martes, octubre 13, 2026

Milagro que maravilla a Chile. Úrsula Suárez, la primera escritora chilena. Omar Pérez Santiago. Sala Ercilla, Biblioteca Nacional de Chile, viernes 9 de octubre 2026

 



Foto de Marco Muñoz Ortiz


La historia espiritual de Chile está todavía por completarse.

¿Es un chiste? ¿Una mala broma?

No. Para nada.

A ver si me explico.

Sor Úrsula Suárez, (1666-1749)—la primera y gran escritora de Chile— no la conoce nadie.

Pero es una monja que emerge de un subterráneo.

Fue una mujer fuerte, inesperada y sutil. Corajuda y etérea. Era impredecible, entretenida, sensual y misteriosa.

A veces pienso que Úrsula debe haber sido bella y muy seductora.

El encanto surge cuando una persona es auténtica.

En la actual época de incertidumbre y perplejidad, Úrsula Suárez es un estímulo a las nuevas generaciones. Su fe literaria crea confianza, continuidad y futuro literario.

Hoy, todos lo saben,  domina en el mundo un hosco cinismo de dura soberbia. Una tendencia espeluznante donde unos pocos multimillonarios narcisistas acumulan todo el poder con sus amenazas llenas de odio.

Tipos tan desagradables, tan pesados de sangre. Quéjate e insulta y serás famoso. Son los peores y están llenos de apasionada intensidad. Pero, creo que hay una premonición que dice que los narcisos morirán derrotados por su propia pasión insatisfecha. La abundancia los hará indigentes.

Creo también que la literatura que cruce el puente levadizo tiene que conectar con nuevas tendencias estéticas y narrativas, para superar el cinismo grosero, la ironía extrema, la simulación o simulacro y el escepticismo y apostar por la autenticidad, la empatía y la conexión emocional directa con el lector, un ser escurridizo.

Por eso, Úrsula Suárez es un milagro. 

Es el pequeño sonido que hace un cierre éclair que se desplaza y abre.

Una monja emerge de un subterráneo donde ha estado 300 años.

Tiene ángel.

Posee un encanto natural, un carisma especial y una simpatía innata.

Es un milagro tal como lo concibe san Agustín. Un milagro como un descubrimiento, una develación que transforma la historia.

“Un milagro no es contrario a la naturaleza, es solo contrario a lo que sabemos sobre la naturaleza”. San Agustín, La Ciudad de Dios.

El trabajo del artista no es crear, sino desvelar situaciones.

Úrsula Suárez nació en 1666 en Santiago y murió en 1749. Vivió desde los 12 hasta los 83 años en el convento de monjas Las Clarisas de la Victoria, en la Plaza de Armas de Santiago, esquina de la calle que hoy, gracias a ellas, se llama Monjitas.

Su confesor Tomás de Gamboa le ordenó escribir como penitencia. La abasteció de papel y tinta. Y Úrsula descubrió el dulce placer de escribir su visión del mundo, sus sensaciones, sus conflictos y temores.

Catorce cuadernos, ciento ochenta páginas titulado “Relación de las singulares misericordias que ha usado el Señor con una religiosa, indigna esposa suya».

 La obra de Úrsula no separa la realidad, imaginación, sueño, revelación y experiencia. Habla con voces interiores; interpreta señales; tiene sueños con significado premonitorio; experimenta presencias demoníacas. Habla con Dios y con demonios. Convierte episodios infantiles en signos de su destino posterior. Mezcla memoria, imaginación, confesión y experiencia; y, sobre todo, cuenta todo esto con una extraordinaria naturalidad narrativa. 

Habla de deseo, ira, dolor y orgullo tal vez como lo hacían los poetas griegos, con naturalidad.

Úrsula devela una de las capas profundas de ese imaginario, una persistencia de Imaginarios Culturales Subterráneos.

Úrsula pertenece a ese estrato subterráneo de la imaginación latinoamericana, una manifestación temprana de un realismo visionario de larga duración que se mantiene a lo largo del tiempo como depósito de experiencias literarias.

El estilo de Úrsula es una técnica Fix up  de la novela que se escribe a partir fragmentos o cuentos. Quizás William Faulkner en Mientras agonizo. Mientras van a enterrar a la mujer, los deudos cuentas su historia. Tal vez, Ulises de Jame Joyce. Los escritores escriben en diversas etapas de sus vidas y después intentan pegarlas para hacer una novela o historia larga.

Técnicamente, la prosa de Úrsula parece tan hablada, tan teatral. Hay diálogos, cambios de voz, locuciones coloquiales, giros populares. Una encantadora sensación de que Úrsula nos está contando sus anécdotas asombrosas con una suspirada fuerza y potencia. Es un placer escuchar una memoria de problemas reales, sus ruidos y disonancias que ella reconcilia en belleza y verdad.

Úrsula conserva la memoria métrica, endecasílabos, villancicos, refranes, romances, refranes, golpes de voz y respiración, cadencia. Los diálogos de la teatralidad.

¿Cómo llegó el archivo aquí Archivo Nacional de Chile?

El sacerdote Juan Ignacio Eyzaguirre Portales, sobrino de Diego Portales, en su Historia Eclesiástica, Política y Literaria de Chile hasta 1810, publicada en 1850. En el capítulo XI escribe sobre intelectuales. Sobre Úrsula Suárez escribió

“Hallamos en ella simplicidad, pureza, en algunas partes sentimientos; y generalmente cierto desgreño en el decir, que hacen fastidiosa y pesada su narración.”

A pesar de su crítica negativa, Eyzaguirre hizo una copia de su puño y letra. Al morir, su familia dejó su copia en el Archivo Nacional.

Años más tarde, el investigador Pedro Pablo Figueroa consignó en su Diccionario biográfico de 1901 que Úrsula Suárez era la “primera escritora chilena”.

Así empezó una lenta operación de canonización retrospectiva.

El padre capuchino Juan de Guernica (1872-1950), en 1944,  publicó un libro sobre la historia del convento de las monjas Clarisas en Santiago. Guernica obtuvo el manuscrito original de Úrsula para escribir una biografía. El sacerdote, ya mayor, tuvo la mala idea de morirse en 1950 antes de terminar su proyecto.

Dicen que el texto original de Úrsula desapareció.

Se dio por perdido.

Se creyó que había sido quemado junto con sus pertenencias personales.

Entonces, en 1974 el escritor Braulio Arenas, premio nacional de literatura, escribió su artículo “Úrsula Suarez, la primera escritora chilena” en la revista Qué Pasa en 1974.

No me extraña.  

No me extraña que Braulio Arenas valorara a Sor Úrsula. Arenas había sido un agitador del surrealismo en La Mandrágora. Y para entenderlo basta leer su novela de literatura fantástica La endemoniada de Santiago publicada en 1969, donde une lo real y lo irreal. Un triste enamorado de un fantasma, una muerta. Arenas le dedicó la novela a la famosa poseída Carmen Marín de 1857, un caso real. "Para Carmen Marín, le endemoniada en ese Santiago de 1857. Su devoto admirador"

Entonces, dijo Arenas en 1974:

“El texto de Úrsula Suárez no tiene interés únicamente por ponerla a la cabeza, cronológicamente hablando, de todas las escritoras del país, esta "Relación" luce con singulares y relevantes atractivos.”

Al fin, la Universidad de Concepción publicó el manuscrito en 1984, con excelente prólogo de Mario Ferreccio y con detallado estudio del historiador Armando de Ramón. Mario Ferraccio cuenta que para reconstruir su obra, debieron recurrir inicialmente a copias hechas por Eyzaguirre.

No obstante, milagro.

Los cuadernos originales escritos por Úrsula fueron finalmente localizados dentro del convento de las Clarisas de Nuestra Señora de la Victoria

Entonces se sucedieron excelentes estudios académicos, como por ejemplo de Adriana Valdés o Rodrigo Cánovas. Los académicos que estudian a Úrsula han crecido en los últimos años, valorando la obra estéticamente.

Historiadores han hablado de Úrsula. Los historiadores en general la ven como una fuente histórica de la vida de Santiago en el 1700.

Pero falta la visión de los escritores chilenos. En la Sociedad de Escritores chilenos hay una sala, un panteón con las fotos de los escritores que han ganado el premio Nacional de Literatura.

Pero no hay reconocimiento de Úrsula.

Tampoco una placa.

Salvo una mención, la del escritor Miguel de Loyola.

La obra de Úrsula es una novela o una agrupación de cuentos articulados.

Pero ha sido ignorada, inclusive ninguneada.

Se considera a «Don Guillermo» (1860) del sobresaliente José Victorino Lastarria como el primer intento de novela de ficción. Es una sátira al autoritarismo y a los gobiernos conservadores de la época, los pelucones, en el submundo fantástico de Espelunco.

La obra que en que hay consenso como la primera novela de Chile es Martín Rivas (1862), escrita por Alberto Blest Gana. Se le llama el padre de la novela chilena.

¿Y las mujeres? ¿Y Úrsula Suárez?

Hernán Díaz Arrieta que firmaba sus críticas como Alone, escribe en la Historia Personal de la literatura chilena que:

“La literatura femenina empieza a existir seriamente en Chile, con iguales derechos que la masculina, el año 1923, cuando aparece Montaña Adentro de Marta Brunet”. Una novela sobre un triángulo donde uno de ellos muere, narrada en el estilo del criollismo.

Sin embargo…

Creo que Úrsula es un antecedente de las grandes escritoras chilenas.

Más aún…

El imaginario cultural subterráneo de Úrsula Suárez nos acerca a La amortajada de María Luisa Bombal,

Cuando yo leo a sor Úrsula no puedo dejar de pensar en la trascendente novela de María Luisa Bombal “La Amortajada” en 1938, donde desde el ataúd, la muerta Ana María despliega memoria, deseo, erotismo, vida y muerte.

Y por las historias infantiles y pícaras que cuenta Úrsula me recuerda a Papelucho de 1947 de Marcela Paz.

También la obra de Úrsula bien podría llamarse El Convento de los Espíritus. Hay un aire de La Casa de los espíritus, el éxito de la escritora chilena más famosa en el mundo, Isabel Allende.

A ver si nos atrevemos a decirlo todo. El crítico de El Mercurio, Ignacio Valente, dijo hace casi 40 años, que el problema de la novela “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende era “su dependencia con respecto de Gabriel García Márquez”. Y Gonzalo Contreras —cacique de la banda de la Nueva Narrativa— repitió que Isabel Allende era una resonancia del gran colombiano.

Ahora sabemos que los ruidos subterráneos de “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende,  —la escritora chilena más famosa en el mundo—, están en una obra sobre un convento lleno de espíritus que hablan, creado por la primera escritora chilena, Sor Úrsula Suárez, donde hay claros signos de realismo mágico.

Así el valor simbólico chileno se demoró en convertirse en capital cultural. Hacía falta una Cadena de Valor Literaria o economía simbólica de mediadores que lo hicieran visible.

Los argentinos Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo construyeron en 1940, mediante la Antología de la literatura fantástica, una operación de canonización y genealogía de lo fantástico hispanoamericano. Así inventaron una Cadena de Valor Literario Argentino y la proyectaron al mundo. 

Lo hicieron después de que María Luisa Bombal hubiera publicado La última niebla (1934) y La amortajada (1938), y muchísimo después de Úrsula Suárez y de sus relatos de sueños, visiones sobrenaturales.

Pero eso no importó.

Así se construye también la dialéctica de las menciones y los silencios.

Un eventual ajuste de paradigma no reemplaza a Borges, Rulfo o García Márquez por Úrsula Suárez y María Luisa Bombal.

Consiste en dejar constancia que la historia del fantástico latinoamericano no tiene una única genealogía.

El gran Octavio Paz tuvo la delicadeza de publicar “Sor Juan Inés de la Cruz o Las trampas de la fe” en 1982. Setecientas páginas para defender la “Cadena de Valor Literario” de México y reconfigurar el lugar de la monja mexicana. Convirtió a Sor Juana, —contemporánea de Sor Úrsula —, en un asunto de escala mundial. Una interpretación global de la sociedad novohispana, la religión, el poder, el conocimiento, la condición femenina, la poesía y la modernidad. El efecto internacional fue enorme. Paz fue un gran “curador de imaginarios” de México.

Mientras tanto…

Mientras tanto, nosotros, los chilenos, —insulares y provincianos—, atrofiados en el invunchismo, encerrados en un nacionalismo literario mezquino, hecho de envidia, silencios y pequeñas querellas, nos quedamos al margen.

¿Por qué Chile se demoró tanto?

A ver si explico así mi tesis:

En los años 80 en mi exilio, estudié historia económica en la Universidad de Lund en Suecia. Allí aprendí algo que me cambió la percepción de las cosas. Como un prodigio se me apareció la Escuela de los Annales. La escuela historiográfica francesa que propugnaba los estudios de larga duración, la longue durée, una forma interdisciplinaria y de historia total. Bajo la historia basada en políticos y militares existen estructuras que permanecen por largo tiempo, es la historia social, de las mentalidades, de las identidades, de las mujeres, etc.

Una visión nueva y fresca de la historia.

El historiador chileno Mario Góngora en Francia conoció a los actores de la Escuela de los Annales,  Fernard Braudel. Aplicó esto a sus estudios en el Chile colonial.. La propia revista de la escuela francesa (Annales. Économies, Sociétés, Civilisations) le publicó en 1966  sus estudios sobre el vagabundaje rural en Chile.

En aquellos años, de los años 80, Gabriel Salazar había salido de la cárcel. Estudiaba Historia Económica en la Universidad de Hull en Inglaterra. Yo tenía un amigo que había conocido de Salazar en el campo de concentración y se habían hecho amigos. Salazar mientras estudiaba su doctorado, le enviaba fotocopias de sus papers a mi amigo en Suecia. Así leíamos a Gabriel Salazar y sus originales estudios inspirados también en la Escuela de Los Annales.

La historia "desde abajo y desde dentro": Al igual que la Escuela de los Annales y la historia social británica, Salazar desplaza el foco de los grandes héroes, las élites y el Estado hacia los sectores populares, los marginados y la vida cotidiana. El primer libro del historiador chileno Gabriel Salazar es Labradores, peones y proletarios, publicado en 1985.  La hacienda configuró una pirámide social: el patrón, los mayordomos, los inquilinos, peones o gañanes.

Esta forma de organización económica habría durado hasta la década de 1960, cuando entra en crisis con la promulgación de la ley de la reforma agraria.

El sistema estructural entró en aprietos.

He escuchado decir al historiador Jocelyn Holt que una de las causas del golpe militar de 1973, habría sido la crisis de la oligarquía chilena, a raíz de la reforma agraria.

Y aquí hay otra relación muy determinante.

El premio nacional de historia 2026, Ana María Stuven, en su reconocida obra La seducción de un Orden del año 2000, también inspirada en los estudios de larga duración, escribió sobre las elites chilenas:

“La visión católica del mundo, el republicanismo y la valoración del orden definen el marco en el que era culturalmente legítimo polemizar”

Es, de hecho, uno de los conceptos centrales de su interpretación de la cultura política chilena. Desde la formación de la República, las élites chilenas podían enfrentarse y polemizar sobre política, educación, prensa, Iglesia, liberalismo, etc., pero esas polémicas se desarrollaban dentro de un consenso cultural más profundo. Es decir, podían discutir dentro del perímetro, pero determinadas premisas fundamentales del orden social no eran puestas en cuestión.

El imaginario católico no es simplemente una religión, sino una estructura cultural desde la cual se organiza la experiencia, la moral, el cuerpo, el matrimonio, la mujer, el pecado, el demonio, la enfermedad, los sueños y la propia escritura.

Entonces las visiones de sor Úrsula, sus demonios, sus conversaciones con Dios, su rechazo del matrimonio, sus penitencias, sus conflictos con los confesores y su extraordinaria imaginación no ingresaban en un régimen de imaginación católico históricamente muy  duradero.

Ese  “Imaginario cultural subterráneo” de Úrsula no cabía en Chile.

Les pongo otro ejemplo, para terminar:

Hace más 50 años yo estudiaba Ciencias políticas en la Universidad de Chile. En ese momento, si yo me recuerdo bien, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones. Un día con mis alegres amigas y amigas fuimos a una gran institución cultural, manifestación vocacional de una época: la Peña de los Parra en la calle Carmen. Cantaron esa noche los hermanos Parra, Ángel e Isabel, Patricio Manns, Tito Fernández.

En la alegría de la noche, Víctor Jara cantó La Beata, una canción picaresca sobre una monja enamorada de su cura confesor. La grabación de esa canción en el primer LP de Víctor Jara en 1966 provocó cartas de protesta en El Mercurio y el diario La Segunda:

Mal augurio.

Como cuando se derrama la sal sobre la mesa.

“Una inmundicia. Deben suprimirla. Porque no es posible tolerar cochinadas.”

“atenta contra las buenas costumbres y aún más, entorpece la mente de la Juventud esa canción que el cantante Víctor Jara canta en distintas radios de Santiago. Ello ofende la religión, sacando a bailar frailes, suegras y beatas.” (La Segunda, 30-sept-1966)

Y vino el temporal y la llovizna, la censura moral de la canción en radios chilenas.

La influencia de esa visión católica del mundo estaba viva y persecutoria.

Víctor Jara se defendió diciendo que esa canción no era suya, que esa era una vieja, una antigua canción campesina que había sido recopilada en Talca o el Maule por unas mujeres, al estilo de lo que hacía Violeta Parra.

No hubo caso.

¿Quién podría hacerles entrar en razón?

No tener miedo

El realismo visionario conventual de Úrsula Suárez nació de su valentía, de su arrojo. Su imaginación narrativa o realismo visionario integró la experiencia cotidiana, el sueño, el milagro, lo demoníaco y lo fantástico en su misma realidad.

Y el erotismo, esa pequeña bestia dulce y amarga.

No tuvo miedo.

¿Por qué Úrsula es una escritura del futuro?

En los años 80 del siglo pasado caían los grandes relatos, como lo dijo Gianni Vattimo, el filósofo del pensamiento débil. Los grandes sueños se habían convertido en visiones de parroquias escolásticas. Salir de la parroquia para tomar aire fresco, renovó la literatura con la ironía, el pastiche, el simulacro y el humor.

Pero desde hace algunos años las cosas han cambiado y se han vuelto peores en el mundo. La ironía exagerada, la parodia, el simulacro y el pastiche ya no sirven como escudos. Escondemos demasiado las pasiones y el deseo bajo las capas de un discurso falsamente civilizado. Ironizamos mucho. 

Y los chilenos, además, minimizamos. 

Somos expertos en achicarnos. 

Pensamos solo en lo que ya sabemos.

Sin deseos y sin eros. Es decir, sin imaginación. Como una sombra. 

Por eso Úrsula Suárez es un estímulo a las nuevas generaciones. A la fe literaria, a la posibilidad de existir literariamente, de crear confianza, continuidad y futuro literario.

La literatura tiene que conectar con las ideas de tu época, de tus sinceras ideas que hablan de tus problemas y visiones. Necesitamos una tendencia estética y narrativa que supere el cinismo, la ironía extrema y el escepticismo para apostar de nuevo por la autenticidad, la empatía y la conexión emocional directa con el lector.

No tener miedo.

Necesitamos nuevas voces jóvenes, una poética de la intrepidez:

No tener miedo de la propia imaginación.

No tener miedo de la experiencia.

No tener miedo de romper los límites del género.

No tener miedo de escribir desde un lugar todavía sin nombre.

Necesitamos nuevas Úrsulas.

La chilena Úrsula Suárez fue una mujer intrépida que escribió cuando todavía no sabía que podía existir una escritora como ella.

Nunca tuvo miedo.

Actriz Francisca Troncoso como sor Úrsula














domingo, octubre 11, 2026

¿No quieres quedarte con nosotras para siempre? Te llevaremos a todas partes. Siempre te mantendremos en tus dieciséis años.. La Endemoniada de Santiago. Braulio Arenas

 


¿No quieres quedarte con nosotras para siempre? Te llevaremos a todas partes. Siempre te mantendremos en tus dieciséis años...Vivirás con nosotras una existencia de eterna felicidad.

La Endemoniada de Santiago. Braulio Arenas, 1969.
Editorial La Noria
Novela fantástico-gótica de corte surrealista. 
La locura, el deseo y la posesión demoníaca.

Braulio Arenas le dedicó su novela a Carmen Marín.
"Para Carmen Marín, le endemoniada en ese Santiago de 1857. Su devoto admirador"

jueves, octubre 08, 2026

Me parece que la pobre ciudad ha estado atribulada demasiado tiempo. Anne Carson, poeta de la posmodernidad melancólica. Contenido borroso de fragmentos delicados, vagos e imprecisos




Me parece que la pobre ciudad ha estado

atribulada demasiado tiempo.
Luz sobre muros de ladrillo y un viento del norte
azotando las ramas hasta ennegrecerlas.
La sombra arranca las entrañas de la luz
y las seca contra su palma.
Cómete la sopa, mamá, estés donde estés en tu mente.
El mediodía invernal está ascendiendo. Soles débiles, aún vivos,
son virtud frente a los soles de aquel otro día.
Porque la pobre ciudad sueña
con la rendición, mamá,
nunca falta de ternura,
mamá brava
y alegre.

Mi versión

Methinks the poor town has been

troubled too long

Light on brick walls and a north wind whipping the branches black.

Shadow draws the gut of the light out dry against its palm.

Eat your soup, mother, wherever you are in your mind.

Winter noon is on the rise. Weak suns yet alive

are as virtue to suns of that other day.

For the poor town dreams

of surrender, mother

never untender,

mother gallant

and gay.


viernes, octubre 02, 2026

Úrsula Suárez, María Luisa Bombal, Isabel Allende. Literatura Fantástica y Realismo Mágico. Revista Off The Record, octubre 2026

 

Archivo Nacional. Foto: Pedro Jara

El leve sol entra por las ventanas de la sala Ricardo Donoso del Archivo Nacional. El amable archivero Pedro González me entrega el archivo de Sor Úrsula Suárez, "Relación de las singulares misericordias".  Al abrirlo siento que un viento de historia me despeina.

 La chilena Úrsula Suárez —desde 1700—narra en su obra “Relación de las singulares misericordias” lo sobrenatural, lo onírico y lo cotidiano entre realidad y fantasía. La religiosa construye un personaje ambiguo, en una frontera borrosa entre realidad e irrealidad. Un mundo femenino de sueños, erotismo y deseo. Sí, el deseo resbaladizo y osado de experiencias místicas. Los hombres que la visitan en el convento creen que están seduciendo a una linda monja. Eso creen. Hay algo fascinante: el erotismo de Úrsula no está separado de lo fantástico y de presencias sobrenaturales. Para decirlo con claridad: Sor Úrsula es una de las grandes narradoras de la tradición fantástica chilena y latinoamericana.

Úrsula Suárez tiene una conexión con la Bombal, el silencio del pasado.

La trascendente novelista María Luisa Bombal publicó “La Última Niebla” en 1934 y “La Amortajada” en 1938, donde desde el ataúd, la muerta Ana María despliega memoria, deseo, erotismo, vida y muerte.

Juan Rulfo y García Márquez reconocieron inspiración en María Luisa Bombal.

El imaginario cultural subterráneo de Úrsula Suárez nos acerca a María Luisa Bombal, La amortajada.

¿No son acaso la Bombal y Úrsula Suárez parte de una genealogía femenina distintiva de la literatura fantástica latinoamericana?

Dolosamente, los chilenos hemos visto la historia colonial como si estuviese al otro lado, en una vertiente ajena. Quizá por eso, Chile olvidó su Cadena de Valor Literario, olvidó su obra primaria, un embrión que tuvo lento conocimiento y distribución.

¿Cómo llegó el archivo aquí al Archivo Nacional?

Lo conservaron las monjas del convento, las Clarisas de la Victoria de la Plaza de Armas de Santiago. El sacerdote Juan Ignacio Eyzaguirre lo copió en 1850. Al morir, su familia dejó una copia en el Archivo Nacional. Años más tarde, el investigador Pedro Pablo Figueroa consignó en su Diccionario biográfico de 1901 que Úrsula Suárez era la “primera escritora chilena”.

Así empezó una lenta operación de canonización retrospectiva.

En 1974 el escritor Braulio Arenas escribió su artículo “Úrsula Suarez, la primera escritora chilena”. Al fin, la Universidad de Concepción publicó el manuscrito en 1984. Entonces se sucedieron excelentes estudios académicos, como por ejemplo de Adriana Valdés o Rodrigo Cánovas.

La obra de Úrsula me seduce porque son extraordinarias especulaciones y aventuras literarias, no por ser un documento de un archivo.  Úrsula Suárez modifica, al menos en una parte, la genealogía o los eslabones de la narrativa fantástica y del realismo mágico latinoamericano. Es mi hipótesis.

Ese valor simbólico se demoró en convertirse en capital cultural. Hacía falta una Cadena de Valor Literaria o economía simbólica  de mediadores que lo hicieran visible.

Los argentinos Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo construyeron en 1940, mediante la Antología de la literatura fantástica, una operación de canonización y genealogía de lo fantástico hispanoamericano. Así inventaron una Cadena de Valor Literario y la proyectaron al mundo. 

Lo hicieron después de que María Luisa Bombal hubiera publicado La última niebla (1934) y La amortajada (1938), y muchísimo después de Úrsula Suárez y de sus relatos de sueños, visiones sobrenaturales. Pero eso no importó.

Así se construye también la dialéctica de las menciones y los silencios.

Un eventual ajuste de paradigma no reemplaza a Borges, Rulfo o García Márquez por Úrsula Suárez y María Luisa Bombal. Consiste en dejar constancia que la historia del fantástico latinoamericano no tiene una única genealogía.

Aunque también hay que afilar una hachita en Chile. A ver si nos atrevemos a decirlo todo. El crítico de El Mercurio, Ignacio Valente, dijo hace casi 40 años, que el problema de la novela “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende era “su dependencia con respecto de Gabriel García Márquez”. Y Gonzalo Contreras —cacique de la banda de la Nueva Narrativa— repitió que Isabel Allende era una resonancia del gran colombiano.

Tal vez se trató del viejo chilenismo: “Quítate tú, para ponerme yo”.

Ahora sabemos que los ruidos subterráneos de “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende,  —la escritora chilena más famosa en el mundo—, están en una obra sobre un convento lleno de espíritus que hablan, creado por otra chilena, Sor Úrsula Suárez, donde hay claros signos de realismo mágico.

El gran Octavio Paz tuvo la delicadeza de publicar “Sor Juan Inés de la Cruz o Las trampas de la fe” en 1982. Setecientas páginas para defender la “Cadena de Valor Literario” de México y reconfigurar el lugar de la monja mexicana. Convirtió a Sor Juana, —contemporánea de Sor Úrsula —, en un asunto de escala mundial. Una interpretación global de la sociedad novohispana, la religión, el poder, el conocimiento, la condición femenina, la poesía y la modernidad. El efecto internacional fue enorme. Paz fue un gran “curador de imaginarios” de México.

Mientras tanto, nosotros, los chilenos, atrofiados en el invunchismo, encerrados en un nacionalismo literario mezquino, hecho de envidia, silencios y pequeñas querellas, nos fuimos quedando al margen. Autodestructivos como esos tarados que les hacen tajos a los asientos del transporte público, terminamos haciéndonos los reverendos huevones.

Cierro el archivo de Úrsula Suárez y salgo del Archivo Nacional  al sol tibio de la calle Miraflores. Pienso que el silencio también puede interpretarse. Tal vez, Sor Úrsula es un vestigio persistente de aquello que se negó al silencio.

 

miércoles, septiembre 30, 2026

La monjita mata una culebra con la boca. De los extraordinarios cuentos de la chilena Sor Úrsula Suárez




DE "RELACIÓN DE LAS SINGULARES MISERICORDIA" DE ÚRSULA SUÁREZ


Soñé que, entrando al coro, fui al confesionario y vi dentro una culebra enorme, muy enroscada.

Quise matarla, pero no encontré en el coro ni piedra ni palo, de modo que tuve que valerme de los dientes, porque tenía más fuerza en ellos que en los brazos. La mordí y sentí sonar sus huesos.

En ese momento entró una seglar al coro. Yo la reprendí y la eché fuera.

La culebra se desenroscó.

Yo dije:

—Éstas se rasgan por la boca.

La agarré y la rasgué por la mitad, dividiéndola en dos pedazos. Y, para que nadie la viera, la metí en una rendija que había entre la pared y la reja.

Sentí la boca ensangrentada, sin saber si me había lastimado o si era sangre de la culebra.

Mientras me limpiaba la sangre, sentí que se abría la puerta de la sacristía.

Miré y vi entrar a un obispo. Se me figuró el señor Puebla, aunque ya estaba muerto; esto sucedió en tiempo del obispo Romero. También se parecía a nuestro obispo en lo blanco del rostro, en su buena apariencia y en la forma de los ojos.

En fin, fue hasta el confesionario donde yo estaba y, con mucho cariño, me dijo:

—Mató la culebra, se lastimó la boca y le sale sangre.

Yo, por no mentir, le dije:

—Sí, señor.

Y me tapaba la boca y me escondía detrás del velo del confesionario. Su señoría lo levantaba por un lado.

Yo estaba asombrada de cómo había podido saber aquello el obispo, porque yo no se lo había contado a nadie, ni había salido de allí a decirlo. Y él me refería todo lo sucedido.

Me daba vergüenza que supiera aquella porquería de haber mordido la culebra.

Cuando le conté esto al padre Viñas, me dijo:

—Y no tiene huesos.

Yo le dije:

—Si yo se los oí sonar.

—No tiene huesos —volvió a replicar el obispo.

Yo callé y no discutí más.

No cabe aquí otra cosa.

DE "RELACIÓN DE LAS SINGULARES MISERICORDIA" DE ÚRSULA SUÁREZ


 









lunes, septiembre 28, 2026

Athenea Llana, exploración de la percepción y la representación de la invisible

 


El estilo artístico de Athenea Llana destaca por la exploración de la percepción, la representación de lo invisible y la investigación profunda de aquello que pinta o dibuja.

Características del estilo y obra

  • Exploración conceptual: Su trabajo aborda temas como la memoria, la identidad y la naturaleza efímera de las emociones, buscando que el espectador cuestione su propia realidad.
  • Método de trabajo: Como una persona muy curiosa, investiga a fondo los temas antes de plasmarlos en el lienzo, bajo la convicción de que es necesario comprender lo que se vive para poder representarlo desde otra perspectiva.
  • Formación académica: Se formó en el Instituto de Estudios Secundarios de la Universidad de Chile (ISUCH) y posteriormente en la carrera de Artes Visuales en la Universidad de Chile.

 

Athenea Llana: entre lo fantástico y la contingencia

Yo describiría su lenguaje como una figuración fantástica de sensibilidad surrealista, atravesada por una preocupación social. Hay en ella una tensión interesante entre el mundo exterior —la guerra, los conflictos, la política, las injusticias— y el mundo interior de las emociones, los sueños y la imaginación.

Ella misma explica que no quiere limitarse a una técnica o temática única: trabaja con óleo sobre tela, dibujo, orfebrería y fotografía digital, y busca distintas formas de representar situaciones y sentimientos.

Hay, por lo menos, cinco rasgos que me parecen importantes:

1. Surrealismo subjetivo.
No se trata necesariamente de un surrealismo histórico, como el de Breton, Dalí o Max Ernst. Es más bien una utilización contemporánea de lo surreal para hacer visible aquello que no puede representarse directamente: emociones, estados interiores, fantasías, temores. Ella dice algo muy significativo: sus autorretratos no buscan representar a la persona física, sino aquello que cree sentir.

Eso permite hablar de una especie de autorretrato psicológico o imaginario.

2. La realidad transformada por la imaginación.
En su obra la realidad no desaparece, pero tampoco permanece intacta. Se transforma mediante colores, asociaciones, figuras y situaciones fantásticas. Es decir, no parece interesarle solamente representar el mundo, sino reimaginarlo.

Aquí encuentro una característica especialmente interesante: su imaginación funciona como una forma de conocimiento.

Ella misma señala que necesita investigar aquello que pinta porque considera que comprender una realidad es necesario para poder representarla y verla desde otras perspectivas.

3. Una estética de colores artificiales.
Este aspecto puede ser muy importante para caracterizarla. Llana habla explícitamente de su fascinación por los colores artificiales, particularmente por los colores luminosos que encuentra en la ciudad durante la noche: luces de publicidad, semáforos, pantallas, blancos eléctricos, verdes fosforescentes.

Por eso se podría hablar de una paleta urbana y eléctrica.

No es simplemente "colorido": el color parece funcionar como una experiencia sensorial de la contemporaneidad.

4. Lo social aparece filtrado por la sensibilidad individual.
Esto me parece particularmente interesante. Sus collages de la pandemia ya abordaban explícitamente las injusticias sociales. Pero en su producción posterior ella parece alejarse de una representación puramente documental o de denuncia.

La problemática social pasa por su imaginación.

Por eso no diría simplemente que es una "artista social". Es más preciso hablar de una artista de sensibilidad social que transforma la contingencia en imaginario.

5. Una estética en formación y deliberadamente abierta.
Hay algo importante en su juventud: Llana comenzó muy temprano sus estudios artísticos y, según la entrevista de Off The Record, a los 21 años ya trabajaba en varios medios y rechazaba encasillarse en una sola forma de expresión.

Por eso yo evitaría todavía ponerle una etiqueta demasiado cerrada como "surrealista" o "expresionista". Es más interesante observar la dirección de su búsqueda.

Si tuvieras que escribir una presentación sobre ella, propondría algo así:

Athenea Llana desarrolla una estética de figuración fantástica en la que confluyen imaginación, sensibilidad subjetiva y conciencia de la contingencia contemporánea. Su obra transita entre lo real y lo imaginario, utilizando el surrealismo como recurso para exteriorizar emociones, estados interiores y mundos posibles. El color —especialmente los tonos artificiales y luminosos asociados a la experiencia urbana nocturna— adquiere una función expresiva propia. Al mismo tiempo, las guerras, los conflictos sociales y las tensiones políticas ingresan en su obra no como simple registro documental, sino transformados por una mirada personal, sensible e imaginativa. Su lenguaje visual se encuentra así en una zona intermedia entre el autorretrato psicológico, la fantasía y la observación crítica de la realidad.

Y hay una expresión que creo que encaja muy bien con lo que hemos venido conversando sobre literatura e imaginarios: "desplazamiento de la realidad hacia el imaginario".

En Llana, un acontecimiento exterior —la pandemia, la violencia, una experiencia urbana, un conflicto social— puede desplazarse hacia una imagen fantástica; y, al mismo tiempo, una emoción íntima puede adquirir una forma visual concreta.

Eso permite pensar su trabajo como una poética de la transformación: la realidad entra en la obra, pero sale convertida en imaginario.

Además, hay un dato particularmente interesante: Athenea Llana ilustró un texto sobre Úrsula Suárez. Ahí podría establecerse un diálogo muy fértil: una escritora del siglo XVII que convierte sueños, visiones, deseos y experiencias interiores en escritura, y una artista contemporánea que convierte sensibilidad, emociones y realidad social en imágenes fantásticas. Ese paralelo da para una reflexión bastante más profunda que una simple presentación de la ilustradora.