domingo, mayo 17, 2026
Crítica al mundo superficial de las redes sociales. El pezón de Sei Shōnagon, novela de Pérez Santiago, se sitúa en el Japón actual para contarnos la relación de (des)amor entre Matsuo Bashō y Sei Shōnagon. Reseña de Emilio Vilches Pino
La sensibilidad en el desarraigo
Reseña de Emilio Vilches Pino
El pezón de Sei Shōnagon, la nueva novela de Pérez Santiago, se sitúa en el Japón actual para contarnos la historia de la relación de (des)amor entre Matsuo Bashō y Sei Shōnagon. Se conocen en una Escuela de Arte (la Tokyo Gaidai). Ella es una mujer que “no tenía miedos; tenía autoestima, audacia y ambición” y de quien se rumoreaba en la Escuela que “seducía a los hombres con solo mirarlos a los ojos. Los usaba sexualmente y luego los lapidaba (…) una femme fatale cuyos novios aparecían después arrastrando tristes su propio sarcófago”. La llamaban Pezón Dorado por la altura casi legendaria del deseo que sentían por sus senos. Él, en cambio, “además de malcarado, era relativamente gordito e ingenuo y vestía con traje de factura sencilla y parca”. El autor es enfático al resaltar las diferencias entre ambos, no solo en lo físico sino en toda una forma de ver y vivir el mundo. Él la ve casi como a un ídolo (“hincado, como si estuviese rezando al divino, Matsuo Bashō se acordó de sus compañeros de arte de la Universidad que soñaban con este pezón”), tanto así que crea una obra de arte, una especie de escultura, del pezón de Sei Shōnagon y la exhibe en la Escuela.
La obra de Matsuo comienza a ser admirada y alabada, pero no precisamente por la calidad de la misma, sino por su referente: el pezón de Sei Shōnagon. Empieza así un vertiginoso proceso en que la mujer irá sucumbiendo ante las bondades efímeras de la fama virtual, perdiéndose entre redes sociales y páginas web, dejando atrás su vida y convirtiéndose, de cierta forma, en nada más que una imagen digital. (“Ella era un nuevo tipo de animal digital. Se utilizaba a sí misma voluntariamente. Ella estaba imposibilitada de amar a un ser de carne y hueso. Todo tenía que estar en gigas, o no era seductor para ella.”) Por otro lado, su novio, irá viviendo un proceso de celos artísticos en un comienzo, para luego ir derivando a la tristeza y la desesperación ante una mujer que lo deja de amar tan pronto se convierte en una celebridad de Internet.
Andy Wharhol, casi como un oráculo, anunció en un programa de televisión en los ya lejanos años sesenta que “en el futuro, todos tendrás sus quince minutos de fama”. Internet y todas las actuales tecnologías han cambiado la manera de comunicarse y de obtener notoriedad pública, tanto que hoy, efectivamente, muchas personas pueden tener sus quince minutos de fama a través de YouTube, Facebook, Instagram, virales, etc. El arte mismo ha cambiado producto de esto. La técnica y el talento parecen ya no tener una supremacía total por sobre la masividad, y este proceso lo refleja el cambio en los personajes:
“Los llamativos y enigmáticos pezones se viralizaron en las redes sociales de todo el mundo. Paradojalmente, junto con la fama de los pezones, comenzó la ruina de Matsuo Bashō (…) Así Sei Shōnagon se valorizó en el mercado del arte de las redes sociales, en spams y motores de búsqueda. Toda una máquina digital barata y persuasiva funcionó gratis para que Shōnagon expusiera sus hermosos pechos. Like, like, like. Mientras ella recibía más like, ella era más feliz”
La novela, desde este punto en adelante, permite ser leída como un thriller, debido a la misteriosa desaparición y muerte de una serie de muchachas japonesas, a la vez del acontecer de Sei Shōnagon; también puede ser leída como una novela juvenil con tintes ciberpunk; pero sobre todo como una crítica al mundo superficial de las redes sociales y a cómo han cambiado la manera de concebir las relaciones humanas y de percibir el arte.
El Japón actual aparece hiperconectado e hiper-tecnologizado. El autor hace gala de un no despreciable conocimiento de la cultura nipona, incluyendo referencias sociales, religiosas y culturales, pero que se van mezclando con las nuevas tecnologías y formas de comunicación, dándoles un nuevo significado. Por ejemplo, los mismos nombres de los personajes son homenajes a antiguos escritores japoneses y, tal como lo hizo Jim Jarmusch en Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999), existen referencias directas a los códigos y la tradición de los samuráis, pero insertas en un mundo donde el honor y la lealtad ya no son prioridad.
El pezón de Sei Shōnagon es una novela escrita de manera fragmentada, con un lenguaje simple, que habla de una sociedad milenaria en crisis, de crímenes en las calles, de oscuras organizaciones que funcionan en la Deep web, pero también de personas desorientadas, sedientas de aceptación en una sociedad insegura y huérfana de soportes reales.
Una novela a la que hay que prestar atención.
Creepypasta o terror psicológico de influencer obsesionada por los likes, retuits y la fama en internet. Nouvelle El Pezón de Sei Shonagon de Omar Pérez-Santiago. Los Perros Románticos . Reseña de J. del C. Ripper
Tres películas, La Piel de Venus, Perfect Blue y El libro de la almohada parecen ser antecedentes visuales de este entretenido libro de Pérez Santiago. Esto no es raro ya que el cine y comic son dos de sus pasiones. Dos films se han realizado con sus obras, La Novia de Borges y El Deber y Pérez Santiago fue uno de los creadores del Parque del Comic en San Miguel, Santiago.
La Piel de Venus es un film de Roman Polanski basado en el libro del austríaco Leopold von Sacher-Masoch, La Venus de las pieles, publicado en 1870, que combina la sumisión y el fetichismo.
El británico Peter Greenaway presentó su película El libro de la almohada en 1996, una historia visual que hace referencia a la obra de la escritora japonesa Sei Shōnagon.
El punto de encuentro de los amantes es el delirio de desgarrar y ser desgarrado. El Pezón de Sei Shonagon, nouvelle de Omar Pérez-Santiago. Los Perros Románticos. Reseña de Jorge Calvo.
Desgarrar y ser desgarrado. El Pezón de Sei Shonagon, nouvelle de Omar Pérez-Santiago. Reseña de Jorge Calvo.
Reseña de Jorge Calvo
Esta novela es la más reciente obra de mi amigo el escritor Pérez Santiago quien ya ha publicado una serie de libros, cuentos y novelas y quien suele abordar este tema, un tanto lúdico, y bastante estimulante. Pero también ligeramente peludo.
Conocí a Pérez Santiago hace ya unos treinta años en una época en que todos éramos escandalosamente jóvenes. Finalizaba el año 1986. Era el último día de noviembre, hacía mucho frío y había nevado de modo que un manto blanco cubría las veredas y el parque del Rey de la ciudad de Malmoe. Nos presentó un amigo común, el escritor sueco Fredrik Ekelund, estábamos en su casa en el barrio antiguo y muy pronto sonó música, se descorcharon algunas botellas y desde la noche, cantando, aparecieron unas muchachas que volvían de haber visto el musical El Hombre de la Mancha. Pronto aquello cedió lugar a una atmosfera lúdica y erótica. En algún momento, avanzada la noche, salimos al Parque a jugar a la pelota, los suecos corrían descalzos sobre la nieve.
En los días siguientes coincidimos con Pancho en el café Siesta y me mostro algunos de los cuentos que publicaría en las Memorias eróticas de un chileno en Suecia. Dos o tres años más tarde se embarcó en la escritura de un guión y la producción de una película, y hasta actuó en el rol principal interpretando a Borges, la película se titula La Novia de Borges, y fue a filmada en Budapest.
Cuento todo esto para señalar que el tema del erotismo siempre ha estado presente en nuestras literaturas y conversaciones. Sobre la novela breve que me toca en suerte presentar en esta oportunidad puedo decir, citando a George Bataille -considerado el verdadero y legitimo padre del erotismo moderno: y metidos en el área chica de este tema –que mucho consideran escabroso- en la esencia o lo medular Bataille sostiene que “El punto de encuentro de los amantes es el delirio de desgarrar y ser desgarrado. Ninguna comunicación es más violenta”
La verdad indesmentible es que en nuestro actual modo de vida, el ser humano ha extraviado su dimensión sagrada.
El ciudadano moderno, entregado por entero a una infinidad de actividades rutinarias –esquemas, desplazamientos, metas–, sumado a la cantidad de horas desperdiciadas en los tacos, finalmente ha acabado lejos de la intimidad que lo define como ser humano. Extraviado en el sistema de los compromisos, dinero plástico, mall y consumo se debate día a día en un mundo sin vida que, no obstante, se le presenta como la sempiterna Shangri-La, el paraíso prometido- un sistema perfecto con la tarjeta de crédito como síntesis de todos los sueños. Definitivamente estancado en esa perpetua correa sin fin, el ser humano (hombres/mujeres) se encuentra a una distancia sideral de la fiesta, del carnaval en medio de los espesos bosques y del libre ejercicio del deseo. El sistema ofrece sustitutos: droga sintética y de la otra, vaginas plásticas, soma y consoladores automáticos. Pornografías diversas: veinte, mil, millones o si se quiere cincuenta sombras que distan años luz del erotismo.
Otro escritor, el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, al analizar y escribir sobre el tema dice que “...para Bataille el erotismo, la muerte y el pecado son conceptos equivalentes o signos intercambiables que repiten el mismo significado: apuntan a la absoluta y despiadada nada en que habita el hombre y su irremediable abyección”
En la novela de Pérez Santiago–astutamente ambientada en una capital del mundo posmoderno como lo es Tokio- aparecen estos personajes que además deambulan o existen en el terreno del arte, ambos son estudiantes y por ende son compañeros en una hiper moderna escuela de arte, la Tokio Geidai. De un lado aparece el protagonista Matsuo Bashō que nos narra desde su perspectiva su encuentro, los roces y las citas cargados de erotismo y la poderosa succión a la que se ve sometido por los siempre activos encantos de ella, Sei Shōnagon la protagonista y eje central de la historia.
No solamente se sabe bella y atractiva además posa, modela, incita, provoca a generado un mito en la escuela y especialmente entre los alumnos varones sobre las delicadas y sensibles zonas erógenas de su cuerpo, elevando uno de sus pezones, que tiene sabor a canela, a la categoría de deidad. Imágenes del pezón circulan en diversas imágenes, dibujado, pintado, fotografiado, sometido a métodos de transparencia, viralizado recorre las redes, lo watsappean, lo envían como mensaje. Ella gradualmente, y en función del pezón, va adquiriendo notoriedad, se vuelve famosilla, ingresa a dimensiones mitológicas, la buscan, para fotografiarla, filmarla y hacer películas con ella.
Es la imagen en la retina de todos, la adoran, la aman, se masturban con ella. Sei Shōnagon deviene orgasmo electrónico, un manjar de impulsos eléctricos: icono virtual.
Hasta que ciertas bandas, hackers, mafiosos virtuales, depravados de toda laya, traficantes de niñas y señoritas se fijan en ella. En cambio el narrador solo la ha visto a veces. Pero la sigue y la vigila. Entre tanto de vez en vez aparecen por aquí y por allá cadáveres de chicas que han sido abusadas asi como uno se imagina que gustaría abusar de Sei Shōnagon, han sido violentadas, descuartizadas en el sumun del acto…
Es un mundo donde la tecnología es altamente avanzada y sofisticada y no existe nada que no se pueda conseguir, todo es alcanzable sin moverse del sillón, eternamente sentado frente a la pantalla se tiene al alcance de la mano un mundo virtual, acaso depravado, Pero es la realidad en que vivimos.
Esta suerte de reality show que Pérez Santiago nos ofrece en El Pezón de Sei Shōnagon, no es irreal ni algo inalcanzable, ya está aquí, se encuentra entre nosotros y llego para quedarse. Lo vemos a diario, Lo que hace la novela de Pérez Santiago es simplemente dejar constancia que a diario vivimos y existimos en esta inquietante realidad.
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