Italo Calvino relata en una nota que él llevaba carpetas donde metía sus páginas escritas. Tenía una carpeta para los objetos, una carpeta para los animales, una para las personas, una carpeta para los personajes históricos y otra para los héroes de la mitología. Cuando una carpeta empezaba a llenarse de folios, pensaba en un libro.
Durante años los cuentos de Nefilim en Alhué fueron a una carpeta, que debió llamarse la carpeta de la muerte.
Durante años los cuentos de Nefilim en Alhué fueron a una carpeta, que debió llamarse la carpeta de la muerte.