En 1948 publicaría
su novela tremenda Indigno de ser humano y que ha quedado para
siempre en mi memoria:
“Mi vida ha estado llena de
vergüenza. La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como
un ser humano.”
Es la tradición japonesa del watakushi shōsetsu (“novela del yo” o ficción autobiográfica), donde la frontera entre autor y narrador se vuelve difusa; la experiencia íntima es central; importa menos la trama externa que la exposición emocional y moral.
"Nunca pasé hambre."
Es una novela corta que duele. De secuencias sobrias, brevedad confesional y desgarradora.
Ese mismo año, 1948, Osamu Dazai se suicidó. Tenía 38 años.
Fue un día de junio, el día de
los cerezos, Osamu Dazai se tira al río con su amante Yamazaki Tomie.
“Cerezas”, su último cuento, invoca auxilio del Salmo 121: Elevaré mis ojos a los montes.
Un cuento temible porque condensa al escritor Osamu Dazai: una escena doméstica concentrada,
una confesión devastadora sobre la culpa, la familia y la imposibilidad de, ¡carajo!,
sentirse plenamente humano.
