Leo Lobos
“Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan
vacío como la camisa que se seca en el cordel”; estos versos del poeta sueco
Tomás Tranströmer (Estocolmo, 15 de abril de 1931), traducidos por el escritor
Omar Pérez Santiago (Chile, 1953) parecen encarnar lo que el poeta, ensayista,
músico y crítico estadounidense Ezra Pound predicó sobre la fanopéia, una
de las modalidades de la poesía; es decir, la
proyección de una imagen visual sobre la mente. Tomás
Tranströmer es un psicólogo, escritor, poeta y traductor sueco, cuya poesía
goza de una gran influencia; la crítica internacional lo considera uno de los
poetas más sobresalientes de Suecia. En 2011 fue galardonado con el Premio
Nobel de Literatura; la concesión del galardón hará posible que la obra
literaria y psicológica de este creador de ochenta años “llegue a un público
más amplio”. La naturaleza y la música son los dos grandes motivos que llenan
los libros de este autor poco conocido fuera de Escandinavia a pesar de que su
obra poética ha sido traducida a más de cincuenta idiomas.
Este libro es el primero que se publica en español sobre la
obra del poeta; contiene ensayos y traducción sobre la poesía sueca, las
generaciones literarias, sus vínculos con la poesía latinoamericana, que
permiten entender la relevancia de Tomás Tranströmer en el panorama sueco,
europeo y mundial. Omar Pérez Santiago estudió en la Escuela de Ciencias
Políticas de la Universidad de Chile e Historia económica en la Universidad de
Lund en Suecia y fundó en Europa la editorial Aura Latina. El libro Introducción
para inquietos / Tomás Tranströmer / Premio Nóbel de Literatura 2011, de
Omar Pérez Santiago, ha sido publicado por Cinosargo Ediciones, una productiva
editorial de Arica que dirige el escritor Daniel Rojas Pachas. “En los años 80
se articuló”, comenta Omar Pérez Santiago, “un activo grupo de jóvenes
escritores latinoamericanos en Suecia, escritores traductores. El poeta
uruguayo Roberto Mascaró con el poeta tucumano Mario Romero traducen a
Tranströmer y lo publican en una antología de poetas suecos en 1985. El poeta
chileno Sergio Badilla, el argentino Cristian Kupchik hacen lo propio. En julio
de 1986 tres poetas viajan en tren desde Estocolmo a Malmö, Roberto Mascaró,
Sergio Badilla y Raúl Zurita. Ese agitado fin de semana en Malmö, uno de los
temas de conversación con los poetas traductores fue la poesía de Tranströmer”.
La poesía, como la prosa, es ante todo una cierta forma de pensar
y conocer, en palabras de Omar Pérez Santiago. “Llegué a Suecia un frío día de
invierno. Había nieve y estaba oscuro. Algo realmente mágico. Al otro día, a
las 8 de la mañana, ya estaba estudiando el idioma”. El poeta francés Paul
Valéry dice: “Se reconoce a un poeta cuando éste transforma al lector en un
inspirado”, el lector encuentra en el poeta la causa admirable de su
admiración. Aquel que lee ofrece al creador de los poemas los méritos
trascendentes de las fuerzas y de las gracias que se desenvuelven en él. Este
libro se sustenta en una original teoría sobre las placas poéticas de la
poesía, es decir la conexión terrestre, el tejido, cruces y las referencias de
la humana poesía. “Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un
día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se
pondrá en movimiento”; el bosque de Tomás Tranströmer en traducción de Omar
Pérez Santiago.
Las Últimas Noticias
Domingo 23 de septiembre 2012.
Desde la ya remota telenovela entre Sun Axelsson y Nicanor
Parra hasta los vínculos establecidos por el exilio de poetas chilenos en
dictadura, la literatura sueca en Chile ha tenido una pequeña pero importante
resonancia, lo que ya es mucho decir para un país que suena igual al chino en
el ámbito hispano hablante. Por eso el poeta sueco Tomas Tranströmer no era en
absoluto un desconocido en estos lados cuando el año pasado le fue concedido el
premio Nobel.
Uno de los activistas de ese conocimiento es el escritor
Omar Pérez Santiago, quine publica ahora una especie de dossier sueco. Como lo
sugiere el título, es una especie de introducción a Tomas Tranströmer e incluye
algunas traducciones a su poemas, pero también recorre sucintamente varios
hitos de la poesía sueca, desde el romántico de Eric Johan Stagnelius hasta
Michael Strunge y los años ochenta, además de su conexión con poetas daneses y
latinoamericanos. Visto así, parece una ensalada, pero en realidad se trata de
traducciones, notas y recuerdos con los que Pérez Santiago plantea una “teoría
de las placas” literaria, en la que la “placa Tranströmer” ocupa un lugar
central: son literaturas conectadas por un cierto dominio del paisaje, los
bosques y el terruño, la omnipresencia del invierno, la densidad simbólica,
etcétera, de modo que a través de la poesía, se dibuja otra geografía, en las
que hay zonas de los países nórdicos que parecen quedar mucho más cerca de
nosotros, entre Lautaro y Pillanlelbún, por ejemplo.
Eduardo J. Farías Alderete
Tomas Tranströmer
Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los
avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la
inconstante y movediza corteza literaria mundial.
Omar Pérez Santiago acomete en este libro un trabajo
concienzudo y conciso para un tema que cada año por estos meses llama la
atención a los escritores, lectores y amantes de la literatura: el anuncio del
Premio Nobel. Este año fue premiado Mo Yan escritor chino autor de la novela el
Sorgo Rojo, y que actualmente Chile carece de sus obras como para adquirir leer
y formarse una idea de qué cómo escribe el
flamante Nobel. Si su trayectoria justifica tal
reconocimiento. Actitud generalizada.
El año recién pasado fue premiada la poesía, Tomás
Tranströmer y como es costumbre se alzaron aquellos que decían conocerle,
algunos avalando la designación y otros mostrándose como firmes detractores,
difícil tarea pues sería para los curiosos de siempre hacerse un juicio.
La Introducción para Inquietos soluciona ésta intríngulis a
través de una teoría que más que provocar una cuota de extrañeza por lo geológico
del uso en sí aplicado a algo tan poco monolítico o de litósfera como es la
poesía, lo cierto es que parece calzar a la perfección y Pérez lo logra con una
línea cronología y concatenación de autores suecos y de alguna forma casi
dialéctica llegar a una definición acabada de la posición que ocupa Tranströmer
no sólo en su nación sino que en Escandinavia, Latinoamérica y Chile.
La Cartografía aplicada a cómo abarcar en pocas páginas el
quehacer de un poeta de la relevancia de Tranströmer; nuestro periplo comienza
con el pilar de la poesía sueca y quien en su impronta dio el puntapié inicial
de esta forja tectónica: Eric Johan Stagnelius poeta y dramaturgo romántico, no
está demás clarificar que , el autor de esta tesis selecciona un trabajo poético
ilustrativo del exponente además de la descripción de su perfil quedando cada
“placa tectónica-poética” ensamblada a la Placa Tranströmer desde el remoto
siglo XIX, pasando por el ya discutido concepto de generación, (útil no sólo
para estudiosos) al Modernismo de la década del 30 del siglo pasado, los años
40, los años 60 , la generación escandinava de los 80, los vínculos con autores
latinoamericanos internacionalmente reconocidos, pero dentro de este desarrollo
conceptual hay, en el acápite “Nobel y Nicanor Parra” la explicación de fondo
de lo que para muchos
es algo casi ininteligible: la “misteriosa” y a veces
“caprichosa” manera en que surge la nominación y posterior premiación del Nobel
de Literatura. Los parámetros que entran en juego, las circunstancias además de
los méritos de cada candidato para ser galardonado.
Pero una cosa queda clara luego de la lectura de este libro,
a la vista los poemas, la trayectoria, la influencia e incluso los
“antagonistas” determinan que la “lárica — universalidad espiritual” de Tomás
Tranströmer como hablante poético merece el premio con largueza.
Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los
avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la
inconstante y movediza corteza literaria mundial.
Cinosargo en su colección Pink Cigarrette, ha demostrado más
allá de toda prueba un gusto exquisito por la poesía extranjera y la traducción
precisa, un siempre loable intento por traernos aquellos autores relevantes
“ajenos” al habla hispana
Sergio Badilla
Comenzaré haciendo intertexto en mi exposición de hoy, sobre
el libro: Tomas Tranströmer, Introducción para Inquietos, de Omar Pérez
Santiago refiriéndome a las palabras del propio Nobel, en su libro: Tolkningar(Interpretaciones)
que dice: de una manera teórica, señala él, la traducción de la poesía puede
ser considerada un absurdo, en sí, pero en la práctica debemos creer en su
traducción.
En este volumen, Tolkningar, él hace una selección de
poemas de poetas norteamericanos tales como James Wright, Robert Bly, W. S.
Merwin, y de los húngaros: János Pilinszky y Sándor Weöres, entre otros.
El libro de Pérez Santiago que hoy nos convoca, aquí, en la
casa de Neruda, es justamente un libro que alude y se refiere a
interpretaciones de poesía, a poetas, a personajes de la poesía que han sido
figuras ilustres en el culto de esta expresión
alegórica en el idioma sueco, comenzando, este volumen, por
Tomas Tranströmer, nuestro conocido y reciente Nobel.
Pérez Santiago tiene la virtud de atrapar momentos; de ser,
en la mayoría de los casos, testigo cronista de historias urdidas en estas
páginas que dan cuenta de episodios que nos dejan abierta una mirilla, por
donde nosotros, los lectores curiosos, podamos fisgonear algunas intimidades de
esta pléyade de creadores; como por ejemplo la animadversión de muchos de sus
contemporáneos , en la década del 60, que criticaron su poética, porque no
aludía el entramado ideologizante de la época Le exigían compromiso y sencillez
de lenguaje. Contingencia y arenga. En pocas palabras: intransigencia y prédica
poética. Afortunadamente, eso no ocurrió, gracias a su perseverancia lírica en
el rumbo que se había trazado.
El siguió su propio camino, vinculado a la música y a su
plectro íntimo, donde surge un lenguaje, a veces, con tintes expresionistas,
otras veces con una euritmia surreal, que lo distanció de esa generación de la
soflama y que determinó que tuviera, durante muchos años, un escaso
reconocimiento en su país natal, pero que, sin embargo, lo hizo crecer
notoriamente en el exterior, sobre todo en el mundo anglo parlante, donde
poetas connotados como Robert Bly, Robin Robertson o Robert Fulton, tradujeron
profusamente su obra, dejando en claro, que para Tranströmer el camino sería
muy largo para ser un profeta en su propia tierra, hasta que las clarividencias
se enfriaran.
Los poemas elegidos por Pérez Santiago, en esta selección
tienen un acento o aroma boscoso, a naturaleza diáfana que, de una u otra
forma, lo emparientan con nuestro sur; y el responsable de este libro, lo
enfatiza deliberadamente, como por ejemplo cuando traduce jätteeken, o gran
pino, por araucaria. Sin embargo, el poeta Nobel, es un hombre que
se deja vincular a través de las imágenes que capta su ojo o
percibe su oído nórdico, porque el bosque surge ocurrente y redundado como un
espejismo, ya sea en su relación poética contextual como en el paisaje poético
insinuado.
Pero, Tranströmer no es un asteroide desorbitado en este
cosmos poético y justamente la tarea que se propone el autor de Introducción
para Inquietos, es ponernos en evidencia la relación que existe entre el
ganador del Nobel con las voces primigenias, es decir, nos induce a la poesía
sueca, a través de sus alturas.
El libro continúa con Eric Johan Stagnelius, un poeta de
fines del 1700 quien es segregado por los círculos de poder literario de la
época en una vida que será breve y azarosa, en su cuerpo deforme.
Karin Boye, una de las grandes modernistas del siglo XX, una
suicida en sus años de la madurez primaria, también es convocada por nuestro
autor, con su poesía cristalina, donde el psicoanálisis, el jazz y la mirada
cosmopolita, se entretejen: Aquí, nos sobreviene una muy buena traducción de su
poema: Visst Gör det Ont; Sí, duele.
No podía faltar a esta incitación colectiva, Gunnar Ekelöf,
como bien rotula Pérez Santiago, el más grande de los modernistas suecos, que
desvaría y alucina. Para entrelazar su poética; venida de la cesión de un ángel
y no de una musa, como acota, Introducción para inquietos.
Posteriormente, dos excelentes poetas, Hjamar Gullberg y
Eric Lindegren el primero relacionado con Chile, por las traducciones
formidables que hiciera de Gabriela Mistral y el
otro, por la poesía existencialista de los años 40, como
epígono de los años de guerra y crueldad.
Después, otros cuatro nombres, vinculados a la que nosotros
concebiríamos como Generación del 50, Lars Forsell, uno de los más cercanos,
quizás, con ojo heterodoxo, en poética y registro, con Tranströmer y quien
introdujo a Ezra Pound al mundo nórdico. Lasse Söderberg, poeta conciso y
también amigo de Tranströmer, uno de los más conspicuos traductores del
español; Göran Palm, de la poesía coloquial, satírica y política y
posiblemente, uno de sus críticos más connotados y, finalmente, en este grupo,
Dag Hammarskjöld, el ex Secretario General de la ONU, que murió trágicamente en
un accidente de aviación el año 61 y que logró la rehabilitación social de Ezra
Pound, logrando derribar, con su influencia, la severidad puritana y punitiva
de los Estados Unidos.
Las últimas páginas de este libro, echan una mirada a la
poesía danesa; sobre todo a partir de Michael Strunge, que integró la llamada
“Pandilla de Malmö”, nombre acuñado por el mismo Omar Pérez Santiago, sentado
aquí a mi lado.
Finalmente, el remate de este volumen, está dedicado a la
relación que hemos tenido los escritores latinoamericanos, con Tranströmer, una
anécdota vivida por el autor con Octavio Paz y, como colofón, la historia
interminable de Parra tras el inalcanzable Premio Nobel.
Juan Cameron
La Sebastiana, Valparaíso. 21 de julio 2012
Mis queridos amigos, antes que nada –y como indica la norma-
debo agradecer a Omar Pérez Santiago y a Sergio Badilla el haberme convocado a
esta mesa para hacer pública la aparición de Introducción para inquietos. Hay
dos razones importantes en esto: ellos tienen señalada importancia en mi
ubicación en Suecia y en esa cultura, que nos es ahora común, y por cierto,
para celebrar una nueva edición, sobre todo tratándose de escritores queridos y
conocidos, en estos tiempos de barbarie y oscuridad.
Llegué a Estocolmo a comienzos de 1987, pocos días antes de
cumplir mis cuarenta años. El promotor de ese viaje, como el de la recepción
allí –estuve en su casa hasta que fui enviado a un campamento de refugiados en
el Báltico– fue precisamente mi antiguo compañero de estudios de Derecho y del
Directorio
en la Sociedad de Escritores de Valparaíso –aunque ya no
figuremos en sus registros –Sergio Badilla Castillo. Sin su apoyo y el grupo de
amigos, mi estancia en ese campo nórdico habría sido un verdadero infierno. Y
luego, tras aquella temperada, la suerte y los encuentros con otros chilenos,
como el narrador Jorge Calvo y el ex compañero de universidad Juan Ángel Tapia,
pude establecerme en el sureño puerto de Malmö. Allí campeaba por entonces Omar
Pérez Santiago (Pancho para nosotros y con unas P muy suecas y explosivas)
junto a Rubén Aguilera y otros grandes y hasta hoy queridos amigos, como Gastón
Candia, el Cono (Luis Tejo) a quienes hace poco abracé allá in situ. Por eso
entonces saludar a los escritores de aquellos lares sea un motivo de inmensa
alegría.
A la par de avanzar en el aprendizaje del idioma, con
atisbos de tempranas traducciones y esa soledad definitiva –matizada de cuando
en vez por nuestra misérrima red social- me fui adentrando en la poesía sueca.
De hecho mi primer intento ocurrió en el departamento de Sergio, en Koksgatan,
cerca de la Medborgarplatsen cuando, sin mediar provocación alguna del idioma,
comencé a traducir algunos párrafos de Fåglarna (Los pájaros) de Lars
Gustafsson. El resultado fue, como supondrán, similar al del traductor
automático de Google. Y en otra oportunidad, sólo por lucirme, aprendí de
memoria un corto poema de Gunnar Ekelöf que, en mi sueco de entonces, no
entendían ni los refugiados iraníes. Fue en la Biblioteca Municipal, ya viviendo
en Malmö, donde ubiqué las obras del buen y afable Tomas Tranströmer,
avecindado a ratos en esta ciudad y muy cercano de nuestro amigo Lasse
Söderberg.
Por cierto, más allá de los idiomas y del origen, existe una
actitud viral, repetida y casi esquemática en todos los poetas. De allí que no
fuera difícil identificarse con ellos. Pérez Santiago da cuenta de su visión en
el texto ahora a vuestro alcance y, aunque su interés apuntaba a un ejercicio
de plena
actualidad y el mío a lo ya establecido (no dominaba el
idioma) nuestros héroes resultan casi los mismos.
Gunnar Ekelöf, por citar alguno, quien cargó con el rol de
un marginal nacido en la alta burguesía. Por ello habría de sufrir la omisión y
el ocultamiento. Más aún cuando su actitud contestataria apuntaba directamente
contra el modo sueco de vida. Aclaro, al modo sueco de hace unos años, mucho
antes que la barbarie capitalista echara por el suelo el sistema de protección
social. Tal olvido no carece de inocencia: la ironía y el desprecio del poeta
por todo lo burocrático hiere en sus raíces el concepto de folkhemmet (la
casa de todos en cierto sentido), baluarte de la izquierdizante
Socialdemocracia de aquellos lejanos tiempos. Prima en sus obras una actitud de
desamparo y rebeldía que lo habrá de acompañar hasta su muerte. “En atención
a las exigencias estéticas / (que también son las de la funcionalidad/ (escribe
en 1945) los arquitectos han hecho las nubes cuadradas”; y más aún: “Cada
día se hace noche y los asexuados trabajadores / cargados de vitaminas / llegan
en rebaños a sus casas/ a través de los parques / según los convenios
colectivos / a su vida privada / a Svea, la reina de las hormonas / vigilada
rigurosamente por porteros que inspiran confianza”
Y tras este poeta emerge la obra de Tranströmer, autor de un
profundo y conmovedor sentido estético. No son meros elogios: la estructura
semántica de sus textos, esa misma que es intraducible –pues los signos no
transitan las calles de otras lenguas- resulta poderosa, amable, descubridora,
plena de ternura y profundidad al mismo tiempo. En Retrato y comentario,
un poema, supongo, a su padre dice (leo párrafos saltados): He aquí el
retrato de un hombre que he conocido / se sienta a la mesa con el periódico
abierto / los ojos cerrados tras las gafas / Su traje lavado en el brillar de
los pinos (…) El diario, esa gran mariposa sucia, / la silla la mesa y el
rostro
descansan (…) Aquel que soy en él descansa. / Existe. No
reconoce / y por eso vive y existe.
Toda relectura de Tranströmer lleva, más allá de nuestra
natural necesidad de traducirlo, a la cuestión de la validez literaria. Una
vez, mientras intentaba llevar al castellano por goce y complacencia personal,
nada más, el poema Un artista en el norte, de su libro Sonidos y
Huellas (1966) hallé la respuesta a una cuestión teórica que me tenía a mal
traer por esos tiempos. A medida que ingresaba a los planos de significación de
esa obra dedicada al músico noruego Edgard Grieg, por oposición a tanta
maravilla porqué es mala esa poesía que a nosotros, a simple vista, observamos
como inútil o vana o desquiciada. Tranströmer lograba allí algo extraordinario;
conseguía el oximorón de unir en un solo plano la fragilidad del sentimiento y
la dureza del medio; el simple artilugio de las proposiciones golondrina-tejado,
pino-choza, corazón-pecho, así como el juego de las múltiples posibilidades
ofrecidas por esta gama metafórica (además de sus fluidez y resonancia y sonido
y sentido, se entiende) me indicaba ya estar frente a un buen, cuando no frente
a un excelente poeta. O, en otros términos, ante la poesía. Después supe que
Roland Barthes lo llamaba concordancia simbólica y concordancia taxonómica;
pero ese es un punto ajeno a esta presentación.
El trabajo que nos trae Omar Pérez Santiago reúne una serie
de notas, que él ordena por décadas –de los 30 a los 80- e inicia con sus
traducciones y un breve estudio de este poeta estocolmeño nacido en 1931 y a
quien le fue concedido el Premio Nóbel el pasado 2011. Rescata además, como uno
de los pilares de esta expresión nacional, a Eric Johan Stagnelius, sin duda el
mayor exponente del romanticismo sueco pero, en términos generales, un clásico
del idioma: Del eco ciudadano se distingue, tranquilamente oculto entre las
edificaciones /
ese corazón que sólo aprende a amar y a soñar escribe
en 1814, Y encontramos aquí también, aparte de los nombrados, a poetas cuya
obra, como siempre ocurre, merecen una mayor difusión por el goce estético
aportado. Es el caso de la gotemburguesa Karin Boye, heroína del feminismo más
militante, o de Hjalmar Gullberg, que tan maravillosamente tradujo a Gabriela
Mistral alrededor de 1940. La precisión en el ritmo y en la acentuación del
verso mistraliano conforma un alegato muy difícil de replicar para quienes
sostenemos que la poseía es -por los secretos avatares del oficio- del todo
intraducible. Y así continúan, otros nombres: Larss Forsell, Göran Palm, y
aquellos ya más cercanos al autor, tal vez reunidos en el Café Siesta o en los
pubs de Copenhague, integrantes de la Pandilla de Malmö, o como bien se moteja
The Danish Connection; poesía de apertura frente a la presión post industrial
que, en cierta medida, se convoca en torno a la figura del joven suicida
Michael Strunge. De este tronco germinan Clemens Altgård, Håkan
Sandell, Jens Fink-Jensen y Lukas Moodysson (quien optará posteriormente por la
novela) entre los más conocidos.Mucho se puede hablar de esa Suecia que
ocupamos e hicimos nuestra a pesar de las condiciones adversas y de un
definitivo enfrentamiento cultural. Se trata de un idioma y una literatura
preciosos. Y este libro resulta una buena oportunidad para que el lector
interesado acceda a ella.
Soledad Fariña
Agradezco doblemente la oportunidad de presentar este libro
del poeta Tomas Tranströmer, traducido por el poeta chileno Omar Pérez
Santiago.
Doblemente porque, por un lado, me ha permitido conocer más
profundamente a este gran poeta sueco y por otro, recordar la lengua con la que
hablé y escribí durante 5 años, y que ha permanecido latente durante tanto
tiempo.
“Cosmos, árboles como robles o como símbolos que podrían ser
araucarias, tormentas, lluvias, la hierba que se oye respirar, bosques
sombríos”, escribe Omar en la nota introductoria, acercando el lenguaje poético
de Tranströmer a la cosmogonía originaria del pueblo mapuche. Al escuchar la
expresión bosque sombrío no puedo sino volver a experimentar la marca
indeleble de esa presencia: imagen y
sonido Skogen, unido al silencio que esa palabra
evoca. La poesía de Tranströmer ha sido y es señalada por Omar como una poesía
silenciosa, tal vez mística y cuyo intento profundo es verse a sí mismo tal y
como uno es.
Sin embargo, lo que más llama la atención de esta
introducción es el sistema que ha creado Omar para abordar la poesía, partiendo
de la convicción de que todo lenguaje poético es herencia de uno anterior “y
está en diálogo con la cultura circundante”. Al quehacer poético llama Omar “Placas
poéticas”.
“Los poetas viven y desarrollan la imaginación y la
creatividad en un mundo indivisible e intercomunicado (…) Nada existe en
aislamiento” “Las influencias viajan por redes neuronales vitales y siempre
activas, viajan geográficamente y viajan en el tiempo; construyen corrientes
interconectadas. Así se conforman las placas poéticas, mezclando lenguas y
tradiciones”.
De esta manera, podemos ver que el punto de vista del
traductor en torno a la poesía de Tranströmer es lo que llamaríamos “poesía en
relación”.
Los diez poemas que componen esta muestra tratan,
seguramente, los aspectos más cercanos a la experiencia y lenguaje del propio
poeta-traductor: los sombríos meses de invierno donde solo el cuerpo amado da
fuego y vida. El árbol –traducido como araucaria- que ordeña vida de la lluvia.
El alto y viejo árbol que aparece en la tormenta como un alce petrificado. La
alegría de la nieve recién caída sobre la ciudad. El llamado de la hierba
memoriosa en verano. La herencia ineludible: el bosque sombrío donde vivos y
muertos cambiarán de rol. El espléndido verso de las verdades, “Dos
verdades se acercan. Una viene de adentro, la otra de
afuera, y ahí donde se cruzan uno tiene la ocasión de verse a sí mismo”. Y
nuevamente los árboles “Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles
del bosque. Y los árboles los árboles en silencio entre ellos”. Árboles,
silencio, bosque, esa es la imagen del poeta Tranströmer que prima en esta
selección, y es la imagen que yo guardo de la Suecia profunda.
Pero siendo la de Transtromer una poesía en relación, el
traductor nos regala una visión de la poesía sueca y danesa modernas, donde,
para mí, destaca el fuego y la intensidad de Karin Boye, poeta que desplegó su
intensidad en Estocolmo a inicios del siglo XX y que junto a Mesterton y Riwkin
fundó la revista Spektrum. Ellos se encargaron de traducir a Eliot, a Rimbaud,
a los surrealistas. El entrañable poema de Karin Boye (Visst det gör ont när
knoppar brister, Sí, duele cuando los tallos brotan. ¿Por qué sino la
primavera vacila?) dice tanto de ella como su intensa vida.
Poemas y notas sobre sus contemporáneos -Lars Forsell, Lasse
Söderberg, Sun Axelsson, Dag Hammarsköld, Göran Palm- y la conexión danesa -el
joven Michael Strunge, Jen Fink-jensen, Lucas Moodysson, de la Pandilla de
Malmö- enriquecen esta traducción. Además de establecer un importante vínculo
con Dylan Thomas, Saint John Perse y Eliot, es interesante la relación que nos
presenta Omar de Tranströmer con la poesía latinoamericana, a través de sus
encuentros y anécdotas.
Volviendo al inicio, agradezco una vez más a Omar
Pérez-Santiago el habernos abierto la puerta a esta delicada y profunda poesía,
donde se encuentra el clima, el nervio y el tono profundo de una Suecia lejana,
casi desconocida y que, a la vez, tan profundamente arraigada llevamos quienes
fuimos acogidos allí en los años duros de lejanía y añoranza. La experiencia
más profunda de vivir en otra tierra tal vez es
inefable, pero una vez más la poesía cumple su rol, si es
que alguna vez tuvo uno, en poemas como
Minnena ser
mig
En junimorgon da
det är för tidigt att vakna men för sent att somna om. Jag maste ut i grönskan
som är fillsatt av minnen, och det följer mig med blicken. De syns inte, det
smälter helt ihop med backgrunden , perfekta kameleonter. De är sa nära att jag
hör dem andas fast fagelsangen är bedövande.
Los recuerdos me miran
Una mañana de junio ya es muy temprano para despertar, pero
tarde para dormir de nuevo. Debo ir a la hierba que está llena de recuerdos que
me siguen con la mirada No se ven, se mezclan completamente con el fondo,
camaleones perfectos. Tan cerca que los escucho respirar a pesar de que el
canto de los mirlos es estridente

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