martes, octubre 13, 2026

Milagro que maravilla a Chile. Úrsula Suárez, la primera escritora chilena. Omar Pérez Santiago. Sala Ercilla, Biblioteca Nacional de Chile, viernes 9 de octubre 2026

 



Foto de Marco Muñoz Ortiz


La historia espiritual de Chile está todavía por completarse.

¿Es un chiste? ¿Una mala broma?

No. Para nada.

Sor Úrsula Suárez, (1666-1749)—la primera y gran escritora de Chile— no la conoce nadie.

Pero es una monja que emerge de un subterráneo.

Fue una mujer fuerte, inesperada y sutil. Corajuda y etérea. Era impredecible, entretenida, sensual y misteriosa.

A veces pienso que Úrsula debe haber sido bella y muy seductora.

El encanto surge cuando una persona es auténtica.

En la actual época de incertidumbre y perplejidad, Úrsula Suárez es un estímulo a las nuevas generaciones. Su fe literaria crea confianza, continuidad y futuro literario.

Hoy, todos lo saben,  domina en el mundo un hosco cinismo de dura soberbia. Una tendencia espeluznante donde unos pocos multimillonarios narcisistas acumulan todo el poder con sus amenazas llenas de odio.

Tipos tan desagradables, tan pesados de sangre. Quéjate e insulta y serás famoso. Son los peores y están llenos de apasionada intensidad. Pero, creo que hay una premonición que dice que los narcisos morirán derrotados por su propia pasión insatisfecha. La abundancia los hará indigentes.

Creo también que la literatura que cruce el puente levadizo tiene que conectar con nuevas tendencias estéticas y narrativas, para superar el cinismo grosero, la ironía extrema, la simulación o simulacro y el escepticismo y apostar por la autenticidad, la empatía y la conexión emocional directa con el lector, un ser escurridizo.

Por eso, Úrsula Suárez es un milagro. 

Es el pequeño sonido que hace un cierre éclair que se desplaza y abre.

Una monja emerge de un subterráneo donde ha estado 300 años.

Tiene ángel.

Posee un encanto natural, un carisma especial y una simpatía innata.

Es un milagro tal como lo concibe san Agustín. Un milagro como un descubrimiento, una develación que transforma la historia.

“Un milagro no es contrario a la naturaleza, es solo contrario a lo que sabemos sobre la naturaleza”. San Agustín, La Ciudad de Dios.

El trabajo del artista no es crear, sino desvelar situaciones.

Úrsula Suárez nació en 1666 en Santiago y murió en 1749. Vivió desde los 12 hasta los 83 años en el convento de monjas Las Clarisas de la Victoria, en la Plaza de Armas de Santiago, esquina de la calle que hoy, gracias a ellas, se llama Monjitas.

Su confesor Tomás de Gamboa le ordenó escribir como penitencia. La abasteció de papel y tinta. Y Úrsula descubrió el dulce placer de escribir su visión del mundo, sus sensaciones, sus conflictos y temores.

Catorce cuadernos, ciento ochenta páginas titulado “Relación de las singulares misericordias que ha usado el Señor con una religiosa, indigna esposa suya».

 La obra de Úrsula no separa la realidad, imaginación, sueño, revelación y experiencia. Habla con voces interiores; interpreta señales; tiene sueños con significado premonitorio; experimenta presencias demoníacas. Habla con Dios y con demonios. Convierte episodios infantiles en signos de su destino posterior. Mezcla memoria, imaginación, confesión y experiencia; y, sobre todo, cuenta todo esto con una extraordinaria naturalidad narrativa. 

Habla de deseo, ira, dolor y orgullo tal vez como lo hacían los poetas griegos, con naturalidad.

Úrsula devela una de las capas profundas de ese imaginario, una persistencia de Imaginarios Culturales Subterráneos.

Úrsula pertenece a ese estrato subterráneo de la imaginación latinoamericana, una manifestación temprana de un realismo visionario de larga duración que se mantiene a lo largo del tiempo como depósito de experiencias literarias.

El estilo de Úrsula es una técnica Fix up  de la novela que se escribe a partir fragmentos o cuentos. Quizás William Faulkner en Mientras agonizo. Mientras van a enterrar a la mujer, los deudos cuentas su historia. Tal vez, Ulises de Jame Joyce. Los escritores escriben en diversas etapas de sus vidas y después intentan pegarlas para hacer una novela o historia larga.

Técnicamente, la prosa de Úrsula parece tan hablada, tan teatral. Hay diálogos, cambios de voz, locuciones coloquiales, giros populares. Una encantadora sensación de que Úrsula nos está contando sus anécdotas asombrosas con una suspirada fuerza y potencia. Es un placer escuchar una memoria de problemas reales, sus ruidos y disonancias que ella reconcilia en belleza y verdad.

Úrsula conserva la memoria métrica, endecasílabos, villancicos, refranes, romances, refranes, golpes de voz y respiración, cadencia. Los diálogos de la teatralidad.

¿Cómo llegó el archivo aquí Archivo Nacional de Chile?

El sacerdote Juan Ignacio Eyzaguirre Portales, sobrino de Diego Portales, en su Historia Eclesiástica, Política y Literaria de Chile hasta 1810, publicada en 1850. En el capítulo XI escribe sobre intelectuales. Sobre Úrsula Suárez escribió

“Hallamos en ella simplicidad, pureza, en algunas partes sentimientos; y generalmente cierto desgreño en el decir, que hacen fastidiosa y pesada su narración.”

A pesar de su crítica negativa, Eyzaguirre hizo una copia de su puño y letra. Al morir, su familia dejó su copia en el Archivo Nacional.

Años más tarde, el investigador Pedro Pablo Figueroa consignó en su Diccionario biográfico de 1901 que Úrsula Suárez era la “primera escritora chilena”.

Así empezó una lenta operación de canonización retrospectiva.

El padre capuchino Juan de Guernica (1872-1950), en 1944,  publicó un libro sobre la historia del convento de las monjas Clarisas en Santiago. Guernica obtuvo el manuscrito original de Úrsula para escribir una biografía. El sacerdote, ya mayor, tuvo la mala idea de morirse en 1950 antes de terminar su proyecto.

Dicen que el texto original de Úrsula desapareció.

Se dio por perdido.

Se creyó que había sido quemado junto con sus pertenencias personales.

Entonces, en 1974 el escritor Braulio Arenas, premio nacional de literatura, escribió su artículo “Úrsula Suarez, la primera escritora chilena” en la revista Qué Pasa en 1974.

No me extraña.  

No me extraña que Braulio Arenas valorara a Sor Úrsula. Arenas había sido un agitador del surrealismo en La Mandrágora. Y para entenderlo basta leer su novela de literatura fantástica La endemoniada de Santiago publicada en 1969, donde une lo real y lo irreal. Un triste enamorado de un fantasma, una muerta. Arenas le dedicó la novela a la famosa poseída Carmen Marín de 1857, un caso real. "Para Carmen Marín, le endemoniada en ese Santiago de 1857. Su devoto admirador"

Entonces, dijo Arenas en 1974:

“El texto de Úrsula Suárez no tiene interés únicamente por ponerla a la cabeza, cronológicamente hablando, de todas las escritoras del país, esta "Relación" luce con singulares y relevantes atractivos.”

Al fin, la Universidad de Concepción publicó el manuscrito en 1984, con excelente prólogo de Mario Ferreccio y con detallado estudio del historiador Armando de Ramón. Mario Ferraccio cuenta que para reconstruir su obra, debieron recurrir inicialmente a copias hechas por Eyzaguirre.

No obstante, milagro.

Los cuadernos originales escritos por Úrsula fueron finalmente localizados dentro del convento de las Clarisas de Nuestra Señora de la Victoria

Entonces se sucedieron excelentes estudios académicos, como por ejemplo de Adriana Valdés o Rodrigo Cánovas. Los académicos que estudian a Úrsula han crecido en los últimos años, valorando la obra estéticamente.

Historiadores han hablado de Úrsula. Los historiadores en general la ven como una fuente histórica de la vida de Santiago en el 1700.

Pero falta la visión de los escritores chilenos. En la Sociedad de Escritores chilenos hay una sala, un panteón con las fotos de los escritores que han ganado el premio Nacional de Literatura.

Pero no hay reconocimiento de Úrsula.

Tampoco una placa.

Salvo una mención, la del escritor Miguel de Loyola.

La obra de Úrsula es una novela o una agrupación de cuentos articulados.

Pero ha sido ignorada, inclusive ninguneada.

Se considera a «Don Guillermo» (1860) del sobresaliente José Victorino Lastarria como el primer intento de novela de ficción. Es una sátira al autoritarismo y a los gobiernos conservadores de la época, los pelucones, en el submundo fantástico de Espelunco.

La obra que en que hay consenso como la primera novela de Chile es Martín Rivas (1862), escrita por Alberto Blest Gana. Se le llama el padre de la novela chilena.

¿Y las mujeres? ¿Y Úrsula Suárez?

Hernán Díaz Arrieta que firmaba sus críticas como Alone, escribe en la Historia Personal de la literatura chilena que:

“La literatura femenina empieza a existir seriamente en Chile, con iguales derechos que la masculina, el año 1923, cuando aparece Montaña Adentro de Marta Brunet”. Una novela sobre un triángulo donde uno de ellos muere, narrada en el estilo del criollismo.

Sin embargo…

Creo que Úrsula es un antecedente de las grandes escritoras chilenas.

Más aún…

El imaginario cultural subterráneo de Úrsula Suárez nos acerca a La amortajada de María Luisa Bombal,

Cuando yo leo a sor Úrsula no puedo dejar de pensar en la trascendente novela de María Luisa Bombal “La Amortajada” en 1938, donde desde el ataúd, la muerta Ana María despliega memoria, deseo, erotismo, vida y muerte.

Y por las historias infantiles y pícaras que cuenta Úrsula me recuerda a Papelucho de 1947 de Marcela Paz.

También la obra de Úrsula bien podría llamarse El Convento de los Espíritus. Hay un aire de La Casa de los espíritus, el éxito de la escritora chilena más famosa en el mundo, Isabel Allende.

A ver si nos atrevemos a decirlo todo. El crítico de El Mercurio, Ignacio Valente, dijo hace casi 40 años, que el problema de la novela “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende era “su dependencia con respecto de Gabriel García Márquez”. Y Gonzalo Contreras —cacique de la banda de la Nueva Narrativa— repitió que Isabel Allende era una resonancia del gran colombiano.

Ahora sabemos que los ruidos subterráneos de “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende,  —la escritora chilena más famosa en el mundo—, están en una obra sobre un convento lleno de espíritus que hablan, creado por la primera escritora chilena, Sor Úrsula Suárez, donde hay claros signos de realismo mágico.

Así el valor simbólico chileno se demoró en convertirse en capital cultural. Hacía falta una Cadena de Valor Literaria o economía simbólica de mediadores que lo hicieran visible.

Los argentinos Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo construyeron en 1940, mediante la Antología de la literatura fantástica, una operación de canonización y genealogía de lo fantástico hispanoamericano. Así inventaron una Cadena de Valor Literario Argentino y la proyectaron al mundo. 

Lo hicieron después de que María Luisa Bombal hubiera publicado La última niebla (1934) y La amortajada (1938), y muchísimo después de Úrsula Suárez y de sus relatos de sueños, visiones sobrenaturales.

Pero eso no importó.

Así se construye también la dialéctica de las menciones y los silencios.

Un eventual ajuste de paradigma no reemplaza a Borges, Rulfo o García Márquez por Úrsula Suárez y María Luisa Bombal.

Consiste en dejar constancia que la historia del fantástico latinoamericano no tiene una única genealogía.

El gran Octavio Paz tuvo la delicadeza de publicar “Sor Juan Inés de la Cruz o Las trampas de la fe” en 1982. Setecientas páginas para defender la “Cadena de Valor Literario” de México y reconfigurar el lugar de la monja mexicana. Convirtió a Sor Juana, —contemporánea de Sor Úrsula —, en un asunto de escala mundial. Una interpretación global de la sociedad novohispana, la religión, el poder, el conocimiento, la condición femenina, la poesía y la modernidad. El efecto internacional fue enorme. Paz fue un gran “curador de imaginarios” de México.

Mientras tanto…

Mientras tanto, nosotros, los chilenos, —insulares y provincianos—, atrofiados en el invunchismo, encerrados en un nacionalismo literario mezquino, hecho de envidia, silencios y pequeñas querellas, nos quedamos al margen.

¿Por qué Chile se demoró tanto?

A ver si explico así mi tesis:

En los años 80 en mi exilio, estudié historia económica en la Universidad de Lund en Suecia. Allí aprendí algo que me cambió la percepción de las cosas. Como un prodigio se me apareció la Escuela de los Annales. La escuela historiográfica francesa que propugnaba los estudios de larga duración, la longue durée, una forma interdisciplinaria y de historia total. Bajo la historia basada en políticos y militares existen estructuras que permanecen por largo tiempo, es la historia social, de las mentalidades, de las identidades, de las mujeres, etc.

Una visión nueva y fresca de la historia.

El historiador chileno Mario Góngora en Francia conoció a los actores de la Escuela de los Annales,  Fernard Braudel. Aplicó esto a sus estudios en el Chile colonial.. La propia revista de la escuela francesa (Annales. Économies, Sociétés, Civilisations) le publicó en 1966  sus estudios sobre el vagabundaje rural en Chile.

En aquellos años, de los años 80, Gabriel Salazar había salido de la cárcel. Estudiaba Historia Económica en la Universidad de Hull en Inglaterra. Yo tenía un amigo que había conocido de Salazar en el campo de concentración y se habían hecho amigos. Salazar mientras estudiaba su doctorado, le enviaba fotocopias de sus papers a mi amigo en Suecia. Así leíamos a Gabriel Salazar y sus originales estudios inspirados también en la Escuela de Los Annales.

La historia "desde abajo y desde dentro": Al igual que la Escuela de los Annales y la historia social británica, Salazar desplaza el foco de los grandes héroes, las élites y el Estado hacia los sectores populares, los marginados y la vida cotidiana. El primer libro del historiador chileno Gabriel Salazar es Labradores, peones y proletarios, publicado en 1985.  La hacienda configuró una pirámide social: el patrón, los mayordomos, los inquilinos, peones o gañanes.

Esta forma de organización económica habría durado hasta la década de 1960, cuando entra en crisis con la promulgación de la ley de la reforma agraria.

El sistema estructural entró en aprietos.

He escuchado decir al historiador Jocelyn Holt que una de las causas del golpe militar de 1973, habría sido la crisis de la oligarquía chilena, a raíz de la reforma agraria.

Y aquí hay otra relación muy determinante.

El premio nacional de historia 2026, Ana María Stuven, en su reconocida obra La seducción de un Orden del año 2000, también inspirada en los estudios de larga duración, escribió sobre las elites chilenas:

“La visión católica del mundo, el republicanismo y la valoración del orden definen el marco en el que era culturalmente legítimo polemizar”

Es, de hecho, uno de los conceptos centrales de su interpretación de la cultura política chilena. Desde la formación de la República, las élites chilenas podían enfrentarse y polemizar sobre política, educación, prensa, Iglesia, liberalismo, etc., pero esas polémicas se desarrollaban dentro de un consenso cultural más profundo. Es decir, podían discutir dentro del perímetro, pero determinadas premisas fundamentales del orden social no eran puestas en cuestión.

El imaginario católico no es simplemente una religión, sino una estructura cultural desde la cual se organiza la experiencia, la moral, el cuerpo, el matrimonio, la mujer, el pecado, el demonio, la enfermedad, los sueños y la propia escritura.

Entonces las visiones de sor Úrsula, sus demonios, sus conversaciones con Dios, su rechazo del matrimonio, sus penitencias, sus conflictos con los confesores y su extraordinaria imaginación no ingresaban en un régimen de imaginación católico históricamente muy  duradero.

Ese  “Imaginario cultural subterráneo” de Úrsula no cabía en Chile.

Les pongo otro ejemplo, para terminar:

Hace más 50 años yo estudiaba Ciencias políticas en la Universidad de Chile. En ese momento, si yo me recuerdo bien, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones. Un día con mis alegres amigas y amigas fuimos a una gran institución cultural, manifestación vocacional de una época: la Peña de los Parra en la calle Carmen. Cantaron esa noche los hermanos Parra, Ángel e Isabel, Patricio Manns, Tito Fernández.

En la alegría de la noche, Víctor Jara cantó La Beata, una canción picaresca sobre una monja enamorada de su cura confesor. La grabación de esa canción en el primer LP de Víctor Jara en 1966 provocó cartas de protesta en El Mercurio y el diario La Segunda:

Mal augurio.

Como cuando se derrama la sal sobre la mesa.

“Una inmundicia. Deben suprimirla. Porque no es posible tolerar cochinadas.”

“atenta contra las buenas costumbres y aún más, entorpece la mente de la Juventud esa canción que el cantante Víctor Jara canta en distintas radios de Santiago. Ello ofende la religión, sacando a bailar frailes, suegras y beatas.” (La Segunda, 30-sept-1966)

Y vino el temporal y la llovizna, la censura moral de la canción en radios chilenas.

La influencia de esa visión católica del mundo estaba viva y persecutoria.

Víctor Jara se defendió diciendo que esa canción no era suya, que esa era una vieja, una antigua canción campesina que había sido recopilada en Talca o el Maule por unas mujeres, al estilo de lo que hacía Violeta Parra.

No hubo caso.

¿Quién podría hacerles entrar en razón?

No tener miedo

El realismo visionario conventual de Úrsula Suárez nació de su valentía, de su arrojo. Su imaginación narrativa o realismo visionario integró la experiencia cotidiana, el sueño, el milagro, lo demoníaco y lo fantástico en su misma realidad.

No tuvo miedo.

¿Por qué Úrsula es una escritura del futuro?

En los años 80 del siglo pasado caían los grandes relatos, como lo dijo Gianni Vattimo, el filósofo del pensamiento débil. Los grandes sueños se habían convertido en visiones de parroquias escolásticas. Salir de la parroquia para tomar aire fresco, renovó la literatura con la ironía, el pastiche, el simulacro y el humor.

Pero desde hace algunos años las cosas han cambiado y se han vuelto peores en el mundo. La ironía exagerada, la parodia, el simulacro y el pastiche ya no sirven como escudos. Escondemos demasiado las pasiones y el deseo bajo las capas de un discurso falsamente civilizado. Ironizamos mucho. 

Y los chilenos, además, minimizamos. 

Somos expertos en achicarnos. 

Pensamos solo en lo que ya sabemos.

Sin deseos y sin eros. Es decir, sin imaginación. Como una sombra. 

Por eso Úrsula Suárez es un estímulo a las nuevas generaciones. A la fe literaria, a la posibilidad de existir literariamente, de crear confianza, continuidad y futuro literario.

La literatura tiene que conectar con las ideas de tu época, de tus sinceras ideas que hablan de tus problemas y visiones. Necesitamos una tendencia estética y narrativa que supere el cinismo, la ironía extrema y el escepticismo para apostar de nuevo por la autenticidad, la empatía y la conexión emocional directa con el lector.

No tener miedo.

Necesitamos nuevas voces jóvenes, una poética de la intrepidez:

No tener miedo de la propia imaginación.

No tener miedo de la experiencia.

No tener miedo de romper los límites del género.

No tener miedo de escribir desde un lugar todavía sin nombre.

Necesitamos nuevas Úrsulas.

La chilena Úrsula Suárez fue una mujer intrépida que escribió cuando todavía no sabía que podía existir una escritora como ella.

Nunca tuvo miedo.

Actriz Francisca Troncoso como sor Úrsula














domingo, octubre 11, 2026

¿No quieres quedarte con nosotras para siempre? Te llevaremos a todas partes. Siempre te mantendremos en tus dieciséis años.. La Endemoniada de Santiago. Braulio Arenas

 


¿No quieres quedarte con nosotras para siempre? Te llevaremos a todas partes. Siempre te mantendremos en tus dieciséis años...Vivirás con nosotras una existencia de eterna felicidad.

La Endemoniada de Santiago. Braulio Arenas, 1969.
Editorial La Noria
Novela fantástico-gótica de corte surrealista. 
La locura, el deseo y la posesión demoníaca.

Braulio Arenas le dedicó su novela a Carmen Marín.
"Para Carmen Marín, le endemoniada en ese Santiago de 1857. Su devoto admirador"

jueves, octubre 08, 2026

Me parece que la pobre ciudad ha estado atribulada demasiado tiempo. Anne Carson, poeta de la posmodernidad melancólica. Contenido borroso de fragmentos delicados, vagos e imprecisos




Me parece que la pobre ciudad ha estado

atribulada demasiado tiempo.
Luz sobre muros de ladrillo y un viento del norte
azotando las ramas hasta ennegrecerlas.
La sombra arranca las entrañas de la luz
y las seca contra su palma.
Cómete la sopa, mamá, estés donde estés en tu mente.
El mediodía invernal está ascendiendo. Soles débiles, aún vivos,
son virtud frente a los soles de aquel otro día.
Porque la pobre ciudad sueña
con la rendición, mamá,
nunca falta de ternura,
mamá brava
y alegre.

Mi versión

Methinks the poor town has been

troubled too long

Light on brick walls and a north wind whipping the branches black.

Shadow draws the gut of the light out dry against its palm.

Eat your soup, mother, wherever you are in your mind.

Winter noon is on the rise. Weak suns yet alive

are as virtue to suns of that other day.

For the poor town dreams

of surrender, mother

never untender,

mother gallant

and gay.


viernes, octubre 02, 2026

Úrsula Suárez, María Luisa Bombal, Isabel Allende. Literatura Fantástica y Realismo Mágico. Revista Off The Record, octubre 2026

 

Archivo Nacional. Foto: Pedro Jara

El leve sol entra por las ventanas de la sala Ricardo Donoso del Archivo Nacional. El amable archivero Pedro González me entrega el archivo de Sor Úrsula Suárez, "Relación de las singulares misericordias".  Al abrirlo siento que un viento de historia me despeina.

 La chilena Úrsula Suárez —desde 1700—narra en su obra “Relación de las singulares misericordias” lo sobrenatural, lo onírico y lo cotidiano entre realidad y fantasía. La religiosa construye un personaje ambiguo, en una frontera borrosa entre realidad e irrealidad. Un mundo femenino de sueños, erotismo y deseo. Sí, el deseo resbaladizo y osado de experiencias místicas. Los hombres que la visitan en el convento creen que están seduciendo a una linda monja. Eso creen. Hay algo fascinante: el erotismo de Úrsula no está separado de lo fantástico y de presencias sobrenaturales. Para decirlo con claridad: Sor Úrsula es una de las grandes narradoras de la tradición fantástica chilena y latinoamericana.

Úrsula Suárez tiene una conexión con la Bombal, el silencio del pasado.

La trascendente novelista María Luisa Bombal publicó “La Última Niebla” en 1934 y “La Amortajada” en 1938, donde desde el ataúd, la muerta Ana María despliega memoria, deseo, erotismo, vida y muerte.

Juan Rulfo y García Márquez reconocieron inspiración en María Luisa Bombal.

El imaginario cultural subterráneo de Úrsula Suárez nos acerca a María Luisa Bombal, La amortajada.

¿No son acaso la Bombal y Úrsula Suárez parte de una genealogía femenina distintiva de la literatura fantástica latinoamericana?

Dolosamente, los chilenos hemos visto la historia colonial como si estuviese al otro lado, en una vertiente ajena. Quizá por eso, Chile olvidó su Cadena de Valor Literario, olvidó su obra primaria, un embrión que tuvo lento conocimiento y distribución.

¿Cómo llegó el archivo aquí al Archivo Nacional?

Lo conservaron las monjas del convento, las Clarisas de la Victoria de la Plaza de Armas de Santiago. El sacerdote Juan Ignacio Eyzaguirre lo copió en 1850. Al morir, su familia dejó una copia en el Archivo Nacional. Años más tarde, el investigador Pedro Pablo Figueroa consignó en su Diccionario biográfico de 1901 que Úrsula Suárez era la “primera escritora chilena”.

Así empezó una lenta operación de canonización retrospectiva.

En 1974 el escritor Braulio Arenas escribió su artículo “Úrsula Suarez, la primera escritora chilena”. Al fin, la Universidad de Concepción publicó el manuscrito en 1984. Entonces se sucedieron excelentes estudios académicos, como por ejemplo de Adriana Valdés o Rodrigo Cánovas.

La obra de Úrsula me seduce porque son extraordinarias especulaciones y aventuras literarias, no por ser un documento de un archivo.  Úrsula Suárez modifica, al menos en una parte, la genealogía o los eslabones de la narrativa fantástica y del realismo mágico latinoamericano. Es mi hipótesis.

Ese valor simbólico se demoró en convertirse en capital cultural. Hacía falta una Cadena de Valor Literaria o economía simbólica  de mediadores que lo hicieran visible.

Los argentinos Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo construyeron en 1940, mediante la Antología de la literatura fantástica, una operación de canonización y genealogía de lo fantástico hispanoamericano. Así inventaron una Cadena de Valor Literario y la proyectaron al mundo. 

Lo hicieron después de que María Luisa Bombal hubiera publicado La última niebla (1934) y La amortajada (1938), y muchísimo después de Úrsula Suárez y de sus relatos de sueños, visiones sobrenaturales. Pero eso no importó.

Así se construye también la dialéctica de las menciones y los silencios.

Un eventual ajuste de paradigma no reemplaza a Borges, Rulfo o García Márquez por Úrsula Suárez y María Luisa Bombal. Consiste en dejar constancia que la historia del fantástico latinoamericano no tiene una única genealogía.

Aunque también hay que afilar una hachita en Chile. A ver si nos atrevemos a decirlo todo. El crítico de El Mercurio, Ignacio Valente, dijo hace casi 40 años, que el problema de la novela “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende era “su dependencia con respecto de Gabriel García Márquez”. Y Gonzalo Contreras —cacique de la banda de la Nueva Narrativa— repitió que Isabel Allende era una resonancia del gran colombiano.

Tal vez se trató del viejo chilenismo: “Quítate tú, para ponerme yo”.

Ahora sabemos que los ruidos subterráneos de “La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende,  —la escritora chilena más famosa en el mundo—, están en una obra sobre un convento lleno de espíritus que hablan, creado por otra chilena, Sor Úrsula Suárez, donde hay claros signos de realismo mágico.

El gran Octavio Paz tuvo la delicadeza de publicar “Sor Juan Inés de la Cruz o Las trampas de la fe” en 1982. Setecientas páginas para defender la “Cadena de Valor Literario” de México y reconfigurar el lugar de la monja mexicana. Convirtió a Sor Juana, —contemporánea de Sor Úrsula —, en un asunto de escala mundial. Una interpretación global de la sociedad novohispana, la religión, el poder, el conocimiento, la condición femenina, la poesía y la modernidad. El efecto internacional fue enorme. Paz fue un gran “curador de imaginarios” de México.

Mientras tanto, nosotros, los chilenos, atrofiados en el invunchismo, encerrados en un nacionalismo literario mezquino, hecho de envidia, silencios y pequeñas querellas, nos fuimos quedando al margen. Autodestructivos como esos tarados que les hacen tajos a los asientos del transporte público, terminamos haciéndonos los reverendos huevones.

Cierro el archivo de Úrsula Suárez y salgo del Archivo Nacional  al sol tibio de la calle Miraflores. Pienso que el silencio también puede interpretarse. Tal vez, Sor Úrsula es un vestigio persistente de aquello que se negó al silencio.

 

miércoles, septiembre 30, 2026

La monjita mata una culebra con la boca. De los extraordinarios cuentos de la chilena Sor Úrsula Suárez




DE "RELACIÓN DE LAS SINGULARES MISERICORDIA" DE ÚRSULA SUÁREZ


Soñé que, entrando al coro, fui al confesionario y vi dentro una culebra enorme, muy enroscada.

Quise matarla, pero no encontré en el coro ni piedra ni palo, de modo que tuve que valerme de los dientes, porque tenía más fuerza en ellos que en los brazos. La mordí y sentí sonar sus huesos.

En ese momento entró una seglar al coro. Yo la reprendí y la eché fuera.

La culebra se desenroscó.

Yo dije:

—Éstas se rasgan por la boca.

La agarré y la rasgué por la mitad, dividiéndola en dos pedazos. Y, para que nadie la viera, la metí en una rendija que había entre la pared y la reja.

Sentí la boca ensangrentada, sin saber si me había lastimado o si era sangre de la culebra.

Mientras me limpiaba la sangre, sentí que se abría la puerta de la sacristía.

Miré y vi entrar a un obispo. Se me figuró el señor Puebla, aunque ya estaba muerto; esto sucedió en tiempo del obispo Romero. También se parecía a nuestro obispo en lo blanco del rostro, en su buena apariencia y en la forma de los ojos.

En fin, fue hasta el confesionario donde yo estaba y, con mucho cariño, me dijo:

—Mató la culebra, se lastimó la boca y le sale sangre.

Yo, por no mentir, le dije:

—Sí, señor.

Y me tapaba la boca y me escondía detrás del velo del confesionario. Su señoría lo levantaba por un lado.

Yo estaba asombrada de cómo había podido saber aquello el obispo, porque yo no se lo había contado a nadie, ni había salido de allí a decirlo. Y él me refería todo lo sucedido.

Me daba vergüenza que supiera aquella porquería de haber mordido la culebra.

Cuando le conté esto al padre Viñas, me dijo:

—Y no tiene huesos.

Yo le dije:

—Si yo se los oí sonar.

—No tiene huesos —volvió a replicar el obispo.

Yo callé y no discutí más.

No cabe aquí otra cosa.

DE "RELACIÓN DE LAS SINGULARES MISERICORDIA" DE ÚRSULA SUÁREZ


 









lunes, septiembre 28, 2026

Athenea Llana, exploración de la percepción y la representación de la invisible

 


El estilo artístico de Athenea Llana destaca por la exploración de la percepción, la representación de lo invisible y la investigación profunda de aquello que pinta o dibuja.

Características del estilo y obra

  • Exploración conceptual: Su trabajo aborda temas como la memoria, la identidad y la naturaleza efímera de las emociones, buscando que el espectador cuestione su propia realidad.
  • Método de trabajo: Como una persona muy curiosa, investiga a fondo los temas antes de plasmarlos en el lienzo, bajo la convicción de que es necesario comprender lo que se vive para poder representarlo desde otra perspectiva.
  • Formación académica: Se formó en el Instituto de Estudios Secundarios de la Universidad de Chile (ISUCH) y posteriormente en la carrera de Artes Visuales en la Universidad de Chile.

 

Athenea Llana: entre lo fantástico y la contingencia

Yo describiría su lenguaje como una figuración fantástica de sensibilidad surrealista, atravesada por una preocupación social. Hay en ella una tensión interesante entre el mundo exterior —la guerra, los conflictos, la política, las injusticias— y el mundo interior de las emociones, los sueños y la imaginación.

Ella misma explica que no quiere limitarse a una técnica o temática única: trabaja con óleo sobre tela, dibujo, orfebrería y fotografía digital, y busca distintas formas de representar situaciones y sentimientos.

Hay, por lo menos, cinco rasgos que me parecen importantes:

1. Surrealismo subjetivo.
No se trata necesariamente de un surrealismo histórico, como el de Breton, Dalí o Max Ernst. Es más bien una utilización contemporánea de lo surreal para hacer visible aquello que no puede representarse directamente: emociones, estados interiores, fantasías, temores. Ella dice algo muy significativo: sus autorretratos no buscan representar a la persona física, sino aquello que cree sentir.

Eso permite hablar de una especie de autorretrato psicológico o imaginario.

2. La realidad transformada por la imaginación.
En su obra la realidad no desaparece, pero tampoco permanece intacta. Se transforma mediante colores, asociaciones, figuras y situaciones fantásticas. Es decir, no parece interesarle solamente representar el mundo, sino reimaginarlo.

Aquí encuentro una característica especialmente interesante: su imaginación funciona como una forma de conocimiento.

Ella misma señala que necesita investigar aquello que pinta porque considera que comprender una realidad es necesario para poder representarla y verla desde otras perspectivas.

3. Una estética de colores artificiales.
Este aspecto puede ser muy importante para caracterizarla. Llana habla explícitamente de su fascinación por los colores artificiales, particularmente por los colores luminosos que encuentra en la ciudad durante la noche: luces de publicidad, semáforos, pantallas, blancos eléctricos, verdes fosforescentes.

Por eso se podría hablar de una paleta urbana y eléctrica.

No es simplemente "colorido": el color parece funcionar como una experiencia sensorial de la contemporaneidad.

4. Lo social aparece filtrado por la sensibilidad individual.
Esto me parece particularmente interesante. Sus collages de la pandemia ya abordaban explícitamente las injusticias sociales. Pero en su producción posterior ella parece alejarse de una representación puramente documental o de denuncia.

La problemática social pasa por su imaginación.

Por eso no diría simplemente que es una "artista social". Es más preciso hablar de una artista de sensibilidad social que transforma la contingencia en imaginario.

5. Una estética en formación y deliberadamente abierta.
Hay algo importante en su juventud: Llana comenzó muy temprano sus estudios artísticos y, según la entrevista de Off The Record, a los 21 años ya trabajaba en varios medios y rechazaba encasillarse en una sola forma de expresión.

Por eso yo evitaría todavía ponerle una etiqueta demasiado cerrada como "surrealista" o "expresionista". Es más interesante observar la dirección de su búsqueda.

Si tuvieras que escribir una presentación sobre ella, propondría algo así:

Athenea Llana desarrolla una estética de figuración fantástica en la que confluyen imaginación, sensibilidad subjetiva y conciencia de la contingencia contemporánea. Su obra transita entre lo real y lo imaginario, utilizando el surrealismo como recurso para exteriorizar emociones, estados interiores y mundos posibles. El color —especialmente los tonos artificiales y luminosos asociados a la experiencia urbana nocturna— adquiere una función expresiva propia. Al mismo tiempo, las guerras, los conflictos sociales y las tensiones políticas ingresan en su obra no como simple registro documental, sino transformados por una mirada personal, sensible e imaginativa. Su lenguaje visual se encuentra así en una zona intermedia entre el autorretrato psicológico, la fantasía y la observación crítica de la realidad.

Y hay una expresión que creo que encaja muy bien con lo que hemos venido conversando sobre literatura e imaginarios: "desplazamiento de la realidad hacia el imaginario".

En Llana, un acontecimiento exterior —la pandemia, la violencia, una experiencia urbana, un conflicto social— puede desplazarse hacia una imagen fantástica; y, al mismo tiempo, una emoción íntima puede adquirir una forma visual concreta.

Eso permite pensar su trabajo como una poética de la transformación: la realidad entra en la obra, pero sale convertida en imaginario.

Además, hay un dato particularmente interesante: Athenea Llana ilustró un texto sobre Úrsula Suárez. Ahí podría establecerse un diálogo muy fértil: una escritora del siglo XVII que convierte sueños, visiones, deseos y experiencias interiores en escritura, y una artista contemporánea que convierte sensibilidad, emociones y realidad social en imágenes fantásticas. Ese paralelo da para una reflexión bastante más profunda que una simple presentación de la ilustradora.

viernes, septiembre 25, 2026

El "candor infantil" en la obra "oscura e indigesta" de Úrsula Suárez. La desconsiderada crítica del eclesiástico José Ignacio Eyzaguirre

 

Ilustración: Athenea Llana

José Ignacio Eyzaguirre

Historia Eclesiástica, Política y Literaria de Chile hasta 1810  publicada en 1850.

Sor Úrsula Suárez, monja del convento de Santa Clara de la Victoria, escribió su vida por mandato de su confesor en una obra que lleva por epígrafe ; «Relación de las singulares misericordias que ha usado el Señor con una religiosa , indigna esposa suya ». La  expresión de este escrito es sencilla y el lenguaje sin pretensiones. Narra con un candor que tiene algo de infantil los diferentes sucesos que forman el hilo de su vida hasta la época en que la conclusión de escribir. Hallamos en ella simplicidad, pureza, en algunas partes sentimientos; y generalmente cierto desgreño en el decir, que hacen fastidiosa y pesada su narración. A veces se eleva con entusiasmo religioso en la explicación de sus oraciones a Dios, cuando su espíritu volando por el espacio, iba á prosternarse delante de su interioridad, reconociendo la nada de su ser, y otras al lado de un pasaje sublime por su divina sencillez se ve descrito con mínima escrupulosidad, ya un sueño, ya una conversación impertinente. Lo que resulta en toda la obra es cierto carácter visionario, atribuyéndolo todo a una voz estertor que era su antorcha luminosa, su columna de fuego como la de los israelitas, que siempre la conducía por el mar proceloso de la vida. Casi no se encontrará un pasaje de ella que no contribuya ya a probar nuestro aserto. Pero esta habla, como llama ella a esta voz, en nuestro sentir, no era otra cosa que su conciencia, su reflexión, y varias veces un fantasma, hijo de una imaginación extraviada por la dureza del ascetismo. Y no puede ser de otro modo. Al efecto referiremos un punto que ha servido de precedente á nuestro juicio. Estaba una noche haciendo oración en su aposento, cuando de repente se ofreció a su imaginación un espectáculo grandioso. Le pareció hallarse en una región donde la naturaleza ostentaba los ricos dones que en primavera se preparan para regalarnos mas tarde; Mientras en Santiago, el invierno hacia sentir sus crueles rigores. Campos dilatados, cubiertos de una alfombra de verduras; bosques espesísimos, hacia cuyas ocultas sendas, sembradas de una lujosa profusión de frutos, entreveía desfilar porción de hombres de figura agradable, de rostros blancos con cabellos empolvados. A todas estas cosas asistía con una especie de estupor. Contando esto a su confesor, le dijo esto inquiriera sobre la parte del mundo donde estaba situado este hermoso paisaje: contestole al cabo de algún tiempo que ¡la China era este lugar de hombres hermosos! Otros desacuerdos semejantes podríamos citar, como creer la Arabia en África, una vez que se le antojó estar predicando a los negros; parecerle ver al diablo en un espejo de noche, a la luz de una bujía. La descripción que hace de él, no podemos resistir al deseo de copiarla, para que se venga en conocimiento de la naturaleza del escrito que analizamos; porque ella es el tipo a que puede amoldarse todo. Dice así : «vi dentro del espejo un negro, en el traje me pareció serlo, no porque le viese cara, ni cosa por donde conocerlo porque estaba todo cubierto ; pero creí ser negro por estar tan trapiento, con toda la capa por el suelo rasgada, era de color mas negro que pardo y le arrastraba que hasta el suelo llegaba. No se le veían las patas: tenia la cabeza baja y la cara con la falda del sombrero tapada que era al modo de callampa y la copa mui baja: yo todo lo miraba deseosa de descubrirle la cara... volvió la cara de presto a mirar en la sala lo que veía en el espejo y ni había columpio porque el negro se estaba meciendo en un columpio] ni negro ni otra persona en toda la sala... al espejo volvió á mirar y hallé al negro ya descubierto y tan sumamente feo , que causaba horror verlo: tenía la cara sumamente ancha y chata, la frente descalabrada, la nariz sentada , los ojos saltados y el blanco de ellos naranjado ; por los lagrimales le salía fuego y parecía más voraz que este que vemos... me trató de espantar mas, echándome el aliento... y esto me causó espanto, porque la boca no le había bien mirado por tener los labios cerrados , y era de oreja á oreja y los dientes como sierra muy chiquitos y divididos, y en tan gran boca, tenia muchísimos y por todos ellos despidieron fuego, que las chipas dieron al espejo; la lengua toda era fuego.» 

Como se ve por este trozo, que respira ese aire impregnado de preocupaciones y fantasmas que rodean á nuestra atmósfera en la infancia, la escritora poco se cuida de la corrección de las voces y de la limpieza en la dicción y estilo, abundando su obra en defectos de toda clase que la hacen oscura e indigesta. Pero debemos ser indulgentes a este respecto, porque era mujer y de una época en que a estas se les negaba la instrucción científica, limitándola á un círculo estrecho, a lo estrictamente necesario para hacerse comprender y á veces á menos.

El escollo en que fracasa todo hombre que escribió sobre su vida, principalmente si ha estado en roce con los negocios públicos, es una especie de desdén afectado por los juicios que acerca de su conducta se formaron. Él, sin cuidarse de lo que han dicho, desentraña los motivos de sus acciones, queriendo encontrar siempre en ellos una disculpa á su procedimiento. 

De pretextos frívolos las mas veces se fabrica un baluarte, desde donde desafía los tiros de la opinión, descargándole desde sus muros, al parecer impenetrables, bruscos ataques, con los cuales trata de barrer todo lo que Intentara ponerle algún estorbo. Jamás un perdón, nada de deferencia. ¿Qué grande es el contraste que tal conducta presenta con la del hombre de los claustros, cuando llega á tomar la pluma para hacer una posición semejante! La timidez preside sus actos, se carga a sí mismo de inadecuados, si ha ejecutado algo que pudiera acarrear algún disgusto a otro; Siempre encuentra en sí criminalidad; humilde hasta lo sumo, necesario es forzarla a que estampe su vida en algunas líneas, y aun entonces suplica que no se la de publicidad, porque teme salgan al mundo las virtudes que adornan su alma, pareciéndole sufrir ya por este motivo el peso de burlas sin fin, pues nunca se cree ni perfecto, ni al principio de la escala de la virtud. Esto cuadra perfectamente al escrito de sor Úrsula, porque en él se pone de aliviar lo que acaba más de decir.

 Vamos a hacer un cuadro reducido de su vida, tal cual aparece de sus propias palabras.

— Nació el año de 1668, siendo sus padres D. Martín Suárez y​ Da María de Escobar. De una tez delicada y enfermiza, su salud les causó serios temores, pues mas de una vez la vieron á los bordes del sepulcro. La naturaleza, por fin , triunfó de tantos machos; pero estos no abandonaron su presa sin desquite, dejándole por herencia la extenuación y debilidad que impidieron se desarrollase al principio su cuerpo con lozanía y vigor. Su infancia trascurrió sin ningún suceso digno de llamar la  atención á no ser el desarrollo arrepentido de sus puntos físicos y morales que prometieron a sus padres una era de felicidad y orgullo por el porvenir. La mayor parte de ella la pasó en casa de sus abuelos paternos, siendo mirada por estos con amor en razón de su agudeza y afabilidad. El cariño que le profesaban estos buenos ancianos los impulsaba a condescendencias con ella, no muy bien vistas por la madre de Úrsula; lo cual daba motivo a una serie de reprensiones de parte de esta , y a mayor aumento de cariño en sus abuelos, creyendo con esto la pobre niña no ser muy querida de su madre. Pero la experiencia le dio después palmarias lecciones de lo contrario. La muerte arrebató á estos ancianos cuando Úrsula contaba apenas seis años poco más ó menos, cuyo suceso, al parecer insignificante, contribuyó quizás más que otro alguno a la fijación de la suerte futura de la niña. Con este motivo fue separado de su madre, a quien no podía ver sin temblar , y colocada en otra casa por mucho tiempo: no viéndola aquella sino muy rara vez, comenzó a debilitarse en su corazón el cariño que naturalmente profesamos a los autores de nuestros días. En este tiempo se manifestó en el carácter de Úrsula un fondo de vivacidad que no se desmintió jamás, ni aun en el claustro. Muchas fueron víctimas mas de sus travesuras picarescas; por lo cual jamás se creía que llegase a ser lo que fue. Pero también era de una imaginación impresionable , siempre llena de visiones que influyen sobre su físico ocasionándole enfermedades. A medida que iba creciendo, se despertaba en ella el amor al lujo, el deseo de parecer bien, lo que no desagradaba a su madre, pues la destinaba ya en su mente a perpetuar su generación. Pero la maño invisible de la Providencia amontonara gran número de obstáculos que impedían la realización de estos deseos. Una invencible repugnancia al matrimonio, al mismo tiempo que un fervor ardiente de servir Dios, pre; iban ya la lucha que debía empeñarse entre la niña dócil y tímida y la imperiosa madre. Esta no por donaba medios de aumentar en ella esa inclinación al fausto que tan temprano se había pronunciado en su carácter. Pero ciertas palabras imprudentes pusieron en guardia a la niña suspicaz acerca de los designios de su madre. Ya desde ; entonces accediendo a un impulso secreto que la dominaba, empezó á hacer indicaciones a Doña María para que la entrase al monasterio de las Claras. Pero esta, lejos de oír sus súplicas , se ponía furiosa cada vez que de monjas se le hablaba, no cejan lo un punto en sus proyectos de casamiento. Esto desconsolaba á Úrsula , aconsejándole su desesperación hasta medios vedados, impropios de una niña educada en los rígidos principios de la virtud. Fundóse hacia esta época el monasterio de la Victoria, siendo patrono de él un tío del padre de Úrsula. Esta caballero fue su ángel protector y el que a fuerza de empeños logró vencer la tenacidad de la madre, la cual consintió por fin en que la niña entrase al monasterio de la Victoria de donde después tuvo deseos de irse. Hizo su entrada en él a los once años de edad, en medio de las lágrimas de su madre y los sentidos lamentos de los domésticos que la lloraban como si perdiesen lo que mas amaban. No sufriría menos el corazón de la niña: y en la mitad del caminó casi le faltaron las fuerzas para llevar a cabo su resolución. Pero su voluntad acalló su dolor, y marchó serena a encerrarse para siempre en un recinto vedado a los que no tengan vocación. La mutación de vida que experimentó con ese motivo no dejó de chocarle; pues no disfrutaba ya las mismas comodidades que en su casa pero a todo se resignó. Diósele el hábito de novicia el once de abril de 1678, abriéndose para ella una nueva era, en la cual sufrió una serie no interrumpida de trabajos y disgustos ocasionados, ya por el noviciado, ya también por inconsideración de las maestras, a quienes poco importaba la delicada constitución de Úrsula para cargarla de rigores inusitados. La desesperación vino más de una a teñirle de hermosos colores el horizonte de su vida pasada, haciéndola en cierto modo arrepentirse de resolución. No le faltaban alicientes para ello: su madre mas de una vez la invitación para que abandone el retiro, pasando al cabo de la invitación a la efectividad; porque noticiada de sus penas, su amor no pudo sufrir mas tiempo esta injusticia y la quiso arrancar del claustro por la fuerza. Pero luego la calma hacia renacer la conformidad dentro de su agitado señor; y el recuerdo de sus comodidades era desechado por ella con presteza. Su vi la la ocupó casi toda, enseñando latín a sus compañeras, las cuales mas de una vez le faltaron al respeto, porque su exigua persona poco les imponía. Ella asegura que en este tiempo le anunció una voz la muerte de tres personas que en verdad se realizaron. Prolongose su prueba por cinco años, al cabo de los cuales profesó el dos de enero de 1683. Apenas fue admitida solemnemente 

entre las monjas, cuando se le confirmaron algunos empleos, como el de provisora ​​y otros que colaboradores con celo y cumplidamente. Luego la ascendieron a definidora, oficio el más noble después de vicaria y abadesa, con lo cual llegó á componer parte del consejo de esta última, cuyo honor le provocó algunos sinsabores porque quiso desempañarlo con lealtad. Finalmente, cuando el conocimiento  de sus aptitudes y de la bondad de su carácter se hubo de difundir entre las monjas, quisieron elegirla por su cabeza y confiarle el gobierno de sus destinos, cuyo honor rehusó por mucho tiempo. Acéptalo por fin, vencida por las instancias y las súplicas de sus compañeras, las cuales no tuvieron jamás que arrepentirse de haber puesto sus miras en persona tan cumplida. Durante su período abadesal, hizo mejoras de consideración en el convento, segundada en sus esfuerzos por el obispo de aquella época. Este lapso de su vida, desde que entró al convento, hasta los cuarenta o cincuenta años después en que dio principio a la confección de ella por escrito, es un tejido de travesuras inocentes mezclado con apariciones divinas. Su entretención favorita, según dice, era engañar a los hombres, haciéndoles creer que no era monja, con el único objeto de reírse de ellos y participar á sus compañeras de los regalos que le enviaban. Daba lugar esta conducta a serias reprensiones de la habla, ó sea esa voz que cree continuamente oír resonar en sus oídos, echándole en cara su volubilidad, pues había ido á buscar a Dios al monasterio, y luego lo abandonó por objetos mundanos. Pero ¿Quién no ve en esto la voz de una conciencia tímida que nos echa en cara la falta en el cumplimiento de nuestros deberes? Solo un hecho pudiera alegarse en prueba de lo contrario; y es el haber visto al pasar por el coro una vez que se dirigía a la puerta a hablar con algunos hombres, un gran resplandor que la deslumbró despedido por el sagrario, el cual iluminaba la iglesia, a pesar de no haber un rayo de sol que diese en parte alguna del edificio; y una voz que le dijo entonces: ¡alma! ¿Dónde vas? Aterecida de espanto echó á correr para afuera, no deteniéndose hasta llegar á su celda. Pero esto bien pudo ser ilusión de la óptica;​ y por otra parte, Dios no hace milagros sin necesidad. Ningún peligro podría correr la virtud de Úrsula que a esto diese motivo, pues, como ella dice; lo hacia solo por engañar a los hombres. Y quién dotado de timidez habría osado continuaren estos actos con una amonestación semejante? Sin embargo, ella perseveró; prueba de que no fue otra cosa que pura ilusión; porque hartos testimonios de sumisión a esa habla da en el discurso de su vida. Siguió siendo durante toda esta, favorecida con especialísimas y raras visiones, solo de ella presenciadas, sin participar a otro que a su confesor de todo lo que le sucedía. Entre estos debe notarse al jesuita Viñas, que era su consultor, el cual siempre le manifestó compasión, no contradiciéndole jamás para refutarle la idea que formaba su tema favorito, á saber: que era la voz de Dios la que oía. Pero varias veces fue engañada por esta habla, lo que confiesa con ingenuidad candorosa; cuyo hecho solo bastaría para no dar crédito a los demás, por verosímiles que aparecieran. Sin obstante, nada tenemos que decir de su acrisolada virtud, de su obediencia suma, de su caridad para con el prójimo, siendo rígido observante de la regla, aun á pesar. de sus enfermedades. Viósela frecuentemente asistir al coro á rezar, no impidiéndoselo su quebrantada salud, pues padecía mucho del pecho y el pulmón. Era dada a la oración, y le sucedía llevarse en ella horas enteras en tiernos coloquios con su Criador, adquiriendo con esto mucha fuerza para sobrellevar las penas de la vida. Mientras oraba, parecía que el corazón se le salía del pecho, su cuerpo se encendía, la respiración se abría paso con dificultad a través de los órganos, su alma quería romper las cadenas en que a pesar suyo se encuentra retenida para unirse con su Criador. Mas de una vez fue víctima inocente de los tiros de la maledicencia; pero su resignación triunfó de sus enemigos. Fue por fin el modelo de virtud a que debían ajustarse en su conducta todas aquellas personas que aspiran a la perfección. Su muerte acaeció el cinco de octubre de mil setecientos cuarenta y nueve, habiéndola advertido ella misma el día antes a las demás religiosas que la veían sanamente al parecer. La obra original de sor Úrsula se conserva en el archivo de su monasterio y una copia de ella existe en nuestro poder.

(1850)



 


José Ignacio Víctor Eyzaguirre Portales naci6 en Santiago en 1817. Estudio filosofía y teología en el Colegio de Santiago, Instituto Nacional y en el Convento de Santo Domingo. Se titulé de Bachiller en Teología en la Universidad de San Felipe en 1833, de Bachiller en Cénones y Leyes en la misma institución en 1835 y de abogado en 1838. En 1840 recibió la ordenación como presbítero. En 1850 publica la Historia Eclesiástica, Política y Literaria de Chile. En 1852 inici6 un viaje por Europa y Oriente de cuyas experiencias surgirá su obra más famosa El Catolicismo en Presencia de sus Disidentes. Fundador del Colegio Pio Latinoamericano de Roma, institución para la formación del clero americano, el cual empezó sus funciones en 1858. En 1859 editó Los Intereses Católicos en América. De vuelta en Chile, asumió la presidencia de la Sociedad Católica de Educación, ejerciendo como profesor de Derecho Canónico en el Seminario de Santiago (1871-1872) y fue presidente de la Exposición Histórica del Coloniaje en 1873. En 1874 regresa a Roma y al Colegio Pio Latinoamericano; falleció cerca de Alejandría luego de una visita a Jerusalén, en 1875. Entre otros cargos fue Vicepresidente de la Cámara de Diputados, Decano de la facultad de Teología de la Universidad de Chile, Prelado Doméstico de Su Santidad y Protonotario Apostólico, Delegado Pontificio en Ecuador, Peri y Bolivia, fundador del Colegio Pontificio Pio Latino Americano de Roma.

Milagro que maravilla a Chile. Úrsula Suárez, la primera escritora chilena. Omar Pérez Santiago. Sala Ercilla, Biblioteca Nacional de Chile, viernes 9 de octubre 2026

  Foto de Marco Muñoz Ortiz La historia espiritual de Chile está todavía por completarse. ¿Es un chiste? ¿Una mala broma? No. Para nada....