domingo, mayo 31, 2026

El noruego Knut Hamsun admirado por María Luisa Bombal y Jorge Teillier. Revista "Juventud" de la Federación de Estudiantes de Chile, 1919.

Felix Poppenberg (1869-1915) fue un escritor alemán que  publicó en 1904 una semblanza del noruego Knut Hamsun. Curiosamente, la extrqordinaria revista "Juventud" de la Federación de Estudiantes de Chile la publicó en su número 7  del año 1919. La semblanza la tradujo desde el ruso, Isaac Edelstein.  La revista también publicó fragmentos de la novela "Pan" de Hamsun. En 1920 Hamsun se convierte en premio Nobel. Esto demuestra que Chile tuvo un contacto temprano con Knut Hamsun. Un gran escritor admirado por nuestros grandes escritores María Luisa Bombal, y  Jorge Teillier



Knut Hamsun por Felix Poppenberg
Revista Juventud de la Federación de Estudiantes de Chile, nr. 7 de 1919.

Una frase que el poeta  Otto Erich Hartleben emplea al hablar del poeta Friedrich von Logau, le viene también a Knut Hamsun, el noruego. La frase sobre «la superioridad y la debilidad que provienen de una vida emocional refinada; sobre aquella superioridad y debilidad que siquiera una vez en cada época han hecho de un mortal un poeta». 

Es la reflexión, el análisis de los movimientos interiores, de los sentimientos crecientes que todo lo abarcan, de la sagrada confianza en sí mismo. Soy más que todos, veo y oigo más que la multitud; la naturaleza me habla con mil voces, de las cuales vosotros no os dais cuenta y a una señal mía brotan reinos invisibles de las nubes y el ángel Ariel me lleva a los jardines del Océano. Añadid a esto la debilidad, el desamparo del hombre amarrado a lo terrenal, que anda por las calles, perseguido y dolorido, débil e impotente contra los terribles ataques de las preocupaciones diarias, torturado por sufrimientos horribles, dolores amargos en la lucha por la vida. De tal mezcla de debilidad y superioridad se compone el alma del poeta, que se observa a sí mismo y pesa cada uno de sus errores; que no se perdona y se burla de sí mismo; que araña sus propias heridas y se embriaga con su propia desvergüenza, desnudándose a la vista de todos. Knut Hamsun se asemeja a aquel soberano desterrado que vuelve a su patria cantando su destino trágico y de quien la gente se ríe como de un comediante, hasta que por despecho y por desesperación se hace payaso. 

Knut Hamsun es también un payaso amargo. Como capa protectora de su piel fina, donde los nervios están casi al descubierto, encuentra la broma. «Epater les bourgeois», he aquí su juego. Aturde a los mercaderes, se sobrepasa a sí mismo con las más extrañas e increíbles ocurrencias; la burla estalla y su carcajada loca sobre pasa su propio dolor. Los caprichos dominan, del sufrimiento brota la desesperación y entonces se pone duro y envenenado con los que más ama: destroza su propia imagen y la de su amada, la enloda y la pisotea; toda la vida se convierte para él en una mueca horrible y espantosa. En medio de todo ese desorden se espanta de sí mismo, las cuerdas demasiado tendidas se rompen y entonces dirige sus miradas a la destrucción y a la muerte. Este aspecto es semejante a la descripción de Hebel: «Hay tal desorden en mi naturaleza, que mi mejor yo anda errante, temblando y asustado, entre las corrientes caóticas de sangre y voluptuosidad. Mi boca está entregada a las obscuras fuerzas demoníacas que me dominan con poder enorme y bien adentro está acurrucada mi alma, como un niño que de susto no puede hablar y por eso gesticula como un mudo...»

Así vemos en este mundo de Hamsun, persiguiéndose locamente, prodigiosos paisajes emocionales, sueños líricos plenos de magnificencia sonora, armoniosas disposiciones de colores, tonos y perfumes y al lado de esto, cuadros grises, sucios, de la vida cotidiana, llenos de banalidad y miseria, hechos con una satisfacción dolorosa sobre la tristeza y bajeza de la vida exterior. Corren lágrimas en los rincones ocultos, de lo más profundo un ser destrozado clama a las fuerzas desconocidas, misteriosas, maldiciéndolas y maldiciéndose. Una nostalgia suave, fatigada, se queja y tiende los brazos hacia un amor eterno, que acaricia al alma con sus alas de sueño, sin convertirse jamás en realidad. Pero los rostros tiernamente tristes desaparecen y de repente salen a la escena rostros extraños, un carnaval humano, una danza diabólica de caricaturas horriblemente cómicas, y el poeta elige para sí la máscara más ridícula y siniestra y se aturde junto con los demás. Azota a los demás y a sí mismo en una autodestrucción demente. Cae fatigado, hasta que las fuerzas salvajes de su desorden interior lo toman otra vez y de nuevo comienza esa caza en que el animal perseguido es el poeta y el cazador, la demencia. 

Estos son los Misterios de Knut Hamsun y en la novela que lleva este nombre dio, en un estilo brillante, un modelo de semejante caza horrorosa al alma. En los Misterios se apodera el cazador del animal per seguido; la demencia domina al torturado, que se ahoga en su angustia. Pero Hamsun mismo, Hamsun el artista, es más rápido que su enemigo, el terrible perseguidor. Es el efecto admirable del arte; es también el resultado de la reflexión que va unida al desamparo, sin perder por un momento la conciencia de su estado, controlando sus propios cambios, hay siempre cierto orden en el alma del poeta. El arte, que Hamsun odia tan amargamente en sus horas de dolor, lo sostiene en la vida, protegiéndolo contra su enemigo mortal, que lo persigue. El gran psicólogo, Hebel que se ha asomado a todos los abismos, se refirió una vez a un encuentro semejante del poeta con la demencia, a la tranquilidad que recuerda el enorme poder de los que cuidan a las fieras. Como un crítico le predijera su próxima demencia, contestó tranquilo y convencido:

«¡Esto no sucederá nunca, jamás! Ya lo experimenté en varias enfermedades peligrosas, ni las más salvajes fantasías de la fiebre han podido quitarme la conciencia, y si no me ha sido posible abogar esas fantasías por completo, en mi interior me he burlado de ellas.» Es el mismo caso de Hamsun y ya su primer libro Hambre ha mostrado junto con la debilidad y el desamparo exterior una notable reflexión artística. Vemos ahí la vivisección de su propio cuerpo, el despedazamiento de su propia carne, la curiosidad dolorosa, casi voluptuosa del artista-cirujano, quien cuando su cuerpo se retuerce entre los sufrimientos que lo martirizan, cuando su alma se consume en el dolor, la ignominia y la vergüenza atiende con un cerebro claro a cada movimiento, a cada sensación; anota cruelmente todo lo ridículo y con una puntualidad que hiela la sangre en las venas, anota todos los momentos, hasta la demencia terrible proveniente del hambre que obra como el opio sobre la fantasía humana. 

*  * * 

De cómo Hamsun, que sabe expresar tan artísticamente todas las variaciones, todas las diversidades del desorden del alma, es también capaz de vencer esas crisis sufridas por él mismo, lo demuestran sus obras de polémica. En ellas se muestra como el satírico de su tiempo y de su país. Con una sed de venganza aguza su espíritu burlón contra Cristiania, «esta ciudad notable que nadie abandona antes que ésta le imprima su sello». Derrama sus burlas sobre Noruega. El nativo se le aparece como «el buen Vikingo, que anda por la calle con un grueso pañuelo de lana alrededor del cuello para que ni siquiera un átomo de aire fresco lo roce, con un pan bajo el brazo y la vaca detrás».

Con ojos pesimistas Hamsun ve en todas partes sólo: «botines altos y grotescos, suciedad, queso rancio y el catecismo de Lutero. Y los hombres le parecen ciudadanos de estatura mediana que viven en cabañas de tres pisos, que comen y beben sólo lo que necesitan, gozan con la política electoral y comercian diariamente con jabón verde, peinetas de lata y pescado; pero en la noche, cuando truena, se esconden en sus casas todo asustados y leen los salmos». 

Esta sátira contra la mezquindad y la satisfacción cotidiana la desarrolla Hamsun ampliamente en sus novelas Tierra Nueva y El redactor Linge y en sus dramas En las puertas del reino y Crepúsculo, que, de paso sea dicho, son más débiles artísticamente que el resto de su producción. En las obras citadas arroja sus flechas afila das contra los mercaderes de la literatura, contra la vanidad de los ricos poetastros de café, contra la corrupción de los periodistas, contra los fanáticos de las convicciones y de la verdad, que son para él simples cómicos que tratan de sacar provecho de sus muecas. A pesar de tener un carácter reformista, sin embargo, no se propone, su literatura polemística fines serios. Es, como todo en Hamsun, un desahogo de su temperamento; es el resultado de la repugnancia que siente por su gremio, de la ira que provoca en él la irritante estupidez y suficiencia de los que lo rodean. Quiere introducir zorros con las colas ardiendo entre los filisteos, en el país de los mercaderes; quiere aturdir a sus contemporáneos. Reformar, convertir no está en su naturaleza escéptica. El mismo llama a su amargura, una amargura alegre; porque la charla vana lo irrita, quiere hacer sufrir a los demás; quiere asustarlos con pensamientos extravagantes, con paradojas. Pero lo notable, lo satírico y la crítica social se personifican en Johan Nagel, el triste héroe de Misterios. Reina en esto libro un ambiente doloroso y torturante de banalidad, ese ambiente de sufrimiento de una vida en el destierro, en un medio falso y maldito, y finalmente flota esa poesía hamsuniana, llena de nostalgias remotas y en medio de sus dolores más punzantes, ve erguirse allá, en el horizonte, las montañas de su patria poética, el ensueño. Entonces despiertan en él todos sus nervios misteriosos, corre la música en su sangre, se siente identificado con toda la naturaleza, con el sol y con las montañas. Su alma se hace grande y sonora como un órgano, y la música corre por su sangre. Eu el buquecito de velas celestes, de seda, viaja por remotas regiones embriagadoras, y siente tales cosas admirables, que la respiración casi se le corta por el entusiasmo. Las demás obras de Hamsun parecen ramificaciones de este libro: las obras de polémica, que tratamos ligera mente, los libros líricos Pan y Victoria, y el libro de la trivialidad La Reina de Saba. En Pan hierve el espíritu de la naturaleza, el sonido de la soledad con los árboles, el cielo y el mar. El diario del cazador traduce estas sensaciones en cuadros vigorosos. A la orilla del mar vive en su cabaña, el cazador, naturaleza soñadora, meditabunda, un solitario. Caza zorros, perdices y aves marinas. Sale en su lancha hasta cerca de la bahía. Florecen ahí flores de tallos altos y de color lila; se pasea entre una vegetación maravillosa, entre arbustos y pastos espesos. Los pájaros cantan y vuelan en lo alto, y el mar se cubre de espuma y lo rodea por todos lados, como si quisiera abrazarlo. Sus sentidos afinados sacan todo su alimento de ese ambiente. Encuentra los rastros del gallo silvestre en la nieve, y en el aire reconoce la señal de sus alas. En cada hoja, en cada rama y en cada hierbecita encuentra placer para su corazón abierto, y, como San Francisco de Asís, saluda a los árboles, a las piedras, a la hierba, a las montañas y a los insectos, y su fantasía se eleva hasta los aguiluchos, allá arriba, en los montes. Es a fines de invierno; corre el agua sobre las faldas negras de las montañas. Tomás Glahn, el cazador, vuelve de la caza. De su espalda cuelgan los animales y pájaros cazados; su perro, Esopo, corre a su lado. Al anochecer, en el bosque reina el silencio y la quietud. El cielo abierto y claro brilla y lanza rayos de lila y oro. El hielo se derrite, todo se transforma y renace, cada día muestra cuadros nuevos y Tomás Glahn pone oído atento a la primavera. 

Esta llega, el bosque brilla, los pajaritos cantan, el viento lleva el polen fecundante de una rama a la otra. Entonces, las noches se hacen claras y una inquietud dulce y nostálgica conmueve a toda la naturaleza: la inquietud de la primavera. Lechuzas y pájaros bullen y zumban en el bosque y despiertan antiguas cauciones de amor: la de la bella Iselín, que va al bosque, donde el cazador, para que éste le amarre la correa del zapato; pero, después de una hora, la correa del zapato aun no está amarrada, pero los ojos de Iselín nadan en éxtasis. Entonces se va y no vuelve; va donde el otro cazador. Viejas canciones de amor despiertan en Tomás Glahn; el espíritu del bosque lo inunda; toda la vida que lo rodea, llena de presentimientos y nostalgias, lo atrae a su círculo. No duerme noches enteras, anda como en un sueño. Pero de estos sus sueños brota una tragedia. 

Esta se produce entre Tomás Glahn, el hombre primitivo de la naturaleza, con sus pasiones fuertes, y una muchacha joven, plena de hambre de emociones y de un nervios. Es la hija del rico comerciante, un ser mimado, joven, de una fantasía ardiente y aventurera, llena de impulsos hacia lo remoto y de sueños de niña: sueña en príncipe, que algún día se la lleve, cruce con ella el mar y ponga a sus pies tesoros inmensos. El hombre extraño de la cabaña, que vive solitario y de quien sólo se sabe que es oficial retirado, ese hombre excita su imaginación. Cuando lo ve vestido de cazador, le gusta. Sus ojos, de mirada cálida, que la impresionan como la mirada de una fiera, la excitan, y Tomás Glahn se convierte en su juguete. Este hombre, que está lleno de sentimiento virgen, queda dominado por la pasión más potente; la muchacha ama mil pequeñeces que no quiere abandonar de ningún* modo. Eduarda organiza bailes y otras diversiones, mientras que Tomás se queda en su cabaña esperándola vanamente. Entonces asiste a las diversiones, pero desconoce el trato de la gente y le pasan chascos desgraciados. Eduarda lo mira con desprecio y lo hace sufrir con palabras hirientes. Delante de la gente lo trata de la manera más miserable, parece como que se avergonzara de él. Lo ama únicamente cuando están a solas y, cuando se cansa, lo abandona.

Lleno de dolor, pinta Hamsun cómo la pequeña le chupa la sangre del corazón, cómo este amor dolorido, mezclado de pasión torturadora, de celos terribles y de sufrimientos por las palabras hirientes de la amada, cómo este amor destroza su alma. Queda abatido y taciturno, su orgullo desaparece, quema su vida. En seguida viene una variación de aquel amor que Maupassant pintó en su cuento Notre coeur. En este cuento, es Andrés Mariol quien ama apasionadamente a su amada aristocrática, pero en cambio de bu sentimiento sólo recibe pedacitos, los restos de su mesa.

En su estado doloroso, encuentra consuelo en el amor de una muchacha sencilla, que es toda ternura para él, que no ve y no piensa sino en él. Y así vive con doble amor ese corazón de hombre, que es más complejo de lo que creen los psicólogos triviales que nada han experimentado por sí mismos: un amor doloroso por la dama de la alta sociedad y un amor suave, feliz, por la hija de la naturaleza, cuyo sentimiento profundo y lleno acaricia su corazón. Con dos amores semejantes vive también Tomás Glahn. Ella se llama Eva, la hija del herrero; lleva un pañuelo blanco sobre su cabellera oscura y cuando el cazador la mira.se avergüenza, su juventud florece y sus miradas están llenas de bondad. Ama y es toda amor y le da to do, sin calcular. Y él, sediento, apaga su sed bebiendo a largos sorbos. Este amor influye bien en Tomás Glahn lo conmueve y lo ablanda, y cuando Eva no está a su lado siente nostalgias. Pero al lado de esto, el otro amor apasionado, se introduce cada vez más adentro en su al ma. Entonces siente un placer doloroso al hablar con Eva de Eduarda, la malvada. La injuria y la maldice; pero cuando Eva le da la razón, se enfurece.

De esta manera se balancea su vida de un lado para el otro, hasta que una catástrofe da fin a todo. Eva muere, cae de una roca y se mata, por culpa de Glahu. Eduarda se casa con el barón que su padre trajo de su viaje. Tomás Glahu abandona su cabaña, se despide de Eduarda y ella le contesta, con una inclinación cortés. El amor de verano ha terminado. Lo que después pasó con este mozo extraño lo cuenta un epílogo. Empezó a llevar una vida llena de aventuras y de riesgos, viajando por la India, cazando leones y ti gres y embriagándose con alcohol, peligros y mujeres. Posee aún esa mirada ardiente de fiera que a tantas mujeres enloqueció. Una vez, durante la caza, fue muerto a balazos por un rival a quien provocó.

*  * * 
Muy semejante a Pan es Victoria la historia de un amor. La pasión amarga reina también aquí. La heroína de la novela, víctima de una nerviosidad violenta, se complace en martirizar al hombre que ama, lo desprecia ante la gente. Esas páginas están escritas con el corazón sangrando, y la tragedia que flota ahí, nos cuenta el destino de los hombres cuyos sentimientos están rodeados de espinas, que atraviesan y desgarran sus corazones. La trivialidad de la vida es el argumento de la colección de cuentos de Hamsun publicada bajo el título de Reina de Saba. Debiera tener como portada una cabeza terrible de Medusa, llena de ironía destructora. El pintor Munk la habría pintado con una expresión de ironía cruel, y debajo debiera llevar la frase de Schopenhauer: «Así debe nuestra vida contener todos los sufrimientos de la tragedia; sin tener, a pesar de eso, el carácter de seres verdaderamente trágicos; debemos ser toda nuestra vida cómicos marchitos, como si el destino quisiera agregar la burla al dolor de la existencia».

De esto se trata en ese libro, en escenas rápidas, en párrafos cortados, Una excitación violenta bajo cada palabra-, una carcajada amarga entre las líneas. Sin embargo nada de patético, nada de impresiones trágicas. No hay ahí los golpes mortales del destino, sin sus azotes tontos, sus bromas llenas de burla. Pero el pobre payaso es una alma delicada, sensible a la que la necesidad de la vida ridiculiza y 'empequeñece. Ya el primer cuento podría ser tema para un vaudeville. ¡Que viaje loco, quijotesco, nos relata Hamsun allí! Se trata de una joven sueca, que le cedió su lecho y su pieza, cuando él llegó muerto de cansancio, con los zapatos despedazados, a la estación de Berbi y no encontró alojamiento disponible. En la mañana del día siguiente ella ya se había ido. Lo interesante no está en que se ha ya enamorado de ella instantáneamente; que su imagen esté siempre viva en su recuerdo, ni que la compare por su belleza y orgullo, a la reina de Saba; lo interesante viene en seguida. Después de cuatro años divisa en la estación de Malmö un rostro detrás del vidrio de un vagón. La reconoce y salta al tren. Esto también podría ser una escena de un folletín de diario. Estaría en el mismo coche con ella, el conductor recibiría una buena propina y todo andaría bien. Pero el cuento de Hamsun es a la vez más cómico y más triste, es una broma trágica. El salta no al coche en que viaja ella, sino a otro. Y empieza el martirio indecible de sus nervios. El tren rueda continuamente, los pasajeros hablan de una peste del ganado en Hamburgo y él está ahí con los dientes apretados, afiebrado, excitado, abatido y para colmo se ve obligado a pagar pasaje tras pasaje con multas.

Y esto sigue y sigue, como si se prolongara durante toda la vida. Y justamente cuando con resolución heroica toma un pasaje hasta Estocolmo, pasa la Reina de Saba al tren que se dirige a Kalmar. Y de nuevo comienza el pago de pasajes y multas y todo el fastidio del viaje. Así sigue hasta Kalmar, donde le toca asistir al recibimiento que a ella le hacen en la estación y a los besos que le da el hermano. Es eso lo que él supone, porque ¿quién, que no fuera el hermano, la besaría? Entonces se queda en Kalmar. Días enteros da vueltas por la ciudad, atormentado y martirizado por muchos chascos que sólo a el le suceden. Al fin, después de dos semanas de buscarla inútilmente, la divisa en el parque acompañada de su hermano y se lanza hacia ella como un ebrio y no encuentra nada más cuerdo para decirle sino que sólo desea saludarla y preguntarle si se acuerda todavía que hace cuatro años durmió en la cama de ella....

Como no podía suceder de otra manera, ella no le hace caso, y el supuesto hermano resulta ser el marido y él se va, abatido y con el corazón destrozado, a la estación. Lo ridículo está muy acentuado en este cuento, pero la carcajada se le atraganta a uno, mientras que el resto es de una tristeza amarga. En este aspecto tiene Hamsun mucha semejanza con el escritor danés Hermán Bang. Este también trata a los hombres como marionetas, es decir, figuras que bailan cuando uno lo desea, como cómicos involuntarios de la vida que llevan en el corazón una honda tristeza y en el rostro una mueca extraña que provoca la risa: espectros de la vida vulgar. Pero ese carácter de espectros, que por sus movimientos automáticos tienen las figuras de Bang, no existe en Hamsun. El sentimiento de tristeza que tienen las imágenes de éste, podría darles el aspecto de personalidades trágicas, cosa que Hamsun quiere evitar a toda costa. Quiere ver a sus héroes muy humillados, ahogados en pequeñeces; no deben ser extraños sus héroes, sino lamentables y ridículos. Y con una voluptuosidad salvaje busca aquellos momentos en que un hombre se hace a sí mismo las burlas más amargas, cuando se hace malvado y repugnante.

Pinta su propia imagen cuando cuenta cómo se enfurece con las jugadas que le hace la casualidad, con las situaciones enredadas en que sólo él cae. No es la furia temible; es la rabia impotente de un mozo inculto que patalea y hace toda clase de muecas; es la rabia que proviene del sentimiento de vergüenza consigo mismo. Hace su propia caricatura, cuando cuenta cómo corre por las calles para matar el tiempo y para hacerse daño; cuando se enoja con el suplementero, que le ofrece el diario. Todas las veces que pasa a su lado, gritando siempre con la misma voz estridente: ¡compre el Vicking! Cómo se excita y se enerva con esto, y sin embargo, vuelve a pasar al lado del muchacho para oírlo de nuevo. Es tanta la excitación, que empieza a ver en el muchacho al espíritu que lo atormenta, a su enemigo mortal y le hace una jugada. Arroja una moneda de plata entre las rejas de fierro de una ventana y con un placer malvado observa cómo se esfuerza el pequeño para meter los dedos entre las rejas tupidas y cómo se pela las manos en estos esfuerzos. Entonces se va contento a su casa. Pero una hora después recorre como loco toda la calle con una moneda de dos coronas en la mano, buscando al niño. No lo encuentra, pero no puede librarse de la obsesión. Siempre le pasa algo. Cuando viaja, una vez en un cochecito escandinavo, se le ocurre a su caballo declararse en huelga, se para en medio del camino y no quiere moverse. Entonces se enoja seriamente y se pone a hablar y a reñir al caballo, perdiendo al último la paciencia. Se pone cada vez más amargado y al último se desespera: nada se le puede hacer. Al fin y al cabo todo es igual. ¡Qué cuadro más ridículo! El poeta, con los lentes en las narices, está ahí riñendo al jamelgo que lo observa estúpida y amistosamente, mientras que su adversario, casi revienta de rabia! Y, sin embargo, es esto más que ridículo, porque el poeta sufre ahí por su nerviosidad con esta historia necia tal vez, tanto como cualquiera otro, con la desgracia más grande.

* * * 

De esta repugnancia a la banalidad brotó en Hamsun la nostalgia, el ansia por el vagar. No sólo la necesidad, aunque es tal vez la causa exterior, lo llevó a los países remotos, no sólo el hambre material, sino también su fantasía sedienta. Hamsun tiene algo de Gorki en este sentido, algo del carácter del vagabundo: el hambre y los sufrimientos, la miseria y la necesidad, los trabajos más rudos y humillantes, todo esto es para él más soportable cuando otro cielo lo cubre, cuando lo rodea el ambiente de las lejanías peligrosas y arriesgadas, cuando tiene delante algo más salvaje, más ardiente que la miseria y la gitanería de Cristianía. En calidad de fogonero se dirigió al Nuevo Mundo. En las llanuras de Texas trabajó con las enormes máquinas trilladoras; en las costas de New-Foundlaud estuvo en un desmantela do buque ruso de pescador; los veranos e inviernos se sucedían y él con sus compañeros seguían siempre ahí, en medio del mar, en los límites de dos continentes, Eu ropa y América, dedicados a la pesca. Nada, fuera de neblina y mar; nada fuera de vientos y tempestades y el fastidio de estar siempre en el mismo punto. La tristeza inmensa de una soledad absoluta flota en esas páginas; recuerda la «enorme tristeza del mar» descrita por el célebre escritor francés Pierre Loti. Entonces bebe Hamsun en las maravillas del Oriente, en el Cáucaso. Ya en su libro Misterios cuenta sus nostalgias por los cuentos de Mil y una noche, desprecia las leyendas del Norte que llama «criaturas informes de una fantasía en pantalones de cuero». Se mofa de los cuentos que vienen de Gubrandsdal, esa «triste poesía rústica», esa «fantasía a pie», cuando sus propias poesías sonoras y profundas tienen la savia del Norte. Pero Hamsun quería tener otro sol; el de Noruega le parece una luna, un farol, que sólo permite al noruego distinguir entre blanco y negro. Deseaba un sol, «que hierve y echa espuma de tanta luz, un sol bajo el cual el cerebro hierve de demencia».

Con la mirada transformadora de la ilusión que todo lo exagera, aspira la atmósfera del Cáucaso. Cuadro grandioso de la naturaleza primitiva se yergue ante sus ojos mirando el enorme monte Kazbek con su pico cubierto de hielo, que lanza chispas blancas hacia el sol. «Ahí está al lado de nosotros, silencioso, alto y mudo, como maldecido por los otros montes, como un ser de otro mundo». Un sentimiento tempestuoso, hirviente penetra al poeta, se siente como en el aire, como si estuviera frente a la divinidad. En la noche vaga por los caminos, pleno de felicidad, aspirando el infinito que se extiende ante él. Goza con el silencio, con el aire de meditación que flota en el Oriente. «Cuanto más al Oriente se acerca uno, tanto menos habla la gente. Las razas viejas pasaron ya del estado de la charla y de la risa; sólo sonríen en silencio». En esas páginas también hay ironía y burla, pero sin amargura. Hamsun goza de su propio amor a todas las cosas, no se mofa de sí mismo. Es indulgente con el in feliz que lleva en sí. Un sentimiento agradable y cordial lo penetra y su auto-ironía ya no es una criatura terrible y mordaz, sino un bufón alegre y agradable. En tal estado de ánimo se extasía Hamsun ante todo: ante el hombre que, adornado fantásticamente con sable, lanza y pistola en el cinturón, vende cigarros en una casucha; ante la gente que bajo los árboles murmura y sueña; ante el hombre que toca la balalaika (1); toca sencillamente una melodía de la vida antigua y en esa melodía expresa el amor, la estepa y los murmullos de las hojas en los árboles. Y de nuevo se acuerda Hamsun de la vida en los países del Norte: «En las noches largas calentamos las estufas y leemos novelas y diarios. Pero los pueblos viejos no leen. Pasan noches enteras bajo el cielo libre y entonan canciones. Ahí está sentado un hombre bajo el árbol; lo vemos y sentimos su música. ¡Qué país maravilloso! Cuando un rey bárbaro se «europeizó», convirtió el Cáucaso en lugar de destierro para los hombres que no quería tener a su lado, y desterró allí especialmente a los poetas». Hamsun debe haber escrito este párrafo con una sonrisa significativa en los labios. El también es un poeta en el destierro, pero desterrado libremente, por su propia voluntad; y en el destierro encuentra la patria remota del arte. En el extranjero es el rey secreto de sus reinos interiores y es la burla de la trivialidad en su propio país, en Cristianía, «la ciudad que nadie abandona antes que ésta le imprima su sello».


Con el libro La Novia de Borges: En soledad de amor herido





 

jueves, mayo 28, 2026

Conversación con el escritor Omar Pérez-Santiago, sobre literatura autobiográfica, erótica, reflexiva e imaginativa. 🗓️ Sábado 30 de mayo


Literatura como memoria, emoción e imaginación en Feria del Libro de Estación Central. Conversación con el escritor Omar Pérez-Santiago, sobre literatura autobiográfica, erótica, reflexiva e imaginativa. 🗓️ Sábado 30 de mayo 🕐 13:00 hrs. 📍 Plaza Argentina – Estación Central

 

miércoles, mayo 27, 2026

Llega junio, el día de los cerezos y el dolor. El escritor japonés Osamu Dazai y su amante Yamazaki Tomie se tiran al río Tama





Los Cuentos de cabecera del japonés Osamu Dazai son cuentos preámbulos de un estilo. Publicados en 1945, el narrador está en bunker cuidando a su familia de las bombas. Bajo el tronar rugido de la artillería antiaérea el padre tomó cuentos tradicionales y folclóricos japoneses y les aplicó ironía. "Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo..."  
Fue un ingenioso viento moderno. 

En 1948 publicaría su novela tremenda Indigno de ser humano y que ha quedado para siempre en mi memoria:

“Mi vida ha estado llena de vergüenza. La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano.”

Es la tradición japonesa del watakushi shōsetsu (“novela del yo” o ficción autobiográfica), donde la frontera entre autor y narrador se vuelve difusa; la experiencia íntima es central; importa menos la trama externa que la exposición emocional y moral.

"Nunca pasé hambre."

Es una novela corta que duele. De secuencias sobrias, brevedad confesional y desgarradora.

Ese mismo año, 1948,  Osamu Dazai se suicidó. Tenía 38 años.

Fue un día de junio, el día de los cerezos, Osamu Dazai se tira al río con su amante Yamazaki Tomie.

“Cerezas”, su último cuento, invoca auxilio del Salmo 121: Elevaré mis ojos a los montes.   Un cuento temible porque condensa al escritor Osamu Dazai: una escena doméstica concentrada, una confesión devastadora sobre la culpa, la familia y la imposibilidad de, ¡carajo!, sentirse plenamente humano.


 


martes, mayo 26, 2026

¿Recibirá Gerald Murnane el Premio Nobel de Literatura 2026 por su refinada prosa de la novela Distritos de frontera? Su estilo meditativo, sin duda agrada a algunos de los suecos de la Academia que entrega el Nobel.


El personaje sin nombre de la novela Distritos de Frontera, que podría ser el mismo, el australiano Gerald Murnane, es un hombre mayor que decide aislarse.  

"Hace dos meses, cuando llegué a este pueblo próximo a la frontera, decidí adoptar una mirada cautelosa, y pronto me di cuenta de que no podía seguir con este texto sin antes explicar cómo había llegado a aquella extraña expresión."

Allí reflexiona sobre recuerdos, imágenes mentales y su vida interior. Comienza con una descripción de su infancia, educado  en una orden religiosa. Luego describe las vidrieras de la iglesia. 

Es decir, es un viaje al terreno interior,  a los paisajes mentales. Introspectiva. 

¿Hechos reales?

La gracia de su literatura es que parece que los hechos, las circunstancias lo encuentran a él. Se tropieza con la memoria. Y uno de sus temas preferidos, es, justamente, como funciona la memoria.

 Si uno ve un caballo en el campo, uno no piensa en eso. La memoria trae a la mente una vorágine de imágenes vagas, borrosas, y  las imágenes asociadas van acompañadas de sentimientos  que, a veces, son difíciles de describir.

¿Qué hace especial su literatura?

Su sintaxis deliberada, lenta y exacta. Es una prosa precisa.

No es importante el argumento. Son asociaciones mentales, recuerdos, imágenes y reflexiones.

Su estilo austero, hipnótico y meditativo, entre memoria, imaginación y autobiografía, sin duda que agrada a  algunos de los suecos de la Academia que entrega el Nobel.

Eso es seguro.

lunes, mayo 25, 2026

Murió Joaquín Edwards Bello: "Todo chileno cuando muere empieza a ser apoyado, sobre todo si ha tenido talento”

 



Novelista, Críticas

Por Juan Tejeda
La Nación. Martes 20 de Febrero de 1968
A Joaquín Edwards Bello tiene que haberle dolido mucho la incomprensión que encontró en las criticas de sus primeras obras. Las de don Pedro N. Cruz fueron indignantes. Aquel hombre buscaba la moral en lo que se escribe ¿Pero qué moral? La de no decir obscenidades... ¡Y, caramba, si a veces, para mostrar un submundo, es indispensable! Otra cosa es salir a escribir palabrotas en las paredes y escribir novelas a base de groserías sin ulterior fin. Fue un cura quien lo entendió. Las páginas de aquella época que escribió Omer Emeth anunciaron un gran escritor. Los reproches eran ínfimos; el entusiasmo, inagotable. Años después dijeron:
-No es novelista, Sólo un croniqueur...
Le reprochaban un exceso de verosimilitud! ¡La mayor virtud del novelista!
Ahora, todos reconocen su obra.





domingo, mayo 24, 2026

Nací aquí en el hospital Barros Luco. Estudié en el Colegio Claretiano. Y creamos el Parque del Comic de San Miguel.

 

Omar Pérez-Santiago

Feria del libro de San Miguel. 21 de mayo de 2026.

Nací aquí en el hospital Barros Luco. Estudié en el Colegio Claretiano. El Parque Subercaseaux aquí en la  Gran venida fue mi eterno lugar de encuentro. Me doy cuenta de que no puedo contar esto sin antes explicar que este territorio es mi conmovida ascendencia. Puede parecer parroquial. No lo es. San Miguel siempre fue un territorio de vanguardia.

Amigos y amigas, ya para mí parece que todo ocurrió en una especie de sueño, 25 años atrás.

Vivimos en una época de la intranquilidad, de una civilización exhausta, y, por eso, es bueno recordar hechos optimistas. Puesto que la preocupación trashumante es la verdadera causa que mueve a puntualizar lo que fielmente transmite la historia cultural, en nuestro caso, la historia del Parque del Comic de San Miguel, de entusiastas de la emoción y la sensación de asombro de leer una historieta. Percibo que ha llegado el momento de una interpretación de los hechos. Para que los hechos se revelen más plenamente en estos días pesimistas. El conocimiento de estas cosas, la instalación del Parque del Comic, a todos abraza, a todos habla, a todos enseña y a todos consuela y, como tal, de todos es querido.

Eran los años 90 y se iniciaba una nueva era en Chile. Con mi amigo Patricio Flores y otros apasionados de la historieta, para no petrificarnos en la impersonalidad, fundamos el Centro Nacional de Comic.

Juan Claudio Godoy fue el primer alcalde de San Miguel al llegar la democracia, elegido en 1992. Su padre Juan Godoy, autor de Los Angurrientos, una novela de 1940 muy recomendable, leyenda de la literatura chilena, una novela callejera y de taberna con apetencia vital de estilo.

Hablamos con alcalde Juan Claudio Godoy.  Y el alcalde abrió las puertas de la Casa de la Cultura para que Centro Nacional de Comic funcionara aquí, donde organizamos exposiciones, charlas, talleres, publicábamos una revista a todo color llamada Sólo Comic, con historietas de dibujantes chilenos de gran calidad artística que rompían con la rigidez ambiente. 


Muchos artistas colaboraron, como los amigos de la mítica revista Trauko, revista de intensas y emocionales historietas para adultos, que en los años 80 tuvo fuertes vínculos amorosos con San Miguel.

En esos años, mi amigo el poeta Jorge Montealegre hizo una investigación y publicó un libro sobre Von Pilserner, una historieta del gran Pedro Subercaseaux. Sostuvo Montealegre que Von Pilsener era la primera historieta chilena, una historieta muda, pues los personajes no hablaban con globitos. La historia se contaba con textos que iban debajo de las ilustraciones, técnicamente llamadas didascalias. Von Pilserner fue publicada en el semanario Zig-Zag entre los años 1906 y 1907- cuando Subercaseaux tenía 26 o 27 años.


En esos años, según contó Pedro en su entretenido  libro Memorias, él salía de la revista Zig-Zag en el centro de Santiago, tomaba un tranvía en San Diego con la Alameda hasta Franklin. Allí esperaba un carro tirado por caballos y se bajaba justo aquí en la Gran Avenida, en su casa, la Chacra Subercaseaux, en lo que hoy es la Casa de la Cultura.  Es decir, la historieta chilena nació aquí mismo, en San Miguel.


La imaginación surge del movimiento como un destino, de un profundo sentimiento obvio o cabalístico, sabiduría transmitida de generación en generación. La energía, el espacio y la experiencia se mezclan graciosamente. San Miguel, cuna de la historieta. Entonces, para no perder la huella, era obvio rendirle homenaje a Pedro Subercaseaux. Y así surgió la idea de hacer esculturas de los personajes más significativos de la historieta de nuestro amado Chile, en San Miguel, como ya dije, cuna del comic.


A Von Pilsener  de Pedro Subercaseaux le sumamos Condorito de Pepo, creado por René Rios en el año 1949 en la revista Okey;  Pepe Antartico creado por Percy Eaglehurst en 1947; Mampato, creada en 1968 por el arquitecto y dibujante Eduardo Armstrong y el ilustrador Oskar Vega desarrollada por el inolvidable Themo Lobos.

Ya había antecedentes lejanos de esculturas de personajes de comic. Popeye el Marino fue creado en 1929  por Elzie Crisler Segar en el periódico The New York Evening Journal.  La primera escultura oficial de Popeye el Marino fue erigida el 26 de marzo de 1937 en Texas, con un gran impacto positivo.

Por esos años, los años 90, el antiguo Gimnasio Municipal de San Miguel, ubicado en la calle Soto Aguilar, sufrió un voraz incendio que lo destruyó. Tras el siniestro el gimnasio quemado se transformó en nuestro taller.  Por una puerta interior el gimnasio estaba conectado con la Casa de la Cultura.

Contactamos al escultor Sammy Salvo. Traducir un dibujo plano a un objeto tridimensional no es fácil. Técnicamente, se llama traducción intersemiótica. Como llevar una novela a una película. Traducir una obra a elementos materiales diferentes. Y Sammy Salvo lo logró. Las esculturas tienen un estilo común.

 Y allí en el viejo gimnasio quemado se construyó un obraje o taller, se contrataron algunos maestros. Así, el grupo creado para este fin ya estaba trabajando en la tarea. Y muchos amigos y amigas colaboradoras llegaron al taller. Los viernes por la tarde en el gimnasio quemado el taller se trasformaba en un asado entre amigos y amigas: aparecía la parrilla, carnes, vinos, guitarras, música y baile.

¡Oh, las alegres fiestas de una nueva sensibilidad hedónica y placentera!

Un día, la escultura de Condorito estaba casi lista.

Entonces, ocurrió lo impensable, lo impredecible que siempre acosa detrás de una buena historia.

Cuando íbamos a instalar la escultura de Condorito, ocurrió que hubo elecciones municipales en octubre del año 2000. Y ganó el alcalde Eduardo Ramírez.

Sorpresa. De la nada, apareció el antihedonismo.

Ramírez había prometido a los dueños de las inmobiliarias que aquí en el llano Subercaseaux no se pondría la escultura de Condorito. ¿Por qué? Porque las inmobiliarias vendían entonces sus departamentos con la publicidad de que el llano Subercaseaux sería la Nueva Providencia. Y el parque iría a ser su antejardín. Poner a Condorito en el Llano Subercaseaux era convertir a la nueva Providencia en Pelotillehue. Pelotillehue, según el humor de Pepo, significa lugar de Pelotas o de Pelotudos.

Eduardo Ramírez asumió en diciembre del 2000. Su promesa de campaña no fue una metáfora. Intentó negociar con nosotros para colocar la escultura en otro lugar de la comuna.

Yo le dije lo que ya era algo establecido entre nosotros: “Alcalde, aquí nació la historieta chilena, no es la idea andar escondiendo una valiosa tradición.”

Se produjo un gran escándalo mediático. “Condorito no se va”. Muchos intervinieron: el Fondart, que había financiado parte del trabajo, el Consejo de Monumentos Nacionales, y, por supuesto, la prensa, la televisión, los matinales ansiosos de escándalo farandulero.

En medio del rimbombante bullicio, el alcalde Ramírez nos convocó a una reunión con los concejales, donde se discutiría el asunto de Condorito. Fue la reunión más festiva en la que he participado en mi vida: políticos hablando con pasión y fervor de esculturas de comic. ¡Qué risa! Por supuesto, había varios concejales que estaban a favor de Condorito.

Mirado desde un punto de vista positivo, recordé  que Oscar Wilde, en un debate sobre el arte, afirmó que la cultura ateniense floreció no por falta de crítica, sino porque la sociedad ateniense estaba impregnada de espíritu crítico. Todos eran críticos.

En ese momento, en San Miguel, todos teníamos opiniones sobre el arte de las esculturas. No éramos atenienses, pero era un logro en sí; Hablar sobre cómo mejorar la ciudad. Más urbanización. No menos.

Yo estaba en esa histórica y educativa reunión en la municipalidad. Debatimos aquí en el consejo municipal por horas sobre una escultura de Condorito.

Mientras eso ocurría, en el gimnasio quemado Sammy Salvo y los maestros levantaron la escultura de Condorito que pesaba 5 toneladas con enormes grúas. Condorito salió del gimnasio quemado y llegó al parque donde hicieron un hoyo y la plantaron allí para siempre. Cubrieron los alrededores de la base con concreto.

Yo estaba en la curiosa e histórica reunión con el alcalde y los concejales cuando alguien entró a la sala y le contó al señor alcalde lo que había ocurrido en el parque.

“Alcalde, pusieron la escultura de Condorito.”

Eduardo Ramírez se puso pálido. Me miró dramáticamente. Yo le hice un gesto inocente, levanté los hombros y moví las manos, como diciéndole: “así son las cosas”.

Lo real maravilloso es que Condorito nunca más se movió de aquí de la Gran Avenida, donde estamos hoy, desde hace 25 años.

Se demostró que la idea de levantarle esculturas a Condorito no era una mala idea cultural. Se replicó en otros lugares. Según Pepo, Pelotillehue queda entre Cumpeo y Buenas Peras. Y si ustedes visitan Cumpeo hoy en el Maule, verán que los vecinos de Cumpeo han transformado su lindo pueblo en un divertido y turístico Pelotillehue.  Además, pusieron esculturas de Condorito en El Quisco y en Concepción. Y también en Perú. La Municipalidad de Barranco, en Lima, inauguró una estatua en honor a “Condorito”, el personaje chileno de historieta más famoso del mundo.

Buenos Aires tiene ahora esculturas de Mafalda y sus amiguitos.

Las lindas ideas son contagiosas.

Después, miren lo que son las cosas, Eduardo Ramírez perdió las elecciones a la reelección de alcalde. Asumió Julio Palestro que siempre le había gustado nuestro proyecto. Fue así como el gran deseo continuó con más vuelo. Las  esculturas de Von Pilserner, Pepe Antártico, Mampato y Ogú, se revistieron con teselas de colores, a sugerencia del escultor Mario Yrrarrázabal. Condorito, Von Pilsener, Mampato, Ogú y Pepe Antártico fueron recubiertas de cerámicas por Paola Catese, Emilio Gutiérrez, Jorge Pérez Santiago, Jorge Delgado, Francisco Armijo, Emersson Pérez, y Daniel Piña. 

Taller: Edwin Salinas, Patricio Flores, Themo Lobos, Jorge Delgado, Francisco Armijo, Paola Catese, Jorge Pérez Santiago,  Emersson Pérez, y Emilio Gutiérrez. 


También colaboraron periodistas como Rodrigo Vergara e Ignacio Iñiguez.

Percy y Pepe Antártico, Themo Lobos y Mampato

 

El arquitecto paisajista Luis Santibáñez diseño el Paseo de la Fama con el apoyo técnico artístico del paisajista Emilio Cifuentes. Yo mismo hice la investigación de recopilación de los personajes más importantes de la historieta chilena, que se publicó en mi libro “Breve historia del comic en Chile” de la editorial Universidad Bolivariana. 


Mi querido amigo Edwin Salinas dibujó los personajes a color y se enviaron a imprimir en palmetas. Las palmetas se colocaron en unas camas de cementos y allí permanecen hasta el día de hoy.

En 1906 el gran Pedro Subercaseaux había creado la primera historieta de Chile en la revista Zig-Zag.

Cien años después, el año 2006, inauguramos el Parque del Comic y el Paseo de la Fama del cómic chileno. El alcalde Julio Palestro cortó la cinta. Las esculturas fueron bendecidas por el padre claretiano, José Miguel Valenzuela.

Rodrigo Vergara, Omar Pérez, Sammy Salvo, Yayita, Condorito y Huevo Duro


Ese mismo año, aquí en San Miguel, los maestros del cómic, Themo Lobos, Hervi, Vicar y José Palomo, fueron galardonados con el premio Von Pilsener, en el Centenario de la historieta chilena.

Julio Palestro y Vicar,  Jorge Pávez y Palomo, Hervi y Condorito

Han pasado 20 años desde entonces. Allí permanecen las esculturas y el Paseo de la Fama en muy buen estado. Aunque a veces al parque le falta cuidado de los árboles, del pasto, de las plantas y las flores, responsabilidad de la municipalidad que debe asumir.

Faltaron dos etapas que aún debería cumplirse.

Primero, falta crear las esculturas de dos personajes femeninos: dos niñas, Yuyito y Rena. Yuyito es un personaje de Condorito, sobrina de Yayita y amiga de Coné. Y Rena, la amiguita telepata de Mampato.

Segunda tarea inconclusa, la municipalidad se comprometió en algún momento iluminar las esculturas y el Paseo de la Fama. Así las esculturas brillarían en la noche, y mejoría la seguridad de los vecinos.

Ahora, que se habla tanto de seguridad, la municipalidad de San Miguel debe iluminar las esculturas.

Son tareas inconclusas que las nuevas generaciones deben asumir.

Actuar. Empatía. Retomar los lazos. Actitud. La creación para superar la intranquilidad.



El noruego Knut Hamsun admirado por María Luisa Bombal y Jorge Teillier. Revista "Juventud" de la Federación de Estudiantes de Chile, 1919.

Felix Poppenberg (1869-1915) fue un escritor alemán que  publicó en 1904 una semblanza del noruego Knut Hamsun. Curiosamente, la extrqordina...