jueves, abril 09, 2026
martes, octubre 15, 2024
Historias de exilio. Skármeta vivía su exilio en Alemania occidental. El año 1986 lo invitamos a Malmö, Suecia. Presentamos su película «Ardiente Paciencia» en la Folkets hus.

Skármeta vivía su exilio en Alemania occidental. En esos días del año 1986 lo invitamos a Malmö, Suecia. Presentamos su película «Ardiente Paciencia» en la Folkets hus.
Skármeta ya era conocido en los círculos literarios. Ya habían traducido al sueco varias de sus obras como La insurrección, 1982, Soñé que la nieve ardía, 1975, El cartero de Neruda, 1983 y, No pasó nada 1978.
Organizamos un seminario y luego hubo una alegre fiesta. En esa fiesta los hermanos Juan y Guillermo Moya tomaron unas guitarras y Antonio cantó boleros y tangos.
Después nos dio hambre.
Por la noche seguimos la conversa comiendo pizzas en un restaurant de la calle Davihallsgatan.
Esto publiqué entonces en el diario de Malmö, Kvallsposten.
Latinoamericano al tapete
SKÁRMETA INVITADO EN MALMÖ
El escritor chileno Antonio Skármeta participará mañana en un seminario sobre literatura latinoamericana, que se celebrará en Folkets hus, Malmö. También participan Lasse Söderberg, Oscar Hemer y Fredrik Ekelund.
Antonio Skármeta pertenece junto con Osvaldo Soriano (n. 1940), Ariel Dorfman (n. 1942), Cristina Peri Rosso (n. 1941), Isabel Allende (1942) y Fernando Gabeira a los productivos 40 talistas, los latinoamericanos de los “68″: la generación posterior a García Márquez, Vargas Llosa, Julio Cortázar, José Donoso, etc.
SANTIAGO CAÓTICO
Skármeța creció con la rápida industrialización de Chile, la urbanización violenta, y las mejores condiciones en la educación y la democratización general de la sociedad. Cuando era adolescente, asistió al fútbol, a discotecas y a manifestaciones políticas en el caótico y ruidoso Santiago con miles de otros nuevos inmigrantes.
Skármeta debutó en 1967 (El entusiasmo) y su segunda colección de cuentos llegó en 1969 (Desnudo en el Tejado). Los temas consistentes son que sus personajes practican juegos ingenuos y acalorados, que aman las jergas populares, el lenguaje íntimo…
Skármeta adopta un enfoque fragmentado y caótico de la realidad.
Una anécdota cuenta que Skármeta llegó a un pequeño pueblo del norte de Chile para amenizar la fiesta anual del colegio. En el podio estaban sentados el sacerdote, el presidente de los bomberos, el director, el presidente del consejo municipal, el jefe de policía, el presidente de Rotary; En otras palabras, las grises eminencias del pueblo.
Skármeta no siguió las convenciones.
VAYANSE DE AQUÍ
¡Chicos, no sé qué diablos están haciendo en este horrible pueblo! Creo que lo único correcto que puedes hacer es coger una mochila y hacer autostop en la autopista. Váyanse de aquí!
La anécdota apunta a un estado de ánimo que tiene que ver con la ruptura de la generación Beat, la vitalidad, las ansias de vida y la solidaridad.
Cuando el socialista Allende llegó al poder mediante elecciones democráticas en 1970, Skármeta se unió a la asociación de escritores de izquierda junto con compañeros generacionales como Ariel Dorfman. Cuando un mediocre pero astuto general machista tomó el poder en 1973, Skármeta y la mayoría de sus amigos escritores dejó Chile. Skármeta se establecerá en Alemania Occidental.
CONDICIONES EN EL EXILIO
Skármeta ha publicado varios libros en sueco.Colecciones de cuentos (Frispark, 1973) y novelas (Soñé que ardía la nieve, 1981, Sandinistas!, 1983 ambas en la editorial Federativ). Ardiente Paciencia es el nombre de la obra cinematográfica y teatral que escribió sobre Pablo Neruda. Éste es también el título de la última novela de Skármeta. Mañana Skármeta hablará sobre las condiciones del exilio en la literatura latinoamericana y también mostrará sus películas. Lasse Söderberg hablará sobre la diferencia entre la literatura latinoamericana y la española, y Oscar Hemer hablará de la contribución latinoamericana al «arte de la novela». Fredrik Ekelund nos brindará sus impresiones sobre el clima literario en el Chile actual.
El seminario se llevará a cabo en sueco y comienza. a las 10:00 am
PÉREZ-SANTIAGO, Kvallsposten, 24 de octubre de 1986.
sábado, junio 15, 2024
jueves, mayo 23, 2024
martes, mayo 21, 2024
lunes, mayo 20, 2024
lunes, julio 01, 2013
Sin intermediarios, cuento de Daniel Tobar, 1990
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| Ilustración de José Luis Liard |
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| Cuento escrito a máquina de Daniel Tobar, 1990 |
miércoles, septiembre 05, 2012
martes, marzo 08, 2011
lunes, julio 06, 2009
El niño terrible del exilio, Revista Marusia, mayo de 1990.
Hablar bien o mal, pero hablar del escritor chileno Pérez Santiago, fue un hobby a la moda en Malmö, la ciudad en la que reside desde 1978. Buscado por la dictadura de Pinochet ingresó, junto a otros perseguidos, a la embajada de Venezuela en Santiago vestido de gala y con invitaciones falsas a la fiesta diplomática. Allí, para sorpresa de todo el cuerpo diplomático reunido, pidió asilo político. Amante de la controversia, escribe artículos periodísticos en sueco, ha publicado una novela en sueco y ha escrito un guión de cine que se filmó en Suecia. Sus cuentos, con el humor e ironía que aparentan un divertimento, ha sido publicado en diferentes antologías y revistas. Una antología de joven poesía sueca, que él ha traducido al español aparecerá dentro de poco.
¿De dónde sale Pancho Pérez Santiago?
Nací el año
Jesús Ortega dice que tú eres el niño terrible del exilio chileno. ¿Qué opinas?
A Jesús lo estimo mucho, por eso le digo siempre lo que pienso...
Pero a ti te gusta realmente provocar...
Mira, me ahogan las camarillas, las mentiras acomodaticias y me agravia decir cosas o guardar silencio por convivencia. El autoritarismo nos coloniza y se dicen cosas por cobardía. No me gusta la uniformidad. Y ha habido mucha! Hay que estar un poquito contra la corriente para no aceptar convencionalismos.
Tú estás bien adaptado a la sociedad sueca, escribes en los diarios, animas veladas culturales en sueco, haces programas de radio, das charlas. ¿Cómo se logra eso?
El exilio es una beca, decía Cortázar. He vivido como si me fuera a morir aquí. No me asusta. Los escritores deben viajar, aprender idiomas, acostarse con una rusa y una americana, ojalá con las dos juntas, menage a trois cultural y carnal. Pero en los gethos de exiliados chilenos de los suburbios de las ciudades de Europa se hablaron las mismas cosas durantes 15 años, sostenían los mismos prejuicios políticos y culturales. O se juntaban por ahí a quejarse de la vida, a lamentarse o a criticar injustamente a los que algo nuevo hacía.
Puede ser entendible que los exiliados sufrieran...
Sí, sí, el dolor de todo lo sucedido, pero la vida continúa...! Y durante los 80 han pasado cosas culturalmente importantes.
Escribes en sueco, has hechos antologías, cuyo título fue rayado en toda la ciudad
Fue un grupo de muchachas que les pareció que el título de un texto mío "Malmö es un bunker de eremitas calientes", era simpático. Lo copiaron y lo distribuyeron durante el festival de Malmö
Has escrito una novela en sueco "Malmö är litet", ¿cómo es eso de escribir en otro idioma?
Es una tarea casi imposible
¿Y por qué entonces?
Bueno, romper el aislamiento quizás. Además es una historia sobre la elite cultural de Malmö.
¿Y la literatura latinoamericana en Suecia?
Los suecos creen que los latinoamericanos escriben sólo como García Márquez y sus epígonos. Alguien administra el realismo mágico en Suecia.
¿Y la literatura en Chile?
Hay buenos y originales prosistas de mi generación: Marco Antonio de
¿Qué crees que se necesita entonces?
En Chile ha comenzado una apertura política en marcha para desmontar la dictadura, falta la gran "Movida" chilena, una revolución cultural que interprete los deseos de vivir y convivir, ganas de estar en la calle, hablar, amar, expulsar quince años de dureza, aprender a quererse a sí mimos de nuevo, a insertar la cultura chilena en los nuevos marcos internacionales. La "movida" chilena debe desmontar, con arte, cultura, el autoritarismo. Los chilenos deben sacarse el terno gris. La literatura debe estar a la altura de los tiempos. Hay que escribir para los demócratas, o sea, la gente que no tiene miedo, que sabe reírse de sí misma. Abrir los microcosmos intelectuales. No se puede seguir acusando a la dictadura de la trama cultural del presente. Además, hay una clara relación entre el lenguaje y la estructura de poder. La dictadura construye un sistema de símbolos, de lenguaje, de sus clichés. Son las visiones oficiales. Sin embargo, la oposición ha producido, durante todos estos años, sus propios clichés. Al fin, se mete en el juego, usando retórica reactiva, defensiva. Hay que estar fuera de esos códigos y a las élites políticas hay que criticarlas para que hagan las cosas mejor, no chuparles las medias. Hay que mantener la independencia. Además, veremos ahora sin dictadura, males de esta sociedad que existían antes de Pinochet: el compadrazgo de los poderosos, la envidia de los mediocres, el cortoplacismo de los arribistas, etc.
¿Ves con optimismo el futuro de la sociedad chilena...?
Lo más difícil es lograr en un mundo de pluralidad y diferencia una normativa que no sea dogmática ni injusta ni arbitraria. Luego no me gustaría que los chilenos fueran pechoños y beatos. Qué los políticos hagan lo suyo, que sean responsables y serios, pero a la gente no se le puede pedir la disciplina de una escuela primaria o de una parroquia.
¿Has echado de menos Chile durante estos años de exilio?
Vaya, a mis padres, mi familia, mis amigos y el vino barato. Luego el calor me asfixia, el smog me irrita, los cantantes de micros me dan pena, los pitucos y la siutiquería me agreden. Hay tanto tonto que se cree superior! Aparentan lo que no tienen. Pero, las mujeres chilenas son riquísimas. Las chilenas tienen una coquetería infantil que conquista a cualquiera. Se empiezan a reír y contagian a medio mundo. A parte de eso, no creo en la nostalgia de la infancia, en querer obsesivamente volver a las raíces, a la esencia.
Revista Marusia, mayo 1990
viernes, junio 19, 2009
Acto de presencia de Jesús Ortega (un prólogo) Por Juan Cameron
Allá por el 87 conocí a Jesús Ortega, en Malmö. Andaba yo, entre otros amigos, junto a Gastón Candia y Pancho Pérez, quienes vivían en la Ciudad Vieja -Gamlastad- al otro lado del canal, el artista uruguayo Pepe Viñoles y el narrador Jorge Calvo, que me había cedido el departamento de su novia, en Zenithgatan.
viernes, mayo 01, 2009
Gunnar, Gunnay o Gennar en Vittemöllegatan. Relato de Omar Pérez-Santiago.
Era verano y yo subía la escalera con Luisa, una sueca-española que, al subir, mecía una minifalda amarilla ajustada con un cinturón de metal.
Mi vecino Gunnar, (Gunnay o Gennar) abrió la puerta de su departamento. Tiene 80 años y arrastra los pies. Es algo sordo y vive solo. Todos los días alguien del seguro social le trae una colación que se la deja en la puerta. Mi vecino se gasta su pensión en copete, una vez al mes, pues no le alcanza para más. Ese día se bebe el vodka (aqua vita) y luego discute en voz alta con los animadores de la televisión. No entiendo bien lo que dice, por que el viejo tiene un dialecto sueco cerrado y curado, pero se escuchan sus gritos a través de la muralla.
—No te preocupes, es Gunnar (o Gunnay, o Gennar)
En la puerta mi vecino se me acerca y por su actitud sumisa sé que va pedirme algo. Me pide, con su jerga endemoniada, que le haga el favor de ir a comprarle una stekkorv, un salchichón, que nosotros llamamos gordas. Una salchicha rica en colesterol, grasienta y de mal olor, pero barata.
Luisa entró a mi departamento y yo bajé al supermercado. No me molesta ir a comprarle. Yo nunca fui boys scout. Pero de chico, mi madre me enseñó a ayudar a desvalidos.
El viejo me estaba esperando y su puerta estaba entreabierta. Instintivamente entré a su departamento. Decir departamento es una convención que aquí debería ser puesto en cuestión. Les explico. Era un pasillo donde a un lado había una cocinillla y al otro lado un pequeño baño, y de inmediato la única pieza, una sala fétida con una cama, una mesita sobre la que había un televisor portátil, en blanco y negro, y una silla. Pobreza sórdida, seca, visceral.
Miro hacia al otro lado y allí me encuentro con un altar.
¡La puta que lo parió!
El veterano conchesumadre tenía colgado un retrato de Adolfo Hitler, rodeado de flores de plástico y velas encendidas.
El viejo culíao…
—¿Qué es esto? grité.
—No, me dijo, titubeando en su dialecto sueco de lumpen, es es es es basura, que tengo que botar.
—Sí, le dije, y me lo va a botar ahora mismo.
—Sí, sí, dijo el viejo Gunnar, (o Gunnay, o Gunnas) arrastrando las patas.
Pensé que se iba a poner a lloriquear. Ver gimotear a un viejo tonto es lo último que podría aguantar hoy día. Mejor me di media vuelta y me fui.
Hay gente sola que se inventa un amante.
Este vecino se inventó un dios huevón.
Así son las putas cosas de la vida.
En mi departamento Luisa había preparado un aperitivo.
Su minifalda amarilla me distrajo.
Ya para mí otra cosa no importa.
De Memorias eróticas de un chileno en Suecia, 1992
jueves, febrero 28, 2008
Malmö, Lilla torg

Sin pasaporte, sin fe
(Intervaller & repriser, Intervalos & reposiciones, 1973)
domingo, junio 24, 2007
La noche es la madre del día. Stagnelius
Malmö, esa hermosa ciudad escandinava de viento infame, me adoptó, a comienzos de los años 80, con su calculado cariño y conjeturada frialdad. La ciudad de mi exilio que yo inicialmente abominaría, sin saber que lo que yo necesitaba era amor. Inicialmente no me divertía el viento frío y miraba con sospecha la amabilidad de su gente.En realidad nada me parecía compasivo.
Hasta que la ciudad me presentó a unas de sus hijas en la antigua taberna Två Krögare, en la calle Storgatan.
Pasan los años y pasan los años y ah cómo añoro esa cantina de barrio, llamada coloquialmente Bullen.
Y así la ciudad permitió que yo me entendiera con ella.
Un día la mujer me llevó a una jornada de copas por el largo bulevar cosmopolita de Copenhague. Y aprendí que lo aun mejor de Malmö es la vecindad con Copenhague, la luminosa capital de Dinamarca. De vuelta nos sentamos en uno de los bares del ferry que cruzaban el estrecho, y como un emparedado de pescado libado con cerveza, sabiendo que allá en la oscuridad se encuentra el mar helado y gris. Entonces, entendí, abrazado a esa sueca linda, que la vida me había dado una oportunidad (nueva).
Era ya imposible que yo no me entendiera con esa ciudad. No había vuelta atrás.
En eso pienso ahora cuando lectores del diario Expressen han elegido el mejor poema escrito en sueco. Se llama Amigo, en tiempo desolado y lo escribió el romántico de Stagnelius (1793-1823). Es un poema elegiaco, que nadie ha traducido al español, hasta donde yo se.
La noche es la madre del día (sánscrito div, es decir dios, es decir luz)
Amigo, en tiempos desolados
Amigo, en tiempo desolado, cuando tu alma se cubre de sombras
Cuando en hondo abismo, mueren memoria y sentido
La idea vacila entre sombras de formas y delirios,
El corazón no puede suspirar, y el ojo ya no llora;
Cuando cubierta de tinieblas tu alma cae en alas de fuego,
Y tú a la nada, con miedo, sientes bajar de nuevo,
Dime, ¿quién te salva entonces?- ¿Quién es el ángel amable,
Que tu alma ordena y da belleza otra vez,
Que construye de nuevo tu mundo derruido, restaura el Altar
caído, y enciende allí la llama con mano sagrada?
Sólo la esencia potente, que nace de la eterna noche
Besa de vida al serafín, despiertan a los soles a la danza.
Sólo la palabra sagrada, que gritó a los mundos: “Existe”
Y cuya viva energía a los mundos aún mueve.
Por eso, alégrate, oh amigo y canta en la oscura pena:
La noche es la madre del día, el Caos es el vecino de Dios
Si quieres leer el poema en sueco
La foto de Malmö es de mi hija, que nació en Malmö (por lo demás)
viernes, enero 05, 2007
Amor Nórdico
Nos temimos siempre.
Ella, con estrechos pantalones de algodón y un pañuelo de seda en la cabeza como se llevaba a comienzos de siglo, me presentaba en fraternas veladas literarias, leía mis malas versiones suecas de unos cuentos. Mis cuentos pueriles sonaban sutiles en su voz ornamental y su dialecto sueco de la Skane. Tiene la savia de la Skane.
Hubo momentos en que nos quedamos solos, bebimos cerveza bajo las llamas de un candil, nos contamos dilatadas historias, siempre en indiferente tono, nunca trataban de nosotros, sino de alguien etéreo. Deseábamos adivinar signos de acercamiento, y mientras más intentábamos enunciar intimidades, mas huíamos de nosotros, como novicios. Yo puedo parecer traidor y de hierro, pero ahora sufría la ultima inocencia y la ultima timidez.
Sí, nos temíamos,
Así se quemaba el tiempo, una vigilia inútil, agotadora y adolescente. Ella se iba sola, yo me iba solo, envueltos en una noche de cenizas. La llamaba al llegar al departamento. A veces, ella me llamaba. Hablábamos, hacíamos planes, publicar una revista de copuchas, un largo viaje a China, escribir un libro conjunto. Varias horas, ella tirada sobre la cama, yo tirado sobre la cama, jugábamos con el vértigo de ser frívolos.
En camas diferentes.
Creo que ya dije que nos temíamos.
Un buen día nos tomaríamos fotos para la portada de un libro sobre mis cuentos eróticos. Se desnudo con el culto de una modelo de un antiguo pintor, imagen sofisticada de la hembra, nos acercamos, nos tocamos. Hicimos fotos discretamente voluptuosas, ella en mi regazo, yo le acariciaba el muslo, ella me sonreía, o me besaba. Narcisa y voyeur sobre el espejo. Yo soy el espejo.
El horóscopo chino dice que la relación entre una serpiente y una tigresa puede ser, eventualmente, placentera. Esa noche fue placentera. Ella era una hechicera eminentemente carnal, no deseaba amor, deseaba sexo, deseaba cuerpo, deseaba sudor. No buscaba compasión ni la pedantería que a veces nacen en la lujuria. Mi instinto de dominación se despertó con el olor de su follaje y me sentí hombre malvado, no comprendo las leyes, y quise someterla. Ella se sometió e hizo la experiencia. Se lanzó al vacío. Yo era el asesino y ella la lujosa ramera. En el erotismo hay una dimensión metafísica: alguien ha dicho que el sexo da el placer y el dolor que debe dar la muerte, la muerte de los fieles y los amantes. En el patíbulo ella no pidió perdón, ella cantó en el suplicio. Yo he dudado de muchas cosas, pero no esta noche.
Qué hermoso crimen: la sangre, la leche, las flores, el fuego, las joyas
Confieso que durante el acto me enamoré varias veces.
Pensé hasta que la amaba.
Mas, después de esta precipitación placentera y salvaje sobre el lecho, volvemos al lado de la sombra, volvemos a ser lo que éramos, yo serpiente, ella tigresa.
Apostaría que ahora nos temíamos aun más que antes.
Ella volvería a ser coqueta.
El mago ya había predicho que la relación seria un drama, una pasión complicada. Tiene ventajas también: no nos aburrimos con la monotonía de ciertos menesteres. La celo en silencio, elaboro secretas redes de control. Nunca funcionan.
A veces me afecto como un niño, me revuelco en las heridas, no doy más y lloro este amor, me da la angustia que me da un puente lluvioso y vacío. Se derrumban mis dioses y no se buscarme dioses nuevos. Me vuelvo frágil, ruedo penosamente y no sé decir ya más.
Escribo esta historia verdadera porque ella quiere que yo la escriba.
-Pancho –me dijo- escribe un cuento sobre mí.
Este cuento esta dedicado a ella, la coqueta, la sensible exhibicionista que me ha vuelto loco varias veces.
Para ti, solo para ti.
No te quieres domesticar.
Este cuento es tuyo, todo esto tú lo sabes, igual que yo. Por que la relación está cubierta de la mayor inteligencia, tu inteligencia nórdica que es terrible para nosotros las serpientes nacidas en el año 53, en un pobre país de pimienta y destemplanza llamado Chile, donde un mago predijo hace años que tú y yo sufriríamos mucho.
Praga. Enero 1992.
De Memorias eróticas de un chileno en Suecia
sábado, junio 04, 2005
Jardínes Errantes en País frío
Permítanme esta vez contar una historia.
Erase una vez un país frío
Malmö.
Inicios de los años 80.
Una ciudad de 200 mil habitantes en el sur de Suecia.
¿A quien se le puede ocurrir venir a vivir a Malmö?
Vivía mi exilio en un país frío. O sea, estaba solo, en un país frío.
Hay que pasar el invierno, pensé.
Pensé literalmente: hay que pasar el invierno.
Le arrendé a un amigo su departamento en la Gamla stan, el barrio viejo, en el centro de Malmö en Repslagaregatan. Mi amigo era ecológico, no estaba conectado a la calefacción central, y tenía un calentador a leña. Ya en el Kalevala, poemas épicos finlandeses, o en las sagas nórdicas medievales, la naturaleza era implacable. El frío nórdico es leyenda.
Borges afirmó que el frío puede tener valores morales.
No sé.
Duele el frío, sobre todo por las mañanas, con el vaho que salía de mi boca, me tenía que levantar, caminar por el hielo, tomar el bus, e ir a hacer clases en una escuela de la periferia, Rosengard, a ganarme la vida de modo digno, aunque latero.
El frío y la oscuridad.
Los calendarios de los antiguos nórdicos eran nocturnos: contaban el tiempo por noches.
Me iba oscuro y volvía oscuro. Hay quienes asocian el invierno a la mala onda, al estado gélido de las cosas o incluso al desastre financiero de una nación. Es decir, una metáfora de la adversidad. No es mi caso. El combate al frío literal lo enfrenté con la técnica de la cebolla: camiseta, remera, otra remera, dos poleras, pulóver, y un buzo encima; además de calzoncillos largos bajo el jeans y dos pares de medias.
(La técnica más adecuada fue, sin duda, dormir allí, a veces, con una sueca, una compañera de trabajo, de curvas encantadoras, con la que dormía cucharita.)
Una tarde escucho gritos en la calle, me asomé por la ventana que daba al pasaje. Un hombre joven con el pecho descubierto y blandiendo una linda espada, al estilo Ninja, hacía ejercicios orientales. Una vecina se puso nerviosa y llamó a la policía:
Ring, ring.
-si, aló, aquí hay un loco en la calle.
Por lado y lado del pasaje se lleno de policías, a bastante distancia del samurai. El Ninja se puso en actitud de combate, hizo unos cándidos movimientos, muy atléticos, y la policía le disparó 11 balazos.
Bam, bam, bam.
Lo mató. Eficiencia policial. El espectáculo era deplorable e innecesariamente violento.
No se puede jugar con la policía sueca, pensé.
Lo execrable de Malmö era el día sábado a las tres de la tarde cuando la gente dejaba la ciudad y se producía el vacío y la soledad. Todo cerrado. Caminar por Malmö al caer la tarde, los postigos cerrados, y el viento, el viento infame que todo lo empeora en Malmö, era casi fantasmal. ¿Dónde estaba la gente? La imagen era pecaminosa. El aburrimiento, el pavor al vacío. Se había acabado el entretenimiento. ¿Qué hacer? Había que buscar al otro, el espacio público, el encuentro.
Artistas celebran la llegada de la luz
En el patio interior vi un taller. Un pintor iba y volvía a la tela con su pincel. Pude ver que tenía calentando sobre la estufa una botella de vino . Esa es otra técnica de combatir el frío, pensé, y bajé. En ese mismo patio que daba a Jakobsnilsgatan vivía Fredrik Eklund, jugador de ajedrez y de fútbol y novelista que recién publicaba su primera y excelente novela, Levántate, Malmö y anda (Stuv Malmö Kom). También vivía Kalle Olsson, pintor, que tenía una guarida donde preparaba licor clandestinamente.
Ya se habrán dado cuenta: había caído en una madriguera de artistas.
El día 13 de diciembre era el día de Santa Lucía. En el trabajo, en las escuelas, las guarderías, los hospicios, se elige a la más bella, que en la oscuridad de la mañana, se viste enteramente de blanco con una corona de flores y luces. Cantan: Sankta Lucia, Sankta Lucia. En el patio también, hicimos nuestro propio Luciadagen, pasamos la noche bacantes cantando a Lucía, la virgen de la luz, para que nos diera su saber.
Jardi
nes Errantes en Café Siesta y símbolo sopaipillaPor las tardes me sentaba en el café Siesta en una esquina de Langgatan, a una cuadra de mi congelador. El Café Siesta lo regían entonces dos suecas: Kerstin y Anna. Hablaban un español muy chévere, muy andaluz, habían vivido un tiempo en España. El chico Gastón de Temuco, protomapuche, vivía al frente en un segundo piso, y acostumbraba a cruzar la calle también a tomar café en el Siesta. Como se ve, el destino había decidido que el Café Siesta se convirtiera en el centro cultural de una trupp de latinoamericanos (Julio Numhausser, Rubén Aguilera, Jesús Ortega y más tarde Jorge Calvo y Juan Cameron). También bajaba de vez en cuando el poeta de la transrealidad Sergio Badilla. Por las tardes, y los sábados por la mañana, charlábamos con damas, mientras bebíamos café y comíamos kakor, pasteles muy gustosos.
Se globalizarían los objetos, los computadores, los programas de la tele, etc.
Nosotros, en cambio, nos tribalizaríamos.
Seríamos tribu.
La tribu, era una posibilidad, una estética. Lo folk inviste lo urbano desde adentro. Era la Aldea Global y unos indios chilenos, nosotros, llegan a las urbes del primer mundo. Nuestros territorios culturales, -el Mapocho, por ejemplo, o las sopaipillas- los renovábamos en el imaginario. Si no había zapallo para las sopaipillas, le metíamos zanahoria rayada. Da lo mismo. Es la idea, el concepto, el símbolo de la sopaipilla. Somos unos animales que tratan de rehacer simbólicamente la sopaipilla. La cultura es simbólica y sintética, es imaginación humana.Ya no sabemos dónde estamos, ya no sabemos dónde vamos. Nos convertimos en una minoría cultural.
Hicimos un rito y un pacto en el Café Siesta: seremos tribu.
Literal.
Nos convertiremos en minoría étnica con conciencia de sí, luego seremos una minoría cultural. En la sociedad posmoderna, la tribu es el medio de comunicación, la pantalla, para comunicarnos con el mundo.
Estábamos perdidos, es cierto, pero buscamos una vivencia de sentido en el amor y la amistad, en el arte y el erotismo, en la belleza y la bondad.
Organizamos con Cesar Astudillo y Rubén Aguilera los días de Aura Latina, en una sala de arte de la comuna, en que mezclamos música, literatura y pintura. Afichamos la ciudad y tuvimos fiestas culturales. Formamos una editorial, Aura Latina. A los meses publicamos un primer libro con suecos y latinos, de esas jornadas, se llamó Irrande Trägardar (Jardines errantes, una metáfora del primer posmoderno, Octavio Paz: éramos errantes). Allí estaban los suecos Fredrik Ekelund, Lasse Söderberg, Oscar Hemer, Cristina Claesson y los chilenos Jesús Ortega, Rubén Aguilera y Jorge Calvo, entre varios otros. La editorial publicó luego a Lasse Söderberg, Ulf Malmqvist, Jesús Ortega, Rubén Aguilera, Jorge Calvo
Es natural que muera lo que vive
Debo recordarle a los jóvenes que hubo alguna vez, los años 70, una literatura que se llamó comprometida. La contracultura de los años 60 había derivado en una cultura de compromiso literal. Parece broma pero, por ejemplo, en Escandinavia la corriente de literatura maoísta era muy fuerte.
Sí, escuche usted bien, Mao Tse Tung, China comunista.
En Noruega, por ejemplo, eran novelas politizadas y antimetaforistas, escrita a nombre de la lucha de clases y que, tampoco es broma, se leían por miles.
Le llamaron la Nueva sencillez. O Neorrealismo.
Era la época de apogeo de la crítica social. La política mundial se había vuelto perceptible, la cultura occidental se puso en tela de juicio y nació el movimiento de solidaridad con Vietnam. Los estudiantes leían marxismo y los reportajes e informes constituía una nueva ola literaria. Siempre se preguntaba por el mensaje. ¿Cuál es tu mensaje?
Pero, lo que sube, baja. Flujo y reflujo.
"Todo lo que es acaba" (Erda, la diosa que teje el destino).
La literatura militante de la década del 70 cedió lugar a una literatura más privada. Los jóvenes luchadores suecos ya estaban en proceso de reciclarse, se casaban y se ponían a criar hijos. Nos estábamos privatizando, éramos ahora individuos, trabajábamos aislados.
Además, ciertas nubes ennegrecieron el cielo nórdico: La catástrofe en la plataforma de petróleo Alexender Kjelland en Noruega, los efectos de la radiactividad producida luego de la catástrofe de Charnobyl, en la Unión Soviética y el asesinato del primer ministro sueco Olof Palme. (Dije Olof Palme e hice una reverencia).
Recapitulemos: Me estaba aburriendo.
Me tenían harto la literatura grandilocuente, ampulosa, total, abarcadora y la poesía combativa. Incredulidad en los "metarrelatos" que en la Modernidad habían hecho concebir al hombre la esperanza en el poder de la razón para mejorar el mundo. Estaba realmente cansado de confesiones sobre la vida íntima cotidiana y de estilos carentes de forma. Quería, de todos modos, franqueza, algo de caos y de fantasía, una literatura sofisticada, es cierto; sutil, es cierto. Irónica y erótica, mejor. Los riesgos también de caer en un viejo realismo acechaban también. ¿Hacia adonde arrancar?
Ahora ya lo sabemos: Venía el fragmento. "Pequeños relatos", los juegos lingüísticos sin pretensión alguna de soberanía. Jorge Luis Borges; el neo ensayismo, la parodia. Digamos la verdad: no sabíamos de que hablar, balbuceos y gestos. La réplica, el simulacro y la tecnología. Escepticismo radical, la paradoja y el principio de contradicción. Textos ex-céntricos, golpe al principio de unidad, obras "abiertas", la alegoría. intertextual, pastiche y la parodia. Humor e ironía, Signos rúnicos. Algo del más allá, algo demónico, tabuizado o prohibido: Necromacia en las tumbas de los vikingos. La música rock, el punk, la conciencia corporal, el neo romanticismo y el neo simbolismo. Los himnos religiosos, conciencia ecológica. Un subjetivismo interior, formas híbridas, realismo fantástico.
De todo. Daba lo mismo.
Y el erotismo, una forma rica de escapar o de encontrarse.
La pandilla de Malmö
El poeta Hakan Sandell vivía en un cuchitril en un tercer piso de Engelbreksgatan, donde tenía una cama antigua, libros, ropas tiradas por aquí y por allá. En ese escenario lo entrevisté para el desaparecido diario Arbetet, con el que yo colaboraba por unos cuantas coronas, que ayudaban a mi economía de profesor. Hakan Sandell habló contra la anticuada, conservadora y autoreferente hegemonía cultural de la capital, Estocolmo.Sentí que teníamos algo en común. Ambos éramos marginados. Yo, desde la cultura inmigrante, él, desde nuestro pueblerino Malmö.
Cada fin de semana organizábamos actividades artísticas en el Fredman de la Folkuniversitet que dirigía Ingmar Holm. Le propuse a Hakan Sandell hacer una lectura de poesía en el Fredman. Estaba de moda entonces realizar recitales poéticos. Hakan me propuso que incluyéramos a otros poetas. Entonces me envió a hablar con Clemens Altgard. Al contrario del depto de Hakan: el depto de Clemens era ordenado y compuesto. Me mostró unos afiches con sus poesías al estilo Dadá que tenía en la muralla, me habló de unas bandas punk, me ofreció un valioso licor italiano y me regaló un libro de Michael Strunge, que él había traducido al sueco. Clemens era un estratega, había estudiado en la Universidad de Lund y los que estudian en Lund saben mucho sobre el surgimiento de las vanguardias.
Publiqué la entrevista en el diario Arbetet.
Clemens tradujo luego el poemario del chileno Rubén Aguilera, Los Escarabajos, que tuvo una acogida espectacular. Poul Borum, el crítico danés, lo consideró i Estra Bladet, uno de los mejores libros del año.
Los tobillos de las mujeres de mi pueblo
La pandilla de Malmö live en el Fredman, decía el afiche: Hakan Sandell, Clemens Altgard, Lukas Moodyson, Kristian Lunberg , Per Linde y Martti Soutkari. Fredman se llenó de punks, vestidos de furioso negro que compraban en el second hand de Södra Förstagatan. Había algo de limpieza y juego en la Pandilla de Malmö que era muy atractivo para el público joven. El punk escandinavo no era, como en Inglaterra, una rebelión contra los valores monárquicos, contra la autoridad. Era una rebelión contra un complejo de inferioridad. Tenían ganas de ser escuchados por lo que eran.
La idea era la siguiente: "Chicos, háganlo ustedes mismos, y además en su dialecto". Hakan Sandell, un tímido, y su julepe escénico lo intentó superar bebiendo. Estaba alumbrado, como Bukovsky rockero. Pero, igual fue una gloria literaria. Su poema La pequeña chica de blue jeans, por ejemplo, atrajo la atención del negro público joven, que lo alababa con desmesura.
Rubén Aguilera y yo lo llevamos en andas a su cuartucho y allí en su inmenso camastro lo dejamos tirado. Luego bajamos y nos fuimos a terminar la noche en el Jazzcafé, un atrayente cervecería al lado del canal en Södra Promenaden y que regentaban unos amigos africanos, y que Rubén Aguilera, con su ridículo humor, bautizó como el Café de los Negros.
De inmediato se me viene a la cabeza una técnica de seducir por los tobillos: una chica sueca calzaba unas finas sandalias. Rubén se acercó le tomó los tobillos que ella mantenía sobre el apoyo de una silla y le dijo:
"Tus tobillos se parecen a los de las mujeres de mi pueblo, Antofagasta"
-"¿Y como son los tobillos de las mujeres de tu pueblo? preguntó la sueca.
-"Finos y delgados".
Resumen: los años 80 fue una época que pasaron cosas entretenidas.
A partir de esas entrevistas que aparecieron en el diario Arbetet de Amiralsgatan, publicamos en Aura Latina, el libro de la Pandilla de Malmó, una antología al español de los nuevos poetas de Malmö, que fue lanzada en Santiago de Chile. Incluí en la antología al danés Michael Strunge.
La pandilla de Malmö, en los 90, tendió a disolverse, sin medios de comunicación importantes, con editoriales periféricas, y con contactos débiles con las grandes mafias literarias de Estocolmo. El centralismo cultural sueco no fue capaz de oír algo importante que pasaba en su periferia. Pero, la Pandilla de Malmö sentó las bases de algo heavy, que yo creo, recién ahora, comienza a invocarse.The Danish Connection
Desde Copenhague, nos llegó la noticia tempranamente. Aún no se construía el puente, el barco cruzaba el estrecho en 45 minutos, un viaje recomendable. Sentados en el bar del ferry, beber cerveza Turborg y mirar el mar.
Y en Copenhague, se decía, bullía, nacía una nueva onda poética.
Su líder se llamaba Michael Strunge.
Fue un niño tranquilo, leía mucho. En la escuela era un buen alumno y muy despierto. En 1977 se mudó a vivir solo. Quería ser poeta y conquistar el mundo. Envió 200 poemas a la revista Hvedekorn de Poul Borum y le publicaron 13. Así adquirió confianza.
El joven Michael Strunge, un poeta profético, al estilo de Whitman, Blake y Rimbaud, daba que hablar. Y, no podía ser de otro modo, nos contagió y una vez estuvo invitado, leyendo sus poemas en una galería de arte de Malmö. Estaba algo nervioso, con aspecto de monje sonriente, vestido, obviamente de negro. Y entonces comenzó con sentido musical y rítmico.
Strunge era un escritor enérgico. Fuerte, pero a la vez frágil.
Y productivo: en siete años escribió 11 libros, con los que produjo una revolución poética nórdica, una nueva época de oro, junto a Pia Tafdrup, Søren Ulrik Thomsen, Bo Green Jensen, F.P.Jac.
El poeta como visionario, un neo romántico, inspirado en el modernismo de Rimbaud y Baudelaire, y la música rock, en su variante punk: Sex Pistols, Iggy Pop y David Bowie.
Sueños y visiones y la angustia de perder los sueños y las visiones. Strunge se movía entre la alegría de vivir, soñar un mundo mejor y la profunda depresión de un mundo frío y solo. Se le decía joven salvaje o poeta azul. Fue un fundador de la más nueva poesía danesa, una poesía sonora, llena de finesas sintácticas de la metáfora, la simbología y la mitografía.
Su poesía hermética, fragmentaria, era de una notable tensión erótico místico o religioso. Para mí, además, su poesía de sueño y fantasía, se relataba a la de mi compatriota Gonzalo Rojas de La Miseria del Hombre del año 1948. Efectivamente, Rojas y su poesía circular y luminosa se estaba poniendo también de actualidad en Sudamérica. El hombre moderno que busca un alma, en un viaje interior, ante su naturaleza neurótica y dividida.
Strunge ya era, en vida, un mito y un culto más allá de Dinamarca.
La poesía de Strunge nos inundó tempranamente.
Del mismo modo que los latinoamericanos nos preguntamos a veces, si existe una literatura latinoamericana, los nórdicos se preguntan si hay una literatura nórdica. Tengo la sensación, sin ser historiador literario, que durante los años 80, surgió una breve literatura nórdica. Hubo curiosidad más allá de las fronteras. Michael Strunge, se convirtió en un mito escandinavo, y se traducía en Estocolmo en la revista KLO y también en Malmö por nuestro amigo, Clemens Altgard, de la Pandilla de Malmö. Fue entonces cuando yo también comencé a traducirlo al castellano. Como un homenaje y tributo a su influencia, varios de su poemas los traduje al castellano y los publiqué en el libro La Pandilla de Malmö (1989).
En 1978 Strunge debuta con su libro Livets hastighed, Velocidad de la vida y ese año también es internado por primera vez en el siquiátrico. En 1981 escribe tres libros y por primera vez intenta suicidarse. Cinco años después es hospitalizado de nuevo.
En una visita a casa, el domingo 9 de marzo de 1986, el poeta, 27 años, escribió su nombre en la puerta de su departamento del cuarto piso en la calle Webers en el barrio Østerbro de Copenhague y corrió por la ventana diciendo:
"Miren, puedo volar".
Algunos dicen que él estaba en una profunda sicosis y no sabía lo que hacía. Otros dicen que fue la puesta en escena de su auto referencia: él creía que podía volar.
Fue enterrado con la sencillez protestante en el viejo cementerio Assistens de Copenhague, donde también descansan H. C. Anderssen, el escritor de cuentos infantiles y Sören Kierkegard, el filósofo existencialista. La lápida de Strunge es una piedra sobre la que se inscribe con letras de metal:Vapnet med vinger (Armado con alas).
Michael Strunge.
Sobre ella se colocó otro pedrusco más alto.
Strunge es un mito. Muchos jóvenes llegan hoy a su tumba y sobre ella dejan, de modo regular, monedas, coronas danesas, y figuras de corazones rojos.
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