sábado, marzo 14, 2026

Manhattan Transfer de John Dos Passos. Genio, cine y estilo. Tenía solo 29 años cuando publicó Manhattan Transfer en 1925. De dónde surgió su talento precoz.

 


John Dos Passos tenía solo 29 años cuando publicó Manhattan Transfer en 1925.

De dónde surgió su talento precoz.

El talento con el que John Dos Passos escribió Manhattan Transfer a los 29 años no apareció de la nada. Se formó por varias influencias fuertes en su vida y su época.

El “genio” literario de Dos Passos proviene de la combinación de educación intelectual, experiencias históricas intensas, influencias modernistas y una observación aguda de la vida en Nueva York. Todo eso le permitió escribir Manhattan Transfer con una madurez sorprendente a una edad relativamente joven.

1. Una educación cultural muy amplia

Dos Passos creció en un ambiente privilegiado y estudió en Harvard University.

Allí estudió literatura, historia y arte, leyó a muchos escritores europeos modernos, y aprendió técnicas narrativas innovadoras

Esta formación le dio una base intelectual muy sólida desde joven.

2. La experiencia de la Primera Guerra Mundial

Durante la guerra, Dos Passos trabajó como conductor de ambulancias en Europa.

Esta experiencia: lo expuso a la violencia, el caos y la desigualdad social. lo volvió crítico del nacionalismo y del sistema económico

Muchas de esas ideas influyen en la visión crítica de la sociedad que aparece en Manhattan Transfer.

3. Influencia del modernismo literario

Dos Passos formó parte de una generación de escritores que experimentaban con nuevas formas narrativas. Fue influido por autores como James Joyce, T. S. Eliot

De ellos tomó técnicas como narración fragmentada, múltiples perspectivas, mezcla de escenas rápidas, casi como un montaje cinematográfico-

Esto explica el estilo innovador de la novela.

4. Observación directa de la vida urbana

Antes de escribir la novela, Dos Passos pasó mucho tiempo en New York City observando la vida de los inmigrantes, los barrios pobres, el mundo del espectáculo y los negocios

Ese contacto directo con la ciudad le permitió crear un retrato realista y complejo de la vida urbana.

¿Por qué Manhattan Transfer no ha llegado al cine?

Dato interesante: Paradójicamente, muchos críticos dicen que el estilo de la novela se parece al montaje cinematográfico, algo que más tarde influiría en escritores y cineastas del siglo XX.

La novela Manhattan Transfer de John Dos Passos es considerada muy influyente, pero no ha tenido una gran adaptación cinematográfica. Esto se debe principalmente a dificultades narrativas y estructurales.

¿Por qué?

1. No tiene un protagonista claro

La novela sigue decenas de personajes cuyas historias se cruzan en New York City.

En el cine, normalmente la historia se centra en uno o pocos protagonistas y hay una trama principal clara

En Manhattan Transfer la ciudad es casi el verdadero protagonista, lo que hace difícil convertirla en una película convencional.

 2. Su estructura es muy fragmentada

El libro está formado por muchas escenas breves, casi como flashes de vida saltos rápidos entre personajes, escenas que duran solo unas páginas, cambios de perspectiva constantes.

Esta técnica funciona muy bien en literatura modernista, pero puede resultar confusa en una película.

3. Falta de una trama tradicional

La novela no sigue una estructura típica de cine como inicio, conflicto central, resolución clara

En cambio, muestra fragmentos de vidas urbanas, más parecidos a un retrato social que a una historia con principio y final.

4. Es una obra muy literaria

Gran parte de su fuerza está en el estilo narrativo, el lenguaje, la ironía del narrador

Estos elementos son difíciles de trasladar directamente al cine sin perder parte del efecto original.

Es decir, Manhattan Transfer no se ha adaptado ampliamente al cine porque su estructura fragmentada, la gran cantidad de personajes y la falta de una trama central hacen que sea una novela más fácil de experimentar en la literatura que en una película tradicional.

La novela no tiene un único protagonista. En cambio, sigue las historias de muchos personajes cuyas vidas se cruzan o se rozan en Nueva York. A través de ellos se muestra el crecimiento vertiginoso de la ciudad, las desigualdades sociales, la búsqueda del éxito y el dinero, la soledad en la vida urbana

Entre los personajes más destacados están:

Jimmy Herf: un joven idealista que intenta encontrar sentido en la vida moderna.

Ellen Thatcher: una actriz que busca ascender socialmente.

George Baldwin: un abogado ambicioso que representa el lado competitivo y materialista de la ciudad.

Sus historias reflejan diferentes clases sociales y aspiraciones, desde inmigrantes pobres hasta empresarios exitosos.

La novela es famosa por su estilo moderno y experimental. Dos Passos usa escenas muy cortas, cambios rápidos entre personajes, fragmentos que parecen titulares de periódico o conversaciones

Todo esto crea una especie de “mosaico” de la vida en Nueva York, como si el lector estuviera viendo la ciudad en movimiento.

El libro muestra cómo la vida en la gran ciudad puede ser llena de oportunidades, pero también alienante y deshumanizante. Muchos personajes persiguen el éxito, pero terminan perdidos, desilusionados o solos.

 Manhattan Transfer es un retrato colectivo de Nueva York en los años 1900-1920, donde múltiples historias muestran el impacto de la modernidad, el capitalismo y la vida urbana en las personas.

Cuántas partes tiene la novela

Manhattan Transfer de John Dos Passos está dividida en tres grandes partes, y cada una contiene muchos capítulos muy breves (escenas). En vez de seguir una historia lineal, muestra fragmentos de vida en New York City.

Parte I — Metropolis

Presenta la ciudad y muchos personajes cuando Nueva York está creciendo rápidamente.

Escenas iniciales: Llegada de inmigrantes, movimiento en el puerto y calles. Se muestra el caos y la energía de la ciudad.

Infancias y comienzos: Aparecen personajes como Jimmy Herf, Ellen Thatcher y George Baldwin en sus primeros años.

Primeras ambiciones: Algunos buscan trabajo, fama o dinero.

Contrastes sociales: Se ven barrios pobres, oficinas, teatros y la vida de la clase media.

Nueva York como una máquina enorme que atrae gente y sueños.

Parte II — Tracks

Los personajes ya son adultos y sus caminos se cruzan o se separan.

Carreras y fracasos: Ellen intenta triunfar como actriz; Baldwin se convierte en abogado ambicioso.

Relaciones y matrimonios: Hay romances, divorcios y conflictos personales.

Éxito material: Algunos personajes ganan dinero y estatus.

Desilusión: Aunque logran éxito, muchos se sienten vacíos o frustrados.

 La vida urbana como una red de caminos (“tracks”) donde todos corren detrás del éxito.

Parte III — Money

Muestra las consecuencias del mundo dominado por el dinero y el éxito social.

Ascensos sociales: Ellen se vuelve una figura famosa.

Ambición extrema: Baldwin representa el éxito material y el poder.

Crisis personales: Relaciones rotas, soledad y cinismo.

Decisión de Jimmy Herf: Se da cuenta de que no quiere vivir atrapado en ese sistema y decide dejar Nueva York.

 El dinero domina la ciudad, pero no da sentido a la vida.

La novela muestra cómo diferentes personas llegan a Nueva York buscando éxito. Algunos lo consiguen, pero muchos terminan alienados, frustrados o perdidos. El único que logra escapar del sistema de la ciudad es Jimmy Herf, quien decide marcharse.

 Cómo es el humor de la novela

En Manhattan Transfer de John Dos Passos, el humor no aparece como comedia directa, sino más bien como ironía y sátira sobre la vida moderna en New York City. El autor usa el humor para criticar la sociedad urbana, el dinero y las ambiciones de las personas.

1. Humor irónico

Gran parte del humor surge de la ironía: las situaciones muestran lo contrario de lo que los personajes esperan.

Personajes que buscan riqueza o fama terminan frustrados o vacíos.

Escenas de éxito social aparecen descritas de manera que revelan superficialidad o ridiculez.

 El lector percibe un humor amargo o crítico, porque se burla de las ilusiones de la sociedad moderna.

2. Humor satírico (crítica social)

Dos Passos usa la sátira para criticar el materialismo, el deseo de fama, el mundo del espectáculo y los negocios.

Al mostrar personajes obsesionados con el dinero o el estatus, muchas escenas resultan casi caricaturescas, lo que genera un humor crítico hacia la sociedad.

3. Humor en los diálogos

Algunos diálogos incluyen comentarios sarcásticos, conversaciones absurdas o triviales, exageraciones del lenguaje cotidiano

Esto crea momentos humorísticos que muestran la superficialidad de ciertas relaciones sociales.

4. Humor en el contraste de situaciones

También aparece cuando el autor coloca escenas muy distintas una al lado de la otra lujo vs. Pobreza, éxito público vs. fracaso personal

El contraste puede resultar irónico o incluso cómico, porque muestra lo contradictoria que es la vida en la ciudad.

El humor en Manhattan Transfer es principalmente irónico, satírico y crítico. Sirve para mostrar las contradicciones de la vida moderna y cuestionar la obsesión por el dinero, el éxito y la fama en la sociedad urbana.

3 ejemplos concretos de humor en la novela

En Manhattan Transfer, el humor aparece sobre todo como ironía y sátira. No son chistes directos, sino situaciones que muestran lo absurdo de la vida moderna en New York City. Aquí tienes tres ejemplos concretos.

1. La obsesión por el éxito social

Un ejemplo de humor irónico aparece en la historia de Ellen Thatcher, que quiere triunfar como actriz y entrar en la alta sociedad.

Sus fiestas, relaciones y contactos parecen muy elegantes.

Pero el narrador muestra que muchas de esas relaciones son superficiales e interesadas.

 El humor surge porque lo que parece glamour termina siendo ridículo o vacío.

2. El éxito material de George Baldwin

El abogado George Baldwin representa al hombre exitoso del mundo de los negocios.

Se presenta como alguien respetable y poderoso.

Sin embargo, sus decisiones y actitudes revelan ambición exagerada y falta de escrúpulos.

El humor es satírico: el autor exagera su comportamiento para mostrar lo absurdo del culto al dinero y al poder.

3. La mirada crítica de Jimmy Herf

El personaje Jimmy Herf observa muchas situaciones de la vida urbana con sarcasmo.

Ve cómo la gente corre detrás del dinero o la fama.

Percibe que muchas conversaciones y eventos sociales son banales o artificiales.

 El humor aparece en su mirada irónica sobre la sociedad y sus valores.

Los momentos humorísticos de la novela no buscan solo hacer reír. Más bien sirven para criticar la superficialidad, el materialismo y las contradicciones de la vida moderna en la gran ciudad.

Cómo se relacionan humor e ironía con la crítica social

En Manhattan Transfer de John Dos Passos, el humor y la ironía están directamente relacionados con la crítica social. El autor no utiliza el humor solo para entretener, sino como una forma de mostrar y cuestionar los problemas de la sociedad moderna, especialmente en New York City.

1. Humor e ironía para criticar el materialismo

Muchos personajes creen que el dinero y el éxito social traerán felicidad.

Sin embargo, la narración muestra de manera irónica que:

quienes logran riqueza o fama siguen sintiéndose vacíos

las relaciones sociales están basadas en interés o apariencia

 El humor surge cuando el lector percibe la contradicción entre lo que los personajes esperan y lo que realmente ocurre.

2. Sátira de la vida urbana moderna

Dos Passos describe la vida de la ciudad con escenas que a veces parecen exageradas o absurdas:

fiestas elegantes llenas de conversaciones superficiales

personajes obsesionados con el dinero o la fama

situaciones sociales que parecen importantes pero resultan triviales

Esta exageración crea humor satírico, que critica los valores de la sociedad urbana.

3. Ironía para mostrar la alienación

La novela también usa la ironía para mostrar que, en una gran ciudad moderna:

las personas viven rodeadas de gente, pero al mismo tiempo se sienten solas o desconectadas

El contraste entre la vida social intensa y la soledad interior de los personajes produce un efecto irónico que refuerza la crítica social.

En Manhattan Transfer, el humor y la ironía funcionan como herramientas literarias para criticar el materialismo, la superficialidad y la deshumanización de la vida moderna. A través de situaciones irónicas y satíricas, Dos Passos muestra las contradicciones de la sociedad urbana del siglo XX.

El rol de la mujeres en la novela

En Manhattan Transfer de John Dos Passos, las mujeres tienen un papel importante para mostrar las oportunidades y limitaciones que enfrentaban en la sociedad urbana moderna de comienzos del siglo XX en New York City. A través de ellas, la novela refleja la posición social de la mujer, sus aspiraciones y las presiones del mundo moderno.

1. Mujeres que buscan independencia

Algunas mujeres intentan construir una vida independiente en la ciudad: buscan trabajo, desean reconocimiento social, intentan decidir su propio destino

Por ejemplo, Ellen Thatcher aspira a triunfar como actriz y a ascender socialmente. Representa a la mujer moderna que quiere autonomía y éxito personal.

Sin embargo, la novela también muestra que este camino es difícil y muchas veces implica sacrificios o relaciones complicadas.

2. Mujeres dentro del sistema social

Muchas mujeres están atrapadas en las expectativas sociales tradicionales, donde su valor depende de el matrimonio, la belleza o el estatus social, su relación con hombres influyentes

Esto refleja cómo la sociedad de la época limitaba las opciones reales de las mujeres.

3. Crítica a la superficialidad social

Dos Passos también utiliza algunos personajes femeninos para mostrar la superficialidad del mundo social urbano: fiestas elegantes, relaciones basadas en conveniencia y obsesión por el estatus.

A través de estas situaciones, la novela critica la forma en que la sociedad convierte a las personas —especialmente a las mujeres— en símbolos de éxito social.

4. Símbolo de la modernidad

Las mujeres de la novela también representan los cambios culturales del siglo XX: mayor libertad social, nuevas profesiones, cambios en las relaciones amorosas.

Pero al mismo tiempo, la novela sugiere que la modernidad no siempre trae verdadera libertad.


"Atrajo a Adriana sobre sí. Ella se quitó los calzones al sentirlo y sentirse lista." Jolie Madame de José Donoso. Cuatro para Delfina


 "Atrajo a Adriana sobre sí. Ella se quitó los calzones al sentirlo y sentirse lista. Él le abrió las piernas, extrayéndole todo pensamiento con la voraci
dad de su beso mientras la penetraba dulcemente consentidora, allí mismo, Adriana gimiendo ahogada con el placer de la barba colorada del vikingo, dura como virutilla, hiriendo sus pezones, y la eréctil pelambre colorada del pecho de Sebastián, hiriendo sus pechos.

Después Adriana se durmió profundamente."

Jolie Madame de José Donoso. Cuatro para Delfina


sábado, marzo 07, 2026

Peluquería Francesa del barrio Yungay



La Peluquería Francesa del barrio Yungay está de moda. Abierta desde 1860 como barbería tradicional de navaja y toallas calientes es la más vieja de Santiago. Un clásico.

 

viernes, marzo 06, 2026

La Novia! de Maggie Gyllenhaal


Qué película entretenida de Maggie Gyllenhaal La Novia!
No tiene moderación y eso me seduce. Ingeniosa y creativa.
Actuación genial de Jessie Buckley, gran estrella que en unos días ganará un Oscar como mejor actriz por su rol en la película Hamnet como Agnes Shakespeare.


 

miércoles, marzo 04, 2026

Sergio Badilla y Omar Pérez.Santiago en el centro cultural Gabriela Mistral. GAM

Sergio Badilla y Omar Pérez.Santiago

 

El día en que el poeta Jorge Teillier de 20 años lleva su primer libro "Para ángeles y Gorriones" al redactor de La Nación, Teófilo Cid de 42 años

 



JORGE TELLIER escribió en 1967

La primera vez que vi a Teófilo Cid fue en el brumoso fondo de la sala de redacción de un periódico. Allí él escribía esos artículos que yo seguía como los episodios de las viejas seriales

Fui a ver a Teofilo Cid para llevarle mi primer libro de poemas, Para ángeles y gorriones, 1956. Nada más como una tarjeta de presentación. Me sorprendieron su aspecto indefenso, de niño mirando al vacío, su compuesta voz, su inesperada afabilidad. A la semana siguiente apareció un artículo sobre ese libro primerizo, el único articulo (perdonen la vanidad) en donde se hablaba del trasfondo de lo que yo, el adolescente de ese tiempo, había querido decir.

TEILLIER, UN POETA DE LA OVACIÓN

(Por Teófilo Cid. Diario La Nación, 7 de abril de 1957).

No  acostumbro  escribir  acerca  de  las  frecuentes  meditaciones  que tengo del problema poético. He juzgado siempre con recelosa actitud las  abundantes  notas  críticas  escritas en torno  a  los  libros  de  poesía, malamente así llamados en razón de que han sido redactados en renglones cortos, con grave atropello de las virtudes principales de la prosa. En estos libros  se  refugia,  por  lo  general,  el  pensamiento  incapaz  de  expresarse discursivamente enhebrado, tan sólo en la urdimbre fantasiosa de lo alógico y lo descomunal. Tanto se revela esa inferior calidad mental en muchos de nuestros soi-dissant poetas, que tengo por costumbre higiénica el mirar cada nuevo libro de versos que aparece a la luz pública con zozobra y sospecha. Mala fortuna para el hombre que debe o se fabrica el deber de revisarlos y comentarlos. Los libros de versos no se redactan, se viven desde adentro y se  encarnan,  por  decirlo  así,  en  la  vida  misma  del  hombre  que  antes de escribirlos se ha condenado a una especie de ostracismo cívico.

Contemplar la vida no es lo mismo que vivirla, ni tiene accesión civil de ninguna clase a los compromisos que atan a los que se empeñan en configurar eso que se llama "hacerse un lugar en la vida". El hombre que verdaderamente ha sentido el goce -que a veces resulta dolorido de la poesía llega siempre atrasado a los postres de la existencia. Su forma de existir interior le impide reconocer las bondades del mundo práctico y corriente, por más que a veces las cante y celebre.

Confieso que mi filiación en materia de poesía es dolorida y de carácter algo lágnico. Creo que los cantos más bellos son los desesperados, coincidente como soy de la herejía baudeleriana y estoy distante de considerar que las relaciones morales que actualmente rigen a la humanidad sean dignas de encomio y celebración. Los versos epitalámicos y de bautizo y los cantos a la clase obrera intentados por más de un bardo de almanaque me parecen todos ellos una feroz pamplina. Optimismo, tal como lo consideran algunos, en buenas cuentas, es mal acicate para espolear a Pegaso.

Sin embargo, y bien entendida esta posición, no deja de ser notoria la existencia  de  una  poesía  que  podríamos  llamar  de  la  ovación.  Mi  buen amigo  Rosamel  del  Valle  la  habría  llamado  de  la  adoración.  Cuestión  de términos, al cabo. Existen poetas cuyo fin es loar y aderezar la vida, bien que esta los nazca,  como ciertas plantas  maravillosas, turbia colaboración de légamo. Se ha dicho más de una vez que el poeta siente la nostalgia de otra  vida  más  legítima  y  ordenada.  Los  poetas  de  la  ovación  tienen  la fortuna de sorprender los verdaderos ritmos, las genuinas armonías, en un mundo que a los demás se nos ofrece, por desgracia, disoluto y anárquico.

Jorge  Teillier  pertenece  a  esa  clase  de  dichosos  seres  nacidos  para destacar, precisar y delinear con claridad las obscuras percepciones vitales. Los gestos de los seres —humanos y bestias; los olores y las imágenes del paisaje;  los  reductos  familiares  y  humanizados  por  el  recuerdo  instado  y permanente;  y,  en  fin,  la  propia  conciencia  de  estar  vivo—  conciencia adquirida  en  forma  cultural  y  no  meramente  zoológica,  como  le  ocurre  a muchos,  todo  eso  es  materia  que  le  llena  de  un  melancólico  regocijo. Nombrar,  se  ha  dicho,  es  poetizar;  Teillier  se  goza  en  una  especie  de sustantivación del mundo que lo ha formado.

¡Y  qué  mundo!  Es  el  mío  también.  Como  en  ningún  otro  libro  he reconocido «románticamente» el paisaje; en los otros cantores de esta tierra natal se evadieron los contactos particulares en retóricas abstracciones que nada dicen al corazón. Mientras leo:

«Y horas que sean

reflejos de sol en el dedal de

la hermana,

crepitar de la leña

que se quema en la chimenea

y claros guijarros

lanzados al río por un ciego».

Es evidente que Teillier no alienta ningún deseo de deslumbrarnos con la novedad de la imagen. De este respecto estamos ya bastante amagados por la fulguración imaginativa de otros poetas. El que ahora nos preocupa no crea la imagen como una realidad separada, en el sentido creacionista de un Huidobro, por ejemplo, sino que la abre hacia la realidad descrita, de tal manera  que,  para  sentirla  como  bella,  debemos  invocar  la  belleza  de  la realidad que la inspiró. Es frecuente en su libro esta participación vital entre su pensamiento y lo real. He sentido acaso en forma muy especial dicha relación porque soy hijo del mismo paisaje:

«Era un puerto donde desembocaba el trigo.

Terminaba su viaje en el molino

la espiga, transformada en bella harina».

Poesía de la celebración. El poeta tiene veinte años o algo más. Está en la edad en que hasta los dolores son bellos, y:

«Qué importa recordar que una

vez cerramos la puerta de nuestro cuarto

para llorar con el rostro oculto entre las manos.

El aire, dice que una vez sonreímos por nada,

y que nos conoce, desde ante que supiésemos quiénes somos…»

Me satisface que haya aparecido por lo menos una voz cruda, exenta de la fatigosa endemia mental que parece perseguir a tanto poeta como hay en el país. Perfectos padres de familia, buenos imponentes del seguro, a quien los  fantasmas  acosan  desde  el  malhadado  instante  en  que  se  ponen  a escribir. Uno olfatea la mentira detrás de la vacua retórica.

No  son  desesperados  los  cantos  de  Teillier,  pero  no  por  eso  menos bellos. Él nos dice su verdad y eso es lo que maravilla.

lunes, marzo 02, 2026

El joven Bernardo Por Omar Pérez-Santiago Revista Off The Record, marzo 2026. Ilustración: Luis Martínez Solorza



Cádiz, 1800. Bernardo O'Higgins cumple 22 años en la ciudad trimilenaria, frente a su mar antiguo, con el corazón en fuga y los bolsillos vacíos.

Está confundido, sí. Está pobre, también. Solo y sin dinero. Pero vive. Y eso, aunque aún no lo sepa, es ya una forma de esperanza.

No tiene noticias de su madre, Isabel.

De su padre, Ambrosio, sabe poco: apenas un recuerdo lejano. Nunca responde sus cartas.

Malvive en casa de su tutor, el opulento Nicolás de la Cruz, Conde de Maule por compra de título, millonario por herencia y comercio. Desde su palacio frente a la plaza de la Candelaria, Bernardo contempla una riqueza que no le pertenece.

Está desolado.

Entonces escribe a su madre:

«Le pido por aquel amor de madre debido a un hijo…»

Y toma una decisión que le nace desde el fondo del pecho: volver a Chile.

Zarpa el 3 de abril de 1800 en la fragata Confianza. Pero el viaje muere al nacer: un cañonazo, dos corbetas inglesas enemigas, la rendición. Es llevado a Gibraltar, donde lo liberan.

Comienza su peregrinaje.

Sin comida, sin dinero, en harapos, camina cuarenta kilómetros hasta Algeciras. Ruega por un pasaje de vuelta a Cádiz. Lo consigue. Regresa maltrecho. Golpea otra vez la puerta de Nicolás de la Cruz.

—Sosténgame mientras consigo pasaje a América.

Pero el destino aún guarda pruebas.

Una corbeta llegada desde La Habana trae la fiebre amarilla. Los hospitales colapsan, el horror se instala casa por casa. Mueren más de diez mil personas. El pueblo implora al Nazareno del Amor.

Las familias ricas huyen. Nicolás parte hacia Sanlúcar de Barrameda, a orillas del Guadalquivir.

Bernardo lo sigue.

Y allí, como un golpe bajo, la enfermedad lo alcanza.

Su piel amarillea. Vomita negro. Le dan infusiones, lavativas. Nada funciona.

Llaman a un sacerdote. Lo unge.

—Adiós, Bernardo.

Colocan un ataúd barato al pie de la cama.

Mueren miles en Sanlúcar. Se improvisan cementerios. Se queman pertenencias. La muerte camina libre por las calles.

Bernardo se apaga.

Nicolás de la Cruz sentencia:

—Está perdido.

Pero desde lo más hondo, apenas audible, Bernardo responde:

—No. No quiere morir.

Y entonces ocurre lo improbable.

Aparece Felipe Hoche, médico irlandés y viejo amigo de su padre. Desinfecta la habitación, le da quinina —la corteza que los incas ya usaban contra la fiebre—. La temperatura baja. El cuerpo resiste.

Contra todo pronóstico, Bernardo vuelve.

Sobrevive.

Pero la vida aún le exige coraje.

Su tutor le comunica:

—Tu padre está indignado. Dice que no has hecho carrera. Ya no te reconoce como hijo. Quiere que te eche.

Bernardo queda en silencio, con el estupor del hijo herido.

Le escribe una carta feroz y dolida:

«Yo, señor, no sé qué delito haya cometido para semejante castigo. ¡Una puñalada no me fuera tan dolorosa!»

La carta nunca llega.

Ambrosio muere en Lima, a los 81 años. Y quizá, al borde de su propia noche, comprende. En su testamento deja la herencia a Bernardo.

De pronto, el joven enfermo, errante y humillado, ya no es pobre.

Ahora es rico.

Ya no será más Bernardo Riquelme, el huacho.

Ahora será Bernardo O’Higgins.

Y todo lo que ha sobrevivido —hambre, guerra, fiebre, abandono— comienza a cobrar sentido.

Porque no era para morir en una cama extranjera.

Era para quedarse.

Era para levantarse.

Era para hacer historia. 

 

Manhattan Transfer de John Dos Passos. Genio, cine y estilo. Tenía solo 29 años cuando publicó Manhattan Transfer en 1925. De dónde surgió su talento precoz.

  John Dos Passos tenía solo 29 años cuando publicó Manhattan Transfer en 1925. De dónde surgió su talento precoz. El talento con el que Joh...