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viernes, febrero 21, 2025

Las angustias de un mal pagado amor. Sergio Badilla y Pérez-Santiago en el castillo de Hamlet

 

Sergio Badilla y Omar Pérez-Santiago



Las angustias de un mal pagado amor

Permítanme ser autobiográfico.


Un día de marzo, hace ya muchos años, hace ya muchos años, un día frío y mustio de marzo andaba con mi amigo Sergio Badilla, perdidos en una ciudad de nombre Helsinborg.
Pertenecíamos entonces a la secta de los Transterrados Escarchados.

Éramos un par de entristecidos y macilentos chilenos exiliados, cruzando un estrecho, perdidos en el frío.

Andábamos perdidos, ya lo dije.
Sergio andaba perdido -sufriendo las angustias de un mal pagado amor- por una señorita alemana de rizos cortos y de nombre simple como una gota de agua, Ute. Ella había desaparecido de su vida. 
Yo andaba afligido por una sueca con nombre de soberana, Anna, cuyo recuerdo -miren lo que son las cosas- aún me desconcierta.
Mientras tanto y como un modo de dejar pasar el tiempo, desde Helsinborg tomamos un ferry, y desembarcamos luego en Elsinor (Helsingör). De ahí fuimos a ver el castillo Kronborg donde Hamlet consumó su tragedia.

En la explanada frente las altas entradas al castillo, Sergio saca de su mochila un sombrero doblado de pluma roja, y esperó y esperó colocarselo y decir unas palabras en su inglés algo afectado.

For who would bear the whips and 
The pangs of despised love, 

Creo recordar que Badilla repitió dos veces:
"The pangs of despised love, The pangs of despised love."

De algún modo, con este rito Badilla viajaba en el tiempo, con zozobra. En ese momento Badilla estaba atado al surrealismo o a un cierto tipo de estética automática. Allí quizás, frotó la lámpara para que apareciera un genio que le hablo de transrealidad. Como en el poema de Coleridge, fue al sueño y del sueño volvió con una rosa.

Las sorpresas no terminarían ahí.
En el restaurante pedimos un vino español de La Rioja y unos emparedados de alce. De pronto, fue el vino o la poesía trágica y melancólica, que nos hizo sentir cosas fantásticas en el castillo.

Una vela de nuestra mesa se encendió sola frente a nosotros.
Nos dio algo de miedo y no éramos lo únicos.
Le contamos a la camarera y ella nos explicó que estaba acostumbrada.
-A veces veo una sombra detrás de mí, agregó.

Inmediatamente una botella cayó de las estanterías.

Yo de pronto sentí un frío en la espalda y un olor a cadáver.

Inspirado en esta visita, hace ya muchos muchos  años, Badilla escribió este poema:

EL PRÍNCIPE ACOSADO

Habito desde hace unos meses en una fortaleza de
paredes altas donde las puertas están siempre cerradas
Un príncipe como yo, necesita morar en un castillo verdadero
Sin embargo, Kronborg Slot está encantado
He visto varias veces al fantasma de mi padre en las escalinatas
y he observado desde lejos a mi madre con Claudio

miércoles, junio 14, 2023

NO SER FELIZ CON REGINE OLSEN, EL TRISTE SØREN KIERKEGAARD. Por Omar Pérez Santiago Revista Off The Record, nr 47, febrero 2023

 


La historia que les contaré es ominosa.

Un día caminé desde el centro de Copenhague hasta el cementerio Assistens, el panteón danés donde  está la tumba de Kierkegaard, el patriarca del existencialismo; un danés triste, hipocondriaco y melancólico.

Kierkegaard era un danés tan triste como su nombre: Søren Kierkegaard, traducido como Severo Cementerio.

El primer libro que yo leí del danés triste fue el “Diario de un Seductor”. Ese libro no me pareció triste. En cambio, muy entretenido. Ese libro de galantería enrevesada me sirvió de inspiración cuando yo escribía mis cuentos de mi libro “Memorias eróticas de una chileno en Suecia”.

El dramaturgo chileno Juan Radrigán vivió unos días en mi casa de Malmö, en los años 80. Presentó su obra canónica, “Hechos Consumados” en el clásico Victoriateatern. Una tarde caminamos a la playa de Ribban.  Era verano. Hacia calor. El día reluciente. Al otro lado se veía la ciudad de Copenhague. Radrigán entonces habló de Kierkegaard. Radrigán había construido un personaje existencialista “con ojos de animal botao”, el triste y taciturno Emilio,  de su obra Hechos Consumados.  Radrigán nunca fue creído o cínico. Sobresale. Con seguridad, Radrigán, fue el primer y único escritor chileno en descubrir un Kierkegaard literario.

Primavera de 1837. Kierkegaard. Copenhague. El 8 o 9 de mayo, en la casa de un compañero de estudios de teología, un tal Peter Rørdam que tenía tres hermanas. Una amiga las acompañaba, Regine Olsen de 15 años. Dicen que Regine era realmente hermosa. Aunque sus retratos me hacen dudar. Cosa de gustos.  Quizá confunden su belleza con su buen gusto en el vestir, su moda elegante, flotante y alegre, su lindo peinado de rulos. De cualquier modo, bella o muy bella, Regine quedó registrada en la historia danesa.  



Ella 15, él 24.

Tres años después,  el 8 de septiembre de 1840, Kierkegaard le propuso matrimonio. Estaban los dos solos en el salón de la casa de Regine.

Toca algo en el piano, Regine.

Entonces, de pronto, él agarró la partitura, la cerró con arrebato, la tiró sobre el piano y le dijo:

Oh, ¡La música me trae sin cuidado, es a ti a quien quiero, a quien no he dejado de querer estos dos años!

Kierkegaard le regaló a Regina un anillo de compromiso, emblema de su amor.

Pero, pronto le acecha la duda, una lucha interior, una enojosa incertidumbre. Un año después, en el  verano del 1841, Kierkegaard pone fin a su compromiso matrimonial.

Regine primero le rogó con un riff de canción.

—¡No me dejes!

Luego Regine sacó de su pecho una nota escrita por Søren; la hizo pedazos y le dijo:

Lo que has hecho es jugar conmigo a un juego atroz.

Le devolvió el anillo.

La comunidad de Copenhague era muy pequeña, un poco más de cien mil daneses. Un pueblín. Los rumores corrieron por sus calles de adoquines. Se preguntaron perplejos: ¿Es todo un pretexto? ¿Un pretexto de qué? ¿De qué huyes, Kierkegaard? ¿De qué estamos hablando?

Parece irracional, visceral, neurótico o sutilmente ominoso.

¿Auto tormento o añagaza o artificio?

Exasperados, los daneses murmuraban, tal como ahora se murmura en las hambrientas redes sociales sobre la separación de Shakira y Piqué.

En casa con su familia, Søren llora de angustia.

Nadie entendía bien por qué.

Era un llorón triste. Histrión.

Me voy a Berlín, dijo.

Huir a Berlín siempre ha sido un consuelo para un filósofo o  un escritor. Un metaverso del mejor exilio.

Después, el verano de 1843, Regine se comprometió con el abogado Johan Frederik Schlegel, un hombre equilibrado y armónico, según se ha dicho.

En 1855, uno de los últimos días de septiembre, cuando había salido a caminar, las piernas le fallaron y Kierkegaard se desplomó en la calle.

¡Plaf!

Lo llevaron al hospital Frederik. 

Murió a los 43 años el domingo 11 de noviembre de 1855 a las nueve de la noche.  

En uno de sus dedos el muerto triste tenía el anillo de compromiso, el emblema del amor. El anillo se conserva hoy en el Museo de Copenhague, un fetiche danés que ahora es un emblema del remordimiento.



Kierkegaard fue velado en la Vor Frue Kirke, la Iglesia de Nuestra Señora. Hacía frío en Copenhague, ese frío maldito y ese maligno viento de  noviembre. A pesar del frío y el viento, la juventud espiritual de Copenhague de los círculos literarios llenó la neoclásica catedral, para despedir al triste y gran escritor. Entre ellos estaba su vecino, el escritor de cuentos infantiles, hijo de un proletario, el célebre Hans Christian Andersen.

Tras la ceremonia en la iglesia, el coche fúnebre se dirigió al cementerio Assistens.

Un día caminé desde el centro de Copenhague hasta el cementerio Assistens, el panteón danés. Visité la tumba donde  está enterrado el gran Kierkegaard, el danés triste, hipocondriaco y melancólico.

Allí descansa también su ex novia, Regine Olsen, que murió anciana en 1904 a los 82 años; murió sin olvidar a su ex novio, su pasión de juventud.

Cementerio de grandes escritores. Allí también está enterrado el otro gran escritor danés, su célebre vecino, Hans Cristian Anderssen. Los rumores biográficos dicen que H. C. Andersen también murió casto.

Y más al fondo del cementerio, la tumba del poeta romántico, Michel Strunge, muerto a los 27 años y de quien yo he traducido algunos de sus bellos poemas de amor juvenil.

Eso.



jueves, junio 23, 2022

ASESINA SERIAL EN COPENHAGUE. HORROR NÓRDICO. Presentación de Asesinato en Copenhague

 


Volé por primera vez a Suecia en un Boeing 747 de Air France.

Para volver a vivir. Después de años de dictadura, persecución y escapularios del Opus Dei.

Era el verano del 78.

No sabía casi nada de Suecia. Tal vez un manojo de cosas obvias.

Sabía que había un rey, Carl Gustaf.

Sabía que había un famoso tenista, Björn Borg.

Sabía que había un cineasta, Ingmar Bergman.

Sabía de su película de inusitado erotismo, “Un verano con Mónica”, creo que de 1953.

Poco más.

En Suecia había un invierno congelador. Frío, gris. Nevaba.

Fui a vivir a Malmö, una ciudad de 200 mil habitantes.

No sabía ni una palabra de sueco.

Cuando los escuché por primera vez, pensé que eran alienígenas, peculiares como los japoneses. 

En Malmö me aburría los fines de semanas. La biblioteca cerrada. En esa época no había terrazas en los restaurantes. Y mis queridos amigos suecos desaparecían de la ciudad. A las 3 de la tarde del sábado estaba todo cerrado.

Y el frío. Y el maldito viento que olía a hierro.

Frío, viento y soledad, así se llamaría la novela. Fingir ser fuerte.

Nosotros, los sin familia, nos refugiábamos los sábados en el restaurante Zorba, del amable griego Jashar Alushi. El bueno de Jashar preparaba comida casera, sabrosa y abundante:  moussaka o stifado. Tenía un vino reguleque, pero a precio popular.

Un día, por invitación de una buena amiga, descubrí que lo mejor de Malmö era la vecindad con Copenhague, la capital de Dinamarca. Subir al ferry y en 40 minutos llegar al centro de Copenhague, una de las ciudades más lindas del mundo. Existía un largo   paseo peatonal, la Strøget, un hervidero de vida humana.

Pero. En el ferry mi amiga me contó que Copenhague tenía una leyenda negra, una asesina serial llamada Dagmar Overbye.

Las danesas hoy son independientes en términos de igualdad de género. Pero no siempre fue así. Hace 100 años la vida no era muy bonita para muchas mujeres en Dinamarca. Tener un hijo fuera de matrimonio era, para muchas, una maldición. Mi amiga me cuenta que la estricta sociedad luterana las condenaba socialmente. Algunas mujeres, forzadas por el escarnio social, optaban por regalar sus bebés.

Ese fue el caso de Caroline Aagesen. En 1920 puso un aviso clasificado en el periódico Aftenposten de Dinamarca. Ella tenía 21 años y buscaba una familia dispuesta a adoptar a su bebé de dos meses. Dagmar Overbye respondió al anuncio. Caroline llevó su bebé a un departamento en Copenhague en un cochecito azul. Dagmar tomó a la pequeña niña en sus brazos.

—Qué bonita es —dijo.

Caroline dejó a su hija con la desconocida y se marchó.

Dagmar se sentó en el sofá con la guagua en su regazo y la besó. De repente se dio cuenta de que la pequeña se orinó. La desvistió y la puso en el cochecito encima del edredón, con la cara hacia abajo.

Dagmar decidió que la niña tenía que morir.

De un cajón, tomó una cuerda roma y la ató con fuerza alrededor del cuello.

Al llegar a su casa Caroline Aagesen se arrepintió de haber abandonado a su bebé con una desconocida. Su mala conciencia hizo que volviera al día siguiente al departamento de Dagmar.

 —Devuélveme la niña.

—No recuerdo la dirección de la familia a la que he entregado el bebé, le dijo Dagmar.

La madre desesperada dio aviso a la policía. La policía visitó el departamento y encontró la ropa de la niña, su cráneo y huesitos entre las cenizas de la estufa, en realidad, un clásico calentador de mampostería  escandinava, kakelugn.

Dagmar fue arrestada y confesó los monstruosos asesinatos de 16 bebés, tal vez más, destripados como pescados.

Los diarios titularon la sangrienta noticia. El rostro sádico de Dagmar horrorizó a las mujeres, a los niños.  

Y  la Caja de Pandora se abrió: 180 niños fueron reportados como desaparecidos.

Muchos no creyeron que Dagmar actuaba sola. Habría una maquinaria para hacer desaparecer niños.

Mira qué terrible. Es cierto, duele. Sin sentido.

Un angustioso río de pena y terror moral corrió por los corazones daneses.

Parecía que Copenhague se estaba yendo al infierno, al verdadero averno.

Los asesores de susceptibilidad social quizá tuvieron mucho trabajo para calmar, consolar y superar las amargas experiencias emocionales de la pequeña y cerrada sociedad danesa.

Debe haber sido muy duro para los tres millones de daneses.

Como lo fue para mí cuando mi amiga me contó esta tétrica historia.

La maldita lunática homicida, la asesina de melena voluminosa, fue condenada a muerte.

Vivió en prisión hasta que murió.

Creo que fue en 1929.

 

jueves, marzo 20, 2014

Yahya Hassan, poeta genio de los páramos culturales

Tiene sólo 18 años. 
Ya vendió más de 100 mil copias de su primer libro de poemas. En algunos meses. En Dinamarca, un país que tiene algo más de 5 millones y medio de habitantes. 
Ya ha sido traducido a varios idiomas. Será la estrella en la Feria del Libro de Leipzig esta semana en Alemania. Está amenazado de muerte. Dos policías lo protegen. Es danés. Pero de origen árabe.
Se dice que la poesía no vende. 
Se dicen tantas leseras sin lógica. 
Aquí hay un ejemplo categórico de lo contrario.

lunes, marzo 04, 2013

Anarquismo, Rebelión y Libertad en Dinamarca


El domingo 9 de marzo de 1986, el poeta danés “nacido punk”, Michael Strunge, se tiró por la ventana del cuarto piso, en la calle Webers del barrio Østerbro de Copenhague.  La noticia conmovió al mundo literario, pues Strunge era, con sus 27 años, padre de la revolución poética anarquista punk  y, se convertiría quizá uno de los más grandes poetas europeos desde entonces.

Estad firmes y derechos, poema contra la corrupción del poeta español Gómez Manrique (1412–1490)

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