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martes, julio 14, 2026

Cómo resolverá Christopher Nolan el erotismo del Canto VI de La Odisea donde la joven Nausícaa seduce a Ulises.

Rossana Podestá es Nausicaa y Kirk Douglas es Odiseo. 1954 .

El viernes 17 de julio veremos como enfrentó Nolan un momento sensual de la historia.

Esta es la secuencia narrativa del Canto VI de La Odisea de Homero: tras siete años cautivo de Calipso, Ulises naufraga por una tormenta enviada por el vengativo Poseidón.

Ulises despierta desnudo en la playa de la isla de Esqueria.

Allí está Nausícaa y sus doncellas semi desnudas.

Es sabido que Ulises es un seductor. Domina el arte de la palabra. Elogia la belleza de la joven Nausícaa. Le ruega que le dé vestimentas y le indique el camino a la ciudad. Nausícaa le ofrece comida y ropa.

Ulises se baña en el río.

La diosa Atenea interviene para embellecerlo, haciéndolo lucir mucho más alto, fuerte y con una melena magnética.

Al verlo transformado, Nausícaa se apasiona. Expresa su deseo de que un hombre así sea su esposo. Parece inocente cuando expresa su apetito:

"Es verdad que antes me pareció desagradable, pero ahora es semejante a los dioses, los que poseen el amplio cielo. ¡Ojalá semejante varón fuera llamado esposo mío habitando aquí y le cumpliera permanecer con nosotros! Vamos, siervas, dad al huésped comida y bebida.”




https://www.youtube.com/watch?v=3S7hJdYdnpw

"Nausícaa" es también el decimotercer episodio de la novela Ulises (1922) de James Joyce. Leopold Bloom descansa en la playa de Sandymount. Atardece. Gerty MacDowell es una  joven que idealiza el romance, el matrimonio. Sueña con su media naranja. Inocentemente, Nausícaa provoca a que Bloom se excite y se masturbe discretamente. Ella exhibe su entrepierna. Mira los fuegos artificiales a lo lejos. Lo incita. Revela su bragadura. Leopold Bloom se masturba en la playa. Turbulento voyerismo, autoerotismo y deseo.

“Y ella cuando reveló todas sus piernas hermosamente formadas, así, esbeltamente suaves y delicadamente redondeadas, y a ella le pareció escuchar el jadear de su corazón de varón, de ronco respirar, por que ella sabía de la pasión de los hombres”

 

Foto:  Rossana Podestá es Nausicaa y Kirk Douglas es Odiseo. 1954 .

https://www.youtube.com/watch?v=3S7hJdYdnpw











 

domingo, abril 12, 2026

Diluvio, poema de James Joyce

 


DILUVIO

Un dorado marrón cubre la inundación,
los racimos de parra se mecen en tensión;
vastas alas rozando el agua en expansión,
sobre el día sombrío meditan sin razón.

Una vasta agua, cruel y desatada,
mece y levanta su crin desgarrada;
el día melancólico al mar mira callada,
con un sordo desprecio, su voz apagada.

Alza y mece, dorada parra en ardor,
tu racimo derrama torrentes de amor;
resplandeciente, vasto, profundo y feroz,
como crece  tu indecisión sin voz.

Flood, 1915.

Versión de Pérez-Santiago

viernes, octubre 27, 2023

"En la Plaza Jean Genet de Barcelona". Cuento del innovador y original escritor tunecino, Walid Soliman. Traducción: Omar Pérez Santiago


 Walid Soliman

En la Plaza Jean Genet


Para Song-Eun Lee

1

En aquel momento yo estudiaba en Barcelona, viviendo no lejos de la famosa avenida La Rambla. De noche yo saldría a vagar alrededor de las calles con sus edificios sublimes, o quizás al puerto, y pasar el tiempo o buscar aventuras.

Una tarde, mi curiosidad me dirigió a una calle lateral, no lejos de La Rambla. Era una calle tranquila, limpia, con una plazoleta en el medio. En la señalética leí su nombre, “Plaza Jean Genet”.

El lugar me atrajo y me senté en un banco de la plaza. De mi mochila saqué mi libro predilecto —El libro de arena de Borges—, mi compañero dondequiera que yo iba. Comencé a leer tranquilamente, entregándome a la calmada brisa de la tarde que empezaba a aliviar ese día que chorreaba de sudor. Cuando la noche cayó, yo ya había leído la mayor parte del libro. Al dejar el lugar, me propuse regresar a leer regularmente allí, y disfrutar de la brisa que soplaba en la plaza.

 

2

Al día siguiente llegué al mismo lugar, casi a la misma hora, y me senté en el mismo banco. Cuando abrí mi mochila para sacar mi libro, advertí que había un hombre relativamente viejo sentado a mi lado. No me preocupó tanto su presencia, sino el sentimiento incómodo de que yo lo conocía de alguna parte.

Era un poco corpulento, mas no tan anticuado, su cabeza completamente rapada y sus ojos inyectados de sangre me indicaron que él no había dormido mucho. Pero lo que captó realmente mi atención en sus ojos grises fue el fulgor que aguijoneaban los ojos de los demás, con una inteligencia ardiente. Cuando nuestras miradas se cruzaron, él sacó el puro cubano de sus labios y me saludó en francés. Esa fue la primera cosa que despertó mis aprensiones, preguntándome cómo él supo que yo hablaba francés, si estábamos en España. Pero yo no tuve tiempo de continuar con estos pensamientos pues él me envolvió con una pregunta:

“Parece que usted no es español... Es obvio que usted es del mediterráneo meridional”.

“Es verdad. ¡Estudio aquí... pero soy un extranjero!”.

“¡Somos todos extranjeros en este mundo!”.

“Concuerdo con usted completamente, somos todos extranjeros en este mundo... y usted tampoco es español, presumo”.

“El mundo es mi casa... la geografía no me concierne mucho...”.

Mientras hablaba con él, traté de recordar su rostro, pero sin éxito. Lo hallé, de nuevo, haciéndome una pregunta, ahora referida al libro en mis manos.

“¿Qué lee usted?”.

Dije: “El libro de arena, de Borges. Yo no sé cuántas veces lo he leído, y lo llevo conmigo dondequiera que voy. Nunca me canso de leerlo una y otra vez”.

“A veces los libros pueden llegar a ser una droga... pero, aun así, pienso que Borges es uno de los escritores más grandes de nuestro tiempo”.

Había algo en su tono que transmitía un poco de burla; por lo menos eso me pareció, y comencé a sentir como si hablara con un enigma.

“Lo malo de la arena... nada crece, todo se borra”.

Dijo eso inclinando su mano en la espalda del banco, y advertí que él no parecía tan imponente como yo había supuesto inicialmente. Era claro que su vida no había sido una caminata en el parque. Entonces tomó el sombrero de paja que había estado en sus dedos y se lo puso en su cabeza, diciendo: 

“¿Sabe de quién es esa cita?”.

“Honestamente... mi memoria me falla”.

“James Joyce, en Ulysses”.

Pero antes de que pudiera encontrar el momento para preguntarle su nombre, o si nos habíamos visto anteriormente, desapareció y me dejó flotando en mi confusión.

Con él desapareció también mi deseo de leer ese día, y su voz solemne continuó sonando en mis oídos. Me quedé allí, inmóvil, hasta el anochecer.

 

3

En los días que siguieron seguí yendo al mismo lugar, sentándome en el mismo banco, esperando evidentemente encontrar a ese hombre que me pareció un connoisseur del mundo de la literatura. Pero él nunca vino. De hecho, nada me podría confirmar lo real de nuestro encuentro, o que todo no fue simplemente un confuso sueño.

 

4

El verano había comenzado a expirar cuando un día entré en una gran librería especializada en literatura extranjera en el centro de Barcelona. Buscaba una copia de Ulysses de James Joyce. Mientras registraba los estantes, llamó mi atención un grupo de fotografías en blanco y negro que colgaban encima de la estantería de los libros. Eran fotos de famosos autores, y allí entre Sartre y Camus —temblé cuando lo vi— colgaba una foto de un hombre con su cabeza completamente rasurada y que fuma un puro cubano. Puse en el estante el libro que tenía en las manos para ver más de cerca y confirmé leyendo lo que estaba escrito debajo de la foto. Cuando leí el nombre, no podría creer que el individuo rasurado que se había sentado a mi lado, y que había hablado conmigo, fue, de hecho, la persona de la imagen: Jean Genet.

miércoles, marzo 02, 2022

Lo que no se dice. 100 años del Ulises de James Joyce. Omar Pérez Santiago

 




Revista Off The Record, Marzo 2022

https://www.offtherecordonline.cl/PDF/OFF_2022_03.pdf

 

Te diré solo cuatro cosas sobre Ulises de James Joyce, a 100 años de su publicación.

UNO.

Debes saber que es una novela tediosa. 

(“Gloriosa derrota”- Virginia Woolf. “Indescifrablemente caótica”- Borges). 

Ciertos profes semimuertos te dirán que el Ulises de Joyce es -aún hoy- una obra imprescindible. 

No. No creas en rancias leyendas urbanas. Avíspate de los juegos de apariencias.

Ayudó a precisar el monólogo interior. Sí.

Fue vanguardia en desarmar la sintaxis y el narrador. Sí.

Pero largos pasajes son murmullos que aburren más que los testigos de Jehová que pasan por tu casa. No es una virtud literaria ser aburrido. Tampoco creo que sus acertijos lingüísticos o cómicos te ayuden a escribir mejor, si desearas escribir.  

Lo valioso -en toda narrativa- son ciertas anécdotas irónicas, ciertos fragmentos crueles, ciertos chistes verdes, ciertos pasajes chuscos que conmueven porque parecen verdaderos. Por ejemplo: el episodio de la letrina donde caga Bloom, el fragmento donde habla un gato. Las hilarantes peleas de bar (tan shakesperianas). O cuando un tonto gana en los caballos por un error lingüístico.

Los showrunner, los actuales guionistas-productores de las series de televisión, lo saben: nos atraen las agudezas escogidas. El Arte del Episodio. Eso nos cautiva. Es la paradoja de la narrativa: un escueto suceso puede aplacar nuestro caos interior. No importa la trama, sino el tono.

DOS.

No busques paralelismos con la obra de Homero. No hay o es muy forzada. Ciertos profes se compraron toda la chimuchina del autor.

TRES.

No busques un definido personaje. Leopold Bloom, que recién asoma en el capítulo cuarto, está casado con Molly. Hace 10 años que no tienen chaca-chaca sexual. Pero Molly lo engañará ese día con un mujeriego. Eso Leopold lo huele, lo presume y todo el día se pasa rollos eróticos o libidinales. Parece que a Bloom no le importa mucho que Molly coja con el mujeriego. Quizá su pasividad o sumisión dio inicio al costumbrismo de la modernidad.

Pocos se atreven a sugerir que, quién sabe, Bloom es bisexual silenciado o heteroflexible. Hay antecedentes en el libro. Leopold Bloom de 38 años está muy interesado en el joven Stephen Dedalus, de 20 años. En el surreal capítulo 15, sobre alucinaciones eróticas en un burdel en Nighttown, el antro del pecado del barrio rojo de Dublin, Bloom es sodomizado por una dominatrix.

(En 1932 Carl Gustav Jung escribió sobre el Ulises: “perturbador” “nihilismo infernal”.  Desde entonces, parece que Ulises es el predilecto de sicoanalistas, donde auscultan zonas oscuras, demonios interiores y deseos inconscientes.)

CUATRO.

Lee el capítulo 18 y final, el Monólogo de Molly Bloom. 

Es la voz telúrica de una mujer. Una carga eléctrica, el run-run femenino en lenguaje material gozoso. Como una caja negra que se abre solo cuando el avión se estrella, aparecen sus pensamientos reales.  Anarquista y desenfadado, es un formidable monólogo interior, aun como texto escrito sin signos de puntuación.

(Penélope del Ulises de Homero soportó 20 años el acoso de 129 fogosos pretendientes. Al parecer, la castidad era un valor de las griegas.)

Molly no es la fiel Penélope, la casta. 

Molly pasó una tarde rumbosa con el mujeriego. 

Chaca-chaca. 

Molly tiene variados pensamientos sexualmente explícitos (como todos los tenemos). Con el obispo y su olor a incienso, con el tamaño y cantidad de espermas de su semental. Travesuras. El deseo es el deseo.  

El capítulo es tan bueno como Las Olas de Virginia Wolf. 

Molly es Emma Bovary de Flaubert. 

Es Anna Karenina de Tolstoi. Dos célebres adulterinas de la gran literatura. Pero Molly Bloom no siente culpa. 

Es muy moderna.

Joyce era el arquetipo del escritor aperrado, voluntarioso y perseverante. Quería hacerse un nombre. Sobresalir. Lo logró con la desmesura y el hermetismo de su Ulises.

El 15 de diciembre de 1940 huyó de París ocupada a Zurich neutral. Un sábado por la mañana tenía perforado el duodeno. A los 58 años murió pobre, ciego y alcohólico.  Nevaba cuando su mujer Nora lo enterró en el cementerio Fluntern de Zurich. Sin flores. “No me gustan las flores”. (Era un hombre triste, según el perfil de Richard Ellmann, su gran biógrafo).

No sientas piedad, no es bueno sentir piedad.

Eso nomás.

OMAR PÉREZ SANTIAGO

Es autor de: “Asesinato en Copenhague”,  “Malmö es pequeño”, “Memorias eróticas de un chileno en Suecia”, “Nefilim en Alhué”, “El pezón de Sei Shonagon”, “Negrito no me hagas mal” y  “La Novia de Borges”. Es guionista de  “La Novia de Borges” y “Plikten”.  Es autor de la obra de teatro, “Francisco, Te Rogamus”.

Traduce al español al Nobel de literatura Tomas Tranströmer, al poeta danés Michael Strunge, la poesía completa de la sueca Karin Boye y a los poetas de Malmö, en La Pandilla de Malmö.

 

sábado, octubre 02, 2021

Irlandeses. Cómo acechan nuestros fracasos. Por Pérez Santiago

 


Off The Record, Revista de arte y cultura, Octubre, 2021                  

El 2022 se cumplen 100 años de la publicación del Ulises, la obra fragmentaria  de 800 páginas del escritor irlandés James Joyce, una bestia literaria.

Irlanda, una isla represiva, tiene  admirables escritores. James Joyce, Samuel Beckett o Jonathan Swift eran conocedores  y críticos de  la apatía o desidia de su pueblo.

Edna O´Brien, la  bestia literaria femenina o la enfant terrible de Irlanda, en 1960 publicó la novela, Las chicas del Campo, sobre las vidas interiores de dos jóvenes mujeres que viven asfixiadas o esclavizadas en la autoritaria Irlanda. Cuenta la leyenda que un cura  fanático quemó ejemplares  del libro en la puerta de la iglesia de San Cronan, en su aldea, Tuamgraney.

Los escritores, se dice, han jugado un rol de líderes o videntes, en un misterioso matrimonio con su pueblo. El vitalismo les proporciona identidad.

Con solo 5 millones de habitantes, 4 irlandeses han recibido el Premio Nobel de literatura:  Yeats (1923), Shaw (1925), Beckett (1969) y Heaney (1995).

Borges atribuía esto a que los irlandeses  fueron dominados por los ingleses y les  impusieron su lengua. El gaélico tendió a extinguirse. Los irlandeses manejan la lengua inglesa. Y sin embargo, se saben no-ingleses, es decir, no deben una lealtad especial a la tradición inglesa. Entonces, agrega Borges, los irlandeses pueden encarar  la literatura desde un punto de vista revolucionario. La lengua es la misma, aunque los irlandeses la usan de un modo totalmente distinta, con otra vitalidad.

Joyce publicó en 1914, un libro de 15 cuentos, Dublineses, historias críticas del apaciguamiento islandés. En el cuento, Una Nubecilla, un escritor irlandés de éxito en Europa, llamado Gallagher, se encuentra con un amigo, llamado Chandler, un anodino que jamás salió de Dublín. Es la risa que provoca el cosmopolita contra el provinciano.  Su mejor cuento es Los Muertos, una fiesta en un departamento de una familia burguesa de Dublín, una panorámica cínica, donde al final aparece la omnipresente muerte, la muerte de pie.

Dave Lordan (nacido en 1975) pertenece a una nueva ola de narradores irlandeses y su Primer libro de Fragmentos, ha sido traducido por el chileno Ulises Fairlie.

Los 16 cuentos cortos de Dave Lordan son algo Joycianos. 16 fragmentos no sentimentales, crónicas oscuras o devastadoras, que transmiten una sensación de motín artístico y político, donde las cosas se quiebran como un espejo roto de las complejidades de la cultura contemporánea: la muerte, el suicidio y la inseguridad.

Dave Lordan es un fiel admirador del escritor chileno Roberto Bolaño (nuestra bestia literaria). En el  libro fragmentario de 1119 páginas, 2666,    Bolaño explora el frenesí sádico en los cientos de asesinatos de mujeres en México.  

La cocaína del Dr. Essler  es un cuento de Lordan, un True Crime, basado en un hecho histórico real, un crimen de una mujer en un hotel en Irlanda,  en la década de 1930 que involucró a miembros del Partido Nazi irlandés. El crimen fue barrido bajo la alfombra. La muerte, como desde un abismo, movida por el viento, reaparece como un fantasma estremecido y se ponen de pie los viejos huesos. Es un estilo narrativo de representaciones  de la barbarie con elementos humorísticos imprevistos. Un lector  se estremece frente al lado oscuro de la existencia humana, mientras se ríe. La cara trágica y la cara cómica.

Es una literatura tan desesperada como divertida, que busca conjurar a los muertos y preservar su memoria en forma de un arte vivo. El abismo produce conmoción en la literatura.

En Irlanda, la puta isla conservadora,  la mayoría  abusada, frente al sadismo,  busca una forma de decir basta al mal.

Chile también es una isla represiva. Del mismo modo, a los chilenos  también nos acechan nuestros putos fracasos y nos llenamos de rabia e ira y al final y por desgracia, somos tan faltos de compasión o misericordia.

https://www.offtherecordonline.cl/PDF/Off_2021_10.pdf




sábado, mayo 01, 2010

Los dientes de Martin Amis


Lo que más me impresiona del libro de Martin Amis, Experiencias, lo que más risa y pena me da,  es como el autor puede construir un personajillo con su boca y especialmente con sus dientes, o la ausencia de ellos.

En este libro de memorias, aparte de las historias de  su padre, el escritor Kinsgley Amis, son las intimidades de sus dientes, o la ausencia de ellos, lo que más me conmueve.
Literariamente no está sólo en esto, según afirma:  Nabokov y Joyce sufrían de lo mismo.


“-Voy a pasármelo fatal. Pero también usted: va a tener que mirar dentro de mi boca. La parte inferior de mi dentadura es, sencillamente, muy mala. Pero la superior… Tengo un puente que me va de oreja a oreja, y lo 
 único que lo mantiene ahí, que yo sepa, es la costumbre. El problema es hereditario, amén de la falta de adecuado cuidado cuando era más joven. Mi madre tenía buena dentadura y malas encías. Mi padre tenía las encías bien y mala dentadura. Yo tengo mala dentadura y malas encías.

—Echemos un vistazo.
—Ármese de valor —dije, y abrí la boca.”


Todo es material literario. Hasta los dientes.