domingo, octubre 17, 2021

Visionarios. Nueva novela negra. Espejismo Cruel de Juan Colil Abricot. Por Pérez Santiago

Centro Cultural de Manuel Rojas, octubre 2021.

1. Me place hablar de una nueva e imaginativa novela negra que aparece hoy publicada por los visionarios de Los Perros Románticos, Espejismo Cruel de Juan Colil.

Es un enigma que germine un nuevo tipo de novela en Chile. A veces, ocurren cosas misteriosas, por ejemplo, a veces se enciende una luz.

Lo explicaré aquí rápidamente.

2. La cosa es sencilla. Edgar Allan Poe creó el primer detective literario de la historia, Auguste Dupin, en  Los crímenes de la calle Morgue de 1841.  La muerte de dos mujeres en un departamento de París.  

Era la época de la primera revolución industrial, las máquinas a vapor, las factorías, el crecimiento de las urbes y la escasez de la seguridad policial. La primera oficina de detectives privados se abrió en EEUU a fines de los años 30. Un ladrón y criminal llamado Vidoc, se pasó al lado de la policía, y con su  astuta y vigorosa mentalidad comercial, luego formó su propia oficina de detectives, con la que se hizo rico y famoso. Poe lo tomó como inspiración.

3. Por supuesto, en la literatura ya habían ocurrido muchos asesinatos. La gracia de Poe fue que el crimen era una forma de misterio susceptible de ser resuelto con un método basado en el positivismo científico, el juego o arte deductivo. El detective usaba la lógica, el razonamiento y la observación analítica. De hecho, en las primeras páginas de su obra, Poe explica los valores de la mente analítica.

4. La moda se extendió y nacieron los más famosos detectives literarios. Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. Hercules Poirot  de Agatha Christie. Philip Marlow de Raymond Chandler. Sam Spade del norteamericano Dashiell Hammett. Martin Beck de la pareja sueca Maj Sjöwall y Per Wahlöö y Kurt Wallander de  Henning Mankell, base de toda una industria millonaria de novela negra escandinava.

5. En Chile, el historiador Alberto Edwards creó en 1914 el  detective Román Calvo. En nuestra época tenemos a Cayetano Brulé de Roberto Ampuero y el detective Heredia de Ramón Díaz Eterovic, un detective solitario literario y que vive junto a su gato Simenon en un departamento santiaguino.

6. Hasta ahora todo claro, sencillo.

La pregunta que sigue es ¿Qué época vivimos ahora?

Según Latinobarómetro la pobreza ha aumentado en América Latina.  50 millones de habitantes viven en la extrema pobreza.  Hemos retrocedido 20 años. Los Estados viven en crisis política,  sanitaria y económica. Hay desconfianza de las instituciones. ¿Qué tipo de sujeto ha nacido? Sujetos resentidos, melancólicos, tristes y solitarios que salen todos los días a ganarse la vida.

7. La labor editorial es pesquisar obras de nuevas sensibilidades. Los visionarios de Los Perros románticos publicaron anteriormente otra novela de alta imaginación del novelista peruano, Al Pancorbo, sobre un taxista que debe resolver crímenes. La novela El duro despertar es una trepidante y entretenida aventura de intrigas en la Lima sucia. Un  joven taxista de 23 años  recorre con el peligro diario de que un navajero le corte el cuello, desde las cervecerías del barrio Miraflores hasta los que venden cerdo y chicharrones cerca del Rímac.

 8. En la novela de Juan Colil un supuesto dentista intenta zafar de su mala suerte, Gino Medina, en un thriller noir de nuevo tipo.

¿Por qué?

 Aquí no hay detective, ni policías, sanos o corruptos.

Simplemente, Medina es involucrado en crímenes por simple mala suerte.

Gino Medina se mueve por el centro de Santiago.

Al leer, recordé como si fuese un sueño, cuando yo egresé de la universidad e hice mi práctica profesional en una oficina en la calle Bandera, en el centro de Santiago e ingresé al mundo adulto del trabajo. Pronto, mi jefe, un vividor,  me invitó a que saliéramos a tomarnos unos tragos con unas colegas. Y así, gracias al vividor, conocí ese mundo nocturno del centro de Santiago donde se divertían los chilenos, generalmente en subterráneos que no se veían de día desde la superficie, y donde uno aprendía cosas que no se enseñaban en la universidad, como hacer amigas y sobrevivir a las noches intensas. Esa ráfaga de vida nocturna era una linda manera de soportar el aburrimiento.

La novela de Colil me recuerda a ese mundo subterráneo que aún existe, pero más degradado.

9. Gino Medina tiene un valor que yo aprecio en cualquiera: no se victimiza, no lloriquea y le gusta la aventura. En el fondo, como buen chileno, se tiene fe.

Su  lucha cotidiana por la supervivencia lo convierte a él, quizá sin saberlo, en un ser existencialista. Existencialista chileno, eso sí.

Qué chileno de hoy no ha sentido el deseo de llevar a una bella mujer extranjera llamada Svetlana, al Kaleuche, el restaurant estrella de El Tabo, y querer lucirse al invitar a comer unas almejas y beber vino blanco frente al Pacífico.  

O qué chileno –que no ha tenido más hogar que este- no ha soñado con ser un patiperro y que alguien le regale un pasaje y dos mil dólares para irse al culo del mundo, en este caso al Cáucaso, con la promesa además, que allí se arreglarán sus cosas.

Y Medina llega a Osetia del sur, un país casi risible, de 50 mil habitantes y que viene saliendo de una guerra..

No me río fuerte por respeto. Pero Osetia era un espejismo cruel de Santiago. Como en un cuento de Chesterton, dar vuelta al mundo, es al fin, volver al hogar, como hijo pródigo.

Así, él aprende que todo el mundo huele igual.

A la vez, la novela nos enfrenta a una exigencia. La de comprender, sin prejuicios, el desamparo. Es una escritura comprometida con la gente que vive en las oscuridades de ciudades destrozadas.

10. Si tuviera que nombrar un precedente sería al argentino Osvaldo Soriano,  y su novela Cuarteles de Invierno con ese boxeador y ese cantante de tangos, dos solitarios, por instinto, dignos.

El maestro de la novela negra, mi estimado Ramón Díaz Eterovic, me mencionó una lista de escritores argentinos que han trabajado en esta nueva novela negra, la que él llama la antinovela policial.

domingo, octubre 10, 2021

La sicopatización de la política chilena. El affaire Piñera. Por Pérez Santiago

Ilustración: Narciso plebeyo de Pablo Suárez


1. Entre el desplome de La Fronda Aristocrática de terratenientes (el 8 % de la población de la que habló en 1928 el historiador Alberto Edwards), y el golpe militar de 1973, en esos 40 años del siglo XX, los chilenos intentaron construir una institucionalidad que respondiera a su alma popular.
2. La ruptura de 1973 llevó a la creación de una nueva Fronda Aristocrática, una casta financiera y extractivista. Es el 8 % de la población que se desposan entre primos, y a veces, entre hermanos, como lo muestra Patricio Corvalán en su libro El Clan Larraín. Una organización completa de políticos, banqueros, promotores de compañías y especuladores que se agrupan para explotar.
3. Fueron tiempos de oscuridad, de disolución de valores y de ebriedad pinochetista. Sólo existía la crueldad más oscura. Durante largos y tristes años fuimos dominados por sicópatas: Asesinatos, torturas, exilio. Daños de largo aliento. Cicatrices, sangre, horror y muerte.
Y Chile terminó mal, al final del círculo.
Tenemos altos índices de deterioro de la salud mental, los más altos del mundo: el alcoholismo, el tabaquismo, la obesidad infantil, cantidad de presos por habitante, tasa de suicidio juvenil, feminicidios, etc, etc.
4. Desde octubre de 2019, una ráfaga de viento de acero entró en Chile e inició un nuevo tiempo histórico. Zeitgeist. La muerte de una época y el advenimiento de otra. Chile vuelve a reordenarse. Fue gracias a la masividad de las protestas civiles pacíficas, no violentas, en cada ciudad, en cada pueblo de Chile. Yo estuve allí. Me encontraba participando en la Feria del Libro de Pichilemu, cuando espontáneamente miles de corazones marchan desarmados por las calles del balneario, izando banderas chilenas o mapuches. No fue la violencia, quemas de metro o saqueos lo que provocó el cambio. La teoría de ciencia política de la norteamericana Erica Chenowth sostiene que la masividad de las marchas pacíficas determina la caída de un régimen.
Así fue en Chile. La marcha de las marchas, la marcha más grande de la historia de Chile, el día 25 de octubre de 2019, estuvimos en las plazas con la esperanza de vencer a un sistema injusto de una casta privilegiada.
5. La fractura del país mostró un abismo tenebroso, nuestras entrañas. Nuestros fracasos nos acechan desde el abismo. La grieta es una depresión que nos genera rabia e ira y nuestra voz se torna ronca. Después y por desgracia, somos tan carentes de misericordia con los otros. Y no tenemos autocompasión.
6. El deterioro de la salud mental de la mayoría de los chilenos, en los políticos es aún más grave. Según lo muestra David Owen en El poder y la enfermedad, los políticos se vuelven maníacos, eufóricos, de irritabilidad extrema, con abuso de cocaína, alcohol y fármacos para dormir.
7. Muchos comentaristas no consideran la salud mental de los políticos. ¿Por qué? Porque soslayan la realidad y evalúan la política a través de ideas abstractas y preconcebidas.
El filósofo danés Soren Kierkegaard fue crítico a la metafísica de Hegel y su abstraccionismo predominante. Kierkegaard pensó en el rol del individuo y en la experiencia subjetiva, pensó que las cosas la deciden los individuos.
8. Este tiempo histórico vertiginoso es una máquina que tritura carne política y mete en una licuadora las expectativas ingenuas de los políticos.
Fíjense. No nombraré a nadie. Pero este año hubo vergonzosas, obstinadas e irreflexivas actuaciones de políticos. Son idiosincrasias egodistónicas. Con ego desmedido se auto aniquilan. Hemos visto a políticos en llamas, fulgurantes como una antorcha. Interpretaron mal la realidad y se estrellaron con su Némesis, la diosa que castiga la desmesura.
Están sometidos a la «pulsión destructiva y sádica» según la tesis de la siquiatra feminista Sabina Spielrein. Ellos alcanzan un sueño, pero caen de modo tan ridículo como escandaloso. Son el Arquetipo del Fracasado Inaudito. Ellos caen como un vaso de leche y se despedazan. Es el síndrome del Hubris griego, o ego desmedido.
9. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, es un prototipo de esa enfermedad. Piñera sufre la enfermedad del dinero, el excesivo apego a las riquezas. La sicología médica llama a la enfermedad Crematomanía o deseo obsesivo por acumular dinero. Piñera antepuso todo al dinero: ningún respeto con el honor de su cargo, ningún respeto con la familia, las amistades y el entorno social. El lema de Piñera de “negocios son negocios” contiene la deshonestidad del acaparador inescrupuloso. Piñera es un bípedo respirante e impúdico que concentra lo peor de la época. Piñera desarrolló al máximo sus facultades corruptoras. Eso quedará tatuado en su frente.
Ilustración: Narciso plebeyo de Pablo Suárez

sábado, octubre 02, 2021

Irlandeses. Cómo acechan nuestros fracasos. Por Pérez Santiago

 


Off The Record, Revista de arte y cultura, Octubre, 2021                  

El 2022 se cumplen 100 años de la publicación del Ulises, la obra fragmentaria  de 800 páginas del escritor irlandés James Joyce, una bestia literaria.

Irlanda, una isla represiva, tiene  admirables escritores. James Joyce, Samuel Beckett o Jonathan Swift eran conocedores  y críticos de  la apatía o desidia de su pueblo.

Edna O´Brien, la  bestia literaria femenina o la enfant terrible de Irlanda, en 1960 publicó la novela, Las chicas del Campo, sobre las vidas interiores de dos jóvenes mujeres que viven asfixiadas o esclavizadas en la autoritaria Irlanda. Cuenta la leyenda que un cura  fanático quemó ejemplares  del libro en la puerta de la iglesia de San Cronan, en su aldea, Tuamgraney.

Los escritores, se dice, han jugado un rol de líderes o videntes, en un misterioso matrimonio con su pueblo. El vitalismo les proporciona identidad.

Con solo 5 millones de habitantes, 4 irlandeses han recibido el Premio Nobel de literatura:  Yeats (1923), Shaw (1925), Beckett (1969) y Heaney (1995).

Borges atribuía esto a que los irlandeses  fueron dominados por los ingleses y les  impusieron su lengua. El gaélico tendió a extinguirse. Los irlandeses manejan la lengua inglesa. Y sin embargo, se saben no-ingleses, es decir, no deben una lealtad especial a la tradición inglesa. Entonces, agrega Borges, los irlandeses pueden encarar  la literatura desde un punto de vista revolucionario. La lengua es la misma, aunque los irlandeses la usan de un modo totalmente distinta, con otra vitalidad.

Joyce publicó en 1914, un libro de 15 cuentos, Dublineses, historias críticas del apaciguamiento islandés. En el cuento, Una Nubecilla, un escritor irlandés de éxito en Europa, llamado Gallagher, se encuentra con un amigo, llamado Chandler, un anodino que jamás salió de Dublín. Es la risa que provoca el cosmopolita contra el provinciano.  Su mejor cuento es Los Muertos, una fiesta en un departamento de una familia burguesa de Dublín, una panorámica cínica, donde al final aparece la omnipresente muerte, la muerte de pie.

Dave Lordan (nacido en 1975) pertenece a una nueva ola de narradores irlandeses y su Primer libro de Fragmentos, ha sido traducido por el chileno Ulises Fairlie.

Los 16 cuentos cortos de Dave Lordan son algo Joycianos. 16 fragmentos no sentimentales, crónicas oscuras o devastadoras, que transmiten una sensación de motín artístico y político, donde las cosas se quiebran como un espejo roto de las complejidades de la cultura contemporánea: la muerte, el suicidio y la inseguridad.

Dave Lordan es un fiel admirador del escritor chileno Roberto Bolaño (nuestra bestia literaria). En el  libro fragmentario de 1119 páginas, 2666,    Bolaño explora el frenesí sádico en los cientos de asesinatos de mujeres en México.  

La cocaína del Dr. Essler  es un cuento de Lordan, un True Crime, basado en un hecho histórico real, un crimen de una mujer en un hotel en Irlanda,  en la década de 1930 que involucró a miembros del Partido Nazi irlandés. El crimen fue barrido bajo la alfombra. La muerte, como desde un abismo, movida por el viento, reaparece como un fantasma estremecido y se ponen de pie los viejos huesos. Es un estilo narrativo de representaciones  de la barbarie con elementos humorísticos imprevistos. Un lector  se estremece frente al lado oscuro de la existencia humana, mientras se ríe. La cara trágica y la cara cómica.

Es una literatura tan desesperada como divertida, que busca conjurar a los muertos y preservar su memoria en forma de un arte vivo. El abismo produce conmoción en la literatura.

En Irlanda, la puta isla conservadora,  la mayoría  abusada, frente al sadismo,  busca una forma de decir basta al mal.

Chile también es una isla represiva. Del mismo modo, a los chilenos  también nos acechan nuestros putos fracasos y nos llenamos de rabia e ira y al final y por desgracia, somos tan faltos de compasión o misericordia.

https://www.offtherecordonline.cl/PDF/Off_2021_10.pdf




martes, septiembre 21, 2021

MÚSICA AL ATARDECER DE AÍDA ESTER MORA. Relatos de una joven porteña de los años 70. Notable memoria femenina.


La historia que aquí cuenta Aída Ester Mora es muy buena y conmovedora. Nos acerca a las raíces de lo que somos los chilenos. Es una historia notable de dos mujeres que han vivido con adversidades y luces. Leonor, una niña que huye de un padrastro violento, se asila en una iglesia y luego es adoptada por la familia Campbell. En esa casa patronal de la aristocracia ve pasar a las estrellas literarias de Chile y en pleno momento de salto a la modernidad. Allí ella logra adquirir el amor por la poesía. Había mucha poesía en ese momento y la poesía le da un sentido a la soledad juvenil y a la contemplación. Logra surgir, trabajar y enamorarse. Una hija, Elisa, es resultado de ese amor. Elisa vive una época convulsa y conmovida de Chile, los años 60 hasta el golpe militar de 1973.
Aída Mora escribe para guardar la memoria secreta de una luz, con una escritura que camina al borde del silencio, frágil como cuando se cristaliza el agua.
Son dos caminos, dos vidas femeninas que continúan en paralelo y que contrastan, madre e hija. Los golpes de la vida hace que uno a veces pierda alegría, pero en cada ida y vuelta, aparece un hada que las hace avanzar y levantarse. Y a veces surge el halago dulce que una risa apacible después del vendaval.
Lo que más me gusta de este libro es la dignidad con que está escrito.
La memoria sabe, y parece que sólo se puede saber cuándo uno ha estado en presencia de una auténtica experiencia, cuando algo en nosotros lo recuerda o exige o anhela el recuerdo de su ritmo. Sin poder evitarlo, estas historias privadas quieren ser contadas, el idioma privado deben convertirse en público, para no arriesgarse a quedar para siempre como asuntos incomprensibles. Para eso Aída Ester Mora escribe. Con la certeza incierta de que tiene algo que decir y con el impulso de querer hacerlo, de querer escribir y de que alguien necesitará leer estas páginas.
No es suficiente que aprendamos a hablar de nuestras experiencias privadas, también necesitamos explorar las tradiciones a las que pertenecemos, las comunidades culturales que se extienden en el tiempo, a veces a través de las generaciones.
También tiene una finalidad. Esas niñas que fueron, que la escritora está buscando en sus memorias, son para contárselo a las niñas que ahora la rodean, que quizá también se esconden por tímidas o privadas. Es tan físico y frágil el presente, tan corpóreo, que uno teme que las palabras se alejen. Y ¿por dónde empezar? Por la madre. Aida Mora empieza por su madre.
Nos pasa a todos ya de viejos, a veces suena el teléfono y uno piensa que es la madre.
Tomar conciencia es dar realidad y sólo se personifica aquello que se cuenta. Los humanos tenemos esa necesidad imparable de querer contar. Vivir un rato fuera de sí. Estas memorias nacen de esa conciencia de que hay algo debajo de las letras.
La escritora es dueña de una experiencia y de una memoria, y habla de la tradición que le es accesible y de la experiencia que le resulta dable, en la medida en que es capaz de imaginar su lugar dentro y fuera del mundo. Al decir, le son menos indóciles o refractarios sus recuerdos.
También me gusta que estas memorias de súbita sencillez, claridad y belleza no pidan nada. No hay una demanda, no hay un lamento. No hay agravios. No hay malditismo, ni venganza. Al contrario, hay el cariño donde palpitan los anhelos.
Estas memorias atesoran mujeres que caminan derechas, orgullosas de su propio camino y entrega
Durante la mayor parte de la historia y hasta tiempos muy recientes, a las mujeres se les ha negado el derecho a decir. O se les ha querido relegar a las tareas domésticas, a la aplastante maquinaria de la rutina, para que no tuviesen modo de concentrarse en escribir.
La literatura tiene un enorme poder para la construcción del recuerdo. La literatura es un trabajo contra el olvido. Configura verdades profundas, es solidaria con el destino de la humanidad y muestra que son tantos los caminos de la existencia humana.
Aída Mora apela a la memoria y rescata sus recuerdos y transmuta en un relato manifiesto de experiencias vividas de su madre y las suyas propias.
Aída Mora entrega una experiencia cercana, hechos reales, pasajes verídicos y evocaciones que tienen el valor especial de ser contados desde un yo. En su arte narrativo aparecen las preferencias, los anhelos, las frustraciones, las ilusiones, las aficiones y las experiencias pasadas donde brota una profunda verdad. Nos dejamos seducir por el relato de Aída Ester Mora por el valor de esa contundente autenticidad
Aida Ester Mora tiene el don de decir sus cosas como si ella sola las hubiese sentido o vivido. Mas, en ese mismo momento logra hacer sentir que la historia es de muchas. Es la historia escrita con amor donde podemos reconocer el núcleo de las historias de muchas mujeres, en su más profunda raíz. Dos historias socialmente relevantes que no me suelta, que hace crecer el corazón y me emociona
Otra cosa y final. Se nota que a Aida Ester Mora le gusta lo que hace. Corregir, leer, intensas lecturas, intentar dominar el lenguaje, volver a corregir, destreza y sensibilidad para buscar un sonido y sentir que, finalmente, las palabras respiran y dan vida. Es la labor permanente y solitaria de la escritora que a veces le debe agotar. Pero se nota que Aída Mora nunca se aburre. Es lo suyo, la alegría de crear. Está haciendo lo que más le gusta, escribir. Y eso se percibe gratamente.

Leer a Aida Ester Mora es una experiencia nueva..

miércoles, septiembre 01, 2021

Memoria y Literatura en San Joaquín. Por Pérez Santiago. Revista Off The Record, septiembre 2021


Durante el mes de Julio 2021, como parte mis tareas literarias, dirigí un taller vía zoom y whatsapp sobre  memoria y literatura, con el apoyo del Centro Cultural San Joaquín, uno de los más creativos centros culturales guiado por el bueno de Jonny Labra y la organización Santiago es de Todos.

La pandemia no nos detuvo.

Las talleristas, mayormente mujeres, (las que hoy marcan el mundo) escribieron atrayentes historias sobre significativos vecinos de San Joaquín. Los pilares o  los protagonistas de la historia, vivos retratos o gente significativa de la comunidad.

Así es.

Los humanos inyectamos en nuestros relatos  lo que hemos conocido, lo que hemos vivido. Cada generación aporta una imagen del mundo creada por su experiencia. La literatura es, pues, el punto de vista que elige el escritor. La literatura, querámoslo o no, es siempre vivencial.

Si nos extraviamos cuando niños, nadie olvida que se extravió. Y nadie conoce mejor la angustia del extravío que el niño que lo sufrió. Son cicatrices intransferibles, que solo el niño que lo vivió las puede conservar y comunicar. Y por eso, el relato de ese extravío, o hecho vivencial, puede tomar diversos caminos. No siempre todo es claro o nítido. Ese es el campo de la narrativa y la memoria. Es la libertad creativa (derecho sagrado que se debe preservar en la Constitución, ley fundamental de la República).

Es libre.

Y así, esos recuerdos vivenciales, configuran ese anecdotario que constituye el patrimonio o la memoria de una comunidad.

Aunque a veces, qué mal, la literatura chilena se enclaustra en eternas y fútiles disputas de pequeños egos, o en pautas  que dan dos críticos literarios en dos diarios nacionales que ya nadie lee. Que ya nadie lee.

Por otro lado, hay mucha gente, como los vecinos de San Joaquín, que escriben y bien y son originales.

El taller de San Joaquín tuvo dos resultados concretos y luminosos.

El primer logro fue la amistad cívica del grupo, un equipo de personas deseosas de mejorar su capacidad de contar historias. Es un logro, los grupos literarios comunitarios nunca se deben menospreciar, tienen una gran potencia.

El segundo logro o resultado fue una antología, Relatos de San Joaquín,  una bella antología de historias muy auténticas y de muy fina calidad literaria, que se llevará a libro y se presentará en la próxima Feria del Libro de San Joaquín, en octubre.

Carolina Jara escribe una grata remembranza de su vecino Tennyson Ferrada, un actor muy famoso, y que cuando ella era niña lo fue a entrevistar para una tarea del colegio.

Andrea Paz Olivares comienza escribiendo sobre su querida abuela, pero muy pronto la historia familiar se convirtió en una grata historia del barrio, la villa Armanda Harbin.

Iris Valenzuela ha escrito un texto de prosa poética, donde rememora sus miedos de niña, sobre las cosas tétricas que se contaban del entonces oscuro Callejón Ovalle.

Carlos Osorio sabe que los deportes también se viven en la literatura. Cuenta la historia de un talentoso joven y vecino, Gustavo Alarcón, un esgrimista eximio de solo 22 años. Además, Osorio ha escrito una emotiva crónica sobre la infancia del gran futbolista y vecino, Arturo Vidal.

Claudio Gajardo recuerda, en una sabrosa crónica, a un célebre grupo de rock, Los Beat 4, y a uno de sus más connotados miembros del grupo colérico, el músico Willy Benítez, que vivió en la población Vicente Navarrete.

Una sorpresa y un aporte especial es la española Eloísa Alba García, que desde España participó activamente en el taller y ha escrito un imaginado cuento de un bandolero, y los deseos de los protagonistas de venir a Chile y conocer San Joaquín.

Off The Record

 


 

lunes, agosto 02, 2021

EL DILEMA DE CHILE INSERTAR LA CULTURA CHILENA EN LA RED MUNDIAL DE CIRCULACIÓN

 


Revista Crítica de arte y Cultura Off The Record. Agosto 2021 https://www.offtherecordonline.cl/PDF/Off_2021_08.pdf

Eso queremos. Chile se encuentra en un umbral de transformaciones vastas. Quiero alertar que esa labor no es sólo nacional. Nada funcionará completamente si no hay una política de inserción de nuestra cultura en la actual carretera mundial de circulación de productos artísticos. Eso quiero alertar. Ya se produjo el cambio en la distribución del poder de los circuitos y de las redes culturales a nivel mundial. Este asunto tensiona a todos los países. Vean, queridos lectores: la penetración del arte chino en el mercado mundial es un electroshock. Lo mismo pasa con el despliegue de la novela policial sueca o el auge de las telenovelas turcas. Los flujos informáticos han trasladado el mayor flujo de información de la historia, por donde transitan los productos culturales y artísticos. Los intercambios en esa carretera trasforman las diferentes sociedades y con ellas los valores tópicos que influyen sobre las identidades culturales. Desgraciadamente, en la actualidad, Chile funciona como en la época de los barcos a vapor. Se demoran meses en llegar. No hay grandes experiencias de construir audiencias para su arte y sus artistas en la era global. Esta falencia es inicialmente una carencia de la voluntad política. Nada se puede hacer sin atrevimiento político. Pero, aun así, no bastaría con buenas intenciones políticas. La inserción en flujos culturales es un asunto de alta capacidad técnica, de inteligencia, aplicación, arduo trabajo y de preparación intelectual. Subirse a esa carretera no es solo suerte. No es solo despabilarse. Es un problema de inteligencia y aplicación. Hay que pensar, reflexionar, descubrir nuestra herencia cultural. Hay que pensar la cultura chilena en el contexto de los flujos globales, que construye mapas de la geopolítica del entretenimiento, donde se instalan valores, cultura y arte. Es la gran carretera del arte y la cultura donde se desenvuelve una batalla por la diversidad cultural. Los flujos, corrientes o carreteras culturales se mueven y generan tendencias que piden altos niveles interpretativos de los contextos. Hay que aprender a interpretar los códigos culturales. ¿Y qué es eso? Abarca las problemáticas relativas al acto de la traducción como metáfora y mediación en los procesos de presentación de las obras en contextos artístico. Nada sencillo. La agencia debe tener una gran ascendencia administrativa con objetivos precisos: 1. Fomentar la intermediación artística y potenciar las economías artísticas globales de escala. 2. Construir una red y plataforma de difusión, exhibición y comercialización global del arte y la cultura chilena. 3. Encadenar y genera nuevas instancias de apoyo permanente para proyectos de creación y de mediación entre el público global y los contenidos artísticos nacionales. 4. Potenciar la cultural inserta, a través del reconocimiento de la labor que desarrollan artistas, creadores y empresas, que permita normar y mejorar las relaciones entre todos los agentes que operan a nivel internacional. Las industrias culturales son industrias creativas donde cada producto es diferente, original, singular. Para que tenga éxito la agencia de fomento debe respetar una base mínima: 1.Asumir el carácter diverso de la cultura chilena. La diversidad pluricultural ayudará a fortalecer las raíces verdaderas de la creación nacional. 2. Crear una cultura democrática, meritocrática y transparente permitiría el surgimiento de los nuevos talentos. La cultura de castas, la desigualdad de oportunidades, y los privilegios de las antiguas elites sostenidas en una fronda aristocrática, son un impedimento y un retraso para las culturas. 3. Valorizar las energías creativas de los numerosos chilenos en el extranjero, muchos de ellos educados en las mejores escuelas y universidades del mundo. 4. La agencia debe dejar que los artistas, las organizaciones culturales, las empresas creativas hagan su labor, sin inmiscuirse en sus contenidos. Estos son asuntos que deben preocupar a Chile. ¿No?

Saludo de Patricio Manns