La historia de Marlene Dietrich en canciones tiene valor. La actriz Francisca Walker tiene voz, estilo y gracia. Cinco buenos músicos. Dirección de Juan Cristóbal Meza.
Londres
Frank Holl. Ilustración para The Graphic, 11 de agosto de 1888.
He vagado por cada calle del Reino
Cercana al lecho del Támesis,
Y he notado en cada rostro que encontré
Signos de la debilidad y del dolor.
En el grito de cada Hombre,
En el grito de terror de cada Niño,
En cada voz, en cada prohibición,
Siento las cadenas que nuestra mente a forjado.
Siento que el llanto del Deshollinador
Consterna las Iglesias sombrías,
Y el suspiro del soldado desventurado
Cae como sangre por muros de Palacios.
Pero escucho, sobre todo, en las calles de medianoche
Cómo la maldición de la joven Ramera
Destroza las lágrimas del Niño recién nacido
E infecta de miserias el fúnebre carruaje Nupcial.
Traducción de Enrique Caracciolo Trejo,
FETICHE La actriz sueca Pernilla August en la aclamada obra maestra de Ingmar Bergman "Fanny y Alexander"(1982). Interpreta de manera brillante a Maj, una joven y bondadosa criada. Pernilla August fue una de las actrices fetiche de Ingmar Bergman. Brilla en Cannes: Ganó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes de 1992 por su papel en Las Mejores intenciones, un guion autobiográfico escrito por Bergman sobre la juventud de sus padres y dirigido por Bille August. Volvió a encarnar a la madre de Bergman en la miniserie Encuentros privados (1996), dirigida por Liv Ullmann. Bajo la dirección de Bergman, brilló en roles clásicos icónicos como Ofelia en Hamlet (1986) y Nora en Casa de muñecas (1989).
«Poéticamente habita el hombre sobre esta tierra» según Friedrich Hölderlin.
No busco
consenso.
Los narradores
chilenos son excelentes cuentistas.
Más que novelistas,
que chapotean en un realismo de casa de campo del siglo XIX, son creadores de
grandes cuentos.
Pero el cuento de Elena Aldunate "Juana y la Cibernética" de 1963 es el mejor de todos.
Es sobre el deseo
y la soledad
Juana es una operaria de 44 años que se queda encerrada por
accidente en una fábrica en vísperas de Año Nuevo, al romperse la llave de la
única puerta de salida.
"Venía a sucederle a ella este percance idiota. A ella, a la que vivía sola. A ella, que en sus cuarenta y cuatro años no conociera el amor…, al hombre."
El martes 19 de febrero de 1952 era pleno invierno frío, ventoso, oscuro y
nevado en Grimstad, al sur de Noruega. Día oscuro y corto. Un mundo
muerto de nieve. El frío hace castañetear los dientes.
En su enorme casa llamada Nørholm, a los 92 años
muere el brillante escritor noruego y Premio Nobel, Knut Hamsun. Según su
esposa Marie, Hamsun murió pobre, casi sordo y casi ciego, como un grifo
oxidado.
En su último libro de 1949, Por senderos que la maleza oculta, Hamsun
reconoció:
“Mi arterioesclerosis resulta terriblemente molesta. No
oigo. De acuerdo. Pero no veo, y eso es peor. Ya no soy capaz de leer una
revista, ni un miserable periódico. Lo mismo da.”
Sus últimos años fueron de aislamiento.
¿Lo mismo da?
Finalizada
la Segunda Guerra Mundial, fue detenido por las autoridades noruegas acusado de
colaboración y traición debido a su apoyo público a Hitler y la ocupación alemana de
Noruega.
“El 14 de junio me trasladaron desde mi casa al hospital
de Grimstad —a mi mujer habían venido a buscarla un par de días antes para
llevarla a la cárcel de mujeres de Arendal—.”
Estuvo detenido bajo diversas formas de confinamiento entre 1945 y 1946. Internado en un primer
momento en una residencia de ancianos, y luego cuatro meses de internación en una
clínica psiquiátrica de Oslo, una institución para «nerviosos y enfermos
mentales».
Recibió el repudio público intenso de Noruega.
Perdió su prestigio.
Un día presentamos una novela del prolífico y prominente
escritor noruego Kjartan Flogstad en Santiago. Luego en un bar del barrio
Lastarria, le mencioné a Hamsun. Kjartan casi escupió. Kjartan Fløgstad
(nacido en 1944) ha analizado en sus obras las continuaciones de la ideología de la derecha en la posguerra.
El destacado escritor sueco Per Olov Enquist escribió un guion
ciertamente condescendiente para el film de Jan Troell en 1996. Allí Hamsun dice
que inclinó su cabeza ante Hitler porque odiaba a los imperialistas ingleses. Dicen
que en el juicio, Knut Hamsun lloró cuando le mostraron imágenes de los campos
de concentración nazi. Al final, Hamsun justificó su loco proceder apelando a
la conocida evasiva: “yo no sabía”.
“¿No sabía nada de los asesinatos, del terror, de las
torturas?
No. Apenas lo vi mencionado, justo antes de que me
arrestaran.”
(Lo mismo habría dicho el escritor argentino Jorge Luis Borges
al justificar su dignidad inclinada ante el asesino de Pinochet en Santiago de
Chile. “Yo no sabía”. O, Pablo Neruda pusilánime con Stalin. Adoradores de
modelos patriarcales. ¿Lo mismo da?)
El funeral de Knut Hamsun fue sobrio y silencioso.
"Nuestro querido Knut Hamsun falleció tranquilamente
anoche.
Nørholm, 19 de febrero de 1952.
Marie Hamsun.
Hijos. Nietos."
La necrología no contenía cruces ni otros símbolos. Dieciséis
palabras. Ningún político se presentó en el funeral. Casi ningún periódico lo
mencionó.
Foto del sueco Karl W. Gullers de Knut y Marie Hamsun, mayo 1950
La historia de Marlene Dietrich en canciones tiene valor. La actriz Francisca Walker tiene voz, estilo y gracia. Cinco buenos músicos. D...