaja como mozo en una fuente de soda concurrida por jóvenes onderos, quienes lo reciben con bastante entusiasmo, no deja de ser interesante, sobre todo porque nos lo muestra dedicado a transformar un lugar decadente en un moderno negocio, fijándose incluso en la decoración del sitio.

En esta novela claramente subyace el ánimo de modernizar el retrato del ex presidente desde la complicidad ideológica. Mediante un estilo simple y candoroso, su figura mítica sobrevive para confrontarse con su imagen de icono pop. Más allá de la ausencia de una motivación que justifique la trama, Omar Pérez Santiago consigue con extrema sencillez ingresar, desde una vertiente paródica, a la ferocidad de la tragedia que cruza la biografía del ex presidente Salvador Allende.

 

Soledad Vignolo.

 

Salvador Allende resucita o algo así­, en un Santiago de Chile que se alejó cuarenta años del golpe militar. Ahí­ nace esta ucroní­a de Omar Pérez Santiago, que ubica al ex presidente en una nueva realidad, y lo transforma en un hipster atractivo que puede enamorar jovencitas con sus lentes de marcos gruesos

El único recuerdo que acompaña al personaje cuando llega a este siglo es imagen del palacio de gobierno en medio de «humo, grietas y escombros», y ahí­ se produce un giro en la novela que va a cambiar la mirada del protagonista. Allende se entera por internet, que él murió esa mañana de septiembre de 1973, como ví­ctima del golpe militar, ese golpe que lo transmutó y de su pasado, de su vida anterior, vuelven a él nombres de amigos, los tangos y el amor de su mascota.

En Santiago, Allende es creí­do imitador, casi una morisqueta del destino que les trae a Salvador en la imagen de este simpático viejo parecido el prócer. Para el protagonista, el mundo nuevo que lo rodea lo entristece, pero a pesar de no comprender que la gente no crea en él como tal, es práctivo y consigue sobrellevarlo. No busca a sus hijos, no pretende incorporarse a sus vidas, por el contrario comienza una nueva vida en este nuevo siglo. Vive como cualquier chileno, a pesar de su mente inquiriéndolo, no entra en polí­tica y si pretende una vida cotidiana. No hay motivo concreto para que el tiempo nos haya devuelto a Salvador Allende, aunque deja entrever una maléfica cuestión yanqui que puede haberlo suscitado. El autor nos regala un Allende inocente, lleno de vivencias raras, un tanto incongruente, que le aporta encanto, su novia embarazada de un varón, como si eso significara descendencia digna, puede ser cuestionada, pero es rico ver como va tomando cuerpo este viejo que transformó Chile y ahora lo hace en una empresa de soda, incluso con una onda que el propio Allende no tuvo.

En la novela, la ideologí­a subyace siempre y hasta hay un intento de revalorizar su figura, buscando una especie de aggiornamiento, de mito a marca pop, Allende, el retorno es una parodia trágica, en tono liviano, que deja entrever la fuerte historia del ex presidente Salvador Allende en la pluma de Omar Pérez Santiago.

La trama, a mi juicio, podrí­a haberse justificado con otra claridad, pero es atractivo pensar en estas posibilidades temporales, en la cabeza flexible de un hombre que trasciende épocas y en el reconocimiento que significa esta historia.

domingo, noviembre 29, 2020

  Enrique Pérez Arias.

Allende vuelve 40 años después del golpe militar, vuelve en marzo del 2013 y ya hace frío en Santiago. El invierno se avecina a pasos apresurados y ese frío puede ser una metáfora de que nada será fácil, como nunca lo fue en su vida tampoco. Una vida comprometida políticamente, azarosa privadamente.

Él quiere recordar el pasado, recorre los lugares habituales que él conoció y que compartió con sus amigos más cercanos. Busca pero ya nada existe. Es otra realidad. Tiene un poco de nostalgia pero no es un melancólico, no se deprime. Al contrario. Lo asume.

Rescata, si, lo mejor de la época que le tocó vivir y lo incorpora a la vida contemporánea de Chile. Por esto es un hipster. Allende, el personaje del libro, tiene calidez humana, es bondadoso. Hace uso de su capital cultural y de su inteligencia emocional para adaptarse a los nuevos tiempos, para orientarse en la nueva realidad. Es como un etnógrafo que debe reconocer el terreno; la ciudad no le es ajena. El personaje conecta tiempos históricos en su persona.

Vuelve, vuelve como lo hicieron los exiliados políticos chilenos, intentando recuperar el tiempo histórico que ya no volverá, que pueden reconocer parte de su historia en el Chile actual, pero que sin embargo se sienten fuera. Nada es igual. Como el Allende de la novela, los exiliados no son nadie en la nueva realidad.

Allende se conecta con los jóvenes estudiantes que están protestando. Pero no se logra la conexión política histórica. No se produce la síntesis. El movimiento estudiantil se frustra en sus aspiraciones.

Allende tiene miedo de quedarse solo de nuevo, como en septiembre de 1973. ¿Dónde estaban los allendistas, los dirigentes de los partidos de izquierda de la Unidad Popular?

Y el epílogo del libro es triste, hay algo trágico, el hijo que espera se pierde. No hay descendencia política. El allendismo se acaba.

Allende muerto de nuevo, muchas veces muerto, muchas veces en el recuerdo. Allende vuelve, pero es una paso fugaz, no se queda, pasa como queriendo hacernos recordar que la historia es importante, y la hacemos los seres humanos.

Vendrán otros, seguirá la historia, y él se quedará allí, en éste libro que también tiene algo de bondadoso, de generoso.

Enrique Pérez Arias, 2015

 

domingo, noviembre 03, 2013

 

Reinaldo Carreño Campos

Allende le tomó el rosto con las manos y le besó sus labios, rosa adorable. Besó en el momento oportuno. Imposible resistirse. Ella colocó las manos sobre los hombros que olían a humedad. Por un instante pareció que todo se movía en la habitación, parecían olas, raíces, navajas, dos astros que caen en el tiempo”.

En aquel tiempo en que medio gobernaba el compañero Allende, no todo era miel sobre hojuelas. En esa Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile, que hoy es la casa de los comandantes en jefe de Carabineros de Chile, quien sabe hasta cuando, no toda la gente de izquierda era muy estudiosa.

 

Pero él era una excepción, estudiaba y hacía política. Yo le tenía, confianza y respeto, era una persona consecuente, lo que ya era bastante. Llegó el 11 de septiembre y muchas cosas pasaron. Con el tiempo él se fue al exilio externo a Suecia y luego a España. Yo recibí una beca obligatoria -que desde luego no pude rechazar- de exilio interno, diáspora en mi propio país. Ambos sufrimos segregación. Cada uno sobrevivió como pudo. Ambos amamos, procreamos, gozamos y sufrimos.

Quizás por soledad más que por vocación, que no lo sé. Quizás por ese afán irrefrenable de decir algunas cosas con claridad de modo que algunos no se den cuenta, que tampoco lo sé. Lo cierto es que ambos nos hicimos escritores, un poco a medio tiempo digamos. Escritores de distinto cuño. Él más al comic y al cuento, yo más al ensayo y la poesía. Pero escritores al fin. Digo yo. Hijos de dos exilios distintos.

Y he aquí que nos sorprende a todos en este Chile re - unido, mientras las alamedas intentan ensancharse, con esta audaz novelacuentohistorieta, de calidad y originalidad indudable, sobre el retorno del compañero Allende. Estupenda idea teológica sin duda. Como aquel otro señor, el compañero también venció a la muerte. Claro que todo esto en forma literaria, a no confundirse.

Disfruté la lectura, la releí. Me sentí orgulloso de mi compañero de universidad. Aun tenemos patria ciudadanos. Con delicada maestría el libro nos va mostrando los principales hitos del compañero Allende: hijo de Valparaíso, fundador del Partido Socialista, sus hijas, orador nato, amante exquisito, burgués, líder, bronce eterno.

Y además relata una historia propia, nueva, pujante, una novela dentro de una historia.

Como en la novela de Dostoyevski nos preguntamos: ¿Qué diría o haría el compañero Salvador si de verdad volviera a nuestro país?

 

Por lo mismo le dije le dije en la Primavera del Libro hace unos días: “Tienes que sacar muchos más Allende El Retorno, como la Marcela Paz con su Papelucho. Como Goscinny y Uderzo en Asterix y Obelix.

 

Quiero que Allende viaje a Punta Arenas, que camine por Antofagasta, que navegue por Internet. Que tome Terremoto en La Piojera. Que expropie las cabritas de los cines. Que retorne el mar para los chilenos, ese que tanto defendió. Que saque tarjeta en La Polar. Que compre en Costanera Center. Que hable de nuevo en Radio Magallanes on-line.

 

Quiero más Allende.

Nos hace falta.

Gracias Omar Pérez Santiago por habernos traído de vuelta al compañero presidente.

 

Reinaldo Carreño Campos

Aldo Astete Cuadra





 . . . . . . .

"Allende el retorno”, (Aura Latina/ Cinosargo) es una novela interesante que plantea el desarraigo y la asimilación de situaciones, completamente insospechadas, por uno de los personajes históricos más reconocidos de nuestro país, como imagen o  ícono incluso, por sobre su personalidad íntima.

Quizás exista alguna alegoría con la situación que vivieron, una buena porción de chilenos en el exilio, tal vez realiza una crítica al sistema y a las características de éste, que todos asumimos obedientemente. En definitiva, Allende el retorno es un espejo que nos refleja, obligándonos a preguntarnos ¿Cómo estamos después de 40 años y qué hubiera pensado nuestro Compañero Presidente, si estuviera aún entre nosotros? 

Omar Pérez Santiago recrea una personalidad puesta a prueba ante la incomprensión, el prejuicio y la indefinición, a un Allende que tendrá que encontrarse y continuar su vida de la manera más normal posible, asumiendo lo sucedido en su vida y en la historia, asumiéndose en una situación incomprensible e imposible de modificar.

Sin lugar a dudas Allende el retorno es una novela que entretiene, y  que nos hace reflexionar, un texto que no dejará indiferente a sus lectores." 

 Emersson Pérez


"Mi padre [...] solía decir que los artistas mienten para decir la verdad
mientras que los políticos mienten para ocultarla".
(V de Vendetta)

Hoy tengo cinco minutos para hablar de un libro que en si contiene dos mundos, dos grandes hombres y también parte de la historia latinoamericana, ¿qué ocurriría si el compañero presidente caminara entre nosotros?, ya no como mandatario o como un ícono heroico, ya no mera representación. Omar ha sabido revivir, magistralmente, a Salvador y lo ha conseguido con el refinado ejercicio de la imaginación, contrario al ejercicio de poder que parece utilizar sus propios discípulos políticos, quienes suelen utilizar máscaras, como las que hoy tenemos en nuestras manos, se disfrazan, caricaturizan y finalmente parecen parodiar todo ideal.

El Allende que podrán descubrir en esta novela se ofusca a ratos y se confunde, se presiente como parodia, al parecer repercute el estado de magnificencia ilusoria del país, la falta de ideas y el exceso de lo artificial, basado más en lo estético que lo ético, influida por seducción mercantil individualista, tan contrarios a su proyecto de modernidad y que se ve representado en los antiguos edificios que él fundó.

Allende, el retorno, dentro de lo literario, parece nutrirse del universo creado por Jorge Luis Borges -podemos dar cuenta de ello en sus cuentos y ensayos- sus teorías sobre el espejo y el doble. En su libro Ficciones de 1944 se encuentra un cuento o, también, podríamos denominarlo un ensayo-ficción llamado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius,donde acudimos a un universo o mundo paralelo al nuestro, en el que se postula que “ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo de aquel”. Por otra parte, postula que, mientras dormimos, aquí estamos despiertos en algún otro lado. Para Borges, quien descubre este mundo a través del reflejo de un espejo, las relaciones de simetría pueden ser terribles, ya que multiplican a los hombres, así como también el sexo o el amor… y esta novela se interioriza en estos puntos, es así como en un juego de espejos que nuestro Allende camina nuevamente por las grandes Alamedas donde se encuentra con estos jóvenes llamados hipsters, término que mal aplicamos a cualquier persona que use lentes de marcos gruesos y que parezca de gustos refinados o cool, esta relación con los otros: “los contemporáneos”, son un reflejo para el protagonista.

No es sorpresa que Allende tendría gustos muy similares a los actuales hipsters, de quienes se dice que no tienen ideales políticos o profundos, más allá del gusto por lo estiloso o el refinamiento vintage, pero podemos ver casos puntuales, como fue la propuesta de protesta pacífica de los indignados en Estados Unidos o la preocupación por los temas ambientales y animalistas o incluso por el culto a la vida sana o primigenia por estas mismas latitudes; podemos ver el fenómeno de los ciclistas furiosos quienes conmocionan a la ciudad con sus marchas en dos ruedas, disfrazados o desnudos. En la novela vemos a los etno hipsters, sujetos admiradores de la etnia mapuche y preocupados activamente por sus derechos primogénitos.

El fenómeno hipster no es nuevo, proviene de los años 40-50’s  y sus primeros representantes son de raza negra, eran sujetos altamente contraculturales y esto proviene, exclusivamente, por el hecho de ser minoría racial y social. Fue un movimiento completamente politizado y consciente que provocó cambios a nivel mundial en democratización de conocimientos y derechos sociales para las minorías, además de promover gran cantidad de material cultural, por nombrar solo uno el auge del  jazz, ya hacia los años 50-60’s se tomaron este término los beatniks, quienes empezaron a llamar hippies (o pequeños hipsters) a los blancos que sólo les gustaba bailar o fumar marihuana, pero que, al contrario, de la vida intelectual de los beatniks o hipsters, no apreciaban la poesía o el jazz y no sabían nada de política (aunque masivamente se los considerara como anti-sistémicos), en este momento el termino adquiere carga peyorativa.

Entonces ¿qué hace el protagonista de esta novela?, es capaz de extraer toda la profundidad detrás de esos lentes de marcos gruesos o esos pantalones pitillos y dar conciencia a un montón de personas que no saben los cambios que pueden provocar. Sería realmente interesante que en este tiempo de elecciones, nuestros actuales candidatos fuesen tan versátiles como el protagonista y que puedan ver la belleza interna, los ideales detrás de los espejos y máscaras.

Viernes 8 Noviembre, FILSA 2013

 

Michael Strunge: Leyenda punk danesa. Fabián Bustos, Oscar Saavedra, Emersson Pérez, Romi Sandoval, Anita Montrosis, Pablo Lacroix



Fabián Burgos

Michael Strunge te pienso, te pienso desde “Caricias”, te pienso, te pienso y te pregunto poeta azul, cómo descongelar este país frío. Sé que medirás el cosmos más allá de este recorte feroz que nos plantó el lenguaje. Michael Strunge, caíste de eco sobre Chile (de un frío distinto al tuyo) 28 años después del salto, y es que siempre guardaste en el corazón la certeza de que el poeta no puede volar, siempre supiste queno son las alas, sino que el golpe desafiante de los cráneos contra el concreto, esa chispa, ese estruendo que habita en un segundo lo que puede atravesar las épocas, haciendo eclosionar las pupilas de la galaxia y de una lágrima fecundar las periferias, el poema. Desde el amor Strunge, desde el amor que dice poco de lo que eres, te leo, pero más que el amor me atravesó tu gesto. El salto Strunge, porque me hiciste sentir concreto que no pudo evitar que salieras disparado por su espalda, esquirlando este continente entero, revelando las viejas imágenes, las antiguas visiones, las clarividencias, noticias de las voces. Michael Strunge, tu nombre en la pared entiendo como despojo para rebautizarte en la caída, tu salto como despojo entiendo para rebautizarte en los cantos que quemarán este país de frío. Y desde esta palabra molotov contengo tus alas — porque tú estás en mí y yo estoy en ti- dicta la plegaria que desde ayer profeso por las noches, la plegaria que de un desgarro me tajearé en las venas. Imagino Strunge tu cuerpo reventado contra el concreto, tendido en llamas, barricada entre la poesía y el mundo, pues la palabra es la piedra y desde siempre lo supiste. Tal cual caíste en este Chile frío, de barricada y piedra, cuerpo y palabra, tras 28 años atravesando desnudo el universo.

*


Emersson Pérez

Conocí a Strunge en Agosto de 1990, en una antología llamada “La pandilla de Malmo-Joven poesía de Suecia”- y fue una revelación, supe de inmediato que la poesía formaría parte fundamental de mi vida, después de leer esos poemas urbanos y nostálgicos del danés comencé mi propio camino, me atrajo su vida romántica y fugaz, aunque ambientados en un país nórdico, que quizás nunca conoceré al menos físicamente, pero mucho de un pueblo se traslada con sus aedos. El Strunge que ambientaba sus poemas en Dinamarca era sinuosamente familiar al Santiago de los 90, inclusive como ocurre con los países

latinoamericanos en que las tendencias llegan con retraso, había muchos adeptos a la música post punk, como Siouxsie&theBanshees, Joy división o el mismo David Bowie, pululando por discotecas de ambientes lúgubres, armados con trajes negros y melancólicos, jóvenes en que la revolución pasaba por el despertar sexual y se daba desde los sentimientos y no desde un campo de batalla, jóvenes escudados en nihilismo, también teníamos escenas nocturnas y tren subterráneo, un ambiente post punk por excelencia. Guardando las similitudes me parece ver a Strunge en los poetas jóvenes chilenos de aquellos años como; Gladys González en su “Gran Avenida”, Oscar Saavedra en su “Tecnopacha” o Diego Ramírez con “El baile de los niños”, no es tan difícil imaginarnos a Strunge en el metro de Santiago o declamando sus poemas en un bar con mala iluminación, atemporalmente conversando con nuestro “joven” y también suicida Rodrigo Lira. El poeta se eternizó, la fugacidad de la vida. Por otro lado aún es posible escuchar como bate sus alas y creo que aún podemos descifrar sus visiones poéticas en nuestro pequeño otoño.

*


 

Oscar Saavedra

 

El alternativo Strunge Vía un poema -libro- que se tiró por una ventana; a punta de head banger y love, desde Dinamarca, como si trajera pequeños trozos de vidrio a la luz de las nubes, todavía caminando por el aire, todavía pájaro o prosa del viento, me llegó la palabra Strunge, luego Michael, a través de Omar Pérez Santiago, quien a su vez se dio el tiempo de traducir una lengua hermana, lejos de esta lengua padrastra -más cercano al habla-, a

punta de conocimiento y experiencia. Me llamó la atención -de una- la tragedia de este poeta-pasión-locura-divino-tesoro (vida y poema: ídem): un mito, una leyenda; un punketa que se atrevió a escribir, describir un tiempo, su tiempo y vivirlo a concho hasta el tánatos: por algo caminó por el viento, por algo su poesía voló hacia nos-otros, por algo hoy celebro su chilenizada y aquella tarde en que nos sentimos músicos (ese miércoles de lengua-bailable y rebelde), cuando nos mandamos su slam junto a Michael Strunge -en su honor-: y nos llegó un puñete directo a nuestra sensibilidad como lectores: quedamos con los ojos manchados de palabras.


Romi Sandoval

Hace un tiempo atrás conocí a Michael Strunge a través de una reseña de internet, el “poeta alado de Copenhague” me fascinó desde el comienzo con su poesía urbana. Esto fue una revelación desde un país tan lejano, y desde una cultura que casi desconozco. Pocas traducciones encontré de su obra al español, lo cual siempre me significó un misterio. Me sentí identificada, no sólo por la edad en la cual gestó su poesía, sino también por los círculos punk y góticos en los que desarrolló su vida. Conozco esos escenarios en Chile y materializarlos en poemas, es una explosión de adrenalina.


Anita Montrosis

Cuando Omar Pérez Santiago, me pidió leer junto a otros poetas jóvenes chilenos, un poemas de amor del poeta Danés Michael Strunge, no dudé en participar. No siempre se tiene la oportunidad de estudiar la palabra, más cuando esa voz es extranjera. Chile es un país de poetas, y la poesía, es una larga faja de tierra, pero no angosta, entonces la lírica de Strunge es un homenaje a los sentidos. La escritura alucinada de Strunge, es musical. Nos transporta. Aborda el amor al límite, es bellamente lúgubre y la ubica en una época que no es temporal, entonces requiere ser enseñada.

*


Pablo Lacroix

Pensar en Michael Strunge es pensar en una revolución, en una rebelión del idioma, que colinda entre los planos del amor, lo fúnebre y el aliento desgarrado de la estética punk. Leer a Strunge es leer un corazón ardiente, hiperbólico y legendario. Es encender la mirada con cada verso y dejarse agotar en la memoria del poema. Es caer en la seducción irrefrenable del ritmo, la imagen y esa musicalidad terrible y hermosa. Es sentir su muerte como el ominoso segundo en que cerramos nuestros ojos y preguntamos, tal como Strunge; “dónde terminará esta noche / en qué costa bajaré a tierra / abrazándome


 

Tomás Tranströmer. Placas de la Poesía. Leo Lobos, Juan Cameron, Leonardo Sanhueza, Sergio Badilla, Soledad Fariña, Eduardo Farias

 



Leo Lobos  

“Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel”; estos versos del poeta sueco Tomás Tranströmer (Estocolmo, 15 de abril de 1931), traducidos por el escritor Omar Pérez Santiago (Chile, 1953) parecen encarnar lo que el poeta, ensayista, músico y crítico estadounidense Ezra Pound predicó sobre la fanopéia, una de las modalidades de la poesía; es decir, la

proyección de una imagen visual sobre la mente. Tomás Tranströmer es un psicólogo, escritor, poeta y traductor sueco, cuya poesía goza de una gran influencia; la crítica internacional lo considera uno de los poetas más sobresalientes de Suecia. En 2011 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura; la concesión del galardón hará posible que la obra literaria y psicológica de este creador de ochenta años “llegue a un público más amplio”. La naturaleza y la música son los dos grandes motivos que llenan los libros de este autor poco conocido fuera de Escandinavia a pesar de que su obra poética ha sido traducida a más de cincuenta idiomas.

Este libro es el primero que se publica en español sobre la obra del poeta; contiene ensayos y traducción sobre la poesía sueca, las generaciones literarias, sus vínculos con la poesía latinoamericana, que permiten entender la relevancia de Tomás Tranströmer en el panorama sueco, europeo y mundial. Omar Pérez Santiago estudió en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile e Historia económica en la Universidad de Lund en Suecia y fundó en Europa la editorial Aura Latina. El libro Introducción para inquietos / Tomás Tranströmer / Premio Nóbel de Literatura 2011, de Omar Pérez Santiago, ha sido publicado por Cinosargo Ediciones, una productiva editorial de Arica que dirige el escritor Daniel Rojas Pachas. “En los años 80 se articuló”, comenta Omar Pérez Santiago, “un activo grupo de jóvenes escritores latinoamericanos en Suecia, escritores traductores. El poeta uruguayo Roberto Mascaró con el poeta tucumano Mario Romero traducen a Tranströmer y lo publican en una antología de poetas suecos en 1985. El poeta chileno Sergio Badilla, el argentino Cristian Kupchik hacen lo propio. En julio de 1986 tres poetas viajan en tren desde Estocolmo a Malmö, Roberto Mascaró, Sergio Badilla y Raúl Zurita. Ese agitado fin de semana en Malmö, uno de los temas de conversación con los poetas traductores fue la poesía de Tranströmer”.

La poesía, como la prosa, es ante todo una cierta forma de pensar y conocer, en palabras de Omar Pérez Santiago. “Llegué a Suecia un frío día de invierno. Había nieve y estaba oscuro. Algo realmente mágico. Al otro día, a las 8 de la mañana, ya estaba estudiando el idioma”. El poeta francés Paul Valéry dice: “Se reconoce a un poeta cuando éste transforma al lector en un inspirado”, el lector encuentra en el poeta la causa admirable de su admiración. Aquel que lee ofrece al creador de los poemas los méritos trascendentes de las fuerzas y de las gracias que se desenvuelven en él. Este libro se sustenta en una original teoría sobre las placas poéticas de la poesía, es decir la conexión terrestre, el tejido, cruces y las referencias de la humana poesía. “Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento”; el bosque de Tomás Tranströmer en traducción de Omar Pérez Santiago.

 Leonardo Sanhueza

Las Últimas Noticias

Domingo 23 de septiembre 2012.

Desde la ya remota telenovela entre Sun Axelsson y Nicanor Parra hasta los vínculos establecidos por el exilio de poetas chilenos en dictadura, la literatura sueca en Chile ha tenido una pequeña pero importante resonancia, lo que ya es mucho decir para un país que suena igual al chino en el ámbito hispano hablante. Por eso el poeta sueco Tomas Tranströmer no era en absoluto un desconocido en estos lados cuando el año pasado le fue concedido el premio Nobel.

Uno de los activistas de ese conocimiento es el escritor Omar Pérez Santiago, quine publica ahora una especie de dossier sueco. Como lo sugiere el título, es una especie de introducción a Tomas Tranströmer e incluye algunas traducciones a su poemas, pero también recorre sucintamente varios hitos de la poesía sueca, desde el romántico de Eric Johan Stagnelius hasta Michael Strunge y los años ochenta, además de su conexión con poetas daneses y latinoamericanos. Visto así, parece una ensalada, pero en realidad se trata de traducciones, notas y recuerdos con los que Pérez Santiago plantea una “teoría de las placas” literaria, en la que la “placa Tranströmer” ocupa un lugar central: son literaturas conectadas por un cierto dominio del paisaje, los bosques y el terruño, la omnipresencia del invierno, la densidad simbólica, etcétera, de modo que a través de la poesía, se dibuja otra geografía, en las que hay zonas de los países nórdicos que parecen quedar mucho más cerca de nosotros, entre Lautaro y Pillanlelbún, por ejemplo.

Eduardo J. Farías Alderete

Tomas Tranströmer

Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la inconstante y movediza corteza literaria mundial.

Omar Pérez Santiago acomete en este libro un trabajo concienzudo y conciso para un tema que cada año por estos meses llama la atención a los escritores, lectores y amantes de la literatura: el anuncio del Premio Nobel. Este año fue premiado Mo Yan escritor chino autor de la novela el Sorgo Rojo, y que actualmente Chile carece de sus obras como para adquirir leer y formarse una idea de qué cómo escribe el

flamante Nobel. Si su trayectoria justifica tal reconocimiento. Actitud generalizada.

El año recién pasado fue premiada la poesía, Tomás Tranströmer y como es costumbre se alzaron aquellos que decían conocerle, algunos avalando la designación y otros mostrándose como firmes detractores, difícil tarea pues sería para los curiosos de siempre hacerse un juicio.

La Introducción para Inquietos soluciona ésta intríngulis a través de una teoría que más que provocar una cuota de extrañeza por lo geológico del uso en sí aplicado a algo tan poco monolítico o de litósfera como es la poesía, lo cierto es que parece calzar a la perfección y Pérez lo logra con una línea cronología y concatenación de autores suecos y de alguna forma casi dialéctica llegar a una definición acabada de la posición que ocupa Tranströmer no sólo en su nación sino que en Escandinavia, Latinoamérica y Chile.

La Cartografía aplicada a cómo abarcar en pocas páginas el quehacer de un poeta de la relevancia de Tranströmer; nuestro periplo comienza con el pilar de la poesía sueca y quien en su impronta dio el puntapié inicial de esta forja tectónica: Eric Johan Stagnelius poeta y dramaturgo romántico, no está demás clarificar que , el autor de esta tesis selecciona un trabajo poético ilustrativo del exponente además de la descripción de su perfil quedando cada “placa tectónica-poética” ensamblada a la Placa Tranströmer desde el remoto siglo XIX, pasando por el ya discutido concepto de generación, (útil no sólo para estudiosos) al Modernismo de la década del 30 del siglo pasado, los años 40, los años 60 , la generación escandinava de los 80, los vínculos con autores latinoamericanos internacionalmente reconocidos, pero dentro de este desarrollo conceptual hay, en el acápite “Nobel y Nicanor Parra” la explicación de fondo de lo que para muchos

es algo casi ininteligible: la “misteriosa” y a veces “caprichosa” manera en que surge la nominación y posterior premiación del Nobel de Literatura. Los parámetros que entran en juego, las circunstancias además de los méritos de cada candidato para ser galardonado.

Pero una cosa queda clara luego de la lectura de este libro, a la vista los poemas, la trayectoria, la influencia e incluso los “antagonistas” determinan que la “lárica — universalidad espiritual” de Tomás Tranströmer como hablante poético merece el premio con largueza.

Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la inconstante y movediza corteza literaria mundial.

Cinosargo en su colección Pink Cigarrette, ha demostrado más allá de toda prueba un gusto exquisito por la poesía extranjera y la traducción precisa, un siempre loable intento por traernos aquellos autores relevantes “ajenos” al habla hispana

Sergio Badilla

Comenzaré haciendo intertexto en mi exposición de hoy, sobre el libro: Tomas Tranströmer, Introducción para Inquietos, de Omar Pérez Santiago refiriéndome a las palabras del propio Nobel, en su libro: Tolkningar(Interpretaciones) que dice: de una manera teórica, señala él, la traducción de la poesía puede ser considerada un absurdo, en sí, pero en la práctica debemos creer en su traducción.

En este volumen, Tolkningar, él hace una selección de poemas de poetas norteamericanos tales como James Wright, Robert Bly, W. S. Merwin, y de los húngaros: János Pilinszky y Sándor Weöres, entre otros.

El libro de Pérez Santiago que hoy nos convoca, aquí, en la casa de Neruda, es justamente un libro que alude y se refiere a interpretaciones de poesía, a poetas, a personajes de la poesía que han sido figuras ilustres en el culto de esta expresión

alegórica en el idioma sueco, comenzando, este volumen, por Tomas Tranströmer, nuestro conocido y reciente Nobel.

Pérez Santiago tiene la virtud de atrapar momentos; de ser, en la mayoría de los casos, testigo cronista de historias urdidas en estas páginas que dan cuenta de episodios que nos dejan abierta una mirilla, por donde nosotros, los lectores curiosos, podamos fisgonear algunas intimidades de esta pléyade de creadores; como por ejemplo la animadversión de muchos de sus contemporáneos , en la década del 60, que criticaron su poética, porque no aludía el entramado ideologizante de la época Le exigían compromiso y sencillez de lenguaje. Contingencia y arenga. En pocas palabras: intransigencia y prédica poética. Afortunadamente, eso no ocurrió, gracias a su perseverancia lírica en el rumbo que se había trazado.

El siguió su propio camino, vinculado a la música y a su plectro íntimo, donde surge un lenguaje, a veces, con tintes expresionistas, otras veces con una euritmia surreal, que lo distanció de esa generación de la soflama y que determinó que tuviera, durante muchos años, un escaso reconocimiento en su país natal, pero que, sin embargo, lo hizo crecer notoriamente en el exterior, sobre todo en el mundo anglo parlante, donde poetas connotados como Robert Bly, Robin Robertson o Robert Fulton, tradujeron profusamente su obra, dejando en claro, que para Tranströmer el camino sería muy largo para ser un profeta en su propia tierra, hasta que las clarividencias se enfriaran.

Los poemas elegidos por Pérez Santiago, en esta selección tienen un acento o aroma boscoso, a naturaleza diáfana que, de una u otra forma, lo emparientan con nuestro sur; y el responsable de este libro, lo enfatiza deliberadamente, como por ejemplo cuando traduce jätteeken, o gran pino, por araucaria. Sin embargo, el poeta Nobel, es un hombre que

se deja vincular a través de las imágenes que capta su ojo o percibe su oído nórdico, porque el bosque surge ocurrente y redundado como un espejismo, ya sea en su relación poética contextual como en el paisaje poético insinuado.

Pero, Tranströmer no es un asteroide desorbitado en este cosmos poético y justamente la tarea que se propone el autor de Introducción para Inquietos, es ponernos en evidencia la relación que existe entre el ganador del Nobel con las voces primigenias, es decir, nos induce a la poesía sueca, a través de sus alturas.

El libro continúa con Eric Johan Stagnelius, un poeta de fines del 1700 quien es segregado por los círculos de poder literario de la época en una vida que será breve y azarosa, en su cuerpo deforme.

Karin Boye, una de las grandes modernistas del siglo XX, una suicida en sus años de la madurez primaria, también es convocada por nuestro autor, con su poesía cristalina, donde el psicoanálisis, el jazz y la mirada cosmopolita, se entretejen: Aquí, nos sobreviene una muy buena traducción de su poema: Visst Gör det Ont; Sí, duele.

No podía faltar a esta incitación colectiva, Gunnar Ekelöf, como bien rotula Pérez Santiago, el más grande de los modernistas suecos, que desvaría y alucina. Para entrelazar su poética; venida de la cesión de un ángel y no de una musa, como acota, Introducción para inquietos.

Posteriormente, dos excelentes poetas, Hjamar Gullberg y Eric Lindegren el primero relacionado con Chile, por las traducciones formidables que hiciera de Gabriela Mistral y el

otro, por la poesía existencialista de los años 40, como epígono de los años de guerra y crueldad.

Después, otros cuatro nombres, vinculados a la que nosotros concebiríamos como Generación del 50, Lars Forsell, uno de los más cercanos, quizás, con ojo heterodoxo, en poética y registro, con Tranströmer y quien introdujo a Ezra Pound al mundo nórdico. Lasse Söderberg, poeta conciso y también amigo de Tranströmer, uno de los más conspicuos traductores del español; Göran Palm, de la poesía coloquial, satírica y política y posiblemente, uno de sus críticos más connotados y, finalmente, en este grupo, Dag Hammarskjöld, el ex Secretario General de la ONU, que murió trágicamente en un accidente de aviación el año 61 y que logró la rehabilitación social de Ezra Pound, logrando derribar, con su influencia, la severidad puritana y punitiva de los Estados Unidos.

Las últimas páginas de este libro, echan una mirada a la poesía danesa; sobre todo a partir de Michael Strunge, que integró la llamada “Pandilla de Malmö”, nombre acuñado por el mismo Omar Pérez Santiago, sentado aquí a mi lado.

Finalmente, el remate de este volumen, está dedicado a la relación que hemos tenido los escritores latinoamericanos, con Tranströmer, una anécdota vivida por el autor con Octavio Paz y, como colofón, la historia interminable de Parra tras el inalcanzable Premio Nobel.


Juan Cameron

La Sebastiana, Valparaíso. 21 de julio 2012

Mis queridos amigos, antes que nada –y como indica la norma- debo agradecer a Omar Pérez Santiago y a Sergio Badilla el haberme convocado a esta mesa para hacer pública la aparición de Introducción para inquietos. Hay dos razones importantes en esto: ellos tienen señalada importancia en mi ubicación en Suecia y en esa cultura, que nos es ahora común, y por cierto, para celebrar una nueva edición, sobre todo tratándose de escritores queridos y conocidos, en estos tiempos de barbarie y oscuridad.

Llegué a Estocolmo a comienzos de 1987, pocos días antes de cumplir mis cuarenta años. El promotor de ese viaje, como el de la recepción allí –estuve en su casa hasta que fui enviado a un campamento de refugiados en el Báltico– fue precisamente mi antiguo compañero de estudios de Derecho y del Directorio

en la Sociedad de Escritores de Valparaíso –aunque ya no figuremos en sus registros –Sergio Badilla Castillo. Sin su apoyo y el grupo de amigos, mi estancia en ese campo nórdico habría sido un verdadero infierno. Y luego, tras aquella temperada, la suerte y los encuentros con otros chilenos, como el narrador Jorge Calvo y el ex compañero de universidad Juan Ángel Tapia, pude establecerme en el sureño puerto de Malmö. Allí campeaba por entonces Omar Pérez Santiago (Pancho para nosotros y con unas P muy suecas y explosivas) junto a Rubén Aguilera y otros grandes y hasta hoy queridos amigos, como Gastón Candia, el Cono (Luis Tejo) a quienes hace poco abracé allá in situ. Por eso entonces saludar a los escritores de aquellos lares sea un motivo de inmensa alegría.

A la par de avanzar en el aprendizaje del idioma, con atisbos de tempranas traducciones y esa soledad definitiva –matizada de cuando en vez por nuestra misérrima red social- me fui adentrando en la poesía sueca. De hecho mi primer intento ocurrió en el departamento de Sergio, en Koksgatan, cerca de la Medborgarplatsen cuando, sin mediar provocación alguna del idioma, comencé a traducir algunos párrafos de Fåglarna (Los pájaros) de Lars Gustafsson. El resultado fue, como supondrán, similar al del traductor automático de Google. Y en otra oportunidad, sólo por lucirme, aprendí de memoria un corto poema de Gunnar Ekelöf que, en mi sueco de entonces, no entendían ni los refugiados iraníes. Fue en la Biblioteca Municipal, ya viviendo en Malmö, donde ubiqué las obras del buen y afable Tomas Tranströmer, avecindado a ratos en esta ciudad y muy cercano de nuestro amigo Lasse Söderberg.

Por cierto, más allá de los idiomas y del origen, existe una actitud viral, repetida y casi esquemática en todos los poetas. De allí que no fuera difícil identificarse con ellos. Pérez Santiago da cuenta de su visión en el texto ahora a vuestro alcance y, aunque su interés apuntaba a un ejercicio de plena

actualidad y el mío a lo ya establecido (no dominaba el idioma) nuestros héroes resultan casi los mismos.

Gunnar Ekelöf, por citar alguno, quien cargó con el rol de un marginal nacido en la alta burguesía. Por ello habría de sufrir la omisión y el ocultamiento. Más aún cuando su actitud contestataria apuntaba directamente contra el modo sueco de vida. Aclaro, al modo sueco de hace unos años, mucho antes que la barbarie capitalista echara por el suelo el sistema de protección social. Tal olvido no carece de inocencia: la ironía y el desprecio del poeta por todo lo burocrático hiere en sus raíces el concepto de folkhemmet (la casa de todos en cierto sentido), baluarte de la izquierdizante Socialdemocracia de aquellos lejanos tiempos. Prima en sus obras una actitud de desamparo y rebeldía que lo habrá de acompañar hasta su muerte. “En atención a las exigencias estéticas / (que también son las de la funcionalidad/ (escribe en 1945) los arquitectos han hecho las nubes cuadradas”; y más aún: “Cada día se hace noche y los asexuados trabajadores / cargados de vitaminas / llegan en rebaños a sus casas/ a través de los parques / según los convenios colectivos / a su vida privada / a Svea, la reina de las hormonas / vigilada rigurosamente por porteros que inspiran confianza”

Y tras este poeta emerge la obra de Tranströmer, autor de un profundo y conmovedor sentido estético. No son meros elogios: la estructura semántica de sus textos, esa misma que es intraducible –pues los signos no transitan las calles de otras lenguas- resulta poderosa, amable, descubridora, plena de ternura y profundidad al mismo tiempo. En Retrato y comentario, un poema, supongo, a su padre dice (leo párrafos saltados): He aquí el retrato de un hombre que he conocido / se sienta a la mesa con el periódico abierto / los ojos cerrados tras las gafas / Su traje lavado en el brillar de los pinos (…) El diario, esa gran mariposa sucia, / la silla la mesa y el rostro

descansan (…) Aquel que soy en él descansa. / Existe. No reconoce / y por eso vive y existe.

Toda relectura de Tranströmer lleva, más allá de nuestra natural necesidad de traducirlo, a la cuestión de la validez literaria. Una vez, mientras intentaba llevar al castellano por goce y complacencia personal, nada más, el poema Un artista en el norte, de su libro Sonidos y Huellas (1966) hallé la respuesta a una cuestión teórica que me tenía a mal traer por esos tiempos. A medida que ingresaba a los planos de significación de esa obra dedicada al músico noruego Edgard Grieg, por oposición a tanta maravilla porqué es mala esa poesía que a nosotros, a simple vista, observamos como inútil o vana o desquiciada. Tranströmer lograba allí algo extraordinario; conseguía el oximorón de unir en un solo plano la fragilidad del sentimiento y la dureza del medio; el simple artilugio de las proposiciones golondrina-tejado, pino-choza, corazón-pecho, así como el juego de las múltiples posibilidades ofrecidas por esta gama metafórica (además de sus fluidez y resonancia y sonido y sentido, se entiende) me indicaba ya estar frente a un buen, cuando no frente a un excelente poeta. O, en otros términos, ante la poesía. Después supe que Roland Barthes lo llamaba concordancia simbólica y concordancia taxonómica; pero ese es un punto ajeno a esta presentación.

El trabajo que nos trae Omar Pérez Santiago reúne una serie de notas, que él ordena por décadas –de los 30 a los 80- e inicia con sus traducciones y un breve estudio de este poeta estocolmeño nacido en 1931 y a quien le fue concedido el Premio Nóbel el pasado 2011. Rescata además, como uno de los pilares de esta expresión nacional, a Eric Johan Stagnelius, sin duda el mayor exponente del romanticismo sueco pero, en términos generales, un clásico del idioma: Del eco ciudadano se distingue, tranquilamente oculto entre las edificaciones /

ese corazón que sólo aprende a amar y a soñar escribe en 1814, Y encontramos aquí también, aparte de los nombrados, a poetas cuya obra, como siempre ocurre, merecen una mayor difusión por el goce estético aportado. Es el caso de la gotemburguesa Karin Boye, heroína del feminismo más militante, o de Hjalmar Gullberg, que tan maravillosamente tradujo a Gabriela Mistral alrededor de 1940. La precisión en el ritmo y en la acentuación del verso mistraliano conforma un alegato muy difícil de replicar para quienes sostenemos que la poseía es -por los secretos avatares del oficio- del todo intraducible. Y así continúan, otros nombres: Larss Forsell, Göran Palm, y aquellos ya más cercanos al autor, tal vez reunidos en el Café Siesta o en los pubs de Copenhague, integrantes de la Pandilla de Malmö, o como bien se moteja The Danish Connection; poesía de apertura frente a la presión post industrial que, en cierta medida, se convoca en torno a la figura del joven suicida Michael Strunge. De este tronco germinan Clemens Altgård, Håkan Sandell, Jens Fink-Jensen y Lukas Moodysson (quien optará posteriormente por la novela) entre los más conocidos.Mucho se puede hablar de esa Suecia que ocupamos e hicimos nuestra a pesar de las condiciones adversas y de un definitivo enfrentamiento cultural. Se trata de un idioma y una literatura preciosos. Y este libro resulta una buena oportunidad para que el lector interesado acceda a ella.


Soledad Fariña

Agradezco doblemente la oportunidad de presentar este libro del poeta Tomas Tranströmer, traducido por el poeta chileno Omar Pérez Santiago.

Doblemente porque, por un lado, me ha permitido conocer más profundamente a este gran poeta sueco y por otro, recordar la lengua con la que hablé y escribí durante 5 años, y que ha permanecido latente durante tanto tiempo.

“Cosmos, árboles como robles o como símbolos que podrían ser araucarias, tormentas, lluvias, la hierba que se oye respirar, bosques sombríos”, escribe Omar en la nota introductoria, acercando el lenguaje poético de Tranströmer a la cosmogonía originaria del pueblo mapuche. Al escuchar la expresión bosque sombrío no puedo sino volver a experimentar la marca indeleble de esa presencia: imagen y

sonido Skogen, unido al silencio que esa palabra evoca. La poesía de Tranströmer ha sido y es señalada por Omar como una poesía silenciosa, tal vez mística y cuyo intento profundo es verse a sí mismo tal y como uno es.

Sin embargo, lo que más llama la atención de esta introducción es el sistema que ha creado Omar para abordar la poesía, partiendo de la convicción de que todo lenguaje poético es herencia de uno anterior “y está en diálogo con la cultura circundante”. Al quehacer poético llama Omar “Placas poéticas”.

“Los poetas viven y desarrollan la imaginación y la creatividad en un mundo indivisible e intercomunicado (…) Nada existe en aislamiento” “Las influencias viajan por redes neuronales vitales y siempre activas, viajan geográficamente y viajan en el tiempo; construyen corrientes interconectadas. Así se conforman las placas poéticas, mezclando lenguas y tradiciones”.

De esta manera, podemos ver que el punto de vista del traductor en torno a la poesía de Tranströmer es lo que llamaríamos “poesía en relación”.

Los diez poemas que componen esta muestra tratan, seguramente, los aspectos más cercanos a la experiencia y lenguaje del propio poeta-traductor: los sombríos meses de invierno donde solo el cuerpo amado da fuego y vida. El árbol –traducido como araucaria- que ordeña vida de la lluvia. El alto y viejo árbol que aparece en la tormenta como un alce petrificado. La alegría de la nieve recién caída sobre la ciudad. El llamado de la hierba memoriosa en verano. La herencia ineludible: el bosque sombrío donde vivos y muertos cambiarán de rol. El espléndido verso de las verdades, “Dos

verdades se acercan. Una viene de adentro, la otra de afuera, y ahí donde se cruzan uno tiene la ocasión de verse a sí mismo”. Y nuevamente los árboles “Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles del bosque. Y los árboles los árboles en silencio entre ellos”. Árboles, silencio, bosque, esa es la imagen del poeta Tranströmer que prima en esta selección, y es la imagen que yo guardo de la Suecia profunda.

Pero siendo la de Transtromer una poesía en relación, el traductor nos regala una visión de la poesía sueca y danesa modernas, donde, para mí, destaca el fuego y la intensidad de Karin Boye, poeta que desplegó su intensidad en Estocolmo a inicios del siglo XX y que junto a Mesterton y Riwkin fundó la revista Spektrum. Ellos se encargaron de traducir a Eliot, a Rimbaud, a los surrealistas. El entrañable poema de Karin Boye (Visst det gör ont när knoppar brister, Sí, duele cuando los tallos brotan. ¿Por qué sino la primavera vacila?) dice tanto de ella como su intensa vida.

Poemas y notas sobre sus contemporáneos -Lars Forsell, Lasse Söderberg, Sun Axelsson, Dag Hammarsköld, Göran Palm- y la conexión danesa -el joven Michael Strunge, Jen Fink-jensen, Lucas Moodysson, de la Pandilla de Malmö- enriquecen esta traducción. Además de establecer un importante vínculo con Dylan Thomas, Saint John Perse y Eliot, es interesante la relación que nos presenta Omar de Tranströmer con la poesía latinoamericana, a través de sus encuentros y anécdotas.

Volviendo al inicio, agradezco una vez más a Omar Pérez-Santiago el habernos abierto la puerta a esta delicada y profunda poesía, donde se encuentra el clima, el nervio y el tono profundo de una Suecia lejana, casi desconocida y que, a la vez, tan profundamente arraigada llevamos quienes fuimos acogidos allí en los años duros de lejanía y añoranza. La experiencia más profunda de vivir en otra tierra tal vez es

inefable, pero una vez más la poesía cumple su rol, si es que alguna vez tuvo uno, en poemas como

Minnena ser mig

En junimorgon da det är för tidigt att vakna men för sent att somna om. Jag maste ut i grönskan som är fillsatt av minnen, och det följer mig med blicken. De syns inte, det smälter helt ihop med backgrunden , perfekta kameleonter. De är sa nära att jag hör dem andas fast fagelsangen är bedövande.

Los recuerdos me miran

Una mañana de junio ya es muy temprano para despertar, pero tarde para dormir de nuevo. Debo ir a la hierba que está llena de recuerdos que me siguen con la mirada No se ven, se mezclan completamente con el fondo, camaleones perfectos. Tan cerca que los escucho respirar a pesar de que el canto de los mirlos es estridente

Libros de traducciones de Omar Pérez-Santiago

 

 

 

 

 

El carretero de la Muerte de Selma Lagerlöf: Traducción y presentación de Omar Pérez Santiago (Spanish Edition)

 

 

Karin Boye. Poemas completos.: Traducción de Pérez Santiago (Spanish Edition)

 

No - Muerto (Cinosargo 2017) de Clemens Altgård en traducción de Omar Pérez Santiago. Por Jorge Calvo - Cinosargo

martes, julio 28, 2026

El cansancio del hombre sentado frente a las pantallas. Gonzalo Winter y su visión determinista, descompensada y unilateral de la IA. Por Omar Pérez-Santiago.

                                 


Con una prosa de gran pathos retórico, muy cerca al ensayo militante o del profeta iluminado, el diputado Gonzalo Winter ha escrito “¿Quién será dueño del futuro? Inteligencia artificial, oligarquía tecnológica y las tareas de la izquierda.”

El diputado Gonzalo Winter, con tono profético o bíblico, notifica con  una frase apocalíptica:

"O discutimos esto ahora, o capaz que no alcancemos a discutir nada más."

Gonzalo Winter —según mi opinión — incurre en varias reducciones o apretujes conceptuales.

Gonzalo Winter se desplaza fluidamente, como en monopatín, desde la tecnología hacia las relaciones de poder y la propiedad de la infraestructura tecnológica.

Es decir, Gonzalo Winter pega el debate sobre la IA con el debate sobre el capitalismo digital.

Gonzalo Winter afirma que el asunto no es la IA sino quién la controla. Creo que esa es una tesis legítima y compartida por muchos economistas y filósofos.

Sin embargo, luego se esfuma la IA como su objeto de análisis.

En realidad, el texto es una crítica al capitalismo monopólico. La IA se representa  como  instrumento de concentración económica.

Pero, en el extenso debate actual varios de los asuntos descritos por Gonzalo Winter ya existían con Google, Amazon, Meta o Microsoft antes de la IA generativa. La IA amplifica esos asuntos, sin duda, pero no los crea..

Así, Gonzalo Winter presenta un escenario casi determinista.

Sus frases como:

"la desigualdad podría volverse absoluta"

O bien,

"podrían reemplazar el trabajo de todos".

Son hipótesis extremas.

Creo que el debate actual es mucho más prudente, más cauteloso y se dividen en tres grandes posiciones: 

UNO. La IA reemplazará muchos empleos. 
DOS. La  IA transformará los empleos. 

TRES. La IA creará nuevas ocupaciones difíciles de imaginar hoy.

No hay evidencia concluyente.

De cualquier modo, Gonzalo Winter se ubica en los más pesimistas, los doomers ¿A qué reduce el debate el diputado? A una dicotomía pueblo vs. monopolios

El debate es bastante más complejo. Participan diversos sujetos con diversa intensidad: el Papa León XIV, universidades; comunidades open source; gobiernos; empresas privadas; laboratorios públicos; pequeñas startups; iniciativas europeas; modelos abiertos.

También funcionan diversos modelos. Por ejemplo: Large Language Model Meta AI, Llama  creado por Meta, Mistral, DeepSeek, o modelos abiertos en Hugging Face que han cambiado bastante el panorama de concentración.

Gonzalo Winter escribe como si solamente existieran OpenAI y Silicon Valley.

Por otro lado, uno de los grandes debates es epistemológico.

Por ejemplo: ¿Qué significa comprender? ¿la IA razona? ¿Qué es inteligencia? ¿Qué diferencia existe entre predicción y pensamiento?

Apasionante. ¿No?

Eso aparece en el texto de Gonzalo Winter.

La IA se reduce a una cuestión de propiedad.

Gonzalo Winter exagera el poder actual de Silicon Valley

Observen la frase

"Silicon Valley tiene más poder sobre la vida cotidiana de los chilenos del que tuvo la Corona española"

es una frase eficaz como retórica política, pero históricamente resulta muy discutible.

La Corona española: legislaba; cobraba impuestos; encarcelaba; ejecutaba; hacía la guerra.

Silicon Valley tiene enorme influencia cultural y económica, pero no posee soberanía jurídica.

Es una comparación pensada para producir impacto mediático.  

Se nota, oiga, diputado Gonzalo.

Gonzalo Winter supone que la IA es una tecnología casi homogénea.

Pero, actualmente hablamos de: la IA médica; la IA científica; la IA militar; la IA educativa; la IA artística; la IA industrial; la IA doméstica.

Yo mismo: me gusta hablar de la IA narrativa, la creadora de ficción.

Cada una plantea problemas diferentes.

La posición de Gonzalo Winter me recuerda más las discusiones sobre "Internet" y la “Aldea Global” en aquellos lejanos años noventa.

Además, súmele que Gonzalo Winter no considera los beneficios sociales de la IA.

Reconoce brevemente que podría resolver el problema del trabajo. Sí.  Pero Gonzalo Winter enfatiza los riesgos.

Hoy existen ejemplos muy importantes de beneficios: descubrimiento de medicamentos; diagnóstico médico; predicción climática; investigación científica; traducción automática; accesibilidad para personas con discapacidad; educación personalizada.

Por ejemplo, la posición de la ex presidenta Michelle Bachelet sobre la IA es equilibrada, pues considera los aspectos positivos de la IA, tanto como sus riesgos.

En el caso de Gonzalo Winter, no hay equilibrio.

Gonzalo Winter mantiene el trabajo como centro de toda la reflexión. Aquí Gonzalo Winter podría hacer una crítica interesante. Pero Gonzalo Winter supone que el trabajo asalariado seguirá siendo la única fuente posible de dignidad y distribución del ingreso.

Sin embargo, vaya, vaya, justamente uno de los sabrosos debates es si la IA obliga a pensar: renta básica; propiedad colectiva de modelos; dividendos tecnológicos; impuestos al capital automatizado; reducción de jornada; nuevas formas de ciudadanía económica, etc.

Es decir, quizá la cuestión ya no es defender el empleo existente, sino reinventar la relación entre trabajo, riqueza y bienestar.

Gonzalo Winter presupone una teoría marxista clásica. Su argumentación descansa sobre categorías como: medios de producción; monopolio; proletariado; lucha entre propietarios y trabajadores.

Pero hoy existen otros enfoques relevantes: economía de la atención; capitalismo de vigilancia de Shoshana Zuboff; poder computacional; gobernanza algorítmica; bienes comunes digitales; economía del conocimiento.

Gonzalo Winter ve la IA casi sin agencia humana.

Paradójicamente, Gonzalo Winter escribe un texto que quiere defender la política, porque él es un animal político, un activo diputado de la república de Chile. Pero termina atribuyendo a la IA una avalancha casi inevitable que nos cubrirá hasta los pelos.

Sin embargo, la historia tecnológica muestra que las instituciones sí importan.

Europa regula de manera distinta que Estados Unidos.

China desarrolla otro modelo.

Hay diferencias entre sectores y países.

Creo que el futuro sigue siendo objeto de decisiones políticas, no solo de dinámica tecnológica.

En el fondo, ¿Qué crítica Gonzalo Winter?

Gonzalo Winter interpreta la IA como una nueva fase del capitalismo industrial. Y obvia que una parte importante del debate actual sostiene que estamos frente a una transformación más amplia: una nueva infraestructura cognitiva. Razonamiento, memoria y contexto.

La IA reorganiza la propiedad o el trabajo. Sí. Pero también modifica cómo se produce conocimiento, cómo colaboran los científicos, cómo se escribe, cómo se aprende, cómo se investiga y cómo se crean nuevas ideas. Esa tremenda dimensión cognitiva, cultural y artística apenas aparece en Gonzalo Winter, que privilegia una lectura económica y de conflicto social de la IA.

La elección de Gonzalo Winter parece que le da valor a la coherencia política a su discurso. Sí. Ya lo he dicho: el diputado es un animal político.

Pero Gonzalo Winter también limita la complejidad del fenómeno. Lo jibariza. La antigua práctica del pueblo indígena jíbaro de reducir cabezas humanas.

Por último, pero no menos importante: Gonzalo Winter no ve lo que ya nosotros vemos en muchos lugares: esto es, ya hay tendencias hacia un cansancio a la IA.

Un cansancio a los sentados. El hombre sentado. El cansancio del hombre sentado. Los que se pasan toda la maldita vida sentados mirando pantallas. 

Va unido a un deseo humano de conectar con mundos heterogéneos y múltiples que provoquen una ruptura en su vida y en su modo de pensar. 

Un deseo de crear nuevos horizontes y nuevos registros.

Gonzalo Winter no ve los signos de la era de la hiperhomogeneidad global. Y por lo tanto, soñar una sociedad  post-algorítmica no es lo suyo.

Gonzalo Winter no ve esos indicios de nuevos deseos.

La estética de las pantallas puede resquebrajarse. Hay un cansancio digital y un repliegue hacia lo local, lo imperfecto y lo físico. Los nuevos buscan experiencias con texturas, fallas y peso material. Los nuevos formatos tienden a la fealdad deliberada, el desencuadre y el desplazamiento o desalineación. Rechazan el filtro homogéneo corporativo.

En cambio, el diputado Gonzalo Winter ha escrito un manifiesto que me recuerdan las veteranas estructuras de los gloriosos manifiestos políticos del siglo XIX:  existe una amenaza; existe un enemigo; existe un pueblo; existe una tarea histórica; compañeros, debemos actuar.

De todos modos, la IA es un asunto a discutir. En eso Gonzalo Winter tiene un punto a su favor.







lunes, julio 27, 2026

Por qué La Odisea de Christopher Nolan es asexuada. Calipso parece la mama de Odiseo y Circe es una vulgar bruja para asustar a niños de la platea. Nausícaa es borrada.

 


La Odisea de Christopher Nolan es "asexuada" porque el director eliminó casi por completo el fuerte componente erótico, el deseo y la seducción presentes en el poema original de Homero.

Razones de la ausencia de sexo en el filme

Omisión de encuentros clave: 

Calipso no es seductora, parece la mamá de Odiseo.

Circe pierde su faceta de poderosa hechicera seductora. Es una vulgar bruja para asustar a los niños de la platea.

Eliminación de personajes: 

El personaje de Nausícaa —la hermosa  princesa que encuentra a Odiseo desnudo en la playa— fue borrado del guion.

Circe de Christopher Nolan es una grosera bruja. Asexualidad de la película La Odisea

 


Circe de Christopher Nolan es una vulgar bruja.

En el Canto X de La Odisea, Homero presenta a Circe como una diosa de hermosos cabellos y una voz melodiosa que teje en su telar, combinando su peligroso poder mágico con una atracción fascinante y una profunda hospitalidad.

Circe tenía una voz y belleza divina: Los hombres de Odiseo escuchan su canto melodioso que resuena en el palacio antes de caer en su trampa. 

Circe tenía un linaje ilustre: una diosa inmortal y no de simple bruja mortal. 

Circe aloja a Odiseo durante un año entero de modo generoso.

En la adaptación cinematográfica La Odisea de Christopher Nolan, Circe es interpretada por la actriz Samantha Morton, de 49 años.

Alende el retorno. Patricia Espinoza, Reinaldo Carreño, Enrique Pérez Arias, Soledad Vignolo, Aldo Astete, Emersson Pérez

  Patricia Espinosa Las Últimas Noticias. 31 de Enero al 21 de Febrero de 2014  A llende, el retorno Salvador Allende aparece en Santia...