“Mas, la Prudencia es una vieja rica pero aburrida y fofa (Id y ved lo que el profeta dixit). Hay que provocar a los comeluz. Qué salgan de su oscura hipocresía. Qué vengan de frente. Eso los desconcierta. ¿Qué es esto? ¿Qué dices? ¿Por qué yo? ¿Tú crees que yo…? Reclaman.
lunes, mayo 24, 2021
(Actas 1:3 de Simón de Gitta)
“Tratar con un comeluz es resbaladizo. Es más espinoso que tratar con un ser de luz.
Actas de Simón de Gitta
“El universo es lóbrego. Oscurecen la visión los ratoniles, dispersos monstruos, malos espíritus de vulgares, lémures roñosos. Los ratoniles opacan la luz. De a poco aparecen luces, parciales al inicio, en forma de chispas, conos o líneas fugaces, diminutas descargas lumínicas como semillas, que relucen el área tridimensional. Se ve en primer plano, en un espeso espacio, los perfiles a contraluz de los abominables que laboran para que las luces no se vean. Entonces desesperan, chillan, se activan, tiemblan, pues los ratoniles odian la luz. Significa que estás más cerca” (Actas de Simón de Gitta)
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Es lo más hermoso que nunca nadie me había dicho.
Y entonces apareció el Lasse y buscamos un restaurant que nos acomodara, algún viejo boliche de trabajadores y bohemios, de vino y cazuela.
Pasamos frente al Lincoln, un territorio que odiábamos, allí estaba la gente que aborrecíamos, allí estaba la gente que bebía cerveza en forma desenfrenada, ávidos de no alcanzarse a sí mismo, y ya estaban borrachos, peleándose entre ellos, o tirados a la calle por los matones de la seguridad.
Terminamos los tres en un motel muy barato durmiendo en camas separadas y despertando todos juntos.
Cuando ella, ella algo dice, ella algo dice que duele el alma, que revela su tristeza, su profundo dolor existencial, y me duele y me conduelo.
Sé que se irá.
Sé que desaparecerá.
Y temo y la abrazo y le digo que se cuide, que no se arriesgue, que por favor no sufra, y ella me abraza y llora, y yo le digo, por favor, cuídate. Eres libre y nada te detiene, pero vivir arriba de la cornisa es siempre peligroso. Y llora.
Y ella dice: Es lo más hermoso que nunca nadie me había dicho.
Foto: Underground, film de Emir Kusturica
lunes, mayo 03, 2021
LA REGRESIÓN: VLADIMIR SOROKIN, EL BOLAÑO RUSO
Hay quienes no reconocieron –por
flojera, comodidad o interés- que caímos en una sociedad controlada digitalmente por rígidos billonarios,
un autoritarismo tecnológico.
Me sobrecoge. ¿Cómo llegamos allí?
El escritor H.G.Wells inventó la
máquina del tiempo. Si viajamos en esa máquina hasta fines de los años 80 –cuando
los teléfonos
aún tenían cables- veremos que por ahí se inició
una nueva era.
Pinochet
perdía el plebiscito y poco a poco salíamos de una sociedad fracturada.
Yo, como autor implícito, en 1991 iba en un tren a
Berlín. Resopla
la locomotora. Caía el muro de Berlín.
El
mundo cambió. Eso me dio algo de fe. En Rusia y en Chile llegó la incipiente
democracia.
Arthur C. Clark, otro escritor de ciencia ficción, en 1945 creo las bases teóricas
de los satélites artificiales. En 1957 la Unión Soviética lanzó el primer
satélite artificial, el Sputnik. Desde entonces, miles de satélites han sido
lanzados. En
1990, Tim Berners-Lee diseñó la World Wide
Web. La telefonía móvil, sitios de Internet y redes sociales, se convirtieron
en la base de la comunicación.
Vladímir Sorokin, el escritor ruso más
nombrado hoy, llamado el Bolaño Ruso, tenía sus raíces en la contracultura de
los años 80. Mordaz escritor nacido el año
1955, cuyos libros contenían violencia y sexo —como Tarantino—, ironizó sobre la Cofradía de los Flageladores literarios
soviéticos, que decían representar las iras de los desheredados.
Putin dirigía la policía secreta desde 1998, llegó al poder en el 2000. Era una corriente
que nunca perdió el poder del todo. Cambiaron el Lada por un Mercedes.
(Igual
que en Chile, digo yo como autor implícito, donde volvieron a gobernar los nenes de Pinochet)
Allí
estaba el germen de la distopía, la base del autoritarismo tecnológico.
Tal como en La máquina del Tiempo el protagonista
viaja al futuro y no halló una sociedad plena. Al contrario, era un mundo rígido
y en decadencia. Una regresión.
Lo valioso del escritor Sorokin fue
mostrar la desesperación, la soledad y el tedio de una sociedad. Y su proyección distópica donde
se pisotea los ideales de la ilustración, con la corrupción, la ignorancia, la enfermedad y la
muerte.
En
Moscú, Nashi, grupo ultraconservador pro Putin, destruyeron unos libros de
Sorokin. Estaban molestos con la libertad expresión. En una escena de su libro Manteca de cerdo azul (1999) aparece Stalin y el mofletudo
Nikita Jrushchov en rol sadomasoquista.
“Jrushchov se desabrochó el pantalón y se sacó
su largo sexo retorcido y con glande de pezón cuya piel reluciente tenía el
tatuaje de una estrella. El conde se escupió una mano, untó de saliva el ano de
Stalin y, echado hacia atrás, comenzó a introducir con tiernas estocadas su
sexo en el interior del Guía.”
Leí una de las novelas de Sorokin,
El día del oprichnik, metáfora de la regresión. Mezcla de realidad y ficción, entre el Gógol
de Almas muertas y la literatura
fantástica de H.G.Wells.
El protagonista Andrey Komyaga es un oprichnik en la
Nueva Rusia 2027 y narra sus crímenes. (La oprichnina original fue creada por el
déspota ruso Iván el Terrible, su guardia
personal mortífera). Rusia de 2027 es una mezcla de medievo y dictadura
tecnológica. Feudalismo ilustrado gobernado por billonarios. ¿Fin del humanismo, la democracia y la sociedad abierta?
Es una novela, corta, filuda y mucho
de sátira.
Chile
involucionó también hacia una sociedad distópica patriarcal de billonarios rígidos
y corruptos que dominan con la ayuda de
la pandemia, la neurociencia y la realidad virtual. Comercializaron el agua y
cada elemento de la fauna y la flora. Además,
con una débil sociedad civil, el uso de fake
news y ejército de bots, deterioraron la conversación pública. Condenan a
Galileo y deseaban hacernos creer que la tierra es plana.
Quizás
desearon atraparnos con la tecnología de la vigilancia y las teorías de la
alienación, aplicando la precognición
que profetizó otro grande de la
ciencia ficción, Philip K. Dick, en su
cuento El Informe de Minoría.
lunes, abril 26, 2021
Omar Pérez Santiago: “Cómo todos los grandes poetas, Karin Boye creó su propio mundo”

Pérez Santiago, 1988. Foto: Ricardo Arroyo
Entrevista a Pérez Santiago, traductor de la poeta más importante
de la literatura sueca, Karin Boye.

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“Leí a la sueca Karin Boye
en los años 80. Yo era un joven desterrado y confundido. Ella me dio una
luz. Hoy, pasado los años y en la triste pandemia, su relectura reforzó
en mí la poeta vital. No dolida, No
triste. Un hombre, una mujer debe levantarse y hacer lo que tiene que hacer” Entrevista en el programa Barco de Papel de Radio Nuevo Mundo por Macarena Castro y David Hevia, lunes 26 de abril 2021. 1. Omar ¿Cuáles son, a tu juicio, los elementos más destacables de la obra poética de Karin Boye? Los elementos más destacables de su obra poética es su magnífico ritmo
de oleadas sonoras surgidas de su fantasía personal. —sobre el amor, la fe, la muerte, la cultura y la
naturaleza—, de inusual calidad musical y rítmica y sensibilidad en el
lenguaje. En las horas frías de mi remoto exilio en Suecia, durante los años 80,
leí encantado a Karin Boye. Descubrí entonces que el mayor valor de una poeta
es su encanto. Hoy, en la apocalíptica pandemia traduzco sus libros de poesía.
Releo su legado. Karin Boye la poeta
más querida en Suecia, nació en 1900 y murió en 1941. En 1922 tenía 22 años Era menuda.
Pelo corto. Caminaba alegre y risueña por los grandes y hermosos jardines de la
Universidad de Uppsala, la casa de estudios más antigua de la región, donde
estudiaba griego, idiomas nórdicos e historia de la literatura. Un día su sueño
mágico se hizo realidad y su vida cambió. En 1922 la editorial Bonniers publicó
su primer libro Nubes, 42 poemas
sobre cosas esenciales —El culto a la belleza, el espíritu de lucha y la vida
dinámica, la intensidad, curiosidad y la sed de vivir de sus poemas sedujeron a
la juventud. Fue inmediatamente leída por mujeres jóvenes, como ella. Una poeta
al mismo tiempo canónica y heterodoxa. 2.
Tú has emprendido un trabajo de traducción de su obra. ¿Qué buscas rescatar de
la autora también traductora, en esa tarea y que desafíos aparecen allí en el
oficio de volcarla al castellano? Yo rescato su vitalidad
poética, su alegría de vivir. Su fe en la palabra. Y mis traducciones la
colocan en una corriente poética vitalista. Durante los hermosos años de anarquía
que siguieron al tratado de Versalles de 1919 -fin de la guerra y de la
pandemia de la gripe española-, Boye vivió la vida que deseó. Era vital, de
espléndidos ojos azules. Gentil. Graciosa. Pelo corto a la moda. En la Universidad de Uppsala estudió
idiomas, útil para su elocuencia. Durante esos felices años veinte fue activa en asociaciones
femeninas y en revistas culturales, fue crítica literaria y traductora. Tradujo La Tierra Baldía de
T.S. Eliot al sueco. Le gustaba la fiesta. Bailó en los
bares lésbicos El Dorado y Silhouette de Berlín, antes de que Hitler los
prohibiera. Estuvo en Moscú antes de la sangrienta purga de Stalin. Tuvo una vida sexual activa. Se casó
con el escritor Leif Björk. Relación breve con el profesor Victor Svanberg. En
Berlín, según escribió en una carta, se acostó con una gigoló griega. Desde
1934 vivió con la joven judía alemana Margot Hanel. 3. Por estos días vea la luz tu versión de Nubes. ¿Observas una
evolución estética entre ese primer poemario de Boye y su obra posterior? Sí, Nubes se publica con Los Perros Románticos. Karin escribió 5 libros
de poemas entre 1922 y 1941 · (Nubes), 1922. (Tierra Oculta), 1924 · (Los Hornos), 1927 ·
(En el nombre de los árboles) 1935 · (Los siete pecados capitales), 1941. En su
poesía mantuvo el cuestionamiento de supuestos valores e ideales eternos,
absolutos e inmutables. Hacia el fin de su vida las cosas cambian. La lucha
cultural se libró entre las fuerzas culturalmente conservadoras que defendieron
el viejo orden y fuerzas radicales que
sintieron la necesidad de crear un nuevo orden. Karin
Boye tenía una verdad interior, era libre de prejuicios, abierta a la verdad.
Su forma de vida era una protesta contra la decadencia y la decrepitud de la
civilización. En los cinco libros, que yo ahora traduzco, incubó un legado literario,
realidades imaginarias o simbólicas, que han ejercido una gran influencia en la
cultura con su magnífico ritmo del lenguaje, que cautiva nuestro entusiasmo por
su pureza y fuerza. Una poesía pura y llena que esas
oleadas sonoras que no se interrumpen ni por un segundo; ninguna obra de la
poesía sueca tiene esa continuidad de ritmo, esa armonía tan bellamente
desplegada. 4. “Aquí no voy. Esta no
soy yo/ Esto es solo es solo un reflejo mentiroso”, escribe la autora en Idea.
En el Réquiem de tu traducción de Nubes tú adviertes sobre la forma majadera en
que se ha pretendido dar a la autora el rol de angel caído, y que la
manipulación hizo algo parecido en Chile con Gabriela Mistra. Nos gustaría que
te explayes sobre eso. Karin Boye era una poeta de excelencia superior, pero la construcción
mental de la época interpretó su muerte
como un problema psicológico personal, antes que efectos de la organización
social. Su muerte en 1941 fue considerada como un problema íntimo. Las construcciones
mentales de la época evadieron la responsabilidad social y política del statu quo en el trato a
las mujeres. Eso es lo que hay que reparar. Efectivamente, el rol que le asignaron en mundo del arte fue de ángel
sufrido, de monja. En Chile, los manipuladores hicieron lo mismo con la poeta Gabriela
Mistral, la convirtieron en una recitadora de rondas infantiles, en una madre
frustrada. Recién ahora se lee con otros registros. En el caso de Karin Boye, las nuevas biografías han cambiado esa visión
que se construyó inmediatamente después de su muerte. Hay indicios que ella
realmente no quería suicidarse. La dosis de insomnio no habría sido lo
suficientemente fuerte. Ella no murió por las pastillas para dormir. Ella se habría
congelado hasta la muerte. A comienzos de los años 40, ella vivía una de las épocas más oscura de
la civilización, nazismo, stalinismo, en una palabra, totalitarismo. Una lucha
directa con el demonio. Una época tan oscura como la actual crisis de la
civilización por el Coronavirus. Lo mismo ocurrió con otras dos escritoras de esa época, Virginia Woolf
y Alfonsina Storni. La comparación da una serie de reflejos que iluminan mejor
el marco de profundidad en el espacio. La tres insignes figuras épicas acumularon muchas semejanzas, Boye,
Woolf y Storni. Las tres terminan prematuramente su vida. Eran naturalezas libres encerradas entre muros, en un espacio más
reducido que un convento, en una comunidad opresora. Para ellas, después de unos brillantes y divertidos años 20, la realidad era sombría. El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf se puso su abrigo, llenó sus
bolsillos con piedras y se lanzó al pequeño pero profundo río Ouse, Inglaterra,
cerca de su casa y se ahogó en esas aguas oscuras. En 1938 Alfonsina Storni se suicidó en Mar del Plata, Argentina,
arrojándose desde la desaparecida escollera del Club argentino de mujeres. A Karin Boye la encontraron en un bosque. 5. En tu condición de escritor, qué sabores y aprendizajes te deja haber
revisitado los versos de Boye de esa forma tan intensa que desemboca en la
traducción? La nobleza de su lenguaje era la forma natural de su aliento, de su
voz; era algo fundamental de su propio ser; nada hay de artificial en esa obra,
en la que sólo hallamos magnificencia de la forma. Su literatura ha influido en
varias generaciones de mujeres de trayectorias intelectuales. Sí, por supuesto.
Karin Boye era una mujer llena de vida y vitalidad, con gran sentido del humor
y personalidad
Era gentil e indulgente. Tenía gracia y gentileza. Sí. Pero también
tenía el brío de las chotacabras, la energía que el pájaro necesita para
incubar en el nido su huevo poético. Su luminosidad para entregar vida a su
germen interior, una lírica de temperamento y carácter. Karin Boye era bastante
rica en imaginación, audacia y fuerza creadora como para producir una nueva
realidad que la amplia y la enriquece, una ilusión poética que se transforma en
vida, un mundo dentro del mundo. Cómo todos los grandes poetas, ella creó su
propio mundo. |
jueves, abril 01, 2021
KARIN BOYE: WALKIRIA SUECA, Revista Off The Record, abril 2021
Anoche con espadas soñé.
Soñé
con una batalla anoche.
Soñé
que combatí a tu lado
armada
y fuerte, anoche.
y
los monstruos cayeron a tus pies
Nuestras
filas se cerraron y cantaron
en
la quieta amenaza de la oscuridad.
Soñé
con la muerte anoche.
Soné
que yo caía a tu lado
con
llagas mortales, anoche.
Tú
no notaste que yo caía
Tu
boca seria.
El
escudo con mano firme sostienes
y sigues
tu camino de frente
Soñé
con rosas anoche.
Soñé
mi muerte buena y hermosa-
Eso
soñé anoche.
Pongo mi mano en el corazón y declaro que la poeta sueca
Karin Boye no es invento mío, como se rumorea a veces. En las horas frías de mi
remoto exilio en Suecia, leí encantado a Karin Boye. Hoy, en la apocalíptica pandemia
traduzco sus libros de poesía. Releo su legado, su magnífico ritmo de oleadas
sonoras surgidas de su fantasía personal.
Durante los hermosos años de anarquía que siguieron al
tratado de Versalles de 1919 -fin de
la guerra y de la pandemia-, Boye vivió la vida que deseó, como una Lady Gaga o
una Madonna. Era vital, de espléndidos ojos azules. Gentil. Graciosa. Pelo
corto a la moda.
En la Universidad de Uppsala estudió idiomas, útil para su
elocuencia.
Durante los felices años veinte fue activa en asociaciones femeninas
y en revistas culturales, fue crítica literaria y traductora. Era una influencer, (se dice hoy) y de avant-garde, (se decía entonces).
Bailó en los bares lésbicos El Dorado y Silhouette de Berlín,
antes de que Hitler los prohibiera. Estuvo en Moscú antes de la sangrienta purga
de Stalin.
Vida sexual activa. Se casó con el escritor Leif Björk. Relación
breve con el profesor Victor Svanberg. En Berlín, según escribió en una carta, se
acostó con una gigoló griega. Desde 1934 vivió con la joven judía alemana
Margot Hanel.
En abril de 1941 viajó a Alingsås a la casa de Anita
Nathorst, su amiga desde la universidad de Uppsala. El 23 de abril Boye desapareció
y el pueblo puso en marcha su búsqueda. El
granjero Carl Gottfridsson la halló muerta apoyada en una roca, tres días
después, “aparentemente dormida”.
El ave rapaz de la muerte siguió volando en círculos. Un mes
después, Margot Hanel de 29 años, su conviviente, abrió los grifos de gas de la
cocina. No tenía ganas de seguir en este mundo.
“Si tú no existes más, por qué existiré yo”.
Suecia era un bunker de eremitas calientes. El país de la medida
justa, (logom). La prelacía despolitizó su vida. Antes de entrar al
Walhalla, el salón nórdico de los caídos, le inventaron el rol de sufrida. En el olimpo sueco de diosas y dioses,
la convirtieron en la “santa Karin Boye”. Disimularon su vida real. Un punto de
dolor, cuando la vida les duele, mis queridos suecos prefieren el silencio.
“Hacerse el sueco”.
Nuevas biografías indican que tal vez Boye no deseaba
suicidarse. Incluso se habría congelado. Incluso hacían 10 grados bajo cero por
la noche.
Al final de los años 30 fue una época ruda para una mujer:
guerra, totalitarismo, corrupción, opresión y misoginia. Fácil de ser injuriada.
Tánatos es un tema en su poesía. Sí. ¿Y qué?
¿Los genios no deben pensar en la muerte, acaso?
La forma de morir no determina una obra.
Karin Boye soñó con espadas.
Theodore Sturgeon, Más que humano
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