domingo, septiembre 09, 2018

El pezón de Sei Shōnagon de Omar Pérez Santiago. Por Jorge Calvo

Omar Pérez Santiago

Esta novela es la más reciente obra de mi amigo el escritor Omar Pérez Santiago quien ya ha publicado una serie de libros, cuentos y novelas y  quien suele abordar este tema, un tanto lúdico, y bastante estimulante. Pero también ligeramente peludo.
Conocí a Omar Pérez hace ya unos treinta años en una época en que todos éramos escandalosamente jóvenes. Finalizaba el año 1986. Era el último día de noviembre, hacía mucho frío y había nevado de modo que un manto blanco cubría las veredas y el parque del Rey de la ciudad de Malmoe. Nos presentó un amigo común, el escritor sueco Fredrik Ekelund, estábamos en su casa en el barrio antiguo y muy pronto sonó música, se descorcharon algunas botellas y desde la noche, cantando,  aparecieron unas muchachas que volvían de haber visto el musical El Hombre de la Mancha. Pronto aquello cedió lugar a una atmosfera lúdica y erótica. En algún momento, avanzada la noche, salimos al Parque a jugar a la pelota, los suecos corrían descalzos sobre la nieve.
En los días siguientes coincidimos con Pancho en el café Siesta y me mostro algunos de los cuentos que publicaría en las Memorias eróticas de un chileno en Suecia. Dos o tres años más tarde se embarcó en la escritura de un guión y la producción de una película, y hasta actuó en el rol principal interpretando a Borges, la película se titula La Novia de Borges, y fue a filmada en Budapest.
Cuento todo esto para señalar que el tema del erotismo siempre ha estado presente en nuestras literaturas y conversaciones. Sobre la novela breve que me toca en suerte presentar en esta oportunidad puedo decir, citando a George Bataille -considerado el verdadero y legitimo padre del erotismo moderno: y metidos en el área chica de este tema –que mucho consideran escabroso- en la esencia o lo medular Bataille sostiene que “El punto de encuentro de los amantes es el delirio de desgarrar y ser desgarrado.  Ninguna comunicación es más violenta”
La verdad indesmentible es que en nuestro actual modo de vida, el ser humano ha extraviado su dimensión sagrada.

El ciudadano moderno, entregado por entero a una infinidad de actividades rutinarias –esquemas, desplazamientos, metas–, sumado a la cantidad de horas desperdiciadas en los tacos, finalmente ha acabado lejos de la intimidad que lo define como ser humano. Extraviado en el sistema de los compromisos, dinero plástico, mall y consumo se debate día a día en un mundo sin vida que, no obstante, se le presenta como la sempiterna Shangri-La, el paraíso prometido- un sistema perfecto con la tarjeta de crédito como síntesis de todos los sueños. Definitivamente estancado en esa perpetua correa sin fin, el ser humano (hombres/mujeres) se encuentra a una distancia sideral de la fiesta, del carnaval en medio de los espesos bosques y del libre ejercicio del deseo. El sistema ofrece sustitutos: droga sintética y de la otra, vaginas plásticas, soma y consoladores automáticos. Pornografías diversas: veinte, mil, millones o si se quiere cincuenta  sombras que distan años luz del erotismo.
Otro escritor, el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, al analizar y escribir sobre el tema dice que “...para Bataille el erotismo, la muerte y el pecado son conceptos equivalentes o  signos intercambiables que repiten el mismo significado: apuntan a la absoluta y despiadada nada en que habita el hombre y  su irremediable abyección”
En la novela de Omar Pérez Santiago–astutamente ambientada en una capital del mundo posmoderno como lo es Tokio- aparecen estos personajes que además deambulan o existen en el terreno del arte, ambos son estudiantes y por ende son compañeros en una hiper moderna escuela de arte, la Tokio Geidai. De un lado aparece el protagonista Matsuo Bashō que nos narra desde su perspectiva su encuentro, los roces y las citas cargados de erotismo y la poderosa succión a la que se ve sometido por los siempre activos encantos de ella, Sei Shōnagon la protagonista y eje central de la historia.
No solamente se sabe bella y atractiva además posa, modela, incita, provoca a generado un mito en la escuela y especialmente entre los alumnos varones sobre las delicadas y sensibles zonas erógenas de su cuerpo, elevando uno de sus pezones, que tiene sabor a canela, a la categoría de deidad. Imágenes del pezón circulan en diversas imágenes, dibujado, pintado, fotografiado, sometido a métodos de transparencia, viralizado recorre las redes, lo watsappean, lo envían como mensaje. Ella gradualmente .y en función del pezón, va adquiriendo notoriedad, se vuelve famosilla, ingresa a dimensiones mitológicas, la buscan, para fotografiarla, filmarla y hacer películas con ella,
Es la imagen en la retina de todos, la adoran, la aman, se masturban con ella.
Sei Shōnagon deviene orgasmo electrónico, un manjar de impulsos eléctricos:  icono virtual.
Hasta que ciertas bandas, hackers, mafiosos virtuales, depravados de toda laya, traficantes de niñas y señoritas se fijan en ella. En cambio el narrador solo la ha visto a veces. Pero la sigue y la vigila. Entre tanto de vez en vez aparecen por aquí y por allá cadáveres de chicas que han sido abusadas asi como uno se imagina que gustaría abusar de Sei Shōnagon, han sido violentadas, descuartizadas en el sumun del acto…
Es un mundo donde la tecnología es altamente avanzada y sofisticada y no existe nada que no se pueda conseguir, todo es alcanzable sin moverse del sillón, eternamente sentado frente a la pantalla se tiene al alcance de la mano un mundo virtual, acaso depravado, Pero es la realidad en que vivimos.
Esta suerte de reality show que Omar Pérez Santiago nos ofrece en el Pezón se Sei Shōnagon, no es irreal ni algo inalcanzable, ya está aquí, se encuentra entre nosotros y llego para quedarse. Lo vemos a diario, Lo que hace la novela de Omar Pérez es simplemente dejar constancia que a diario vivimos y existimos en esta inquietante realidad.

Jorge Calvo
Septiembre - 2018

jueves, septiembre 06, 2018

El pezón de Sei Shônagon” de Omar Pérez Santiago: la higiene del sexo y las malas formas de amar.

Por Jorge Yacoman, Mundo Películas
Omar Pérez Santiago (Santiago, 1953), autor de “Malmö är litet” (1988), muestra en “El pezón de Sei Shônagon” (Los Perros Románticos, 2018) lo más burdo del deseo sexual y de la ambición por el poder.
Situada la actualidad, aunque en un mundo con peculiaridades propias, la novela se centra en Matsuo Bashô, un joven estudiante de arte que se enamora de Sei Shônagon, una llamativa mujer considerada
por sus compañeros una femme fatale.
Omar Pérez Santiago usa estos nombres para sus personajes como un homenaje: Bashô, el famoso poeta japonés nacido en Ueno, en 1644, reconocido por sus haikus; y Shônagon, poeta japonesa nacida alrededor del año 966, autora de “El libro de la almohada” (Makura no Sôshi, c. 1000) cuyo nombre real y gran parte de su historia son desconocidos.
En “El pezón de Sei Shônagon”, Sei Shônagon representa la cosificación de la mujer, lo más repudiable e irracional de nuestra sociedad donde sólo importa el placer personal. La particular obsesión con su pezón se explica en la novela a través de las generaciones actuales que han sufrido una falta de amor maternal por privación a lactancia. A esto se le denomina Trastorno de la Privación Emocional del Pezón.
Matsuo logra entablar una breve relación con Sei, donde él satisface todas sus fantasías, pero esta termina una vez que ella se hace famosa en las redes sociales y se pierde en el mundo virtual.
“Ella ya estaba acostumbrada a la raza de zombis que son adictos al sexo y la masturbación a distancia, sexting, y aplicaciones como Snapchat que envían de inmediato capturas de pantalla picantes a través de dispositivos móviles.”
“Su propuesta era el sexo higiénico. Puro, limpio. Sin sudor, sin olor. Sólo mirarse a través de una pantalla. La proterva novedad de la masturbación a distancia.” (P. 61)
Omar Pérez Santiago usa una narrativa explícita y breve, de frases cortas, y articula así un imaginario representativo de la psicología de estas generaciones saturadas por el internet donde lo más único de nuestra existencia es reducido a frases que se ajusten a los caracteres y expectativas de cada red social, usando siempre lo sexual como señuelo. Esto queda en aparente contraste con Matsuo que es más idealista y romántico, más a la antigua, pero que también lucha con sus celos y malas formas de amar.
El pezón de Sei Shônagon
Omar Pérez Santiago
Los Perros Románticos
87 páginas

sábado, septiembre 01, 2018

Novela “El pezón de Sei Shonagon”, de Omar Pérez Santiago: La sensibilidad en el desarraigo por Emilio Vilches Pino

Esta es una obra escrita de manera fragmentada, con un lenguaje simple, que habla de una sociedad milenaria en crisis, de crímenes en las calles, de oscuras organizaciones que funcionan en la Deep web, pero también de personas desorientadas, sedientas de aceptación en una sociedad insegura y huérfana de soportes reales. En suma, se trata de una ficción a la que hay que prestar atención.
Por Emilio Vilches Pino
Publicado el 31.8.2018
El pezón de Sei Shonagon, la nueva novela de Omar Pérez se sitúa en el Japón actual para contarnos la historia de la relación de (des)amor entre Matsuo Basho y Sei Shonagon. Se conocen en una Escuela de Arte (la Tokyo Gaidai). Ella es una mujer que “no tenía miedos; tenía autoestima, audacia y ambición” y de quien se rumoreaba en la Escuela que “seducía a los hombres con solo mirarlos a los ojos. Los usaba sexualmente y luego los lapidaba (…) una femme fatale cuyos novios aparecían después arrastrando tristes su propio sarcófago”. La llamaban Pezón Dorado por la altura casi legendaria del deseo que sentían por sus senos. Él, en cambio, “además de malcarado, era relativamente gordito e ingenuo y vestía con traje de factura sencilla y parca”. El autor es enfático al resaltar las diferencias entre ambos, no solo en lo físico sino en toda una forma de ver y vivir el mundo. Él la ve casi como a un ídolo (“hincado, como si estuviese rezando al divino, Matsuo Basho se acordó de sus compañeros de arte de la Universidad que soñaban con este pezón”), tanto así que crea una obra de arte, una especie de escultura, del pezón de Sei Shonagon y la exhibe en la Escuela.
La obra comienza a ser admirada y alabada, pero no precisamente por la calidad de la misma, sino por su referente: el pezón de Sei Shonogan. Empieza así un vertiginoso proceso en que la mujer irá sucumbiendo ante las bondades efímeras de la fama virtual, perdiéndose entre redes sociales y páginas web, dejando atrás su vida y convirtiéndose, de cierta forma, en nada más que una imagen digital. (“Ella era un nuevo tipo de animal digital. Se utilizaba a sí misma voluntariamente. Ella estaba imposibilitada de amar a un ser de carne y hueso. Todo tenía que estar en gigas, o no era seductor para ella.”) Por otro lado, su novio, irá viviendo un proceso de celos artísticos en un comienzo, para luego ir derivando a la tristeza y la desesperación ante una mujer que lo deja de amar tan pronto se convierte en una celebridad de Internet.
Andy Wharhol, casi como un oráculo, anunció en un programa de televisión en los ya lejanos años sesenta que “en el futuro, todos tendrás sus quince minutos de fama”. Internet y todas las actuales tecnologías han cambiado la manera de comunicarse y de obtener notoriedad pública, tanto que hoy, efectivamente, muchas personas pueden tener sus quince minutos de fama a través de YouTube, Facebook, Instagram, virales, etc. El arte mismo ha cambiado producto de esto. La técnica y el talento parecen ya no tener una supremacía total por sobre la masividad, y este proceso lo refleja el cambio en los personajes:
“Los llamativos y enigmáticos pezones se viralizaron en las redes sociales de todo el mundo. Paradojalmente, junto con la fama de los pezones, comenzó la ruina de Matsuo Brasho (…) Así Sei Shonagon se valorizó en el mercado del arte de las redes sociales, en spams y motores de búsqueda. Toda una máquina digital barata y persuasiva funcionó gratis para que Sei Shonagon expusiera sus hermosos pechos. Like, like, like. Mientras ella recibía más like, ella era más feliz”
La novela, desde este punto en adelante, permite ser leída como un trhiller, debido a la misteriosa desaparición y muerte de una serie de muchachas japonesas, a la vez del acontecer de Sei Shonagon; también puede ser leída como una novela juvenil con tintes ciberpunk; pero sobre todo como una crítica al mundo superficial de las redes sociales y a cómo han cambiado la manera de concebir las relaciones humanas y de percibir el arte.
El Japón actual aparece hiperconectado e hiper-tecnologizado. El autor hace gala de un no despreciable conocimiento de la cultura nipona, incluyendo referencias sociales, religiosas y culturales, pero que se van mezclando con las nuevas tecnologías y formas de comunicación, dándoles un nuevo significado. Por ejemplo, los mismos nombres de los personajes son homenajes a antiguos escritores japoneses y, tal como lo hizo Jim Jarmusch en Ghost Dog: The Way of the Samurai (1999), existen referencias directas a los códigos y la tradición de los samuráis, pero insertas en un mundo donde el honor y la lealtad ya no son prioridad.
El pezón de Sei Shonagon es una novela escrita de manera fragmentada, con un lenguaje simple, que habla de una sociedad milenaria en crisis, de crímenes en las calles, de oscuras organizaciones que funcionan en la Deep web, pero también de personas desorientadas, sedientas de aceptación en una sociedad insegura y huérfana de soportes reales.
Una novela a la que hay que prestar atención.

Emilio Vilches Pino (Santiago, 1984), además de ser autor de la novela Labios ardientes (La Polla Literaria, Santiago, 2014), y del volumen de cuentos Noches en la ciudad (Santiago-Ander, Santiago, 2017) -ambas lanzadas bajo el seudónimo de Emilio Ramón- registra ser profesor de Estado en castellano, titulado en la Universidad de Santiago de Chile, y magíster en literatura latinoamericana y chilena, también por la misma Casa de Estudios.



El escritor chileno Omar Pérez

Omár Perez, escritor y cronista chileno. Egresó de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile, y estudió historia económica en la Universidad de Lund. Últimos libros publicados: El pezón de Sei Shonagon (novela)Caricias, poemas de amor de Michael Strunge (traducción); Allende, el retorno, (novela); Introducción para inquietos, de Tomas Tranströmer (traducción); Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, cuentos, 2011; Breve historia del cómic en Chile (2007), y Escritores de la guerra. Vigencia de una generación de narradores chilenos (ensayo, 2007).


Crédito de la imagen destacada: Editorial Los Perros Románticos.

LA AUTONOMIA DE LA LITERATURA por Omar Pérez Santiago


LA AUTONOMIA DE LA LITERATURA

 En 1967 Julio Cortázar envió una carta a Roberto Fernández Retamar y puso de  moda en América Latina un tema de título ampuloso: el rol del escritor latinoamericano contemporáneo. Criticó la estrecha, parroquial y aldeana obstinación de los escritores en exaltar los valores del terruño local contra los valores a secas. José María Arguedas  se ofendió y contragolpeó con artículos punzantes. La polémica fue  estereotipada como  la lucha entre el provincianismo versus  el cosmopolitismo. La antinomia: el burdo nacionalismo literario, obras folclóricas o esencialistas versus la internacionalización de la literatura.  
Entre los 60 y 90 hubo una elipsis y el debate parecía superado en sus aspectos anecdóticos. En los 90 Alberto Fuguet y Sergio Gómez banalizaron el tema dando muerte definitiva a las literaturas nacionales.  Fuguet y Gómez publicaron McOndo, antología que reunió a 17 escritores latinoamericanos. En la introducción quemaban al Macondo de García Márquez, es decir, al realismo mágico. No existía la literatura nacional o local. ¿Qué existía? Una literatura individual de aeropuerto para los deseos de consumo de productos culturosos. Era un falso debate, de contornos políticos: una operación de promoción para brillar en una Feria del Libro y no eran asuntos internos de la literatura.
Los periodistas culturales y los sociólogos ven la literatura en relación a otra cosa, a la política, a los partidos políticos, a las generaciones o las tendencias de la moda y buscan establecer un manipulable statu quo. Por supuesto, les es servicial un lato realismo en uso común en Chile.
La emancipación de la literatura de estas naderías ha sido lenta. 
 ARGUMENTOS DE LA AUTONOMÍA DE LA NARRATIVA.  
“Por su naturaleza, la literatura sirve de poco a no ser que sirva por sí misma”. (Flannery O’Connor).   Un escritor elabora personajes, construye una trama, define un narrador dentro de una unidad dramática autosuficiente. Para construir una realidad ficcional tiene dos ojos, además de una experiencia personal: uno ojo para imaginar y el ojo otro para pensar. Su herramienta es la composición o su armazón general. (Philip Roth). Las técnicas narrativas son centrípetas, es decir, se mueven hacia el centro (Borges). Uno escribe un libro y uno construye un laberinto.
Ubicada en un caos de cruces identitarios o culturales, la literatura se teje, pues, con los hilos de todas las culturas literarias, es decir, con la aceptación de las influencias: Placas téctonicas  literarias interconectadas. El lenguaje literario con estilo no nace en una tabula rasa. Los lenguajes literarios son capas tectónicas intercaladas, que conviven entre ellas, a veces en juego o colisión crean terremotos y temblores, y a veces una de ellas se monta sobra la otra. Es la historia genética y dinámica, de desplazamiento de placas de un mundo en movimiento y de sus fallas, en una cultura literaria milenaria. Por eso, escribir necesita tiempo.




Notas
MORANA, Mabel. Territorialidad y forasterismo: la polémica Arguedas/Cortázar revisitada (2006),  Iberoamericana 2010.
CIPRIANI LÓPEZ, Carlos. La polémica "Arguedas-Cortázar" (1967-1969)  Golpe por golpe. 
CORTÁZAR, Julio. Carta de Julio Cortázar a Roberto Fernández Retamar – 10 de mayo de 1967. Casa de las Américas, Nº 45 (1967).
Entrevista de Rita Guilbert para Life, París, enero de 1968.
            Creador solitario en Life en español, Vol. 33, Nº 7, Chicago, abril de 1969
ARGUEDAS, José María . Primer Diario, Arguedas, número 6 de Amaru abril junio 1968
Inevitable comentario a unas ideas de Julio Cortázar, El Comercio, 1 de junio 1969
El zorro de arriba y el zorro de abajo, 2013.
PÉREZ SANTIAGO, Omar. Escritores de la guerra. Vigencia de una generación de narradores chilenos, ensayo, Editorial Universidad Bolivariana, Santiago, 2007.
(El Origen del fuego. Placas de la poesía, 2012. Premio Nobel. Tranströmer, Placas de la poesía, 2017)
O'CONNOR, Mary Flannery.  Misterio y maneras: Prosa ocasional. Ediciones encuentro, Madrid. 2007
Dibujos: Pablo Gallo



martes, agosto 14, 2018

Novela “El pezón de Sei Shonagon”, de Omar Pérez Santiago: Entre lo moderno y lo clásico por Rodrigo Torres Quezada





El autor retrata a una sociedad que confunde el mapa con el territorio, que vive en la virtualidad al punto que los momentos cotidianos, como un beso o tener sexo, se transforman en trámites, o en lapsos previos antes de conectarse a la red: se trata de agudas reflexiones sobre la soledad en la que estamos en la actualidad.
Por Rodrigo Torres Quezada
Publicado el 14.8.2018
En un mundo hipertecnologizado, las temáticas ciberpunk se vuelven ad hoc para intentar comprender una realidad que a veces asusta o derechamente provoca terror. Omar Pérez, escritor chileno, en su nueva novela El pezón de Sei Shonagon publicada por editorial Los Perros Románticos, toma este camino y lo hace a base de mucha cultura pop y reflexiones en torno a la locura digital en la que estamos insertos.
Hay que acotar que Omar Pérez es un escritor de letra multifacética y que siempre juega con el pasado y el presente fusionando ambos en una especie de no tiempo, donde pareciera que los límites espacio temporales jamás hubiesen existido y todos hubiésemos estado aquí, siempre en el mismo punto. Prueba de esto es su novela Allende, el retorno (Aura Latina, 2013), donde el autor juega con la idea de un Salvador Allende que revive en un mundo que se vanagloria de su efímera condición de moderno.
En El pezón de Sei Shonagon también presenciamos este juego de ideas sobre lo clásico y lo moderno y cómo estos conceptos se funden. El autor escogió muy bien el escenario de su obra, Japón, ya que esta es la tierra superlativa donde tradición y modernidad conviven. En la novela se nos cuenta la historia de dos jóvenes: Matsuo Basho (homenaje al poeta japonés), un gordito muy feo y con problemas de sociabilidad y Sei Shonagon (otro  homenaje a una escritora), una mujer atractiva y deseada que, de forma impensada, inicia una relación con Matsuo. El problema viene cuando Matsuo, obsesionado con ella, hace una figura artística de su pezón. La gente, sin embargo, no alaba a Matsuo y su obra, sino a la musa: Sei Shonagon, quien pronto se convierte en un referente de las redes sociales y la locura bondage, dejando a un lado de su “vida real” a Matsuo.
Esta es la historia central. Pero es más bien la excusa de Omar Pérez para retratarnos una sociedad que confunde el mapa con el territorio, que vive en la virtualidad al punto que los momentos cotidianos, como un beso o tener sexo, se transforman en trámites, o lapsos previos antes de conectarse a la red. Así, en la novela conviven alusiones sobre la deep web, gran cantidad de palabras que pertenecen al ciberespacio y reflexiones sobre la soledad en la que estamos en la actualidad.
Otro punto a favor de la novela, es que ha sabido situarse dentro de un género que recuerda mucho al anime o al manga nipón. No solo porque hable de Japón, sino porque este tipo de trabajos utilizan dos elementos esenciales en su estructura narrativa: una metafísica tradicional y una observación sobre la hipermodernidad social. Tenemos así a Akira: película que habla de una sociedad enfrentada a la creencia en el fin del mundo y a su utilización de las personas como armas de guerra. También se puede citar a Death note: los tradicionales demonios shinigamis conviven con un joven que desea tener el poder sobre la vida de los demás, a la vez que estudia y quiere ser el mejor alumno de su generación. Y no olvidar la clásica Evangelion donde “ángeles” llegaban a la Tierra para destruirla a la vez que los protagonistas lidiaban con problemas sicológicos relacionados con la soledad, el abandono y el vacío existencial. Así, la novela de Omar Pérez bien puede seguir esta línea ya que ha sabido unir los dos elementos clásicos del género anime-manga y ciberpunk; todo bajo una prosa entretenida y llena de reflexiones sobre la extraña sociedad en la que vivimos.


El escritor  chileno Omar Pérez Santiago



martes, julio 31, 2018

Hu Shi . Respuesta al Viejo Mei. Poesía coloquial en China



Hu Shi (1891-1962) es considerado como el primer poeta de la Nueva poesía en China-  Hu Shi comenzó a promover el verso libre en lengua vernácula y la poesía coloquial cuando era estudiante en los Estados Unidos. Regresó a China en 1917 para enseñar en la Universidad de Beijing. 

RESPUESTA AL VIEJO MEI - UN POEMA DE DISCURSO LLANO

Los días se ponen frescos, la gente está menos ocupada,
El viejo Mei comienza una pelea y acusa a Hu Shi
de ser demasiado ridículo al decir
que "la literatura viva es lo que China necesita"
que "¡La escritura debe ser en lengua vernácula!"
¿Quién dice que hay palabras vivas o muertas?
¿No es el vernáculo demasiado vulgar?
...
El viejo Mei se queja, mientras Hu Shi se ríe a carcajadas.
Calma camarada, ¿cómo puedes hablar tan alto
con un tono tan desactualizado?
Las palabras no pueden ser viejas o nuevas, pero definitivamente muertas
o vivas.
Los antiguos dicen Yu, nosotros decimos Yao (desear).
Los antiguos dicen Zhi, nosotros decimos Dao (llegar).
La gente antigua dice Ni, nosotros decimos Niao (para orinar).
Las mismas palabras, un pequeño cambio en el sonido.
¿Por qué llamarlo vulgar?
¿Por qué incluso discutir?
Los antiguos dicen letras, nosotros decimos caracteres.
La gente antigua cuelga de los postes, nosotros nos agarramos a las vigas.
...
No solo palabras, sino también textos.
Vivos o muertos.
Un texto vivo es lo que sabes y de lo que puedes hablar.
Un texto muerto es lo que tienes que traducir.
Textos de tres mil años, arriba y abajo, vivos o muertos,
quién sabe cuántos han sido secuestrados.
Mira las canciones de Qingyun.
Se convierten en drama.
...
Mira los textos de Han Tang,
lo mismo que el latín que estás aprendiendo
...
¿Cómo puede haber gente tan estúpida?
que no se enamora de la belleza viva
pero abraza el esqueleto helado.

El viejo Mei salta: ¡Esto es absurdo!
Si lo que dices es cierto,
todos los campesinos son poetas.
...
Los días se calientan, la gente está más ocupada.
El viejo Mei juega con la tinta, cada vez más enojado.
Pero la revolución de los textos nos involucra a los dos.
No me atrevo a discutir, ni me atrevo a ignorarlo.
Tengo que hablar. No hablar no es una salida.
No te atrevas a reír
de un poema de habla simple. Allí late
un centenar de libros de textos de la sociedad del sur.

(1916) (extracto de un poema más largo)
Traducción del inglés: Omar Pérez Santiago

jueves, junio 28, 2018

Hamlet/Amleth. Violencia de género en la literatura

Omar Pérez Santiago en el castillo Konrborg, Elsinore de Hamlet de Shakespeare
Una mujer le dijo a su esposo Anup que su hermano Bata había intentado llevarla a la fuerza a la cama. Y como una furiosa tempestad, las palabras cargadas de su esposa, gatillaron la ira de Anup, se movilizó para la acción y cogió una lanza para ir a matar a su hermano.
En mi juventud, la ferocidad de este cuento, el relato más antiguo que conserva la humanidad, me perturbó como un escalofrío. Me parecía que ese sufrimiento intrafamiliar era un camino cenagoso y un error incomprensible y maligno, para decirlo de algún modo. Quizá les haya ocurrido a ustedes también con algún cuento, que un simple cuento y por largo tiempo, genere hiperadrenalismo en la cabeza. Les prometo que, desde entonces, he investigado el asunto con consciente obsesión. Después, me turbó saber que esta trama tan moderna de sangre y venganza es la Historia de los Dos Hermanos, y paradójicamente, es el relato más antiguo que conserva la humanidad. Es un papiro de hace unos 3.250 años y que se conserva en el Museo Británico. Me conmovió aún más que la horrenda violencia doméstica entre hermanos y el crimen a la mujer fuese un arcaico reiterativo en la literatura, donde es común que los hermanos se degüellen.
Luego supe que Bruno Bettelheim, un estudioso del género cuento, afirmó que hay más de 700 versiones distintas, entre otros, la versión de los hermanos Grimm. Cuando alguna vez leí el libro Informe de Brodie de Borges, incluí a la lista, el cuento La Intrusa, un mundo imaginado y con maestría ejecutado en su estilo (los melancólicos y crueles hermanos Nilsen que comparten la misma mujer, Juliana, la sacrifican tristemente y la mandan a morar con los gusanos viles, para que no haya más “perjuicios”).
Así es. El tema de los dos hermanos y la incordia por una mujer tiene viejas raíces en la literatura. Quizá la ficción creativa más reputada, en un estilo bullente de convicciones emotivas, es Hamlet, una de las más conocidas tragedias de Shakespeare: Claudio asesina a su hermano Hamlet, el rey de Dinamarca. Luego Claudio se casa con la viuda, Gertrudis. El funeral se une con la boda. Nadie sospecha que ha habido un asesinato, pero el espectro del rey se le aparece a su hijo, quien lleva su mismo nombre, le revela la verdad sobre su muerte y le inocula la sed de venganza familiar.
Has de saber que la serpiente
que en efecto mordió la vida de tu padre
hoy lleva su corona.
Al final, un cúmulo de carne sangra a borbotones en el castillo de Kronborg.
En fin. He mencionado los borbotones en el castillo de Kronborg y el destino y mi obsesión, leyes que operan sin que uno lo note, me llevó un día al castillo de Kronberg. Un día de marzo, hace ya muchos muchos años, un día frío y mustio de marzo andaba con mi amigo, el poeta Sergio Badilla, perdidos en una ciudad de nombre Helsinborg. Pertenecíamos entonces a la secta de los Transterrados Escarchados. Éramos un par de entristecidos y macilentos chilenos exiliados, cruzando un estrecho, perdidos en el frío.
Andábamos perdidos, ya lo dije. Sergio andaba perdido -sufriendo las angustias de un mal pagado amor- por una señorita alemana de rizos cortos y de nombre simple como una gota de agua, Ute. Ella había desaparecido de su vida. Yo, por mi parte, andaba afligido por una sueca con nombre de soberana, Anna, cuyo recuerdo -miren lo qué son las cosas- aún me desconcierta.
Mientras tanto y como un modo de dejar pasar el tiempo, en Helsinborg nos subimos a un ferry y desembarcamos luego en Elsinor (Helsingör). De ahí fuimos caminado a ver el castillo Kronborg donde, según la historia de Shakespeare, Hamlet consumó su lamentable parricidio. A qué voy a decirles que La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca fue escrita entre 1599 y 1601 por William Shakespeare.
En el restaurante del castillo pedimos un vino español de La Rioja y unos emparedados de alce. De pronto, fue el vino o la poesía trágica y melancólica, que nos hizo sentir cosas fantásticas en el castillo.
Una vela de nuestra mesa se encendió sola frente a nosotros.
Nos dio algo de miedo y no éramos los únicos.
Le contamos a la camarera y ella nos explicó que estaba acostumbrada.
-A veces veo una sombra detrás de mí, agregó. Inmediatamente una botella cayó de las estanterías.
Yo de pronto sentí un frío en la espalda y un olor a cadáver.
Qué les puedo decir. La historia de los hermanos, como se ve, me ha seguido y el destino y sus leyes ha querido que yo conlleve una cercanía emotiva con el Hamlet de Shakespeare, como si realmente el fantasma existiera.
Que se aparezca Hamlet en mi vida, no es tampoco muy raro. Para qué vamos andar con cosas. Hamlet tiene que ser el más citado o aludido de una obra de literatura jamás escrita. La obra ha generado innumerables títulos para libros de todo tipo, y se cita o se alude en muchas obras, películas y programas de televisión, así como en entrevistas y reportajes. Ahora existe un sitio completo en internet de la Universidad de Basilea que menciona los miles de autores que lo han mencionado.
Quizás ustedes ya sepan que existen alrededor de setenta versiones cinematográficas de Hamlet. La primera es del año 1900, protagonizada por la carismática Sarah Bernhardt, Le duel d´Hamlet. Dicen los cronistas que las versiones más aclamadas fueron las protagonizadas por el actor británico Laurence Oliver en 1948 y la el italiano Franco Zeferilli en 1990. En Chile, en mi querido y tormentoso país de ají y pebre cuchareado, en diciembre de 1824 se estrena Hamlet en Chile. El papel se le asigna al joven actor uruguayo Luis Ambrosio Morante.
El 26 de julio de 1602 la obra de Shakespeare fue registrada en La Honorable Compañía de Imprenteros y Periódicos (la Stationers’ Company), como The Revenge of Hamlett Prince Denmarke. Se afirma que el primer actor que representó a Hamlet fue el amigo de Shakespeare, Richard Burbage. Hamlet se ubica en las llamadas “tragedias de la venganza” de la época isabelina, entre las que se ubican La tragedia española de Thomas Kyd, La duquesa de Amalfi de John Webster y Lástima que sea una ramera de John Ford
Ahora de viejo, la obsesión me ha llevado a leer dos secuelas contemporáneas. Me pareció curiosa la novela del británico Ian McEwan, Cáscara de nuez(2016) donde Hamlet revive como un feto, un Hamlet prenatal, que aún se encuentra en el vientre de Gertrudis. Es burlesco este McEwan, pues en este caso, su tío Claudio se le presenta como pene, que podría haberle hecho daño, amplificando el carácter freudiano de la trama. Por otro lado, el escritor norteamericano John Updike escribió la novela Gertrudis y Claudio, (2000) y cuenta la historia desde la versión de Gertrudis, la perspicaz versión femenina de la historia. Como maltrato femenino doméstico es otra forma de ver el thriller sicológico.
Siempre escuché o leí, entre profanos y eruditos, que la obra de Shakespeare tuvo su origen en una popular leyenda danesa. Y yo siempre le di crédito, pues en los años que yo viví entre ellos, aprendí que los escandinavos son proclives a escuchar y a emocionarse con las historias de venganza.
Hace años leí Antiguas literaturas germánicas, del argentino Jorge Luis Borges que firmó con Delia Ingenieros y se publicó en México en 1951. En las últimas páginas mencionan a Saxo Gramático y su obra Amleth. No sabía mucho más de Saxo Gramático.
Hace dos años, mi recordado amigo, el músico Francisco Ibarra, condujo en su auto desde la ciudad de Lund donde vive, cruzamos el grandilocuente puente que hoy cruza el estrecho y llegamos a Copenhague, y de ahí seguimos por treinta minutos hasta Roskilde. Nos gusta caminar por los viejos adoquines de las calles del centro histórico de Roskilde y mirar al prójimo. La catedral gótica de Roskilde, la Domkirke de ladrillos rojos, es una de las atracciones turísticas de la ciudad, el Escorial de los daneses, donde entierran a sus reyes. Y fue así que, sin buscarlo, vagando por el frente norte de la Iglesia, el destino me puso frente una placa con un epitafio en latín firmado por un obispo, un tal Lage Urne.
Qui vivens aliens aeternum vivere fecit
Saxo Grammaticus mortuus hic recubat
Mortuus extincto sed tantum corpore, mente,
Qua valuit, magno vivit et ingenio.
Entonces me enteré que Saxo Gramático, según la tradición, estaría enterrado aquí en la catedral de Roskilde. Aunque de nuevo hay teorías negligentes o dudosas. La inscripción se instaló en una renovación de la catedral el año 1728. Quizá el obispo valoraba las tumbas de escritores famosos en las iglesias, como centros turísticos y quizá reconstruyó una idea falsa pero poderosa y rentable para las arcas de la iglesia: iniciar el culto oficial a Saxo Gramático. (Recuerdo que la tumba de Shakespeare en la iglesia Holy Trinity en Stratford on Avon recibe la visita de 200 mil personas cada año.) Excavaciones en Roskilde de 1891 encontraron una tumba de ladrillo que contenía el esqueleto de un hombre muy alto. Se sugiere entonces que estos son los restos de Saxo y esta su tumba, reafirmando el deseo del obispo.
Aunque hay historiadores que no aceptan el necesario ánimo mistificador de ciertos gestos. Por ejemplo, el historiador danés Arthur Fangs dedicó parte de su vida en desmitificar esto que es una fe. En 1945, el estudioso afirma que dos veces, en 1833 y en 1858, la tumba en la piedra estrecha fue estudiada, pero sin resultado; aparece destruida por funerales más jóvenes.
¿Está enterrado aquí Saxo Gramático?
Digamos que sí. O digamos que no. Y lo que sí es seguro es que la popular historia de Shakespeare tiene su base en una leyenda nórdica y en la sorprendente versión escrita del danés Hvad, de seudónimo Saxo Gramático.
Leo a Gramático y reconozco a un semejante, como en una fotografía, a pesar de la distancia de diez siglos y de la geografía que nos separa de él. La prosa es una forma, pero sobre todo una actitud, una cierta manera de observar, de contar y de reflexionar. La obra de Saxo Gramático es una obra completa e interesante. Pero, curiosamente, esta versión del escritor danés es poco conocida.
He agradecido a Saxo Gramático, el primer escritor danés, por dar a conocer esta historia que me obsesiona. No sé mucho de Saxo Gramático. Pero lo que sí sé es que Saxo Gramático escribió, desde el año 1185, en latín, 16 libros en la Gesta Danorum o Historia Danesa. En el libro tercero y cuarto aparece la leyenda de Amleth, príncipe de Dinamarca, sobre una cruel y sangrienta operación de vendetta, con muchos muertos y sangre regada por el camino.
La historia la leo también como una historia de promoción o arribismo social. Gervendill es el gobernador de Jutlandia y tiene dos hijos, Horvendill y Feng. Horvendill logra casarse con la hija del rey de Dinamarca, Gertrudis. De ese modo, por compromiso civil, Horvendill asciende socialmente a la familia real, el puesto más alto del poder. Ellos tienen un hijo, Amleth. Es decir, son ricos, jóvenes, bellos, famosos y felices. Probablemente son muy divertidos. Son la punta ideal de la pirámide del jet-set.
Eso genera envidia, a cualquiera.
Y eso desencadena la tragedia. Aparecen los verdes celos en su hermano Feng que ha quedado rezagado, resentido socialmente. Entonces, Feng aplica una extraordinaria y macabra guía del arribista social, o del político corrupto. Aquel que es capaz de matar y mata por colocarse a la cabeza del reino. Sujeto de la ambición y el apetito de mandar. Es capaz de asesinar y efectivamente, asesina a su hermano y seduce a su cuñada. Es capaz de perseguir a su sobrino, una eventual competencia, para saciar sus deseos de poder.
La trama es patibularia, qué duda cabe: Feng, el tío de Amleth, asesina a su hermano. Peor aún, el tío de Amleth, un morboso y un impúdico, el tío conducido por el deseo incestuoso y arribista, se casa con su madre Gertrudis.
Amleth, a diferencia del Hamlet de Shakespeare, lo sabe todo. Sabe que su tío mató a su padre. Y él, a diferencia del Hamlet de Shakespeare, Amleth nunca duda y prepara meticulosamente la vendetta. Mezcla la pulsión de la pasión y el odio con refinada y exquisita inteligencia vengativa.
La diferencia de carácter entre Hamlet y Amleth es significativa. Dubitativo y perplejo el Hamlet, resoluto y decidido el Amleth.
Sostiene el crítico norteamericano Harold Bloom que Hamlet es un ser más moderno o mejor persona o más civilizado, solo porque duda. Sostiene Bloom como un desmedido hooligans, en el libro Shakespeare: la invención de lo humano (1998), la superioridad estética de Hamlet. Amleth, por otro lado, le parece tosco. Sostiene Bloom polémicamente que Amleth es proto literatura, porque no duda. Amleth no estaría completo. Como si lo nuevo, por ser nuevo, es mejor. O que la trama es superior al estilo.
No diré -como escribió el joven T.S.Eliot en 1920- que Hamlet “es, ciertamente, un fracaso artístico.” Pero Bloom también exagera y descalifica el Amleth de Saxo Gramático, como una “tosca fuente” del Hamlet de Shakespeare. Casi como si su obra no existiera, como si fuese algo difuso que se pierde en el tiempo. No le reconoce la deuda de estilo y de trama, a pesar de sus propios ruegos de leer las raíces.
La visión sicoanalítica de Hamlet de Samuel Taylor Coleridge es mucho más ponderada. Hamlet ralentiza o lentifica la acción.
Por seguridad personal, Amleth se finge loco, mientras urde el desquite absoluto y establece prioridades. Fingir locura es propio, tan propio de ciertos personajes de la literatura.
Aquí vamos: Amleth se ha prometido a sí mismo que el canalla no dormirá en paz. Ojo por ojo, diente por diente. La inveterada Ley de Talión es una pulsión recia. La dura ley ya estaba incluida en el código babilónico de Hammurabi,17 siglos antes de la era cristiana y fue establecida en el Éxodo de la Biblia. “Si resultare daño, darás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (Ex 21,24).
Por intermedio de la venganza, una cierta justicia es restablecida.
Como muchas de las historias de vendetta, de pulsiones violentas que hacen avanzar la trama, Amleth, príncipe de Dinamarca, es una historia delirante y perturbadora.
Efectivamente, no sé mucho de Saxo Grammaticus. Hijo y nieto de guerreros, según Borges. Pero algo sé quizá del ambiente físico en que vivían esos pueblos antiguos, pues viví muchos años en esa región. Una región helada, señor Jesús, qué fría, aún húmeda en el estío. La primera vez que yo llegué al aeropuerto de Kastrup, hace ya muchos años, a la espera de un avión, insistí en visitar la ciudad de Copenhague. Gran error de juventud. Era enero y el frío era tan descarado y gélido para mis ropas de invierno chileno, que me tuve que refugiar en una cafetería. Me parecía que la gente fingía como si todo fuese normal, como si el hielo y las negras nubes fuesen normales. Entonces recuerdo que me pregunté ¿Qué he hecho para merecer esto? Lo había olvidado. Décadas después volví de nuevo allí en verano y, madre mía, quizá lo había olvidado: llovió todos los días del mes. Imagínense esa región entre Elsinor, Lund, Copenhague y Roskilde hace mil años. ¡Era ruda para vivir! Es lo más plausible.
La vida de esos pueblos era severa, por el frío, está claro, y porque era una época donde trabajar era trabajar. Pero no se crea que Saxo Gramático era un marginal, un vagabundo o un vikingo tatuado que lo pasaba mal. No. Saxo Gramático, el autor que creó o imaginó Dinamarca, era cura, y la obra la escribió a petición del arzobispo de Lund, un tal Absalón.
Seguramente Saxo Gramático era un clérigo católico muy especial pues sabía que el bien y el mal son relativos. Como los grandes escritores, conocía bien los impulsos, las coqueterías o las vanidades de la mente o de la psique humana. Sabía que algunos seres son capaces de cualquier crimen para llegar a la cúspide de la realeza y después no se arrepienten. No. Al contrario, un político que llega a la cumbre con crímenes y argucias es un experto encubridor del pasado. Sabe falsear lo acaecido, sabe encubrir las huellas de sus fechorías debajo de la alfombra después de haber obrado mal. Y se inventa o imagina un pasado seductor.
Su elocuente obra demuestra que Saxo Gramático estaba al servicio del arte, más que a ciertos deberes ideológicos o didácticos de aburrida corrección política. Saxo Gramático era un escritor diligente e imaginativo, no un monaguillo que ora para recordar ciertos sueños o propuestas ideales.
Se dice que en latín había leído a Cicerón, Virgilio y Valerio Maximun. Saxo Gramático tenía un estilo literario primordial, de avance rápido, cortante y punzante, una narrativa rupturista y transgresora que iba contra lo establecido y las verdades confortables. Provocación y ruptura. No queda piedra sobre piedra.
Así, con el paso del tiempo, con los ires y venires, de viajes y lecturas, yo he llegado al convencimiento que Saxo Gramático era un escritor vanguardista, un escritor punk o nietzscheano. Saxo Gramático fue creador de su propio estilo vigoroso, un talante no dogmático. También he descubierto que los artistas que me gustan a mí, son anarquistas, son pedantes, no confían en nadie, ni menos en la blandura de la bondad y la compasión, pues quieren consumar su profesión con precisión y rigor quirúrgico.
En varias partes el personaje Amleth, como un rockero iracundo, dice su verdad cruda, sin modales. Pero los siempre cómodos no le creen y lo toman como broma, los siempre satisfechos no quieren escuchar la verdad. Lo toman como un loco, aunque sospechan que, en el fondo, Amleth era un maldito, en el sentido más literario posible. Tal como su tío fue brutal y directo, Amleth es brutal y es directo: trata a su madre de infame y prostituta y no duda, nunca duda en planear la decapitación de su ahora poderoso tío tirano que se hizo del poder mediante el crimen y el engaño. Le pareció saludable matar al sátrapa usurpador.
El personaje es rencoroso, sí. Pero indócil. Amleth dispone a los lectores a la valentía. Construye realidad, moviliza. Hay quienes son violados o destripados y ahí se quedan. Hay jóvenes que se quedan rumiando en la pieza materna hasta viejos, y prefieren ver las cosas inclinados en su Iphone. Quizá, a esos la vida real les parece eterna y aburrida. Hay otros jóvenes, como Amleth, que salen de inmediato al vértigo de la acción y la aventura. A Amleth la pulsión le lleva, le eleva, le arrastra. Es versátil, ágil, agresivo. Amleth vive un lance, una lucha contra un delirio. A él la vida le parece corta. Odia que todos en la corte sean unos simples utilitarios o bufones del sátrapa. ¿De qué otro modo se puede actuar contra un ladino?
Temáticamente, creo ahora que Saxo Gramático era lo que ahora llamamos un entertainer, un artista de la violencia y la truculencia en un mundo en descomposición, o al menos en desorden, en permanente caosy que con solo leer la trama uno se horroriza. Como las sagas nórdicas, como en toda gran literatura, Amleth es un personaje central muy sabio y perspicaz. Pero es también una verdadera historia de entretención. Saxo Gramático podría ser hoy un guionista de un film de desquite de los directores Quentin Tarantino, de Park Chan-Wook o de Stanley Kubrick. O para una serie de Netflix.
La obra de Saxo Gramático parece la obra de un loco trágico, un maniático. Pero no. El escritor Gramático era, a fin de cuentas, un perspicaz, su historia de Amleth es humor más negro que el carbón, sobre una sabia obsesión vengativa y de justicia.
He tratado de resolver mi obsesión por un cuento sobre la disputa entre dos hermanos, un cuento que me inquieta desde joven. Y he dado la vuelta. Todos tenemos un destino. Quizá, este era mi destino: perseguir la huella del cuento más viejo y más terrible y más doloroso de la literatura: qué corra la sangre, matar a un hermano por una mujer y ¡ack! por las ansias de fama y de poder.
Y la correspondiente vendetta.
Si no hay justicia, habrá venganza.
Lo demás es silencio.
BIBLIOGRAFIA
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BOSWELL, JAMES (1791) La vida del Doctor Samuel Johnson. Traducción: Antonio Dorta.
JOHNSON, SAMUEL (1765). Prefacio a Shakespeare.
Omar Pérez Santiago
es escritor chileno, ha publicado El Pezón de Sei ShonagonNefilim en Alhué, una obsesiva y violenta historia de dos hermanos del pueblo chileno de Alhué, que significa en mapudungún “donde nació el diablo”. La violencia entre hermanos y el mal radical en la familia en el contexto de un pueblo mítico latinoamericano.