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viernes, julio 31, 2026

Nefilim en Alhué. Elton Honores, Jorge Calvo, Omar Saavedra Santis, Emersson Pérez, Alejandro Lavquén, Pablo Lacroix, Claudio Orellana, Miriam Jaque, Claudia Pérez G.

 



 Elton Honores  

Crítico y Profesor universitario de Perú.

Omar Pérez Santiago (Santiago de Chile, 1953) acaba de publicar Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, un libro brutal y contundente de cuentos sobre la presencia de la muerte. Se trata del horror metafísico a la muerte, de la muerte real, la muerte simbólica, pero también de las muertes provocadas por sistemas políticos autoritarios
. Este último elemento resulta poderoso sobre todo en el cuento que da título al libro ya que se narra bajo formas fantásticas. En todos los relatos el eros está presente, es decir, amor y muerte están unidos. Muchos de los personajes pertenecen a la tribu gótica o metal, es por ello que las atmósferas son también oscuras, pero también sirve para graficar a una generación de ruptura con los valores positivos de la sociedad conservadora y autoritaria: en una sociedad en donde imperó la muerte, ésta termina por contaminar y convertirse en “parte de”: el horror está de moda (como en un film de Kurosawa) porque la sociedad, las autoridades políticas terminan por actualizarla.

En el prólogo se dice que “A veces la muerte es ausencia de justicia. Un país cualquiera sin justicia, es un país dominado por la muerte…” (7). Esta idea es clave ya que el libro está envuelto por lo negro, oscuro y funesto (si cabe el término). De otro lado, queda en claro la línea política que sigue el libro.

De los nueve relatos que integran el libro, tres se adentran en lo fantástico y los seis restantes, bajo códigos realistas. En “Los interfectos del Valle de Elqui”, se narra la ausencia de la mujer amada que provoca un vacío en el narrador: el recuerdo es más terrible, más aún cuando él la ve en escenas eróticas por medio del mundo virtual, como un acto de venganza. “Animita de facebook”, una muerte accidental provoca reacciones disímiles en el grupo de amigos de la víctima. En el velorio uno de los amigos señala: “Tu muerte no quedará impune […] Yo personalmente no descansaré hasta saber la verdad. Así como luchamos para que no quedaran impunes los crímenes de la dictadura” (29).

“Muñeca rota” vuelve con el tema de los desaparecidos en fosas comunes. Años después una hija recupera los restos óseos de su padre (o lo que queda de él) en una bandeja de metal. La ausencia del padre genera no solo un vacío afectivo sino también un trauma en la protagonista pues no puede rehacer su vida amorosa. En “Ya no abusarás de mí” un parricidio se convierte en objeto de reflexión sobre la condición humana. “Old Singer” expresa cómo el individuo termina claudicando en sus ideas, valores, “Vanguardia Veteranos del 70” narra los viejos sueños de viejos poetas en el fracaso absoluto. Llegamos así a los tres textos fantásticos.

“Anette Jensen” narra la conversión de una joven intelectual en una diosa de las misas negras, por la cual, Anette se cobra venganza, sobre todo, de la traición amorosa, además del desplazamiento simbólico como intelectual frente a su antiguo novio Stefan. Si bien hay otros elementos que enriquecen el cuento (el ambiente “estructuralista” del mundo universitario, el poder de los medios de comunicación), la mujer es representada como ser maldito, vengativo, integrada al tópico de la mujer monstruo. “Ten más modestia, muerte”, sigue la línea anterior: nuevamente se narra un rito que busca victimar al antiguo amante, como forma de cobrarse venganza. Todo indica –al igual que el texto anterior– que hay una secuencia lógica de causalidad (no comprobada), pero a diferencia del texto anterior, acá llega la muerte, pero termina llevándose a otra persona.

Finalmente, “Nefilim en Alhué”, es una pequeña obra maestra. Bajo formas fantásticas, el autor se vale para narrar una alegoría de los sistemas dictatoriales autoritarios en Chile [y Latinoamérica]. No se trata solo de una historia de zombies, aquelarres, rituales satánicos, torturas, crímenes y violencia [como un film de serie B], sino sobre todo de la ambición del poder humano que termina por transgredir los valores sociales, morales, de la sociedad. El nivel alegórico es más que impresionante. No os cuento la línea argumental, pero si señalo mi fervor incondicional por un tipo de literatura fantástica que no solo entretenga [lo cual es más que una virtud] sino, además, sirva para reflexionar sobre nuestra realidad [sospecho que un texto como éste está fuertemente anclado más acá que allá].

La muerte –como en el prólogo– no es solo ausencia de justicia, sino también ausencia de memoria (social, histórica). Libros como Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, inducen al lector, no al olvido, a la mera “evasión”, sino a la memoria. He ahí su principal virtud.

 

* * *

Elton Honores: Investigador, crítico literario y profesor universitario. Egresado de la Maestría en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su principal campo de investigación es la literatura fantástica. Publica y participa como ponente en diversos medios y eventos académicos nacionales e internacionales. Ha publicado: Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana (Lima: Cuerpo de la Metáfora Editores, 2010. 255 pp.). Es coantologador de Los que moran en las sombras. Asedios al vampiro en la narrativa peruana (Lima: El lamparero alucinado, 2010. 276 pp.) y Coordinador de Lo fantástico en Hispanoamérica (Lima: Cuerpo de la Metáfora, 2011. 291 pp.).

 Emersson Pérez

"No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo." –  

"Letanía Bene Gesserit contra el Miedo"

Dune 1965 Frank Herbert

La escritura, generalmente retratada como esencia vital, como esencia fundamental de la cultura, pero también como enfermedad y, finalmente de la enfermedad a la muerte, tal como lo afirma Bolaño en enfermedad + literatura = enfermedad. Sin ir más lejos recuerdo que caí al psicólogo por haber escrito  un  diario de vida, en realidad, por la lectura de mi madre hacia singulares pero cotidianas experiencias, mis miedos (mis escritos) se transformaron repentinamente en enfermedad, lo que en un principio fue un bloqueo, una tranca frente al papel, pero que, favorablemente, en un futuro se tradujo en poesía, el terror hoy está en todos lados, gracias al uso del internet, lo encontramos en notas de Facebook o entradas de blog, como un grito de ayuda al ciberespacio y sus lectores incógnitos. Hoy en día las amenazas de muerte son  grabadas en celular, el miedo se presenta, por ejemplo,  bajo una mesa en un jardín de párvulos de Tijuana o en La Legua, mientras la profesora canta una canción del dinosaurio rosado Barney y las balas de narcos y policías silban por las ventanas. El miedo es descrito rápidamente como estado de ánimo,  transformados en  twitteos, Incluso el más antiguo, el miedo a tener los dientes tan amarillos como la misma muerte, o sea, a envejecer y en resumen morir, proceso detenido en una foto  de unos 20 años atrás -siempre jóvenes en un mundo virtual-.

El terror, la primera palabra que leemos en el título del libro es la esencia suprema del miedo, el terror a un monstruo innombrable, como salido de un cuento del escritor norteamericano Lovecraft, que, sorpresivamente, en un giro, es la propia raza humana o el futuro decadente de ésta. Miedos terrenales y miedo a lo desconocido, de ambos podemos leer en el libro de Omar Pérez Santiago, miedo a la naturaleza, el miedo a los seres extraterrestres, pero también a terrestres que habitan nuestros pueblos (todos miedos a lo desconocido, al menos yo no sé cómo piensa un director de Monsanto o cuando vendrá el próximo terremoto), monstruos cercanos que envenenan nuestras periferias, colocan barreras y apresan el cuerpo en cárceles, la mente en escuelas y universidades, tal como en la novela “Ayer” de Juan Emar, el miedo conservador a lo nuevo, a lo diferente, el miedo que nos acecha desde el poder cruzando la Alameda y acercándose a la Moneda , el miedo al cuco, al hombre de arena, al viejo del saco -que son siempre el mismo-.

En un cuento del siglo XIX ; “El Hombre de Arena” de  Hoffmann;  su novia “Clara”  representa la racionalidad, trata de quitarle peso a los miedos del joven protagonista, es tu imaginación -le dice-, son tus traumas de niñez, pero qué sucede cuando esos miedos se acercan desde la propia historia descarnada, desde las calles, desde la familia, esos miedos, así como en la Alemania del siglo XIX,  así como en el pasado y presente de este país legado de Pinochet, en el cual el autor se presenta como testigo, finalmente desde los vicios de la propia sociedad,  como Aleister el nigromante, el enemigo “familiar”  del cuento que le da nombre al libro y que presentamos el día de hoy Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte, personaje macabro que actúa - impunemente - con sus zombis extraterrestres, que, paralelamente, fuera del libro intentan el día de hoy colocar una cárcel, en el pueblito, destruyendo la vida (al menos como sus habitantes la conciben) de manera impune, de forma secreta, ofuscada, pero, tristemente, evidente .

El miedo es un sentimiento primario, le permite al soldado actuar con rapidez, el miedo se convierte en un factor eficaz para la supervivencia, nos mantiene alertas, sin embargo, lo importante es no quedar paralizados en el terror, lo importante es romper nuestros temores, salir a la calle, hacer dedo en la avenida de la muerte –en la que un personaje del libro termina- . Omar Pérez nos presenta un catálogo de cucos, un catálogo de sospechas, que, aunque lleno de invocaciones mitológicas y evocaciones folclóricas de la cultura popular Latinoamericana, se encuentran a la vuelta de la esquina, acechándonos, unos cuentos que están llenos de sangre, drogas, sexo y rock and roll, un libro con banda sonora donde la sangre salta al ritmo del Agro Metal de Korn, donde una misa negra se lleva a cabo con un fondo Death Metal, donde pasamos las penas con Only You de los Platters o donde los poetas fracasados de los ‘70 ceban vino al ritmo de Janis Joplin.

Lo importante como buenos lectores o detectives -que puede ser lo mismo- y a lo que se nos invita, aparte del placer de la lectura,  es a identificar al asesino,  a la ausencia de justicia como dice el prólogo,  a que los cadáveres no queden apilados en las calles como árboles de Navidad. La invitación -como dije- puede ser divertirse, pero también estar alertas. La invitación de leer Nefilim en Alhué es la de ir a la esquina y  descubrir  al asesino.

 Aunque resulte difícil de creer muy pronto se cumplirán tres décadas desde aquella fría noche en que conocí a Omar Pérez Santiago en las espectrales estepas del exilio.
Claro que entonces se llamaba Pancho, era su apodo, corrían tiempos difíciles, y en Alhué, -el pueblo de donde ambos proveníamos- si uno quería permanecer con vida se hacía prudente no utilizar el nombre legítimo. Dejamos atrás la adolescencia para inscribimos en un proyecto que buscaba mayor justicia social para el país. Éramos, en aquellos días, jóvenes empecinados, impredecibles e inocentes, y, como este país no estaba preparado para tolerar la palabra “justicia” muy pronto salieron a relucir las armas, se decreto toque de queda y la secta de los assesins se apropio de las calles. A inicios de los 80 cuando conocí a Pancho muchas de estas cosas comenzaban a quedar en el pasado, la realidad estaba mutando, -corrían vientos diferentes-, el Mundo iniciaba una nueva era. Pronto se desplomarían los muros. Y justamente ahí, entre Malmö  y Kopenhamn, a la entrada del Öresund  Pancho desplegaba una intensa actividad como animador cultural de la vida latina y escandinava. Organizaba recitales de poesía, escribía artículos para los periódicos, gran polemista organizaba debates, viajaba, seducía mujeres, filmaba películas, fundaba editoriales y publicaba libros.

  He tenido la suerte de leer casi todo lo que ha escrito y hace unos pocos años -en el marco de una Feria del Libro de Santiago- participe en la presentación de su ensayo Escritores de la Guerra. De modo que ahora, en esta última semana, mientras leía el volumen de cuentos que bautizamos esta noche he podido cavilar sobre un hecho esencial: los temas sobre los cuales hemos conversado con Pancho a lo largo de estas tres décadas, están aquí, las obsesiones, los fantasmas, los demonios que asedian a un escritor regresan inevitablemente a visitarlo. Es el eterno retorno a imágenes y situaciones que vivimos pero que ahora, en el lenguaje, emergen rodeadas de un aura especial, irradiando colores y facetas desconocidas. Reaparecen con mayor fuerza, con toda su pasión a decir: No quieran ignorarnos, porque todo ésta vivo.

   El volumen de cuentos, que aparece bajo el sello de Mago editores, lleva por título Nefilim en Alhué, y ya desde la primera página Omar Pérez Santiago deja constancia de la intensidad y la eficacia de su prosa. En un lenguaje vital, conciso y directo, con frases cortas a lo Hemingway y sin quitarle el poto a la jeringa porque el tema así lo requiere nos ofrece un relato que pinta de modo implacable las condiciones de vida de seres que quizá puedan parecernos difíciles de identificar, con algo de aliens, pero que sin embargo reflejan en sus motivaciones, su lenguaje y sus búsquedas a la mayoría de la gente de este pueblo. Perfectamente podrían ser nuestros vecinos, amigos o parientes. La angustia existencial, el descarnado erotismo y la falta de horizonte son una característica de todos aquellos que no son y nunca serán, winners en el país de hoy.

  Si estos cuentos aparecieran bajo la firma de Charles Bukowski seguramente a nadie llamaría la atención: sería normal. Sin ir tan lejos pienso en otro escritor chileno -Armando Méndez Carrasco que en su novela Chicago Chico despliega personajes y situaciones en una ciudad casi esperpéntica, vidas asediadas y limítrofes. Una novela conocida solo por “entendidos” que paso casi desapercibida pero sin embargo hoy se re-edita y se descubre como un verdadero valor de las letras nacionales, porque la remilgada crítica de la época prefería destacar a un José Donoso o un Jorge Edwards.  

  Como decía los tiempos han cambiado y hoy nos encontramos a mitad de camino rumbo a territorios desconocidos y palabras como neoliberal, globalización, cibernética, chateo, facebook, twittear y realidad virtual se han vuelto inevitables para mencionar nuestras actividades cotidianas. El país también ha cambiado y a raíz del Boom económico mucho se miran al espejo y casi no se reconocen en esta nueva imagen de jaguares latinoamericanos. Sin embargo allí afuera, en las calles campea la delincuencia, el abuso, un odio latente que se expresa en las aulas estudiantiles, si hasta conducir un vehículo resulta mucho más peligroso, el lenguaje citadino también se ha subvertido, surgen nuevos vocablos, antes se decía gañan, roto, hoy es el chanta, el flaite. Y Santiago ha perdido ese aire pechoño y provinciano que tenía y se ha vuelto una urbe cosmopolita, basta con asomarse cualquier día a la Plaza de Armas para encontrarse con toda laya de extranjeros. Y esto significa que lo periférico, lo aledaño ha devenido el centro y por ende no nos debe extrañar que surjan nuevos personajes y se mencionen lugares  inverosímiles, que un estudiante mapuche conozca por el chat a una chica aymará y muy luego tiren bajo las estrellas en un lugar tan ajeno a la literatura como Combarbala.

  Y para recordarnos como es nuestro pueblo y las cosas que aquí han sucedido antes de convertirnos en este paraíso plástico viajando exitosamente rumbo al futuro ahí nos entrega el último relato, el que da título al libro: Nefilim en Alhue

     Y uno, como lector se pregunta: "¿Qué o quiénes fueron los nefilim?"
 Encontramos la repuesta en Google:  Los nefilim, son ángeles caídos, fueron el producto de las relaciones sexuales entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres en Génesis 6:1-4. Son ángeles caídos o demonios quienes se unieron con mujeres humanas. De estas uniones resultó una raza, los nefilim, una raza de gigantes (Génesis 6:4).

   Y Alhué es un pueblo de demonios, de fantasmas, de seres que no trepidan en causar daño. En Alhué eso es normal, y por tanto un tío cualquiera puede deshacerse de su familia, torturar a la sobrina, dejar cadáveres tirados en las calles, o retirar cadáveres del cementerio. Tiene un poder inaudito y lo utiliza para dejar claro a los semejantes que en Alhué no existe otra justicia que aquella que detentan quienes siempre han tenido un buen pasar. Sería una injusticia hacerle justicia a los que siempre la pasan mal.

   Otra característica de los tiempos que vivimos es que ha desaparecido el concepto de prójimo. Hoy gana el winner, el más fuerte, aquel que ésta dispuesto a pasar por encima del débil. Hoy día estamos dejando ser humanos pa5ra convertirnos en seres de éxito en un Alhué que dirigido por los nefilim se ha internado en los pantanos de la ignominia.

   De todo esto da cuenta el excelente volumen de cuentos de Omar Pérez Santiago.

 

La Chascona, Santiago. Chile

Junio 2011

Omar Saavedra Santis

 

Dos sorpresas precedieron mi llegada a la presentación de este nuevo opus de Omar Pérez Santiago.
La primera ocurrió hace ya tres o cuatro semanas y la ocasionó un breve mensaje electrónico de mi tocayo, en el que me preguntaba si podía yo actuar de co-presentador del tomito de cuentos que hoy celebramos. Acepté naturalmente. Con tal demanda, Pérez Santiago me honraba con una confianza que tal vez no merezco, pero también me llenó de inseguridades. Porque esto de andar presentando libros en sociedad –lo digo francamente- está muy lejos de ser una de mis ocupaciones habituales, y por lo mismo tampoco es una que me haga sentir cómodo. Si mal no recuerdo, creo que esta es la segunda vez en mi vida que lo hago.

La segunda sorpresa fue la lectura del libro mismo. Y cuando ustedes hagan la suya, no tengo dudas que también serán sorprendidos como lo fui yo. En estos relatos, Pérez Santiago se enfrenta sin ningún empacho, desde el mero comienzo, de la manera más frontal posible, con el quizás más prístino e incansablemente recidivo sujet de todas las literaturas habidas y por haber. Me refiero a Thánatos –en este caso más exactamente a su brazo femenino, a Ker, la vieja señora amante de los finales sangrientos- y por ende, me estoy refiriendo también a Eros, su alter ego, tan viejo y tan activo como ella. En la lectura de este libro volvemos a ser testigos del convulso pas de deux con que ellos nos fascinan y aterran desde mucho antes que el mundo se nos revelara como redondo.

Pero a diferencia del trato casi siempre estetizante con que a lo largo de los siglos, innúmeros otros autores se han ocupado de este incansable par de veteranos, Omar Pérez Santiago, al echar mano de los servicios poéticos del par, renuncia aquí a cualquier compromiso elíptico en su mención o en su utilización. La línea narrativa que cruza los diez cuentos de su libro está trazada con sangre pura, sin aditamentos saborizantes ni aromatizantes. El autor nos muestra la perenne laboriosidad de las Keres en vivo y en directo, sin los filtros de algún piadoso y pudoroso tropo literario, sin luces  indirectas ni bronces con sordina. Nada de eso. Lo que nos hace ver no son las imágenes diferidas de escenas y escenografías de las teatralidades de una Catrala folklórica, lejana y en tercera persona, sino las de la vieja y siempre joven dueña de la guadaña violenta, en cuerpo desnudo y presente, al alcance de nuestra mano y nosotros de la suya.

Junto a ella, decíamos, también Eros cumple con lo que le es menester, pero en las páginas de Pérez Santiago en ningún momento, ni por asomo, él se nos aparece en sus rubicundas formas infantiles de querubín arquero renacentista flechando a una Psique etérea y enamorada con saetas enmieladas, sino en la imagen directa de una bragueta abierta, con todas sus frustraciones a la vista, en bruta cacería mayor, en búsqueda de un improbable desahogo a través de la libación de flores angustiadas que, en todos los casos, resultarán ser venenosas y carnívoras.

Omar Pérez Santiago en sus relatos obliga a la muerte y al sexo a ofrecernos una danza macabra, sin ningún propósito evangelizador de belleza, ni mucho menos con la intención de provocar agrado. Es un baile en el centro del séptimo círculo, bajo haces de luz negra. Es la banda sonora de una película porno. Es la estridencia sorda de ventosidades ginecológicas con chorreos proctológicos que explotan en primer plano. Es el frenesí orgásmico de eyaculaciones de esperma, sangre, moco y baba que apuntan a nuestro rostro. Pérez Santiago ha hilvanado estos relatos con la plena potestad y toda la sórdida relojería de un hechor minucioso. Sus cuentos ocurren al interior de un lenguaje no pocas veces de dura y difícil digestión. Ello están estructurados como escenas de un treatment cinematográfico, y así también es como se leen: como un preguión de George Romero o John Carpenter, con generosos aportes lúbricos de Marco Ferreri.


He de confesar en esta parte que, aunque en mucho seductora, la de este libro no me resultó una lectura fácil. Tal vez porque había transcurrido demasiado tiempo desde mi última incursión en los meandros de las letras góticas, y porque el culto de lo oculto en sus desesperanzadas variaciones actuales y locales, más payasescas que tétricas, me era y sigue siendo perfectamente ajeno. Pero creo que con sus relatos, Omar Pérez Santiago va más allá de una epigonía de fósiles ilustres o del cumplimiento de algún rito de consumo impuesto por el rentable mercado de la necrofilia. Su afán no es tampoco el de épater le bourgeois restregándole una braga usada por las narices. Ni es objetivo de estos cuentos simular la provocación desdentada con que el adolescente heavy le declara su guerra al mundo a través de los ciento veinte decibeles del horror punk. No. La muerte esperpéntica no se nos aparece por entre las páginas de estas narraciones para aterrorizarnos, sino como un V-Effekt, como un teatral efecto distanciador para señalarnos las sombras pestilenciales de la dura actualidad nuestra de cada día, una actualidad a la que Pérez Santiago arranca sus vestiduras de hipocresía vestal con dedos de esqueletos, para dejar al descubierto el lado más rutinariamente perverso de un progresismo vestido de seda y disfrazado de oveja; para hacernos partícipes del proceso de descomposición de nuestro cuerpo social en un tiempo y un lugar infranacionales, aún cuando ello tenga lugar a veces entre las nórdicas bambalinas de Copenhague, como ocurre en “Anette Jensen”, quizá el cuento señalero de esta selección.

Los nefilim de Omar Pérez Santiago no son maléficos gigantes celestiales, sino los reflejos de nosotros mismos mirándonos desde los espejos deformantes de esta feria de compra y venta de almas y vanidades en que ha devenido esta modernidad nuestra. Pérez Santiago cumple con estos designios suyos de llamado de atención sobre la parte oscurita de este muy burgués orden de cosas, sin dar pausas de aliento al lector. Desde “Los interfectos del Valle del Elqui”, el primer cuento de esta selección, hasta “Nefilim en Alhué”, el último, el tempo de lectura es un crescendo molto que culmina literalmente con un terremoto grado 8,9 en la escala Richter. Después, el silencio espectral que sucede a los aquelarres.

Esta, su voluntad de obligarnos a mirarnos en nuestras insanas oquedades de zombis con RUT, tarjeta Bip y derecho a voto, queda manifiesta desde los mismos epígrafes que Pérez Santiago ha seleccionado y montado con singular acierto al comienzo de cada narración, como anzuelos de un espinel que captura nuestro interés y no lo suelta desde el inicio hasta el final. Igualmente no puede dejar de mencionarse, como un especial valor agregado al libro que hoy presentamos, el título que Omar Pérez Santiago escogió para él. Porque “Alhué” no es solamente la arena de Walpurgis donde, bajo la dirección de Osiris Bascuñán, tiene lugar la gran parada final de los muertos que marchan por docenas en sus páginas. Es además una más que justa reverencia al “Alhué” primigenio del maestro González Vera y una sugerente invitación a releerlo.

Creo que la mejor presentación de un libro es la que realiza él mismo ante su lector, sin la torpeza interpretativa de intermediarios que, como el que habla, con seguridad sólo ha logrado percibir una pequeña parte de lo que él ofrece. Y en este caso de los nefilim de Omar Pérez Santiago, me atrevo a asegurar, que tal oferta no es menor.

 

La Chascona, Santiago, 8 junio del 2011


Por Alejandro Lavquén


Nefilim en Alhué (MAGO Editores). De Omar Pérez Santiago. Se trata de un conjunto de cuentos de buena factura e imaginación, cuya temática –la muerte- es tratada con sentimientos que van desde el dolor hasta la grosería, pasando por el miedo y el desprecio, según fuese la circunstancia. Entre tanto desgarro, Pérez Santiago incluso se da tiempo para filosofar sobre la literatura y la vida, como ocurre en el cuento Anette Jensen. El autor nos pone ante sucesos muy contemporáneos dentro del modo de vida de sus personajes. Las historias nos hablan de la sociedad actual y sus trastornos, donde los protagonistas, a pesar de la oscuridad de algunos de ellos, son reconocibles en nuestra cotidianidad, reconocibles en nuestro vecindario, en los anhelos, logros y frustraciones de muchos. En los relatos también está presente el humor, incluso en momentos trágicos, o cuando el autor se burla de sus pares. El cuento que da el título al libro es un relato de terror, de zombis, de asesinos, donde el fantasma de la dictadura, en su dimensión más macabra, personificada en la tortura, se hace presente.    


Pablo Lacroix, performance





Claudio Orellana, Performance


Cementerio de Alhué. Foto Claudia Pérez G.

Cortometraje de terror. de Miriam Jaque. El Diablo en Alhué





miércoles, septiembre 04, 2013

Urge púrpura la niebla: genealogía del sentimiento gótico siniestro en la poesía peruana


Elton Honores Vásquez1

Gonzalo Portals Zubiate2 (Lima, 1961) asiduo amante del horror, lo gótico, lo siniestro y lo fantástico, rara avis de la poesía peruana, acaba de publicar esta nueva edición de Urge púrpura la niebla. Poesía peruana de filiación siniestra (2008)**, libro que me toca presentar esta noche.
Lo siniestro puede ser definido como “lo funesto, lo aciago, [o] la (…) inclinación a la maldad” (V: 3949); pero ¿desde cuando este sentimiento -llamémosle así- ha estado entre nosotros?
Lo que haré, será establecer un diálogo con las ideas de Gonzalo respecto de la poesía siniestra antologada, y ejemplificar con algunos fragmentos, este tipo de poesía.

Etapa cementérica

Para Portals, lo siniestro irrumpe con claridad en el Romanticismo de mediados del siglo XIX, dada la inclinación estética de una línea del romanticismo, hacia lo tenebroso, lo fúnebre y la muerte. Si en algo se caracteriza esta etapa inicial del sentimiento gótico y siniestro, es en la inclinación y referencia hacia la muerte. Así, ésta es referida a través de un espacio concreto y físico: el cementerio. La muerte se construye como algo físico a un cuerpo-presencia, que observa y monologa.
Inevitablemente esta primera etapa, que define el autor como: “Cementérica”, en la que los poetas “acuden como quien asiste a un confesionario a intentar exculpar sus penas o a demandar la recuperación de la amada o del tiempo escabullido” (19), está marcada por el tópico del “vanitas”: es decir, la vanidad del mundo (belleza, poder, juventud) contra la que irrumpe la muerte, y homologa a todos (“Dichoso quien no ha perdido flores de su juventud!, escribe C. A. Salaverry).
En esta etapa se mezcla también el sueño barroco de “la vida como un sueño” y cierto remanente de la poesía mística, por la religiosidad implícita en algunos versos. E incluso, una imagen heredada de la poesía española, en versos de Manrique: “La vida es un río que va a dar hacia el mar/ que es el morir”, pues el espacio marino, aparecerá constantemente no solo en esta etapa sino también en las otras posteriores, con clara alusión a la muerte.
De este primer grupo de autores, llama la atención el poema de Justa García Robledo, quien en 1871 publica “A la luna”, con cierto guiño erótico insólito para el período:
[...]
Yo corría cantando alegremente,
Entusiasmada por tu puro brillo.
Risueña contemplabas mi carrera,
Y acariciabas con tu luz plateada,
Mi negra y abundante cabellera
En mis desnudos hombros derramada.
Hurtando el aire a mi jardín florido
Sembraba aromas con su raudo vuelo;
Y alzaba suavemente mi vestido
Cual si quisiera levantarme el cielo.
Portals incluye en este grupo a Mariano José Sanz, Carlos Augusto Salaverry, Clemente Althaus, Constantino Carrasco, Ricardo Rossel y Justa García Robledo.

Etapa del horror casero

La segunda etapa es denominada por el autor “Horror casero”. En ésta “el elemento tétrico o tenebroso comienza a adueñarse de los espacios (…) de ?puerta calle hacia adentro’ ” (19). Hay, aquí, evidentemente, una vuelta hacia el mundo interior desde la perspectiva de la fantasía.
La muerte deja de ser un hecho percibido, para convertirse en una experiencia del sujeto, lo que provoca una crisis, expresada en una subjetividad, que llega por momentos al paroxismo verbal. La muerte ya no es un “espacio”: es un cuerpo, una presencia. La influencia del modernismo, además de Poe y de Baudelaire, hace que en esta segunda etapa, irrumpa también lo demoníaco o lo satánico.
Este grupo incluye a autores disímiles como Manuel González Prada, Arturo Villalva, Federico Barreto, José María Eguren, José Santos Chocano, Roger Luján Ripoll, Luis Alayza Paz Soldán, Abraham Valdelomar, Pedro S. Zulen, Renato Morales de Rivera, César A. Rodríguez, César Vallejo, Miguel A. Urquieta, Augusto G. Berríos, Federico Boñalos, Luis Berninsone, Ernesto More, Alberto Rivera y Piérola, Alcides Spelucín, José Choino, Carlos Dante Nava, Germán Campos, Ramiro Pérez Reinoso, César Cáceres Santillana, Daniel Ruzo, Magda Portal, Alberto de Zuleta, Armando Bazán, José Torres de Vidaurre, Alfonso de Silva [seudónimo de Alfonso Silva-Santisteban], Enrique Peña Barrenechea, Xavier Abril y Rafael Arenas y Pezet.
De este grupo, destaca, Renato Morales de Rivera, quien en “Fantasía Sabática” (1940), escribía:
Helados, cruentos
y pestosos
vientos de la inesperanza
pudren todos los sentimientos
generosos (…)
un rojo, incandescente
velo de maldición
anubla lentamente
toda la visión de lo real.
En sus tranquilas
seculares cavernas
se derrumban las normas
eternas,
y aquella transfiguración monstruosa de las formas
pone el horror en mis pupilas
y el pánico en mi corazón. (…).
Otro autor es Augusto G. Berríos, quien en “Búcaros negros” de su libro Los poemas estrangulados (1943), dice:
Ya la muerte
araña negra
fatiga mi noche
y me aprieta entre sus garfios
el corazón:
copa
donde tantos dioses
abrevaron jugos
de luna:
mis neuronas crepitantes.
Y Luis Berninsone, figura importante dentro de esta tradición poética soterrada, con un libro completo adscrito a lo gótico, titulado Walpúrgicas (1917). En el poema “¡Aleluya al bardo maldito!”, escribe:
Salve al bardo maldito embrujado en lo estrambótico…! (…)
¡Al del hórrido empíreo, macabramente caótico,
y de seráficos gnómides: dantesca corte espectral…!
¡Y que en el lúbrico sábado de su aquelarre neurótico,
decrépita bruja estupra ¡sensualmente sepulcral! (…)
Y en “Himno a la noche”, concluye:
(…)
Virgen de báquicos senos de lirio ¡te quiero violar!
¡Símbolo negro, en la flor de tu sexo, espectral calavera!
¡Noche! No importa ni que ósea floresca en tu sexo… en la flor…!
¡Maga astrológica! es vano… no puede el encanto: tus SUEÑOS
¡Circe, yo voy aspirando el perfume de flores del Mal…!

Etapa del tenebrismo social

La tercera etapa, es denominada por Portals como el “Tenebrismo social”, caracterizado a partir de la obra de Manuel Moreno Jimeno, como “la exposición flagrante del dolor” (20); sumándose a esta etapa la “hondura psicológica” (20) de Juan Ríos. A ellos se agregan Mario Puga, Carlos Alberto Fonseca [seudónimo de Nelly Fonseca Recavarren], Aníbal Portocarrero, Gladis Basagoitia Dazza, Roger Darío de la Vega, Florencia del Río y Marco Antonio Guerrero Caballero.
En esta etapa caben autores importantes de la tradición poética como Jorge Eduardo Eielson, Manuel Scorza, Gustavo Valcárcel y Efraín Miranda (“Enfermo en la tierra deseo vivir en el agua. Junto al peñón elevado de la isla mi cuerpo es profundo, y en el fondo de mi alma refleja total oscuridad”, p.163), miembros de la llamada Generación del cincuenta.
Es oportuno considerar esta tercera etapa como la de madurez en la expresión del sentimiento siniestro, pues se consigue un equilibrio entre el sentimiento y la forma. Quizás sea importante destacar la obra de Juan Ríos, quien en “Infierno recuperado”, escribía:
(…)
Y mientras el triunfal gusano ruge, los cadáveres se pudren en las vitrinas de la muerte. Porque el hombre es más pequeño que su sombra. Y nadie muere sin dolor, nadie olvida sus insidiosos sueños, nadie se resigna a dejar de ser lo que jamás ha sido.
(…)
No hablo del infierno. De la feroz ciudad estoy hablando. De la feroz, llagada ciudad con sus cien establos acezantes donde los cuerpos se entregan los hailinos jaguares de la sífilis. No. No hablo del vicio, sino del hedor. No hablo del prostíbulo. Hablo del vientre pútrido del hambre, la cloaca…
(…)
Sin vida yacen los solitarios dentro de sus palpitantes ataúdes.
(…)

Etapa de la metafísica de lo oscuro

Una cuarta etapa es definida por Portals, como la “Metafísica de lo oscuro”, expresado en Juan Ojeda -poeta de los años sesentas-, casi como único autor de tránsito, entre la última etapa. Ojeda escribía en “Crónica de Boecio”:
[...]
Así, hemos elegido, tal vez,
un lenguaje que los dioses, ahítos ya de días,
abominan con innoble desencanto.
Tierra de los dioses que el hombre habita,
y bajo el murmullo del tiempo
una muerte segura.
Pero los dioses se cuidan
de ser demasiado terrestres,
Y esa es nuestra futilidad.

Etapa de emulsión de los fueros internos

Esta última etapa, que domina básicamente la producción de los años ochentas en adelante, es definida por Portals como una etapa “enmarañada, atomizada por fantoches y aprendices de vampiros, remedos de héroes góticos (…)” (20); en donde la expresión de lo siniestro se “estabiliza” como sentimiento, lo cual, inevitablemente, hace que sean más los elementos comunes, que los propiamente originales. Evidentemente nos encontramos ante una poesía que asimila la perspectiva cinematográfica y que recurre a una presencia constante: el vampiro.
En esta etapa se ubica la obra de Miguel Cabrera, Óscar Málaga, Javier Huapaya, Patrick Rosas, Enriqueta Beleván, Carlos López Degregori, Michel Mitrani, Guiliana Mazzetti, Enrique Hulerig, Mauricio Piscoya, Monserrat Álvarez, Leo Zelada y Raúl Solís.

Coda

¿Qué podemos desprender de este breve panorama del sentimiento poético siniestro, y sobre todo, de la excelente antología de Gonzalo Portals? Que lo siniestro, como muchas otras líneas temáticas -como el horror, lo gótico, lo fantástico- han sido y siguen siendo temáticas excluidas. Aquello que sale de la normalidad será siempre perturbador.
Además, el sentimiento de lo siniestro se formaliza a lo largo de nuestra tradición poética, a partir de símbolos como la muerte y el sueño que se homologan; además de la noche y la luna, como espacios del caos y de la irracionalidad; a ellos se suman los aquelarres, lo demoníaco y cierto elemento religioso, que permite al hablante poético interpelar, de modo directo o indirecto, a Dios como el Hacedor del mundo.
Poesía de las sombras, de lo oscuro, esta poética de lo siniestro cuestiona nuestra existencia, nos interroga respecto a nuestra condición de “cuerpos”, provocando una tensión entre lo real y lo ideal. La muerte es así transgredida y subvertida al punto de señalar -tan magistralmente- como Juan Ríos: “¡Solo sabrás la verdad cuando veas a los difuntos beber sangre!”.
Lima, 06 de septiembre de 2008
* Texto con leves modificaciones leído en la presentación Urge púrpura la niebla (Poesía peruana de filiación siniestra) (2008) de Gonzalo Portals, realizada en el “II Festival Oscuro” de Lima, el día sábado 06 de septiembre de 2008, a las 11:00 pm., en el Mao Bar.
** Disponible en la librería Commentarios.

1 Elton Honores Vásquez (Lima, 1976). Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Bachiller y Licenciado en Educación por la misma universidad. Es especialista en narrativa fantástica peruana. Ha publicado reseñas y artículos de investigación en diversas revistas de literatura, además de un estudio sobre lo fantástico en el Perú, titulado “Oficio del buen sepulturero: Exhumación de la narrativa fantástica peruana”, incluido en La estirpe del ensueño (2008). Ha sido ponente en eventos nacionales e internacionales de literatura. Formó parte del Comité Organizador del I Coloquio Internacional de Narrativa Fantástica: “Manifestaciones de lo fantástico peruano” (2008). Tiene concluida la tesis de licenciatura: El cuento fantástico en la narrativa del cincuenta: 1950-1959.
2 Gonzalo Portals Zubiate (Lima, 1961). Escritor, periodista e investigador independiente. En poesía ha publicado Piedecuesta (1993) Premio Copé de Poesía, Confirmaciones de un descreído (1995) Casa de tablas (1997), Itinerario del cuerpo (1998), Histología (2000). En narrativa: Astro regente: Luna (1996), El designio de la luz (1999), Reyezuelo (2000). En el campo de la investigación ha publicado La estirpe del ensueño. Narrativa peruana de orientación fantástica (3ra edición del autor, 2008). Junto a Rubén Quiróz y Carlos Carnero, editaron Los otros (2006), en donde rescatan cuatro libros de poesía peruana: Peces de Betún (197?) de Mercedes Delgado, Los puentes (1955) de Augusto Lunel, Walpúrgicas (1917) de Luis Berninsone, Idiota del Apocalipsis (1967) de Guillermo Chirinos Cúneo.

lunes, abril 01, 2013

Precisiones necesarias sobre la literatura fantástica



Narrativas del Caos, Elton Honores.
Cuerpo de la Metáfora editores, 2012


El profesor Elton Honores propone una enmienda importante sobre la conceptualización de la literatura fantástica en su libro “Narrativas del caos” y le otorga una amplitud, profundidad y ductilidad al concepto al proponer una nueva noción: la “narrativa de lo imposible” o “narrativa del caos”, para hacer mayor la contraposición con la literatura realista.  “Lo que define a la literatura fantástica es lo imposible”.

Memorias eróticas de una chileno en Suecia de Omar Pérez-Santiago. Lorena Amaro, Juan Pablo Sutherland, Carlos Olivárez.

  Amor a las suecas [artículo] / Lorena Amaro. Las Últimas Noticias (Diario : Santiago, Chile)-- abr. 18, 1993, p. 8-9 (suplemento) retr. Me...