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| Foto de Marco Muñoz Ortiz |
La historia espiritual de Chile está todavía por completarse.
¿Es un chiste? ¿Una mala broma?
No. Para nada.
Sor Úrsula Suárez, (1666-1749)—la primera y gran escritora de
Chile— no la conoce nadie.
Pero es una monja que emerge de un subterráneo.
Fue una mujer fuerte, inesperada y sutil. Corajuda y etérea.
Era impredecible, entretenida, sensual y misteriosa.
A veces pienso que Úrsula debe haber sido bella y muy
seductora.
El encanto surge cuando una persona es auténtica.
En la actual época de incertidumbre y perplejidad, Úrsula
Suárez es un estímulo a las nuevas generaciones. Su fe literaria crea
confianza, continuidad y futuro literario.
Hoy, todos lo saben, domina en el mundo un hosco cinismo de dura
soberbia. Una tendencia espeluznante donde unos pocos multimillonarios narcisistas
acumulan todo el poder con sus amenazas llenas de odio.
Tipos tan desagradables, tan
pesados de sangre. Quéjate e insulta y serás famoso. Son los peores y están llenos
de apasionada intensidad. Pero, creo que
hay una premonición que dice que los narcisos morirán derrotados por su propia
pasión insatisfecha. La abundancia los hará indigentes.
Creo también que la literatura que
cruce el puente levadizo tiene que conectar con nuevas tendencias estéticas y
narrativas, para superar el cinismo grosero, la ironía extrema, la simulación o
simulacro y el escepticismo y apostar por la autenticidad, la empatía y la
conexión emocional directa con el lector, un ser escurridizo.
Por eso, Úrsula Suárez es un milagro.
Es el pequeño sonido que hace un cierre éclair que se desplaza y abre.
Una monja emerge de un subterráneo donde ha estado 300 años.
Tiene ángel.
Posee un encanto natural, un carisma especial y una simpatía
innata.
Es un milagro tal como lo concibe san Agustín. Un milagro
como un descubrimiento, una develación que transforma la historia.
“Un milagro no es contrario a la naturaleza, es solo
contrario a lo que sabemos sobre la naturaleza”. San Agustín, La Ciudad de Dios.
El trabajo del artista no es crear, sino desvelar
situaciones.
Úrsula Suárez nació en 1666 en Santiago y murió en 1749.
Vivió desde los 12 hasta los 83 años en el convento de monjas Las Clarisas de
la Victoria, en la Plaza de Armas de Santiago, esquina de la calle que hoy,
gracias a ellas, se llama Monjitas.
Su confesor Tomás de Gamboa le ordenó escribir como
penitencia. La abasteció de papel y tinta. Y Úrsula descubrió el dulce placer
de escribir su visión del mundo, sus sensaciones, sus conflictos y temores.
Catorce cuadernos, ciento ochenta páginas titulado “Relación
de las singulares misericordias que ha usado el Señor con una religiosa,
indigna esposa suya».
La obra de Úrsula no separa la realidad, imaginación, sueño, revelación y experiencia. Habla con voces interiores; interpreta señales; tiene sueños con significado premonitorio; experimenta presencias demoníacas. Habla con Dios y con demonios. Convierte episodios infantiles en signos de su destino posterior. Mezcla memoria, imaginación, confesión y experiencia; y, sobre todo, cuenta todo esto con una extraordinaria naturalidad narrativa.
Habla de deseo, ira, dolor y orgullo tal vez como lo hacían los poetas griegos, con naturalidad.
Úrsula devela una de las capas profundas de ese imaginario, una persistencia de Imaginarios Culturales Subterráneos.
Úrsula pertenece a ese estrato subterráneo de la imaginación
latinoamericana, una manifestación temprana de un realismo visionario de larga
duración que se mantiene a lo largo del tiempo como depósito de experiencias
literarias.
El estilo de Úrsula es una técnica Fix up de la novela que se escribe a partir
fragmentos o cuentos. Quizás William Faulkner en Mientras agonizo. Mientras van
a enterrar a la mujer, los deudos cuentas su historia. Tal vez, Ulises de Jame
Joyce. Los escritores escriben en diversas etapas de sus vidas y después
intentan pegarlas para hacer una novela o historia larga.
Técnicamente, la prosa de Úrsula parece tan hablada, tan
teatral. Hay diálogos, cambios de voz, locuciones coloquiales, giros populares.
Una encantadora sensación de que Úrsula nos está contando sus anécdotas
asombrosas con una suspirada fuerza y potencia. Es un placer escuchar una
memoria de problemas reales, sus ruidos y disonancias que ella reconcilia en
belleza y verdad.
Úrsula conserva la memoria métrica, endecasílabos,
villancicos, refranes, romances, refranes, golpes de voz y respiración,
cadencia. Los diálogos de la teatralidad.
¿Cómo llegó el archivo aquí Archivo Nacional de Chile?
El sacerdote Juan Ignacio Eyzaguirre Portales, sobrino de
Diego Portales, en su Historia Eclesiástica, Política y Literaria de Chile
hasta 1810, publicada en 1850. En el capítulo XI escribe sobre
intelectuales. Sobre Úrsula Suárez escribió
“Hallamos en ella simplicidad, pureza, en algunas partes
sentimientos; y generalmente cierto desgreño en el decir, que hacen fastidiosa
y pesada su narración.”
A pesar de su crítica negativa, Eyzaguirre hizo una copia de
su puño y letra. Al morir, su familia dejó su copia en el Archivo Nacional.
Años más tarde, el investigador Pedro Pablo Figueroa
consignó en su Diccionario biográfico de 1901 que Úrsula Suárez era la “primera
escritora chilena”.
Así empezó una lenta operación de canonización
retrospectiva.
El padre capuchino Juan de Guernica (1872-1950), en 1944, publicó un libro sobre la historia del
convento de las monjas Clarisas en Santiago. Guernica obtuvo el manuscrito
original de Úrsula para escribir una biografía. El sacerdote, ya mayor,
tuvo la mala idea de morirse en 1950 antes de terminar su proyecto.
Dicen que el texto original de Úrsula desapareció.
Se dio por perdido.
Se creyó que había sido quemado junto con sus pertenencias
personales.
Entonces, en 1974 el escritor Braulio Arenas, premio
nacional de literatura, escribió su artículo “Úrsula Suarez, la primera
escritora chilena” en la revista Qué Pasa en 1974.
No me extraña.
No me extraña que Braulio Arenas valorara a Sor Úrsula. Arenas
había sido un agitador del surrealismo en La Mandrágora. Y para entenderlo basta
leer su novela de literatura fantástica La endemoniada de Santiago publicada
en 1969, donde une lo real y lo irreal. Un triste enamorado de un fantasma, una
muerta. Arenas le dedicó la novela a la famosa poseída Carmen Marín de 1857, un
caso real. "Para Carmen Marín, le endemoniada en ese Santiago de 1857. Su
devoto admirador"
Entonces, dijo Arenas en 1974:
“El texto de Úrsula Suárez no tiene interés únicamente por
ponerla a la cabeza, cronológicamente hablando, de todas las escritoras del
país, esta "Relación" luce con singulares y relevantes atractivos.”
Al fin, la Universidad de
Concepción publicó el manuscrito en 1984, con excelente prólogo de Mario
Ferreccio y con detallado estudio del historiador Armando de Ramón. Mario
Ferraccio cuenta que para reconstruir su obra, debieron recurrir inicialmente a
copias hechas por Eyzaguirre.
No obstante, milagro.
Los cuadernos originales escritos
por Úrsula fueron finalmente localizados dentro del convento de las Clarisas de
Nuestra Señora de la Victoria
Entonces se sucedieron excelentes estudios académicos, como
por ejemplo de Adriana Valdés o Rodrigo Cánovas. Los académicos que estudian a Úrsula
han crecido en los últimos años, valorando la obra estéticamente.
Historiadores han hablado de Úrsula. Los historiadores en
general la ven como una fuente histórica de la vida de Santiago en el 1700.
Pero falta la visión de los escritores chilenos. En la
Sociedad de Escritores chilenos hay una sala, un panteón con las fotos de los
escritores que han ganado el premio Nacional de Literatura.
Pero no hay reconocimiento de Úrsula.
Tampoco una placa.
Salvo una mención, la del escritor Miguel de Loyola.
La obra de Úrsula es una novela o una agrupación de cuentos
articulados.
Pero ha sido ignorada, inclusive ninguneada.
Se considera a «Don Guillermo» (1860) del
sobresaliente José Victorino Lastarria como el primer intento de novela de
ficción. Es una sátira al autoritarismo y a los gobiernos conservadores de la
época, los pelucones, en el submundo fantástico de Espelunco.
La obra que en que hay consenso como la primera novela de
Chile es Martín Rivas (1862), escrita por Alberto Blest Gana. Se le
llama el padre de la novela chilena.
¿Y las mujeres? ¿Y Úrsula Suárez?
Hernán Díaz Arrieta que firmaba sus críticas como Alone,
escribe en la Historia Personal de la literatura chilena que:
“La literatura femenina empieza a existir seriamente en
Chile, con iguales derechos que la masculina, el año 1923, cuando aparece Montaña
Adentro de Marta Brunet”. Una novela sobre un triángulo donde uno de ellos muere,
narrada en el estilo del criollismo.
Sin embargo…
Creo que Úrsula es un antecedente de las grandes escritoras
chilenas.
Más aún…
El imaginario cultural subterráneo de Úrsula Suárez nos
acerca a La amortajada de María Luisa Bombal,
Cuando yo leo a sor Úrsula no puedo dejar de pensar en la
trascendente novela de María Luisa Bombal “La Amortajada” en 1938, donde
desde el ataúd, la muerta Ana María despliega memoria, deseo, erotismo, vida y
muerte.
Y por las historias infantiles y pícaras que cuenta Úrsula
me recuerda a Papelucho de 1947 de Marcela Paz.
También la obra de Úrsula bien podría llamarse El
Convento de los Espíritus. Hay un aire de La Casa de los espíritus, el
éxito de la escritora chilena más famosa en el mundo, Isabel Allende.
A ver si nos atrevemos a decirlo todo. El crítico de El
Mercurio, Ignacio Valente, dijo hace casi 40 años, que el problema de la novela
“La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende era “su dependencia con respecto
de Gabriel García Márquez”. Y Gonzalo Contreras —cacique de la banda de la
Nueva Narrativa— repitió que Isabel Allende era una resonancia del gran
colombiano.
Ahora sabemos que los ruidos subterráneos de “La Casa de los
Espíritus” de Isabel Allende, —la escritora chilena más famosa en el
mundo—, están en una obra sobre un convento lleno de espíritus que hablan,
creado por la primera escritora chilena, Sor Úrsula Suárez, donde hay claros
signos de realismo mágico.
Así el valor simbólico chileno se demoró en convertirse en
capital cultural. Hacía falta una Cadena de Valor Literaria o economía
simbólica de mediadores que lo hicieran visible.
Los argentinos Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo
construyeron en 1940, mediante la Antología de la literatura fantástica,
una operación de canonización y genealogía de lo fantástico hispanoamericano.
Así inventaron una Cadena de Valor Literario Argentino y la proyectaron al
mundo.
Lo hicieron después de que María Luisa Bombal hubiera
publicado La última niebla (1934) y La amortajada (1938), y
muchísimo después de Úrsula Suárez y de sus relatos de sueños, visiones
sobrenaturales.
Pero eso no importó.
Así se construye también la dialéctica de las menciones y
los silencios.
Un eventual ajuste de paradigma no reemplaza a Borges, Rulfo
o García Márquez por Úrsula Suárez y María Luisa Bombal.
Consiste en dejar constancia que la historia del fantástico
latinoamericano no tiene una única genealogía.
El gran Octavio Paz tuvo la delicadeza de publicar “Sor Juan
Inés de la Cruz o Las trampas de la fe” en 1982. Setecientas páginas para
defender la “Cadena de Valor Literario” de México y reconfigurar el lugar de la
monja mexicana. Convirtió a Sor Juana, —contemporánea de Sor Úrsula —, en un
asunto de escala mundial. Una interpretación global de la sociedad novohispana,
la religión, el poder, el conocimiento, la condición femenina, la poesía y la
modernidad. El efecto internacional fue enorme. Paz fue un gran “curador de
imaginarios” de México.
Mientras tanto…
Mientras tanto, nosotros, los chilenos, —insulares y
provincianos—, atrofiados en el invunchismo, encerrados en un nacionalismo
literario mezquino, hecho de envidia, silencios y pequeñas querellas, nos quedamos
al margen.
¿Por qué Chile se demoró tanto?
A ver si explico así mi tesis:
En los años 80 en mi exilio, estudié historia económica en
la Universidad de Lund en Suecia. Allí aprendí algo que me cambió la percepción
de las cosas. Como un prodigio se me apareció la Escuela de los Annales. La escuela
historiográfica francesa que propugnaba los estudios de larga duración, la
longue durée, una forma interdisciplinaria y de historia total. Bajo la
historia basada en políticos y militares existen estructuras que permanecen por
largo tiempo, es la historia social, de las mentalidades, de las identidades,
de las mujeres, etc.
Una visión nueva y fresca de la historia.
El historiador chileno Mario Góngora en Francia conoció a
los actores de la Escuela de los Annales, Fernard Braudel. Aplicó esto a sus estudios en
el Chile colonial.. La propia revista de la escuela francesa (Annales.
Économies, Sociétés, Civilisations) le publicó en 1966 sus estudios sobre el vagabundaje rural en
Chile.
En aquellos años, de los años 80, Gabriel Salazar había
salido de la cárcel. Estudiaba Historia Económica en la Universidad de Hull en
Inglaterra. Yo tenía un amigo que había conocido de Salazar en el campo de
concentración y se habían hecho amigos. Salazar mientras estudiaba su
doctorado, le enviaba fotocopias de sus papers a mi amigo en Suecia. Así
leíamos a Gabriel Salazar y sus originales estudios inspirados también en la
Escuela de Los Annales.
La historia "desde abajo y desde dentro": Al igual
que la Escuela de los Annales y la historia social británica, Salazar desplaza
el foco de los grandes héroes, las élites y el Estado hacia los sectores
populares, los marginados y la vida cotidiana. El primer libro del historiador
chileno Gabriel Salazar es Labradores, peones y proletarios, publicado
en 1985. La hacienda configuró
una pirámide social: el patrón, los mayordomos, los inquilinos, peones o
gañanes.
Esta forma de organización económica habría durado hasta la
década de 1960, cuando entra en crisis con la promulgación de la ley de la
reforma agraria.
El sistema estructural entró en aprietos.
He escuchado decir al historiador Jocelyn Holt que una de
las causas del golpe militar de 1973, habría sido la crisis de la oligarquía
chilena, a raíz de la reforma agraria.
Y aquí hay otra relación muy determinante.
El premio nacional de historia 2026, Ana María Stuven, en su
reconocida obra La seducción de un Orden del año 2000, también inspirada
en los estudios de larga duración, escribió sobre las elites chilenas:
“La visión católica del mundo, el republicanismo y la
valoración del orden definen el marco en el que era culturalmente legítimo
polemizar”
Es, de hecho, uno de los conceptos centrales de su
interpretación de la cultura política chilena. Desde la formación de la
República, las élites chilenas podían enfrentarse y polemizar sobre política,
educación, prensa, Iglesia, liberalismo, etc., pero esas polémicas se
desarrollaban dentro de un consenso cultural más profundo. Es decir, podían
discutir dentro del perímetro, pero determinadas premisas fundamentales del
orden social no eran puestas en cuestión.
El imaginario católico no es simplemente una religión, sino
una estructura cultural desde la cual se organiza la experiencia, la moral, el
cuerpo, el matrimonio, la mujer, el pecado, el demonio, la enfermedad, los
sueños y la propia escritura.
Entonces las visiones de sor Úrsula, sus demonios, sus
conversaciones con Dios, su rechazo del matrimonio, sus penitencias, sus
conflictos con los confesores y su extraordinaria imaginación no ingresaban en un
régimen de imaginación católico históricamente muy duradero.
Ese “Imaginario
cultural subterráneo” de Úrsula no cabía en Chile.
Les pongo otro ejemplo, para terminar:
Hace más 50 años yo estudiaba Ciencias políticas en la Universidad
de Chile. En ese momento, si yo me recuerdo bien, mi vida era un festín donde
se abrían todos los corazones. Un día con mis alegres amigas y amigas fuimos a
una gran institución cultural, manifestación vocacional de una época: la Peña
de los Parra en la calle Carmen. Cantaron esa noche los hermanos Parra, Ángel e
Isabel, Patricio Manns, Tito Fernández.
En la alegría de la noche, Víctor Jara cantó La Beata,
una canción picaresca sobre una monja enamorada de su cura confesor. La
grabación de esa canción en el primer LP de Víctor Jara en 1966 provocó cartas de
protesta en El Mercurio y el diario La Segunda:
Mal augurio.
Como cuando se derrama la sal sobre la mesa.
“Una inmundicia. Deben suprimirla. Porque no es posible
tolerar cochinadas.”
“atenta contra las buenas costumbres y aún más, entorpece la
mente de la Juventud esa canción que el cantante Víctor Jara canta en distintas
radios de Santiago. Ello ofende la religión, sacando a bailar frailes, suegras
y beatas.” (La Segunda, 30-sept-1966)
Y vino el temporal y la llovizna, la censura moral de la
canción en radios chilenas.
La influencia de esa visión católica del mundo estaba viva y
persecutoria.
Víctor Jara se defendió diciendo que esa canción no era
suya, que esa era una vieja, una antigua canción campesina que había sido
recopilada en Talca o el Maule por unas mujeres, al estilo de lo que hacía Violeta
Parra.
No hubo caso.
¿Quién podría hacerles entrar en razón?
No tener miedo
El realismo visionario conventual de Úrsula Suárez nació de
su valentía, de su arrojo. Su imaginación narrativa o realismo visionario integró
la experiencia cotidiana, el sueño, el milagro, lo demoníaco y lo fantástico en
su misma realidad.
No tuvo miedo.
¿Por qué Úrsula es una escritura del futuro?
En los años 80 del siglo pasado caían los grandes relatos,
como lo dijo Gianni Vattimo, el filósofo del pensamiento débil. Los grandes sueños
se habían convertido en visiones de parroquias escolásticas. Salir de la
parroquia para tomar aire fresco, renovó la literatura con la ironía, el pastiche,
el simulacro y el humor.
Pero desde hace algunos años las cosas han cambiado y se han vuelto peores en el mundo. La ironía exagerada, la parodia, el simulacro y el pastiche ya no sirven como escudos. Escondemos demasiado las pasiones y el deseo bajo las capas de un discurso falsamente civilizado. Ironizamos mucho.
Y los chilenos, además, minimizamos.
Somos expertos en achicarnos.
Pensamos solo en lo que ya sabemos.
Sin deseos y sin eros. Es decir, sin imaginación. Como una sombra.
Por eso Úrsula Suárez es un estímulo a las nuevas
generaciones. A la fe literaria, a la posibilidad de existir literariamente, de
crear confianza, continuidad y futuro literario.
La literatura tiene que conectar con las ideas de tu época,
de tus sinceras ideas que hablan de tus problemas y visiones. Necesitamos una
tendencia estética y narrativa que supere el cinismo, la ironía extrema y el
escepticismo para apostar de nuevo por la autenticidad, la empatía y la
conexión emocional directa con el lector.
No tener miedo.
Necesitamos nuevas voces jóvenes, una poética de la
intrepidez:
No tener miedo de la propia imaginación.
No tener miedo de la experiencia.
No tener miedo de romper los límites del género.
No tener miedo de escribir desde un lugar todavía sin
nombre.
Necesitamos nuevas Úrsulas.
La chilena Úrsula Suárez fue una mujer intrépida que
escribió cuando todavía no sabía que podía existir una escritora como ella.
Nunca tuvo miedo.
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| Actriz Francisca Troncoso como sor Úrsula |









