miércoles, agosto 12, 2026
jueves, abril 09, 2026
lunes, junio 24, 2024
martes, mayo 21, 2024
lunes, mayo 20, 2024
viernes, febrero 09, 2024
Pedro y su Toro. Ivar Lo-Johansson (1901-1990). Cuento del libro Jordproletärerna (Los proletarios rurales, 1941). Traducción del sueco: Omar Pérez Santiago
Ivar Lo-Johansson nació en Ösmo en la región de Södermanland y formó parte de la formidable generación de los clásicos escritores proletarios suecos que surgieron en los años 30. Escritores de origen proletario como Eyvind Jonson, Moa Martinsson, Harry Martinsson, Artur Lundkvist y Vilhelm Moberg.
Pocas veces el corazón está tan cerca de estallar de melancolía, como cuando piso la base cubierta de hierbas de la choza de un peón. Lo veo a menudo en los bosques suecos. Por la altura del suelo se puede a veces diferenciar el lugar donde estuvo la vieja e insignificante choza del peón. No lejos de allí hay algunas piedras - allí hubo un establo y una caballeriza. En los cuadrados de allá abajo, en el bosque talado, se puede ver, bajo un bosque joven, la huella de los que una vez, con sudor y esfuerzo, fueran sembrados. Se ve también un pedazo de un camino. En los primeros años de abandono merodeó, quizás, por allí en la escalera podrida, el gato, ya medio salvaje, buscando leche en un tarro de anchova. Mas, finalmente, un zorro ha dado cuenta del gato. Entonces, impulsivamente me dan ganas de mover la hierba seca de la base de la choza, buscando algo que pueda dar vida a los dormidos y decirles que los amo, decirles que pueden levantarse y vivir, aunque sea un día, sin dolor. Dan ganas, conmovido en el fondo del pecho, que todas esas personas hubiesen sido, alguna vez, felices.
*
En este lugar vivía un peón, llamado Pedro.
Cuando Pedro se iba a casar, le preguntaron respetuosamente:
-Te vas a casar, Pedro, ¿ahora serán dos?
-Algunos niños llegarán también, si todo funciona como uno piensa.
No llegó ningún niño. La mujer murió cuando recién habían dejado la servidumbre en el fundo y habían decidió arrendar un terrenito por cincuenta años. Pedro vivió solo en el terrenito durante la mayor parte de ese tiempo, unos cincuenta años.
No lejos de allí, tras unas matas de lila y una manzano cubierto de musgo, vivía otro campesino, llamado Juan. Entre la colina de Pedro y la colina de Juan serpenteaba un camino a través del valle. Si Pedro era viudo, Juan, en cambio, tenía la casa llena de chiquillos. Pedro preparaba él mismo su comida, amasaba el pan, pero, a veces, los niños de Juan venían de la cabaña de Pedro por el camino culebreado con pan amasado tibio envuelto en un paño recién planchado.
Pedro era analfabeto y no sabía contar dos más dos en un papel, pero sabía medir en pies cúbicos las vigas y troncos que transportaba hasta el aserradero de la ciudad, en una carreta tirada por un toro. Un fiel toro de compañía, tan fiel que acompañaba a Pedro a visitar a los vecinos. El toro fue como su mujer. Pedro era un genio de las matemáticas, tenía una fenomenal memoria para las cifras. El bosque eran cifras que él media en pies cúbicos. Al final de su vida llegó al hospicio de pobre G. y allí murió; su cabaña, que pagó durante cincuenta años, no valía nada.
Juan tenía una gracia. Lo trabajadores acostumbraban a expresarse directamente. Juan no. El era rico en palabras, fantasioso, parecía que se alegraba de la palabra misma, del sonido, del ritmo del habla. Era un retórico. Su boca era algo más que un canal de comida y trago.
Un mal año a Juan se le murieron la vaca y el caballo y entonces sucedió el hecho que más tiempo permaneció grabado en la memoria del vecino solitario.
La misma noche que sacrificó la vaca, llegó a la cabaña de Pedro y dijo locuazmente:
-Pedro, empieza a crecer la hierba. Pero ahora la vaca está muerta. Tendrás pronto un nuevo vecino, Pedro. No tengo nada más que vender y a los niños nadie los compraría. Tendrás nuevos vecinos en primavera, Pedro, ahora cuando de nuevo todo comienza florecer.
Pedro fue hasta la cómoda y sacó las ciento cincuenta coronas que tenía para pagar en la oficina de cobros el otoño. Eran varios años de ahorro. Ninguno de los dos sabía escribir, pero llegaron al acuerdo de que el préstamo se pagaría en otoño, en caso contrario Pedro perdería su choza en la que había vivido durante cincuenta años. Pedro no pagaba directamente al dueño del fundo sino al abogado, en la oficina de cobranzas. Así era mayor la presión de la deuda.
Pero, en el otoño Juan estaba aún más pobre que durante la primavera y no pudo pagar el préstamo a Pedro.
Pedro, el última día de pago, solicitó prórroga, pero no fue concedida, llevó a la ciudad una carga de vigas y troncos. Fue a pie todo el camino. Quería ahorrar carga al toro. El camino era largo, pesado y difícil. A veces se adelantaba y le colocaba algo en el hocico del toro. Cuando por fin entregó sus vigas y troncos, se dirigió hacia el horrible lugar, situado al borde de la ciudad. Era una hacienda de portón ancho. Desde adentro se oían mugidos y relinchos. Pedro oyó crecer esos mugidos, eran como una marcha fúnebre sobre la indigencia y las necesidades del país. Se contuvo. Fue hasta el capataz del matadero, adivinó exactamente el peso del toro y le entregó el bozal a otro muchacho.
El toro estaba tranquilo. Adentro había cientos de toros y caballos. Cuando el muchacho se iba a llevar el toro, Pedro se adelantó, abrazó el toro y dijo el discurso más largo de su vida:
-Estará bien en el matadero, Brunte. No tendrás que ir para arriba y para abajo. Gracias por todos los viajes que hemos hecho juntos. Aquí tienes un poco de trigo molido, el último, así tendrás gusto a trigo en la boca cuando llegue la hora.
Sacó un poco de trigo de su bolsillo y sobre el trigo mezclado cayeron estrellitas de llanto. Luego no deseó ver más. Recibió el pago y se apresuró en llegar, tan rápido como pudo, hasta la oficina de cobranza.
Por la tarde, al caer la noche, tiró el mismo su carreta hasta la choza.
Dos días después, despertó por la mañana y vio al toro pastar bajo el manzano cerca de la choza. Se tomó la cabeza. No podía creer lo que veía. Y no fue si no hasta que el animal vino hasta él y pudo tocarlo que entendía que el toro realmente vivía.
Al rato apareció Juan por el camino con una sonrisa bajo el sombrero: estiró la boca, como acostumbraba cuando diría una arenga:
-Sé lo que has hecho Pedro. Cuando te vi venir tirando la carreta por la noche, así como se veía, como si la carreta arrastrara contigo, imaginé que habías vendido el toro para pagar en la oficina de cobranza. Entonces fui a la oficina del fundo y puse en movimiento tanto al barón como al inspector. Les dije: ¿cómo puede vivir un pobre peón sin un tirador? Tú puedes contar, Pedro, pero fantasear no. Me prestaron dinero con la promesa de que mis hijos y yo trabajemos en la hacienda de jornaleros. Y cuando tuve el dinero partí tan rápido como pude a la ciudad. Por suerte estaba todavía el toro. De cualquier manera habíamos recibido trabajo en la hacienda. Y si el toro hubiese estado muerto entonces no sé de qué habría servido la fantasía y el arte del convencimiento en todo este mundo en que nada cambia... Llegué tarde anoche a casa No quise evitarte la alegría de vieras la bestia cuando despertaras, así que la traje y la solté aquí. ¿Ha aprendido en estos días los malos hábitos de otras bestias?
El toro pastaba bajo el manzano, en alguna parte allí, donde ahora sólo quedan unas piedras de lo que fue la base de la choza.
lunes, septiembre 19, 2022
Arioso Poema del poeta sueco Kjell Espmark (1930-2022)
Arioso
Kjell Espmark
Yo hui convertido en llamas,
de la biblioteca de Alejandría.
Los nueve rollos de papiro que me albergaron,
aún crepitaban en el traicionado amor,
desembocó en chispas y fuegos ascendentes.
Y yo morí por segunda vez.
Fragmentos de mí sobrevivieron como citas.
Mi palabra para el cielo se la adueñó un pedante erudito—
Que se aferró al escritorio
cuando el azul de repente se convirtió en un azul profundo.
Un pronombre usado de una manera inusual.
hechizó a un gramático. La palabra
que se escribió en oro y verde: ¡un escarabajo! –
abrió sus alas y despegó
para llevar su contexto a través de los siglos.
Otros fragmentos de lo que fue Safo
como llamas sobre los transeúntes se posaron
para "llamar de vuelta al que ella tanto amó".
Palabras que quemaron el viento: ¿Que querías de mí
cuando estoy partida como un leño,
"temblando de deseo y pronto casi muerta"?
perdonada por su hermano fuego,
y encontró refugio en una mujer solitaria
en el resplandor verde de una lámpara de aceite,
susurrando en la tarde entre asombradas típulas.
Escribió poesía en pedazos de papel rotos.
Levanto
la vista cuando alguien gritó: ¡Emily!
– indefenso por un momento.
Entonces mi mareo entró en su cabeza.
El zumbido en lo que eran mis oídos
tuvo lugar en los de ella
y yo estaba sudando en su piel
al pensar en el amado.
Yo no entendía el idioma de ella
y el dolor de los riñones no era mío.
Pero su escalofrío no requirió traducción,
ni el rubor feroz
que se sintió hasta muy abajo del cuello.
Skapelsen de Kjell Espmark, 2017
Versión desde el sueco: Pérez Santiago
jueves, junio 23, 2022
ASESINA SERIAL EN COPENHAGUE. HORROR NÓRDICO. Presentación de Asesinato en Copenhague
Volé por primera vez a Suecia en un Boeing 747 de Air France.
Para volver a vivir. Después de años de dictadura, persecución y
escapularios del Opus Dei.
Era el verano del 78.
No sabía casi nada de Suecia. Tal vez un manojo de cosas obvias.
Sabía que había un rey, Carl Gustaf.
Sabía que había un famoso tenista, Björn Borg.
Sabía que había un cineasta, Ingmar Bergman.
Sabía de su película de inusitado erotismo, “Un verano con Mónica”,
creo que de 1953.
Poco más.
En Suecia había un invierno congelador. Frío, gris. Nevaba.
Fui a vivir a Malmö, una ciudad de 200 mil habitantes.
No sabía ni una palabra de sueco.
Cuando los escuché por primera vez, pensé que eran alienígenas, peculiares
como los japoneses.
En Malmö me
aburría los fines de semanas. La biblioteca cerrada. En esa época no había
terrazas en los restaurantes. Y mis queridos amigos suecos desaparecían de la
ciudad. A las 3 de la tarde del sábado estaba todo cerrado.
Y el frío. Y el maldito viento que olía a hierro.
Frío, viento y soledad, así se llamaría la novela. Fingir ser fuerte.
Nosotros, los sin familia, nos refugiábamos los sábados en el restaurante
Zorba, del amable griego
Jashar Alushi. El bueno de Jashar preparaba comida casera, sabrosa y abundante:
moussaka o stifado. Tenía un vino reguleque, pero a precio popular.
Un día, por invitación de una buena amiga, descubrí que lo mejor de Malmö era
la vecindad con Copenhague, la capital de Dinamarca. Subir al ferry y en 40
minutos llegar al centro de Copenhague, una de las ciudades más lindas del
mundo. Existía un largo paseo peatonal, la Strøget, un
hervidero de vida humana.
Pero. En el ferry mi amiga me contó que Copenhague tenía una leyenda
negra, una asesina serial llamada Dagmar Overbye.
Las danesas hoy son independientes en términos de igualdad de género. Pero
no siempre fue así. Hace 100 años la vida no era muy bonita para muchas mujeres
en Dinamarca. Tener un hijo fuera de matrimonio era, para muchas, una
maldición. Mi amiga me cuenta que la estricta sociedad luterana las condenaba socialmente.
Algunas mujeres, forzadas por el escarnio social, optaban por regalar sus bebés.
Ese fue el caso de Caroline Aagesen. En 1920 puso un aviso clasificado
en el periódico Aftenposten de Dinamarca. Ella tenía 21 años y buscaba una
familia dispuesta a adoptar a su bebé de dos meses. Dagmar Overbye respondió al
anuncio. Caroline llevó su bebé a un departamento en Copenhague en un cochecito
azul. Dagmar tomó a la pequeña niña en sus brazos.
—Qué bonita es —dijo.
Caroline dejó a su hija con la desconocida y se marchó.
Dagmar se sentó en el sofá con la guagua en su regazo y la besó. De
repente se dio cuenta de que la pequeña se orinó. La desvistió y la puso en el
cochecito encima del edredón, con la cara hacia abajo.
Dagmar decidió que la niña tenía que morir.
De un cajón, tomó una cuerda roma y la ató con fuerza alrededor del
cuello.
Al llegar a su casa Caroline Aagesen se arrepintió de haber abandonado
a su bebé con una desconocida. Su mala conciencia hizo que volviera al día
siguiente al departamento de Dagmar.
—Devuélveme la niña.
—No recuerdo la dirección de la familia a la que he entregado el bebé,
le dijo Dagmar.
La madre desesperada dio aviso a la policía. La policía visitó el
departamento y encontró la ropa de la niña, su cráneo y huesitos entre las
cenizas de la estufa, en realidad, un clásico calentador de mampostería escandinava, kakelugn.
Dagmar fue arrestada y confesó los monstruosos asesinatos de 16 bebés,
tal vez más, destripados como pescados.
Los diarios titularon la sangrienta noticia. El rostro sádico de
Dagmar horrorizó a las mujeres, a los niños.
Y la Caja de Pandora se abrió: 180
niños fueron reportados como desaparecidos.
Muchos no creyeron que Dagmar actuaba sola. Habría una maquinaria para
hacer desaparecer niños.
Mira qué terrible. Es cierto, duele. Sin sentido.
Un angustioso río de pena y terror moral corrió por los corazones daneses.
Parecía que Copenhague
se estaba yendo al infierno, al verdadero averno.
Los asesores
de susceptibilidad social quizá tuvieron mucho trabajo para calmar, consolar
y superar las amargas experiencias emocionales de la pequeña y cerrada sociedad
danesa.
Debe haber sido muy duro para los tres millones de daneses.
Como lo fue para mí cuando mi amiga me contó esta tétrica historia.
La maldita lunática homicida, la asesina de melena voluminosa, fue
condenada a muerte.
Vivió en prisión hasta que murió.
Creo que fue en 1929.
lunes, abril 26, 2021
Omar Pérez Santiago: “Cómo todos los grandes poetas, Karin Boye creó su propio mundo”

Pérez Santiago, 1988. Foto: Ricardo Arroyo
Entrevista a Pérez Santiago, traductor de la poeta más importante
de la literatura sueca, Karin Boye.

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“Leí a la sueca Karin Boye
en los años 80. Yo era un joven desterrado y confundido. Ella me dio una
luz. Hoy, pasado los años y en la triste pandemia, su relectura reforzó
en mí la poeta vital. No dolida, No
triste. Un hombre, una mujer debe levantarse y hacer lo que tiene que hacer” Entrevista en el programa Barco de Papel de Radio Nuevo Mundo por Macarena Castro y David Hevia, lunes 26 de abril 2021. 1. Omar ¿Cuáles son, a tu juicio, los elementos más destacables de la obra poética de Karin Boye? Los elementos más destacables de su obra poética es su magnífico ritmo
de oleadas sonoras surgidas de su fantasía personal. —sobre el amor, la fe, la muerte, la cultura y la
naturaleza—, de inusual calidad musical y rítmica y sensibilidad en el
lenguaje. En las horas frías de mi remoto exilio en Suecia, durante los años 80,
leí encantado a Karin Boye. Descubrí entonces que el mayor valor de una poeta
es su encanto. Hoy, en la apocalíptica pandemia traduzco sus libros de poesía.
Releo su legado. Karin Boye la poeta
más querida en Suecia, nació en 1900 y murió en 1941. En 1922 tenía 22 años Era menuda.
Pelo corto. Caminaba alegre y risueña por los grandes y hermosos jardines de la
Universidad de Uppsala, la casa de estudios más antigua de la región, donde
estudiaba griego, idiomas nórdicos e historia de la literatura. Un día su sueño
mágico se hizo realidad y su vida cambió. En 1922 la editorial Bonniers publicó
su primer libro Nubes, 42 poemas
sobre cosas esenciales —El culto a la belleza, el espíritu de lucha y la vida
dinámica, la intensidad, curiosidad y la sed de vivir de sus poemas sedujeron a
la juventud. Fue inmediatamente leída por mujeres jóvenes, como ella. Una poeta
al mismo tiempo canónica y heterodoxa. 2.
Tú has emprendido un trabajo de traducción de su obra. ¿Qué buscas rescatar de
la autora también traductora, en esa tarea y que desafíos aparecen allí en el
oficio de volcarla al castellano? Yo rescato su vitalidad
poética, su alegría de vivir. Su fe en la palabra. Y mis traducciones la
colocan en una corriente poética vitalista. Durante los hermosos años de anarquía
que siguieron al tratado de Versalles de 1919 -fin de la guerra y de la
pandemia de la gripe española-, Boye vivió la vida que deseó. Era vital, de
espléndidos ojos azules. Gentil. Graciosa. Pelo corto a la moda. En la Universidad de Uppsala estudió
idiomas, útil para su elocuencia. Durante esos felices años veinte fue activa en asociaciones
femeninas y en revistas culturales, fue crítica literaria y traductora. Tradujo La Tierra Baldía de
T.S. Eliot al sueco. Le gustaba la fiesta. Bailó en los
bares lésbicos El Dorado y Silhouette de Berlín, antes de que Hitler los
prohibiera. Estuvo en Moscú antes de la sangrienta purga de Stalin. Tuvo una vida sexual activa. Se casó
con el escritor Leif Björk. Relación breve con el profesor Victor Svanberg. En
Berlín, según escribió en una carta, se acostó con una gigoló griega. Desde
1934 vivió con la joven judía alemana Margot Hanel. 3. Por estos días vea la luz tu versión de Nubes. ¿Observas una
evolución estética entre ese primer poemario de Boye y su obra posterior? Sí, Nubes se publica con Los Perros Románticos. Karin escribió 5 libros
de poemas entre 1922 y 1941 · (Nubes), 1922. (Tierra Oculta), 1924 · (Los Hornos), 1927 ·
(En el nombre de los árboles) 1935 · (Los siete pecados capitales), 1941. En su
poesía mantuvo el cuestionamiento de supuestos valores e ideales eternos,
absolutos e inmutables. Hacia el fin de su vida las cosas cambian. La lucha
cultural se libró entre las fuerzas culturalmente conservadoras que defendieron
el viejo orden y fuerzas radicales que
sintieron la necesidad de crear un nuevo orden. Karin
Boye tenía una verdad interior, era libre de prejuicios, abierta a la verdad.
Su forma de vida era una protesta contra la decadencia y la decrepitud de la
civilización. En los cinco libros, que yo ahora traduzco, incubó un legado literario,
realidades imaginarias o simbólicas, que han ejercido una gran influencia en la
cultura con su magnífico ritmo del lenguaje, que cautiva nuestro entusiasmo por
su pureza y fuerza. Una poesía pura y llena que esas
oleadas sonoras que no se interrumpen ni por un segundo; ninguna obra de la
poesía sueca tiene esa continuidad de ritmo, esa armonía tan bellamente
desplegada. 4. “Aquí no voy. Esta no
soy yo/ Esto es solo es solo un reflejo mentiroso”, escribe la autora en Idea.
En el Réquiem de tu traducción de Nubes tú adviertes sobre la forma majadera en
que se ha pretendido dar a la autora el rol de angel caído, y que la
manipulación hizo algo parecido en Chile con Gabriela Mistra. Nos gustaría que
te explayes sobre eso. Karin Boye era una poeta de excelencia superior, pero la construcción
mental de la época interpretó su muerte
como un problema psicológico personal, antes que efectos de la organización
social. Su muerte en 1941 fue considerada como un problema íntimo. Las construcciones
mentales de la época evadieron la responsabilidad social y política del statu quo en el trato a
las mujeres. Eso es lo que hay que reparar. Efectivamente, el rol que le asignaron en mundo del arte fue de ángel
sufrido, de monja. En Chile, los manipuladores hicieron lo mismo con la poeta Gabriela
Mistral, la convirtieron en una recitadora de rondas infantiles, en una madre
frustrada. Recién ahora se lee con otros registros. En el caso de Karin Boye, las nuevas biografías han cambiado esa visión
que se construyó inmediatamente después de su muerte. Hay indicios que ella
realmente no quería suicidarse. La dosis de insomnio no habría sido lo
suficientemente fuerte. Ella no murió por las pastillas para dormir. Ella se habría
congelado hasta la muerte. A comienzos de los años 40, ella vivía una de las épocas más oscura de
la civilización, nazismo, stalinismo, en una palabra, totalitarismo. Una lucha
directa con el demonio. Una época tan oscura como la actual crisis de la
civilización por el Coronavirus. Lo mismo ocurrió con otras dos escritoras de esa época, Virginia Woolf
y Alfonsina Storni. La comparación da una serie de reflejos que iluminan mejor
el marco de profundidad en el espacio. La tres insignes figuras épicas acumularon muchas semejanzas, Boye,
Woolf y Storni. Las tres terminan prematuramente su vida. Eran naturalezas libres encerradas entre muros, en un espacio más
reducido que un convento, en una comunidad opresora. Para ellas, después de unos brillantes y divertidos años 20, la realidad era sombría. El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf se puso su abrigo, llenó sus
bolsillos con piedras y se lanzó al pequeño pero profundo río Ouse, Inglaterra,
cerca de su casa y se ahogó en esas aguas oscuras. En 1938 Alfonsina Storni se suicidó en Mar del Plata, Argentina,
arrojándose desde la desaparecida escollera del Club argentino de mujeres. A Karin Boye la encontraron en un bosque. 5. En tu condición de escritor, qué sabores y aprendizajes te deja haber
revisitado los versos de Boye de esa forma tan intensa que desemboca en la
traducción? La nobleza de su lenguaje era la forma natural de su aliento, de su
voz; era algo fundamental de su propio ser; nada hay de artificial en esa obra,
en la que sólo hallamos magnificencia de la forma. Su literatura ha influido en
varias generaciones de mujeres de trayectorias intelectuales. Sí, por supuesto.
Karin Boye era una mujer llena de vida y vitalidad, con gran sentido del humor
y personalidad
Era gentil e indulgente. Tenía gracia y gentileza. Sí. Pero también
tenía el brío de las chotacabras, la energía que el pájaro necesita para
incubar en el nido su huevo poético. Su luminosidad para entregar vida a su
germen interior, una lírica de temperamento y carácter. Karin Boye era bastante
rica en imaginación, audacia y fuerza creadora como para producir una nueva
realidad que la amplia y la enriquece, una ilusión poética que se transforma en
vida, un mundo dentro del mundo. Cómo todos los grandes poetas, ella creó su
propio mundo. |
lunes, marzo 14, 2016
jueves, abril 02, 2015
Los suecos son un pueblo terrible fome, según un extendido prejuicio
Hay un prejuicio que dice que los suecos son un pueblo terrible fome. Tan fome como el pueblo chileno.
Una monomanía que echaron a correr los compañeros brasileños. Recuerdo que en las fiestas, suecos y chilenos nos encerrábamos en la cocina a beber vino tinto y a hablar cosas tristes. Hablábamos cosas tristes y melancólicas mientras los compañeros brasileños bailaban. Y al transcurrir la fiesta, nosotros, suecos y chilenos, más tristes y curaos y los compañeros brasileños más alegres y bailarines.
Los chilenos que llegamos alguna vez a Suecia, aprendimos rápidamente la tradición de sacarnos los zapatos al entrar a una casa, a pesar del olor a pata, y aprendimos a pagar religiosamente el impuesto mensual para ver la televisión abierta, el impuesto más difícil de controlar por Impuestos Internos. Chilenos tan fomes y comportados como los suecos.
Nos mimetizamos fácil.
En esa época había cosas que sorprendían en Suecia. Recuerdo haber llamado por teléfono a su oficina al canciller sueco , por un asunto literario al que deseábamos invitar, y para mi sorpresa, el canciller Pierre Schori, fue el que contestó el teléfono en persona.
Era la misma época en que el rector de la Universidad de Lund, una de las más antiguas y prestigiosas de Europa, llegaba en la mañana a su trabajo en bicicleta y la estacionaba junto a las bicicletas de cientos de estudiantes.
Suecos fomes, digan ustedes si quieren, pero gratamente sencillos y cercanos.
Del mismo modo, creo que el humor en la literatura sueca, como en nuestra literatura, es escaso. O es un humor de coserías, leve y quisquilloso. Pero sin carcajadas. A lo más una sonrisa educada, similar al humor de la columna de Liberty Valance de la revista del sábado de El Mercurio.
Desgraciadamente, eso ocurre también con la literatura chilena clásica o con la narrativa de nuestros esforzados escritores jóvenes, a los cuales suelo leer de vez en cuando.
La risa parece que les da alergia en su literatura.
Pero ahora, entre el calor y los paseos del estío, acabo de terminar la novela “La analfabeta que era un genio de los números” del sueco Jonas Jonasson, en la traducción de Sofía Pascual Pape. La novela de 410 páginas es de una excepción notable. No todos los suecos son cabezones como Ingmar Bergman, ni sociales como Stieg Larsson.
Esta una novela delirante. Si casi no parece sueco.
Jonasson es periodista y es autor de “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, novela sobre la rebelión de un abuelo que se echa por la ventana a vivir otra vida, y que ya vendió 8 millones de ejemplares y fue hecha una película, que es la más vista en toda la historia del cine sueco.
La protagonista de “La analfabeta” se llama Nombeko Mayeki, nació en Soweto en 1961, limpiadora de letrinas públicas en el gueto de Johannesburgo, con habilidad innata para las matemáticas. Fue servidora de un inútil ingeniero de nombre Engeltbrecht Van der Westhuizen. La historia paralela la protagoniza Ingmar Qvist de Södertälje, un republicano bajo tutela moral del escritor Vilhelm Moberg. Ingmar tuvo dos hijos Holger 1 y Holger 2.
En la novela de seis partes y 24 capítulos, aparecen una chica antisistema, un desertor de Vietnam, agentes del Mossad, de la CIA, el presidente chino, el primer ministro sueco Fredrick Reinfeld, el rey sueco Gustav Adolf, un rey sencillo y cercano, algo fome (si es sueco), pero es un campechano que le gusta beber cócteles.
Con un estilo directo, una novela que avanza rápido, con un humor desatinado, extravagante, muy poco sueco, muy poco sueco, pero muy recomendable.
lunes, febrero 02, 2015
lunes, enero 05, 2015
Melker Garay, creador de libro “m c v” de la Biblioteca de Babel inventado por Borges, visita Chile
domingo, enero 04, 2015
Boom de la literatura sueca y como Chile carece de una gestión cultural en la era global
A pesar que los suecos son un pueblo pequeño, casi 9 millones de habitantes. Europa tiene más de 850 millones de habitantes.
¿CÓMO SE HAN CONVERTIDO EN UN SUCESO DE VENTAS?
domingo, abril 21, 2013
Las semejanzas misteriosas de forma y de fondo de los poemas de Jorge Teillier y Tomas Tranströmer. Chile & Suecia: dos poetas, dos poemas.
Tomás Tranströmer (premio Nobel sueco) y Jorge Teillier (poeta chileno) son dos poetas de gran renombre conectados por una afinidad poética notable, donde ambos evocan una sensación de misterio, cotidianidad y una conexión profunda con la naturaleza y el pasado, como si la poesía les fuera entregada, siendo la conexión una "placa tectónica" poética que une sus mundos, a pesar de la distancia geográfica y temporal.
domingo, junio 10, 2012
miércoles, febrero 10, 2010
Carl Michael Bellman: Melancolía de la jarana infinita del más grande poeta sueco, un genio que muere en un calabozo.
Un 4 de febrero de 1740 nació en Estocolmo, Carl Michael Bellman, el mayor genio literario sueco. Un poeta tan vigente, tan vivo y tan dominante hoy, que lo escuchan y lo aplauden las chicas y los chicos en cualquier concierto de rock, en cualquier fiesta universitaria, o cualquier celebración de la empresa o fiesta familiar.
El inevitable paso de los siglos lo ha mejorado, y, como los grandes vinos de guarda, mantiene su estructura y su fuerza, su frutosidad y su cuerpo, que demuestran la salud de la planta.
Estocolmo tenía 72 mil habitantes en 1740, olía mal y las enfermedades llevaban muy directamente a la muerte. De hecho, la madre de Carl Michael procreó 14 hijos, 7 de los cuales murieron de niños.
Estocolmo era un puerto activo y había cerca de 900 bares, un alto consumo de alcohol y una extensa prostitución. Bellman tiene descripciones realistas de la vida de esos pobres y dignos seres, y los personajes principales de sus poemas y canciones son precisamente dolidos alcoholizados y meretrices.
Bellman no moraliza, no los mira desde arriba, al contrario, escribe con compasión y simpatía y con su trasfondo de dolor, vacío y frustración; pues sí, la intensa tristeza y la dulce miel de la melancolía en la fiesta urbana.
Bellman da confianza, por que no dudaba y por que sus obras están probadas. Su energía, su irresistible felicidad poética, su fuerza mística aun hace temblar las paredes.
Escribía con envidiable liviandad, libre de convenciones y muy vivaz sobre dos cosas lucidas y cardinales para un humano:
primero, la alegría del festejo y, segundo, la angustia, ay, la zozobra de la muerte (“púrpura y oro muta a jirones y basura”).
Es decir, dos cosas básicas: la felicidad y la brevedad de la vida.
Su padre era abogado y Carl Michael recibió una buena educación, aprendió alemán y francés, las artes literarias y comenzó a escribir cartas, poesías y a traducir salmos.
A los 17 años publicó dos libros con sus traducciones. A los 18 años ingresó a la Universidad de Uppsala, aunque la mayor parte del tiempo allí, tal como ocurre hasta hoy con ciertos estudiantillos, lo usó para ser animador de parrandas.
Ese hábito continuaría a través de los años: irse de juerga con peculio prestado. Una vez sus deudas lo llevaron a huir a la vecina Noruega. A los meses es indultado, aunque el banco descubrió un hoyo financiero pues varios de los funcionarios se habían prestado dinero para irse de fiestas con el ameno Bellman.
Bellman, un significativo pilar artístico, se movía con su cítara desde los bares a los salones de la aristocracia. Allí había patees de aves, papas cocidas en salsas, verduras guisadas, frutas secas y pescados frescos muy bien aliñados, acompañados de vinos importados, cervezas y aguardientes, mientras él declamaba y cantaba sus melodías.
Bellman publicó 82 parodias a la Biblia, las llamadas Epístolas de Fredman, su alter ego, y publicó además las Canciones de Fredman, una antología de sus mejores y más populares canciones.
Se afirma que sus melodías a menudo era prestadas y reelaboradas, de operetas y canciones populares.
En 1772 el rey Gustaf III da un golpe de estado contra el parlamentarismo.
Bellman había compuesto Skal Gustaf (Salud Gustaf) que se transformó en un popular himno real.
III era un mecenas cultural y creó la Academia Sueca, la Academia de la Música, el Teatro Real y el Ballet real.
Bellman fue el predilecto del rey.
Pero, lo que son las cosas.
El 16 de marzo 1792, el rey se dirigió al Real Teatro Opera, Kungliga Operan, a un fiesta de máscaras. Caminó por el salón y un hombre enmascarado y vestido de negro sacó una pistola y le disparó en la columna.
!Bam!
Muerto.
Bellman amaba a su rey y su desaparición le debe haber dolido.
El juglar se había quedado sin su protector.
Pero Bellman continúa su vida del mismo modo. Un poeta no tiene alternativa, su pasión lo arrastra y no puede rendirse.
Su economía empeora y sus deudores no lo perdonan y lo acosan y termina en la cárcel, en una galera fría en un país frío, donde enferma y muere a sus 55 años en 1795.
Pero la muerte y el paso del tiempo no han importado.
Con certeza se puede decir que Carl Michael Bellman está intensamente presente. Por ejemplo, Ve como nuestra sombra, la Epístola Nr 81, la interpreta a coro con el público joven, entre muchos otros, el rockero Joakim Thåström y la banda metalero While Heaven Wept.
En esta Epístola, Bellman construye roles, fiel a su estilo. Aquí están su amigo Movitz, y la gruñona y sedienta Lövberg, a quien van hoy a enterrar y que no presionará la uva ya más.
Bellman usa el modo presente y comienza normalmente con un llamado imperativo, en este caso: “Ve”, y también usa motivos de la antigüedad, como el griego Carontes, el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río.
Ve Como Nuestra Sombra
Como la tiniebla la circunda,
Como una pala de púrpura y oro se altere
Y mute a jirones y basura.
Y el sepulturero da tres paladas con brío,
La uva tú ya no afanas.
Por eso, Movitz, ayuda a poner el frío
Mármol sobre nuestra hermana.
La campana atrae la campana mayor,
El organista con flores en el portal;
Y con los niños y su rezo cantador,
Bendice este lugar.
En el camino al templo de la ciudad
Pisan las hojas amarillas de las rosas,
Y fragmentos de palos y maderas
Hasta que la larga y enlutada comitiva,
Llora y profunda se inclina.
Tu mujer, la gruñona Lövberg;
Allí, hacia la hierba larga y delgada,
Aún tú miras atrás.
Y con ella la picaresca extraña;
Quién llenará la botella.
Sedienta era ella y resediento yo soy;
Sedientos todos.
(Versión del sueco: Omar Pérez Santiago)
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