martes, agosto 18, 2026

La Araucana, el apelmazado "bouquin" de Alonso de Ercilla, está muerta y sin señales de resurrección dichosa, aunque me griten: "¡sacrilegio!. La obra se murió en cincuenta años de la mala muerte literaria que es la del mortal aburrimiento. Por Gabriela Mistral


LA ARAUCANA 

La Nación (Buenos Aires), el 17 de abril de 1932.

Su epopeya tuvo ese pueblo, una merced con que el conquistador no regaló a los otros, el apelmazado "bouquin" de Alonso de Ercilla, que pesa unos quintales de octavas tan generosas como imposibles de leer en este tiempo.

Cualquiera hubiera pensado que un pueblo dicho en poema épico, referido elogiosamente por el enemigo, exaltado hasta la colección de clásicos españoles, sería un pueblo de mejor fortuna en su divulgación, bien querido por las generaciones que venían y asunto de cariño permanente dentro de la lengua. No hay tal; la intención generosa sirvió en su tiempo de reivindicación —si es que de ese sirvió—, pero la obra se murió en cincuenta años de la mala muerte literaria que es la del mortal aburrimiento, la de disgustar por el tono falso, que estos tiempos sinceros no perdonan, y de enfadar por el calco homérico ingenuo de toda ingenuidad.

Lástima grande por el cantor, que fue soldado noble, pieza de carne dentro de la máquina infernal de una conquista, y más lástima aún por la raza que pudo vivir, hasta sin carne alguna, metida en el cuerpo de una buena epopeya, que no le quedaba ancha, sino a su medida.

El bueno de Ercilla trabajó con sudores en esa loa nutrida de trescientas páginas, compuestas en las piedras de talla de las octavas reales. Cumplió con todos los requisitos aprendidos en su colegio para la manipulación de la epopeya; masticó Ilíadas y Odiseas para reforzarse el aliento, e hizo, jadeando, el transporte de la epopeya clásica hasta la Araucanía del grado 40 de latitud sur. Tan fiel quiso ser a sus modelos, según se lo encargaron sus profesores de retórica; tan presente tuvo sus Aquiles y sus Ajax, mientras iba escribiendo; tan convencido estaba, el pobre, de que la regla para el canto es una sola, según la catolicidad literaria, que se puso a cantar y contar lo mismo que Homero cantó a sus aqueos, a los indios salvajes que cayeron en sus manos.

Bastante pena se siente de la nobleza de propósito y de la artesanía desperdiciada. "La Araucana" está muerta y sin señales de resurrección dichosa, aunque me griten: "¡sacrilegio!", los letrados ancianos, y por ancianos inocentones y pacienzudos, que la leen aún y la comentan en Chile —que en España y América a ninguno se le ocurre ya comentarla ni leerla—. Tocada por donde la tañan, no suena a plata cristalina de verdad; responde como esas campanas de palo que hacía cierto burlón. Menos que sonar gayamente, echa la pobre aquellas sangres tibias que manan todavía tantos libros viejos cuando se les punza cariñosamente. Manoseada por el curioso del año treinta y dos, nuestra "Araucana" se nos queda en la mano como un pedazote de pasta de papel pesada y sordísima. 

No importa el mal poema: la raza vivió el valor magnífico; la raza hostigó y agotó a los conquistadores; el pequeño grupo salvaje, sin proponérselo, vengó a las indiadas laxas del continente y les dejó, en buenas cuentas, lavada su honra.

lunes, agosto 17, 2026

Alonso de Ercilla y la invención del canon literario chileno.





El canon literario nacional se sustenta en un  invento. Fabricaron la idea de que la literatura chilena se fundó por Alonso de Ercilla con La Araucana. Ercilla lo llamaron Inventor de Chile.

Ercilla escribió buena parte del poema en territorio chileno, durante las campañas de Arauco. Es una obra hispánica/renacentista sobre la conquista y la guerra de Arauco.

Pero Alonso de Ercilla no era chileno.  Era español, nacido en Madrid, llegó a Chile como soldado y permaneció aquí diecisiete meses.

La Araucana no fue publicada en Chile. Las tres partes del poema fueron publicadas en Madrid en 1569, 1578 y 1589.

Trescientos años después vino la operación político literaria. En 1888, Abraham König publicó en Santiago una edición titulada: La Araucana de Don Alonso de Ercilla y Zúñiga — Edición para uso de los chilenos.

Abraham König la modificó. La chilenizó. Eliminó episodios europeos del poema —San Quintín, Lepanto, Dido, Belona, etc.— y redujo los 37 cantos originales a 32.

La sociedad literaria y política administró y construyó un canon nacional. Dijeron que Ercilla había inventado Chile. 

Fabricaron y modificaron físicamente el texto para hacerlo encajar en la imagen que querían tener de sí mismos.

domingo, agosto 16, 2026

¿Qué querrían ustedes del Departamento de Cultura de la Presidencia? Enrique Noisvander: "Bueno, que funcione." Enrique Noisvander. En la Quinta Rueda. Abril 1973.


Abril,1973. 
¿Qué querrían ustedes del Departamento de Cultura de la Presidencia?
Enrique Noisvander: 
"Bueno, que funcione. Siempre se ha hablado de una política cultural, pero no se sabe nada. Hay unos organismos fantasmas por allí, pero nada más".
Enrique Noisvander. En la Quinta Rueda. Abril 1973.

 

lunes, agosto 10, 2026

Siete jurados dirimen, en puertas cerradas, el Premio Nacional de Literatura. Personas inteligentes, despojadas de vanas vanidades, ponen sus cartas sobre la mesa.

 


 Siete jurados dirimen, en puertas cerradas, el Premio Nacional de Literatura. Personas inteligentes, despojadas de vanas vanidades, ponen sus cartas sobre la mesa. Pocas veces sabemos qué se juega realmente en esa partida. Poco trasciende de las deliberaciones. Todo parece quedar envuelto en una discreción casi ritual, en ese velo de opacidad que tan bien conocemos.
Somos chilenos, después de todo: tímidos, prudentes, reservados. Preferimos el murmullo al debate, el pasillo, la conversación entre cuatro paredes a la discusión abierta. Nos gusta que las cosas importantes se resuelvan discretamente, lejos de las miradas.
Ya lo dijo el gran cronista y novelista Joaquín Edwards Bello, los chilenos somos un compuesto complejo de contradicciones: mezcla de timidez y soberbia, apego a las apariencias, clasismo duro y simulación. Pueblo niño. Es nuestro carácter nacional. Somos serios o lo echamos a la risa para controlar la ansiedad.
Entra un chileno a la peluquería y el barbero le pregunta:
—¿Cómo quiere que le corte el pelo?
—Sin hablar -responde el chileno.
Según Mitopolis de Edwards Bello.
Y entonces ocurre algo extraño: un premio destinado a reconocer una obra literaria termina pareciéndose demasiado a un asunto administrativo.
Como si no estuvieran decidiendo qué literatura merece ser recordada, sino simplemente tramitando un expediente.
Siempre postulan varios escritores en la larga lista.
Conozco un escritor que fue nominado una vez, un escritor con talento y buenos sentimientos. Se apellida Cachiporra. No le dieron el premio. Pero después igual publica en su currículo que él fue nominado al Premio Nacional. Es un buen tipo, y perdono su jactancia. Tiene todo el derecho a tener una ilusión. No me gusta la moralina en la literatura.
En Verona, una vez visité una vez el balcón que inventaron para turistas, de Julieta y Romeo, personajes de ficción de Shakespeare. Muchos peregrinos visitamos esa ilusión.
Con los poetas Tote España y Sergio Badilla postulamos el 2008 a Patricio Manns al Premio. En Valparaíso dimos una conferencia de prensa. Después nos fuimos a la de casa de Patricio Manns y Alejandra, su mujer. Hablamos toda la noche. Manns confiaba en que su amigo José Miguel Varas, parte del jurado, le diera el trofeo a él. Ese año el premio fue para Efrain Barquero.


A mí me gustaría que Chile procesara abiertamente sus ideas literarias. No se trata solo de discutir nombres.
Resaltar el valor estético
¿Para qué?
Para cohesionar nuestra cultura
No creo que la literatura chilena sea un barco que se hunde con una bandera al tope, como la Esmeralda. La literatura chilena no es un pozo seco. Tiene diversas de voces, la descentralización de sus relatos y la revisión de la memoria. Explora nuevas identidades, a veces, lejos del canon que manipulan en Santiago unos cuantos. Esos cuantos que no quieren que tú opines.
Autores de las regiones escriben desde el norte minero, la pampa, el archipiélago austral o la ruralidad.
El sur y la Patagonia se reinterpretan a través de estéticas que dialogan con el paisaje extremo y la historia local.
Hay un auge evidente de voces feministas y de la diversidad sexual que replantean los cuerpos, los afectos y la marginalidad urbana.
Pioneros que adoptan nuevas formas, se renuevan y se adaptan a nuevos espacios. Hay gente tan viva y tan relevante, generando debate y controversia. Lejos de desvanecerse, la narrativa chilena está siendo adoptada por nuevas generaciones, muchas veces a través de las redes sociales. Muchas veces es una escritura perspicaz, incisiva e ingeniosa.
Hacer públicas, sacar a la luz las tendencias; desafiar las modas impuestas desde arriba.
Abrir el debate es transformador.
Es verdad también, cómo no, que hay actores de mala fe, idiotas útiles, snobs insulsos, patéticos chupapijas, recicladores, teóricos aburridos, grafómanos sin remedio, influencers pagados, provocadores baratos y charlatanes superficiales. Es cierto.
Pero también eso es señal de un ecosistema próspero.
Siempre los escritores escribieron panfletos y periódicos fundados con ese fin: meter bulla. Siempre hubo tertulias encendidas y rivalidades de grupos.
El ambiente previo a la entrega del Premio Nacional de Literatura en Chile siempre fue una deliciosa mezcla de tensión, pasiones encontradas, lobby intenso y duras polémicas entre bandos literarios. Los cafés de Santiago y los pasillos de la Biblioteca Nacional de Chile eran el escenario de intensas discusiones sobre quién merecía el máximo galardón del país.
Daré un ejemplo, en agosto del año 1978, tras unas semanas de humedad y frío, llegó el día de la vergüenza.
Luis Sánchez Latorre, FILEBO, representó a la Sociedad de Escritores en el jurado. Abogó por la gran María Luisa Bombal, la mejor escritora de Chile de enorme influencia de obras como La última niebla y La amortajada. La Academia de la Lengua postuló a su presidente, el lingüista Rodolfo Oroz. El digno de Sánchez Latorre renunció al jurado. Sobre excitado, Pinochet publicó un decreto para que éste se constituya "con los miembros que asistan". Y, claro, ganó Oroz.
Fue una tormenta grave.
La cultura florece cuando la sociedad está impregnada del espíritu crítico. Es preferible que ocurra la agitación constante. «Motus animi continuus».
Sin eso el poder de la literatura de cohesionar la cultura se debilita rápidamente y degenera en atomización cultural.
Las artes cohesionan. Las esferas culturales habitan hoy en los contextos internacionales. Las nuevas narrativas reflejan nuestras cambiantes identidades y comunitarias. Esa experiencia estética nos enriquece como país.

viernes, agosto 07, 2026

"Te estoy agradecido, ¿sabes? Quería decírtelo." Para Tess Gallagher de Raymond Carver.

 


Para Tess

En el Estrecho, el agua está agitada, como dicen aquí.

Está bravo, y me alegro de no estar ahí.
Me alegro de haber pescado todo el día en Morse Creek,
lanzando de un lado a otro un señuelo rojo.

No pesqué nada. Ni siquiera una picada.
Pero no importó. Estuvo bien.

Llevaba la navaja de bolsillo de tu padre
y durante un rato me siguió una perra
a la que su dueño llamaba Dixie.

A veces me sentía tan feliz
que tenía que dejar de pescar.

En un momento me tendí en la orilla,
cerré los ojos y escuché el agua
y el viento entre las copas de los árboles.

El mismo viento que sopla en el Estrecho,
pero otro viento también.

Por un rato incluso me permití imaginar
que había muerto.

Y estuvo bien.
Al menos durante un par de minutos.

Hasta que lo comprendí:

Muerto.

Mientras yacía allí, con los ojos cerrados,
justo después de imaginar cómo sería
si de verdad no volviera a levantarme,
pensé en ti.

Entonces abrí los ojos.
Me levanté.
Y volví a ser feliz.

Te estoy agradecido, ¿sabes?

Quería decírtelo.


El poema fue incluido en All of Us: The Collected Poems (1998).

 

jueves, agosto 06, 2026

Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere. No te burles, no te lamentes, no odies, trata de entender

 




Recomendaciones de Spinoza
1. Evita la emotividad
Las pasiones y juicios morales te nublan la razón. Reír (burlarse), llorar (lamentarse) o detestar (condenar) te impide ver la realidad de forma objetiva. 
2. Reconoce la necesidad
Todo en la naturaleza ocurre por una necesidad causa-efecto. Al entender los motivos detrás del comportamiento humano, la rabia o la frustración desaparecen. 
3. Intenta comprender
Haz un esfuerzo activo por desentrañar los mecanismos del mundo. Comprender las leyes naturales y psicológicas te otorga paz mental, libertad y, en última instancia, felicidad