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| Revista La Noche, Abril 2014 |
A fines de los 70, en
la tumba de truenos y héroes que era Chile, se llevaron preso a mi padre y a mi
hermano, y retuvieron a mi familia. Era una enrabiada república vencida. Al final,
ingresé a la embajada de Venezuela, y pedí asilo a grito pelado, durante una
fiesta diplomática. Y así, incierto y rabioso durante los 80, viví en Malmö,
Suecia. El frío nórdico es leyenda. Pero, lo más execrable
de Malmö no era la soledad del exilio, ni el detestable viento frío. Lo más terrible era
el aburrimiento. Pero, un feliz día
conocí a una chica punky que me dijo ¿Vamos a
Copenhague?
