El
periodista Emiliano Aguayo va por los cuarenta años y la música ha sido uno de
sus asuntos de trabajo. El año 2005 publicó el deslumbrante libro Maldito Sudaca: Conversaciones con Jorge González. Y ahora recientemente ha publicado Las
voces de los 80. Conversaciones con los protagonistas del fenómeno Pop-Rock, ambos
editados por Ril.
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domingo, febrero 10, 2013
sábado, mayo 27, 2006
Maldito sudaca II

El periodista Emiliano Aguayo realizó una larga entrevista a Jorge González de Los prisioneros y las editó en un mágnifico libro titulado Maldito Sudaca. El libro ya tuvo su aceptación de la crítica y es considerado -lo considero yo mismo- una potente libro sobre música popular (aparte de otros tópicos sabrosos).
En la revista Rollings Stone de mayo está Jorge González en portada y viene una nueva entrevista de Jorge González, realizada por el mismo Emiliano Aguayo.
La entrevista es interesante y tal como lo dije en un post anterior, González se permite decir cosas críticas directas e indirectas a la versión chilena de la revista Rollings. González había ingresado, dije, al reducto de los que González llamó "oportunistas". La entrevista fue comentada aqui y allá.
Ahora me escribe Emiliano Aguayo un post que me interesa destacar.
Esto escribe Emiliano:
"Omar, te confío -y a tus lectores- una parte editada de la entrevista. Jorge González dice: "Esta entrevista es, de alguna manera, un poco forzada, porque yo sé que de distintos medios están tratando de entrevistar a cualquier persona que haya trabajado con Los Prisioneros o que alguna vez nos haya visto pasar por la calle, para que den la versión definitiva de la separación y todo eso. A mí me hubiera gustado dar esta entrevista cuando ya hubiera editado algo nuevo o estuviera tocando, para que fuera más sabrosa, pero, desgraciadamente, en nuestra patria, no se puede mantener una dignidad o uno no puede mantener ni siquiera un respeto por uno mismo, porque uno está forzado a salir a la calle y abrirse el corazón y tener que soltar toda la copucha que tiene, porque si no, hay un montón de gente a la que van a convencer, engañar o inclusive la van a hacer hablar y después le van a cambiar todo lo que dicen. Eso es bien triste."
Por espacio, sobre todo, esta parte de la entrevista fue editada de la publicada finalmente. Te lo cuento porque un poco, González se vio "obligado" a dar una entrevista, porque eran varias "mentiras", "omisiones", "inventos", etcs., que él veía se estaban fraguando en torno a él y la banda, más aún en cuanto a la disolución definitiva. Por ejemplo, antes de hacer la entrevista, me comuniqué con el periodista venezolano que acá citaron para hablar de "pelea en el escenario" y me dijo que no había sido tal. ¿Recuerdas que de la empresa que los llevó a Venezuela alguien habló muy mal de la banda? Ingresa a esta página oficial de la productora y verás que el recuerdo, en realidad, no es tan malo: onlyticket.net/Fotos%20Flash/Prisioneros/FA_%20Prisioneros.htm.
¿Por qué todo esto?
Para decirte que cuando pasa todo esto, a veces es bueno hablar. Pero ojo, él acepta una entrevista para este reducto que le llamas, que es una revista de música, sólo si la hace el mismo periodista (que ni siquiera trabaja para esa revista) que ya había escrito un libro con él (Maldito Sudaca, 2005, Ril editores) y no había sentido que se le había descontextualizado ni nada, por lo que sentía confianza y además, es su propia esposa quien le hace las fotografías. Como verás, entró al reducto, pero con sus condiciones.
¿Quién en Chile pondría condiciones para ser portada de una revista de este nivel, sin recibir, dicho sea de paso, ningún peso?
Emiliano Aguayo.-
lunes, diciembre 12, 2005
Jorge González: Truenos y Relámpagos
Le leo un breve cuento a mi hija Antonia de 3 años, sobre una niña que escucha truenos y relámpagos. Mi hija abre los ojos se lleva su manito a la boca y emite un quejido:
-Uy, truenos y relámpagos, dice.
Y luego me pide que se lo lea de nuevo.
Truenos y relámpagos escucho yo también en el libro Maldito Sudaca. Conversaciones con Jorge González. Compré el libro, me puse a leerlo y no pude dejarlo hasta que terminé las 300 páginas. El periodista Emiliano Aguayo establece una larga conversación con el líder de Los Prisioneros y, al igual que mi hija, varias veces abrí los ojos y me llevé la mano a la boca.
Este es un libro de excepción.
El sentimiento artístico ideológico chileno es generalmente la “chimuchina” –una ideología de imberbes. Por eso, se inquietan fácilmente las aguas cuando hay detrás una expresión directa, algo cruda y deseos viscerales, que no pueden ser mitigados por la huevonería ambiente.
González no es un rebelde tardío. Ya nadie puede desconocer que le puso vitalidad, dinamismo, conflicto, lucha, placer y búsqueda hasta renovar la tradición predominante de moderación, resignación, pena y derrota de la música popular chilena.
Naturalmente, la gran pasión de Jorge González es la música. Y en el libro se habla de bandas musicales, influencias, formas de componer, modos de grabar o se revisan las letras de música. Es decir, es un libro que se mete en la artesanía musical, en los problemas de estudio y de mejorar las letras, de la convivencia con los otros músicos y la relación con los estudios de grabación. En ese sentido, el libro es una fuente rica de sugerencias y detalles que agradecerán, en primer lugar, los músicos. González intercambia ideas y opiniones muy directas y sugestivas sobre, entre otros, Violeta Parra, Víctor Jara, la Nueva canción chilena, Canto Nuevo, Los Tres, La Ley, Los Miserables, Chancho en Piedra, Los Electrodomésticos, Mauricio Redolés, De Kiruza, Los Bunker´s, Cecilia, y la música latinoamericana y mundial.
Otro gran tema es la relación de González con los periodistas y los medios de comunicación. Aquí el músico aprovecha de realizar un ajuste de cuentas con ciertos periodistas de espectáculos de El Mercurio, la Tercera o La últimas Noticias, que lo habrían ninguneado de modo persistente. González ironiza con la carrera de “ese oportunista” de Freddy Stock que está en “la chimuchina de pelar artistas”, “lo mismo que hace Iván Valenzuela”. En la radio Rock&Pop dirigida por Iván Valenzuela “no pagaban derechos de autor”. O Rafael Gumucio. “Pero ¿Quién es Gumucio?”, se pregunta González y responde: “Un democratacristiano, y los democratacristianos son siempre así. O “los Caiga quien Caiga” son unos “monitos fachos útiles”. En definitiva, dice González: “hay una generación súper fome, donde está Iván Valenzuela, Alberto Fuguet, Freddy Stock y todos esos.” “Una generación que yo califico de democratacristiana y que es súper ablandadora en la influencia que tuvieron.”
Como se puede deducir, ser democratacristiano es, en este contexto, lo blandengue, lo barrero, lo conveniente y lo oportunista.
Un tercer ámbito del intenso libro es el tema preferido del periodismo de farándula: los cahuines. (¿Quién se acostó con quién?) Y la rendición de cuentas de González también pasa por “ese oportunista de Freddy Stock”, quien en el libro “Corazones Rojos” dejó inscrita una telenovela, una cómoda narración que cuenta que Los Prisioneros se habrían separado la primera vez por líos de faldas. González se habría acostado con la mujer de Narea. Según González, Stock puso en el libro “un montón de cosas de las que él no tenía la certeza, o no las comprobaba o qué sé yo.” Y uno de los claros objetivos de González es arrasar con la idea de que Narea era esencial en el grupo. Narea, González dixit, no puede arrogarse lo que es evidente: Los Prisioneros es esencialmente Jorge González.
Bonus Track: El capítulo donde González habla de su paso por las drogas.
Hay que agradecer la tenacidad y la preparación del periodista Emiliano Aguayo. Las referencias, las citas, las preguntas fundamentadas, el conocimiento de los temas, son la base del éxito del libro. Aguayo demostró que un periodista puede hacer las preguntas difíciles o complejas y salir vivo.
Aquí hay reflexión e inteligencia de un camino de exploración, una demoledora crítica y autocrítica de una personalidad musical que varios periodistas desearán ignorar y trivializar. A esos acomodaticios no les conviene un vital y un polémico con poder interno, desarrollo emocional y espiritual y puesto al servicio de su vocación. Quisieran haberlo metido en cintura. Su peligro es un símbolo. A González muchos imberbes –esclavos de la chimuchina- lo tratan como una enfermedad que debe ser vigilada.
Sin embargo, cualquier alma sensible que haya escuchado su música y que lea el libro, se dará cuenta que hacen falta más espíritus lúcidos, inteligentes y perspicaces, como González. Se extraña esa desmesura y esa pasión –esos truenos y relámpagos- en un medio artístico y de medios donde hay demasiados prolijos, aburridos y perdonavidas.
-Uy, truenos y relámpagos, dice.
Y luego me pide que se lo lea de nuevo.
Truenos y relámpagos escucho yo también en el libro Maldito Sudaca. Conversaciones con Jorge González. Compré el libro, me puse a leerlo y no pude dejarlo hasta que terminé las 300 páginas. El periodista Emiliano Aguayo establece una larga conversación con el líder de Los Prisioneros y, al igual que mi hija, varias veces abrí los ojos y me llevé la mano a la boca.
Este es un libro de excepción.
El sentimiento artístico ideológico chileno es generalmente la “chimuchina” –una ideología de imberbes. Por eso, se inquietan fácilmente las aguas cuando hay detrás una expresión directa, algo cruda y deseos viscerales, que no pueden ser mitigados por la huevonería ambiente.
González no es un rebelde tardío. Ya nadie puede desconocer que le puso vitalidad, dinamismo, conflicto, lucha, placer y búsqueda hasta renovar la tradición predominante de moderación, resignación, pena y derrota de la música popular chilena.
Naturalmente, la gran pasión de Jorge González es la música. Y en el libro se habla de bandas musicales, influencias, formas de componer, modos de grabar o se revisan las letras de música. Es decir, es un libro que se mete en la artesanía musical, en los problemas de estudio y de mejorar las letras, de la convivencia con los otros músicos y la relación con los estudios de grabación. En ese sentido, el libro es una fuente rica de sugerencias y detalles que agradecerán, en primer lugar, los músicos. González intercambia ideas y opiniones muy directas y sugestivas sobre, entre otros, Violeta Parra, Víctor Jara, la Nueva canción chilena, Canto Nuevo, Los Tres, La Ley, Los Miserables, Chancho en Piedra, Los Electrodomésticos, Mauricio Redolés, De Kiruza, Los Bunker´s, Cecilia, y la música latinoamericana y mundial.
Otro gran tema es la relación de González con los periodistas y los medios de comunicación. Aquí el músico aprovecha de realizar un ajuste de cuentas con ciertos periodistas de espectáculos de El Mercurio, la Tercera o La últimas Noticias, que lo habrían ninguneado de modo persistente. González ironiza con la carrera de “ese oportunista” de Freddy Stock que está en “la chimuchina de pelar artistas”, “lo mismo que hace Iván Valenzuela”. En la radio Rock&Pop dirigida por Iván Valenzuela “no pagaban derechos de autor”. O Rafael Gumucio. “Pero ¿Quién es Gumucio?”, se pregunta González y responde: “Un democratacristiano, y los democratacristianos son siempre así. O “los Caiga quien Caiga” son unos “monitos fachos útiles”. En definitiva, dice González: “hay una generación súper fome, donde está Iván Valenzuela, Alberto Fuguet, Freddy Stock y todos esos.” “Una generación que yo califico de democratacristiana y que es súper ablandadora en la influencia que tuvieron.”
Como se puede deducir, ser democratacristiano es, en este contexto, lo blandengue, lo barrero, lo conveniente y lo oportunista.
Un tercer ámbito del intenso libro es el tema preferido del periodismo de farándula: los cahuines. (¿Quién se acostó con quién?) Y la rendición de cuentas de González también pasa por “ese oportunista de Freddy Stock”, quien en el libro “Corazones Rojos” dejó inscrita una telenovela, una cómoda narración que cuenta que Los Prisioneros se habrían separado la primera vez por líos de faldas. González se habría acostado con la mujer de Narea. Según González, Stock puso en el libro “un montón de cosas de las que él no tenía la certeza, o no las comprobaba o qué sé yo.” Y uno de los claros objetivos de González es arrasar con la idea de que Narea era esencial en el grupo. Narea, González dixit, no puede arrogarse lo que es evidente: Los Prisioneros es esencialmente Jorge González.
Bonus Track: El capítulo donde González habla de su paso por las drogas.
Hay que agradecer la tenacidad y la preparación del periodista Emiliano Aguayo. Las referencias, las citas, las preguntas fundamentadas, el conocimiento de los temas, son la base del éxito del libro. Aguayo demostró que un periodista puede hacer las preguntas difíciles o complejas y salir vivo.
Aquí hay reflexión e inteligencia de un camino de exploración, una demoledora crítica y autocrítica de una personalidad musical que varios periodistas desearán ignorar y trivializar. A esos acomodaticios no les conviene un vital y un polémico con poder interno, desarrollo emocional y espiritual y puesto al servicio de su vocación. Quisieran haberlo metido en cintura. Su peligro es un símbolo. A González muchos imberbes –esclavos de la chimuchina- lo tratan como una enfermedad que debe ser vigilada.
Sin embargo, cualquier alma sensible que haya escuchado su música y que lea el libro, se dará cuenta que hacen falta más espíritus lúcidos, inteligentes y perspicaces, como González. Se extraña esa desmesura y esa pasión –esos truenos y relámpagos- en un medio artístico y de medios donde hay demasiados prolijos, aburridos y perdonavidas.
Ver también: Los Jaivas, Los Prisioneros y Los Tres: Biografías
Ver también Marisol García
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