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lunes, agosto 17, 2026

Alonso de Ercilla y la invención del canon literario chileno.





El canon literario nacional se sustenta en un  invento. Fabricaron la idea de que la literatura chilena se fundó por Alonso de Ercilla con La Araucana. Ercilla lo llamaron Inventor de Chile.

Ercilla escribió buena parte del poema en territorio chileno, durante las campañas de Arauco. Es una obra hispánica/renacentista sobre la conquista y la guerra de Arauco.

Pero Alonso de Ercilla no era chileno.  Era español, nacido en Madrid, llegó a Chile como soldado y permaneció aquí diecisiete meses.

La Araucana no fue publicada en Chile. Las tres partes del poema fueron publicadas en Madrid en 1569, 1578 y 1589.

Trescientos años después vino la operación político literaria. En 1888, Abraham König publicó en Santiago una edición titulada: La Araucana de Don Alonso de Ercilla y Zúñiga — Edición para uso de los chilenos.

Abraham König la modificó. La chilenizó. Eliminó episodios europeos del poema —San Quintín, Lepanto, Dido, Belona, etc.— y redujo los 37 cantos originales a 32.

La sociedad literaria y política administró y construyó un canon nacional. Dijeron que Ercilla había inventado Chile. 

Fabricaron y modificaron físicamente el texto para hacerlo encajar en la imagen que querían tener de sí mismos.

lunes, diciembre 22, 2025

La épica como plano psicológico de la memoria y el olvido. El silbido del arquero de Irene Vallejo



Irene Vallejo alcanzó fama mundial por su extraordinario ensayo El infinito en un junco. 
El silbido del arquero es una novela histórica y de aventuras escrita por Irene Vallejo y publicada en 2015. 
 El silbido del arquero es una obra de ficción, la intrahistoria sobre mitos del mundo clásico. No es una historia memorable y no levanta. Plana. Pero está escrita con una prosa cuidada y poética. Mantiene el ritmo de un relato de amor y aventuras. 
 Eneas, el héroe troyano de Virgilio, naufraga y llega a las costas del norte de África. 
 “Y esta noche puedo decir, una vez más, que he estado a punto de morir.” 
 Allí se encuentra con la reina Dido, aquí llamada Elisa de Tiro, su nombre original, la fundadora y reina de la hermosa ciudad de Cartago. 
 La reina Dido es una mujer poderosa acosada por reyes vecinos que quieren su reino. La reina no es una pasiva sufriente. Aquí es un agente político, una estadista que busca hacer alianzas políticas.
Eneas es un hombre cansado de la guerra y del mar, que carga con la responsabilidad de encontrar un nuevo hogar para su pueblo. 
 Entre ambos surge una pasión que se debate entre el deseo personal y el deber político. 
 Irene Vallejo usa diferentes puntos de vista, lo que permite entender las motivaciones psicológicas de cada uno: el guerrero Eneas, aquí un vulnerable emigrante. Dido o Elisa: La líder inteligente que debe proteger a su pueblo. Ana: La hermana de Dido, que aporta una visión práctica y cercana. Eros: El dios del amor, travieso y cruel, recordándonos que los humanos somos juguetes del destino. Virgilio: El poeta de La Eneida aparece en una línea temporal distinta, encargado por el emperador Augusto para escribir la historia que glorifique a Roma, lo que añade una capa de metaficción. 

martes, noviembre 14, 2023

Dido, reina de Cartago. Lamento y derrota. Por Omar Pérez Santiago. Off the Record, N°44, noviembre de 2022

El refugiado varó en la arena de Cartago. Su nombre de batalla es Eneas, el troyano. Troya había caído en la bien dura  derrota y la noticia daba vuelta al mediterráneo.

En su velero la lluvia le nubló los ojos, al gran valiente sin intuir lo que había delante. La vil tormenta arrojó como una nuez su barco hasta las playas de  la bahía de Cartago.

Empapado de agua salada, el pelo muy lacio, mareado del bamboleo del bravo mar. En la playa cayó: la besó como a su madre. Levantó la vista y vio la moderna Cartago

Arquitectura imponente de bellas columnas, portones de bronce. Pavimentadas sus calles. Una exquisitez dulce de las obras artísticas. Una democracia respetable. Se honra al mérito.

Eneas se sorprende que la última noticia de sus largas batallas están super pintadas, contadas en las redes sociales de Cartago, las historietas pintadas en sus bellos muros

La reina Dido, espléndida de belleza y gracia. Ligereza, sensación de tersura y frescura, a Eneas admira y brinda refugio seguro. Me llamo Naufrago, Zozobra, le dijo Eneas.

La vida nunca es tan mala, nunca es tan mala. Dido es un corazón, Dido es mujer gentil. Tenía algo de geisha un poco melancólica. Dido extasiada en amor, del hombre arrobada

Ella lo esperaba, era su sueño tremendo. Gracias por el día, el mejor día de mi vida. Oh, estar contigo es  el mejor día de mi vida. Dido tenía la sabiduría del que sueña.

Los mejores días vive, es su sueño querido. Mas Eneas tenía planes y la abandona. Nada detiene al viento, el alma de solo fuego. Dido se mantuvo en silencio un dolido rato.

Muda clavó los ojos en el piso de loza. Cayó por un abismo, estalló en febril llanto. Hay dolores tan hondos que son impronunciables. Esta es la pura verdad, el término de un sueño.

Desde la orilla de la playa, pelo tan suelto, entonces es el triste  lamento de Dido, se oirá por siglos, hasta el oscuro presente por  siglos y siglos, hasta el vano presente

'Te llevaste contigo mis últimos pasos, Mis últimos sueños, mis bellos últimos años.' ¡Si por lo menos me hubieses engendrado un hijo que ahora jugara en el palacio!

'A ti las piedras, a ti los montes y los robles, que nacen en las altas y sólidas rocas, a ti las fieras salvajes te han engendrado.' Y luego el suicidio. El sangriento filo, la daga.

Y la luz, las llamas en que arde la enamorada se vislumbran desde el barco de velas. Eneas saliendo desde la bahía de Cartago. Mira ese barco saliendo de la bahía.

Ahí se va, se va, se va para siempre el barco. Eneas, ingrato novio de la reina Dido,  barco velero cargado de los grandes sueños  y se llevará para siempre su vida entera.

Un día, Eneas errante  baja al infierno. En inframundo ardiente vio a la reina Dido vagando en sombras oscuras,  la reina Dido, irritada, sangrando aún de sus heridas.

Ella era mármol, no quiso mirar ni escuchar  la gran insensibilidad del torvo amante.   Es  el lamento de la desamparada Dido, el llanto lamento que se escuchará por siglos.

El llanto murmullo que  aún hoy tristes oímos. (lamento de la desconsolada muchedumbre, dolientes y derrotados de su bello sueño)


(La Eneida de Virgilio y las Heroidas de Ovidio)


 

miércoles, noviembre 02, 2022

Una derrota y un lamento. por Pérez Santiago

 

Ilustración Athenea Llana

Revista Off The Record, Noviembre 2022. https://www.offtherecordonline.cl/

 

El refugiado varó en la arena de Cartago. 
Su nombre de batalla es Eneas, el troyano. 
Troya había caído en la bien dura  derrota 
y la noticia daba vuelta al mediterráneo.

En su velero la lluvia le nubló los ojos, 
al gran valiente sin intuir lo que había delante. 
La vil tormenta arrojó como una nuez su barco
hasta las playas de  la bahía de Cartago.

Empapado de agua salada, el pelo muy lacio, 
mareado del bamboleo del bravo mar. 
En la playa cayó: la besó como a su madre. 
Levantó la vista y vio la moderna Cartago.

Arquitectura imponente de bellas columnas, 
portones de bronce. Pavimentadas sus calles. 
Una exquisitez dulce de las obras artísticas. 
Una democracia respetable. Se honra al mérito.

Eneas se sorprende que la última noticia 
de sus largas batallas están super pintadas, 
contadas en las redes sociales de Cartago, 
las historietas pintadas en sus bellos muros.

La reina Dido, espléndida de belleza y gracia. 
Ligereza, sensación de tersura y frescura, 
a Eneas admira y brinda refugio seguro.
Me llamo Naufrago, Zozobra, le dijo Eneas.

La vida nunca es tan mala, nunca es tan mala. 
Dido es un corazón, Dido es mujer gentil. 
Tenía algo de geisha un poco melancólica. 
Dido extasiada en amor, del hombre arrobada

Ella lo esperaba, era su sueño tremendo. 
Gracias por el día, el mejor día de mi vida.
Oh, estar contigo es  el mejor día de mi vida. 
Dido tenía la sabiduría del que sueña.

Los mejores días vive, es su sueño querido. 
Mas Eneas tenía planes y la abandona. 
Nada detiene al viento, el alma de solo fuego. 
Dido se mantuvo en silencio un dolido rato.

Muda clavó los ojos en el piso de loza. 
Cayó por un abismo, estalló en febril llanto. 
Hay dolores tan hondos que son impronunciables. 
Esta es la pura verdad, el término de un sueño.

Desde la orilla de la playa, pelo tan suelto, 
entonces es el triste  lamento de Dido, 
se oirá por siglos, hasta el oscuro presente 
por  siglos y siglos, hasta el vano presente.

'Te llevaste contigo mis últimos pasos.
Mis últimos sueños, mis bellos últimos años.' 
¡Si por lo menos me hubieses engendrado 
un hijo que ahora jugara en el palacio!

'A ti las piedras, a ti los montes y los robles, 
que nacen en las altas y sólidas rocas, 
a ti las fieras salvajes te han engendrado.' 
Y luego el suicidio. El sangriento filo, la daga.

Y la luz, las llamas en que arde la enamorada 
se vislumbran desde el barco de velas. 
Eneas saliendo desde la bahía de Cartago. 
Mira ese barco saliendo de la bahía.

Ahí se va, se va, se va para siempre el barco. 
Eneas, ingrato novio de la reina Dido,  
barco velero cargado de los grandes sueños 
y se llevará para siempre su vida entera.

Un día, Eneas errante  baja al infierno. 
En inframundo ardiente vio a la reina Dido 
vagando en sombras oscuras,  la reina Dido, 
irritada, sangrando aún de sus heridas.

Ella era mármol, no quiso mirar ni escuchar  
la gran insensibilidad del torvo amante.   
Es  el lamento de la desamparada Dido, 
el llanto lamento que se escuchará por siglos.

El llanto murmullo que  aún hoy tristes oímos. 
(lamento de la desconsolada muchedumbre, 
dolientes y derrotados de su bello sueño)
(La Eneida de Virgilio y las Heroidas de Ovidio).


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