jueves, febrero 26, 2026

Una triste calamidad. Morir en la Arena de Leonardo Padura

 


La novela me la prestó mi amigo Raúl Aedo Riffo. A las tres páginas de lectura ya estaba enganchado con la historia. Diré más bien, atraído con el lenguaje de Leonardo Paduro. Directo y divertido. Así hablan los cubanos, pensé. Rodolfo es un jubilado que le gusta el ron, come quimbombó con plátano, se acuesta con una novia llamada Yunisleidis, una culigorda.

Empieza bien sabrosa.
Pero la novela va hacia un drama familiar. Su hermano Geni, tras cumplir 31 años de condena por el asesinato de su padre, sale de prisión y regresa al hogar. Tensión, reproches en la casa familiar que parece una metáfora de la isla: una estructura en ruinas donde conviven el trauma y la falta de futuro. Un hogar asfixiante marcado por la violencia del pasado y la desolación del presente. Llego cansado a la página 378 y al epilogo final. En fin, me agota que este personaje se haya demorado tanto en notar que la utopía, su sueño, había derivado en una triste calamidad.

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