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miércoles, julio 29, 2026

Alende el retorno. Patricia Espinoza, Reinaldo Carreño, Enrique Pérez Arias, Soledad Vignolo, Aldo Astete, Emersson Pérez

 


Patricia Espinosa
Las Últimas Noticias. 31 de Enero al 21 de Febrero de 2014

 Allende, el retorno


Salvador Allende aparece en Santiago de Chile a cuarenta años del golpe militar. Ese suceso da lugar a la ucronía Allende, el retorno, de Omar Pérez Santiago, una novela temáticamente atractiva, ya que el ex presidente aparece convertido en una suerte de hipster que causa estragos con sus lentes gruesos y estilo de vestir retro, al punto de verse involucrado en una intensa historia de amor con una chica alternativa.

El punto de quiebre que separa la realidad histórica de la ficcional corresponde al momento posterior al bombardeo de La Moneda. La imagen del palacio de gobierno en medio de “humo, grietas y escombros” es el único recuerdo que posee el personaje cuando llega al siglo veintiuno. Con posterioridad, a través de internet, Allende se informará de que murió esa mañana de septiembre de 1973, siendo una de las primeras víctimas de la masacre que los militares golpistas recién empezaban a ejecutar. Respecto al pasado anterior al Golpe, su memoria sólo recuperará algunos amigos, su pasión por el tango y el cariño por su perro de la casa de Tomás Moro.

Para los actuales habitantes de Santiago, el protagonista no es más que una copia del Salvador Allende original, que genera simpatías más que sorpresa. El desencanto que producen en el personaje los cambios urbanos y el hecho de ser un anónimo son experimentados con tristeza, pero con bastante pragmatismo. El Allende del presente no queda precisamente en shock y ni siquiera se le cruza por la cabeza buscar a sus descendientes; al contrario, asume con extrema facilidad las transformaciones que le trae el nuevo siglo. A pesar de sentirse hostigado por difusas voces internas, se conforma con su nuevo destino y se dispone a vivir como un chileno medio, desvinculado de la política y privilegiando la vida familiar.

La narración no propone una razón clara que justifique el motivo del viaje temporal de Salvador Allende. Sin embargo, se insinúa que el personaje puede ser víctima de determinada entidad maléfica o poder secreto relacionado con algún tipo de experimento yanqui o un androide de origen desconocido; incluso puede ser un fantasma o el doble del que habitó La Moneda.

Un Allende ingenuo y estrafalario circula por estas páginas, protagonizando situaciones insólitas. Un hecho para remarcar es que su polola queda embarazada y, al parecer, para el narrador, la figura presidencial se completaría con un varoncito que llevara su mismo nombre; no hay que olvidar que él sólo había sido padre de mujeres. La secuencia en que Allende trabaja como mozo en una fuente de soda concurrida por jóvenes onderos, quienes lo reciben con bastante entusiasmo, no deja de ser interesante, sobre todo porque nos lo muestra dedicado a transformar un lugar decadente en un moderno negocio, fijándose incluso en la decoración del sitio.

En esta novela claramente subyace el ánimo de modernizar el retrato del ex presidente desde la complicidad ideológica. Mediante un estilo simple y candoroso, su figura mítica sobrevive para confrontarse con su imagen de icono pop. Más allá de la ausencia de una motivación que justifique la trama, Omar Pérez Santiago consigue con extrema sencillez ingresar, desde una vertiente paródica, a la ferocidad de la tragedia que cruza la biografía del ex presidente Salvador Allende.

 

Soledad Vignolo.

 

Salvador Allende resucita o algo así­, en un Santiago de Chile que se alejó cuarenta años del golpe militar. Ahí­ nace esta ucroní­a de Omar Pérez Santiago, que ubica al ex presidente en una nueva realidad, y lo transforma en un hipster atractivo que puede enamorar jovencitas con sus lentes de marcos gruesos

El único recuerdo que acompaña al personaje cuando llega a este siglo es imagen del palacio de gobierno en medio de «humo, grietas y escombros», y ahí­ se produce un giro en la novela que va a cambiar la mirada del protagonista. Allende se entera por internet, que él murió esa mañana de septiembre de 1973, como ví­ctima del golpe militar, ese golpe que lo transmutó y de su pasado, de su vida anterior, vuelven a él nombres de amigos, los tangos y el amor de su mascota.

En Santiago, Allende es creí­do imitador, casi una morisqueta del destino que les trae a Salvador en la imagen de este simpático viejo parecido el prócer. Para el protagonista, el mundo nuevo que lo rodea lo entristece, pero a pesar de no comprender que la gente no crea en él como tal, es práctivo y consigue sobrellevarlo. No busca a sus hijos, no pretende incorporarse a sus vidas, por el contrario comienza una nueva vida en este nuevo siglo. Vive como cualquier chileno, a pesar de su mente inquiriéndolo, no entra en polí­tica y si pretende una vida cotidiana. No hay motivo concreto para que el tiempo nos haya devuelto a Salvador Allende, aunque deja entrever una maléfica cuestión yanqui que puede haberlo suscitado. El autor nos regala un Allende inocente, lleno de vivencias raras, un tanto incongruente, que le aporta encanto, su novia embarazada de un varón, como si eso significara descendencia digna, puede ser cuestionada, pero es rico ver como va tomando cuerpo este viejo que transformó Chile y ahora lo hace en una empresa de soda, incluso con una onda que el propio Allende no tuvo.

En la novela, la ideologí­a subyace siempre y hasta hay un intento de revalorizar su figura, buscando una especie de aggiornamiento, de mito a marca pop, Allende, el retorno es una parodia trágica, en tono liviano, que deja entrever la fuerte historia del ex presidente Salvador Allende en la pluma de Omar Pérez Santiago.

La trama, a mi juicio, podrí­a haberse justificado con otra claridad, pero es atractivo pensar en estas posibilidades temporales, en la cabeza flexible de un hombre que trasciende épocas y en el reconocimiento que significa esta historia.

domingo, noviembre 29, 2020

  Enrique Pérez Arias.

Allende vuelve 40 años después del golpe militar, vuelve en marzo del 2013 y ya hace frío en Santiago. El invierno se avecina a pasos apresurados y ese frío puede ser una metáfora de que nada será fácil, como nunca lo fue en su vida tampoco. Una vida comprometida políticamente, azarosa privadamente.

Él quiere recordar el pasado, recorre los lugares habituales que él conoció y que compartió con sus amigos más cercanos. Busca pero ya nada existe. Es otra realidad. Tiene un poco de nostalgia pero no es un melancólico, no se deprime. Al contrario. Lo asume.

Rescata, si, lo mejor de la época que le tocó vivir y lo incorpora a la vida contemporánea de Chile. Por esto es un hipster. Allende, el personaje del libro, tiene calidez humana, es bondadoso. Hace uso de su capital cultural y de su inteligencia emocional para adaptarse a los nuevos tiempos, para orientarse en la nueva realidad. Es como un etnógrafo que debe reconocer el terreno; la ciudad no le es ajena. El personaje conecta tiempos históricos en su persona.

Vuelve, vuelve como lo hicieron los exiliados políticos chilenos, intentando recuperar el tiempo histórico que ya no volverá, que pueden reconocer parte de su historia en el Chile actual, pero que sin embargo se sienten fuera. Nada es igual. Como el Allende de la novela, los exiliados no son nadie en la nueva realidad.

Allende se conecta con los jóvenes estudiantes que están protestando. Pero no se logra la conexión política histórica. No se produce la síntesis. El movimiento estudiantil se frustra en sus aspiraciones.

Allende tiene miedo de quedarse solo de nuevo, como en septiembre de 1973. ¿Dónde estaban los allendistas, los dirigentes de los partidos de izquierda de la Unidad Popular?

Y el epílogo del libro es triste, hay algo trágico, el hijo que espera se pierde. No hay descendencia política. El allendismo se acaba.

Allende muerto de nuevo, muchas veces muerto, muchas veces en el recuerdo. Allende vuelve, pero es una paso fugaz, no se queda, pasa como queriendo hacernos recordar que la historia es importante, y la hacemos los seres humanos.

Vendrán otros, seguirá la historia, y él se quedará allí, en éste libro que también tiene algo de bondadoso, de generoso.

Enrique Pérez Arias, 2015

 

domingo, noviembre 03, 2013

 

Reinaldo Carreño Campos

Allende le tomó el rosto con las manos y le besó sus labios, rosa adorable. Besó en el momento oportuno. Imposible resistirse. Ella colocó las manos sobre los hombros que olían a humedad. Por un instante pareció que todo se movía en la habitación, parecían olas, raíces, navajas, dos astros que caen en el tiempo”.

En aquel tiempo en que medio gobernaba el compañero Allende, no todo era miel sobre hojuelas. En esa Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile, que hoy es la casa de los comandantes en jefe de Carabineros de Chile, quien sabe hasta cuando, no toda la gente de izquierda era muy estudiosa.

 

Pero él era una excepción, estudiaba y hacía política. Yo le tenía, confianza y respeto, era una persona consecuente, lo que ya era bastante. Llegó el 11 de septiembre y muchas cosas pasaron. Con el tiempo él se fue al exilio externo a Suecia y luego a España. Yo recibí una beca obligatoria -que desde luego no pude rechazar- de exilio interno, diáspora en mi propio país. Ambos sufrimos segregación. Cada uno sobrevivió como pudo. Ambos amamos, procreamos, gozamos y sufrimos.

Quizás por soledad más que por vocación, que no lo sé. Quizás por ese afán irrefrenable de decir algunas cosas con claridad de modo que algunos no se den cuenta, que tampoco lo sé. Lo cierto es que ambos nos hicimos escritores, un poco a medio tiempo digamos. Escritores de distinto cuño. Él más al comic y al cuento, yo más al ensayo y la poesía. Pero escritores al fin. Digo yo. Hijos de dos exilios distintos.

Y he aquí que nos sorprende a todos en este Chile re - unido, mientras las alamedas intentan ensancharse, con esta audaz novelacuentohistorieta, de calidad y originalidad indudable, sobre el retorno del compañero Allende. Estupenda idea teológica sin duda. Como aquel otro señor, el compañero también venció a la muerte. Claro que todo esto en forma literaria, a no confundirse.

Disfruté la lectura, la releí. Me sentí orgulloso de mi compañero de universidad. Aun tenemos patria ciudadanos. Con delicada maestría el libro nos va mostrando los principales hitos del compañero Allende: hijo de Valparaíso, fundador del Partido Socialista, sus hijas, orador nato, amante exquisito, burgués, líder, bronce eterno.

Y además relata una historia propia, nueva, pujante, una novela dentro de una historia.

Como en la novela de Dostoyevski nos preguntamos: ¿Qué diría o haría el compañero Salvador si de verdad volviera a nuestro país?

 

Por lo mismo le dije le dije en la Primavera del Libro hace unos días: “Tienes que sacar muchos más Allende El Retorno, como la Marcela Paz con su Papelucho. Como Goscinny y Uderzo en Asterix y Obelix.

 

Quiero que Allende viaje a Punta Arenas, que camine por Antofagasta, que navegue por Internet. Que tome Terremoto en La Piojera. Que expropie las cabritas de los cines. Que retorne el mar para los chilenos, ese que tanto defendió. Que saque tarjeta en La Polar. Que compre en Costanera Center. Que hable de nuevo en Radio Magallanes on-line.

 

Quiero más Allende.

Nos hace falta.

Gracias Omar Pérez Santiago por habernos traído de vuelta al compañero presidente.

 

Reinaldo Carreño Campos

Aldo Astete Cuadra





 . . . . . . .

"Allende el retorno”, (Aura Latina/ Cinosargo) es una novela interesante que plantea el desarraigo y la asimilación de situaciones, completamente insospechadas, por uno de los personajes históricos más reconocidos de nuestro país, como imagen o  ícono incluso, por sobre su personalidad íntima.

Quizás exista alguna alegoría con la situación que vivieron, una buena porción de chilenos en el exilio, tal vez realiza una crítica al sistema y a las características de éste, que todos asumimos obedientemente. En definitiva, Allende el retorno es un espejo que nos refleja, obligándonos a preguntarnos ¿Cómo estamos después de 40 años y qué hubiera pensado nuestro Compañero Presidente, si estuviera aún entre nosotros? 

Omar Pérez Santiago recrea una personalidad puesta a prueba ante la incomprensión, el prejuicio y la indefinición, a un Allende que tendrá que encontrarse y continuar su vida de la manera más normal posible, asumiendo lo sucedido en su vida y en la historia, asumiéndose en una situación incomprensible e imposible de modificar.

Sin lugar a dudas Allende el retorno es una novela que entretiene, y  que nos hace reflexionar, un texto que no dejará indiferente a sus lectores." 

 Emersson Pérez


"Mi padre [...] solía decir que los artistas mienten para decir la verdad
mientras que los políticos mienten para ocultarla".
(V de Vendetta)

Hoy tengo cinco minutos para hablar de un libro que en si contiene dos mundos, dos grandes hombres y también parte de la historia latinoamericana, ¿qué ocurriría si el compañero presidente caminara entre nosotros?, ya no como mandatario o como un ícono heroico, ya no mera representación. Omar ha sabido revivir, magistralmente, a Salvador y lo ha conseguido con el refinado ejercicio de la imaginación, contrario al ejercicio de poder que parece utilizar sus propios discípulos políticos, quienes suelen utilizar máscaras, como las que hoy tenemos en nuestras manos, se disfrazan, caricaturizan y finalmente parecen parodiar todo ideal.

El Allende que podrán descubrir en esta novela se ofusca a ratos y se confunde, se presiente como parodia, al parecer repercute el estado de magnificencia ilusoria del país, la falta de ideas y el exceso de lo artificial, basado más en lo estético que lo ético, influida por seducción mercantil individualista, tan contrarios a su proyecto de modernidad y que se ve representado en los antiguos edificios que él fundó.

Allende, el retorno, dentro de lo literario, parece nutrirse del universo creado por Jorge Luis Borges -podemos dar cuenta de ello en sus cuentos y ensayos- sus teorías sobre el espejo y el doble. En su libro Ficciones de 1944 se encuentra un cuento o, también, podríamos denominarlo un ensayo-ficción llamado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius,donde acudimos a un universo o mundo paralelo al nuestro, en el que se postula que “ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo de aquel”. Por otra parte, postula que, mientras dormimos, aquí estamos despiertos en algún otro lado. Para Borges, quien descubre este mundo a través del reflejo de un espejo, las relaciones de simetría pueden ser terribles, ya que multiplican a los hombres, así como también el sexo o el amor… y esta novela se interioriza en estos puntos, es así como en un juego de espejos que nuestro Allende camina nuevamente por las grandes Alamedas donde se encuentra con estos jóvenes llamados hipsters, término que mal aplicamos a cualquier persona que use lentes de marcos gruesos y que parezca de gustos refinados o cool, esta relación con los otros: “los contemporáneos”, son un reflejo para el protagonista.

No es sorpresa que Allende tendría gustos muy similares a los actuales hipsters, de quienes se dice que no tienen ideales políticos o profundos, más allá del gusto por lo estiloso o el refinamiento vintage, pero podemos ver casos puntuales, como fue la propuesta de protesta pacífica de los indignados en Estados Unidos o la preocupación por los temas ambientales y animalistas o incluso por el culto a la vida sana o primigenia por estas mismas latitudes; podemos ver el fenómeno de los ciclistas furiosos quienes conmocionan a la ciudad con sus marchas en dos ruedas, disfrazados o desnudos. En la novela vemos a los etno hipsters, sujetos admiradores de la etnia mapuche y preocupados activamente por sus derechos primogénitos.

El fenómeno hipster no es nuevo, proviene de los años 40-50’s  y sus primeros representantes son de raza negra, eran sujetos altamente contraculturales y esto proviene, exclusivamente, por el hecho de ser minoría racial y social. Fue un movimiento completamente politizado y consciente que provocó cambios a nivel mundial en democratización de conocimientos y derechos sociales para las minorías, además de promover gran cantidad de material cultural, por nombrar solo uno el auge del  jazz, ya hacia los años 50-60’s se tomaron este término los beatniks, quienes empezaron a llamar hippies (o pequeños hipsters) a los blancos que sólo les gustaba bailar o fumar marihuana, pero que, al contrario, de la vida intelectual de los beatniks o hipsters, no apreciaban la poesía o el jazz y no sabían nada de política (aunque masivamente se los considerara como anti-sistémicos), en este momento el termino adquiere carga peyorativa.

Entonces ¿qué hace el protagonista de esta novela?, es capaz de extraer toda la profundidad detrás de esos lentes de marcos gruesos o esos pantalones pitillos y dar conciencia a un montón de personas que no saben los cambios que pueden provocar. Sería realmente interesante que en este tiempo de elecciones, nuestros actuales candidatos fuesen tan versátiles como el protagonista y que puedan ver la belleza interna, los ideales detrás de los espejos y máscaras.

Viernes 8 Noviembre, FILSA 2013

 

Alende el retorno. Patricia Espinoza, Reinaldo Carreño, Enrique Pérez Arias, Soledad Vignolo, Aldo Astete, Emersson Pérez

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