martes, julio 14, 2026
viernes, julio 10, 2026
El libro que Erling Haaland compró para una biblioteca pública. Portada de edición de 1594. "Crónica de los reyes de Noruega", 1263, del islandés Snorri Sturluson.
Crónica de los reyes de Noruega
Crónica y hazañas de los reyes de Noruega, hasta el tiempo del rey Haakon, que terminó en el año del Señor 1263.
Traducida del antiguo noruego al danés.
Impresa en Copenhague por Hans Sehenlaben.
1594.
Esta es la portada de la edición de 1594 de la famosa Crónica de los reyes de Noruega, una traducción al danés de la Heimskringla, del islandés Snorri Sturluson, aunque la portada no menciona su nombre.
La obra es una de las ediciones renacentistas más importantes de las sagas de los reyes noruegos. Debe haber sido traducida por Mattis Størssøn, un noruego reconocido por ser uno de los pioneros en traducir las antiguas sagas nórdicas desde el nórdico antiguo al lenguaje moderno.
Erling Haaland compró la edición de 1594 por 118 mil euros. La donó a la biblioteca de Time en Noruega. El manuscrito es exhibido para promover el interés por la historia local y la lectura entre los jóvenes noruegos.
La tarea de la novela es ir al mundo y mantenerlo abierto, y por eso importa la novela. Por qué importa la novela según el noruego Karl Ove Knausgård
Lo más importante en una novela es que le da un espacio a algo en
el interior de un hombre —y en el interior de todos nosotros—, algo tan puro y
tan evasivo que él mismo ni siquiera es consciente de él.
Una de las mejores novelas que he leído que logra este
efecto es Los pájaros de Tarjei Vesaas (Vinje, Noruega, 1897-1970) publicada
originalmente en Noruega en 1957. El personaje principal en Los pájaros es Mattis,
un hombre en sus cuarentas que vive con su hermana Hege, en una cabaña a la
orilla de un lago, en los linderos de un bosque. Mattis es como un niño; no
funciona muy bien con la demás gente, pues no entiende los códigos sociales.
Ocasionalmente lo contratan como jornalero en una de las granjas del pueblo, en
donde de manera invariable hace más perjuicios que cosas buenas.
La novela nos tiene al tanto de los pensamientos de Mattis.
Lo importante de Mattis es que él está cerca de la vida. No
es persona que haga —es incapaz de tal cosa—, él es alguien que es. Y este
estado del ser está lleno hasta el tope del ser que él tiene a su alrededor: el
de su hermana, pero también el de las aves, los árboles, el cielo, el lago. El
autor está abierto al lenguaje, el lenguaje está abierto a Mattis, Mattis está
abierto a la vida.
Mattis ve el vuelo de una becada y lo interpreta como una señal.
Pero como no tiene la capacidad de comunicar a nadie el significado de la
señal, Mattis empieza a comunicarse con la propia becada. El gran
acontecimiento de Mattis resulta ser el señalar el final: al caer el ave de un
disparo, Mattis pierde el control y acaba ahogado en el lago.
Visto desde la perspectiva de quienes están a su alrededor, Mattis
no está del todo ahí. Pero visto desde dentro, su ser interior es rico y
completo, su vida emotiva es compleja, sus pensamientos bastante comprensibles.
En él habitan fuerzas poderosas,
contrarias. Si bien Mattis anhela que lo incluyan, el mundo social y su
lenguaje, la novela aspira hacia una naturaleza sin mundo. Si bien él busca la
actividad, la novela se empeña en un estado del ser estático. Si bien Mattis se
identifica con la becada en la creencia de que eso le ayudará a ser incluido,
la novela lo identifica a él con las aves, las cuales están afuera del ámbito
humano.
Los conflictos que se articulan en Los pájaros son
los de un idiota, alguien al que nadie oye o en el que nadie tiene interés, pero
la naturaleza de Mattis sigue una lógica distinta, una que se sofoca
continuamente en sus encuentros con la normalidad. Sólo una novela es capaz de
aguantar al mismo tiempo dos lógicas opuestas así, y sólo una novela es capaz
de articular nuestros más importantes conflictos sin encerrarlos en
definiciones, sino dejándolos abiertos a nuestras emociones y experiencias. El
cambio viene de adentro: es donde residen nuestras opiniones y actitudes,
nuestras ideas del mundo y de nosotros mismos, y es adonde la novela siempre
buscará ir. Al interior del noruego idiota, al interior del comerciante de
carbón irlandés, al interior del profesor ucraniano.
Ésa es la tarea de la novela: ir al mundo y mantenerlo
abierto, y por eso importa la novela.
Por qué importa la novela. Karl Ove Knausgård
Este escrito del noruego Karl Ove Knausgård sobre
la relevancia de la novela, es un fragmento de la versión editada del discurso
que dio Knausgård al recibir el Premio New Statesman / Goldsmiths en Londres el
22 octubre de 2022. Tomado de The New Stateman del del 26 de octubre de 2022.
Nota y traducción de Elías Corro.
jueves, julio 09, 2026
El dios Odïn afirma: Fimbulfambi es el que tiene poco que decir: esto es propio del ignorante o del tonto colosal
El dios Odín afirma:
"fimbulfambi heitir, sá er fátt kann segja..."
Llámese Fimbulfambi al que tiene poco que decir: esto es propio del ignorante.
La referencia más famosa a esta palabra se encuentra en la Edda poética, específicamente en el poema de Odín Hávamál (estrofa 106).
Javier del Cerro ha inventado una nueva narrativa con una prosa poética lúcida y brillante. Musicalidad imaginativa en su novela “La Transformación”.
Javier del Cerro ha creado una fluida narración visionaria que deleita.
Con gestos mínimos ―la sombra de una hoja, el sonido del
viento y el paso del tiempo sobre un muro ― respira una ciudad.
Javier del Cerro mezcló el universo kafkiano con una
imaginación cercana al surrealismo, al bestiario medieval, la fantasía
apocalíptica y la prosa poética contemporánea.
El inicio es un relato del Génesis invertido, una cosmogonía
de la metamorfosis.
“Sentí mi cuerpo dejar su corteza.
Los peces salían de las aguas.
La lluvia daba vueltas por las casas y de la tierra
raíces y criaturas fantásticas.
El mar se convirtió en una espesa niebla y un manto gris
cubrió la ciudad.”
Aquí no existe una explicación racional. La lógica es
onírica, alucinada.
Cada oración altera un orden natural: el cuerpo abandona su
corteza, los peces salen del agua, la lluvia deja de caer verticalmente, el mar
desaparece, aparece la niebla.
Recuerda más a una visión profética (como ciertos pasajes
bíblicos o de William Blake) que a Kafka.
El ritmo y la musicalidad son muy buenas. Las frases tienen al
tanteo el mismo peso sintáctico.
La historia pronto se revela con un hallazgo:
En Kafka, Gregor Samsa despierta convertido en insecto.
“Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa se
despertó convertido en un monstruoso insecto.”
Javier del Cerro aquí:
“Mi forma la de un lobo,
mi territorio la ciudad.”
El lobo cambia completamente el significado.
El insecto de Kafka es la culpa, la insignificancia, la
repulsión, la impotencia.
El lobo de Javier del Cerro, en cambio, es el instinto, la
fuerza, el territorio, la supervivencia.
Es decir, el personaje no degenera. Se animaliza para
sobrevivir.
Eso modifica el eje metafísico.
Uno de los mejores momentos es la irrupción del humor
absurdo:
“Mis patas son torpes con el teclado.
Debo comunicar mi transformación.”
Es extraordinariamente kafkiano.
El sujeto acepta lo imposible de ser lobo.
Ese desplazamiento produce humor absurdo.
Sucede lo mismo con:
“No hay
cámaras que muestren a un lobo
llamado
Gregori, solo hay escarabajos.”
En la novela de Javier del Cerro, Gregori es un lobo.
Es un gesto metanarrativo inteligente: vivir dentro de su
propia ficción.
Eso recuerda a los mejores: Jorge Luis Borges, Paul Auster,
Italo Calvino.
Hay una mezcla interesante en el tono ligero entre relato
infantil, poema, novela fantástica y
crónica del desastre.
Nunca se instala completamente en ninguno y esa vaguedad es
una marca de estilo de Javier del Cerro.
La novela de Javier del Cerro funciona mediante listas,
proceder a enumerar, un recurso antiguo.
Ejemplo: dragones, pájaros, perros, animales, mutantes,
máquinas...
Es un recurso antiguo, sí, y crea expansión.
Funcionan como estribillos. Dan musicalidad.
Javier del Cerro crea un universo coherente en su propia
lógica.
Tiene reglas claras. Todos mutan.
Los dragones existen. Las máquinas siguen funcionando.
Eso es importante. No estamos frente a un sueño.
Estamos frente a una fugaz realidad alternativa.
El relato termina gira alrededor de entregar paquetes,
encomiendas.
Eso es magnífico pues transforma la burocracia kafkiana en
una misión épica.
Aquí, el trabajo sostiene el mundo. Gregori alimenta a su
familia.
Hay algo profundamente contemporáneo ahí.
Las frases breves, las oraciones simples.
Las frases se apoyan unas sobre otras sin demasiadas
subordinadas.
Eso da velocidad. Produce sensación de avance continuo.
Los sustantivos hacen casi todo el trabajo. Eso evita un
lirismo excesivo.
La imaginación produce ideas con enorme rapidez, sin pausa.
Lobo. Dragones. Mutantes. Escarabajos. Máquinas. Praga. Guerra.
Bestiario. Revolución.
Javier del Cerro dialoga con Kafka desde una imaginación
propia. La decisión de convertir a Gregori en lobo y a Kafka en escarabajo
desplaza el eje de la culpa hacia la supervivencia y el cuidado. Dota al relato
de un centro simbólico inesperado: incluso en un mundo devastado por mutaciones
y dragones, alguien debe seguir llevando los paquetes, las encomiendas, sosteniendo
el vínculo entre las personas.
Javier del Cerro posee una valiosa fertilidad imaginativa.
Su prosa deslumbra por acopio.
Es una prosa visionaria que se convierte, poco a poco, en
una fábula alegórica sobre nuestro presente.
Es excelente porque el conflicto original de la identidad no
es un debate filosófico explícito.
Tiene además un humor que Kafka probablemente habría
disfrutado.
Importa vivir como lobo. En otras palabras, la
transformación deja de ser física para convertirse en social.
Eso me parece una evolución natural del texto.
Al principio era un personaje casi mítico. Ahora se vuelve
un fundador.
Es precioso este pasaje:
“Su
mujer llega a un acuerdo con la familia de Kafka y se hace cargo del negocio de
envíos.”
Es decir, estamos leyendo la historia de una empresa
familiar fundada por Kafka.
Es un humor completamente borgiano.
No desentona.
La virtud crece cuando aparece la ternura, el amor.
Por ejemplo:
“Gregori llega a su casa, su mujer lo acaricia
y su hija lo besa.”
o
“Te quiero con pelos y esos ojos de luna.”
Son momentos muy buenos que equilibran el desastre del
comienzo.
Comprendo por qué Gregori quiere seguir siendo lobo.
No es una ocurrencia fantástica. Es una forma de felicidad.
Además, hay un fenómeno muy interesante: coexisten la novela
fantástica y la ensayística.
La fantástica dice: los lobos reparten encomiendas. Kafka
administra. Los escarabajos viven cuarenta años. La hija vuelve influencers a
los lobos en las redes sociales.
“La
mujer de Gregori es una emprendedora y su hija ha convertido a los lobos en
influencers en las redes sociales.”
Todo eso funciona muy bien.
Y aparece otra voz que comenta continuamente el presente:
los celulares, las redes, la soledad, los aparatos, el consumo. Esa voz casi
parece un ensayo.
Las imágenes siguen siendo excelentes, memorables.
Por ejemplo:
“La ciudad es una escarcha.”
Excelente.
O:
“Gregori juega en la playa...
persiguen dragones que son pelícanos.”
Tiene resonancias de la mejor ciencia ficción poética.
La novela es una reescritura de La transformación, y se convierte
en un mito sobre la domesticación de la modernidad. Gregori descubre que ser
lobo es una forma más humana de vivir. Los seres humanos, rodeados de
tecnología y consumo, aparecen como los verdaderos animales desorientados. Esa
inversión sostiene la unidad simbólica de la novela.
El final ―uno de los momentos más logrados de la novela― no tiene
una resolución argumental. Transforma el clima poético. Abandona la lógica
narrativa y entra en la lógica del mito y de la música. Esa decisión
estilística tiene virtudes notables,
El paso de la novela a una prosa poética donde resuena el
mundo como una experiencia sensorial, imaginativa y profundamente emocional.
La intervención sonora reemplaza el conflicto. La
musicalidad en la novela se convierte en una memoria. Es la huella acústica de
una existencia. Una cartografía emocional. Cada ser vivo deja un registro
sonoro antes que una historia. Los árboles escriben con hojas, los ríos con
corrientes, los pájaros con trinos, las ciudades con ecos y los seres humanos
con sus respiraciones.
En términos musicales, la novela termina como una coda
sinfónica.
La sintaxis misma contribuye a ello. Predominan las frases
breves, la acumulación de imágenes:
"Trinos, cantos, chillidos de miles de
pájaros..."
No hay explicación. Hay expansión.
La narración se vuelve respiración.
Todo el final va hacia una composición musical.
El texto mismo está escrito como un crescendo.
El lenguaje ya no es descriptivo. Es performativo.
El texto intenta producir en el lector una sensación
semejante al concierto.
Pájaros, trinos, violín, bosque, viento, ciudad funcionan
como una moción musical.
Se parece más a una partitura que a una narración.
En La metamorfosis, Gregor Samsa se convierte en insecto
para mostrar la deshumanización. Aquí veo una operación literaria muy
inteligente.
Javier del Cerro en su novela hace exactamente lo contrario.
El animal se expande, deja de representar lo monstruoso y
pasa a representar una forma superior de libertad, una respuesta esperanzada.
El sueño reemplaza la historia.
Hay algo muy borgiano y muy latinoamericano.
Kafka conversa con Felisberto Hernández.
“Milena toca y Kafka sueña y está en un café con
Filisberto Hernández y hablan de singularidad, de ficción, recuerdos,
imaginación, de libros sin tapas, de humor, extravagancia.”
Los muertos hablan. Los tiempos desaparecen.
Los personajes sueñan a otros personajes.
La novela entra en un territorio sin cronologías.
Eso la acerca al realismo maravilloso más que al realismo
mágico.
El sonido reemplaza la palabra de modo extraordinariamente
original.
El lenguaje parece querer desaparecer.
El ideal último es una comunicación no verbal.
Una música anterior a la literatura.
Eso es muy poco frecuente.
El final posee una dimensión utópica.
No es una utopía política.
Es una utopía acústica.
La ciudad no cambia mediante una revolución.
Cambia porque aprende a escuchar.
Eso me recuerda una idea de John Cage: movimientos que se
interpretan sin tocar una sola nota.
También a Octavio Paz:
“La música disuelve el espacio en el tiempo.”
Es decir, sonidos caminando sobre el silencio.
Escuchar el mundo como si ya fuera música.
Durante buena parte de la novela domina una sensación de
extinción.
Pero el final introduce nacimientos; niños; juegos; plazas;
animales.
Es decir, el futuro. Sin necesidad de decir "final
feliz".
Lo hace mediante imágenes de fuerza literaria.
El narrador se disuelve.
La frase:
“Soy un lobo, un personaje sin autor que duerme y sueña
en el cementerio judío de Praga”
es magnífica.
Ya no sabemos quién sueña: como en Jorge Luis Borges, como
en Italo Calvino.
Lo que más me sorprende es la sustitución del Apocalipsis
del que hoy habla todo el mundo.
¿Reconstruir la civilización después de la hecatombe
inminente?
No.
Javier del Cerro propone otra cosa.
¿Qué propone Javier del Cerro? ¿Qué nos quedara después de
la decadencia actual?
Nos quedará algo poético: reaprender a escuchar.
No es la victoria de la tecnología, de la IA, de la política,
o de la ciencia.
Vence la sensibilidad.
La novela evoluciona desde una imaginación de filiación
kafkiana y centroeuropea a una voz más propia, donde confluyen Kafka, Filisberto
Hernández, Calvino, la música contemporánea, la ecología y una utopía de la
escucha.
Ya no es una novela sobre una metamorfosis individual, es
sobre la metamorfosis de la percepción, de la clarividencia de saber escuchar.
Original. Ese cambio es el rasgo más sugerente de la gran
novela de Javier del Cerro: propone una
nueva manera de habitar el mundo. Cambiar la forma en que la ciudad escucha. Una
idea literaria poderosa, infrecuente y muy coherente.
Javier del Cerro ha creado una narrativa propia. Una voz
única con una narrativa de la escucha.
Enhorabuena.
miércoles, julio 08, 2026
La naturaleza impredecible, salvaje y transitoria del amor, las pasiones y el cortejo en los pueblos nórdicos.
Este poema tiene la misma ruda energía en el sentimiento: la misma sencillez en la expresión: la misma vaguedad sombría y melancólica de los pueblos nórdicos.
La paz con las mujeres es una idea fugitiva:
es cabalgar por el hielo sobre un potrillo mal enseñado;
es navegar en un buque sin aparejos durante la tempestad;
o descansar de la caza de renos en una montaña con peligro
de avalancha.
Traducción D. A. DE LOS RIOS. 1856.
Los Eddas
Los Eddas son la mitología de los antiguos escandinavos.
Los Eddas contienen las proezas y fábulas, las creencias, las vicisitudes y costumbres, la vida entera, por decirlo así, de los hombres que han habitado aquellas regiones desde la mas remota antigüedad.
La primera traducción de los Eddas al español la realizó Ángel de los Rios en 1856
martes, julio 07, 2026
Existe una noche que te abraza, que dulcemente te acoge y recibe . SALMO NOCTURNO de Jon Fosse, Nobel de Literatura 2023.
SALMO NOCTURNO de Jon Fosse, Nobel de Literatura 2023.
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Londres Frank Holl. Ilustración para The Graphic, 11 de agosto de 1888. Por William blake He vagado por cada calle del Reino Cercana al l...
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Freyja habló: 1. Despierta Doncella, Despierta, amiga mía , Hyndla, hermana, que habitas tu cueva. Es el crepúsculo, y cabalgaremos hast...




