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martes, junio 14, 2022

VENGO DE UNA ÉPOCA

 


Vengo de una época en que los libros que leíamos eran las novelas de Julio Cortázar, Rayuela de 1963 o de Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad de 1967. Le debo la obligación de leerlas al profesor Muñoz (de cuyo nombre recordar no puedo), del Colegio Claretiano en la Gran Avenida de San Miguel. El profe, que no era muy alto y se empinaba para escribir en el pizarrón, nos contagió su entusiasmo por los escritores del boom. (Es un decir. En verdad, estábamos forzados a leer. No había resúmenes de Google)

Vengo, pues, a reivindicar la labor del profe.

En el cuento de Cortázar, “La señorita Cora”, de Todos los fuegos el fuego, 1966, Pablo, un estudiante de 15 años, (como yo), tenía que operarse el apéndice. La señorita Cora, la linda enfermera, debía afeitarlo allá abajo. El pudor de ese Pablo, era mi pudor.

O el cuento “Reunión” del mismo libro, sobre un revolucionario que desembarca en una isla con un grupo de camaradas, para iniciar la revolución. Se presume que el protagonista era el asmático Che Guevara y su camarada Fidel Castro en Cuba. El cuento tiene un epígrafe de una cita del Che de sus pasajes de guerra revolucionaria publicado en el 1961:

“Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol, se dispone a acabar con dignidad su vida.”

El cuento del popular norteamericano Jack London (1876-1916) de un ser humano que se enfrenta dramáticamente a su supervivencia, se llamaba “Encender una hoguera” de 1908. Un hombre y su perro luchan contra la naturaleza, el frío de Yukón. Va  a morir de hipotermia. En algún momento pensó en matar a su perro para usarlo de protección. El perro se da cuenta de las malas intenciones y le toma distancia. Finalmente, el hombre desea morir con dignidad. 

Morir de pie con decoro.

Era, en el fondo, una cristología moderna. La ilusión del bien y el mal. Un mito laico religioso de redención con la mediación de un Cristo en la cruz. Morir por la causa. Un cariño a la entrega moral de cuño apocalíptico.

Esa era la fe que me inspiraba esa literatura.

La literatura parecía pegada a la vida. Las obras que leíamos eran nuevas. Casi recién publicadas.

Vengo de una época en que me parecía que cuando se escribían esas obras, las cosas dramáticas que se contaban allí estaban ocurriendo. Era algo real maravilloso, estar dentro de la película.

Por ejemplo. El Che viajaba en avión desde Argelia. El escritor cubano Roberto Fernández Retamar tenía en el bolsillo  el cuento de Cortázar, “Reunión”.  Le dijo al Che: “Un compatriota tuyo ha escrito este cuento donde eres el protagonista”. El Che dijo: “Dámelo”. Lo leyó, se lo devolvió y dijo: “Está muy bien pero no me interesa”. El escritor cubano movió sus ojos planos y se ajustó su boina como disculpándose.

Al Che no le interesó un cuento donde él era protagonista.

El Che moriría en 1967, en Bolivia, con decoro.

Y se transformó para muchos jóvenes, para mí, en un Cristo y en una imagen de polera.

Un día de 1970 apareció en las portadas de los diarios una foto de mi amigo Rigo Quezada, estudiante del liceo 6 de San Miguel. Llevaba pelo largo y zapatos rotos como indigente. Lo habían arrestado en la selva de Chaihuín por intentar formar una escuela de guerrillas, con la fe del Che.

Poco después, mismo año, a unos pasos del Colegio Claretiano, el alcalde de San Miguel, el socialista Tito Palestro, con rara voz de barítono, inauguró en la Gran Avenida, una estatua de bronce del «Che» Guevara, “para que la juventud se inspire”.  

Todo me parecía que ocurría en La Gran Avenida.        

Ese mismo año vi caminar a Julio Cortázar por Santiago. Iba entrando a La Moneda a saludar al presidente Allende. Una amiga gritó con femenina voz puberfónica: 

¡Mira ahí va Cortázar! 

Corrimos. Cortázar, como un gigante, sobresalía por su altura entre periodistas de tamaño chilensis. Cortázar medía más un metro noventa, o algo así.

Así pasaron las cosas, en esa época de la que vengo.

Vengo de una época en que la literatura y la realidad parecían una sola.

sábado, septiembre 22, 2007

Julio Cortázar fue el que dibujó la rayuela que está en la portada de su libro.


De visita en Chile, mi hija traslada sus cajas con libros a su nueva casa en las cercanías de Talca, donde yo paso unas fiestas dieciocheras con familia, amigas y amigos. Hurgando en esas cajas me encontré con el libro del escritor argentino Mario Goloboff, Julio Cortázar. La biografía.

El libro me apresó y me distrajo varias horas de la activa vida social que ocurría a mi alrededor, como paseos a caballo, caminatas al río y juegos de brisca.
Lo terminé leyendo tirado en la verde hierba, bajo unas nubes muy blancas y un cielo muy azul de la región del Maule.

El libro es admirable pues repasa la cultura literaria de esas décadas, reubica sus obras y re plantea las interrogantes.

Me solazan los datos inútiles: me entero que Cortázar fue el que dibujó la rayuela que está en la portada de su libro. También las historias con sus mujeres: Aurora Bernández, Ugné Karvelis y Carol Dunlop.

Carol Dunlop

Y esos temas elucidarios: La hora de los chacales cuando Heberto Padilla publica Fuera de juego en Cuba y Cortázar escribe:.

“De que sirve escribir la buena prosa
De qué vale que exponga razones y argumentos
Si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo,
lo mutilan, le sacan lo que quieren , dejan de lado el resto”

O sus intentos de superar la división tradicional entre política y literatura.
Se discutía mucho si Cortázar era moralmente competente para escribir sobre Argentina, si vivía en París.
(Debate muy argentino, ¿no? Roberto Bolaño escribió todas sus novelas fuera de Chile, al igual que Isabel Allende).

De improviso, tirado sobre el pasto y mirando el cielo maulino rememoro a Julio Cortázar cuando visitó Chile de Salvador Allende. Una masa de periodistas y fanáticos alrededor del Palacio La Moneda y en el centro del tumulto se veía la larga figura de Julio Cortázar.

El libro copia al final el debate y cuchillazos de cuando Cortázar publicó El Libro de Manuel. Un libro muy de moda entonces. La Opinión Cultural publicó en 1974 bajo el título La responsabilidad del intelectual latinoamericano las discusiones argentinas sobre el Libro de Manuel, el premio Médicis que ganó en París y que Cortázar regaló a la Resistencia Chilena, en manos de don Rafael Gumucio.
Allí se refocilan María Rosa Oliver, Ricardo Piglia, Aníbal Ford, Ernesto Goldar, Haroldo Conti, Jorge Abelardo Ramos.

¡Qué contiendas!

jueves, agosto 02, 2007

Tengo que contar esto de Antonioni -Cortázar

"De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece que es un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, enseguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se averguenza de respirar o de ponerselos zapatos; son cosas, que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro... Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago."
Este párrafo es de Julio Cortázar de su cuento Las babas del diablo. El cuento me gusta y el párrafo, no se bien por qué (miren lo que son las cosas), lo encuentro notable
Antonioni realizó Blow up en 1966 basado en el cuento. También notable. Tenía que contarlo. Que yo sepa nadie ha explicado por que tenía que contarlo.

Foto David Hemmings en Blow up de Antonioni

Memorias eróticas de una chileno en Suecia de Omar Pérez-Santiago. Lorena Amaro, Juan Pablo Sutherland, Carlos Olivárez.

  Amor a las suecas [artículo] / Lorena Amaro. Las Últimas Noticias (Diario : Santiago, Chile)-- abr. 18, 1993, p. 8-9 (suplemento) retr. Me...