domingo, abril 05, 2026
jueves, abril 02, 2026
Por qué se dice que la Batalla de Maipú no ocurrió en Maipú ¿Dónde se libró realmente?
| Ilustración de Luis Martínez |
La Batalla de Maipú (o Maipo) se libró el 5 de abril de 1818 y fue decisiva para sellar la independencia de Chile, pero efectivamente no ocurrió dentro de lo que hoy conocemos como la comuna de Maipú (al suroeste de Santiago). Por eso surge esa frase o anécdota común en Chile: “la Batalla de Maipú no ocurrió en Maipú”.
- El nombre proviene de la cercanía al río Maipo (escrito originalmente sin acento o como Maipú en algunos partes).
- Tras la victoria, el parte oficial enviado por San Martín (o su oficial) popularizó el nombre “Maipú”, que se quedó como denominación histórica.
- Con el tiempo, se fundó y creció la comuna de Maipú en un sector cercano pero no exactamente el mismo donde ocurrió el combate. La batalla se dio más hacia el oriente/norte del río, en lo que hoy es zona de Cerrillos y alrededores, mientras que el núcleo de la comuna de Maipú se desarrolló más al suroeste.
martes, marzo 31, 2026
La Batalla no fue en Maipú. 5 de abril. Revista Off The Record, abril 2026.
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lunes, marzo 30, 2026
El joven Bernardo Por Omar Pérez-Santiago Revista Off The Record, marzo 2026
Cádiz, 1800. Bernardo O'Higgins cumple 22 años en la ciudad trimilenaria, frente a su mar antiguo, con el corazón en fuga y los bolsillos vacíos.
Está confundido, sí. Está pobre, también. Solo y sin dinero. Pero vive. Y eso, aunque aún no lo sepa, es ya una forma de esperanza.
No tiene noticias de su madre, Isabel.
De su padre, Ambrosio, sabe poco: apenas un recuerdo lejano. Nunca responde sus cartas.
Malvive en casa de su tutor, el opulento Nicolás de la Cruz, Conde de Maule por compra de título, millonario por herencia y comercio. Desde su palacio frente a la plaza de la Candelaria, Bernardo contempla una riqueza que no le pertenece.
Está desolado.
Entonces escribe a su madre:
«Le pido por aquel amor de madre debido a un hijo…»
Y toma una decisión que le nace desde el fondo del pecho: volver a Chile.
Zarpa el 3 de abril de 1800 en la fragata Confianza. Pero el viaje muere al nacer: un cañonazo, dos corbetas inglesas enemigas, la rendición. Es llevado a Gibraltar, donde lo liberan.
Comienza su peregrinaje.
Sin comida, sin dinero, en harapos, camina cuarenta kilómetros hasta Algeciras. Ruega por un pasaje de vuelta a Cádiz. Lo consigue. Regresa maltrecho. Golpea otra vez la puerta de Nicolás de la Cruz.
—Sosténgame mientras consigo pasaje a América.
Pero el destino aún guarda pruebas.
Una corbeta llegada desde La Habana trae la fiebre amarilla. Los hospitales colapsan, el horror se instala casa por casa. Mueren más de diez mil personas. El pueblo implora al Nazareno del Amor.
Las familias ricas huyen. Nicolás parte hacia Sanlúcar de Barrameda, a orillas del Guadalquivir.
Bernardo lo sigue.
Y allí, como un golpe bajo, la enfermedad lo alcanza.
Su piel amarillea. Vomita negro. Le dan infusiones, lavativas. Nada funciona.
Llaman a un sacerdote. Lo unge.
—Adiós, Bernardo.
Colocan un ataúd barato al pie de la cama.
Mueren miles en Sanlúcar. Se improvisan cementerios. Se queman pertenencias. La muerte camina libre por las calles.
Bernardo se apaga.
Nicolás de la Cruz sentencia:
—Está perdido.
Pero desde lo más hondo, apenas audible, Bernardo responde:
—No. No quiere morir.
Y entonces ocurre lo improbable.
Aparece Felipe Hoche, médico irlandés y viejo amigo de su padre. Desinfecta la habitación, le da quinina —la corteza que los incas ya usaban contra la fiebre—. La temperatura baja. El cuerpo resiste.
Contra todo pronóstico, Bernardo vuelve.
Sobrevive.
Pero la vida aún le exige coraje.
Su tutor le comunica:
—Tu padre está indignado. Dice que no has hecho carrera. Ya no te reconoce como hijo. Quiere que te eche.
Bernardo queda en silencio, con el estupor del hijo herido.
Le escribe una carta feroz y dolida:
«Yo, señor, no sé qué delito haya cometido para semejante castigo. ¡Una puñalada no me fuera tan dolorosa!»
La carta nunca llega.
Ambrosio muere en Lima, a los 81 años. Y quizá, al borde de su propia noche, comprende. En su testamento deja la herencia a Bernardo.
De pronto, el joven enfermo, errante y humillado, ya no es pobre.
Ahora es rico.
Ya no será más Bernardo Riquelme, el huacho.
Ahora será Bernardo O’Higgins.
Y todo lo que ha sobrevivido —hambre, guerra, fiebre, abandono— comienza a cobrar sentido.
Porque no era para morir en una cama extranjera.
Era para quedarse.
Era para levantarse.
Era para hacer historia.
domingo, marzo 29, 2026
Mister Shakespeare de Marco Antonio de la Parra, el mejor dramaturgo chileno, es útil para estudiantes de teatro y para estudiosos de la obra de Shakespeare.
Texto y subtexto sobre el oficio. Un obra sobre el legado de un escritor.
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| Marco Antonio de la Parra |
Ficha técnica
Dramaturgia e interpretación: Marco Antonio de la Parra
Dirección: Pablo Schwarz
Iluminación: Teatro Finis Terrae
Producción: Verónica Díaz
Iluminación fotografía: Almendra Silva
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