martes, junio 23, 2026

Londres de William Blake: "En el grito de cada Hombre, en el grito de terror de cada Niño."

 Londres

 Frank Holl. Ilustración para The Graphic, 11 de agosto de 1888.

Por William blake

He vagado por cada calle del Reino
Cercana al lecho del Támesis,
Y he notado en cada rostro que encontré
Signos de la debilidad y del dolor.

En el grito de cada Hombre,
En el grito de terror de cada Niño,
En cada voz, en cada prohibición,
Siento las cadenas que nuestra mente a forjado.

Siento que el llanto del Deshollinador
Consterna las Iglesias sombrías,
Y el suspiro del soldado desventurado
Cae como sangre por muros de Palacios.

Pero escucho, sobre todo, en las calles de medianoche
Cómo la maldición de la joven Ramera
Destroza las lágrimas del Niño recién nacido
E infecta de miserias el fúnebre carruaje Nupcial.

Traducción de Enrique Caracciolo Trejo,

lunes, junio 15, 2026

Fetiche sueco: La actriz sueca Pernilla August en la obra de Ingmar Bergman "Fanny y Alexander"(1982). Interpreta a Maj, una joven y bondadosa criada.

 




FETICHE La actriz sueca Pernilla August en la aclamada obra maestra de Ingmar Bergman "Fanny y Alexander"(1982). Interpreta de manera brillante a Maj, una joven y bondadosa criada. Pernilla August fue una de las actrices fetiche de Ingmar Bergman. Brilla en Cannes: Ganó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes de 1992 por su papel en Las Mejores intenciones, un guion autobiográfico escrito por Bergman sobre la juventud de sus padres y dirigido por Bille August. Volvió a encarnar a la madre de Bergman en la miniserie Encuentros privados (1996), dirigida por Liv Ullmann. Bajo la dirección de Bergman, brilló en roles clásicos icónicos como Ofelia en Hamlet (1986) y Nora en Casa de muñecas (1989).


domingo, junio 14, 2026

Ingmar Bergman, Fanny y Alexander, August Strindberg y los pájaros de la Catedral de Uppsala de Jorge Calvo.


Chile posee una antigua y noble estirpe de cuentistas, escritores de relatos cortos que han ido poblando el imaginario chileno con sus fantasmas, sus pérdidas y sus revelaciones. 
Basta pronunciar algunos títulos para que la memoria literaria se ilumine como una constelación: El Chiflón del Diablo de Baldomero Lillo y Juana y la Cibernética de Elena Aldunate. Obras que sobreviven al paso de las generaciones porque contienen algo más duradero que una simple historia: contienen una forma de mirar el mundo.

Entre esos cuentos memorables hay uno que posee una resonancia especial.
Se titula Los Pájaros de la Catedral de Uppsala de mi amigo Jorge Calvo. El cuento se encuentra en su libro Fin de la Inocencia.
Es la historia de un chileno exiliado que vive suspendido entre dos mujeres, dos geografías y dos tiempos. En Santiago permanece Camila, convertida poco a poco en recuerdo y añoranza. En Suecia aparece Birgitta, presencia luminosa del presente. Entre ambas figuras se despliega una meditación sobre la memoria, el amor y el exilio.
Los pájaros sobrevuelan la bella catedral de Uppsala.
Y mientras baten sus alas sobre las agujas góticas, también sobrevuelan la conciencia del protagonista.
Dos mujeres. Dos mundos. Dos patrias sentimentales.
No es difícil de entender.
El pasado y el presente enfrentándose en el interior de un mismo corazón.

Es en el espacio donde se produce la narración, la intuición.  Un espacio liminal que seduce, inquieta y atrae. Despierta recuerdos y emociones profundas, donde vuelven a conducirnos nuestros sueños, un onirismo fiel. Umbrales de percepción.
Quizá, eso pensaron los suecos cuando construyeron la catedral de Uppsala en el siglo XIII.
Era suficiente con una hermosa catedral para sostener su narrativa.
La catedral es el antónimo exacto del "no lugar" (concepto acuñado por Marc Augé para referirse a espacios impersonales, de tránsito o consumo).
La catedral es un lugar antropológico o lugar de identidad. 
La catedral es identificable, histórica y relacional, donde los suecos han creado comunidad y sentido de pertenencia.
Los estados nacionales han perdido peso. 
El estado sueco que yo conocí, se diluye.
Y entonces... 
¿Qué queda?
Queda la catedral.

«Poéticamente habita el hombre sobre esta tierra» según Friedrich Hölderlin. 


Quizás por eso ese relato de Jorge Calvo me conduce inevitablemente a una imagen personal.
Año 1982. Uppsala.
Caminaba distraídamente cerca de la catedral cuando escuché música y observé una multitud que abandonaba el templo.
De pronto una voz cortó el aire.
—¡Corten!
Giré la cabeza.
Y allí estaba.
Alto.
Delgado.
Inconfundible.
Adivinen.
Ingmar Bergman.
El monstruo y gran sacerdote del cine escandinavo.
El hombre que había pasado más de cuarenta años explorando los laberintos de la memoria, la culpa, la infancia y el deseo.
Tenía sesenta y cuatro años.
Estaba filmando la que sería su última película para el cine.
Fanny y Alexander.
Aquel instante quedó grabado en mi memoria.
Todo parecía suspendido entre la realidad y la representación.
Su torres, las campanas.
La luz nórdica. Los pájaros.
Y, en cierto modo, así era.
Porque Fanny y Alexander constituye quizá la más íntima de todas las obras confesionales de Bergman.
Es la historia de dos niños que habitan un universo cálido, exuberante y teatral, protegido por el amor de la familia Ekdahl.
Un mundo de cenas navideñas, risas, imaginación y afecto.
Pero la felicidad es frágil.
Siempre lo ha sido.
Oscar Ekdahl, actor y director del teatro familiar, muere repentinamente mientras representa Hamlet. En el palacio de Kronborg, el fantasma del rey se le aparece al príncipe Hamlet. Le informa que lo mató su tío Claudio. El tío Claudio se casa con su madre. Ser o no ser, es la venganza.
Y con la muerte de Oscar, el padre de Alexander, se rompe el hechizo.
Su madre, la viuda, Emilie, se casa con el obispo Edvard Vergérus.
Entonces comienza el descenso hacia la oscuridad.
La casa luminosa de los Ekdahl es reemplazada por la severidad de la residencia episcopal.
El calor por el frío.
La libertad por la obediencia.
La imaginación por el castigo.
Alexander, rebelde y soñador, se enfrenta al obispo.
Y la infancia se convierte en una prisión.
Pero Bergman no filmó solamente una historia.
Filmó un recuerdo.
Filmó una herida.
Filmó su propia infancia.
Porque detrás de Vergérus se adivina la sombra del padre severo que marcó la niñez del director Bergman.
Y detrás de los Ekdahl aparece el mundo sensual, artístico y vital que Bergman pasó la vida intentando recuperar.

Años después, al leer las memorias del cineasta, Linterna Mágica, comprendí mejor hasta qué punto aquella película estaba hecha de memoria.
Allí Bergman recuerda el día en que su madre lo llamó para decirle que su padre agonizaba en un hospital.
Su respuesta fue brutal.
Confesó que no tenía deseos de verlo.
Que entre ellos ya no quedaban palabras.
Que su presencia sólo serviría para inquietar a un hombre moribundo.
Es una de las confesiones más desgarradoras de toda la literatura autobiográfica del siglo XX.
Porque muestra que incluso los grandes artistas permanecen atrapados en las complejas redes del amor filial.

Quizá por eso Fanny y Alexander resulta tan conmovedora.
Porque no es únicamente una película.
Es un ajuste de cuentas con los fantasmas.
Una tentativa de reconciliación con los muertos.
Una conversación tardía con la infancia.

Y no es casual —nada es casual— que Bergman decidiera concluir la película con palabras de August Strindberg, otro genio y monstruo sueco. Son palabras que funcionan como una poética del arte, de la memoria y también de la existencia.

«Todo puede suceder, todo es posible y probable. No existen el tiempo ni el espacio. Sobre una insignificante base de realidad, la imaginación hila y teje nuevos dibujos: una mezcla de recuerdos, vivencias, puras invenciones, absurdos e improvisaciones.»

Quizá toda gran literatura nazca precisamente de allí.
De esa mezcla misteriosa.
De esa alquimia entre memoria e imaginación.

El espacio es lo más importante de los cuentos. 
De esos pájaros que sobrevuelan la catedral de Uppsala en el cuento de Jorge Calvo, el Santiago perdido de la juventud, las películas de Bergman y los cuentos que seguimos leyendo para comprender quiénes fuimos y quiénes seguimos siendo.

miércoles, junio 10, 2026

Elena Aldunate escribió el mejor cuento chileno: Juana y la Cibernética.

 


No busco consenso.  

Los narradores chilenos son excelentes cuentistas.

Más que novelistas, que chapotean en un realismo de casa de campo del siglo XIX, son creadores de grandes cuentos.

Pero el cuento de Elena Aldunate "Juana y la Cibernética" de 1963 es el mejor de todos.

Es sobre el deseo y la soledad

Juana es una operaria de 44 años que se queda encerrada por accidente en una fábrica en vísperas de Año Nuevo, al romperse la llave de la única puerta de salida.

"Venía a sucederle a ella este percance idiota. A ella, a la que vivía sola. A ella, que en sus cuarenta y cuatro años no conociera el amor…, al hombre."

miércoles, junio 03, 2026

Escritor noruego Knut Hamsun murió pobre, casi sordo y casi ciego, como un grifo oxidado. El tiempo se lleva todo y a todos. Por Omar Pérez-Santiago

 




El martes 19 de febrero de 1952  era pleno invierno frío, ventoso, oscuro y nevado en Grimstad, al sur de Noruega. Día oscuro y corto.  Un mundo muerto de nieve. El frío hace castañetear los dientes.

En su enorme casa llamada Nørholm, a los 92 años muere el brillante escritor noruego y Premio Nobel, Knut Hamsun. Según su esposa Marie, Hamsun murió pobre, casi sordo y casi ciego, como un grifo oxidado.

En su último libro de 1949, Por senderos que la maleza oculta, Hamsun reconoció:  

“Mi arterioesclerosis resulta terriblemente molesta. No oigo. De acuerdo. Pero no veo, y eso es peor. Ya no soy capaz de leer una revista, ni un miserable periódico. Lo mismo da.”

Sus últimos años fueron de aislamiento. 

¿Lo mismo da?

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, fue detenido por las autoridades noruegas acusado de colaboración y traición debido a su apoyo público a Hitler y la ocupación alemana de Noruega.

“El 14 de junio me trasladaron desde mi casa al hospital de Grimstad —a mi mujer habían venido a buscarla un par de días antes para llevarla a la cárcel de mujeres de Arendal—.”

Estuvo detenido bajo diversas formas de confinamiento  entre 1945 y 1946. Internado en un primer momento en una residencia de ancianos, y luego cuatro meses de internación en una clínica psiquiátrica de Oslo, una institución para «nerviosos y enfermos mentales».

Recibió el repudio público intenso de Noruega.

Perdió su prestigio.

Un día presentamos una novela del prolífico y prominente escritor noruego Kjartan Flogstad en Santiago. Luego en un bar del barrio Lastarria, le mencioné a Hamsun. Kjartan casi escupió.  Kjartan Fløgstad (nacido en 1944) ha analizado en sus obras las continuaciones de la ideología de la derecha en la posguerra.

El destacado escritor sueco Per Olov Enquist escribió un guion ciertamente condescendiente para el film de Jan Troell en 1996. Allí Hamsun dice que inclinó su cabeza ante Hitler porque odiaba a los imperialistas ingleses. Dicen que en el juicio, Knut Hamsun lloró cuando le mostraron imágenes de los campos de concentración nazi. Al final, Hamsun justificó su loco proceder apelando a la conocida evasiva: “yo no sabía”.

“¿No sabía nada de los asesinatos, del terror, de las torturas?

No. Apenas lo vi mencionado, justo antes de que me arrestaran.”

(Lo mismo habría dicho el escritor argentino Jorge Luis Borges al justificar su dignidad inclinada ante el asesino de Pinochet en Santiago de Chile. “Yo no sabía”. O, Pablo Neruda pusilánime con Stalin. Adoradores de modelos patriarcales. ¿Lo mismo da?)

El funeral de Knut Hamsun fue sobrio y silencioso.

"Nuestro querido Knut Hamsun falleció tranquilamente anoche.
Nørholm, 19 de febrero de 1952.
Marie Hamsun.
Hijos. Nietos."

La necrología no contenía cruces ni otros símbolos. Dieciséis palabras. Ningún político se presentó en el funeral. Casi ningún periódico lo mencionó.

Foto del sueco Karl W. Gullers de Knut y Marie Hamsun, mayo 1950

Londres de William Blake: "En el grito de cada Hombre, en el grito de terror de cada Niño."

  Londres  Frank Holl. Ilustración para The Graphic, 11 de agosto de 1888. Por William blake He vagado por cada calle del Reino Cercana al l...