domingo, abril 07, 2024

La noche en que se me apareció, como si fuese irreal, Octavio Paz. Por Omar Pérez Santiago, La Nación, mayo, 2008

 




Escucho voces antes de doblar la esquina. Doblo y, como si fuera irreal, aparece Octavio Paz.
Era una medianoche de luna llena de junio de 1988 y Octavio Paz caminaba directo hacia mí en una calle principal de Malmö en Suecia, canteado por Lasse Söderberg a la izquierda y Jean Clarence Lambert a la derecha. Venían del centro cultural francés y yo venía con mi novia sueca de mi pub preferido.
Entonces lo vi y grité como un groupie: “Octavio Paz”.
Y lo abracé Y Octavio Paz me abrazó.
Mi entusiasmo nocturno tenía bases sólidas.
Octavio Paz era un tipo de escritor muy de moda. Desde 1968 Octavio Paz publicó obras capitales. Dije 1968 y quiero decir “Tlatelolco a las cinco y media del miércoles 2 de octubre”, donde diez mil estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas escuchan a un líder estudiantil que habla desde un balcón. De pronto en el cielo se encienden luces de bengala. Se oyen disparos. Muchos caen en la plaza por el fuego de ametralladoras. La matanza de Tlatelolco fue un ataque militar del gobierno que tomó 29 minutos y dejó un monte de cadáveres.
Aún había olor a pólvora cuando, en protesta, Octavio Paz renuncia a la embajada en la India, donde estaba desde 1962. Tlatelolco gatilló el frenesí de Paz por la libertad crítica. Paz escribe Post Date, uno de cuyos capítulos centrales es sobre la carnicería de Tlatelolco, y sobre la crisis de representatividad política, el desfase entre la elite y el pueblo, el cultura piramidal del partido único, y del “sí, señor presidente”. Luego funda la revista Plural.
Leer a Paz en esos años de dictaduras sureñas, era un chiflón de aire libre. Paz denuncia el golpe contra Salvador Allende, critica la falta de fe de las democracias occidentales, los límites del mercado, el desdoblamiento democrática-imperial de Estados Unidos, defiende el aborto y la liberación femenina, critica la dictadura de Franco, y defiende el aura libertario del movimiento del 68.
Pero a la vez, Paz denuncia la URSS y defiende a Solzhenitsyn y a Padilla en Cuba y critica la doble moral de una cierta izquierda dogmática, la caída cultural de la izquierda stalinista que no perdonó a Paz y que lo vio como una bestia negra.
Pero sobretodo, lo que dijo Paz, lo dijo con un lenguaje creativo y centelleante, nervioso y sustantivo, como si orillara un acantilado.
Hace veinte años, una noche en Malmö, Octavio Paz me abrazó y luego me preguntó:
-Y ¿tú quien eres?
Lasse Söderberg se apuró en presentarme y en contarle que yo había hecho una antología literaria de suecos y latinoamericanos que titulé Jardines Errantes, (Irrande Trädgardar, 1987, Aura Latina). El título del libro estaba tomado de uno de los poemas de Octavio Paz, publicado en 1971 y dedicado a Jean Jacques Lambert, su traductor francés, que estaba también allí parado al lado de Octavio Paz. Además, el poema había sido traducido al sueco por Lasse Söderberg.
Lo qué son las cosas.
De un modo curioso y fantástico, todos los que teníamos algo que ver con el poema Jardines Errantes, un homenaje al dialogo del vagamundo, estábamos allí parados, como troncos bohemios, a la doce de la noche en la calle Södra Förstadgatan de Malmö, bajo la luz centelleante de la luna llena.
-Lasse, dijo Paz, no me has enviado ese libro.
-Sí, Lasse, dije yo haciéndome el interesante, ¿por qué no le has enviado el libro Jardines errantes a Octavio Paz?
-Sí, Lasse, yo también quiero uno, dijo Jean Jacques Lambert.
El año siguiente cundió el rumor en los entornos de la academia sueca, que le darían el premio Nobel a Octavio Paz. No fue así. Ese año el premio recayó sobre Camilo Cela. Se dicen muchas cosas acerca de los criterios de la Academia sueca para nombrar al premio y uno de esos imaginarios, es que la academia no vuelve a premiar a un escritor del mismo idioma dos años seguidos. Sin embargo, la academia premió a Octavo Paz en 1990, desdiciendo los prejuicios.
La historia del poema Jardines errantes no quedaría allí.
Lambert publicaría en 1992 un poemario que titularía también Jardines errantes (México, 1992).
Y hoy Seix Barral, con motivo de los 10 años de la muerte de Octavio Paz, publica otro libro con el título Jardines errantes, con las cartas que escribió el Nobel mexicano entre 1952 y 1992 a Jean Jacques Lambert, una amistad que duraría 50 años.

JARDINES ERRANTES
A Jean Clarence Lambert, entre Suecia y México.
Entre la nieve y el terrón fusco,
El pino y el cacto,
entre
las palabras enterradas del poeta Ekelof
y las profecías desenterradas de Topiltzin,
el erizo de mar y la tuna tenochca,
el sol
de mediodía y el sol de medianoche,
Jean Clarence
tiende un hilo
sobre el que discurre
-del color al sonido,
del sonido al sentido,
del sentido a la línea,
de la línea
al color del sentido:
letras,
exclamaciones, pausas, interrogaciones
que deja caer
desde su divagar vertiginoso
en nuestros ojos y oídos:
Jardines errantes.


sábado, abril 06, 2024

SECRETOS EN LA QUINTA DE OLIVOS IV. Camorra esotérica y la infiltrada montonera. Por Omar Pérez Santiago. Ilustración de Luis Martínez Solorza

 


Revista Off The Record, 1 de abril 2024

Karix es la hermana del presidente de la Argentina Penumbral. 

Ha trascendido que es además la Jefa del “Círculo Encantado” que gobierna el país.
Ella se rebautizó como Karix, (se llama Karina), por las influencias de los druidas o magos celtas, como Panoramix.
Karix camina por el parque de la Quinta de Olivos.
Ve un árbol que lleva el nombre de “Evita”.
En 1952, Evita Perón, la primera dama de la nación, muere de un doloroso cáncer de útero. Una vecina, en homenaje y duelo, plantó ese árbol en la Quinta de Olivos. Lo bautizó como “Evita”. La gente se sacaba el sombrero y rezaban cuando pasaban frente a él.
Karix lo miró. Detectó el graznido de un cuervo.
Sorprendida caminó hacia el árbol llamado Evita. Lo olió con su nariz puntiaguda. Vio que el árbol llamado Evita tenía un hueco en la base.
“No toques ese árbol”, pensó instintivamente. Le dio terror que la energía áurea la transmutase en Evita Perón, la abanderada de los peronistas.
En la base del árbol entre la paja seca había una muñeca de grano envuelta en pañales.
Karix tembló.     
¡Oh!
La muñeca era un kern mapuche tejida a palillo con tallos de maíz, un vestido teñido con hojas de maqui, cruzada con un punzón o alfiler. Tradición de hechizo y conjuro de las machis que las enterraban en un Ku, bajo sus tótems de roble.
Un escalofrío recorrió su columna vertebral. Karix se puso pálida como cáscara de huevo. Sintió la fuerza malévola que libera energías áureas sedientas de sangre.
Su primer instinto fue pisarla con sus botas de cuero, con rabia con odio.
Tuvo un vahído. Se volvió caminado y de pronto tropezó y cayó en una zanja.
—La puta que la parió.
Quedó llena de barro.
¡Oh!
Supo de inmediato que alguien le había hecho un gualicho, una peligrosa magia negra.
Cerró los ojos. Los abrió.
Los abrió y sintió que la culpable era la Ministra de Seguridad del gobierno de su hermano.
¡Linyera!
En Argentina parece que siempre asola una nueva tormenta. Se abriría la ventana de lo que se bautizaría como La Guerra Esotérica Argentina, la GEA. Hechizo contra Conjuro.
Furibunda entró a la casa de Quinta de Olivos.
El presidente de la Argentina estaba en calzoncillos y en penumbra, pues el presidente es fotofóbico, Estaba sentado frente a su computador enviando un nuevo twitter.
Karix le gritó a Javo:
—Siempre sospeché de esa cabrona montonera de la Columna Norte, asesina de la lucha armada. Su secta satánica y sus máscaras de animales. Sus famosas fiestas donde se empelotaba en orgías impías.
—¿Quién?
—Tu Ministra de Seguridad.
No se sabe si es el odio o quizá la envidia le daña el alma. Como boxeadora fatigada Karix alegó:
—Tu ministra de seguridad usa pavorosos trajes de guerrillera maoísta, uniformes Mao o chaquetas maoístas. Se viste igual que Xi Jinping.
Karix sabía que la ministra de seguridad había comentado una vez:
“Karix usa la psicocháchara”.
Eso alteró el estado mental de Karix. La tuvo entre ceja y ceja.
—Comunista traidora,  viciosa que vive a cuerpo de rey mientras los argentinos de a pie pasan grandes penurias. Es una gazmoña, quintacolumnista que sibilina prepara su proyecto paralelo.
—Karix, calma, yo no quisiera desperdiciar el talento de la ministra, dijo Javo. Se rascó el trasero y se arregló su pijita.
—El único talento que tiene esa, es el talento de Judas.
Karix fue a su aposento.
Karix es perceptiva. Sabe dónde reside la fuente secreta de su poder. Nada existe en soledad. Se trata de modular las frecuencias básicas para la comunicación. En una era caótica y de algoritmo,  se trata de hipnotizar chabones de lealtad fanática. Los alimenta con propaganda exaltada para que asolen, como una red de araña siniestra, a la ministra de seguridad en twitter.
—A la montonera yeta le voy a mandar mis hachas hambrientas de escrache en twitter.
Luego Karix prepara su contrahechizo, cuyo efecto principal será inhibir los efectos del hechizo de la ministra. 

Revisó libros de la prolífica historia del esoterismo en Argentina:

Benjamín Solari Parrachini, el vidente Pedro Romaño, El brujo José López Rega

Agotada se acostó. Se durmió.
Un ruido la despertó.
Un hombre mayor con traje militar se le apareció de pronto.
—¿Vo' quien sos?
—Soy Perón, soy el teniente general Juan Domingo Perón. Yo dormía en esta habitación en una cama ortopédica cuando morí de un ataque cardiaco, en julio de 1974.
¡Qué macana! dijo Karix y se desmayó.

miércoles, abril 03, 2024

Prólogo de "Diario de un Seductor" de Sören Kierkegaard, 1843, Traduce del danés: Omar Pérez Santiago

 


Título original: Forførerens Dagbog Diario de un Seductor Sören Kierkegaard, 1843 

Traduce del danés: Omar Pérez Santiago

 Prólogo 

Sua passion predominante é la giovin principiante. DON GIOVANNI, aria 

«Su pasión predominante es la joven principiante». (Don Juan, «aria») 

No puedo autoengañarme. Apenas domino el miedo que se apodera de mí en este momento, en este momento en que yo, y para mi propio interés, he decido hacer una cuidadosa transcripción de la fugaz copia, que con la mayor prisa y con mucho desasosiego adquirí. La situación es tan ansiosa y tan reprochable para mí como lo era entonces. Contrariamente a la costumbre, él no había cerrado su Secretair, y todo su contenido estaba así a mi disposición; pero en vano adornaría mi conducta recordándome a mí mismo que no he abierto ningún cajón. 

Abrí el cajón.  Había una multitud de papeles sueltos y encima de ellos yacía un libro en cuartillas grandes, encuadernado con buen gusto. Tenía una viñeta en un papel blanco, en la que había escrito de su puño y letra: Commentarius Perpetuus Nr. 4.

 En vano, sin embargo, trataría de imaginarme que si esa página del libro no hubiera estado abierta, y si el título pertinente no me hubiera tentado, no habría caído en la tentación, o habría hecho resistencia. El título en sí era extraño, aunque no tanto en sí mismo sino por el lugar en que se hallaba. 

De un rápido vistazo a los papeles sueltos supe que contenían situaciones eróticas, insinuaciones individuales sobre una u otra relación, bocetos de cartas de carácter muy propio. Mas tarde aprendí a conocer su descuido calculado artísticamente logrado. 

Cuando ahora, después de mirar el interior traidor de este depravado me recuerda la situación cuando yo estuve frente a este cajón y con mi curiosidad abrí los ojos. Me causó la misma impresión que debe tener a un oficial de policía cuando entra en la habitación de un falsificador, abre su escondite y en un cajón encuentra cantidad de papeles sueltos, trozos de arabescos, un monograma, una filigrana, que le indican que está sobre la pista; en esos momentos, a la satisfacción del hallazgo, 3 se une un gran asombro por todo el trabajo de falsificaciones. Le muestra fácilmente al policía que está en el camino correcto, y la alegría por encima de esto se mezcla con una cierta admiración por ese estudio, la diligencia que aquí es inconfundible. Par mi esto es un poco diferente, ya que estoy menos acostumbrado a rastrear delitos y no estoy armado con una placa de policía. 

Sentí el doble peso de la verdad de que andaba por caminos ilegales. Esa vez no fui menos más pobre en pensamientos que en palabras, como suele ser el caso. Estoy impresionado por una emoción, hasta que el misterio vuelve a soltarse y, diverso y veloz en sus movimientos, habla y se insinúa como una dimensión desconocida. 

Cuanto más se desarrolla la reflexión, más rápido se sabe captar. Uno se vuelve como un funcionario de aduanas con los pasaportes de viajeros extranjeros, tan familiarizado con ver las personas más aventureras que no se deja llevar fácilmente por el asombro. Pero independientemente del hecho de que mi capacidad reflexión probablemente esté muy desarrollada, me quedé en primer instante asombrado. Recuerdo muy bien que me puse pálido, que casi me desvanezco, y mi la ansiedad era grande. Supongamos que él hubiera llegado a casa, y me hubiera encontrado desmayado con el cajón en la mano de su escritorio, yo como un malvado. 

Sin embargo, la conciencia es capaz de hacer la vida interesante. 

El título del libro no me sobresaltó en sí mismo; Pensé que era una colección de extractos de diferentes obras, lo cual me pareció natural, ya que sabía que él siempre había estudiado con celo. 

Sin embargo, contenía cosas completamente diferentes. Era ni más ni menos que un diario, cuidadosamente llevado; y como yo, después de que lo había conocido previamente, no encontré que su vida necesitara un comentario tan solemne, así que no lo niego, después de la intuición que acabo de hacer, que el título ha sido elegido con mucho gusto y mucho sentido, con verdadera estética, con superioridad objetiva sobre sí mismo y sobre la situación. 

Este título está en perfecta armonía con el conjunto del contenido. Su vida ha sido un intento de realizar la tarea de vivir poéticamente. Con un fuerte desarrollo de un órgano para descubrir lo interesante de la vida, y ha sabido encontrarlo, y habiéndolo encontrado constantemente reproducía poéticamente lo experimentado. 

Su Diario, por lo tanto, no es históricamente exacto o simple, ni es un relato indicativo, sino subconjuntivo, es decir expresa deseos y sentimientos. Independientemente de lo que se experimenta, lo registra naturalmente después de 4 que se ha experimentado, a veces tal vez incluso pasado más tiempo después de eso. Sin embargo, a menudo se presenta como si tuvo lugar en el mismo momento, tan dramáticamente vivo que a veces es como si estuviera sucediendo frente a los ojos de uno. Él debería haberlo hecho porque tenía alguna otra intención con este diario, es lo más improbable; en el sentido más estricto que sólo haya tenido un significado personal para él es llamativo; y eso asumiría que tengo una obra de arte para mí, tal vez incluso no destinada a ser impresa. 

Pues no tenía por qué temer nada al publicarlo; la mayoría de los apellidos en la obra son tan peculiares que no hay absolutamente ninguna probabilidad de que sean auténticos. Solo he pillado una sospecha de que el nombre de pila es auténticamente correcto, por lo que siempre él ha estado seguro de reconocer a la persona real. Mientras que todos los extraños serían engañados por el apellido. 

Así es al menos en el caso de la mujer que conocí y sobre la que gira el principal interés del libro: Cordelia, su nombre muy cierto era Cordelia, pero su apellido no era Wahl. 

¿Cómo se explica ahora que el diario, sin embargo, haya recibido un toque tan poético? 

La respuesta aquí no es difícil. Se explica por la naturaleza poética que hay en él, que, si se quiere, no es lo suficientemente rica, por así decirlo, ni lo suficientemente pobre como para separar poesía y realidad. 

Lo poético fue más lo que él mismo trajo consigo. Esto era más la poética que disfrutó en la poética situación de la realidad; y esto él lo rearmó o reconstruyó en forma de reflexión poética. Fue un segundo placer, y ese placer poético calculado estuvo presente en toda su vida. En el primer caso disfrutó personalmente de la estética, y en el segundo caso disfrutó estéticamente de su personalidad. 

En el primer caso, el punto era que disfrutaba egoísta y personalmente de lo que, en parte, la realidad le daba a él, y lo que en parte él mismo había impregnado a la realidad; en un caso, su personalidad fue prófuga, y luego, en el otro, disfrutó de sí mismo en la situación. 

En el primer caso, siempre necesitaba la realidad, como ocasión, como momento; en el otro caso, la realidad se ahogaba en lo poético. El primer estadio es fruto pues del estado de ánimo en que el diario ha emergido como fruto de la 5 segunda etapa, donde la palabra es tomada en un sentido algo diferente del primero. 

Así siempre ha tenido la poética por la ambigüedad en que transcurrió su vida. Detrás del mundo en el que vivimos, lejos en el fondo, se encuentra otro mundo que se encuentra aproximadamente en la misma relación. 

Así, el Diario se formó de su condición anímica y fruto de su maduración; pero las palabras deben entenderse en un sentido algo diferente. Y de este modo percibió la poesía en la doble forma en que su vida transcurrió y a través de esta misma forma. 

La relación con esto, como el escenario que a veces ves en el teatro detrás del escenario real, se mantiene aquí. Tú ves a través de una flor delgada el mundo de una flor, pero más ligero, más etéreo, de una solvencia diferente a la real. 

Muchas personas que aparecen físicamente en el mundo real no pertenecen a este sino al segundo. 

Sin embargo, el hecho de que una persona se desvanezca, incluso casi desaparezca de la realidad, puede tener su base en un estado de salud o en una enfermedad. 

Este último fue el caso de este hombre a quien una vez conocí sin conocerlo. No pertenecía a la realidad y, sin embargo, tenía mucho que ver con ella. 

Estaba constantemente pasando por encima de él, pero incluso cuando era más indulgente, estaba fuera de sí. Pero no fue el Bien que lo atraía y tampoco era realmente el Mal, ni siquiera me atrevo a decir nada sobre él en este momento. 

Él ha padecido una exacerbatio cerebri, donde la realidad no tenía suficientes incentivos. Una angustia sicológica que le impide relacionarse directamente con la realidad. Sólo en un estadio momentáneo más alto solamente. 

Un estado sicológico en que él no se comprometía con la realidad. No es que fuese demasiado débil para soportarla, sino que era demasiado fuerte; pero esta fuerza era una enfermedad. Tan pronto como la realidad perdió su significado como incitación, estaba desarmado, y ahí estaba el mal en él. Él mismo era consciente de esto en el momento de la incitación, y en esta conciencia o lucidez egótica yacía el mal. 

He conocido a la muchacha cuya historia constituye el contenido principal del diario. Si ha seducido otras, no lo sé; sin embargo, sería posible deducirlo de sus escritos. 

También parece haberse conducido de una manera diferente, según la praxis que lo caracteriza bastante; porque estaba demasiado decidido espiritualmente a ser un seductor en el sentido común. 

Parece que también con esta forma de práctica se condujo del modo absolutamente particular que le caracteriza. La naturaleza le había dotado de un espíritu demasiado selecto para que fuese uno de tantos seductores habituales. 

También puedes ver en el diario que a veces era algo completamente arbitrario lo que ansiaba, un saludo, por ejemplo, y recibiría más sin costo alguno, porque era lo más hermoso de la mujer en cuestión. 

Con la ayuda de sus dones espirituales ha sabido tentar a una muchacha, atraerla hacia él, sin importarle poseerla en el sentido más estricto. Puedo imaginar que él sabía cómo conseguir eso en una mujer. Lo más destacable fue que él estaba seguro de que ella lo sacrificaría todo por él. 

Cuando el asunto llegaba tan lejos, se interrumpía, sin que haya habido el más mínimo acercamiento de su parte, sin una palabra de amor, y mucho menos una declaración, una promesa. 

Y, sin embargo, había sucedido. Y la desdichada conservaba la conciencia de ello con doble amargura, porque no tenía nada que reclamar, porque constantemente era confundida por los más diferentes estados de ánimo en un gran revoltijo temeroso. Ella pronto se reprochó a sí misma, luego lo perdonó, pero pronto lo hizo reproches a él. Ahora, sin embargo, dado que la relación sólo había tenido realidad en un sentido impreciso, constantemente tenía que luchar con la duda de que todo el asunto era una ilusión. 

Tampoco tenía la muchacha el recurso de confiarle a alguien su vivencia, pues, objetivamente, ella no tenía realmente nada que confiarles. Cuando has soñado, puedes contarles a otros tu sueño, pero eso que ella tenía que contar, no era un sueño, era la realidad, y sin embargo, tan pronto como quería decírselo a alguien más, para aliviar su mente perturbada, entonces era Nada. 

Ella misma lo percibió muy bien. Ningún ser humano podría comprenderla, apenas ella misma, y sin embargo, todo reposaba con un peso ansioso sobre ella. 

Tales víctimas son por lo tanto de una naturaleza muy propia. No fueron unas infelices que fueron marginadas, o que pensaron que eran condenadas al ostracismo por la sociedad, afligidas pero saludables y fuertes. A veces, cuando el corazón se llenó demasiado, les dio un aire de odio o de perdón. 

En ellas no se había producido ningún cambio visible; vivían en las condiciones habituales, consideradas respetables como siempre, y sin embargo un cambio se producía en ellas, inexplicablemente casi para ellas mismas, e incomprensibles para los demás. 

Su vida no estaba rota o quebrada, como la de otras seducidas. Estaba íntimamente doblegada; perdida para los demás, se buscó en vano en sí misma. 

En el mismo sentido en que se podría decir del seductor que su camino por la vida era imposible de rastrear (puesto que sus pasos eran tan regulares o normales, e imagino el control infinito de sus huellas o pisadas), en el mismo sentido ninguna víctima cayó por él.

 El seductor vivió demasiado espiritualmente para ser un seductor en el sentido ordinario. Ocasionalmente, sin embargo, asumía un cuerpo parastático, es decir, una adaptación mimética o inmóvil y entonces era solo sensualidad. 

Su historia con Cordelia es tan complicada que le fue posible aparentar ser él, el seducido. De hecho, incluso la infeliz Cordelia a veces puede quedar perpleja al respecto, y aquí también las huellas del seductor son tan vagas que es imposible hallar pruebas de su culpabilidad. 

Los individuos eran meros incentivos para él, los tiraba al igual que los árboles sacuden sus hojas – él se rejuveneció, las hojas se marchitaron. 

Pero, ¿cómo se ve en su propia cabeza? Creo que tal como él ha desviado a otros, él terminará del mismo modo corriendo salvajemente sobre lo mismo. 

Él ha descarriado a los otros, no exteriormente, sino interiormente. 

Hay algo repugnante cuando una persona conduce por caminos equivocados a un vagamundo extraviado que no conoce el camino, y lo deja solo en su engaño, y ¿qué es esto comparado con llevar a una persona a extraviarse y a correr de modo salvaje sobre sí misma? 

El vagamundo descarriado, sin embargo, tiene el consuelo de que el paisaje está en constante cambio a su alrededor, y con cada cambio nace una esperanza de encontrar una salida; pero el que se desenfrena en sí mismo no tiene un territorio tan grande para moverse; pronto se da cuenta de que es un circuito o laberinto del que no puede salir. Así es como creo que le pasará a él, incluso en una escala aún más terrible. 

No puedo pensar en nada más doloroso que una cabeza intrigante que pierde el hilo y ahora toda su agudeza se vuelve contra sí mismo, pues la conciencia despierta y trata de salir de esa guarida salvaje. En vano cree él tener muchas salidas en su trinchera, en el momento en que su alma ansiosa ya cree que ve caer la luz del día adentro, resulta ser una nueva entrada, por lo que busca asustado, perseguido por la desesperación siempre busca una salida y siempre encuentra una entrada por la que vuelve a sí mismo. 

Esa persona no siempre es lo que se podría llamar un criminal, él mismo a menudo se siente decepcionado por sus intrigas, y sin embargo, le sobreviene un castigo más terrible que el del criminal; pues ¿qué es el dolor del remordimiento en comparación con esta locura lúcida? Él experimenta consciente su locura o alucinación, como un caso de esquizofrenia o trastorno bipolar. 

Su castigo tiene un carácter puramente estético; por eso mismo, la conciencia despierta, es una expresión demasiado ética sobre él; 

 La conciencia se le presenta simplemente como una lucidez superior que se manifiesta como una inquietud que ni siquiera lo acusa en un sentido más profundo, sino que lo retiene despierto, sin descanso debajo de él en su inquietud estéril. Tampoco está loco; pues en al final la multiplicidad de pensamientos no se petrifican en la eternidad de la locura. 

Pobre Cordelia, a ella también le resultará difícil encontrar la paz. Ella lo perdona desde el fondo de su corazón, pero no encuentra descanso, porque entonces surgen las dudas: fue ella quien canceló el compromiso, fue ella quien fue la causa del accidente, fue su orgullo lo que atrajo lo inusual. Luego se arrepiente, pero ella no encuentra descanso; porque entonces los pensamientos acusadores la absolvieron: fue él quien, con su astucia, inoculó este plan en su alma. 

Entonces ella odia, su corazón se siente aliviado en maldiciones, pero no encuentra descanso; se reprocha otra vez, se reprocha a sí misma, porque lo ha odiado, porque ella misma es pecadora. Reproches porque, por muy sutil que él haya sido, ella siempre tiene la culpa. 

Es difícil para ella, que ha sido engañada aún más gravemente, y uno casi podría estar tentado a decir, es la reflexión que él ha despertado en ella, su desarrollo lo suficientemente estético como para no escuchar más humildemente a una sola voz, sino poder escuchar muchos discursos a la vez. 

Entonces el recuerdo despierta en su alma, ella olvida la culpa, recuerda los bellos momentos, se aturde en una exaltación antinatural. En esos momentos ella no solo lo recuerda, sino que lo percibe con una clarividencia que solo muestra dónde ella ha quedado plasmada. Ella no ve en él al criminal, pero tampoco ve a la persona noble. Ella lo siente a él como algo meramente estético. 

Una vez ella me escribió una epítola en la que comenta sobre él. 

“A veces estaba tan espiritual que me sentía aniquilada como mujer, otras veces tan salvaje y apasionado, tan seductor, que casi temblé por él. A veces yo era como un extraña para él, a veces se entregaba por completo; cuando pasaba mi brazo alrededor de él, a veces de repente todo cambiaba, y yo abrazaba una nube. Conocía esta expresión antes de conocerlo a él, pero él me ha enseñado a entenderla; cuando la uso siempre pienso en él, como pienso en cada uno de mis pensamientos sólo en él. Siempre me encantó la música, él era un instrumento sin par, siempre en movimiento, tenía un alcance que ningún Instrumento tiene, era un Epítome de todos los sentimientos y estados de ánimo, ningún pensamiento era demasiado alto para él, nadie demasiado desesperado, podía correr como una tormenta de otoño, podía susurrar inaudiblemente. Ni una palabra mía quedó sin efecto, y sin embargo no puedo decir que mi palabra no faltó a su efecto; para lo que serviría, me era imposible saberlo. Con un indescriptible, pero secreta, dichosa, innombrable ansiedad escuché esta música que yo mismo evoqué, y sin embargo no había evocado, siempre hubo armonía, siempre me arrastró". 

Terrible es para ella, más terrible será para él, puedo concluir que yo mismo apenas puedo controlar el miedo que se apodera de mí cada vez que pienso en ese asunto. Yo también estoy atrapado en eso reino brumoso en el mundo de los sueños, donde tienes miedo de tu propia sombra en todo momento. Busco en vano muchas veces despegarme de allí, sigo como una figura amenazadora, como un acusador mudo. 

¡Qué extraño! 

Él ha difundido el secreto más profundo sobre todos. Sin embargo, hay uno aún más profundo secreto, y es que soy un iniciado en él, y yo mismo me enteré de manera ilegal. Ah, olvídalo todo. Él no tendrá éxito. A veces he pensado en hablar con él al respecto. Pero de qué serviría, él lo negaría todo, afirmaría que el diario era un intento poético, o me impondría el silencio, Algo que no puedo negarle, en consideración a la forma en que me he dado cuenta. No hay nada, sin embargo, sobre el cual descansa tanta seducción y tanta maldición como un secreto. 

De Cordelia he recibido una colección de epístolas. Si son todos de ellas, no lo sé, pero me pareció que una vez hizo saber que ella misma había borrado algunas. He tomado una copia de ellas y ahora quiero en mi transcripción entrelazarlas. Bueno, les faltaba fecha, pero aunque las tuvieran, no serían de mucha ayuda, ya que el diario en su progreso posterior se vuelve más y más escaso, de hecho finalmente en sola una sola excepción, renuncia a todas las fechas, como si la historia en su marcha se volviera tan cualitativamente significativa, en la medida en que la realidad histórica, se aproximaba a ser una idea, que por ello las regulaciones de tiempo se volvieron irrelevantes. 

Lo que me ha ayudado, en cambio, es que en varios lugares de el diario contiene algunas palabras, cuyo significado no entendí al principio. Al compararlos con las cartas, sin embargo, me he dado cuenta que son los motivos de éstas. Por lo tanto, me resultará fácil intervenir en el lugar correcto, ya que siempre introduzco la carta en el lugar donde se encuentra el motivo de la misma. 

Si no hubiera encontrado estas pistas principales, habría sido culpable de un malentendido; porque estaba bien no se me ocurrió, lo que ahora sale del diario, la probabilidad de que en determinados momentos las cartas se sucedían con tanta frecuencia que parece haber recibido varias en un día. ¿Debería haber seguido mí propio pensamiento? Entonces probablemente los habría distribuido de manera más equitativa y no habría adivinado el efecto que ha logrado la energía apasionada 11 con la que ha utilizado esto con todos los medios para mantener a Cordelia en el pináculo de la pasión. 

Antes de la divulgación completa de su relación con Cordelia, el diario contenía intercalado pequeñas ideas ocasionales. Dondequiera que se encontraba uno, había una nota en el margen. Estas descripciones se mantienen en relación con la historia de Cordelia, pero dándome una idea vívida del significado de una expresión que él usaba a menudo, aunque antes yo la entendía de otra manera: uno siempre debe tomar en cuenta una pequeña cadena exterior. Si hubiera caído en mis manos un volumen anterior de este diario, probablemente habiendo dado con varios de estos, lo que él mismo llama en algún lugar del margen: Actiones in distans, es decir los efectos o acciones que influyen desde la distancia; porque él estaba tan ocupado con Cordelia que no tenía tiempo de mirar a su alrededor. 

Poco después de abandonar a Cordelia, él recibió de ella un par de cartas, que él reenvió sin abrir. Entre las cartas que me dejó Cordelia también estaban estas. Ella misma había roto el sello, y me atrevo a tomar una copia de ellas. Ella nunca me mencionó su contenido, al contrario, cuando mencionó su relación con Juan, solía recitar un verso, creo que de Goethe, y, según su estado de ánimo y la consiguiente diferencia de dicción parecía significar algo diferente: 

Vamos, 

Desdeña la fidelidad, 

El arrepentimiento viene después.

martes, marzo 05, 2024

SECRETOS EN LA QUINTA DE OLIVOS 3 Spirit Karix, la solitaria Por Omar Pérez Santiago Ilustración de Luis Martínez Publicado en Off The Record

 


Karix es la superheroína de la oculta cultura argentina: tira las cartas, hace sahumerios y prende velas aromáticas. Tiene poderes mágicos y talismanes. Conoce los mitos de los pueblos antiguos y sabe manipularlos. Se le llama bruja y su magia llevó a su hermano a la presidencia de Argentina.

—Feliz cumpleaños, Karix, le dijo el presidente de Argentina a su hermana. Tienen un muy íntimo vínculo espiritual.
Karix lleva semanas de odio, como si cruzara por el barro de un oscuro callejón. Sus labios están apretados como el rencor. Sus ojos fríos sin brillo, párpados pesados, casi adormecidos y su pálida cara de huesuda y nariz picuda.  Grita:

Es el 28 de marzo de 2024. Ella cumple 52 años.


—¡Odio al Papa Francisco! Me chincha que me haya presentado como tu esposa en la misa de canonización de la beata Mama Antula en el Vaticano.

En esa familia de gritones, Javo aulló con su voz linyera:

—El maligno jesuita de Francisco es especialista en montar operetas de lucha sicológica, o sea, digamos, profesional en venganzas simbólicas.

—Me trató como una planera, como una cheta caliente y jugable. A ti te llama Calígula y a mí Drusila, su incestuosa hermana, dijo Karix. Su voz se hace amarga en la sal del recuerdo.

—Karix, el Papa Francisco es maquiavélico. Es el argentino más importante gracias a sus manos frías y pétreas; inteligente y demoniaco.  Jefe de la casta espiritual.

Karix movió su pelo blanco lacio y pajoso como ciertas coquettes. Tomó Fernet frío con 3 hielos, el trago más amargo de Argentina. Se puso más odiosa con el alcohol.

Celebran solitarios.  No hay novio. Nunca se ha casado. Aún es algo apetecible, mas no la embelesa ningún varón. Cuando la veían por Corrientes la llamaban “Karix, La Solitaria”. No la avasallan las pasiones en su yermo corazón. Siempre aplazó el placer. O si acaso recuerda un viejo romance juvenil.

Al presidente de la Argentina todos lo evitan hoy. Le atribuyen fallas de carácter: “Le falla la psique”. “Pendejo tardío”. “Atorrante que no tolera opinión opuesta”. “Matón de esquina”.

Javo abre su Twitter. Es el estereotipo del Troll Rufián que masca a sus opositores:

“Bestias, impíos, tarados, traidores, malignos, ignorantes, basuras, ratas, delincuentes, apestados, estreñidos, degenerados. Les haré morder el polvo.”

Luego, le vuelve a explicar a su hermana su mesiánica pendejada del Paraíso Perdido:

—Hace cien años Argentina era un Edén. Digamos, o sea, éramos el pueblo elegido por el divino. Pero los zurdos filisteos  asolaron  Argentina. Pero seremos grande de nuevo. Yo los guiaré a la tierra prometida.

Pero Karix no cree en esas boludeces de su hermano:

—¡Deja que me ría, Javo! Argentina es el mejor país del mundo.  Tenemos los mejores escritores, científicos y profesores; las mejores universidades, el mejor sistema de salud y la mejor tarotista mundial, la Ludovica Squirru.

Ella es signo Rata del Horóscopo Chino y nació con dos habilidades: percibir las malas vibras y licuar a los adversos con el lúgubre placer de misas negras, especialidad de tarotista.

En algún momento, Karix mira por la ventana de la Quinta de Olivos. Ve que hay luna llena y le da un arrebato esotérico. 

—¡Mierda, una Luna llena de Gusano!

Se levantó del sillón y sin querer soltó un pedo tan fuerte que se asustó a sí misma:

¡Braaap!

Grita poseída:

—¡Oh! ¡Me llena, se retuerce, se pudre y se hincha dentro de mí, y me duele y me deforma!

—¿¡Qué!?

—¡Oh! Un gusano de mal augurio. Es la luna de Gusano de marzo. Y recién hubo un eclipse lunar.

—¿Qué significa, Karix?

—¡Oh! ¡Desequilibrio! El futuro incierto y sombrío. Tenés que buscar un equilibrio, Javo.

—¿Qué debemos hacer, Karix?

—Limpieza energética. Un ritual de sacrificio.

—¿Alguien debe morir?

—Javo, cuídate de los idus de marzo. Es el aviso que le dieron a Julio César antes de matarlo.

(Continuará…)


viernes, febrero 09, 2024

Pedro y su Toro. Ivar Lo-Johansson (1901-1990). Cuento del libro Jordproletärerna (Los proletarios rurales, 1941). Traducción del sueco: Omar Pérez Santiago

Ivar Lo-Johansson nació en Ösmo en la región de Södermanland y formó parte de la formidable generación de los clásicos escritores proletarios suecos que surgieron en los años 30. Escritores de origen proletario como Eyvind Jonson, Moa Martinsson, Harry Martinsson, Artur Lundkvist y Vilhelm Moberg.


Pocas veces el corazón está tan cerca de estallar de melancolía, como cuando piso la base cubierta de hierbas de la choza de un peón. Lo veo a menudo en los bosques suecos. Por la altura del suelo se puede a veces diferenciar el lugar donde estuvo la vieja e insignificante choza del peón. No lejos de allí hay algunas piedras - allí hubo un establo y una caballeriza. En los cuadrados de allá abajo, en el bosque talado, se puede ver, bajo un bosque joven, la huella de los que una vez, con sudor y esfuerzo, fueran sembrados. Se ve también un pedazo de un camino. En los primeros años de abandono merodeó, quizás, por allí en la escalera podrida, el gato, ya medio salvaje, buscando leche en un tarro de anchova. Mas, finalmente, un zorro ha dado cuenta del gato. Entonces, impulsivamente me dan ganas de mover la hierba seca de la base de la choza, buscando algo que pueda dar vida a los dormidos y decirles que los amo, decirles que pueden levantarse y vivir, aunque sea un día, sin dolor. Dan ganas, conmovido en el fondo del pecho, que todas esas personas hubiesen sido, alguna vez, felices.

*

En este lugar vivía un peón, llamado Pedro.

Cuando Pedro se iba a casar, le preguntaron respetuosamente:

-Te vas a casar, Pedro, ¿ahora serán dos?

-Algunos niños llegarán también, si todo funciona como uno piensa.

No llegó ningún niño. La mujer murió cuando recién habían dejado la servidumbre en el fundo y habían decidió arrendar un terrenito por cincuenta años. Pedro vivió solo en el terrenito durante la mayor parte de ese tiempo, unos cincuenta años.

No lejos de allí, tras unas matas de lila y una manzano cubierto de musgo, vivía otro campesino, llamado Juan. Entre la colina de Pedro y la colina de Juan serpenteaba un camino a través del valle. Si Pedro era viudo, Juan, en cambio, tenía la casa llena de chiquillos. Pedro preparaba él mismo su comida, amasaba el pan, pero, a veces, los niños de Juan venían de la cabaña de Pedro por el camino culebreado con pan amasado tibio envuelto en un paño recién planchado.

Pedro era analfabeto y no sabía contar dos más dos en un papel, pero sabía medir en pies cúbicos las vigas y troncos que transportaba hasta el aserradero de la ciudad, en una carreta tirada por un toro. Un fiel toro de compañía, tan fiel que acompañaba a Pedro a visitar a los vecinos. El toro fue como su mujer. Pedro era un genio de las matemáticas, tenía una fenomenal memoria para las cifras. El bosque eran cifras que él media en pies cúbicos. Al final de su vida llegó al hospicio de pobre G. y allí murió; su cabaña, que pagó durante cincuenta años, no valía nada.

Juan tenía una gracia. Lo trabajadores acostumbraban a expresarse directamente. Juan no. El era rico en palabras, fantasioso, parecía que se alegraba de la palabra misma, del sonido, del ritmo del habla. Era un retórico. Su boca era algo más que un canal de comida y trago.

Un mal año a Juan se le murieron la vaca y el caballo y entonces sucedió el hecho que más tiempo permaneció grabado en la memoria del vecino solitario.

La misma noche que sacrificó la vaca, llegó a la cabaña de Pedro y dijo locuazmente:

-Pedro, empieza a crecer la hierba. Pero ahora la vaca está muerta. Tendrás pronto un nuevo vecino, Pedro. No tengo nada más que vender y a los niños nadie los compraría. Tendrás nuevos vecinos en primavera, Pedro, ahora cuando de nuevo todo comienza florecer.

Pedro fue hasta la cómoda y sacó las ciento cincuenta coronas que tenía para pagar en la oficina de cobros el otoño. Eran varios años de ahorro. Ninguno de los dos sabía escribir, pero llegaron al acuerdo de que el préstamo se pagaría en otoño, en caso contrario Pedro perdería su choza en la que había vivido durante cincuenta años. Pedro no pagaba directamente al dueño del fundo sino al abogado, en la oficina de cobranzas. Así era mayor la presión de la deuda.

Pero, en el otoño Juan estaba aún más pobre que durante la primavera y no pudo pagar el préstamo a Pedro.

Pedro, el última día de pago, solicitó prórroga, pero no fue concedida, llevó a la ciudad una carga de vigas y troncos. Fue a pie todo el camino. Quería ahorrar carga al toro. El camino era largo, pesado y difícil. A veces se adelantaba y le colocaba algo en el hocico del toro. Cuando por fin entregó sus vigas y troncos, se dirigió hacia el horrible lugar, situado al borde de la ciudad. Era una hacienda de portón ancho. Desde adentro se oían mugidos y relinchos. Pedro oyó crecer esos mugidos, eran como una marcha fúnebre sobre la indigencia y las necesidades del país. Se contuvo. Fue hasta el capataz del matadero, adivinó exactamente el peso del toro y le entregó el bozal a otro muchacho.

El toro estaba tranquilo. Adentro había cientos de toros y caballos. Cuando el muchacho se iba a llevar el toro, Pedro se adelantó, abrazó el toro y dijo el discurso más largo de su vida:

-Estará bien en el matadero, Brunte. No tendrás que ir para arriba y para abajo. Gracias por todos los viajes que hemos hecho juntos. Aquí tienes un poco de trigo molido, el último, así tendrás gusto a trigo en la boca cuando llegue la hora.

Sacó un poco de trigo de su bolsillo y sobre el trigo mezclado cayeron estrellitas de llanto. Luego no deseó ver más. Recibió el pago y se apresuró en llegar, tan rápido como pudo, hasta la oficina de cobranza.

Por la tarde, al caer la noche, tiró el mismo su carreta hasta la choza.

Dos días después, despertó por la mañana y vio al toro pastar bajo el manzano cerca de la choza. Se tomó la cabeza. No podía creer lo que veía. Y no fue si no hasta que el animal vino hasta él y pudo tocarlo que entendía que el toro realmente vivía.

Al rato apareció Juan por el camino con una sonrisa bajo el sombrero: estiró la boca, como acostumbraba cuando diría una arenga:

-Sé lo que has hecho Pedro. Cuando te vi venir tirando la carreta por la noche, así como se veía, como si la carreta arrastrara contigo, imaginé que habías vendido el toro para pagar en la oficina de cobranza. Entonces fui a la oficina del fundo y puse en movimiento tanto al barón como al inspector. Les dije: ¿cómo puede vivir un pobre peón sin un tirador? Tú puedes contar, Pedro, pero fantasear no. Me prestaron dinero con la promesa de que mis hijos y yo trabajemos en la hacienda de jornaleros. Y cuando tuve el dinero partí tan rápido como pude a la ciudad. Por suerte estaba todavía el toro. De cualquier manera habíamos recibido trabajo en la hacienda. Y si el toro hubiese estado muerto entonces no sé de qué habría servido la fantasía y el arte del convencimiento en todo este mundo en que nada cambia... Llegué tarde anoche a casa No quise evitarte la alegría de vieras la bestia cuando despertaras, así que la traje y la solté aquí. ¿Ha aprendido en estos días los malos hábitos de otras bestias?

El toro pastaba bajo el manzano, en alguna parte allí, donde ahora sólo quedan unas piedras de lo que fue la base de la choza.

En París, Vicente Pérez Rosales le dijo al general San Martin que la mayoría de los chilenos lo culpaban a él del asesinato de los Carrera.

Recuerdos del pasado.  1886.   Por Vicente Pérez-Rosales: 1829. Las Tullerías. París. San Martín me dijo: ―¿Qué se decía en Chile de los...