Fabián Burgos
Michael Strunge te pienso, te pienso desde “Caricias”, te
pienso, te pienso y te pregunto poeta azul, cómo descongelar este país frío. Sé
que medirás el cosmos más allá de este recorte feroz que nos plantó el
lenguaje. Michael Strunge, caíste de eco sobre Chile (de un frío distinto al
tuyo) 28 años después del salto, y es que siempre guardaste en el corazón la
certeza de que el poeta no puede volar, siempre supiste queno son las alas,
sino que el golpe desafiante de los cráneos contra el concreto, esa chispa, ese
estruendo que habita en un segundo lo que puede atravesar las épocas, haciendo
eclosionar las pupilas de la galaxia y de una lágrima fecundar las periferias,
el poema. Desde el amor Strunge, desde el amor que dice poco de lo que eres, te
leo, pero más que el amor me atravesó tu gesto. El salto Strunge, porque me
hiciste sentir concreto que no pudo evitar que salieras disparado por su
espalda, esquirlando este continente entero, revelando las viejas imágenes, las
antiguas visiones, las clarividencias, noticias de las voces. Michael Strunge,
tu nombre en la pared entiendo como despojo para rebautizarte en la caída, tu
salto como despojo entiendo para rebautizarte en los cantos que quemarán este
país de frío. Y desde esta palabra molotov contengo tus alas — porque tú estás
en mí y yo estoy en ti- dicta la plegaria que desde ayer profeso por las
noches, la plegaria que de un desgarro me tajearé en las venas. Imagino Strunge
tu cuerpo reventado contra el concreto, tendido en llamas, barricada entre la
poesía y el mundo, pues la palabra es la piedra y desde siempre lo supiste. Tal
cual caíste en este Chile frío, de barricada y piedra, cuerpo y palabra, tras
28 años atravesando desnudo el universo.
*
Emersson Pérez
Conocí a Strunge en Agosto de 1990, en una antología llamada
“La pandilla de Malmo-Joven poesía de Suecia”- y fue una revelación, supe de
inmediato que la poesía formaría parte fundamental de mi vida, después de leer
esos poemas urbanos y nostálgicos del danés comencé mi propio camino, me atrajo
su vida romántica y fugaz, aunque ambientados en un país nórdico, que quizás
nunca conoceré al menos físicamente, pero mucho de un pueblo se traslada con
sus aedos. El Strunge que ambientaba sus poemas en Dinamarca era sinuosamente
familiar al Santiago de los 90, inclusive como ocurre con los países
latinoamericanos en que las tendencias llegan con retraso,
había muchos adeptos a la música post punk, como Siouxsie&theBanshees, Joy
división o el mismo David Bowie, pululando por discotecas de ambientes
lúgubres, armados con trajes negros y melancólicos, jóvenes en que la
revolución pasaba por el despertar sexual y se daba desde los sentimientos y no
desde un campo de batalla, jóvenes escudados en nihilismo, también teníamos
escenas nocturnas y tren subterráneo, un ambiente post punk por excelencia.
Guardando las similitudes me parece ver a Strunge en los poetas jóvenes
chilenos de aquellos años como; Gladys González en su “Gran Avenida”, Oscar
Saavedra en su “Tecnopacha” o Diego Ramírez con “El baile de los niños”, no es
tan difícil imaginarnos a Strunge en el metro de Santiago o declamando sus
poemas en un bar con mala iluminación, atemporalmente conversando con nuestro
“joven” y también suicida Rodrigo Lira. El poeta se eternizó, la fugacidad de
la vida. Por otro lado aún es posible escuchar como bate sus alas y creo que
aún podemos descifrar sus visiones poéticas en nuestro pequeño otoño.
*
Oscar Saavedra
El alternativo Strunge Vía un poema -libro- que se tiró por
una ventana; a punta de head banger y love, desde Dinamarca, como si trajera
pequeños trozos de vidrio a la luz de las nubes, todavía caminando por el aire,
todavía pájaro o prosa del viento, me llegó la palabra Strunge, luego Michael,
a través de Omar Pérez Santiago, quien a su vez se dio el tiempo de traducir
una lengua hermana, lejos de esta lengua padrastra -más cercano al habla-, a
punta de conocimiento y experiencia. Me llamó la atención
-de una- la tragedia de este poeta-pasión-locura-divino-tesoro (vida y poema:
ídem): un mito, una leyenda; un punketa que se atrevió a escribir, describir un
tiempo, su tiempo y vivirlo a concho hasta el tánatos: por algo caminó por el
viento, por algo su poesía voló hacia nos-otros, por algo hoy celebro su
chilenizada y aquella tarde en que nos sentimos músicos (ese miércoles de
lengua-bailable y rebelde), cuando nos mandamos su slam junto a Michael Strunge
-en su honor-: y nos llegó un puñete directo a nuestra sensibilidad como
lectores: quedamos con los ojos manchados de palabras.
Romi Sandoval
Hace un tiempo atrás conocí a Michael Strunge a través de
una reseña de internet, el “poeta alado de Copenhague” me fascinó desde el
comienzo con su poesía urbana. Esto fue una revelación desde un país tan
lejano, y desde una cultura que casi desconozco. Pocas traducciones encontré de
su obra al español, lo cual siempre me significó un misterio. Me sentí
identificada, no sólo por la edad en la cual gestó su poesía, sino también por
los círculos punk y góticos en los que desarrolló su vida. Conozco esos
escenarios en Chile y materializarlos en poemas, es una explosión de
adrenalina.
Anita Montrosis
Cuando Omar Pérez Santiago, me pidió leer junto a otros
poetas jóvenes chilenos, un poemas de amor del poeta Danés Michael Strunge, no
dudé en participar. No siempre se tiene la oportunidad de estudiar la palabra,
más cuando esa voz es extranjera. Chile es un país de poetas, y la poesía, es
una larga faja de tierra, pero no angosta, entonces la lírica de Strunge es un
homenaje a los sentidos. La escritura alucinada de Strunge, es musical. Nos
transporta. Aborda el amor al límite, es bellamente lúgubre y la ubica en una
época que no es temporal, entonces requiere ser enseñada.
*
Pablo Lacroix