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lunes, enero 17, 2011

Sun Axelsson nunca olvidó a sus amigos chilenos


La escritora sueca Sun Axelssson tenía una envidiable formación intelectual, -profesora y periodista de la Universidad de Estocolmo-, hablaba español, francés, griego, inglés, además de sueco. Era generosa, era vital,  una mujer libre,  muy moderna y muy actual. Dio vueltas por el mundo y en 1960 vivió un año en Chile, y trabajó en Universidad de Chile y fue amiga de los mejores escritores chilenos, como Pablo Neruda, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Jorge Edwards y  Violeta Parra.

miércoles, mayo 16, 2007

Leonardo Favio y escritores desanimados

La gente salió del Metro de Santiago, en la estación La Rejas, y se tomó la avenida La Alameda. El Metro colapsó y la gente salió espontáneamente a protestar en la superficie. Llegaron los pacos y como no pudieron contenerlos, los señores carabineros tiraron sus agradables bombas lacrimógenas.
Yo no estaba allí.
Yo estaba desayunando en mi casa con mi hija, (que ahora tomó el hábito de hablar como los chinos,) mirando todo por la tele. Los encantadores matinales de la tele chilena. Lucho Jara y Felipe Camiroaga, Leo Caprile y la chica ésta, que está casada con…el otro animador, …cómo se llama…, no me acuerdo.
Todos los animadores de los matinales le daban un tonillo de hundimiento del Titanic y de asonada popular al evento que se transmitía en directo.
Y yo estaba tan distraído o medio dormido que me lo creí. Hasta aquí no más llegamos Michelle Bachelet.
Más tarde almuerzo con Sergio Badilla y a él le había ocurrido lo mismo. Así la conversación fue muy desalentadora y penca.
Nuestro estado de ánimo era desalentador.
Badilla viaja y viaja a diversos festivales de poesía en el mundo, lee sus poemas, participa en coloquios donde se discute el valor de la poesía, y luego bebe y turistea con los gastos pagados que paga no sé que fundación o no sé qué universidad.
Pero el poeta vuelve a Chile y se desanima.
Más tarde me tomé un café con el Pato Igor en el barrio Londres, y de pronto en el vano de la puerta se recortó la figura Marchant. Algo nervioso y ansioso, como buscando a alguien en el recinto. Reinaldo Marchant fue presidente de la Sociedad de Escritores hasta hace poco. Duró sólo unos meses, pues los comunachos de la Sech lo acusaron de no sé qué. Unas platas del gobierno que viajaron a Antofagasta donde el escritor Hernán Rivera Letelier. O algo así. No estoy seguro.
El ex presidente de los escritores ingresa al café y me dice:
-Estuve en la Feria del Libro de Buenos Aires y no quería, no quería volver a Chile. También se desanima cuando llega a Chile.
Otro escritor que se desanima cuando llega a Chile.
En sólo unas horas me había encontrado con dos escritores que se desaniman cuando vuelven a Chile.
Marchant dijo que esperaba a alguien. Sospeché que esperaba a alguien del Partido Socialista. ¿Por qué? Obvio.
Marchant es socialista y frente al café está la sede del partido socialista.
Ahora Marchant no tiene cargo, pero lo tuvo alguna vez: fue agregado cultural en Uruguay y luego en Colombia, o al revés, primero Colombia y luego Uruguay, no me acuerdo bien. Qué se yo. Nunca me acuerdo.

Por la noche vi por la tele a la presidenta Bachelet. Está más flaca y ese traje negro la hace más elegante que los trajes rojo-tomate, y menos ingenua que esos trajes blancos de primera comunión. Acusó a la derecha de promover asonadas. Eduardo Frei, el presidente del senado, dijo que había que estatizar los buses. Y la derecha se puso para el encuadre televisivo: Larraín, Longueira, Novoa, alcaldes y medios pollos, todos unidos, de modo compacto, una gran patota unida, en una conferencia de prensa en la que faltaba espacio para el encuadre televisivo. Esa derecha dijo lo que ustedes saben.

Me puse a escribir y escuché a Leonardo Favio.

miércoles, febrero 28, 2007

Antonio Skármeta canta boleros

Anoche estuve en una comida muy agradable en la casa del embajador de Finlandia, Ivo Salmi y señora, a quienes, por lo demás, agradezco la gentileza de invitarme.
Era una comida en homenaje a Matti Brotherus, de viaje en Chile.
Matti es traductor del español al finés. Un ser muy espontáneo que vale la pena conocer. Ha traducido a José Donoso, Luis Sepúlveda, García Márquez, Neruda, Mario Vargas Llosa y un largo etcetéra. En esa comida estaban los escritores Skármeta, Edwards, Cámeron, y Marchant. Estaban los periodistas Pablo Guerrero de El Mercurio y Pablo Marín de La Tercera.
Estaban también Sergio Badilla y su señora Rita, pues otro de los motivos del encuentro era dar conocer que el poeta Badilla está invitado este año a la Reunión Internacional de escritores de Lahti, el más importante festival literario del país. La Reunión Internacional de Escritores se organiza anualmente en los hermosos parajes de la Mansión de Mukkula en Lahti, justo los días antes del San Juan. Esta reunión forma un punto de encuentro para escritores de todos los países del mundo para intercambiar opiniones sobre literatura y para discutir el papel de su arte en el mundo moderno.
El embajador anunció que luchará para que esta práctica de invitar a un chileno o chilena cada año se mantenga.
Mientras probábamos ostiones al ajillo, le recordé a Antonio Skármeta, lo bueno que era para cantar boleros. No cantamos boleros anoche. Pero sí lo hizo aquella primera vez que nos vimos en el Malmö de mi exilio. Antonio vivía su exilio en Berlín, acababa de filmar su película Ardiente Paciencia, con una jovencísima Marcela Osorio. Con los hermanos Juan y Guillermo Moya lo invitamos a presentar su película en Malmö. Luego hubo una alegre fiesta en la casa latinoamericana donde Antonio brilló con sus canciones acompañadas de los hermanos Moya.

Sobre literatura finlandesa vean mi versión de un cuento de Rosa Liksom, una escritora que a mi me gusta mucho

martes, febrero 13, 2007

Henrik Ibsen, Jon Fosse y Víctor Carrasco y su fomedad nórdica

El montaje de Víctor Carrasco de la obra del noruego Henrik Ibsen, Hedda Gabler, convocó a mucho público en el teatro Matucana 100, en el enero santiaguino. Víctor Carrasco por años ha sido el encargado de los guiones de las precarias telenovelas: Sucupira, Pampa Ilusión, Puertas Adentro y Los Pincheira.
Seguramente el elenco tele novelero (con la altiva armada que encabeza Claudia Di Girirolamo, Delfina Guzmán y Willy Semler) puso su inevitable cota comercial y la clásica obra sobre una mujer insatisfecha, puso el resto.

El montaje de Carrasco es peculiar.
Las mesas, las sillas, las cortinas son blancas. Los trajes de los actores y actrices también. Los actores y actrices no actúan: declaman. Quietos en el escenario mientras modulan. Además el escenario tiene una malla fina, una fina tela que el da al escenario –mirada desde la platea- una insólita capa de ensuciamiento visual. Los autores se ven borrosos, en una especie de neblina matinal, a ver si me entienden.

Vistas así las cosas, bien pudo ser una producción radial. Los textos en la traducción de Sergio Badilla es de calidad, moderna y actualizada y la obra podría ser escuchada por la radio Hubiésemos estado obligados a imaginar una escenografía y unos movimientos que la versión de Carrasco no tiene.

¿Por qué hace esto Víctor Carrasco?
Vean ustedes, Carrasco ya lo hizo en otra obra de otro noruego que tuve también la oportunidad de ver. En Nadie va a venir del actualísimo Jon Fosse, el talento de la actriz Amparo Noruega, es obligada a declamar el texto sin moverse del escenario.
El estilo de Carrasco es espectralmente frío, espectralmente fome.
¿Las razones? No sé.
¿Un prejuicio, quizás?
Un mal entendido sobre el estilo: si la tierra y el clima es frío…entonces….los seres humanos son fríos y distantes.
O sea, reduccionismo de estilo.
O sea una mirada condolida -basada en un prejuicio poco sutil -un pasaje mental, una visión llena de compasión caritativa sobre una supuesta frialdad y distancia de los nórdicos. Entonces el teatro de Carrasco es esto: una falsa postal nórdica.
Si Carrasco exagera un poco más, Carrasco sería un director cómico.
(A lo mejor lo suyo es la caricatura).

Pero esta versión de Ibsen (y la versión de Jon Fosse) es fome, una broma algo pesada.

(Al revés: hubo (hay) nórdicos que creían en el prejuicio de que el estilo latinoamericano era el realismo mágico. Así Borges, por ejemplo, no podía ser latinoamericano. Un mal entendido. Fuguet y Cía crearon el MACcondo, a partir del mismo malentendido).)

Del mismo modo, pero al revés, (a ver si me siguen) Víctor Carrasco es un director que pretende hacernos creer que los nórdicos son unos fomes cargados de tensiones.
Cuando uno vive con una creciente histeria, entonces, supone Carrasco, lo que uno quiere es aburrirse.

viernes, enero 26, 2007

¿Es voluptuosa Claudia Di Girolamo?


Esta señora Claudia, esta estrella indisoluble de las dueñas de casas telenoveleras, es, si ustedes se fijan bien, es, en diversos aspectos una moralista, una dama estricta, seca y algo hosca.
No sé si eso es genético.
Aunque siempre a la señora Claudia se le vio contenta en el ambiente telenovelero, (o telenovelesco) a pesar que la mayoría de las telenovelas - que dirigió su marido Vicente Sabatini- hayan sido de dudosa calidad y aunque mucho de ese trabajo la señora Claudia lo haya hecho por la plata.

Según percibo ahora, la señora de las telenovelas, a sus cincuentas años, ha construido poco a poco la imagen de mujer hecha y derecha. Y -quien se lo hubiese imaginado- una imagen cada vez más voluptuosa. Lo que es una gracia, según mi entender. Fíjense, su cabeza está muy bien asentada, fíjense en la tensión de su tirante cuello.

Se dijo ahora en este verano que Claudia di Girolamo se impuso el desafio de representar a Hedda Gabler de Henrik Ibsen en Matuca 100. "El rol de su vida", dicen que dijo.

A lo que voy: para suerte mía, la semana pasada me llama Sergio Badilla. Badilla ha traducido del noruego a Hedda Gabbler de Ibsen que se presenta en Matucana 100.

A eso iba: el ambiente en que se desarrolló la obra que dirigió Victor Carrasco este verano teatral.
No olvidar: Carrasco es la mano derecha de Sabatini, el esposo de Claudia. Carrasco está encargado de los guiones. Y el elenco de las telenovelas participa en este montaje: Delfina Guzmán, Catalina Guerra, Francisco Melo, Willy Semler, Mauricio Pesutic.

¿Ya entienden para donde voy?

Esperen un poco: bajaré un rato a la playa y vuelvo.

sábado, noviembre 18, 2006

Spotorno & Electorat : Rosca chilena en España


El año 82 se produce un encuentro mundial de escritores en el Ateneo de Madrid. Nicanor Parra llegó desde Chile. También se coló allí una división juvenil de poetas chilenos que estudiaban en Barcelona: Mauricio Electorat, Cristóbal Santa Cruz y Andrés Morales. Y en Madrid estaban ya otros pollos: Radomiro Spotorno, León Canales, Gonzalo Santelices y Jaime Collyer. Al encuentro llegó esa vez también desde París otros dos chavales, Gustavo Grillo Mujica (que publicó libros de poesía en París) y José María Memet de 24 años. Desde Suecia bajó el treintañero pero siempre dandy, Sergio Badilla.

A la tribu chileno-española habría que sumar, por otro lado, a los residentes en Cataluña, Luis Sepúlveda y Roberto Bolaño. Así también a Sergio Macias y Omar Lara que se instaló con su editorial en España en 1981 después de unos años en Rumania.

Vivirán entonces como traductores, porteros de hoteles y de camping. Spotorno nos contó el otro día en el bar El Cuervo de Santiago, que alguien intentó vivir imitando consoladores para venderse en los incipientes Sex-shops del destape madrileño. La rosca se reunía en el piso de Spotorno en el barrio El Retiro, donde él guisaba unos ya mitificados tallarines con aceite de oliva y pimiento morrón mientras bebían vino de La Rioja. El único que no bebía vino era Andrés Morales, que sólo bebe whisky con agua.

Era la época en que Spotorno viajaba también a Italia a la casa de la tiernísima sexy-woman Marcela Osorio y donde, según se jactó un día, la vio deslizarse en cueros.

Spotorno publicó una antología que se llamó, Puente Aéreo. Jóvenes Escritores Chilenos en España (1985). Después en Chile publicó Glosario del amor chileno y en 1994 la novela La Patrulla de Stalingrado, en la portada una ilustración de Andrés Gana. Relata una noche de alcohol, cocaína y sexo entre Santiago y Valparaíso de una pandilla que se reúne tras la muerte de uno de sus compinches, se van de copas, pelan a las hembras y visitan un burdel. Mariano Aguirre trató bien y con simpatía a la novela. Pero Guillermo Chandía dijo que era grosera e intrascendente. Javier Edwards en El Mercurio dijo que la novela era "un pretexto para ejercitar cierta técnica expresionista". Y Eduardo Guerrero del Río la consideró "elemental en su estructura" en el diario La Segunda.

La Pandilla de Stalingrado es una novela tabernaria y chucheta, es cierto. Y no puede ser de otro modo, si es una novela picaresca. Tiene apuros de estructura, también es cierto. Pero esta novela del desencanto tiene más vitalismo y brío que otras novelas publicadas entonces con más éxito de crítica. Y, a pesar de sus yerros, la novela de ritmo ágil, inteligente y cínica, mirada en el tiempo de diez años, se salva.

¿Cómo se explica entonces? Hace diez años, la regencia quería el país como patio de colegio, donde todos, por fin, nos portaríamos bien. Recuerden que aún nadie decía una chuchada por la tele. La novela de Spotorno, el especialista en pasta, no era políticamente correcta. (Las novelas divertidas, hasta hace poco, eran una ofensa a la rutina de fomedad y almidón. Vean: Roberto Merino realizó una antología de cuentos de humor chileno, pero los cuentos no hacen reír, son más fomes que un día sin comer. Asimismo, hay colecciones de cuentos eróticos que caldean menos que estufa eléctrica).

La rosca de chilena-española dio un nuevo take off: Mauricio Electorat ganó el premio Biblioteca Breve 2004, con su novela La burla del tiempo. Electorat llegó a Barcelona en 1981 cuando tenía 21 años y se licenció de Filología Hispánica. Luego en 1987 se trasladó a París. Su primera novela, El paraíso tres veces al día, (1995) fue premiada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura y el Municipal de Literatura.

Durante el verano frente al mar de Isla Negra leí la novela. Un tal Alfredo Martín trabaja de portero en un hotelucho de París, conoce a una tal Valérie Wong de orígenes asiáticos, dealer que trabaja para el tío Wong, narco. Alfredo es pollito nuevo. Valérie es una dura, una yonqui de glamour canalla y, como ustedes ya prevén, arrastrará a Alfredo a un espacio barriobajero de cuchillazos, travestis y traiciones. La novela está bien escrita pero, ustedes ya saben, eso no subraya mucho para mí. La novela negra, en su percepción clásica, ajusta cuentas con las lacras sociales y el poder. Y esta novela habla sobre sexo y dinero, pero elude los temas del poder y de los ideales.

Electorat publicó luego cuatro cuentos en Nunca fui a Tijuana y otros relatos (2000). Yo enfatizo dos: La Noche a ti debida y Yo nunca fui a Tijuana.

La noche a ti debida es la nostalgia de un señor, Tito Cáceres, que vaga por Roma y a la salida de un cine cerca de la Vía del Corso, se encuentra con Sole, su ex-novia de adolescente de hace 25 años atrás. Nostalgia de la primera etapa del transplantado. Tito cuenta velozmente un hecho tras otro. En el segundo cuento ocurre algo análogo, han pasado décadas y un personaje -de nombre Bonilla- ajusticiará al homicida de su padre. Es la venganza de su padre, Jorge, un comandante de la Marina chilena que fue asesinado por sus camaradas después del golpe militar de 1973. El tiempo ha pasado, pero la condena igual está por realizarse.

La burla del tiempo, la novela del premio, será presentada por Mauricio Electorat en los próximos días en Santiago. Es previsible que Electorat vaya una tarde al depto de Spotorno frente al Parque Forestal, a gustar tallarines con salsa de pimentón, con varios de esos compinches que, tiernos en Madrid, soñaban invadir el "mundo literario".

Utopista Pragmático, Abril 2004

viernes, marzo 17, 2006

martes, marzo 14, 2006

Las angustias de un mal pagado amor

Permítanme ser autobiográfico.

Un día de marzo, hace ya exactamente 20 años, hace ya exactamente 20 años, un día frío y mustio de marzo andaba con mi amigo Sergio Badilla, perdidos en una ciudad de nombre Helsinborg.
Pertenecíamos entonces a la secta de los Transterrados Escarchados.

Éramos un par de entristecidos y macilentos chilenos exiliados, cruzando un estrecho, perdidos en el frío.

Andábamos perdidos, ya lo dije.
Sergio andaba perdido -sufriendo las angustias de un mal pagado amor- por una señorita alemana de rizos cortos y de nombre simple como una gota de agua, Ute. Ella había desaparecido de su vida. Yo andaba afligido por una sueca con nombre de soberana, Anna, cuyo recuerdo -miren lo que son las cosas- aún me desconcierta.
Mientras tanto y como un modo de dejar pasar el tiempo, desde Helsinborg tomamos un ferry, y desembarcamos luego en Elsinor (Helsingör). De ahí fuimos a ver el castillo Kronborg donde Hamlet consumó su tragedia.

En la explanada frente las altas entradas al castillo, Sergio saca de su mochila un sombrero doblado de pluma roja, y esperó y esperó colocarselo y decir unas palabras en su inglés algo afectado.

That makes calamity of so long life;
For who would bear the whips and scorns of time,
The oppressor's wrong, the proud man's contumely,
The pangs of despised love, the law's delay,
The insolence of office and the spurns
That patient merit of the unworthy takes,
When he himself might his quietus make
With a bara bodkin?

Creo recordar que Badilla repitió dos veces:
"The pangs of despised love, The pangs of despised love."

De algún modo, con este rito Badilla viajaba en el tiempo, con zozobra. En ese momento Badilla estaba atado al surrealismo o a un cierto tipo de estética automática. Allí quizás, frotó la lámpara para que apareciera un genio que le hablo de transrealidad. Como en el poema de Coleridge, fue al sueño y del sueño volvió con una rosa.

Las sorpresas no terminarían ahí.
En el restaurante pedimos un vino español de La Rioja y unos emparedados de alce. De pronto, fue el vino o la poesía trágica y melancólica, que nos hizo sentir cosas fantásticas en el castillo.

Una vela de nuestra mesa se encendió sola frente a nosotros.
Nos dio algo de miedo y no éramos lo únicos.
Le contamos a la camarera y ella nos explicó que estaba acostumbrada.
-A veces veo una sombra detrás de mí, agregó.

Inmediatamente una botella cayó de las estanterías.

Yo de pronto sentí un frío en la espalda y un olor a cadáver.

Inspirado en esta visita, hace ya exactamente 20 años, Badilla escribió este poema:

EL PRÍNCIPE ACOSADO

Habito desde hace unos meses en una fortaleza de
paredes altas donde las puertas están siempre cerradas
Un príncipe como yo, necesita morar en un castillo verdadero
Sin embargo, Kronborg Slot está encantado
He visto varias veces al fantasma de mi padre en las escalinatas
y he observado desde lejos a mi madre con Claudio
Unos demonios lácteos: mayordomos y pajes, a simple vista,
parecen serafines deambulan como espectros por los salones
y aposentos y pugnan ángeles y taumaturgos con malos agüeros
para derribar sus mentes.
Mis huéspedes se perturban y algunos súbditos
se quitan la vida inesperadamente, aquí en Helsingör
Es posible que me equivoque con mis siervos, pero,
muchos de ellos se quedan recluidos en sus maleficios
y los ángeles malos se apresuran entonces por los corredores
con sus espadas
o con cadenas y los cuelgan de las sienes
Un ángel vestido de blanco aseveró que con los brebajes
los genitales no funcionan y que nunca seré padre.
Rió a carcajadas.
¿No es cierto? Aquí ha ocurrido una rebelión, mi pobre Yorik.
Los vasallos y mis queridos parientes me han despojado
de mi honrosa valía, Hoy soy un príncipe frágil temeroso
prisionero en la torre de Kronborg, después de varios días.
No obstante aguardo el auxilio de otros nobles para vencer a los cobardes
y luego cerraré mis ojos y me echaré volar sin rumbo
cansado de intentar ser el príncipe Hamlet.

domingo, octubre 09, 2005

Premio Nóbel: Nicanor Parra, amor, política y suecos



Sergio Badilla, creador de la poesía transreal (Saga Nórdica, 1996), tiene una chispa de saber al afirmar que Don Nicanor Parra, tiene dificultades para recibir el premio Nóbel.
No es sólo que la escritora sueca
Sun Axelsson (Estación de la noche, 1995), la ex novia de Parra, se opusiera por ira de dama herida, como especula la prensa. Ella era (bella, muy bella) una joven miliciana de una rosca, una kotteri, como dicen los suecos. (“La sociedad es una unión de kotterier”, escribió Strinberg). El jefe de esa eficaz liga literaria, Arthur Lundkvist, se convirtió, en 1968, en el miembro 18 de la Academia. En esa kotteri estaban, además, su mujer, la danesa Maria Wine (una poeta erótica mística: “Disolveré mi cuerpo en átomos”, escribió en su debut el año 42) y el poeta y traductor de fuste, el largo y delgado Lasse Söderberg.
Lundkvist era un coloso y un irreverente, no se dejaba impresionar, y apostaba por lo que creía. No vino a marcar el paso. Apoyó al Nóbel a Beckett (1969), a
Neruda (1971), a Aleixandre (1977), a García Márquez (1982), a Simon (1985) y a Paz (1990). Taponó a Amado, a Greene y a Borges. Criticó públicamente el premio a Golding (1983) y a Cela (1989).
Lundkvist conoció a Parra, hace ya más de 40 años en un piso en Estocolmo, y no era mayormente de su gusto. Lundkvist murió en 1991 y la silla 18 fue ocupada por la joven francófila Katarina Frostenson. Wine murió ahora en el 2003. Lundkvist era demasiado opulento para haberse dejado influenciar por la ojeriza pasional de una pupila, y no traducir a Parra. Hay razones más de fondo. Lundkvist era de izquierda e izaba el pendón del llamado tercermundismo. Son los años sesenta y el ritual era cubanísimo. Lundkvist publicó el libro Sa lever Kuba (Así vive Cuba, 1965). Söderberg publicó Ros för en revolution, (Una rosa para una revolución, 1972) y seleccionó y tradujo la antología de poetas cubanos Kubas poeter drömmer inte mer (1969).
¿Qué tiene que ver? Los cubanos, entonces, se pelearon con Parra. Fue a raíz de ese affaire llamado: “Té de Parra con la señora Nixon”. Parra visitó la Casa Blanca en 1970, durante la ofensiva militar yanqui a Camboya, y saludó a Patricia Nixon. El mundo ya era globalizado y la performance comunicacional impactó como bomba de racimo. Los cubanos lo sacaron del jurado de Casa de las América de ese año. Parra pidió “justicia revolucionaria” y “rehabilitación urgente”. Fue negada. “Como revolucionarios condenamos su confianza en el imperialismo”, decía la carta visada por Roberto Fernández Retamar. En Chile los rojos tampoco lo disculparon y le dieron como caja. El presidente de la SECH, Luis Merino Reyes, lo trató de “ególatra y sexagenario hippie”. El diario Puro Chile escribió que era “chupa medias de Nixon”. Carlos Droguett lo trató de “basura temblorosa”. Luis Sánchez Latorre (Filebo) habló de “acto de deserción” y “ombliguismo”.
German Marín dijo que “el poeta es víctima de su propia ambigüedad” y Mahfud Massis afirmó que “sentía una inmensa pena” por Parra.
Parra se protegió a cachetadas: “los enemigos son los pelotudos, los conformistas incondicionales, los robots”. “Droguett es un escritor mediocre y como persona es un hijo de puta”, “Massis es un resentido literario y un robot que no sabe pensar por sí mismo”.
Combos iban, combos venían. Un debate de nivel, un fino debate, en una era de controversias y de guerra fría. Así fue como Parra quedó atrapado en las redes de la guerra fría. Y como el mundo ya era globalizado, en Estocolmo, obvio, la kotteri pro cubana también escuchó y tomó nota.
Y vino el golpe y la dictadura de Pinochet no iba a mover un soldado, y no movió un soldado, por la poesía en general, y por Parra en particular. Cuando llegó Alywin, varios, en la medida de lo posible, se hicieron los suecos.
Parra es un independiente. Y los autónomos son mal vistos. (Digámoslo bajito para que no escuchen las eminencias grises: también Chile es un país de kotterier y nomenclaturas). Los años pasaron vanamente y la lucha por el Nóbel a Parra arrancó tarde y, además, manía insular, para consumo interno de las masas. Un Premio Nóbel significa dignidad, amplitud cultural, educación y estímulo para los jóvenes. Por eso la ineptitud de país es asaz imperdonable.
Vean la diferencia:
Gabriela Mistral recibió, en 1945, el Premio Nóbel. Su candidatura fue lanzada años antes por el mismo Presidente Aguirre Cerda que impartió instrucciones a su embajador en Francia. Este encargó a Salvador Reyes, Cónsul chileno en París, que pagara un traductor para una antología de Mistral. Finalmente encontraron al escritor de Malmö, Hjalmar Gullberg, quien la tradujo al sueco. ¿Ven la diferencia? Así se hacían las cosas antes.
Hubo apoyos aislados a Parra. Ya en los años ochenta, el mismo Badilla sugirió al sueco Leif Duprey (cuyo real apellido es Gustavsson) que tradujera a Parra. La traducción esperó un editor. Pero no había apoyo. Tampoco nadie activó la redecilla literaria chilena en Suecia. Por ej.: los poetas Sergio Infante (su ultimo libro: La del alba Sería, 2002), Adrián Santini (Contradanza, 2002), Rubén Aguilera (Cerditos de Sabio Rabo, 2000) y Jesús Ortega (Para hablar con las musas, 2003). No se usó el know how, los contactos y el poder de producción cultural, por inopia de la clase política. Recién ahora, año 2003, se publica la traducción de Duprey, Manchas en la pared, esta vez por brío y afan personal del agregado cultural, Julio Numhausser, que siempre estuvo informado. El otro riesgo. Desde abajo nuevas generaciones presionan y buscan imponer, con justa razón, su estética y su ética. Ya ven, el tiempo pasa y es implacable. En la literatura, en el arte en general, nadie llega poniéndose a la cola, como creen los ingenuos. No es por edad ni por orden de llegada. Es por presencia y actualidad, como en todas las cosas de la vida. Y se produce un tenue temblor de tierra: también otros chilenos podrían postular al Nóbel. Por ejemplo, el trascendente Premio Nacional,
Gonzalo Rojas.
Por eso, los móviles amorosos –el gusto por la carne escandinava y una dama despechada- en la que se solaza hoy cierta prensa, es facilismo mediático. Así se escamotean las tareas nacionales. Farandulizan la noticia con chismeo literario. Así, los que no leen poesía, ni les interesa la literatura, pueden charlar en el postre -muy solemnes o muy sueltos de cuerpo- de como una mujer jodió a Parra con el Nóbel. Al mismo nivel de comentar que Raquel Argandoña no quiere darle la separación a su esposo Eliseo Salazar.


(Utopista pragmático, La Nación agosto, 2003) y Proyecto Patrimonio de Luis Martinez

lunes, julio 11, 2005

un viernes transreal

En la sala de investigadores de la la Biblioteca Nacional presentaron el libro Poemas transreales y algunos evangelio de Sergio Badilla. La encargada de negocios de la embaja de suecia, Lena Norström, el poeta Gonzalo Millán y el catedrático y poeta Luis Vargas Saavedra fueron los encargados de hablar de este libro. Había bastante gente, poetas (Víctor Hugo Díaz, Marcelo Barrientos, etc) profesores como Cedomil Goic y gente del mundo diplomático. Ya me estaba acostumbrando a encuentros de poesía sin público. El día anterior, esto es el jueves, estuvo Juan Gelman en la Sociedad de Escritores, donde también había mucha gente. Ya me parecía a mí, que la señora poesía (¿o señorita poesía?) no estaba muerta, ni andaba de parranda.
Y luego, la noche del viernes se prolongó bastante, creo, sin darme cuenta, en la tertulia y demases.
Y hoy, que es lunes, se me ha hecho ya muy largo.

jueves, julio 07, 2005

Medellín - Santiago

El premio Nóbel de Literatura 1986, el nigeriano Wole Soyinka y Sergio Badilla hace unos días, en una mesa de un restaurante de Medellín. Uno de los más simpáticos y masivos Festivales de poesía se realizan cada año en Medellín. Como dice Fernando Rendón, el organizador del festival: "Medellín es el soma de los poetas del Planeta". Este año llegaron a Medellín 82 poetas de 52 países.
Sergio Badilla, recién bajado del avión, presentará hoy viernes 8 su nuevo libro Poemas transreales y algunos evangelios en la Biblioteca Nacional de Santiago, a eso de las 19 horas.

Desplazamiento simbólico. Alone no tenía razón

Desplazamiento simbólico. Alone no tenía razón. “La literatura femenina empieza a existir seriamente en Chile, con iguales derechos que la m...