Para Tess
En el Estrecho, el agua está agitada, como dicen aquí.
Está bravo, y me alegro de no estar ahí.
Me alegro de haber pescado todo el día en Morse Creek,
lanzando de un lado a otro un señuelo rojo.
No pesqué nada. Ni siquiera una picada.
Pero no importó. Estuvo bien.
Llevaba la navaja de bolsillo de tu padre
y durante un rato me siguió una perra
a la que su dueño llamaba Dixie.
A veces me sentía tan feliz
que tenía que dejar de pescar.
En un momento me tendí en la orilla,
cerré los ojos y escuché el agua
y el viento entre las copas de los árboles.
El mismo viento que sopla en el Estrecho,
pero otro viento también.
Por un rato incluso me permití imaginar
que había muerto.
Y estuvo bien.
Al menos durante un par de minutos.
Hasta que lo comprendí:
Muerto.
Mientras yacía allí, con los ojos cerrados,
justo después de imaginar cómo sería
si de verdad no volviera a levantarme,
pensé en ti.
Entonces abrí los ojos.
Me levanté.
Y volví a ser feliz.
Te estoy agradecido, ¿sabes?
Quería decírtelo.
El poema fue incluido en All of Us: The Collected Poems (1998).

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