viernes, julio 31, 2026

Nefilim en Alhué. Elton Honores, Jorge Calvo, Omar Saavedra Santis, Emersson Pérez, Alejandro Lavquén, Pablo Lacroix, Claudio Orellana, Miriam Jaque, Claudia Pérez G.

 



 Elton Honores  

Crítico y Profesor universitario de Perú.

Omar Pérez Santiago (Santiago de Chile, 1953) acaba de publicar Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, un libro brutal y contundente de cuentos sobre la presencia de la muerte. Se trata del horror metafísico a la muerte, de la muerte real, la muerte simbólica, pero también de las muertes provocadas por sistemas políticos autoritarios
. Este último elemento resulta poderoso sobre todo en el cuento que da título al libro ya que se narra bajo formas fantásticas. En todos los relatos el eros está presente, es decir, amor y muerte están unidos. Muchos de los personajes pertenecen a la tribu gótica o metal, es por ello que las atmósferas son también oscuras, pero también sirve para graficar a una generación de ruptura con los valores positivos de la sociedad conservadora y autoritaria: en una sociedad en donde imperó la muerte, ésta termina por contaminar y convertirse en “parte de”: el horror está de moda (como en un film de Kurosawa) porque la sociedad, las autoridades políticas terminan por actualizarla.

En el prólogo se dice que “A veces la muerte es ausencia de justicia. Un país cualquiera sin justicia, es un país dominado por la muerte…” (7). Esta idea es clave ya que el libro está envuelto por lo negro, oscuro y funesto (si cabe el término). De otro lado, queda en claro la línea política que sigue el libro.

De los nueve relatos que integran el libro, tres se adentran en lo fantástico y los seis restantes, bajo códigos realistas. En “Los interfectos del Valle de Elqui”, se narra la ausencia de la mujer amada que provoca un vacío en el narrador: el recuerdo es más terrible, más aún cuando él la ve en escenas eróticas por medio del mundo virtual, como un acto de venganza. “Animita de facebook”, una muerte accidental provoca reacciones disímiles en el grupo de amigos de la víctima. En el velorio uno de los amigos señala: “Tu muerte no quedará impune […] Yo personalmente no descansaré hasta saber la verdad. Así como luchamos para que no quedaran impunes los crímenes de la dictadura” (29).

“Muñeca rota” vuelve con el tema de los desaparecidos en fosas comunes. Años después una hija recupera los restos óseos de su padre (o lo que queda de él) en una bandeja de metal. La ausencia del padre genera no solo un vacío afectivo sino también un trauma en la protagonista pues no puede rehacer su vida amorosa. En “Ya no abusarás de mí” un parricidio se convierte en objeto de reflexión sobre la condición humana. “Old Singer” expresa cómo el individuo termina claudicando en sus ideas, valores, “Vanguardia Veteranos del 70” narra los viejos sueños de viejos poetas en el fracaso absoluto. Llegamos así a los tres textos fantásticos.

“Anette Jensen” narra la conversión de una joven intelectual en una diosa de las misas negras, por la cual, Anette se cobra venganza, sobre todo, de la traición amorosa, además del desplazamiento simbólico como intelectual frente a su antiguo novio Stefan. Si bien hay otros elementos que enriquecen el cuento (el ambiente “estructuralista” del mundo universitario, el poder de los medios de comunicación), la mujer es representada como ser maldito, vengativo, integrada al tópico de la mujer monstruo. “Ten más modestia, muerte”, sigue la línea anterior: nuevamente se narra un rito que busca victimar al antiguo amante, como forma de cobrarse venganza. Todo indica –al igual que el texto anterior– que hay una secuencia lógica de causalidad (no comprobada), pero a diferencia del texto anterior, acá llega la muerte, pero termina llevándose a otra persona.

Finalmente, “Nefilim en Alhué”, es una pequeña obra maestra. Bajo formas fantásticas, el autor se vale para narrar una alegoría de los sistemas dictatoriales autoritarios en Chile [y Latinoamérica]. No se trata solo de una historia de zombies, aquelarres, rituales satánicos, torturas, crímenes y violencia [como un film de serie B], sino sobre todo de la ambición del poder humano que termina por transgredir los valores sociales, morales, de la sociedad. El nivel alegórico es más que impresionante. No os cuento la línea argumental, pero si señalo mi fervor incondicional por un tipo de literatura fantástica que no solo entretenga [lo cual es más que una virtud] sino, además, sirva para reflexionar sobre nuestra realidad [sospecho que un texto como éste está fuertemente anclado más acá que allá].

La muerte –como en el prólogo– no es solo ausencia de justicia, sino también ausencia de memoria (social, histórica). Libros como Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, inducen al lector, no al olvido, a la mera “evasión”, sino a la memoria. He ahí su principal virtud.

 

* * *

Elton Honores: Investigador, crítico literario y profesor universitario. Egresado de la Maestría en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su principal campo de investigación es la literatura fantástica. Publica y participa como ponente en diversos medios y eventos académicos nacionales e internacionales. Ha publicado: Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana (Lima: Cuerpo de la Metáfora Editores, 2010. 255 pp.). Es coantologador de Los que moran en las sombras. Asedios al vampiro en la narrativa peruana (Lima: El lamparero alucinado, 2010. 276 pp.) y Coordinador de Lo fantástico en Hispanoamérica (Lima: Cuerpo de la Metáfora, 2011. 291 pp.).

 Emersson Pérez

"No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo." –  

"Letanía Bene Gesserit contra el Miedo"

Dune 1965 Frank Herbert

La escritura, generalmente retratada como esencia vital, como esencia fundamental de la cultura, pero también como enfermedad y, finalmente de la enfermedad a la muerte, tal como lo afirma Bolaño en enfermedad + literatura = enfermedad. Sin ir más lejos recuerdo que caí al psicólogo por haber escrito  un  diario de vida, en realidad, por la lectura de mi madre hacia singulares pero cotidianas experiencias, mis miedos (mis escritos) se transformaron repentinamente en enfermedad, lo que en un principio fue un bloqueo, una tranca frente al papel, pero que, favorablemente, en un futuro se tradujo en poesía, el terror hoy está en todos lados, gracias al uso del internet, lo encontramos en notas de Facebook o entradas de blog, como un grito de ayuda al ciberespacio y sus lectores incógnitos. Hoy en día las amenazas de muerte son  grabadas en celular, el miedo se presenta, por ejemplo,  bajo una mesa en un jardín de párvulos de Tijuana o en La Legua, mientras la profesora canta una canción del dinosaurio rosado Barney y las balas de narcos y policías silban por las ventanas. El miedo es descrito rápidamente como estado de ánimo,  transformados en  twitteos, Incluso el más antiguo, el miedo a tener los dientes tan amarillos como la misma muerte, o sea, a envejecer y en resumen morir, proceso detenido en una foto  de unos 20 años atrás -siempre jóvenes en un mundo virtual-.

El terror, la primera palabra que leemos en el título del libro es la esencia suprema del miedo, el terror a un monstruo innombrable, como salido de un cuento del escritor norteamericano Lovecraft, que, sorpresivamente, en un giro, es la propia raza humana o el futuro decadente de ésta. Miedos terrenales y miedo a lo desconocido, de ambos podemos leer en el libro de Omar Pérez Santiago, miedo a la naturaleza, el miedo a los seres extraterrestres, pero también a terrestres que habitan nuestros pueblos (todos miedos a lo desconocido, al menos yo no sé cómo piensa un director de Monsanto o cuando vendrá el próximo terremoto), monstruos cercanos que envenenan nuestras periferias, colocan barreras y apresan el cuerpo en cárceles, la mente en escuelas y universidades, tal como en la novela “Ayer” de Juan Emar, el miedo conservador a lo nuevo, a lo diferente, el miedo que nos acecha desde el poder cruzando la Alameda y acercándose a la Moneda , el miedo al cuco, al hombre de arena, al viejo del saco -que son siempre el mismo-.

En un cuento del siglo XIX ; “El Hombre de Arena” de  Hoffmann;  su novia “Clara”  representa la racionalidad, trata de quitarle peso a los miedos del joven protagonista, es tu imaginación -le dice-, son tus traumas de niñez, pero qué sucede cuando esos miedos se acercan desde la propia historia descarnada, desde las calles, desde la familia, esos miedos, así como en la Alemania del siglo XIX,  así como en el pasado y presente de este país legado de Pinochet, en el cual el autor se presenta como testigo, finalmente desde los vicios de la propia sociedad,  como Aleister el nigromante, el enemigo “familiar”  del cuento que le da nombre al libro y que presentamos el día de hoy Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, personaje macabro que actúa - impunemente - con sus zombis extraterrestres, que, paralelamente, fuera del libro intentan el día de hoy colocar una cárcel, en el pueblito, destruyendo la vida (al menos como sus habitantes la conciben) de manera impune, de forma secreta, ofuscada, pero, tristemente, evidente .

El miedo es un sentimiento primario, le permite al soldado actuar con rapidez, el miedo se convierte en un factor eficaz para la supervivencia, nos mantiene alertas, sin embargo, lo importante es no quedar paralizados en el terror, lo importante es romper nuestros temores, salir a la calle, hacer dedo en la avenida de la muerte –en la que un personaje del libro termina- . Omar Pérez nos presenta un catálogo de cucos, un catálogo de sospechas, que, aunque lleno de invocaciones mitológicas y evocaciones folclóricas de la cultura popular Latinoamericana, se encuentran a la vuelta de la esquina, acechándonos, unos cuentos que están llenos de sangre, drogas, sexo y rock and roll, un libro con banda sonora donde la sangre salta al ritmo del Agro Metal de Korn, donde una misa negra se lleva a cabo con un fondo Death Metal, donde pasamos las penas con Only You de los Platters o donde los poetas fracasados de los ‘70 ceban vino al ritmo de Janis Joplin.

Lo importante como buenos lectores o detectives -que puede ser lo mismo- y a lo que se nos invita, aparte del placer de la lectura,  es a identificar al asesino,  a la ausencia de justicia como dice el prólogo,  a que los cadáveres no queden apilados en las calles como árboles de Navidad. La invitación -como dije- puede ser divertirse, pero también estar alertas. La invitación de leer Nefilim en Alhué es la de ir a la esquina y  descubrir  al asesino.

 Aunque resulte difícil de creer muy pronto se cumplirán tres décadas desde aquella fría noche en que conocí a Omar Pérez Santiago en las espectrales estepas del exilio.
Claro que entonces se llamaba Pancho, era su apodo, corrían tiempos difíciles, y en Alhué, -el pueblo de donde ambos proveníamos- si uno quería permanecer con vida se hacía prudente no utilizar el nombre legítimo. Dejamos atrás la adolescencia para inscribimos en un proyecto que buscaba mayor justicia social para el país. Éramos, en aquellos días, jóvenes empecinados, impredecibles e inocentes, y, como este país no estaba preparado para tolerar la palabra “justicia” muy pronto salieron a relucir las armas, se decreto toque de queda y la secta de los assesins se apropio de las calles. A inicios de los 80 cuando conocí a Pancho muchas de estas cosas comenzaban a quedar en el pasado, la realidad estaba mutando, -corrían vientos diferentes-, el Mundo iniciaba una nueva era. Pronto se desplomarían los muros. Y justamente ahí, entre Malmö  y Kopenhamn, a la entrada del Öresund  Pancho desplegaba una intensa actividad como animador cultural de la vida latina y escandinava. Organizaba recitales de poesía, escribía artículos para los periódicos, gran polemista organizaba debates, viajaba, seducía mujeres, filmaba películas, fundaba editoriales y publicaba libros.

  He tenido la suerte de leer casi todo lo que ha escrito y hace unos pocos años -en el marco de una Feria del Libro de Santiago- participe en la presentación de su ensayo Escritores de la Guerra. De modo que ahora, en esta última semana, mientras leía el volumen de cuentos que bautizamos esta noche he podido cavilar sobre un hecho esencial: los temas sobre los cuales hemos conversado con Pancho a lo largo de estas tres décadas, están aquí, las obsesiones, los fantasmas, los demonios que asedian a un escritor regresan inevitablemente a visitarlo. Es el eterno retorno a imágenes y situaciones que vivimos pero que ahora, en el lenguaje, emergen rodeadas de un aura especial, irradiando colores y facetas desconocidas. Reaparecen con mayor fuerza, con toda su pasión a decir: No quieran ignorarnos, porque todo ésta vivo.

   El volumen de cuentos, que aparece bajo el sello de Mago editores, lleva por título Nefilim en Alhué, y ya desde la primera página Omar Pérez Santiago deja constancia de la intensidad y la eficacia de su prosa. En un lenguaje vital, conciso y directo, con frases cortas a lo Hemingway y sin quitarle el poto a la jeringa porque el tema así lo requiere nos ofrece un relato que pinta de modo implacable las condiciones de vida de seres que quizá puedan parecernos difíciles de identificar, con algo de aliens, pero que sin embargo reflejan en sus motivaciones, su lenguaje y sus búsquedas a la mayoría de la gente de este pueblo. Perfectamente podrían ser nuestros vecinos, amigos o parientes. La angustia existencial, el descarnado erotismo y la falta de horizonte son una característica de todos aquellos que no son y nunca serán, winners en el país de hoy.

  Si estos cuentos aparecieran bajo la firma de Charles Bukowski seguramente a nadie llamaría la atención: sería normal. Sin ir tan lejos pienso en otro escritor chileno -Armando Méndez Carrasco que en su novela Chicago Chico despliega personajes y situaciones en una ciudad casi esperpéntica, vidas asediadas y limítrofes. Una novela conocida solo por “entendidos” que paso casi desapercibida pero sin embargo hoy se re-edita y se descubre como un verdadero valor de las letras nacionales, porque la remilgada crítica de la época prefería destacar a un José Donoso o un Jorge Edwards.  

  Como decía los tiempos han cambiado y hoy nos encontramos a mitad de camino rumbo a territorios desconocidos y palabras como neoliberal, globalización, cibernética, chateo, facebook, twittear y realidad virtual se han vuelto inevitables para mencionar nuestras actividades cotidianas. El país también ha cambiado y a raíz del Boom económico mucho se miran al espejo y casi no se reconocen en esta nueva imagen de jaguares latinoamericanos. Sin embargo allí afuera, en las calles campea la delincuencia, el abuso, un odio latente que se expresa en las aulas estudiantiles, si hasta conducir un vehículo resulta mucho más peligroso, el lenguaje citadino también se ha subvertido, surgen nuevos vocablos, antes se decía gañan, roto, hoy es el chanta, el flaite. Y Santiago ha perdido ese aire pechoño y provinciano que tenía y se ha vuelto una urbe cosmopolita, basta con asomarse cualquier día a la Plaza de Armas para encontrarse con toda laya de extranjeros. Y esto significa que lo periférico, lo aledaño ha devenido el centro y por ende no nos debe extrañar que surjan nuevos personajes y se mencionen lugares  inverosímiles, que un estudiante mapuche conozca por el chat a una chica aymará y muy luego tiren bajo las estrellas en un lugar tan ajeno a la literatura como Combarbala.

  Y para recordarnos como es nuestro pueblo y las cosas que aquí han sucedido antes de convertirnos en este paraíso plástico viajando exitosamente rumbo al futuro ahí nos entrega el último relato, el que da título al libro: Nefilim en Alhue

     Y uno, como lector se pregunta: "¿Qué o quiénes fueron los nefilim?"
 Encontramos la repuesta en Google:  Los nefilim, son ángeles caídos, fueron el producto de las relaciones sexuales entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres en Génesis 6:1-4. Son ángeles caídos o demonios quienes se unieron con mujeres humanas. De estas uniones resultó una raza, los nefilim, una raza de gigantes (Génesis 6:4).

   Y Alhué es un pueblo de demonios, de fantasmas, de seres que no trepidan en causar daño. En Alhué eso es normal, y por tanto un tío cualquiera puede deshacerse de su familia, torturar a la sobrina, dejar cadáveres tirados en las calles, o retirar cadáveres del cementerio. Tiene un poder inaudito y lo utiliza para dejar claro a los semejantes que en Alhué no existe otra justicia que aquella que detentan quienes siempre han tenido un buen pasar. Sería una injusticia hacerle justicia a los que siempre la pasan mal.

   Otra característica de los tiempos que vivimos es que ha desaparecido el concepto de prójimo. Hoy gana el winner, el más fuerte, aquel que ésta dispuesto a pasar por encima del débil. Hoy día estamos dejando ser humanos pa5ra convertirnos en seres de éxito en un Alhué que dirigido por los nefilim se ha internado en los pantanos de la ignominia.

   De todo esto da cuenta el excelente volumen de cuentos de Omar Pérez Santiago.

 

La Chascona, Santiago. Chile

Junio 2011

Omar Saavedra Santis

 

Dos sorpresas precedieron mi llegada a la presentación de este nuevo opus de Omar Pérez Santiago.
La primera ocurrió hace ya tres o cuatro semanas y la ocasionó un breve mensaje electrónico de mi tocayo, en el que me preguntaba si podía yo actuar de co-presentador del tomito de cuentos que hoy celebramos. Acepté naturalmente. Con tal demanda, Pérez Santiago me honraba con una confianza que tal vez no merezco, pero también me llenó de inseguridades. Porque esto de andar presentando libros en sociedad –lo digo francamente- está muy lejos de ser una de mis ocupaciones habituales, y por lo mismo tampoco es una que me haga sentir cómodo. Si mal no recuerdo, creo que esta es la segunda vez en mi vida que lo hago.

La segunda sorpresa fue la lectura del libro mismo. Y cuando ustedes hagan la suya, no tengo dudas que también serán sorprendidos como lo fui yo. En estos relatos, Pérez Santiago se enfrenta sin ningún empacho, desde el mero comienzo, de la manera más frontal posible, con el quizás más prístino e incansablemente recidivo sujet de todas las literaturas habidas y por haber. Me refiero a Thánatos –en este caso más exactamente a su brazo femenino, a Ker, la vieja señora amante de los finales sangrientos- y por ende, me estoy refiriendo también a Eros, su alter ego, tan viejo y tan activo como ella. En la lectura de este libro volvemos a ser testigos del convulso pas de deux con que ellos nos fascinan y aterran desde mucho antes que el mundo se nos revelara como redondo.

Pero a diferencia del trato casi siempre estetizante con que a lo largo de los siglos, innúmeros otros autores se han ocupado de este incansable par de veteranos, Omar Pérez Santiago, al echar mano de los servicios poéticos del par, renuncia aquí a cualquier compromiso elíptico en su mención o en su utilización. La línea narrativa que cruza los diez cuentos de su libro está trazada con sangre pura, sin aditamentos saborizantes ni aromatizantes. El autor nos muestra la perenne laboriosidad de las Keres en vivo y en directo, sin los filtros de algún piadoso y pudoroso tropo literario, sin luces  indirectas ni bronces con sordina. Nada de eso. Lo que nos hace ver no son las imágenes diferidas de escenas y escenografías de las teatralidades de una Catrala folklórica, lejana y en tercera persona, sino las de la vieja y siempre joven dueña de la guadaña violenta, en cuerpo desnudo y presente, al alcance de nuestra mano y nosotros de la suya.

Junto a ella, decíamos, también Eros cumple con lo que le es menester, pero en las páginas de Pérez Santiago en ningún momento, ni por asomo, él se nos aparece en sus rubicundas formas infantiles de querubín arquero renacentista flechando a una Psique etérea y enamorada con saetas enmieladas, sino en la imagen directa de una bragueta abierta, con todas sus frustraciones a la vista, en bruta cacería mayor, en búsqueda de un improbable desahogo a través de la libación de flores angustiadas que, en todos los casos, resultarán ser venenosas y carnívoras.

Omar Pérez Santiago en sus relatos obliga a la muerte y al sexo a ofrecernos una danza macabra, sin ningún propósito evangelizador de belleza, ni mucho menos con la intención de provocar agrado. Es un baile en el centro del séptimo círculo, bajo haces de luz negra. Es la banda sonora de una película porno. Es la estridencia sorda de ventosidades ginecológicas con chorreos proctológicos que explotan en primer plano. Es el frenesí orgásmico de eyaculaciones de esperma, sangre, moco y baba que apuntan a nuestro rostro. Pérez Santiago ha hilvanado estos relatos con la plena potestad y toda la sórdida relojería de un hechor minucioso. Sus cuentos ocurren al interior de un lenguaje no pocas veces de dura y difícil digestión. Ello están estructurados como escenas de un treatment cinematográfico, y así también es como se leen: como un preguión de George Romero o John Carpenter, con generosos aportes lúbricos de Marco Ferreri.


He de confesar en esta parte que, aunque en mucho seductora, la de este libro no me resultó una lectura fácil. Tal vez porque había transcurrido demasiado tiempo desde mi última incursión en los meandros de las letras góticas, y porque el culto de lo oculto en sus desesperanzadas variaciones actuales y locales, más payasescas que tétricas, me era y sigue siendo perfectamente ajeno. Pero creo que con sus relatos, Omar Pérez Santiago va más allá de una epigonía de fósiles ilustres o del cumplimiento de algún rito de consumo impuesto por el rentable mercado de la necrofilia. Su afán no es tampoco el de épater le bourgeois restregándole una braga usada por las narices. Ni es objetivo de estos cuentos simular la provocación desdentada con que el adolescente heavy le declara su guerra al mundo a través de los ciento veinte decibeles del horror punk. No. La muerte esperpéntica no se nos aparece por entre las páginas de estas narraciones para aterrorizarnos, sino como un V-Effekt, como un teatral efecto distanciador para señalarnos las sombras pestilenciales de la dura actualidad nuestra de cada día, una actualidad a la que Pérez Santiago arranca sus vestiduras de hipocresía vestal con dedos de esqueletos, para dejar al descubierto el lado más rutinariamente perverso de un progresismo vestido de seda y disfrazado de oveja; para hacernos partícipes del proceso de descomposición de nuestro cuerpo social en un tiempo y un lugar infranacionales, aún cuando ello tenga lugar a veces entre las nórdicas bambalinas de Copenhague, como ocurre en “Anette Jensen”, quizá el cuento señalero de esta selección.

Los nefilim de Omar Pérez Santiago no son maléficos gigantes celestiales, sino los reflejos de nosotros mismos mirándonos desde los espejos deformantes de esta feria de compra y venta de almas y vanidades en que ha devenido esta modernidad nuestra. Pérez Santiago cumple con estos designios suyos de llamado de atención sobre la parte oscurita de este muy burgués orden de cosas, sin dar pausas de aliento al lector. Desde “Los interfectos del Valle del Elqui”, el primer cuento de esta selección, hasta “Nefilim en Alhué”, el último, el tempo de lectura es un crescendo molto que culmina literalmente con un terremoto grado 8,9 en la escala Richter. Después, el silencio espectral que sucede a los aquelarres.

Esta, su voluntad de obligarnos a mirarnos en nuestras insanas oquedades de zombis con RUT, tarjeta Bip y derecho a voto, queda manifiesta desde los mismos epígrafes que Pérez Santiago ha seleccionado y montado con singular acierto al comienzo de cada narración, como anzuelos de un espinel que captura nuestro interés y no lo suelta desde el inicio hasta el final. Igualmente no puede dejar de mencionarse, como un especial valor agregado al libro que hoy presentamos, el título que Omar Pérez Santiago escogió para él. Porque “Alhué” no es solamente la arena de Walpurgis donde, bajo la dirección de Osiris Bascuñán, tiene lugar la gran parada final de los muertos que marchan por docenas en sus páginas. Es además una más que justa reverencia al “Alhué” primigenio del maestro González Vera y una sugerente invitación a releerlo.

Creo que la mejor presentación de un libro es la que realiza él mismo ante su lector, sin la torpeza interpretativa de intermediarios que, como el que habla, con seguridad sólo ha logrado percibir una pequeña parte de lo que él ofrece. Y en este caso de los nefilim de Omar Pérez Santiago, me atrevo a asegurar, que tal oferta no es menor.

 

La Chascona, Santiago, 8 junio del 2011


Por Alejandro Lavquén


Nefilim en Alhué (MAGO Editores). De Omar Pérez Santiago. Se trata de un conjunto de cuentos de buena factura e imaginación, cuya temática –la muerte- es tratada con sentimientos que van desde el dolor hasta la grosería, pasando por el miedo y el desprecio, según fuese la circunstancia. Entre tanto desgarro, Pérez Santiago incluso se da tiempo para filosofar sobre la literatura y la vida, como ocurre en el cuento Anette Jensen. El autor nos pone ante sucesos muy contemporáneos dentro del modo de vida de sus personajes. Las historias nos hablan de la sociedad actual y sus trastornos, donde los protagonistas, a pesar de la oscuridad de algunos de ellos, son reconocibles en nuestra cotidianidad, reconocibles en nuestro vecindario, en los anhelos, logros y frustraciones de muchos. En los relatos también está presente el humor, incluso en momentos trágicos, o cuando el autor se burla de sus pares. El cuento que da el título al libro es un relato de terror, de zombis, de asesinos, donde el fantasma de la dictadura, en su dimensión más macabra, personificada en la tortura, se hace presente.    


Pablo Lacroix, performance





Claudio Orellana, Performance


Cementerio de Alhué. Foto Claudia Pérez G.

Cortometraje de terror. de Miriam Jaque. El Diablo en Alhué





Asesinato en Copenhague. Reseñas de Ramón Díaz Eterovic y Reinaldo Edmundo Marchant.



Por Ramón Díaz Eterovic

Omar Pérez Santiago: Asesinato en Copenhague y otros cuentos Editorial Mago. Santiago, 2021.

En la última semana estuve leyendo a Omar Pérez Santiago (1953) un autor chileno que ha transitado por la novela, el cuento, las crónicas y los libretos de cine y teatro. También es traductor de poetas suecos y daneses, como el Premio Nobel de Literatura Tomas Tranströmer.

El libro “Asesinato en Copenhague y otros cuentos” presenta cuatro buenas e interesantes historias, de las que quiero destacar el cuento largo que da título al volumen. Nos parece una lograda e inquietante historia policial, protagonizada por Klaus Klausen, jefe de la Brigada de Homicidios de la Policía de Copenhague, quien tiene una novia de origen chileno cuyos padres han sido víctimas de la dictadura de Pinochet.

Klausen es descrito como un hombre “casado con el trabajo policíaco, emocionalmente comprometido con resolver crímenes”. Su especialidad es construir acertados perfiles sobre los hábitos y conductas de los criminales, lo que le lleva a oportunas deducciones. Construye narraciones de los casos que investiga y reconoce que la ficción permite entender los asuntos humanos.

En el cuento investiga la desaparición de una periodista y en el transcurso de la investigación llega a enfrentarse con Jason Jensen “un famosillo de medio pelo”, dueño de un submarino, que termina detenido luego de los elaborados raciocinios del policía.

Lo interesante de este cuento, aparte de las características del protagonista, es qué a través de su desempeño, Pérez Santiago desarrolla una descripción minuciosa del asesinato mientras mantiene al lector en el mismo plano del investigador. El relato tiene una sobriedad o distancia narrativa que va a la par con la racionalidad del policía y la fría descripción de su crimen que finalmente termina haciendo el asesino.

Klausen, quien se considera a sí mismo solo un funcionario que cumple una labor policial, nos parece un personaje con las características ideales para reaparecer en otros cuentos o novelas, cosa que desde luego es uno de los méritos de su autor.


 Reinaldo Edmundo Marchant.

Revista Archivos del Sur, Buenos Aires, Argentina.

 

Uno de los libros potentes de la gran Colección Escritores Chilenos y Latinoamericanos, de Editorial Mago, es el volumen “Asesinato en Copenhague y otros cuentos”, de Omar Pérez Santiago.

Desde un comienzo llama la atención  el sugerente título y la impronta particular para desarrollar estos relatos. El autor selecciona las palabras con bisturí y les otorga un significado distinto al que usualmente vemos en el panorama de las letras.

En efecto, la clave se halla en descubrir que esta singular obra literaria posee características distintas con respecto a otras publicaciones nacionales, a veces tan obvias, sin sangre y hasta pueriles.

La trama de cada historia ocurre en la mítica Suecia y vieja Europa, donde Pérez Santiago recaló como exiliado.

Impera una simbiosis de narrativa negra y policial, adosado con chispeantes zarpazos de buena prosa, diálogos directos y una eficiente economía de lenguaje.

También está la producción de Julia, nativa chilena exhausta de una tórrida vida amorosa, que emprende vuelo hacia Sudamérica, puntualmente a Paraguay, donde estrechará vínculos con patéticos nazis.

En rigor, la obra consta de cuatro concentradas historias: Bergman y Catrina en la isla del Faro; Una bonita Alien en Ginebra; Julia y el huevo de la serpiente; y Asesinato en Copenhague, que lleva el título del libro.

Si la literatura es el arte cuya finalidad es la expresión de la belleza por medio del lenguaje, Omar Pérez Santiago se afana en inventar con su particular estilo estos mundos de ficción aunque los hechos hayan acontecido a quemarropa. En castellano castizo, crea esa literatura que se espera y añora, y nos saca de la abulia con puñetazos de humor.

Un buen libro leído con alegría en medio del  quemante calor capitalino.

Santiago de Chile

 Reinaldo Edmundo Marchant es un escritor chileno autor de numerosos libros, ejerció cargos diplomáticos, fue Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile

 

miércoles, julio 29, 2026

Talleres de escritura creativa y memoria, Centro cultural de San Joaquín

 



RELATOS DE SAN JOAQUÍN. Por Pérez Santiago. Revista Off The Record, septiembre 2021

Durante el mes de Julio 2021, como parte mis tareas literarias, dirigí un taller vía zoom y whatsapp sobre memoria y literatura, con el apoyo del Centro Cultural San Joaquín, uno de los más creativos centros culturales guiado por Jonny Labra y la organización Santiago es de Todos.

La pandemia no nos detuvo.

Las talleristas, mayormente mujeres, (las que hoy marcan el mundo) escribieron atrayentes historias sobre significativos vecinos de San Joaquín. Los pilares o los protagonistas de la historia, vivos retratos o gente significativa de la comunidad.

Así es.

Los humanos inyectamos en nuestros relatos lo que hemos conocido, lo que hemos vivido. Cada generación aporta una imagen del mundo creada por su experiencia. La literatura es, pues, el punto de vista que elige el escritor. La literatura, querámoslo o no, es siempre vivencial.

Si nos extraviamos cuando niños, nadie olvida que se extravió. Y nadie conoce mejor la angustia del extravío que el niño que lo sufrió. Son cicatrices intransferibles, que solo el niño que lo vivió las puede conservar y comunicar. Y por eso, el relato de ese extravío, o hecho vivencial, puede tomar diversos caminos. No siempre todo es claro o nítido. Ese es el campo de la narrativa y la memoria. Es la libertad creativa (derecho sagrado que se debe preservar en la Constitución, ley fundamental de la República).

Es libre.

Y así, esos recuerdos vivenciales, configuran ese anecdotario que constituye el patrimonio o la memoria de una comunidad.

Hay mucha gente, como los vecinos de San Joaquín, que escriben y bien y son originales.

El taller de San Joaquín tuvo dos resultados concretos y luminosos.

El primer logro fue la amistad cívica del grupo, un equipo de personas deseosas de mejorar su capacidad de contar historias. Es un logro, los grupos literarios comunitarios nunca se deben menospreciar, tienen una gran potencia.

El segundo logro o resultado fue una antología, Relatos de San Joaquín, una bella antología de historias muy auténticas y de muy fina calidad literaria, que se llevará a libro.

Carolina Jara escribe una grata remembranza de su vecino Tennyson Ferrada, un actor muy famoso, y que cuando ella era niña lo fue a entrevistar para una tarea del colegio.

Andrea Paz Olivares comienza escribiendo sobre su querida abuela, pero muy pronto la historia familiar se convirtió en una grata historia del barrio, la villa Armanda Harbin.

Iris Valenzuela ha escrito un texto de prosa poética, donde rememora sus miedos de niña, sobre las cosas tétricas que se contaban del entonces oscuro Callejón Ovalle.

Carlos Osorio sabe que los deportes también se viven en la literatura. Cuenta la historia de un talentoso joven y vecino, Gustavo Alarcón, un esgrimista eximio de solo 22 años. Además, Osorio ha escrito una emotiva crónica sobre la infancia del gran futbolista y vecino, Arturo Vidal.

Una sorpresa y un aporte especial es la española Eloísa Alba García, que desde España participó activamente en el taller y ha escrito un imaginado cuento de un bandolero, y los deseos de los protagonistas de venir a Chile y conocer San Joaquín.








Taller de cuentos, Centro Bibliotecario de Puente Alto


 

Alende el retorno. Patricia Espinoza, Reinaldo Carreño, Enrique Pérez Arias, Soledad Vignolo, Aldo Astete, Emersson Pérez

 


Patricia Espinosa
Las Últimas Noticias. 31 de Enero al 21 de Febrero de 2014

 Allende, el retorno


Salvador Allende aparece en Santiago de Chile a cuarenta años del golpe militar. Ese suceso da lugar a la ucronía Allende, el retorno, de Omar Pérez Santiago, una novela temáticamente atractiva, ya que el ex presidente aparece convertido en una suerte de hipster que causa estragos con sus lentes gruesos y estilo de vestir retro, al punto de verse involucrado en una intensa historia de amor con una chica alternativa.

El punto de quiebre que separa la realidad histórica de la ficcional corresponde al momento posterior al bombardeo de La Moneda. La imagen del palacio de gobierno en medio de “humo, grietas y escombros” es el único recuerdo que posee el personaje cuando llega al siglo veintiuno. Con posterioridad, a través de internet, Allende se informará de que murió esa mañana de septiembre de 1973, siendo una de las primeras víctimas de la masacre que los militares golpistas recién empezaban a ejecutar. Respecto al pasado anterior al Golpe, su memoria sólo recuperará algunos amigos, su pasión por el tango y el cariño por su perro de la casa de Tomás Moro.

Para los actuales habitantes de Santiago, el protagonista no es más que una copia del Salvador Allende original, que genera simpatías más que sorpresa. El desencanto que producen en el personaje los cambios urbanos y el hecho de ser un anónimo son experimentados con tristeza, pero con bastante pragmatismo. El Allende del presente no queda precisamente en shock y ni siquiera se le cruza por la cabeza buscar a sus descendientes; al contrario, asume con extrema facilidad las transformaciones que le trae el nuevo siglo. A pesar de sentirse hostigado por difusas voces internas, se conforma con su nuevo destino y se dispone a vivir como un chileno medio, desvinculado de la política y privilegiando la vida familiar.

La narración no propone una razón clara que justifique el motivo del viaje temporal de Salvador Allende. Sin embargo, se insinúa que el personaje puede ser víctima de determinada entidad maléfica o poder secreto relacionado con algún tipo de experimento yanqui o un androide de origen desconocido; incluso puede ser un fantasma o el doble del que habitó La Moneda.

Un Allende ingenuo y estrafalario circula por estas páginas, protagonizando situaciones insólitas. Un hecho para remarcar es que su polola queda embarazada y, al parecer, para el narrador, la figura presidencial se completaría con un varoncito que llevara su mismo nombre; no hay que olvidar que él sólo había sido padre de mujeres. La secuencia en que Allende trabaja como mozo en una fuente de soda concurrida por jóvenes onderos, quienes lo reciben con bastante entusiasmo, no deja de ser interesante, sobre todo porque nos lo muestra dedicado a transformar un lugar decadente en un moderno negocio, fijándose incluso en la decoración del sitio.

En esta novela claramente subyace el ánimo de modernizar el retrato del ex presidente desde la complicidad ideológica. Mediante un estilo simple y candoroso, su figura mítica sobrevive para confrontarse con su imagen de icono pop. Más allá de la ausencia de una motivación que justifique la trama, Omar Pérez Santiago consigue con extrema sencillez ingresar, desde una vertiente paródica, a la ferocidad de la tragedia que cruza la biografía del ex presidente Salvador Allende.

 

Soledad Vignolo.

 

Salvador Allende resucita o algo así­, en un Santiago de Chile que se alejó cuarenta años del golpe militar. Ahí­ nace esta ucroní­a de Omar Pérez Santiago, que ubica al ex presidente en una nueva realidad, y lo transforma en un hipster atractivo que puede enamorar jovencitas con sus lentes de marcos gruesos

El único recuerdo que acompaña al personaje cuando llega a este siglo es imagen del palacio de gobierno en medio de «humo, grietas y escombros», y ahí­ se produce un giro en la novela que va a cambiar la mirada del protagonista. Allende se entera por internet, que él murió esa mañana de septiembre de 1973, como ví­ctima del golpe militar, ese golpe que lo transmutó y de su pasado, de su vida anterior, vuelven a él nombres de amigos, los tangos y el amor de su mascota.

En Santiago, Allende es creí­do imitador, casi una morisqueta del destino que les trae a Salvador en la imagen de este simpático viejo parecido el prócer. Para el protagonista, el mundo nuevo que lo rodea lo entristece, pero a pesar de no comprender que la gente no crea en él como tal, es práctivo y consigue sobrellevarlo. No busca a sus hijos, no pretende incorporarse a sus vidas, por el contrario comienza una nueva vida en este nuevo siglo. Vive como cualquier chileno, a pesar de su mente inquiriéndolo, no entra en polí­tica y si pretende una vida cotidiana. No hay motivo concreto para que el tiempo nos haya devuelto a Salvador Allende, aunque deja entrever una maléfica cuestión yanqui que puede haberlo suscitado. El autor nos regala un Allende inocente, lleno de vivencias raras, un tanto incongruente, que le aporta encanto, su novia embarazada de un varón, como si eso significara descendencia digna, puede ser cuestionada, pero es rico ver como va tomando cuerpo este viejo que transformó Chile y ahora lo hace en una empresa de soda, incluso con una onda que el propio Allende no tuvo.

En la novela, la ideologí­a subyace siempre y hasta hay un intento de revalorizar su figura, buscando una especie de aggiornamiento, de mito a marca pop, Allende, el retorno es una parodia trágica, en tono liviano, que deja entrever la fuerte historia del ex presidente Salvador Allende en la pluma de Omar Pérez Santiago.

La trama, a mi juicio, podrí­a haberse justificado con otra claridad, pero es atractivo pensar en estas posibilidades temporales, en la cabeza flexible de un hombre que trasciende épocas y en el reconocimiento que significa esta historia.

domingo, noviembre 29, 2020

  Enrique Pérez Arias.

Allende vuelve 40 años después del golpe militar, vuelve en marzo del 2013 y ya hace frío en Santiago. El invierno se avecina a pasos apresurados y ese frío puede ser una metáfora de que nada será fácil, como nunca lo fue en su vida tampoco. Una vida comprometida políticamente, azarosa privadamente.

Él quiere recordar el pasado, recorre los lugares habituales que él conoció y que compartió con sus amigos más cercanos. Busca pero ya nada existe. Es otra realidad. Tiene un poco de nostalgia pero no es un melancólico, no se deprime. Al contrario. Lo asume.

Rescata, si, lo mejor de la época que le tocó vivir y lo incorpora a la vida contemporánea de Chile. Por esto es un hipster. Allende, el personaje del libro, tiene calidez humana, es bondadoso. Hace uso de su capital cultural y de su inteligencia emocional para adaptarse a los nuevos tiempos, para orientarse en la nueva realidad. Es como un etnógrafo que debe reconocer el terreno; la ciudad no le es ajena. El personaje conecta tiempos históricos en su persona.

Vuelve, vuelve como lo hicieron los exiliados políticos chilenos, intentando recuperar el tiempo histórico que ya no volverá, que pueden reconocer parte de su historia en el Chile actual, pero que sin embargo se sienten fuera. Nada es igual. Como el Allende de la novela, los exiliados no son nadie en la nueva realidad.

Allende se conecta con los jóvenes estudiantes que están protestando. Pero no se logra la conexión política histórica. No se produce la síntesis. El movimiento estudiantil se frustra en sus aspiraciones.

Allende tiene miedo de quedarse solo de nuevo, como en septiembre de 1973. ¿Dónde estaban los allendistas, los dirigentes de los partidos de izquierda de la Unidad Popular?

Y el epílogo del libro es triste, hay algo trágico, el hijo que espera se pierde. No hay descendencia política. El allendismo se acaba.

Allende muerto de nuevo, muchas veces muerto, muchas veces en el recuerdo. Allende vuelve, pero es una paso fugaz, no se queda, pasa como queriendo hacernos recordar que la historia es importante, y la hacemos los seres humanos.

Vendrán otros, seguirá la historia, y él se quedará allí, en éste libro que también tiene algo de bondadoso, de generoso.

Enrique Pérez Arias, 2015

 

domingo, noviembre 03, 2013

 

Reinaldo Carreño Campos

Allende le tomó el rosto con las manos y le besó sus labios, rosa adorable. Besó en el momento oportuno. Imposible resistirse. Ella colocó las manos sobre los hombros que olían a humedad. Por un instante pareció que todo se movía en la habitación, parecían olas, raíces, navajas, dos astros que caen en el tiempo”.

En aquel tiempo en que medio gobernaba el compañero Allende, no todo era miel sobre hojuelas. En esa Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile, que hoy es la casa de los comandantes en jefe de Carabineros de Chile, quien sabe hasta cuando, no toda la gente de izquierda era muy estudiosa.

 

Pero él era una excepción, estudiaba y hacía política. Yo le tenía, confianza y respeto, era una persona consecuente, lo que ya era bastante. Llegó el 11 de septiembre y muchas cosas pasaron. Con el tiempo él se fue al exilio externo a Suecia y luego a España. Yo recibí una beca obligatoria -que desde luego no pude rechazar- de exilio interno, diáspora en mi propio país. Ambos sufrimos segregación. Cada uno sobrevivió como pudo. Ambos amamos, procreamos, gozamos y sufrimos.

Quizás por soledad más que por vocación, que no lo sé. Quizás por ese afán irrefrenable de decir algunas cosas con claridad de modo que algunos no se den cuenta, que tampoco lo sé. Lo cierto es que ambos nos hicimos escritores, un poco a medio tiempo digamos. Escritores de distinto cuño. Él más al comic y al cuento, yo más al ensayo y la poesía. Pero escritores al fin. Digo yo. Hijos de dos exilios distintos.

Y he aquí que nos sorprende a todos en este Chile re - unido, mientras las alamedas intentan ensancharse, con esta audaz novelacuentohistorieta, de calidad y originalidad indudable, sobre el retorno del compañero Allende. Estupenda idea teológica sin duda. Como aquel otro señor, el compañero también venció a la muerte. Claro que todo esto en forma literaria, a no confundirse.

Disfruté la lectura, la releí. Me sentí orgulloso de mi compañero de universidad. Aun tenemos patria ciudadanos. Con delicada maestría el libro nos va mostrando los principales hitos del compañero Allende: hijo de Valparaíso, fundador del Partido Socialista, sus hijas, orador nato, amante exquisito, burgués, líder, bronce eterno.

Y además relata una historia propia, nueva, pujante, una novela dentro de una historia.

Como en la novela de Dostoyevski nos preguntamos: ¿Qué diría o haría el compañero Salvador si de verdad volviera a nuestro país?

 

Por lo mismo le dije le dije en la Primavera del Libro hace unos días: “Tienes que sacar muchos más Allende El Retorno, como la Marcela Paz con su Papelucho. Como Goscinny y Uderzo en Asterix y Obelix.

 

Quiero que Allende viaje a Punta Arenas, que camine por Antofagasta, que navegue por Internet. Que tome Terremoto en La Piojera. Que expropie las cabritas de los cines. Que retorne el mar para los chilenos, ese que tanto defendió. Que saque tarjeta en La Polar. Que compre en Costanera Center. Que hable de nuevo en Radio Magallanes on-line.

 

Quiero más Allende.

Nos hace falta.

Gracias Omar Pérez Santiago por habernos traído de vuelta al compañero presidente.

 

Reinaldo Carreño Campos

Aldo Astete Cuadra





 . . . . . . .

"Allende el retorno”, (Aura Latina/ Cinosargo) es una novela interesante que plantea el desarraigo y la asimilación de situaciones, completamente insospechadas, por uno de los personajes históricos más reconocidos de nuestro país, como imagen o  ícono incluso, por sobre su personalidad íntima.

Quizás exista alguna alegoría con la situación que vivieron, una buena porción de chilenos en el exilio, tal vez realiza una crítica al sistema y a las características de éste, que todos asumimos obedientemente. En definitiva, Allende el retorno es un espejo que nos refleja, obligándonos a preguntarnos ¿Cómo estamos después de 40 años y qué hubiera pensado nuestro Compañero Presidente, si estuviera aún entre nosotros? 

Omar Pérez Santiago recrea una personalidad puesta a prueba ante la incomprensión, el prejuicio y la indefinición, a un Allende que tendrá que encontrarse y continuar su vida de la manera más normal posible, asumiendo lo sucedido en su vida y en la historia, asumiéndose en una situación incomprensible e imposible de modificar.

Sin lugar a dudas Allende el retorno es una novela que entretiene, y  que nos hace reflexionar, un texto que no dejará indiferente a sus lectores." 

 Emersson Pérez


"Mi padre [...] solía decir que los artistas mienten para decir la verdad
mientras que los políticos mienten para ocultarla".
(V de Vendetta)

Hoy tengo cinco minutos para hablar de un libro que en si contiene dos mundos, dos grandes hombres y también parte de la historia latinoamericana, ¿qué ocurriría si el compañero presidente caminara entre nosotros?, ya no como mandatario o como un ícono heroico, ya no mera representación. Omar ha sabido revivir, magistralmente, a Salvador y lo ha conseguido con el refinado ejercicio de la imaginación, contrario al ejercicio de poder que parece utilizar sus propios discípulos políticos, quienes suelen utilizar máscaras, como las que hoy tenemos en nuestras manos, se disfrazan, caricaturizan y finalmente parecen parodiar todo ideal.

El Allende que podrán descubrir en esta novela se ofusca a ratos y se confunde, se presiente como parodia, al parecer repercute el estado de magnificencia ilusoria del país, la falta de ideas y el exceso de lo artificial, basado más en lo estético que lo ético, influida por seducción mercantil individualista, tan contrarios a su proyecto de modernidad y que se ve representado en los antiguos edificios que él fundó.

Allende, el retorno, dentro de lo literario, parece nutrirse del universo creado por Jorge Luis Borges -podemos dar cuenta de ello en sus cuentos y ensayos- sus teorías sobre el espejo y el doble. En su libro Ficciones de 1944 se encuentra un cuento o, también, podríamos denominarlo un ensayo-ficción llamado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius,donde acudimos a un universo o mundo paralelo al nuestro, en el que se postula que “ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo de aquel”. Por otra parte, postula que, mientras dormimos, aquí estamos despiertos en algún otro lado. Para Borges, quien descubre este mundo a través del reflejo de un espejo, las relaciones de simetría pueden ser terribles, ya que multiplican a los hombres, así como también el sexo o el amor… y esta novela se interioriza en estos puntos, es así como en un juego de espejos que nuestro Allende camina nuevamente por las grandes Alamedas donde se encuentra con estos jóvenes llamados hipsters, término que mal aplicamos a cualquier persona que use lentes de marcos gruesos y que parezca de gustos refinados o cool, esta relación con los otros: “los contemporáneos”, son un reflejo para el protagonista.

No es sorpresa que Allende tendría gustos muy similares a los actuales hipsters, de quienes se dice que no tienen ideales políticos o profundos, más allá del gusto por lo estiloso o el refinamiento vintage, pero podemos ver casos puntuales, como fue la propuesta de protesta pacífica de los indignados en Estados Unidos o la preocupación por los temas ambientales y animalistas o incluso por el culto a la vida sana o primigenia por estas mismas latitudes; podemos ver el fenómeno de los ciclistas furiosos quienes conmocionan a la ciudad con sus marchas en dos ruedas, disfrazados o desnudos. En la novela vemos a los etno hipsters, sujetos admiradores de la etnia mapuche y preocupados activamente por sus derechos primogénitos.

El fenómeno hipster no es nuevo, proviene de los años 40-50’s  y sus primeros representantes son de raza negra, eran sujetos altamente contraculturales y esto proviene, exclusivamente, por el hecho de ser minoría racial y social. Fue un movimiento completamente politizado y consciente que provocó cambios a nivel mundial en democratización de conocimientos y derechos sociales para las minorías, además de promover gran cantidad de material cultural, por nombrar solo uno el auge del  jazz, ya hacia los años 50-60’s se tomaron este término los beatniks, quienes empezaron a llamar hippies (o pequeños hipsters) a los blancos que sólo les gustaba bailar o fumar marihuana, pero que, al contrario, de la vida intelectual de los beatniks o hipsters, no apreciaban la poesía o el jazz y no sabían nada de política (aunque masivamente se los considerara como anti-sistémicos), en este momento el termino adquiere carga peyorativa.

Entonces ¿qué hace el protagonista de esta novela?, es capaz de extraer toda la profundidad detrás de esos lentes de marcos gruesos o esos pantalones pitillos y dar conciencia a un montón de personas que no saben los cambios que pueden provocar. Sería realmente interesante que en este tiempo de elecciones, nuestros actuales candidatos fuesen tan versátiles como el protagonista y que puedan ver la belleza interna, los ideales detrás de los espejos y máscaras.

Viernes 8 Noviembre, FILSA 2013

 

Michael Strunge: Leyenda punk danesa. Fabián Bustos, Oscar Saavedra, Emersson Pérez, Romi Sandoval, Anita Montrosis, Pablo Lacroix





Fabián Burgos

Michael Strunge te pienso, te pienso desde “Caricias”, te pienso, te pienso y te pregunto poeta azul, cómo descongelar este país frío. Sé que medirás el cosmos más allá de este recorte feroz que nos plantó el lenguaje. Michael Strunge, caíste de eco sobre Chile (de un frío distinto al tuyo) 28 años después del salto, y es que siempre guardaste en el corazón la certeza de que el poeta no puede volar, siempre supiste queno son las alas, sino que el golpe desafiante de los cráneos contra el concreto, esa chispa, ese estruendo que habita en un segundo lo que puede atravesar las épocas, haciendo eclosionar las pupilas de la galaxia y de una lágrima fecundar las periferias, el poema. Desde el amor Strunge, desde el amor que dice poco de lo que eres, te leo, pero más que el amor me atravesó tu gesto. El salto Strunge, porque me hiciste sentir concreto que no pudo evitar que salieras disparado por su espalda, esquirlando este continente entero, revelando las viejas imágenes, las antiguas visiones, las clarividencias, noticias de las voces. Michael Strunge, tu nombre en la pared entiendo como despojo para rebautizarte en la caída, tu salto como despojo entiendo para rebautizarte en los cantos que quemarán este país de frío. Y desde esta palabra molotov contengo tus alas — porque tú estás en mí y yo estoy en ti- dicta la plegaria que desde ayer profeso por las noches, la plegaria que de un desgarro me tajearé en las venas. Imagino Strunge tu cuerpo reventado contra el concreto, tendido en llamas, barricada entre la poesía y el mundo, pues la palabra es la piedra y desde siempre lo supiste. Tal cual caíste en este Chile frío, de barricada y piedra, cuerpo y palabra, tras 28 años atravesando desnudo el universo.

*


Emersson Pérez

Conocí a Strunge en Agosto de 1990, en una antología llamada “La pandilla de Malmo-Joven poesía de Suecia”- y fue una revelación, supe de inmediato que la poesía formaría parte fundamental de mi vida, después de leer esos poemas urbanos y nostálgicos del danés comencé mi propio camino, me atrajo su vida romántica y fugaz, aunque ambientados en un país nórdico, que quizás nunca conoceré al menos físicamente, pero mucho de un pueblo se traslada con sus aedos. El Strunge que ambientaba sus poemas en Dinamarca era sinuosamente familiar al Santiago de los 90, inclusive como ocurre con los países

latinoamericanos en que las tendencias llegan con retraso, había muchos adeptos a la música post punk, como Siouxsie&theBanshees, Joy división o el mismo David Bowie, pululando por discotecas de ambientes lúgubres, armados con trajes negros y melancólicos, jóvenes en que la revolución pasaba por el despertar sexual y se daba desde los sentimientos y no desde un campo de batalla, jóvenes escudados en nihilismo, también teníamos escenas nocturnas y tren subterráneo, un ambiente post punk por excelencia. Guardando las similitudes me parece ver a Strunge en los poetas jóvenes chilenos de aquellos años como; Gladys González en su “Gran Avenida”, Oscar Saavedra en su “Tecnopacha” o Diego Ramírez con “El baile de los niños”, no es tan difícil imaginarnos a Strunge en el metro de Santiago o declamando sus poemas en un bar con mala iluminación, atemporalmente conversando con nuestro “joven” y también suicida Rodrigo Lira. El poeta se eternizó, la fugacidad de la vida. Por otro lado aún es posible escuchar como bate sus alas y creo que aún podemos descifrar sus visiones poéticas en nuestro pequeño otoño.

*


 

Oscar Saavedra

 

El alternativo Strunge Vía un poema -libro- que se tiró por una ventana; a punta de head banger y love, desde Dinamarca, como si trajera pequeños trozos de vidrio a la luz de las nubes, todavía caminando por el aire, todavía pájaro o prosa del viento, me llegó la palabra Strunge, luego Michael, a través de Omar Pérez Santiago, quien a su vez se dio el tiempo de traducir una lengua hermana, lejos de esta lengua padrastra -más cercano al habla-, a

punta de conocimiento y experiencia. Me llamó la atención -de una- la tragedia de este poeta-pasión-locura-divino-tesoro (vida y poema: ídem): un mito, una leyenda; un punketa que se atrevió a escribir, describir un tiempo, su tiempo y vivirlo a concho hasta el tánatos: por algo caminó por el viento, por algo su poesía voló hacia nos-otros, por algo hoy celebro su chilenizada y aquella tarde en que nos sentimos músicos (ese miércoles de lengua-bailable y rebelde), cuando nos mandamos su slam junto a Michael Strunge -en su honor-: y nos llegó un puñete directo a nuestra sensibilidad como lectores: quedamos con los ojos manchados de palabras.


Romi Sandoval

Hace un tiempo atrás conocí a Michael Strunge a través de una reseña de internet, el “poeta alado de Copenhague” me fascinó desde el comienzo con su poesía urbana. Esto fue una revelación desde un país tan lejano, y desde una cultura que casi desconozco. Pocas traducciones encontré de su obra al español, lo cual siempre me significó un misterio. Me sentí identificada, no sólo por la edad en la cual gestó su poesía, sino también por los círculos punk y góticos en los que desarrolló su vida. Conozco esos escenarios en Chile y materializarlos en poemas, es una explosión de adrenalina.


Anita Montrosis

Cuando Omar Pérez Santiago, me pidió leer junto a otros poetas jóvenes chilenos, un poemas de amor del poeta Danés Michael Strunge, no dudé en participar. No siempre se tiene la oportunidad de estudiar la palabra, más cuando esa voz es extranjera. Chile es un país de poetas, y la poesía, es una larga faja de tierra, pero no angosta, entonces la lírica de Strunge es un homenaje a los sentidos. La escritura alucinada de Strunge, es musical. Nos transporta. Aborda el amor al límite, es bellamente lúgubre y la ubica en una época que no es temporal, entonces requiere ser enseñada.

*


Pablo Lacroix

Pensar en Michael Strunge es pensar en una revolución, en una rebelión del idioma, que colinda entre los planos del amor, lo fúnebre y el aliento desgarrado de la estética punk. Leer a Strunge es leer un corazón ardiente, hiperbólico y legendario. Es encender la mirada con cada verso y dejarse agotar en la memoria del poema. Es caer en la seducción irrefrenable del ritmo, la imagen y esa musicalidad terrible y hermosa. Es sentir su muerte como el ominoso segundo en que cerramos nuestros ojos y preguntamos, tal como Strunge; “dónde terminará esta noche / en qué costa bajaré a tierra / abrazándome


 

Tomás Tranströmer. Placas de la Poesía. Leo Lobos, Juan Cameron, Leonardo Sanhueza, Sergio Badilla, Soledad Fariña, Eduardo Farias

 



Leo Lobos  

“Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel”; estos versos del poeta sueco Tomás Tranströmer (Estocolmo, 15 de abril de 1931), traducidos por el escritor Omar Pérez Santiago (Chile, 1953) parecen encarnar lo que el poeta, ensayista, músico y crítico estadounidense Ezra Pound predicó sobre la fanopéia, una de las modalidades de la poesía; es decir, la

proyección de una imagen visual sobre la mente. Tomás Tranströmer es un psicólogo, escritor, poeta y traductor sueco, cuya poesía goza de una gran influencia; la crítica internacional lo considera uno de los poetas más sobresalientes de Suecia. En 2011 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura; la concesión del galardón hará posible que la obra literaria y psicológica de este creador de ochenta años “llegue a un público más amplio”. La naturaleza y la música son los dos grandes motivos que llenan los libros de este autor poco conocido fuera de Escandinavia a pesar de que su obra poética ha sido traducida a más de cincuenta idiomas.

Este libro es el primero que se publica en español sobre la obra del poeta; contiene ensayos y traducción sobre la poesía sueca, las generaciones literarias, sus vínculos con la poesía latinoamericana, que permiten entender la relevancia de Tomás Tranströmer en el panorama sueco, europeo y mundial. Omar Pérez Santiago estudió en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile e Historia económica en la Universidad de Lund en Suecia y fundó en Europa la editorial Aura Latina. El libro Introducción para inquietos / Tomás Tranströmer / Premio Nóbel de Literatura 2011, de Omar Pérez Santiago, ha sido publicado por Cinosargo Ediciones, una productiva editorial de Arica que dirige el escritor Daniel Rojas Pachas. “En los años 80 se articuló”, comenta Omar Pérez Santiago, “un activo grupo de jóvenes escritores latinoamericanos en Suecia, escritores traductores. El poeta uruguayo Roberto Mascaró con el poeta tucumano Mario Romero traducen a Tranströmer y lo publican en una antología de poetas suecos en 1985. El poeta chileno Sergio Badilla, el argentino Cristian Kupchik hacen lo propio. En julio de 1986 tres poetas viajan en tren desde Estocolmo a Malmö, Roberto Mascaró, Sergio Badilla y Raúl Zurita. Ese agitado fin de semana en Malmö, uno de los temas de conversación con los poetas traductores fue la poesía de Tranströmer”.

La poesía, como la prosa, es ante todo una cierta forma de pensar y conocer, en palabras de Omar Pérez Santiago. “Llegué a Suecia un frío día de invierno. Había nieve y estaba oscuro. Algo realmente mágico. Al otro día, a las 8 de la mañana, ya estaba estudiando el idioma”. El poeta francés Paul Valéry dice: “Se reconoce a un poeta cuando éste transforma al lector en un inspirado”, el lector encuentra en el poeta la causa admirable de su admiración. Aquel que lee ofrece al creador de los poemas los méritos trascendentes de las fuerzas y de las gracias que se desenvuelven en él. Este libro se sustenta en una original teoría sobre las placas poéticas de la poesía, es decir la conexión terrestre, el tejido, cruces y las referencias de la humana poesía. “Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento”; el bosque de Tomás Tranströmer en traducción de Omar Pérez Santiago.

 Leonardo Sanhueza

Las Últimas Noticias

Domingo 23 de septiembre 2012.

Desde la ya remota telenovela entre Sun Axelsson y Nicanor Parra hasta los vínculos establecidos por el exilio de poetas chilenos en dictadura, la literatura sueca en Chile ha tenido una pequeña pero importante resonancia, lo que ya es mucho decir para un país que suena igual al chino en el ámbito hispano hablante. Por eso el poeta sueco Tomas Tranströmer no era en absoluto un desconocido en estos lados cuando el año pasado le fue concedido el premio Nobel.

Uno de los activistas de ese conocimiento es el escritor Omar Pérez Santiago, quine publica ahora una especie de dossier sueco. Como lo sugiere el título, es una especie de introducción a Tomas Tranströmer e incluye algunas traducciones a su poemas, pero también recorre sucintamente varios hitos de la poesía sueca, desde el romántico de Eric Johan Stagnelius hasta Michael Strunge y los años ochenta, además de su conexión con poetas daneses y latinoamericanos. Visto así, parece una ensalada, pero en realidad se trata de traducciones, notas y recuerdos con los que Pérez Santiago plantea una “teoría de las placas” literaria, en la que la “placa Tranströmer” ocupa un lugar central: son literaturas conectadas por un cierto dominio del paisaje, los bosques y el terruño, la omnipresencia del invierno, la densidad simbólica, etcétera, de modo que a través de la poesía, se dibuja otra geografía, en las que hay zonas de los países nórdicos que parecen quedar mucho más cerca de nosotros, entre Lautaro y Pillanlelbún, por ejemplo.

Eduardo J. Farías Alderete

Tomas Tranströmer

Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la inconstante y movediza corteza literaria mundial.

Omar Pérez Santiago acomete en este libro un trabajo concienzudo y conciso para un tema que cada año por estos meses llama la atención a los escritores, lectores y amantes de la literatura: el anuncio del Premio Nobel. Este año fue premiado Mo Yan escritor chino autor de la novela el Sorgo Rojo, y que actualmente Chile carece de sus obras como para adquirir leer y formarse una idea de qué cómo escribe el

flamante Nobel. Si su trayectoria justifica tal reconocimiento. Actitud generalizada.

El año recién pasado fue premiada la poesía, Tomás Tranströmer y como es costumbre se alzaron aquellos que decían conocerle, algunos avalando la designación y otros mostrándose como firmes detractores, difícil tarea pues sería para los curiosos de siempre hacerse un juicio.

La Introducción para Inquietos soluciona ésta intríngulis a través de una teoría que más que provocar una cuota de extrañeza por lo geológico del uso en sí aplicado a algo tan poco monolítico o de litósfera como es la poesía, lo cierto es que parece calzar a la perfección y Pérez lo logra con una línea cronología y concatenación de autores suecos y de alguna forma casi dialéctica llegar a una definición acabada de la posición que ocupa Tranströmer no sólo en su nación sino que en Escandinavia, Latinoamérica y Chile.

La Cartografía aplicada a cómo abarcar en pocas páginas el quehacer de un poeta de la relevancia de Tranströmer; nuestro periplo comienza con el pilar de la poesía sueca y quien en su impronta dio el puntapié inicial de esta forja tectónica: Eric Johan Stagnelius poeta y dramaturgo romántico, no está demás clarificar que , el autor de esta tesis selecciona un trabajo poético ilustrativo del exponente además de la descripción de su perfil quedando cada “placa tectónica-poética” ensamblada a la Placa Tranströmer desde el remoto siglo XIX, pasando por el ya discutido concepto de generación, (útil no sólo para estudiosos) al Modernismo de la década del 30 del siglo pasado, los años 40, los años 60 , la generación escandinava de los 80, los vínculos con autores latinoamericanos internacionalmente reconocidos, pero dentro de este desarrollo conceptual hay, en el acápite “Nobel y Nicanor Parra” la explicación de fondo de lo que para muchos

es algo casi ininteligible: la “misteriosa” y a veces “caprichosa” manera en que surge la nominación y posterior premiación del Nobel de Literatura. Los parámetros que entran en juego, las circunstancias además de los méritos de cada candidato para ser galardonado.

Pero una cosa queda clara luego de la lectura de este libro, a la vista los poemas, la trayectoria, la influencia e incluso los “antagonistas” determinan que la “lárica — universalidad espiritual” de Tomás Tranströmer como hablante poético merece el premio con largueza.

Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la inconstante y movediza corteza literaria mundial.

Cinosargo en su colección Pink Cigarrette, ha demostrado más allá de toda prueba un gusto exquisito por la poesía extranjera y la traducción precisa, un siempre loable intento por traernos aquellos autores relevantes “ajenos” al habla hispana

Sergio Badilla

Comenzaré haciendo intertexto en mi exposición de hoy, sobre el libro: Tomas Tranströmer, Introducción para Inquietos, de Omar Pérez Santiago refiriéndome a las palabras del propio Nobel, en su libro: Tolkningar(Interpretaciones) que dice: de una manera teórica, señala él, la traducción de la poesía puede ser considerada un absurdo, en sí, pero en la práctica debemos creer en su traducción.

En este volumen, Tolkningar, él hace una selección de poemas de poetas norteamericanos tales como James Wright, Robert Bly, W. S. Merwin, y de los húngaros: János Pilinszky y Sándor Weöres, entre otros.

El libro de Pérez Santiago que hoy nos convoca, aquí, en la casa de Neruda, es justamente un libro que alude y se refiere a interpretaciones de poesía, a poetas, a personajes de la poesía que han sido figuras ilustres en el culto de esta expresión

alegórica en el idioma sueco, comenzando, este volumen, por Tomas Tranströmer, nuestro conocido y reciente Nobel.

Pérez Santiago tiene la virtud de atrapar momentos; de ser, en la mayoría de los casos, testigo cronista de historias urdidas en estas páginas que dan cuenta de episodios que nos dejan abierta una mirilla, por donde nosotros, los lectores curiosos, podamos fisgonear algunas intimidades de esta pléyade de creadores; como por ejemplo la animadversión de muchos de sus contemporáneos , en la década del 60, que criticaron su poética, porque no aludía el entramado ideologizante de la época Le exigían compromiso y sencillez de lenguaje. Contingencia y arenga. En pocas palabras: intransigencia y prédica poética. Afortunadamente, eso no ocurrió, gracias a su perseverancia lírica en el rumbo que se había trazado.

El siguió su propio camino, vinculado a la música y a su plectro íntimo, donde surge un lenguaje, a veces, con tintes expresionistas, otras veces con una euritmia surreal, que lo distanció de esa generación de la soflama y que determinó que tuviera, durante muchos años, un escaso reconocimiento en su país natal, pero que, sin embargo, lo hizo crecer notoriamente en el exterior, sobre todo en el mundo anglo parlante, donde poetas connotados como Robert Bly, Robin Robertson o Robert Fulton, tradujeron profusamente su obra, dejando en claro, que para Tranströmer el camino sería muy largo para ser un profeta en su propia tierra, hasta que las clarividencias se enfriaran.

Los poemas elegidos por Pérez Santiago, en esta selección tienen un acento o aroma boscoso, a naturaleza diáfana que, de una u otra forma, lo emparientan con nuestro sur; y el responsable de este libro, lo enfatiza deliberadamente, como por ejemplo cuando traduce jätteeken, o gran pino, por araucaria. Sin embargo, el poeta Nobel, es un hombre que

se deja vincular a través de las imágenes que capta su ojo o percibe su oído nórdico, porque el bosque surge ocurrente y redundado como un espejismo, ya sea en su relación poética contextual como en el paisaje poético insinuado.

Pero, Tranströmer no es un asteroide desorbitado en este cosmos poético y justamente la tarea que se propone el autor de Introducción para Inquietos, es ponernos en evidencia la relación que existe entre el ganador del Nobel con las voces primigenias, es decir, nos induce a la poesía sueca, a través de sus alturas.

El libro continúa con Eric Johan Stagnelius, un poeta de fines del 1700 quien es segregado por los círculos de poder literario de la época en una vida que será breve y azarosa, en su cuerpo deforme.

Karin Boye, una de las grandes modernistas del siglo XX, una suicida en sus años de la madurez primaria, también es convocada por nuestro autor, con su poesía cristalina, donde el psicoanálisis, el jazz y la mirada cosmopolita, se entretejen: Aquí, nos sobreviene una muy buena traducción de su poema: Visst Gör det Ont; Sí, duele.

No podía faltar a esta incitación colectiva, Gunnar Ekelöf, como bien rotula Pérez Santiago, el más grande de los modernistas suecos, que desvaría y alucina. Para entrelazar su poética; venida de la cesión de un ángel y no de una musa, como acota, Introducción para inquietos.

Posteriormente, dos excelentes poetas, Hjamar Gullberg y Eric Lindegren el primero relacionado con Chile, por las traducciones formidables que hiciera de Gabriela Mistral y el

otro, por la poesía existencialista de los años 40, como epígono de los años de guerra y crueldad.

Después, otros cuatro nombres, vinculados a la que nosotros concebiríamos como Generación del 50, Lars Forsell, uno de los más cercanos, quizás, con ojo heterodoxo, en poética y registro, con Tranströmer y quien introdujo a Ezra Pound al mundo nórdico. Lasse Söderberg, poeta conciso y también amigo de Tranströmer, uno de los más conspicuos traductores del español; Göran Palm, de la poesía coloquial, satírica y política y posiblemente, uno de sus críticos más connotados y, finalmente, en este grupo, Dag Hammarskjöld, el ex Secretario General de la ONU, que murió trágicamente en un accidente de aviación el año 61 y que logró la rehabilitación social de Ezra Pound, logrando derribar, con su influencia, la severidad puritana y punitiva de los Estados Unidos.

Las últimas páginas de este libro, echan una mirada a la poesía danesa; sobre todo a partir de Michael Strunge, que integró la llamada “Pandilla de Malmö”, nombre acuñado por el mismo Omar Pérez Santiago, sentado aquí a mi lado.

Finalmente, el remate de este volumen, está dedicado a la relación que hemos tenido los escritores latinoamericanos, con Tranströmer, una anécdota vivida por el autor con Octavio Paz y, como colofón, la historia interminable de Parra tras el inalcanzable Premio Nobel.


Juan Cameron

La Sebastiana, Valparaíso. 21 de julio 2012

Mis queridos amigos, antes que nada –y como indica la norma- debo agradecer a Omar Pérez Santiago y a Sergio Badilla el haberme convocado a esta mesa para hacer pública la aparición de Introducción para inquietos. Hay dos razones importantes en esto: ellos tienen señalada importancia en mi ubicación en Suecia y en esa cultura, que nos es ahora común, y por cierto, para celebrar una nueva edición, sobre todo tratándose de escritores queridos y conocidos, en estos tiempos de barbarie y oscuridad.

Llegué a Estocolmo a comienzos de 1987, pocos días antes de cumplir mis cuarenta años. El promotor de ese viaje, como el de la recepción allí –estuve en su casa hasta que fui enviado a un campamento de refugiados en el Báltico– fue precisamente mi antiguo compañero de estudios de Derecho y del Directorio

en la Sociedad de Escritores de Valparaíso –aunque ya no figuremos en sus registros –Sergio Badilla Castillo. Sin su apoyo y el grupo de amigos, mi estancia en ese campo nórdico habría sido un verdadero infierno. Y luego, tras aquella temperada, la suerte y los encuentros con otros chilenos, como el narrador Jorge Calvo y el ex compañero de universidad Juan Ángel Tapia, pude establecerme en el sureño puerto de Malmö. Allí campeaba por entonces Omar Pérez Santiago (Pancho para nosotros y con unas P muy suecas y explosivas) junto a Rubén Aguilera y otros grandes y hasta hoy queridos amigos, como Gastón Candia, el Cono (Luis Tejo) a quienes hace poco abracé allá in situ. Por eso entonces saludar a los escritores de aquellos lares sea un motivo de inmensa alegría.

A la par de avanzar en el aprendizaje del idioma, con atisbos de tempranas traducciones y esa soledad definitiva –matizada de cuando en vez por nuestra misérrima red social- me fui adentrando en la poesía sueca. De hecho mi primer intento ocurrió en el departamento de Sergio, en Koksgatan, cerca de la Medborgarplatsen cuando, sin mediar provocación alguna del idioma, comencé a traducir algunos párrafos de Fåglarna (Los pájaros) de Lars Gustafsson. El resultado fue, como supondrán, similar al del traductor automático de Google. Y en otra oportunidad, sólo por lucirme, aprendí de memoria un corto poema de Gunnar Ekelöf que, en mi sueco de entonces, no entendían ni los refugiados iraníes. Fue en la Biblioteca Municipal, ya viviendo en Malmö, donde ubiqué las obras del buen y afable Tomas Tranströmer, avecindado a ratos en esta ciudad y muy cercano de nuestro amigo Lasse Söderberg.

Por cierto, más allá de los idiomas y del origen, existe una actitud viral, repetida y casi esquemática en todos los poetas. De allí que no fuera difícil identificarse con ellos. Pérez Santiago da cuenta de su visión en el texto ahora a vuestro alcance y, aunque su interés apuntaba a un ejercicio de plena

actualidad y el mío a lo ya establecido (no dominaba el idioma) nuestros héroes resultan casi los mismos.

Gunnar Ekelöf, por citar alguno, quien cargó con el rol de un marginal nacido en la alta burguesía. Por ello habría de sufrir la omisión y el ocultamiento. Más aún cuando su actitud contestataria apuntaba directamente contra el modo sueco de vida. Aclaro, al modo sueco de hace unos años, mucho antes que la barbarie capitalista echara por el suelo el sistema de protección social. Tal olvido no carece de inocencia: la ironía y el desprecio del poeta por todo lo burocrático hiere en sus raíces el concepto de folkhemmet (la casa de todos en cierto sentido), baluarte de la izquierdizante Socialdemocracia de aquellos lejanos tiempos. Prima en sus obras una actitud de desamparo y rebeldía que lo habrá de acompañar hasta su muerte. “En atención a las exigencias estéticas / (que también son las de la funcionalidad/ (escribe en 1945) los arquitectos han hecho las nubes cuadradas”; y más aún: “Cada día se hace noche y los asexuados trabajadores / cargados de vitaminas / llegan en rebaños a sus casas/ a través de los parques / según los convenios colectivos / a su vida privada / a Svea, la reina de las hormonas / vigilada rigurosamente por porteros que inspiran confianza”

Y tras este poeta emerge la obra de Tranströmer, autor de un profundo y conmovedor sentido estético. No son meros elogios: la estructura semántica de sus textos, esa misma que es intraducible –pues los signos no transitan las calles de otras lenguas- resulta poderosa, amable, descubridora, plena de ternura y profundidad al mismo tiempo. En Retrato y comentario, un poema, supongo, a su padre dice (leo párrafos saltados): He aquí el retrato de un hombre que he conocido / se sienta a la mesa con el periódico abierto / los ojos cerrados tras las gafas / Su traje lavado en el brillar de los pinos (…) El diario, esa gran mariposa sucia, / la silla la mesa y el rostro

descansan (…) Aquel que soy en él descansa. / Existe. No reconoce / y por eso vive y existe.

Toda relectura de Tranströmer lleva, más allá de nuestra natural necesidad de traducirlo, a la cuestión de la validez literaria. Una vez, mientras intentaba llevar al castellano por goce y complacencia personal, nada más, el poema Un artista en el norte, de su libro Sonidos y Huellas (1966) hallé la respuesta a una cuestión teórica que me tenía a mal traer por esos tiempos. A medida que ingresaba a los planos de significación de esa obra dedicada al músico noruego Edgard Grieg, por oposición a tanta maravilla porqué es mala esa poesía que a nosotros, a simple vista, observamos como inútil o vana o desquiciada. Tranströmer lograba allí algo extraordinario; conseguía el oximorón de unir en un solo plano la fragilidad del sentimiento y la dureza del medio; el simple artilugio de las proposiciones golondrina-tejado, pino-choza, corazón-pecho, así como el juego de las múltiples posibilidades ofrecidas por esta gama metafórica (además de sus fluidez y resonancia y sonido y sentido, se entiende) me indicaba ya estar frente a un buen, cuando no frente a un excelente poeta. O, en otros términos, ante la poesía. Después supe que Roland Barthes lo llamaba concordancia simbólica y concordancia taxonómica; pero ese es un punto ajeno a esta presentación.

El trabajo que nos trae Omar Pérez Santiago reúne una serie de notas, que él ordena por décadas –de los 30 a los 80- e inicia con sus traducciones y un breve estudio de este poeta estocolmeño nacido en 1931 y a quien le fue concedido el Premio Nóbel el pasado 2011. Rescata además, como uno de los pilares de esta expresión nacional, a Eric Johan Stagnelius, sin duda el mayor exponente del romanticismo sueco pero, en términos generales, un clásico del idioma: Del eco ciudadano se distingue, tranquilamente oculto entre las edificaciones /

ese corazón que sólo aprende a amar y a soñar escribe en 1814, Y encontramos aquí también, aparte de los nombrados, a poetas cuya obra, como siempre ocurre, merecen una mayor difusión por el goce estético aportado. Es el caso de la gotemburguesa Karin Boye, heroína del feminismo más militante, o de Hjalmar Gullberg, que tan maravillosamente tradujo a Gabriela Mistral alrededor de 1940. La precisión en el ritmo y en la acentuación del verso mistraliano conforma un alegato muy difícil de replicar para quienes sostenemos que la poseía es -por los secretos avatares del oficio- del todo intraducible. Y así continúan, otros nombres: Larss Forsell, Göran Palm, y aquellos ya más cercanos al autor, tal vez reunidos en el Café Siesta o en los pubs de Copenhague, integrantes de la Pandilla de Malmö, o como bien se moteja The Danish Connection; poesía de apertura frente a la presión post industrial que, en cierta medida, se convoca en torno a la figura del joven suicida Michael Strunge. De este tronco germinan Clemens Altgård, Håkan Sandell, Jens Fink-Jensen y Lukas Moodysson (quien optará posteriormente por la novela) entre los más conocidos.Mucho se puede hablar de esa Suecia que ocupamos e hicimos nuestra a pesar de las condiciones adversas y de un definitivo enfrentamiento cultural. Se trata de un idioma y una literatura preciosos. Y este libro resulta una buena oportunidad para que el lector interesado acceda a ella.


Soledad Fariña

Agradezco doblemente la oportunidad de presentar este libro del poeta Tomas Tranströmer, traducido por el poeta chileno Omar Pérez Santiago.

Doblemente porque, por un lado, me ha permitido conocer más profundamente a este gran poeta sueco y por otro, recordar la lengua con la que hablé y escribí durante 5 años, y que ha permanecido latente durante tanto tiempo.

“Cosmos, árboles como robles o como símbolos que podrían ser araucarias, tormentas, lluvias, la hierba que se oye respirar, bosques sombríos”, escribe Omar en la nota introductoria, acercando el lenguaje poético de Tranströmer a la cosmogonía originaria del pueblo mapuche. Al escuchar la expresión bosque sombrío no puedo sino volver a experimentar la marca indeleble de esa presencia: imagen y

sonido Skogen, unido al silencio que esa palabra evoca. La poesía de Tranströmer ha sido y es señalada por Omar como una poesía silenciosa, tal vez mística y cuyo intento profundo es verse a sí mismo tal y como uno es.

Sin embargo, lo que más llama la atención de esta introducción es el sistema que ha creado Omar para abordar la poesía, partiendo de la convicción de que todo lenguaje poético es herencia de uno anterior “y está en diálogo con la cultura circundante”. Al quehacer poético llama Omar “Placas poéticas”.

“Los poetas viven y desarrollan la imaginación y la creatividad en un mundo indivisible e intercomunicado (…) Nada existe en aislamiento” “Las influencias viajan por redes neuronales vitales y siempre activas, viajan geográficamente y viajan en el tiempo; construyen corrientes interconectadas. Así se conforman las placas poéticas, mezclando lenguas y tradiciones”.

De esta manera, podemos ver que el punto de vista del traductor en torno a la poesía de Tranströmer es lo que llamaríamos “poesía en relación”.

Los diez poemas que componen esta muestra tratan, seguramente, los aspectos más cercanos a la experiencia y lenguaje del propio poeta-traductor: los sombríos meses de invierno donde solo el cuerpo amado da fuego y vida. El árbol –traducido como araucaria- que ordeña vida de la lluvia. El alto y viejo árbol que aparece en la tormenta como un alce petrificado. La alegría de la nieve recién caída sobre la ciudad. El llamado de la hierba memoriosa en verano. La herencia ineludible: el bosque sombrío donde vivos y muertos cambiarán de rol. El espléndido verso de las verdades, “Dos

verdades se acercan. Una viene de adentro, la otra de afuera, y ahí donde se cruzan uno tiene la ocasión de verse a sí mismo”. Y nuevamente los árboles “Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles del bosque. Y los árboles los árboles en silencio entre ellos”. Árboles, silencio, bosque, esa es la imagen del poeta Tranströmer que prima en esta selección, y es la imagen que yo guardo de la Suecia profunda.

Pero siendo la de Transtromer una poesía en relación, el traductor nos regala una visión de la poesía sueca y danesa modernas, donde, para mí, destaca el fuego y la intensidad de Karin Boye, poeta que desplegó su intensidad en Estocolmo a inicios del siglo XX y que junto a Mesterton y Riwkin fundó la revista Spektrum. Ellos se encargaron de traducir a Eliot, a Rimbaud, a los surrealistas. El entrañable poema de Karin Boye (Visst det gör ont när knoppar brister, Sí, duele cuando los tallos brotan. ¿Por qué sino la primavera vacila?) dice tanto de ella como su intensa vida.

Poemas y notas sobre sus contemporáneos -Lars Forsell, Lasse Söderberg, Sun Axelsson, Dag Hammarsköld, Göran Palm- y la conexión danesa -el joven Michael Strunge, Jen Fink-jensen, Lucas Moodysson, de la Pandilla de Malmö- enriquecen esta traducción. Además de establecer un importante vínculo con Dylan Thomas, Saint John Perse y Eliot, es interesante la relación que nos presenta Omar de Tranströmer con la poesía latinoamericana, a través de sus encuentros y anécdotas.

Volviendo al inicio, agradezco una vez más a Omar Pérez-Santiago el habernos abierto la puerta a esta delicada y profunda poesía, donde se encuentra el clima, el nervio y el tono profundo de una Suecia lejana, casi desconocida y que, a la vez, tan profundamente arraigada llevamos quienes fuimos acogidos allí en los años duros de lejanía y añoranza. La experiencia más profunda de vivir en otra tierra tal vez es

inefable, pero una vez más la poesía cumple su rol, si es que alguna vez tuvo uno, en poemas como

Minnena ser mig

En junimorgon da det är för tidigt att vakna men för sent att somna om. Jag maste ut i grönskan som är fillsatt av minnen, och det följer mig med blicken. De syns inte, det smälter helt ihop med backgrunden , perfekta kameleonter. De är sa nära att jag hör dem andas fast fagelsangen är bedövande.

Los recuerdos me miran

Una mañana de junio ya es muy temprano para despertar, pero tarde para dormir de nuevo. Debo ir a la hierba que está llena de recuerdos que me siguen con la mirada No se ven, se mezclan completamente con el fondo, camaleones perfectos. Tan cerca que los escucho respirar a pesar de que el canto de los mirlos es estridente

Nefilim en Alhué. Elton Honores, Jorge Calvo, Omar Saavedra Santis, Emersson Pérez, Alejandro Lavquén, Pablo Lacroix, Claudio Orellana, Miriam Jaque, Claudia Pérez G.

    Elton Honores   Crítico y Profesor universitario de Perú. Omar Pérez Santiago (Santiago de Chile, 1953) acaba de publicar Nefilim e...