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martes, marzo 02, 2021

BREVES SUGERENCIAS PARA FUTUROS ESCRITORES. Omar Pérez Santiago


 1. El mayor valor de un escritor es el encanto, (la gracia, como en el amor).

2. No supedites tu cuento a la política. Nabokov, el escritor mal genio, lo sostiene  enfáticamente.

3. La literatura es invención e imaginación. Las mejores obras son a menudo cuentos de hadas.

4. El lindo cuento de hadas que uno imagina normalmente ya está escrito, y es un clásico con raíces en una Placa Literaria. (Borges: “a veces escribí algo que ya había leído”)

5. La trama y el conflicto no tiene mucha importancia. Es el tono el que importa. Lo ha dicho James Joyce. "La trama no es importante. El objetivo de toda obra de arte es la transmisión de la emoción".

6. Lo importante son los fragmentos. El lector se detiene en una anécdota rara o sórdida o siniestra.  Lo ha dicho Chuck Palahniuk. El fragmento es, a menudo, el significante freudiano: un chiste, un lapsus, un acto fallido, un sueño.

7. No rellenes. No despilfarres. Ya hay demasiados libros buenos. Todos los días aparece un nuevo genio literario. Sé leve o ligero (Italo Calvino).

8. Crea personajes empáticos. Alguien mordido por la desesperación. Un personaje es una pequeña unidad privada que vibra, que tiembla.

9. Evita lo fastidioso. Soslaya a los que creen que para que lleguen unas gotas de agua, hay que mover montañas y crear acueductos.    No te metas en esa jaula, que también la llaman tedio.

10. No pienses en finales felices. Todos vamos a morir.

11. Si quieres hacer un bizcocho anda a la cocina. Escribe. (Úrsula K Le Guin, la reina de la fantasía). La habilidad para escribir son años de experiencia (Norman Mailer).

12. Nunca, pero nunca discutas con un editor. Dice la canción: "nunca te cases con un ferrocarrilero, él te ama a veces, pero su corazón va en su tren". (Never Marry a Railroad Man. Shocking Blue. )


OFF THE RECORD. MARZO 2021

 

OMAR PÉREZ SANTIAGO, AUTOR DE “EL PEZÓN DE SEI SHONAGON” Y “MEMORIAS ERÓTICAS DE UN CHILENO EN SUECIA”.

jueves, febrero 18, 2021

Pushkin

Aleksandr Pushkin en versión de María Camila Quiceno



 I value little those much vaunted rights

that have for some the lure of dizzy heights;

I do not fret because te gods refuse

to let me wrangle over revenues,

or thwart the wars of kings; and ‘tis to me

of no concern whether the press be free

to dupe poor oafs or whether censors cramp

the current fancies of some scribbling scamp.

These things are word, words, words. My spirit fights

for deeper Liberty, for better rights.

Whom shall we serve -the people or the State?

The poet does not care -so let them wait.

To give account to none, to be one’s own

vassal and lord, to please oneself alone,

to bend neither one’s neck, nor inner schemes

nor conscience to obtain some thing that seems

power but is a flunkey’s coat; to stroll

in one’s own wake, admiring the divine

beauties of Nature and to feel one’s soul

melt in the glow of man’s inspired design

-that is a blessing, those are the rights!

Traducción al inglés de Vladmir Nabokov. Curso de literatura rusa.


Poco estimo esos derechos tan cacareados 

que para otros encierran el señuelo de las altas cumbres, 

ni me apura que los dioses no me hayan concedido 

pelearme por una renta o torcer las guerras de los reyes, 

ni me preocupa que la prensa sea libre para engañar a los simples 

o que el censor estorbe las fantasías en curso de un tunante de la pluma. 

Todo eso son palabras, palabras, palabras. Mi espíritu lucha 

por otra Libertad más profunda, por otros derechos mejores. 

Si hay que servir al pueblo o al Estado, 

es cuestión que al poeta no le importa. 

No rendir cuentas a nadie; ser vasallo y señor de sí mismo

 y sólo a mí mismo complacer; no doblegar ni la testuz, 

ni el proyecto interior, ni la conciencia, 

a cambio de lo que parece poder y no es sino librea de lacayo; 

seguir tranquilo la propia senda, admirando las bellezas divinas

 de la Naturaleza y sentir cómo el alma

 se derrite al calor del designio inspirado del hombre,

 ¡esa es la bendición, esos son los derechos!

Traducción inglés castellano de María Luisa Balseiro.

NABOKOV. Noche de tertulia en el bar Liguria de Providencia. Utopista Pragmático. La Nación







El utopista pragmático, diario La Nación 

Viernes de una noche cálida. Tertulia de escritores en El Parrón de Providencia. Alguien cuenta que el periodista Víctor Gutiérrez afirmó por Chilevisión que Vladimir Nabokov, el aristócrata emigré creador de Lolita (1955), fue pederasta. De pronto, los tertulios estamos de acuerdo en que Gutiérrez se confunde. Nabokov nunca fue un pederasta.

Serían algo más de las 11 de la noche y salimos de El Parrón con el escritor Jorge Calvo. Cruzamos al bar Liguria. Extrañamente, miren lo que es el destino, nos atravesamos con Víctor Gutiérrez. Obviamente, Calvo no puede dejar de decirle: 

—¿Tú dijiste por la tele que Nabokov era pederasta?
—Sí, dice Gutiérrez, si lo es, Nabokov.
—Te equivocas, Nabokov no es pederasta
—Sí, lo es, sostiene Gutiérrez.
Dialogo de viernes por la noche. 

Gutiérrez entra al Liguria algo contrariado.

El periodista comete un error, un desliz común a los que ven la literatura con ojos del crítico higiénico y los biempensantes que catalogan a las novelas por sus efectos pedagógicos.

El brillo de Vladimir Vladimirovich Nabokov era discreto hasta la publicación de su novela Lolita (1955). Rechazada por las editoriales norteamericanas, finalmente, se imprimió en París por Maurice Girodias, editor de Samuel Beckett, Jean Genet y William S. Burroughs. La novela pasó desapercibida hasta que Graham Greene en el London Times la incluyó en enero de 1956 entre "las tres mejores del año". Tres años más tarde, se publicó en Estados Unidos. Vendió tres ediciones en cuatro días y cien mil libros en tres semanas. Nacía una leyenda. De ser un profesor modesto, Nabokov se convirtió en un literary star, regalón del Playboy y de The New Yorker. Colaboró en el guión para la adaptación de Lolita al cine por Stanley Kubrick en 1962.

La novela trata de una niña de 12 años, Dolores Haze, conocida como Lolita, que pierde a su madre viuda en un accidente de automóvil y cae en manos de su padrastro, quien abusa de ella a lo largo de unos meses, en que atraviesan en coche los Estados Unidos. Nabokov creó un arquetipo, una mixtura de efebo-niña, media boba, ramplona y kitsch, capaz de aniquilar al triste sátiro, Humbert Humbert. El hombre ve en una vana colegiala a una criatura mágica. La nínfula sólo existe en la contumacia de Humbert. El linaje de la novela es la ironía, el humor negro, el juego de palabras, el uso del detalle, el ojo clínico, en fin, su plataforma verbal y acrobacia novelística.

Nabokov se cansó de declarar que él no tenía nada que ver con el profesor que se enamora de una chica de 12 años. Ni siquiera la novela había nacido de una experiencia real del autor. Fiction is fiction. El proyecto comenzó un día "en que me hallaba postrado por una neuralgia intercostal”. Nabokov luchó contra la mala leche: “Lolita no es una niña perversa. Es una pobre niña que corrompen, y cuyos sentidos nunca se llegan a despertar bajo las caricias del inmundo señor Humbert, a quien una vez pregunta: "¿Siempre viviremos así haciendo toda clase de porquerías en camas de hotel?"

La fama de Lolita como pederasta es, más bien, el servilismo del periodismo ante el gran público. “No sólo la perversidad de la pobre criatura fue grotescamente exagerada sino el aspecto físico, la edad, todo fue modificado por ilustraciones en publicaciones extranjeras. Muchachas de 20 años o más, pavas, gatas callejeras, modelos baratas, o simples delincuentes de largas piernas, son llamadas nínfulas o "Lolitas" en revistas italianas, francesas, alemanas, etc. . El colmo de la estupidez. Representan a una joven de contornos opulentos, como se decía antes, con melena rubia, imaginada por idiotas que jamás leyeron el libro.”(Nabokov)

Estos últimos años se publicaron otras novelas inquietantes: En American Psycho de Breat Easton Ellis, (1991), un yuppie fetichista, Patrick Baterman, recoge prostitutas callejeras y las viola, tortura y mata lentamente. Es un joven rico de éxito que se aprovecha de tantos dejados a su suerte y que al otro día de su desaparición nadie, pero nadie los reclama. El sicótico se va luego de compras y de fiestas con sus amigos. Nada le pasa. Está protegido.

La perturbadora novela El fin de Alice (1999) de la norteamericana A.M. Homes, describe los tormentos y obsesiones sexuales de un pederasta encarcelado y obsesionado con el recuerdo de una niña llamada Alice. Chappy (mezcla de Humbert Humbert de Lolita y Hannibal Lecter de El silencio de los corderos) imagina desde su celda, donde lleva recluido 23 años, una relación con una adolescente con la que mantiene asidua correspondencia. También El fin de Alice despertó controversia en Estados Unidos. En Gran Bretaña estuvo a punto de ser prohibida.

Así ocurre. De tiempo en tiempo una novela es cuestionada, no por su calidad literaria, sino porque toca temas prohibidos, y entonces se le procesa, se rivaliza si hace daño o no, si es bueno o no que los jóvenes la lean. Normalmente, la novela sale redimida y gana más lectores.

Por otro lado, y más allá de la literatura, estos años revueltos han demostrado que el abuso infantil es una realidad. El abuso infantil real, no simulado, alcanzó a todo el mundo provocando alarma social. La “agenda” social (y a veces política) se llenó de este tema en todas partes. Esto es lo grave, amigos leedores: un millón de niños pobres son forzados hoy a prostituirse (4.000 niños chilenos según el SENAME). No sólo eso. Hay 40 millones de niños que se quiebran el espinazo trabajando en el mundo. 40 millones de niños. Esa es la verdadera contrariedad que nadie puede esquivar y sobre el cual hay que levantar la voz. Amigos, vivimos un momento extraño. Hay gente rica y con poder (a los que al parecer el mundo les prometía algo más) y no son felices consigo mismos. Una vez más, es un ejemplo de lo necios que podemos ser en ocasiones los seres humanos, tanto los que se equivocan, cómo los que observamos con indiferencia. En eso Víctor Gutiérrez puede tener, desgraciadamente, razón.


por Omar Pérez-Santiago
en Utopista Pragmático Nº112, Noviembre Diciembre 2003

 

 

sábado, mayo 01, 2010

Los dientes de Martin Amis


Lo que más me impresiona del libro de Martin Amis, Experiencias, lo que más risa y pena me da,  es como el autor puede construir un personajillo con su boca y especialmente con sus dientes, o la ausencia de ellos.

En este libro de memorias, aparte de las historias de  su padre, el escritor Kinsgley Amis, son las intimidades de sus dientes, o la ausencia de ellos, lo que más me conmueve.
Literariamente no está sólo en esto, según afirma:  Nabokov y Joyce sufrían de lo mismo.


“-Voy a pasármelo fatal. Pero también usted: va a tener que mirar dentro de mi boca. La parte inferior de mi dentadura es, sencillamente, muy mala. Pero la superior… Tengo un puente que me va de oreja a oreja, y lo 
 único que lo mantiene ahí, que yo sepa, es la costumbre. El problema es hereditario, amén de la falta de adecuado cuidado cuando era más joven. Mi madre tenía buena dentadura y malas encías. Mi padre tenía las encías bien y mala dentadura. Yo tengo mala dentadura y malas encías.

—Echemos un vistazo.
—Ármese de valor —dije, y abrí la boca.”


Todo es material literario. Hasta los dientes.



Me parece que la pobre ciudad ha estado atribulada demasiado tiempo. Anne Carson.

Me parece que la pobre ciudad ha estado atribulada demasiado tiempo. Luz sobre muros de ladrillo y un viento del norte azotando las ramas...