martes, julio 23, 2024

Pérez Santiago. Futorología. Tendencias Prospectivas. Desarrollo de la cultura y las artes. Posibilidades y desafíos para el 2018. Ministerio de Planificación. Gobierno de Chile. 2008

 



“Desarrollo de la cultura y las artes. 

Posibilidades y desafíos para el 2018”.

Ministerio de Planificación, Gobierno de Chile.

2008

Omar Pérez Santiago

 

Los análisis estratégicos y estudios prospectivos que promueve hoy el Ministerio de Planificación, y que buscan explorar escenarios futuros de desarrollo de Chile analizando el impacto de tendencias y eventos que incidirán en el devenir del país en los próximos años, es una tarea interesante y necesaria y un ejercicio intelectual muy actual y muy técnico. Es una manera sabia de abrir una grieta en  el gris muro del presentismo de los tiempos, fisura por donde entre algo de luz.

Cuando se me solicita esbozar el escenario más posible en el arte y la cultura para el año 2018, una futurología cultural, lo primero que se me ocurre, paradojalmente, es comenzar con un acto retrospectivo, y  retrotraerme hasta hace más de diez años atrás, para buscar las huellas de  como estaba el estado del arte y la cultura.

Entonces Chile había salido de una cruel dictadura que dejaba un gran hoyo negro cultural. El mundo del arte y la cultura estaba expectante por los cambios que se esperaban. Y con el  nuevo gobierno democrático comenzó en esos años un  factor de cambio muy central en la configuración de políticas públicas culturales. Desde entonces se produjo en el ámbito de la cultura y las artes profundas transformaciones dadas centralmente por la diversificación y expansión cuantitativa, a través de los años, de los fondos de cultura y la institucionalización de la cultura en un Consejo de Arte y Cultura.

 El Fondart, el Fondo del Libro, el Fondo audiovisual, el Fondo de la música y el Fondo nacional de escuelas artísticas se desarrollaron de un modo muy específico. No financian obras, libros, pinturas, u obras de teatro, como ocurren en muchos países, si no que financian “proyectos” “artísticos culturales, Se financian parcial o completamente simples planes, ideas, intenciones, deseos, aspiraciones.

 Pero esta política cultural no estuvo exenta de crítica. Podemos hacer un eco prospectivo a esos primeros años de cambio. Yo mismo sostuve públicamente mi divergencia. El año 1994, hace ya 14 años -había yo vuelto hace algún tiempo de mi exilio sueco-, y tímidamente pero con claridad, realicé  en el diario La Época una opinión prospectiva sobre  los riesgos de los nuevos fondos de cultura  

 Dije entonces: “Los fondos tienden a una estandarización de la producción cultural. Producen o tienden a producir una actitud consensual e institucional. Liman las aristas culturales. No sólo por los evidentes riesgos de que los fondos sean dominados por criterios ideológicos de moda. No sólo porque los miembros de los comités sean de una cierta tendencia. Eso ocurre o puede ocurrir,  sobre todo cuando esas llamadas personalidades del jurado son designadas por funcionarios que a su vez han sido nombrados por la autoridad política. Eso ocurre. Si no ocurriera, sería bien extraño en un país altamente partidizado.

El problema principal es que los mismos creadores tienden a autocensurarse, a frenarse y buscar escuchar los rumores de las conversaciones de pasillos, las orientaciones estéticas de los jurados. El creador se autocensura por una actitud pragmática, a objeto de tener posibilidades en el concurso del Fondo. La llamada producción cultural tiende a recaer sobre aquellos que saben desarrollar funciones diplomáticas.  Los fondos son discriminatorios. Para tener oportunidades se debe usar un cierto lenguaje, un cierto código, una cierta forma de pensar. Hay que estar conectado, tener relaciones, usar la figuración pública. El Fondo tiende a apoyar a determinados conglomerados, aquellos que saben hacer el trabajo de lobby y que se informan directamente de los criterios que se manejan dentro de las comisiones y las formas de hacer presión. Se desarrolla el arte de manejar las influencias y se fortalecen los circuitos auto recompensados. Se desfavorece a aquellos que no participan de ese juego de los circuitos de la influencias, principalmente los creadores de las regiones, de las comunas populares, los jóvenes y los sectores marginados en general.””. (“El Fondart no es progresista” La Época, Jueves 18 de septiembre de 1994).

 Postulaba yo como alternativa a esos fondos concursables el fortalecimiento de la infraestructura cultural sobre todo en  comunas y regiones más pobres del país, que no tenían cines, ni teatros, ni salas de exposiciones y carecen de escuelas artísticas y centros de extensión cultural. Los conglomerados culturales copaban el escaso espacio existente, en relación con el tamaño de la población, como para haber creado un monopolio por defecto. El trabajo cultural mantenía un carácter piramidal, estaba politizado y había ausencia de mecanismos democráticos de presión.

 Nivia Palma, entonces una joven directora del Fondart, y hoy actual Directora de la Biblioteca Nacional, respondió en el mismo diario, algo molesta que yo presumiera mala fe. O creyó ella quizás entonces, que lo mío era una simple boutade.

 Pero quién iba a decirlo, pasarían los años. Y sí, pasaron los años, rápidamente me parece a mí ahora,

 Y luego de estos años que pasaron rápidos, hoy la situación de la cultura y de los fondos de cultura está muy enrarecida. Tal como lo sospeché hace 14 años, sustentado en experiencias internacionales,   hoy los postulantes a los fondos comprenden perfectamente como hay que adaptarse al sistema mediante el lobby, un lenguaje apropiado y simulacros verbales para elaborar un “proyecto” artístico. Y cuando se denuncian las permanentes irregularidades de los fondos, los funcionarios someten a  los fondos culturales  a sucesivos ajustes formales. Pero esos acomodos no solucionan los problemas de fondo, lo único que hacen es complejizar los formularios, es decir, burocratizan aún más los procesos. Hay  expertas y expertos en Fondos de cultura, creo que existen cursos universitarios. En general no son artistas, son peritos de la treta y del timo, expertos inventores de pomadas y encubridores de antecedentes. 

 El sistema, como agua estacada, no funciona, las obras no circulan, las obras no se ven, no se habla de literatura, de pintura o de teatro. Más y más hablan agentes y funcionarios donde el arte en general ha sufrido un embarazoso proceso de funcionarización.

 Irritación artística

 La molestia por la situación de los fondos de cultura en el mundo artístico y cultural se ha expresado de modo persistente, pero subterráneo. Pero ya el año pasado la critica al fondo del libro fue explicita y más de 300 escritores firmaron una carta de protesta que se llamó “La infelicidad permanente”. Ese solo título demostraba el enojo y el descontento de la clase literaria.  Hay rabia también y se nota en el tono de las críticas permanentes a los fondos de cultura entre músicos, actores, pintores. Esta rabia es, en parte, producto de la frustración que genera la impotencia de ver el modelo constituido y funcionando sobre si mismo.

Los artistas andan con sangre en el ojo, y lo dicen en todos los circuitos como funciona esto: hay que ser mamón por un rato, formatearse, aprende a leer formularios, saber quien es el jurado y hacer  lo  que le guste al amigo funcionario, ese crupier de feria que reparte los números de la lotería. Y luego a esperar rogando como lo niños: “viejito pascuero, acuérdate de mi, me porto bien en casa y también en el jardín”. Ese ambiente de entreguismo ya está plasmado en la excelente novela “Informe Tapia”, de Marcelo Mellado. Este deterioro va unido a un paralelo enfriamiento de un movimiento democrático progresista y la ausencia de medios críticos de comunicación.

 En general, el artista no tiene otra alternativa que ser cobardón, nunca dirá las cosas claramente. Gasta su tiempo en hacer vida social, para que lo vean aquellos que deciden los fondos. Existe toda una cháchara seudo intelectual  de truquillos baratos archi conocidos del arte oficial. Más o menos ese es el estado del arte. Así el arte ya no incomoda y ya no tiene efectividad.

 Paralelamente, no ha habido distribución del capital cultural. La situación continúa, en general, de la misma manera. En la mayoría de las comunas de Santiago todavía no hay cines,  teatros, librerías,  salas de exposiciones.  .

 Futurología

 ¿Cómo se verá Chile el 2018 en el área del arte y la cultura?

 El futuro sobre el arte y la cultura es altamente predecible y estadísticamente pueden describirse por medio de modelos matemáticos simples. El pronóstico estratégico es que si el país sigue funcionando de este modo en el ámbito de la cultura, en diez años más los fondos de cultura habrán aumentado al doble. Se duplicarán. Pero lo único que harán será construir más funcionarios, y más arte mediocre y de cartón que no servirá para nada más que para el tedio. Los artistas estarán aún más condicionados y, les puedo asegurar,  los ganadores de proyectos seguirán siendo esencialmente los mismos, un particular centro de pequeños negocios,  aunque diez años más viejos.

 Si las cosas siguen así como ha sucedido en los últimos quince años, se consolidará una costra artística burocrática. El arte será acrítico, amable y manso con los encargados del reparto, triunfante en ese pequeño reducto. La historia, si continúa de esto modo,  mostraría la ocupación paulatina y definitiva del espacio artístico por  un poder funcionario.

 Por otro lado, los jóvenes habrán acumulado aún más rabia en las poblaciones, aún más desoladas.

 Actitud proactiva

 ¿Qué habría que hacer para cambiar esta situación si deseamos tener una actitud proactiva?

 Primero, habría que tener una visión temeraria. Frente a los delicados problemas, no podrá haber cambio con mentalidad timorata.  Por lo tanto, la primera condición, es naturalmente, ser valiente y mirar lucidamente  las cosas como son. El mismo camino seguido hasta hoy no es la solución. La solución, sociológicamente hablando, está definitivamente en una revolución político cultural.

 Segundo, El capital cultural real en Chile está vinculado al ejercicio del poder y autolegitimación, por lo tanto la revolución política cultural debe ser parte de un nuevo proyecto social y político que postule redistribuir el poder. Verdaderos actores culturales no pueden existir si no hay una democratización efectiva de la cultura. De ahí que es importante redefinir lo que se entiende como servicio público cultural. La exclusión cultural producto de la  pobreza, y el hecho de que la gente no tenga acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación son temas de poder.

 Es decir, no habrá cambio cultural artístico auténtico mientras no haya un movimiento artístico  ligado a la lucha por la democratización plena, por una Constitución democrática, por la lucha por el agua, los ríos, el mar, el aire limpio, de los ecosistemas, las carreteras gratuitas, de la educación en todos sus niveles,  las ondas electromagnéticas del Internet, de los nuevos movimientos de consumidores, del rescate de la diversidad cultural de los  pueblos originarios y particularmente al pueblo mapuche.

Es decir, el cambio de la cultura y el arte necesitan ser inserto en cambios integrales.

 Juntas de Desarrollo Cultural

El cambio puede empezar con la participación de la gente a nivel barrial, comunal, territorial construyendo efectivos centros de activación o juntas de desarrollo cultural. Se deben modernizar las bibliotecas comunales y construir allí verdaderos centros de reunión, de acopio e intercambio de ideas, verdaderos centros de comunicación digital, de espacios compartidos, de alcance nacional, que vaya más allá de la gestión de los centros propios. El desarrollo, en un marco de  cooperación,  la creación de centros culturales a partir del engrandecimiento y modernización de  las bibliotecas  públicas contribuirá a garantizar el derecho y la libertad de acceso a la información y la cultura de los ciudadanos chilenos, ayudará a paliar la desigualdad, garantizando  el derecho de todos los ciudadanos a acceder a Internet y a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación sin discriminación alguna y en igualdad de condiciones; facilitar la formación de los ciudadanos para el uso de las tecnologías y aprovechar las posibilidades en el nuevo entorno de la cultura y la lengua, que suponen una ventaja objetiva y comparativa.

El objetivo es que las actividades culturales surjan desde las comunidades. Las actividades culturales que coordinan las propias comunidades tienden a ser más duraderas. La vinculación con la sociedad civil es un elemento de gran importancia para el desarrollo y la promoción de las políticas culturales. Deben ser un centro de patrimonio, de teatro, de encuentro con escritores,  centros de recuperación y estimulo de la participación ciudadana organizada, mediante la descentralización de fondos públicos participativos y poner el arte al servicio de la gente.

 Si en diez años se invierte en todas las comunas más pobres del país en bibliotecas modélicas y modernas, que incluyan, cafeterías, Internet, servicios básicos, salas de lectura de periódicos y revistas y salas de reuniones, en un programa de ese tipo, administradas por consejos locales de cultura, mejorará, qué duda cabe, de modo significativa la vida social y comunitaria de Chile, la gran falencia de estos años.

 

Omar Pérez Santiago es escritor. Egresó de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile, y estudio  Historia económica en la Universidad de Lund.

 Libros: Breve historia del comic en Chile, Editorial Universidad Bolivariana, 2007. Escritores de la Guerra. Vigencia de una generación de narradores chilenos, ensayo, Aura latina, 2005. Editorial Universidad Bolivariana, 2007. Trompas de Falopio junto a Gabriel Caldés, novela. Foro Nórdico de Aura latina, 2002. Editorial Universidad Bolivariana, 2007. Negrito no me hagas mal, novela -comic, Centro Nacional de Cómic, 2000. Memorias eróticas de un chileno en Suecia, cuentos, Editora Kipus & Aura Latina, 1992. Malmö är litet novela en Sueco como Pancho Pérez Santiago, Skrivareverkstad, Suecia. 1988. La pandilla de Malmö con traducciones al castellano de poetas suecos (1990).

 




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