domingo, diciembre 24, 2006

Navidad, muerte del tirano y esculturas de cómic en San Miguel

Foto de Ignacio Iñiguez
“Ahora que ha muerto el tirano, el bautizo de Mampato es un símbolo del renacimiento de la democracia y la cultura”, dijo el viernes pasado el padre claretiano José Miguel Valenzuela en la ceremonia de bautizo de la escultura de Mampato en San Miguel. El cura decía mucha verdad, según mi opinión.
Jorge Montealegre y Héctor Morales en su libro "Von Pilsener, primer personaje de la historieta Chilena", de 1993, establecieron que 1906 fue el año del surgimiento del primer personaje de comic, Von Pilsener.
Ese rescate serviría para que entusiastas agrupados en el Centro de Cómic de San Miguel (Patricio Flores, Emilio Gutiérrez, Edwin Salinas, Jorge Pérez Santiago) estableciéramos que la comuna de San Miguel era la cuna de la historieta, pues allí vivió Pedro Subercaseaux, el creador de Von Pilsener. Y entonces y como consecuencia, pensamos en rendir homenaje y construir una estatua, que luego sería un parque con personajes totémicos como Condorito, Von Pilsener, Mampato, Ogú y Pepe Antártico
Inicialmente, con un Fondart de algo más de 7 millones de pesos, y el apoyo de la Casa de la Cultura de San Miguel, financiamos un taller en el viejo gimnasio municipal y con un grupo de 6 ayudantes, dirigidos por Sammy Salvo, durante cinco meses se levantaron las esculturas con armaduras de fierro, recubiertas con concreto, y pintadas con óleo.
La primera escultura se colocó en el año 2000, Condorito. El resultado de Salvo generó controversias y reproches estéticos. El Consejo de Monumentos solicitó que se madurara el tema matérico.
Efectivamente, en esos años, y con el mandato de renovar la plasticidad de las esculturas, iniciamos una ronda de sondeos, que duró largo tiempo. Luis Santibáñez, arquitecto paisajista de vasta cultura, uno de los creadores del Parque Villa Grimaldi, nos ayudó a resolver el tema de la coherencia del parque en su conjunto y fue con él que decidimos agregar el Parque de la Fama, cerámicas al piso con dibujos de los más distintivos personajes del cómic chileno.
En el marco de esa investigación fui con Luis y mi hermano Jorge a hablar con el talentoso y emblemático escultor nacional, Mario Irarrázabal. El maestro nos recibió en su parque de esculturas en Peñalolen. Efectivamente, sus esculturas estaban cubiertas con menudas cerámicas de tonos grises, que le daban un tono elegante. En su taller Mario nos explicó, con su agradable humor, su larga y profunda reflexión sobre la materialidad, sus compromisos plásticos, el uso de la cerámica en la escultura (Gaudi, la cúpula moscovita, etc) y nos estimuló a colocarle cerámicas de colores que le inoculan una dialéctica plástica más calculada. También el poeta y profesor Sergio Badilla nos ayudó con sus reflexiones sobre las coordenadas teóricas del arte totémico moderno.
El 2006, con el soporte del alcalde Julio Palestro, la Corporación Municipal obtuvo 32 millones de pesos del Consejo Regional para el Parque y sus nuevas ideas. Esta vez el parque recibió el apoyo técnico artístico del paisajista Emilio Cifuentes. Tal como lo sugirió Mario Irarrázabal, Condorito, Von Pilsener, Mampato, Ogú y Pepe Antártico fueron recubiertas de cerámicas por Emilio Gutiérrez y Jorge Pérez Santiago y los ayudantes Jorge Delgado, Francisco Armijo, Emersson Pérez, y Daniel Piña. Esas esculturas han sido instaladas ahora en diciembre del 2006. En marzo inauguraremos el Paseo de la Fama del cómic chileno.
El viernes pasado, el padre Claretiano dijo: “Ahora que ha muerto el tirano, el bautizo de Mampato es un símbolo del renacimiento de la democracia y la cultura” .
Efectivamente, de algún modo literal esto es así. Varios de los protagonistas de del parque de cómic, mis amigos Jorge Montealegre, Mario Irrarázabal, Sergio Badilla, fueron torturados y exiliados; el Alcalde Palestro y su familia, yo mismo y mi familia, perseguidos y exiliados por el tirano.
Como dijo el José Miguel Valenzuela, esto es un símbolo de democracia y cultura. Es lo que les deseo, por lo demás, cordialmente, a todos ustedes en estas fiestas.
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domingo, diciembre 17, 2006

Novela de la dictadura

Hace más de treinta años se inició una era, y se rumorea, que está llegando a su fin. Se dice que no se ha escrito aún la novela de la dictadura de Pinochet. Se dice que de algún modo no se habría escrito algo esencial sobre ese periodo. Sospecho que lo dicen pues buscan la pomposa novela total, obra abarcadora, novelas como las de antes, tipo Conversación en la catedral, El Otoño del Patriarca o La Fiesta del Chivo, con visiones comprensivas y abarcadoras de la totalidad. Pero, eso está ahora en desuso. Esto lo sabe cualquiera: las nuevas generaciones ya no escriben así y ya difícilmente lo harán en el futuro. Tampoco nosotros, los lectores, leemos igual que antes. A libros posmodernos, lectores posmodernos. No leemos en forma recta, desde el comienzo hasta al final. Somos lectores civiles, de medios electrónicos e hipertextuales. Inferimos. Saltamos. Somos laicos. No leamos como un cura, buscando ontologías.
Pero, si no hay novela total, hay mosaicos, y de diversa calidad. El listado es diverso y enorme y convendría en algún momento hacer una verdadera recopilación. Recordemos nuestras lecturas.
Las primeras novelas de la dictadura son la historia inmediata: el Chile allendista, su caída y la violencia inmediata: La guerra interna (1979) de Volodia Teitelboim, El paso de los gansos (1975) de Fernando Alegría, Salvador Allende (1973) de Enrique Lafourcade, Casa de Campo (1978) de José Donoso, A partir del fin (1981) de Hernán Valdés, La casa de los espíritus (1982) y De amor y de sombra (1984) de Isabel Allende, La sang dans la rue (1978) de Guillermo Atías, Actas de Marusia (1993) de Patricio Manns, Soñe que la nieve ardía (1975) de Antonio Skármeta, Los búfalos, los jerarcas y la huesera (1977) y Abel Rodríguez y sus hermanos (1981) de Ana Vásquez, Un día con su excelencia (1981) e Himno nacional (2001) de Fernando Jerez, La Casa Vacía de Carlos Cerda, La Desesperanza de José Donoso, El gran Taimado (1984) de Lafourcade, Cien águilas de Germán Marín, La muerte y la doncella (1992) de Ariel Dorfman.
Las novelas de la diáspora son también novelas de la dictadura: Eva Luna (1987) de Isabel Allende, El jardín de al lado (1981) de Donoso, No pasó nada (1980) y La insurrección (1985) de Antonio Skármeta, Frente a un hombre armado (1981) de Mauricio Wacquez, Nuestro años de verde olivo (2000) de Roberto Ampuero y Cobro revertido (1992) de José Leandro Urbina.
La generación de los ochenta ha escrito muchos, muchos cuentos sobre la dictadura y alguien debería juntarlos y hacer una antología. Pero también varias novelas: La Partida (1991) de Jorge Calvo, la mayoría de las novelas de Ramón Díaz Eterovic, Todo el amor en sus ojos (1990) de Diego Muñoz, A fuego eterno condenados (1994) de Roberto Rivera, Los años de la serpiente (1991) de Antonio Ostornol, Tengo miedo torero (2001) de Pedro Lemebel y Nocturno en Chile de Roberto Bolaño.
Hay, por lo demás, una abundante literatura testimonial: Chile: Prisión en Chile (1977) de Alejandro Witker, Dawson (1984) de Sergio Vuskovic, Chile, el estadio, los crímenes de la junta militar (1974) de Sergio Villegas, Tejas Verdes (1974) de Hernán Valdés, Nunca de rodillas (1974) de Rodrigo Rojas, Testigo presencial (1981) de Francisco Reyes, Diario de un preso político chileno (1979) de Haroldo Quintero, Cerco de púas (1977) de Aníbal Quijada, Chacabuco (1974) de Jorge Montealegre, Two Years in Chilean Concentration Camps (1977) de Belisario Henríquez, Viaje al infierno (1984) de Alberto Gamboa, Puchuncaví, resistencia cultural en campos de concentración chilenos (1979) de Urs Fietchner, Escribo sobre el dolor y esperanza de mis hermanos (1976) de Luis Alberto Corvalán, Prigué (1977) de Rolando Carrasco, Chile: 11808 horas en los campos de concentración (1975) de Manuel Cabieses, Isla 10 (1987) de Sergio Bitar, La vida a través de una reja (1981) de Osvaldo Ahumada, Tienes que Llegar Silbando de Franklin Quevedo y de Patricia Verdugo: Una herida abierta (1979), André de La Victoria (1984), Quemados vivos (1986), Los zarpazos del puma (1989), Operación siglo XX (1990), Tiempo de días claros (1990), Interferencia secreta (1998) y Bucarest (2001). Estos libros son algunos ejemplos de una lista no completa.
Una de los primeros testimonios de la nueva generación de escritores es Relato en el frente chileno publicada en Barcelona el año 1997 por Michell Bonnefoy, bajo el seudónimo de Ilario Da. Bonnefoy tenía apenas 21 años cuando publicó este libro. Es bueno recordar, para nuestra dignidad, que hubo muchos jóvenes que se resistieron activamente a la dictadura. Eran valientes y heroicos. Bonnefoy relata con la calidad de una gran novela, como tres jóvenes resisten a la dictadura y luego se pierden en una región siniestra, esas instituciones del horrorismo de Estado que existieron en Chile, donde el subhumano del guatón Romo, tenía su lugar de trabajo. Es una verdadera novela de terror y, a la vez, de héroes, ejemplo de jóvenes chilenos dignos. Relato del frente chileno, 26 años después de haber sido enviado a la imprenta por vez primera, fue reeditado en Santiago. Su relectura es toda una sorpresa. Yo, ciudadano chileno, la recomiendo como lectura voluntaria para los estudiantes.
Publicado inicialmente en Utopista pragmático, La Nación, mayo 2003 y en el libro
Escritores de la Guerra, Foro Nórdico, 2004; Editorial Universidad Bolivariana, 2008.

domingo, diciembre 10, 2006

La muerte de Pinochet y los escritores

Estoy de acuerdo con Bachelet por Jorge Edwards
La agonía, la muerte, etc de Rodrigo Fresán
Adiós dictador de Aristóteles España
Video Clip de Juan Cameron
Un día de tristeza y alegría de Reinaldo Edmundo Marchant
Hoy es un mal día para el diablo de Carlos Fuentes

Luis Sepúlveda
"Cada vez que algún miserable fallece, abro una botella de vino. Pero para el sátrapa, para el asesino, el cínico ladrón, el cobarde, el traidor de Pinochet, tuve dispuesta una botella de Dom Perignon. Es un reserva especial y me la obsequió con ese fin mi querido amigo Vittorio Gassman. Ahora, la Justicia debe seguir adelante."

Antonio Skármeta
"Una dictadura tan cruel deja secuelas. La sociedad fue tan ultrajada que hoy es más conservadora. La herencia de Pinochet sigue presente."

Ariel Dorfman
"Pinochet era la personificación de la tiranía, el culpable de los asesinatos que convirtieron a Chile en una copia infeliz del infierno."

Murió el fantasma que se nutría de pulmones

Murió el fantasma que se nutría de pulmones
Las canciones sueltan sus amarras por los mares libres
Murió el vampiro que sorbía los globos de la luz
Las flores lanzan campanadas sobre el mundo
Murieron las aves de rapiña en su leyenda negra
Las olas juegan como los niños
Murió el señor de las batallas y la señora de las llagas
Los árboles bailan tomados de la mano

Vicente Huidobro,
"Ver y Palpar" 1941.

martes, diciembre 05, 2006

HE COMETIDO EL PEOR DE LOS PECADOS...

Jorge Luis Borges

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron
para el juego arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

jueves, noviembre 30, 2006

Leo Ríos, Jorge Pavez, Jorge Montealegre y Eduardo de la Barra atentos a la jugada

Leo Ríos, Jorge Pavez, Jorge Montealegre y Eduardo de la Barra atentos a la jugada,
durante la premiación de los Von Pilsener.
La historia es la siguiente: Es un día muy lluvioso de 1993. Recuerdo muy bien que Santiago soporta un diluvio realmente biblíco. Ese día sería la presentación del libro "Von Pilsener, primer personaje de la historieta Chilena", de Editorial Asterión con la investigación de Jorge Montealegre y Héctor Morales, donde establecen un hito nacional: el año 1906 sería el año del surgimiento de la moderna historieta chilena.
Ese hecho causó otro hito: ese rescate serviría para que otros fanáticos del dibujo humorístico, unos años después, establecieran que la comuna de San Miguel es la cuna de la historieta, pues allí vivió Pedro Subercaseaux, el creador de Von Pilsener. Y entonces y como consecuencia, se pensó en rendir homenaje a Subercaseaux y construir una estatua, que luego sería un parque de historietas.
¿Ven como son las cosas?
Así fue como este año, el 2006, el país reconoció y celebró el centenario de la historieta.
Más aún. En esa ocasión Jorge Montealegre, que ahora es secretario ejecutivo del fondo del libro, estableció un premio a cuatro dibujantes por su trayectoria. Los que recibieron el premio fueron los artistas de excelencia: Vicar, Themo Lobos, Hervi y Palomo. El lugar de la premiación fue La Casa de la Cultura, donde vivió Pedro Subercaseaux en San Miguel.
Así pues se escribe la historia. Circularmente.

martes, noviembre 28, 2006

Ilustrísimos dibujantes

Hervi, Condorito y Washington
Jorge Pávez del Colegio de profesores entrega el premio Von Pilsener a Palomo

El alcalde Palestro entrega el premio a Vicar
Un buen relato del premio lo encuentran en Capitán Chile
Y un perfil de Hervi, Vicar, Palomo y Themo Lobos en Surplástica

jueves, noviembre 23, 2006

La Intrusa de Borges

De la época de Ramses V, guardado en el British Museum de Londres y escrito por el escriba Ennana es El cuento de los dos hermanos.
Hay cientos de versiones de este cuento, el más viejo de los cuentos escritos conservados.
Hans Christer Andersen
tiene su versión.
Y los hermanos Grimm,
tienen el suyo.

Y Jorge Luis Borges, el cuento La Intrusa:


La Intrusa
Jorge Luis Borges

Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe. Años después, volvieron a contármela en Turdera, donde había acontecido. La segunda versión, algo más prolija, confirmaba en suma la de Santiago, con las pequeñas variaciones y divergencias que son del caso. La escribo ahora porque en ella se cifra, si no me engaño, un breve y trágico cristal de la índole de los orilleros antiguos. Lo haré con probidad, pero ya preveo que cederé a la tentación literaria de acentuar o agregar algún pormenor.
En Turdera los llamaban los Nilsen. El párroco me dijo que su predecesor recordaba, no sin sorpresa, haber visto en la casa de esa gente una gastada Biblia de tapas negras, con caracteres góticos; en las últimas páginas entrevió nombres y fechas manuscritas. Era el único libro que había en la casa. La azarosa crónica de los Nilsen, perdida como todo se perderá. El caserón, que ya no existe, era de ladrillo sin revocar; desde el zaguán se divisaban un patio de baldosa colorada y otro de tierra. Pocos, por lo demás, entraron ahí; los Nilsen defendían su soledad. En las habitaciones desmanteladas dormían en catres; sus lujos eran el caballo, el apero, la daga de hojas corta, el atuendo rumboso de los sábados y el alcohol pendenciero. Sé que eran altos, de melena rojiza. Dinamarca o Irlanda, de las que nunca oirían hablar, andaban por la sangre de esos dos criollos. El barrio los temía a los Colorados; no es imposible que debieran alguna muerte. Hombro a hombro pelearon una vez a la policía. Se dice que el menor tuvo un altercado con Juan Iberra, en el que no llevó la peor parte, lo cual, según los entendidos, es mucho. Fueron troperos, cuarteadores, cuatreros y alguna vez tahúres. Tenían fama de avaros, salvo cuando la bebida y el juego los volvían generosos. De sus deudos nada se sabe y ni de dónde vinieron. Eran dueños de una carreta y una yunta de bueyes.
Físicamente diferían del compadraje que dio su apodo forajido a la Costa Brava. Esto, y lo que ignoramos, ayuda a comprender lo unidos que fueron. Malquistarse con uno era contar con dos enemigos.
Los Nilsen eran calaveras, pero sus episodios amorosos habían sido hasta entonces de zaguán o de casa mala. No faltaron, pues, comentarios cuando Cristián llevó a vivir con él a Juliana Burgos. Es verdad que ganaba así una sirvienta, pero no es menos cierto que la colmó de horrendas baratijas y que la lucía en las fiestas. En las pobres fiestas de conventillo, donde la quebrada y el corte estaban prohibidos y donde se bailaba, todavía, con mucha luz. Juliana era de tez morena y de ojos rasgados; bastaba que alguien la mirara, para que se sonriera. En un barrio modesto, donde el trabajo y el descuido gastan a las mujeres, no era mal parecida.
Eduardo los acompañaba al principio. Después emprendió un viaje a Arrecifes por no sé qué negocio; a su vuelta llevó a la casa una muchacha, que había levantado por el camino, y a los pocos días la echó. Se hizo más hosco; se emborrachaba solo en el almacén y no se daba con nadie. Estaba enamorado de la mujer de Cristián. El barrio, que tal vez lo supo antes que él, previó con alevosa alegría la rivalidad latente de los hermanos.
Una noche, al volver tarde de la esquina, Eduardo vio el oscuro de Cristián atado al palenque En el patio, el mayor estaba esperándolo con sus mejores pilchas. La mujer iba y venía con el mate en la mano. Cristián le dijo a Eduardo:
-Yo me voy a una farra en lo de Farías. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés, usala.
El tono era entre mandón y cordial. Eduardo se quedó un tiempo mirándolo; no sabía qué hacer. Cristián se levantó, se despidió de Eduardo, no de Juliana, que era una cosa, montó a caballo y se fue al trote, sin apuro.
Desde aquella noche la compartieron. Nadie sabrá los pormenores de esa sórdida unión, que ultrajaba las decencias del arrabal. El arreglo anduvo bien por unas semanas, pero no podía durar. Entre ellos, los hermanos no pronunciaban el nombre de Juliana, ni siquiera para llamarla, pero buscaban, y encontraban razones para no estar de acuerdo. Discutían la venta de unos cueros, pero lo que discutían era otra cosa. Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba. Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto, de algún modo, los humillaba.
Una tarde, en la plaza de Lomas, Eduardo se cruzó con Juan Iberra, que lo felicitó por ese primor que se había agenciado. Fue entonces, creo, que Eduardo lo injurió. Nadie, delante de él, iba a hacer burla de Cristián.
La mujer atendía a los dos con sumisión bestial; pero no podía ocultar alguna preferencia por el menor, que no había rechazado la participación, pero que no la había dispuesto.
Un día, le mandaron a la Juliana que sacara dos sillas al primer patio y que no apareciera por ahí, porque tenían que hablar. Ella esperaba un diálogo largo y se acostó a dormir la siesta, pero al rato la recordaron. Le hicieron llenar una bolsa con todo lo que tenía, sin olvidar el rosario de vidrio y la crucecita que le había dejado su madre. Sin explicarle nada la subieron a la carreta y emprendieron un silencioso y tedioso viaje. Había llovido; los caminos estaban muy pesados y serían las once de la noche cuando llegaron a Morón. Ahí la vendieron a la patrona del prostíbulo. El trato ya estaba hecho; Cristián cobró la suma y la dividió después con el otro.
En Turdera, los Nilsen, perdidos hasta entonces en la mañana (que también era una rutina) de aquel monstruoso amor, quisieron reanudar su antigua vida de hombres entre hombres. Volvieron a las trucadas, al reñidero, a las juergas casuales. Acaso, alguna vez, se creyeron salvados, pero solían incurrir, cada cual por su lado, en injustificadas o harto justificadas ausencias. Poco antes de fin de año el menor dijo que tenía que hacer en la Capital. Cristián se fue a Morón; en el palenque de la casa que sabemos reconoció al overo de Eduardo. Entró; adentro estaba el otro, esperando turno. Parece que Cristián le dijo:
-De seguir así, los vamos a cansar a los pingos. Más vale que la tengamos a mano.
Habló con la patrona, sacó unas monedas del tirador y se la llevaron. La Juliana iba con Cristián; Eduardo espoleó al overo para no verlos.
Volvieron a lo que ya se ha dicho. La infame solución había fracasado; los dos habían cedido a la tentación de hacer trampa. Caín andaba por ahí, pero el cariño entre los Nilsen era muy grande -¡quién sabe qué rigores y qué peligros habían compartido!- y prefirieron desahogar su exasperación con ajenos. Con un desconocido, con los perros, con la Juliana, que habían traído la discordia.
El mes de marzo estaba por concluir y el calor no cejaba. Un domingo (los domingos la gente suele recogerse temprano) Eduardo, que volvía del almacén, vio que Cristián uncía los bueyes. Cristián le dijo:
-Vení, tenemos que dejar unos cueros en lo del Pardo; ya los cargué; aprovechemos la fresca.
El comercio del Pardo quedaba, creo, más al Sur; tomaron por el Camino de las Tropas; después, por un desvío. El campo iba agrandándose con la noche.
Orillaron un pajonal; Cristián tiró el cigarro que había encendido y dijo sin apuro:
-A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con su pilchas, ya no hará más perjuicios.
Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro círculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla.
FIN


Imagen: La Intrusa de Etienne Gontard

sábado, noviembre 18, 2006

Spotorno & Electorat : Rosca chilena en España


El año 82 se produce un encuentro mundial de escritores en el Ateneo de Madrid. Nicanor Parra llegó desde Chile. También se coló allí una división juvenil de poetas chilenos que estudiaban en Barcelona: Mauricio Electorat, Cristóbal Santa Cruz y Andrés Morales. Y en Madrid estaban ya otros pollos: Radomiro Spotorno, León Canales, Gonzalo Santelices y Jaime Collyer. Al encuentro llegó esa vez también desde París otros dos chavales, Gustavo Grillo Mujica (que publicó libros de poesía en París) y José María Memet de 24 años. Desde Suecia bajó el treintañero pero siempre dandy, Sergio Badilla.

A la tribu chileno-española habría que sumar, por otro lado, a los residentes en Cataluña, Luis Sepúlveda y Roberto Bolaño. Así también a Sergio Macias y Omar Lara que se instaló con su editorial en España en 1981 después de unos años en Rumania.

Vivirán entonces como traductores, porteros de hoteles y de camping. Spotorno nos contó el otro día en el bar El Cuervo de Santiago, que alguien intentó vivir imitando consoladores para venderse en los incipientes Sex-shops del destape madrileño. La rosca se reunía en el piso de Spotorno en el barrio El Retiro, donde él guisaba unos ya mitificados tallarines con aceite de oliva y pimiento morrón mientras bebían vino de La Rioja. El único que no bebía vino era Andrés Morales, que sólo bebe whisky con agua.

Era la época en que Spotorno viajaba también a Italia a la casa de la tiernísima sexy-woman Marcela Osorio y donde, según se jactó un día, la vio deslizarse en cueros.

Spotorno publicó una antología que se llamó, Puente Aéreo. Jóvenes Escritores Chilenos en España (1985). Después en Chile publicó Glosario del amor chileno y en 1994 la novela La Patrulla de Stalingrado, en la portada una ilustración de Andrés Gana. Relata una noche de alcohol, cocaína y sexo entre Santiago y Valparaíso de una pandilla que se reúne tras la muerte de uno de sus compinches, se van de copas, pelan a las hembras y visitan un burdel. Mariano Aguirre trató bien y con simpatía a la novela. Pero Guillermo Chandía dijo que era grosera e intrascendente. Javier Edwards en El Mercurio dijo que la novela era "un pretexto para ejercitar cierta técnica expresionista". Y Eduardo Guerrero del Río la consideró "elemental en su estructura" en el diario La Segunda.

La Pandilla de Stalingrado es una novela tabernaria y chucheta, es cierto. Y no puede ser de otro modo, si es una novela picaresca. Tiene apuros de estructura, también es cierto. Pero esta novela del desencanto tiene más vitalismo y brío que otras novelas publicadas entonces con más éxito de crítica. Y, a pesar de sus yerros, la novela de ritmo ágil, inteligente y cínica, mirada en el tiempo de diez años, se salva.

¿Cómo se explica entonces? Hace diez años, la regencia quería el país como patio de colegio, donde todos, por fin, nos portaríamos bien. Recuerden que aún nadie decía una chuchada por la tele. La novela de Spotorno, el especialista en pasta, no era políticamente correcta. (Las novelas divertidas, hasta hace poco, eran una ofensa a la rutina de fomedad y almidón. Vean: Roberto Merino realizó una antología de cuentos de humor chileno, pero los cuentos no hacen reír, son más fomes que un día sin comer. Asimismo, hay colecciones de cuentos eróticos que caldean menos que estufa eléctrica).

La rosca de chilena-española dio un nuevo take off: Mauricio Electorat ganó el premio Biblioteca Breve 2004, con su novela La burla del tiempo. Electorat llegó a Barcelona en 1981 cuando tenía 21 años y se licenció de Filología Hispánica. Luego en 1987 se trasladó a París. Su primera novela, El paraíso tres veces al día, (1995) fue premiada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura y el Municipal de Literatura.

Durante el verano frente al mar de Isla Negra leí la novela. Un tal Alfredo Martín trabaja de portero en un hotelucho de París, conoce a una tal Valérie Wong de orígenes asiáticos, dealer que trabaja para el tío Wong, narco. Alfredo es pollito nuevo. Valérie es una dura, una yonqui de glamour canalla y, como ustedes ya prevén, arrastrará a Alfredo a un espacio barriobajero de cuchillazos, travestis y traiciones. La novela está bien escrita pero, ustedes ya saben, eso no subraya mucho para mí. La novela negra, en su percepción clásica, ajusta cuentas con las lacras sociales y el poder. Y esta novela habla sobre sexo y dinero, pero elude los temas del poder y de los ideales.

Electorat publicó luego cuatro cuentos en Nunca fui a Tijuana y otros relatos (2000). Yo enfatizo dos: La Noche a ti debida y Yo nunca fui a Tijuana.

La noche a ti debida es la nostalgia de un señor, Tito Cáceres, que vaga por Roma y a la salida de un cine cerca de la Vía del Corso, se encuentra con Sole, su ex-novia de adolescente de hace 25 años atrás. Nostalgia de la primera etapa del transplantado. Tito cuenta velozmente un hecho tras otro. En el segundo cuento ocurre algo análogo, han pasado décadas y un personaje -de nombre Bonilla- ajusticiará al homicida de su padre. Es la venganza de su padre, Jorge, un comandante de la Marina chilena que fue asesinado por sus camaradas después del golpe militar de 1973. El tiempo ha pasado, pero la condena igual está por realizarse.

La burla del tiempo, la novela del premio, será presentada por Mauricio Electorat en los próximos días en Santiago. Es previsible que Electorat vaya una tarde al depto de Spotorno frente al Parque Forestal, a gustar tallarines con salsa de pimentón, con varios de esos compinches que, tiernos en Madrid, soñaban invadir el "mundo literario".

Utopista Pragmático, Abril 2004

viernes, noviembre 10, 2006

Mediocres operadores culturales municipales

El libro Informe Tapia editado por Calabaza del Diablo se presentó en diciembre del 2004 en uno de esos gratos bolichines del barrio Bellavista, cuyo nombre recordar no puedo. No había mucha gente. Familiares y amigos del escritor.
Patricio Fernández presenta el libro coloquialmente y es efectivo. Con su corta exposición logra que el libro me llame la atención. También me llama la curiosidad el despliegue de su autor, Marcelo Mellado. Habla con afecto de un bolchevique que se reconvirtió al arte y, desde un club de rayuela de San Antonio, recicla un sindicato de ferroviarios en un centro cultural. Ha nacido un "gestor cultural".
En el escenario se mueven ex - bolcheviques que descubren, aprovechan y canalizan recursos culturales comunales o estatales. Pronto se dan cuenta que esos aparatos comunales de la cultura son aparatos de dominación, según la jerga de una izquierda (de una izquierda que leyó a la señora Marta Harnecker, pupila del estructuralismo francés, tipo Althussser).
Omar Badilla o Padilla o Ladilla (no está claro) ofrece una cartografía cultural y se replantea la reconversión cultural, y funda la Asociación de Poetas de la Cuenca del Maipo y esa corporación sostiene un alucinado jaleo con los Poetas de la cuenca del Maule. El mejor aliado de Badilla (o Padilla o Ladilla) es Carrasco, coordinador del festival de rancheras de San Antonio, dirigente de un importante club de rayuela de San Antonio, y cuyo lugar preferido de encuentro es el bebedero Los Puchos Lacios.
Estos, a falta de mejores adversarios, establecen un forcejeo con el Aparato Oficial-Institucional, ubicado en una oficina de la Torre Omnioceánica, que coordinada con el aparato central de la gobernación y el Departamento de cultura municipal, manejado por un tal Vega, Vera, Varas o Vargas (tampoco está claro).
La malla estructuralista está siempre presente en esta novela, novela paródica, ya se habrán dado cuenta. El libro se puede leer como una delirante paranoia colectiva, como ajuste de cuentas con los aparatos de la cultura creados por la Concertación, que en la novela se los inculpa de servidores del amiguismo o como una forma de controlar o de amansar el pensamiento, uno delos males que corrompe la calidad y la crítica. La novela identifica a una nueva clase media en el poder (“operadores del partido” reciclados en "agentes culturales del Estado" o "gestores culturales", o "animadores culturales"). Por un lado. Y por el otro, dirigentes sociales huérfanos de base social y que se metamorfosean en "actores culturales" y cuyos requisitos son la astucia y el codazo - a saber: la falta de méritos. Ambos se potencian, por arriba y por abajo. Todo se municipaliza con una mentalidad utilitarista que reduce el arte al papel de ornamento alcaldicio.
Ya ven, la novela no deja de tener su trasfondo corrosivo.
Los artículos del hermano de Marcelo Mellado, Justo Pastor Mellado, pareciera que dicen en serio, y con una densidad algo malgastada, lo que su hermano, el escritor, dice en forma de carnaval y de chiste (y de hueveo, claro). Justo Pastor habla en sus artículos de la municipalización y la fondartinzación de la cultura, y critica al "nuevo gestor orgánico" de la Concertación por el mal gusto y la mentalidad utilitaria. Haber leído a Justo Pastor -aunque a medias- me aclara un cierto malditismo intelectual de trasfondo en la novela de su hermano.
Quizás no debería yo leer la novela de Marcelo Mellado como una cuestión familiar, como una tesis familiar. O no debería yo insinuar que los artículos de Justo Pastor son la película en negativo de la novela de Marcelo. Quizás se me cuestionará esos intentos de unir hermanos con hermanos en una común aventura intelectual.
Quizás. Pero tengo una inicua tendencia -tendencia incómoda- a relacionar lecturas como me da la gana. Y con esto deseo decir que detrás de la novela Informe Tapia hay consistente reflexión crítica.
Puedo decir algo más exagerado: Los Mellado son, en otra plataforma, continuadores de la tradición de los Cultural Studies, estudios multidisciplinarios sobre lo precarios, lo pueriles, lo banales y lo miserables que somos los chilenos de esta época, esta era de "globalización" económica.Y sus resultados: no tenemos lazos comunes de convivencia.
Como puede notarse, la novela también puede leerse como la repercusión de la crisis de la izquierda. También cuestiona la noción de "sociedad civil" como un aparente lugar de la diversidad y la diferencia. Es una crítica a los usos y abusos del concepto "sociedad civil", un terreno idealizado, donde pululan, según cuenta la novela, los pillines, los mentirosos, los cuenteros que piensan ya sólo el arte como beneficio y no como uso. O mejor dicho: el arte les da lo mismo.
Mellado, de nombre Marcelo, de ese modo, ha ido constituyendo una particular y necesaria novelística, donde se discute, a su modo también, la función política de la cultura, algo que hoy en este país resulta tan particular como difícil.
Como no éramos muchos en la presentación de la novela, el editor de La Calabaza del Diablo, Marcelo Montecinos, colocó amablemente en la mesa de la barra unos tragos que bebimos con José María Memet. Según recuerdo, salimos luego un tanto, un cachito alumbrados del bar, cuyo nombre, miren lo que son las cosas, recordar hoy no puedo.

martes, noviembre 07, 2006

Escuela creativa en lo de Eric Polhammer

Creadores de la escuela creativa de escritores con el presidente de la Cámara Chilena del libro, Eduardo Castillo





Antonio Becerro y Gustavo León muy ralajados.
Eric Polhammer presentó un libro –algo sobre el poto- de Enrique Lafourcade en la feria del libro. Luego, mientras libábamos cerveza, le conté que Mario Bellantin tenía su escuela dinámica de escritores en México, donde está prohibido escribir. La idea le pareció genial y entonces inmediatamente propuso que hiciéramos nuestra propia escuela creativa para escritores, e invitó a que la sede de la escuela fuera su casa en La Reina donde tiene un espacio amplio.

Decidimos, por cábala, que esta experiencia comenzará el día primero de enero del 2007, un gran año, según Polhammer. Propuso que fuera también para oradores.

De inmediato fichamos al primer profesor, Eduardo Yentzen, creador de la revista La Bicicleta y del Día de la Creatividad, que en ese momento pasó por el lado de nuestra mesa. Firmó en un rincón de un catálogo de la feria, que hacía de primera bitácora de la escuela.
Así se le propuso también al artista Antonio Becerro, conocido por sus performances con perros embalsamados y al escritor Gonzalo León, quienes también osaron sentarse en la mesa del delirio.
Así ya había, en cosa de minutos, un staff de maestros de la primera escuela creativa chilena para escritores y oradores, donde la única prohibición es NO escribir.

lunes, noviembre 06, 2006

El Hablador y Patrimonio en la Feria del Libro

Me pareció interesante -rupturista es la palabra- que se haya presentado ayer en la Feria del Libro de Santiago la revista digital peruana El Hablador. Más sugestivo aún es que la revista haya sido presentada por Luis Martínez, director de la revista digital chilena Patrimonio Cultural. Como alguien del público dijo ayer, Patrimonio Cultural es la mejor y más completa revista cultural chilena. Además, estaba sentado allí en el público el escritor Ricardo Cuadros, colaborador de Adolfo Pardo, en su también buena revista digital chilena, Crítica.

Estas revistas, para nosotros que nos gusta la literatura, son de gran calibre.

Uno de los editores de la revista El Hablador, Francisco Angeles afirmó: la literatura es anterior a los libros. Y probablemente lo será también a pesar que desaparezcan los libros. Los presentadores estuvieron de acuerdo que el restringido mercado del libro era una razón de la vivacidad de los medios electrónicos.

Tengo mis dudas. Creo simplemente que hay una nueva tecnología, que cada día se ha hecho más amable. Y, por qué llenarme de papeles, cuando muchas cosas que yo deseo leer ya están allí.

Tampoco creo que necesariamente lo digital, pueda eliminar la obra en papel. Lawrence Lessig, el creador de Creative Commons, demostró que su libro digital Free Culture -que se bajó miles de veces de Internet- no opacó la edición en papel. Al contrario, sostiene Lessig, la edición digital aumentó la ansiedad en la gente de tenerlo en papel. O algo así.

La noticia que entregó ayer otro de los editores de El Hablador, Francisco Izquierdo, es que ahora la revista contará con un foro y con blogs donde se incorporarán semanalmente comentarios de libros.

En la foto: Luis Martínez Solorza y Francisco Angeles

domingo, noviembre 05, 2006

Fuguet agita el cosmopolitismo: ¿moda o estafa?

Alberto Fuguet realiza campaña. Con instinto publicitario, como si le pagara un editor con olfato comercial, le da a una idea básica. Sound bite. Cuña periodística.
Ahora itera la idea unidimensional que el escritor del futuro es alguien cosmopolita, que ha cambiado y recambiado de lenguas. Es la realidad, según Fuguet.

Es el mismo subtexto que tuvo el domingo pasado en la entrevista con Santiago Rocangliolo en la feria del libro de Santiago, y es lo que hace hoy, un domingo después, en una entrevista en El Mercurio con otro joven peruano, Daniel Alarcón (escritor de Alfaguara, la misma editora de Fuguet, por lo demás, o ¿justamente por eso?).

Alberto Fuguet se nota ansioso. Y comete el mismo error que critica: suponer que hay un eje para medir la literatura.

El problema es, Alberto Fuguet, el problema es si tienes algo interesante que decir sobre el fenómeno de la migración, de la cual tú eres posiblemente un producto Y eso, Fuguet, eso aún no está claro en tus obras.

Esto no es una mala voluntad de escritor de barrio. (alguna vez escribí en sueco una nouvelle, Malmö är Litet). Fuguet, lee, por ejemplo, lee este comentario Lost in Translation de Johanatan Messinger a tu libro Las películas de mi vida.

Los Poetas No-nombrados de la Resistencia Chilena

Los Poetas No-nombrados de la Resistencia Chilena: Madonna benedetta, fate la grazia che non debba morire

Por Pedro Urdemales



La Bohème es la cuarta ópera de Giacomo Puccini (después de Le Villi 1884, Edgar 1889 y Manon Lescaut 1893). “En La Bohème, Puccini reunió en su música elementos de distintas corrientes. Las arias y los dúos de amor de los actos primero y último se pueden atribuir al Romanticismo Tardío, el comienzo del tercer acto con la silenciosa y desalentadora nevada en una alborada gris al Impresionismo y algunas cosas del segundo acto al Verismo”[1]. En ese tiempo Puccini compartía habitación con Mascagni (autor de la “Caballería Rusticana”), en París. Muchas situaciones de la Resistencia política en Chile se ajustan a esos relatos operáticos, sobre todo a partir de la depresión económica del año 80 y la privatización de las empresas estatales, por parte de la dictadura. Y donde amasaron fortuna, muchos esbirros del antiguo régimen. Rebela escribir acerca de lo “verdadero” como si otros, desde sus dispositivos, intervenciones e intenciones, no lo fueran. Para el purismo futuro: escribo desde esa “otredad”: la que enjuicia pero en tono solidario. Duele tener que asumir ese compromiso con la centralidad del discurso oficial (como aproximación a la verdad única y a la certeza histórica), porque de alguna manera, quien embiste esa tarea (por generosa que parezca su actitud) se hace acreedor de un desprecio social (y del adjetivo Inquisidor), tan propio de la chilenidad. Sin embargo, alguien tiene que decir (sin ningún mesianismo) para que sea honrada la verdad en todo su esplendor y se pueda construir desde ella, otro mundo. Ni más ni menos. Por otro lado, está la necesidad viva de corregir ciertas inexactitudes. Y en esa necesidad de corrección, se nos va verdad y vida. Como antes. Hecha la salvedad al grano. La tuberculosis de Mimí y la pobreza de Rodolfo, igual que en la Opera “La Bohéme” de Giacomo Puccini, estaban latentes. La enfermedad en Mimí (”Que gelida manina”) y la imposibilidad de salvarla de ese destino trágico, anunciado pero inevitable. Los destinos de los pueblos asumen esa carga trágica en sus momentos difíciles (“Questa è Mimì,gaia fioraia”). Y desde esos subterráneos de la condición, surgieron voces que dieron cuenta de la dignidad humana. Este intervalo es como una Oración para que los protagonistas de esta historia aún permanezcan vivos (como así lo deseo). En una oportunidad, hace años, jóvenes vinculados al Movimiento Sebastián Acevedo (y admiradores, de Monseñor Arnulfo Romero), le pidieron a un amigo poeta un slogan para rayar en los Cuarteles clandestinos de la CNI: habían varios cuarteles identificados. Antes habíamos escrito: Castígalos, Señor, porque saben lo que hacen. Y como se venía el Paro Nacional, le sugirió que escribieran: El Miedo cambió de dueño, porque si empezaba a amanecer para el pueblo, para los opresores (militares, esbirros y civiles) comenzaba su crepúsculo. De sus cuevas salían los mandriles, y leían esta frase que, a simple vista, no tenía una connotación política directa y un cierto estremecimiento, aún humano, les doblaba la mirada. Muchas frases como éstas quedaron en la memoria de Chile. Otras se perdieron en la Noche de los Tiempos. Y de las cuales hemos construidos esperanzas y con las cuales tenemos una deuda social (que, de ninguna manera, intento reparar con este articulito). Una deuda que se hace extensiva a los creadores de la Resistencia Civil. Muchas cosas sorprendentes ocurrieron en aquellos años, como un libro maravilloso de poesía que era firmado por Santiago Cienfuegos, lógicamente un seudónimo. Nunca supe quien era el autor de esa Obra, que circulaba en la clandestinidad en papel roneo, que era leída casi en tono sagrado y litúrgico sobre desventuradas mesas y en fríos dormitorios de Chile: como ofrenda el libro recibía manchas de aceite, o arrugas de bolsillos estrechos. Era un Manifiesto hermosísimo de ética, política y poesía, un conjunto de poemas de un poeta combatiente, escritos “desde ahí”. También había otro poeta que firmaba como Sebastián Silvestre, cuyos poemas daban cuenta de la realidad inmediata con una belleza imprevisible. Estuve “invitado” al Lanzamiento de ese libro, que se llevó a efecto en el Paradero 18 de Santa Rosa, en Santiago de Chile: todo un montaje de suspicacias, criterios y oportunidades. Al evento llegó un viejo militante del socialismo chileno que estremeció a la concurrencia, tocando en acordeón, quizás por primera vez después del Golpe Militar, la Marsellesa socialista. Algunos poemas del autor (que estaba presente) fueron leídos por un actor chileno radicado en Canadá. Luego se sirvieron jugos “Royal” y marraquetas con paté. Ese mismo día se acabó la Primera Edición de dos mil ejemplares. Ciclistas que en verdad eran comprometidos dirigentes poblacionales, o destacados militantes de los partidos populares, venían a buscar el Libro de Poema en bolsas de pan. No digo que fueran los únicos poetas chilenos que actuaban en la Línea de Fuego, imagino que había otros. Se lamentaban esos poetas que sus poemas no tuvieran la capacidad de secar colchones, ni de transformar la palabra en alimento. Era otra poética. No recuerdo el nombre y si lo recordase seguramente sería falso, pero un poeta de tomo y lomo, escribió un texto a su enamorada, una muchacha de la Juventudes Comunistas: ella lo había abandonado, quizás porque así son los comportamientos de los corazones en Estado de Sitio y fuera de ese Estado. La muchacha tenía unos hermosos ojos negros y una cabellera que le caía hasta la cintura: puro desprendimiento. Quizás no le abandonó porque el Tiempo del Amor hubiera cesado, sino porque asumía compromisos más radicales en la lucha por la liberación social, como entiendo que sucedió, aunque no lo sabemos con claridad. El muchacho-poeta, sintió que la fugacidad de las cosas, amores y procesos, eran tan temibles que debía dar cuenta de ese aspecto heracliteano, de manera pedagógica y desde la poesía. El día elegido estaba previsto y agendado: jóvenes de una Comunidad Eclesial de Base harían un Homenaje a Ernesto Cardenal, el poeta monje nicaragüense. Algunas muchachas hervían vino con naranja, las mismas que más tarde leyeron “Oración por Marilyn Monroe”. Otros freían empanadas, las que asumías las tareas de seguridad del local, y que cantaron canciones trova. Y los más se dedicaban al noble oficio de la preparación de completos. Jamás el gran poeta nicaragüense podría imaginarse un homenaje de mayor estatura: él y la revolución vivos en un Salón Parroquial. Un pintor realizaba un croquis de escenografía: una figura a contraluz sentado junto a una mesa de comedor (tan de Chile), cansado, y con toda la luz del mundo cayendo en su espalda, quizás el mismo Ernesto en Solentiname, quién sabe. El poeta de quien no sé su nombre, aunque recordarlo quisiera, subió a ese escenario con un impermeable blanco de dudosa calidad (e impermeabilidad). Tengo la seguridad que la noche anterior no había dormido. Cuando fue anunciado salió como Torero de lid al redondel. Pidió que apagasen la luz del Escenario, solicitud que fue aceptada por los organizadores (como en el I Acto de La Boheme). Y comenzó a leer el poema en medio de la oscuridad, al mismo tiempo que un compañero encendía la hoja por el lado opuesto. Era un bellísimo poema de des-amor, la propia existencia vulnerada y rota, como en este caso. La tensión dramática era doble: por un lado, el texto que iba leyéndose y dibujándose. Por el otro, el fuego que le quemaba la mano y le iluminaba el rostro. Quizás la muchacha a quien estaba dirigido ese texto, nunca supo de este acto heroico de su poeta enamorado. Quizás sí lo supo y desde la clandestinidad, hasta lanzó unos claveles rojos al río como señal de fugacidad en las relaciones humanas, y como señal contestaria que seguía en pie su compromiso social y que no había camino de regreso, como diciendo (en esos otros lenguajes): no estoy enamorada de un sólo hombre, sino de todos los hombres. Realmente no lo sé. En un momento el fuego tocó la mano del muchacho y el poema terminó en la preposición “de”. El humo, la ceniza y la tinta chamuscada eran la nueva escritura. El poeta saltó desde el escenario y se perdió en la Noche, dejándonos un texto inconcluso (y en llamas). Eran otros poetas, quizás más dulces. No lo sé. “Quand men vo”, el Vals de Musetta, los aretes de Musetta, la medicina, traigan el doctor. “Madonna benedetta, fate la grazia che non debba morire”[2]. El final sólo Dios lo sabe. Y Puccini.
[1] www.Opera2001.net
[2] Señora bendita, dale tu gracia; que no muera...

lunes, octubre 30, 2006

Operadores políticos: moscas alrededor del culo del político

De todos los lanzamientos de libros de la feria del libro, la presentación Del profesor Lagos a la Chica de Rojo, crónicas de la casta política del Reino de Estupidilandia se convertirá en mito. El libro recopila las crónicas políticas de Rafael Gumucio Rivas, que firmó como Diógenes de Pelequén, en las Ultimas Noticias.
Su hijo, Rafael Gumucio Araya, el editor de la Últimas Noticias, Patricio Abarca y el diputado y sobrino, Marco Enríquez-Ominami alabaron al escritor. Pero Gumucio inició su disertación tratándolos de siúticos. “Mi mamá decía que un siútico es aquel que alaba a un huevón en vida”.

Gumucio, con uso reiterado de la chuchada, criticó la "Borregolandia" y la “Tontilandia” de la política chilena y se rió de la mediocre casta de operadores políticos: “son moscas que andan alrededor del culo de un diputado o un senador. Cuando hay algo de caca siempre aparece una mosca, esos son los operadores políticos. Nunca van a ser nada, sólo moscas alrededor de la caquita.”


Prólogo del libro
Rafael Gumucio Rivas

La verdad, es que nunca se me había ocurrido escribir columnas y, mucho menos, que los Diarios las publicaran. En el transcurso de vida me he dedicado a burlarme de los mitos de la historia de Chile ante los pacientes alumnos de la Universidad Bolivariana, con miras a desarrollar el análisis y el espíritu crítico en el alumno universitario. De cuando en vez publicaba algunos artículos en la Revista Polis, de esta Universidad. Debo esta nueva pasión, que absorbe mis horas libres, al periodista Sergio Mardones que, después de una inesperada entrevista al Gumucio desconocido, una especie de jamón de sándwich entre mi padre, Rafael Agustín Gumucio, (fundador de la Falange Nacional) y mi hijo, Rafael Gumucio Araya, (escritor de renombre en las letras nacionales), sólo podía ocupar la Tumba del Soldado Desconocido, en la Plaza Baquedano que es tan falsa como la mayoría de los acontecimientos chilenos. No sé cómo se le ocurrió a Sergio Mardones ofrecerme una columna, nada menos que en la página política del diario Las Últimas Noticias. El seudónimo fue todo un acierto: Diógenes, el filósofo helenístico, que vivía en un tonel, y que se burlaba del poder; además, le agregamos de Pelequén ciudad que no conocía, pero me parecía muy chilena. Con el tiempo supe que se celebraba a Santa Rosa que, seguramente, debe ser muy parecida a la virgen Michelle.
Posteriormente, fui conociendo a los editores de Diarios electrónicos, como mis amigos Paul Walder, editor de El Clarín.cl; Raúl Gutiérrez , del Gran Valparaíso; César Carrasco, (amigo desde mi estada en Canadá, donde fui Agregado Cultural), director de Chile Informa, el doctor Hermes Benítez, que envía mis columnas a Piensa Chile dirigido en forma brillante por un ángel; Manuel Cabieses, director de Punto Final; a Patricio Abarca, director de Últimas Noticias. Y Paskin.cl Todos ellos son los responsables de haber dejado pasar mis insolentes estulticias.
No quise titular este libro como Crónicas Irreverentes, pues pienso que muy pocos seres humanos merecen reverencia. Por lo demás, pretendo ser un hombre respetuoso y honesto, que sólo se dedica a criticar lo que encuentra mal en nuestro país. La verdad es que no sirvo para la apología ni, mucho menos, para rendir pleitesía a quienes detentan el poder.
Las Crónicas se constituye en género literario, a mi juicio, mucho más valioso que muchas de las eruditas obras académicas; a veces bastan unas pocas páginas lúcidas e irónicas para presentar una época a algún personaje. El recuerdo de las sopaipillas, degustadas en el campo por el exiliado Padre Lecunza, retrata mejor el amor a Chile, que su famosa Segunda venida del Mesías en gloria y majestad. Algunas frases de Joaquín Edwards Bello bastan para pintar un personaje, como Pedro Montt o Ramón Barros Luco: La tontilandia; de los artículos de Genaro Prieto, en El Diario Ilustrado pintan, a la perfección, a los limitados habitantes de este país. Reconozco que tengo un dulce vértigo por el plagio, por esta razón uso y abuso del cándido Voltaire y de la Tontilandia del escritor Genaro Prieto y, para que no me sorprendan, llamo al Chile actual Borregolandia, Vencejolandia y con otros epítetos. Nada más entretenido que copiar las Vidas Paralelas, de Plutarco, aplicándolas a los mediocres políticos chilenos que, a veces se creen Julio César o Alejandro Magno. Por lo demás, dejémonos de hipocresías: todos los historiadores se plagian unos de otros: Encina, a Nicolás Palacios y Barros Arana, y así suma y sigue.
No pretendo ser un cronista, apenas me alcanza para un plumario columnista que sólo persigue, con esta obra recopilar una especie de conjunto de escritos que retratan un período corto -que los historiadores llaman escenario- que va desde octubre de 2005 hasta junio de 2006. Es una visión irónica y crítica desde la elección presidencial, hasta los cien días de la diosa Michelle. Espero que al lector le provoque, al menos, una sonrisa y, si no le agrada el sarcasmo, puede botarlo al basurero de la historia.
Agradezco a Antonio Elizalde, rector de la Universidad Bolivariana, quien me alentó a publicar estos trabajos; a Eduardo Yentzen, recopilador y corrector; a Ana María Sanhueza, que aportó sus artísticos y creativos diseños; en fin, a todos los editores de Diarios, que han tenido la paciencia de corregirlos y la amabilidad de publicar mis artículos.
Dedicado a mi señora, Clara Castro, a mis hijos, Rafael e Ignacio y a mi sobrino Marco.

Rocangliolo se llama Santiago


En la Feria del Libro subí también a la presentación del libro Abril Rojo del peruano Santiago Rocangliolo (1975). La presentación estuvo a cargo de Alberto Fuguet.
Fue más bien una conversación, que nos informó que Rocangiolo se llama Santiago pues sus padres se enamoraron en una marcha allendista en Santiago de Chile. Rocangliolo escuchó a menudo en su casa la canción del cubano Pablo Milanés, sobre pisar las calles de Santiago nuevamente y en una plaza liberada llorar por los ausentes. La conversación no ahondó en ese tema.
(Ni en ese ni en otros temas).
Derivó hacia las preocupaciones de un escritor joven que viaja promocionando su libro. Me dio la impresión que Alfaguara (el editor de Abril Rojo) envía a sus escritores a un curso standard sobre como promocionar un libro en público.
Muy pronto me levanté y me fui a otra presentación mucho más sabrosa, mucho más sustanciosa, la presentación del libro de Rafael Gumucio, Del profesor Lagos a la chica de rojo Bachelet, que comentaré en mi próxima nota.
Al que le interese saber algo sobre Abril Rojo, lea este link del peruano Iván Thays

Coré y el Peneca

Ayer domingo bebimos un aperitivo de vino arreglado (vino tinto, frutilla de la estación, azúcar a gusto, hielo) y almorzamos merluza frita con ensaladas varias.

Luego de una breve siesta fui a la feria del libro de Santiago en la estación Mapocho. A las 17 y 30 presentaron el libro Coré, del artista Mario Silva Ossa (Coré), (1913-1950), que reúne las mejores ilustraciones que Coré publicó en las portadas de El Peneca con la compilación y textos de Juan Domingo Marinello. Alfonso Calderon, un cronista destacado, contó sus encuentros con El Peneca en su sureño pueblo natal y luego su conversación con Coré en Santiago. El joven Rodrigo Salinas contó su especial relación con un original de Coré que permanecía en la casa de su abuela.
El libro es un placer hojearlo, ( cuesta 18 mil pesos, unos 35 dólares)
Presentación del libro de Juan Domingo Marinello :

“Mario Silva Ossa, quien tomó su seudónimo Coré del nombre de un ángel rebelde que aparece en la Biblia, es uno de los ilustradores más importantes de nuestra historia, un creador de seres mágicos, un artista prodigioso cuyo trabajo pobló el inconsciente de los niños latinoamericanos durante décadas, y que hoy recuperamos para las nuevas generaciones.
La exquisita sensibilidad de Coré confirió vida eterna a hadas, ogros, duendes, piratas y aventureros sin cuenta, haciendo navegar por el mar de la fantasía a miles de mentes juveniles. Maestro en aprisionar con su trazo el instante de un gesto hiperrealista, siempre espontáneo, reconocible, cinematográfico, en sus «seres de tinta y hueso» –como los llamó el poeta Jorge Montealegre–, no deja de inquietar la expresión malhumorada de un pirata, la sensualidad de una princesa, la humanidad de sus gnomos. Sus personajes, que viajan por las historias representando y custodiando un ideal, son seres convincentes, no convencionales, expresiones esenciales de la bondad y la maldad. Sorprende la permanente curiosidad y la capacidad de estudio de épocas pretéritas en Coré, así como su fantasía y su amor por la infancia; él mismo fue un eterno soñador, un niño buscador de tesoros, un explorador de lejanos e insospechados continentes.
Mario Silva Ossa nació en San Fernando el 9 de marzo de 1913 y murió en Santiago en 1950, arrollado por un tranvía. Estudió arquitectura en la Universidad de Chile un par de años, pero abandonó la carrera para trabajar como ilustrador en la Editorial Zig-Zag, editora de El Peneca (1908-1960), la legendaria revista infantil que desde 1921 dirigía su tía Elvira Santa Cruz, la célebre Roxane, y que circulaba por toda América Latina. Desde entonces su genio otorgaría a El Peneca ese sello que fascinaba a los lectores y que motivó a gente como Constancio Vigil, dueño de la editorial argentina Atlántida, y al mismísimo Walt Disney, a realizar tentadoras ofertas para que Coré se incorporara a sus equipos de trabajo, las que éste rehusó siempre.
Tal era la sensibilidad artística de Silva Ossa que llegó a construir su propia casa de acuerdo a la imaginería de sus obras. Eximio carpintero, la ornamentó con puertas, cerrojos, lámparas y muebles medievales de inspiración propia. Su esposa, Nora Morvan, fue su modelo femenina predilecta, reconvertida múltiples veces en hada o princesa. Sus conocidos del barrio o del trabajo se reencarnaron a su vez en aventureros o piratas, y sus tres hijos les dieron identidad visual a los niños soñadores que habitaron la galaxia fantástica de El Peneca.
Mi primer contacto con las imágenes de Coré fue gracias al Silabario hispanoamericano de Adrián Dufflocq, que me regalara a comienzos de la década de 1950 mi tío Luis Lucero Quezada. También durante mi infancia, mi padre nos regaló a mí y a mis hermanos unos maravillosos boletos de viaje en la forma de una inolvidable colección de textos juveniles, la Biblioteca Amarilla de Zig-Zag, donde leímos a Salgari, Verne, May, Conan Doyle y muchos otros. Allí, en Corazón, La isla del tesoro, Lautaro, Oromaika, la virgen de la selva, Aventuras de una gorra y muchas otras novelas, seguí fascinándome con los mundos evocados por el ilustrador, y cuando el mundo mágico de la infancia se adormeció, las imágenes de princesas, hadas, ogros y duendes siguieron vigentes en mi imaginación gracias a Coré. Muchos años después, a mediados de los años setenta, en un mercadillo de Valparaíso di con una vieja maleta que contenía 189 pruebas de imprenta de portadas de El Peneca. Estaban extraordinariamente conservadas. Esa fue la chispa que encendió el motor, que me ha animado durante todos estos años siguiendo la pista de las obras de Silva Ossa. Probablemente el desafío más grande haya sido reunir una selección consistente de su obra inigualable, puesto que, tanto por tratarse de ilustraciones realizadas en soportes frágiles como por su magia intrínseca –que hacía a sus propietarios renuentes a cederlos–, después de su muerte esa obrasufrió una gigantesca dispersión.
En efecto, si consideramos sus casi veinte años de trabajo en la Editorial Zig-Zag, la aparición semanal de El Peneca y el medio centenar de libros que ilustró, un simple cálculo arrojaría una cifra cercana a las diez mil ilustraciones. Las imágenes que componen este libro se han seleccionado de un universo de más de tres mil dibujos, que a su vez constituyen el resultado de una treintena de años de búsqueda apasionante. Con mi hermano Jorge, camarada de aventuras en la exploración de mercados de viejo, hemos peregrinado cientos de kilómetros en busca de estos dispersos personajes. Cada fin de semana era, y aún lo es, dedicado a la pesquisa de las obras de Coré. Así, sin quererlo, fuimos elevando el precio de las portadas o libros que contenían sus ilustraciones. Desde hace un tiempo, sin embargo, este camino ya no ha sido en solitario. En la década de los noventa el Fondart y la Dibam me apoyaron en la reproducción fotográfica de las obras de Coré que se encuentran en la Biblioteca Nacional. Agradezco la ayuda de Carmen Martínez Valiente, quien compartió conmigo varios meses en la reproducción y ordenamiento de ese material. Vayan asimismo mis saludos a un hermano de la cofradía coretiana, Gonzalo Catalán, de la Dibam, quien manifestó en forma permanente su apoyo a esta iniciativa. En la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica, que acogió la idea de continuar investigando, sumando el aporte de la doctora Soledad Puente, hemos logrado reunir 4.567 obras, de las cuales hemos fichado y clasificado 2.456. Resta por ubicar más de la mitad de lo que probablemente fue su producción total.
Gran parte de las imágenes que reúne este volumen corresponden a originales; otras son pruebas de impresión y/o calce de la impresión en color. Muchas de ellas tienen manuscritas en el dorso fechas que no corresponden necesariamente al año de la publicación a que estaban destinadas. De todos modos la discrepancia se da casi exclusivamente en imágenes para novelas o libros, y no sobrepasan por más de un año la fecha de aparición en el mercado. En el caso de las portadas e ilustraciones de El Peneca, pueden diferir hasta en un par de meses, o variar de año cuando se trata de series muy extensas. Cabe recordar que muchas de las imágenes de Coré fueron utilizadas más allá de su primitivo destino y ocupadas después para ilustrar publicaciones varias o reediciones. Siempre que nos fue posible fechamos de acuerdo a nuestro dato más antiguo.”
Compilación y textos: Juan Domingo Marinello

jueves, octubre 26, 2006

Blogs se preocupan del agua y la sal en los pollos


Mi trabajo es el área técnica de ODECU. Ahora hemos realizado un análisis de pollos, donde hemos detectado que tienen mucha sal y normas permisivas sobre agua agregada. La noticia salió en todos los medios de comunicación chilenos y algunos extranjeros. También numerosos blogs comentan el estudio. Así lo hizo José Manuel Rebolledo, Potencia alimentariA y Observación gastronómica.
El estudio completo se encuentra en el diario del consumidor .
Así apareció la noticia el domingo 23 en El Mercurio, por el periodista René Olivares:

Odecu afirma que empresas obtendrían millonarias ganancias por agregar líquido al producto.100 gramos del ave poseen hasta la mitad de la sal diaria recomendada. Altas cantidades de sal y agua en los pollos que se comercializan crudos fueron detectadas por la Organización de Consumidores y Usuarios (Odecu), luego de un reciente análisis de calidad. Éste concluyó que por cada presa que se consume (de 100 gramos aproximadamente), se ingiere también casi un gramo de sal, lo que para Odecu es grave, ya que los consumidores desconocen que las empresas agregan este elemento en forma de sodio para sazonar sus productos, a lo que habría que agregar la sal añadida por las personas al momento de prepararlo.

El estudio, al que tuvo acceso exclusivo “El Mercurio”, revela que la mayor cantidad de sal entre las cuatro marcas estudiadas -Don Pollo, Ariztía, Súper Pollo y Pollos King- corresponde a esta última, que presenta 395 miligramos por cada 100 gramos. Si se considera que 400 mg. de sodio son equivalentes a un gramo de sal, consumiendo 100 gramos de un pollo de esta marca se estaría consumiendo casi la mitad de la sal diaria que las autoridades recomiendan, que es de 2 gramos. Y se agrava más, si se considera que en Chile hay más de dos millones de personas hipertensas, quienes deben controlar y reducir su consumo de sal, que está actualmente por sobre todas las normas, y llega a cerca de 12 gramos al día por persona.

A este preocupante dato se le agrega que la primera causa de muerte en el país son precisamente las enfermedades cardiovasculares. Las marcas estudiadas suman en conjunto una participación de mercado de más del 90%, por lo que la posibilidad de encontrar pollos con baja cantidad de sal agregada por la fábrica es escasa e implica un mayor gasto para las personas.

La explicación sobre el adicionado de sal lo entrega la empresa Ariztía, que explicó a este diario que “es común para acentuar el sabor y ayudar a conservar los productos frescos”. La empresa aclaró que los resultados que arrojó Ariztía en el muestreo de Odecu se deben a un sobrestock de envases, pero que “hace seis meses Ariztía tomó la decisión de terminar con la incorporación de cloruro de sal en sus productos marinados y la reemplazó por sales de potasio, que cumplen similares funciones, pero disminuyen el aporte de sodio en un 53%”. Empero, el estudio de etiquetado de Odecu fue realizado hace sólo tres meses, en julio de 2006. Ante esto, la empresa agrega que “aún así se cumple la normativa sanitaria vigente, y los aditivos están identificados en la etiqueta”.

Cobro por agua

Odecu también cuestionó las ganancias que las firmas lograrían por la cantidad de agua adicionada al pollo, ya que “las empresas obtendrían ganancias por cerca de $50 mil millones, a través de agua a precio de pollo”. Esta situación “se encuentra avalada por una norma permisiva”, a juicio de Odecu. Se refieren al reglamento sanitario de alimentos, que en su artículo 293 indica que se puede agregar agua hasta un 12% de su peso, en contraposición a la Comunidad Europea, que permite “el mínimo técnico inevitable”, que no supera en ningún caso el 5,1%.

La empresa Ariztía aseguró que el “marinado” -nombre preciso del adobamiento de las carnes a través de líquidos- es un proceso normado, normal y que añade mayor valor agregado al producto, ya que “son los clientes los que exigen productos sabrosos, suaves. Jugosos y de fácil cocción”, aseguran. Sobre la presencia de líquidos en los envases de pollos faenados, Ariztía explica que esto “puede ser causado por la pérdida de la cadena de frío, en el transporte o en un mal manejo del usuario”.

La compañía Pollos King no quiso referirse al tema. Súper Pollo, después de un día y medio de ser consultado, consideró insuficiente el tiempo para elaborar una respuesta, y Don Pollo no logró ser contactado. Ausencia de antibióticos No todo fue malo en el análisis de Odecu a los pollos. De hecho, el informe de Odecu señala que luego de realizar pruebas de laboratorio para detectar la presencia de antibióticos -que facilita el crecimiento de los animales y limita la aparición de enfermedades-, todos los tests resultaron negativos. Odecu evaluó a las principales marcas de pollos y demostró que todas ellas están libres de restos de antibióticos.

lunes, octubre 23, 2006

Octálogo del Escritor

Ser escritor o escritora:

1. Es una actitud interdisciplinaria, mental, multifocal.
2. Se necesita talento, que no se explica ni se enseña.
3. Es una viaje a un abismo. Se sabe la partida, nunca el final.
4. Es una dignidad y una independencia.
5. También es una condena.
6. Es un universo, de reglas propias, donde está siempre el bien y el mal
7. No hay que olvidar nada. La memoria es igual a la imaginación y a la creación.
8. La memoria es también un contexto emocional (miedo, envidia, celos, coraje, etc).

Octálogo inspirado en el libro El arte de enseñar a escribir de Mario Bellatin (coordinador), Fondo de Cultura Económica, 2006.

sábado, octubre 21, 2006

Bellatin: No es posible enseñar a escribir

José Luis Hernández –editor de la revista Derechos Consumados y del Diario del consumidor- está editando una nueva revista para profesores y anteayer desde la imprenta trajo el libro El arte de enseñar a escribir.

Intuí desde que lo vi, que el libro sí me interesaría.

Así fue.

Escribir, ser escritor, es una actitud mental, se deduce del libro que coordina Mario Bellatin.
Bellantin dirige Escuela Dinámica de Escritores en México donde sólo existe una prohibición: la de escribir. Bellantin postula la premisa de que No es posible enseñar a escribir. Es una escuela que busca precisar que la literatura es un arte y que pertenece a la misma estructura que cualquier otro arte..

Esta escuela NO ES UN TALLER de literatura convencional.

¡TALLEREAR NO!

El libro El arte de enseñar a escribir postula desde el inicio la paradoja de que No es posible enseñar a escribir.

Lo CREO.

El libro incluye, además del prólogo de Mario Bellantin, 40 reflexiones –cortas- de mentores de esa escuela (fotógrafos, psicólogos, críticos, músicos y también escritores). Varios de esos maestros reconocen que la escuela misma los revolucionó o los desconcertó. El libro también incluye el currículo de la escuela y los cursos impartidos.

Entre los 40 maestros de la escuela que escriben en el libro se encuentran: Laura Benetti, Ximena Berecochea, Fabienne Bradu, Juan Arturo Brennan, Aldo Chaparro, Federico Campell, Adriana Díaz Enciso, Guillermo Fadanelli, Raúl Falcó, Héctor Fernández, Margo Glantz, Anamari Gomís, Mario González Suárez, Juan José Gurrola, Francisco Hinojosa, Mónica lavín, David Lida, Sandra Lorezano, Mónica Mansour, Ricardo Martín, Alvaro Mata Guillé, Fabrizio Mejía Madrid, Benjamín Mayer Foulkes, Gerardo Montiel Klint, phillipe Ollé-Laprune, Ignacio Padilla, Eduardo Antonio Parra, Edmundo Paz Soldán, Mauricio Pilatatowsky, Sergio Pitol, Giovanna Polarollo, Cristina Rivera-Garza, Marcela Rodríguez, Marisol Schulz, Enrique Serna, Iván Thays, Milagros de la Torre, Miguel ventura, Jorge Volpi.

Mario Bellatin estudió Teología y Ciencias de la Comunicación en Lima. En 1987 fue a Cuba para estudiar guión cinematográfico. Publicó sus primeras cinco novelas en el Perú y luego regresó a la Ciudad de México. Actualmente, Bellatin dirige la Escuela Dinámica de Escritores.

lunes, octubre 16, 2006

Poetas lloran a Gonzalo Millán

Una gran concentración de poetas chilenos se vivió ayer domingo en el cementerio general, para despedir a uno de sus talentos, el poeta Gonzalo Millán (1947-2006).

Pato Igor me dijo el otro día que mi blog parece obituario.
Y es que, estimado amigo, que le voy a hacer: como dijo Teresa Calderón ayer en el cementerio, la señora de la guadaña se ha portado muy cerda estos últimos meses con el arte nacional.

Una enorme cantidad de poetas leyeron ayer poemas de Gonzalo Millán, y quedó demostrado que Gonzalo Millán tenía alto poder convocante.

-Falta alguna autoridad de gobierno, una ministra, un subsecretario, un senador o un diputado, me dijo un poeta ayer.

-Es que no hay tele.

-Un diputado se podría haber equivocado de país…
Vean la apostilla en poesias.cl
Imagen: con Gonzalo Millán en la Biblioteca Nacional

sábado, octubre 14, 2006

Blog provoca la renuncia de Ministra sueca, Maria Borelius

Según el diario Aftonbladet, fue el blog de Magnus Ljungkvist, quien primero publicó la información de la irregular declaración de los impuestos de la Ministra Maria Borelius. Ljungkvist solicitó la declaración de impuestos de la Ministra y descubrió que ella habia ganado muy bien en los últimos años. Pese a ello, Maria Borelius había afirmado que pagó sin imposiciones los servicios de su niñera. La ex ministra tampoco había pagado su licencia obligatoria de televisión abierta. Las cifras fueron publicadas en los grandes medios y...la Ministra se vió obligada a renunciar hoy.
Este caso se suma a los problemas de la Ministra de Cultura, la señora Cecilia Stegö Chilò.
Magnus declara hoy en su blog que no tiene tiempo de publicar ni responder nada, pues....hoy sábado va a la fiesta del matrimonio de un amigo....!
Así se inicia en Suecia un nuevo debate sobre el rol de los ciudadanos y los blogs.

miércoles, octubre 11, 2006

Corrupción a la sueca: Ministra de cultura no pagaba licencia de TV

Cecilia Stegö Chiló, periodista de 47 años, asumió como la nueva ministra de cultura sueca el 6 de octubre. Como ministra ella es responsable también de la Televisión y la radio sueca. Esas actividades se financian mayoritariamente con el pago de licencia de televisión, un impuesto que todos los suecos que tienen televisión en su casa deben obligatoriamente pagar.

La historia es que la señora Cecilia no había pagado ese impuesto durante varios años, a pesar que tenía televisión en su casa. Había evitado cumplir con la ley. Solo unos días antes de que la señora Cecilia asumiera como Ministra, su marido Eric Chiló registró su televisión.
Así estalló el escándalo. Se le acusó a la policía y se le pedirá que pague retroactivo.

Muchos piden su cabeza.

Para la mentalidad sueca, esta vergüenza pública, puede enterrar la carrera política de la señora Cecilia.

Sorprendente, ¿verdad?

Eso es transparencia, ¿no?

General Bachelet: A veces escribo cartas




LAS CARTAS DEL GENERAL BACHELET
Reinaldo Edmundo Marchant
Escritor

“Alberto escribía a mano los borradores de sus cartas y posteriormente los tipeaba en su máquina de escribir. De todo ello guardé cuidadosamente los borradores y lo mismo hice con todos los demás escritos, reflexiones y trabajos en cobre que realizó en los meses que estuvo recluido en la Cárcel Pública”. Quien habla es Angela Jeria, esposa del general Alberto Bachelet, en el prólogo del libro “Las cartas del general Bachelet” (Grupo Editorial Norma, 2006), texto que acaba de ser presentado y que, sin duda, por el valor íntimo e histórico que trasunta, no sólo se convierte en el mejor instrumento fidedigno para conocer al general Alberto Bachelet, su entorno familiar y principios políticos, morales y humanistas, sino además se convierte en la geografía indicada para entender las raíces más profundas de la primera Presidenta que ha tenido Chile, Michelle Bachelet.

El libro, testimonial y autobiográfico, con la voz del propio general en primera persona, enfrentando múltiples felonías, sombrías aspiraciones de sus propios camaradas, evoca de forma realista los grandes libros epistolares de todos los tiempos, de reconocidos personajes nacionales y mundiales, escritos en cárceles y prisiones de gobiernos dictatoriales y fascistas. La briosa pluma del general, con sus descripciones precisas, con tonos a veces dramáticos, irónicos y punzantes, empalidecen muchos testimonios escritos en la sobriedad de un escritorio.

Cuando los historiadores e investigadores emprendan la búsqueda ancestral de la primera mandataria de Chile, no podrán soslayar los escritos de puño y letra entre la entonces estudiante de medicina de apenas veintidós años y su padre, ofrecidos a plena autenticidad en este libro, que develan una naturalidad insólita ante el drama que en él y en el país acechan, ante el encierro paternal, las traiciones lacerantes e inesperadas, la calma de una esperanza que no llegaría jamás y la carencia de odio de un general leal que no pierde la hidalguía, el honor de los valores humanos, que no piensa caer a pesar de “…cuando la escala de valores se cambia violentamente, cuando los conceptos, las ideas y los ideales son destruidos, cuando, en fin, todo el templo arquitectónico se derrumba, uno se encuentra indefenso frente a algo absolutamente nuevo, frente a algo realmente opresor y fuerte. Y cuando uno ha sufrido la experiencia de esa opresión, preso e incomunicado por largo tiempo, con cargos infundados, verdaderas felonías y traiciones de personas que uno creía eran sus amigos, entonces ya no se piensa, sino que se asegura que algo anda mal, que el mundo está loco o que uno ha estado equivocado durante cincuenta años…”, señala a puño y letra en una hoja cualquiera, en prisión, enfermo, en una misiva que después su señora se encargará de sacar oculta en los más impensados lugares del cuerpo, desde los primeros días de septiembre de 1973 hasta marzo de 1974, fecha que en que el corazón torturado del general Bachelet deja de latir.

Hay en el libro, pasajes notables, que, por su legado político, hasta literario y de carácter emocional, recuerdan con fuerza las últimas frases inolvidables del Presidente Salvador Allende: ambos las escribieron para la posteridad desde el infierno de la Moneda, en el caso del Presidente Allende, y desde la celda N° 12, Galería N° 2 de la Cárcel Pública de Santiago, en el caso del general Bachelet.

Es posible que “Las cartas del general Bachelet” hayan sido editadas en este escenario nacional del 2006, donde las miradas interesadas están en carreras presidenciales precipitadas, en berrinches cotidianos que no permiten el silencio para pensar en este legado que debieran conocer las futuras generaciones. Si el libro hubiera salido en su momento, o años más tarde de la tragedia que le tocó vivir, el general Alberto Bachelet tendría carácter de prócer de la patria, por su valentía, consecuencia inalterable de lucha, de ideales que no se cansa de repetir a lo largo de las misivas, “..Mami – le escribe a su heroica esposa, Angela Jeria-. Si algo valgo, si algo he hecho, si algo de participación he tenido en un proceso que ha quedado transitoriamente detenido, te lo debo exclusivamente a ti, que has sabido en todos los años que te conozco, que ya son varios, inculcarme un espíritu de lucha y un deseo de justicia, de igualdad, de derecho para con todos nuestros semejantes... Y como el preso N. 9, si volviera a nacer, seguiría la misma huella...”. Y sigue el general, “Gelucha – forma cariñosa para tratar a su esposa- mía y más mía que nunca, quiero enviarte en estas letras, todo mi amor, mi recuerdo, mis deseos de verte, de estar junto a ti, mirando el horizonte infinito, libres, absolutamente libres para poder dirigir juntos nuestros pasos buscando la forma y luchando para que el hombre deje de ser el lobo del hombre y la libertad, la igualdad, la justicia social se traduzca en hechos concretos, aunque en ello se nos vaya la vida...”. El proceso donde fue juzgado junto a una cincuentena de militares de la FACH, se denominó “Contra Bachelet y otros”, lo que demuestra no sólo la aberración jurídica premeditada, sino también el encono contra el general, que fue acusado cobardemente de conspiración y de otros hechos ridículos que nunca se probaron, que buscaban castigar – sin éxito, a pesar de las torturas y vejaciones como prisionero de guerra, realizado por oficiales de la Fuerza Aérea, que intentaron degradarlo sin ningún respeto por la dignidad humana ni grado militar-, en el fondo, la libertad de sus pensamientos y respeto absoluto de apego a la Constitución del gobierno de la Unidad Popular. Indica el general, “¿Cuál fue mi error? Mi error fue haber sido totalmente leal a la Constitución, totalmente leal a la Fuerza Aérea y totalmente leal a un hombre que se llamaba Salvador Allende”.

Nada doblegó al general. Ni “los ablandamientos”, la cárcel incierta, los vigilantes que lo custodiaban hasta en la enfermería, las constantes y delicadas dolencias cardíacas, todo ello jamás disminuyó su ánimo, la esperanza de continuar luchando, “Pero una cosa debe tener bien clara: mis manos y mi conciencia están limpias, son claras y transparentes, y creo que si alguien debe sentir vergüenza porque yo me encuentro en la cárcel, son nuestros propios opresores. Para mí, al margen de las limitaciones, ha sido una experiencia extraordinaria”, ironizaba el general desde su cautiverio.

Incluso la alegría del general se deja ver en medio de ese tiempo lúgubre, como cuando le escribe al ex Senador Hugo Miranda, detenido en la Isla Dawson, “Santiago empieza a ponerse caluroso – escribía-. Pienso que si lográramos combinar la temperatura de ustedes en Dawson con la nuestra, obtendríamos una medida bastante aceptable... Pero desgraciadamente, aquel que compaginó geográficamente este mundo, lo hizo sin consultar a nadie, lo hizo a su soberano arbitrio y olvidó que la democracia en la vida de los pueblos constituye la felicidad de ellos...”.

También esa chispa a flor de labios afloró cuando su esposa Angela Jeria rindió exámenes brillantes en la carrera de arqueología en la Universidad de Chile, y para celebrar le pidió que entrara a la cárcel pisco sour... Angela Jeria, intentó diversas técnicas para ocultar algo de pisco: finalmente logró su propósito en un termo con “tutifruti”... Desgraciadamente, el licor fue recibido el mismo día de la muerte del general Bachelet: aquella noche sus compañeros brindaron en su memoria.

A lo largo del relato, en las páginas finales, se han rescatado cartas del coronel Carlos Ominami Daza, donde describe los momentos finales del general Bachelet: “El día de su muerte estaba terminado de lavar los platos, la vajilla... Murió en una parrilla de madera que hacía de cama, rodeado de sus acongojados compañeros de celda...”. Por su parte, el entonces capitán Raúl Vergara, su asesor y hombre de confianza, también detenido en una celda contigua, le dedica un estremecedor poema:

No me despediré de ti/porque no te has ido/ni te llamaré
Hermano/porque hiero tus oídos/con palabra falsa/ni camarada/
Porque te evoca la ingratitud/ni siquiera compatriota/ porque huele
A traición... Te nombraré con nuestra canción de amor/y marcha de
De combate/te llamaré simplemente/¡compañero!/admirable/compañero
General/querido compañero Alberto/siempre:/¡compañero! (extracto).


A su vez, su hijo Alberto, radicado en el extranjero, al enterarse de la aciaga noticia, le escribe otro sentido un poema:


Mucho se dijo en su contra
De mucho se le acusó
Que era un traidor, un comunista
Que era un ladrón, un instigador
¿Que quería evitar un golpe?
Nada se pudo comprobar
Pues él siempre fue inocente.
Parece que es pecado defender al gobierno
Ayudar al país y a la gente pobre. (extracto).


A lo largo del libro, donde cuesta marginarse de la emoción, por el largo calvario del general, el constante sufrimiento al que es sometido, asaltan preguntas, ¿por qué no se asiló?, ¿por qué no pidió ayuda externa, como lo hicieron tantos perseguidos? La respuesta es una: ¡Al general Alberto Bachelet le importaba “demostrar” que tener ideales y luchar por la justicia social no es delito! Incluso, en una carta deja entrever su deseo, si quedaba en libertad, de establecerse en Chile, con todo el peligro y la hostilidad que entonces significaba.

Antes de la publicación de “Las cartas del general Bachelet”, yo había escrito en diarios y libros sobre él, destacando el aspecto deportivo que desarrolló cuando era Vicepresidente del Club Deportivo Aviación y Director de Finanzas de la Fuerza Aérea de El Bosque, época en que formaba parte de las inferiores de ese equipo. Con mis compañeros muchas ocasiones estuvimos con él, como jugaba al arco se ponía a atajar balones, armaba partidos informales los fines de semana, escuchaba a todo el mundo. Camaradas de él, como Belarmino Constanzo, recuerdan su solidaridad cuando el dinero no rendía para llegar a fines de mes y el general no se hacía problema en adelantar parte del salario. En una ocasión, nos llevó a tres juveniles a jugar un partido a San Bernardo. Era en contra de gente adulta. En un momento, con una convicción impecable, le explicó a los del otro equipo “que no le llegaron unos convocados” y pidió autorización para que “jugaran los más jóvenes”. No pusieron traba. Ganamos por un marcador casi indigno. Esta parte de su vida es la que tangencialmente conocí de don “Beto”, como lo llamaban. Ignoraba esta parte estremecedora de la prisión y de su muerte, acaecida el 12 de marzo de 1974, sólo tres días después que yo cumpliera diecisiete años.


Por lo que hizo, por lo que fue, por su valentía y extremada sencillez, por no haber hecho ostentación jamás de autoridad y cargos, tenemos una deuda histórica con el general Alberto Bachelet. Es un mártir de la tragedia de Chile. Un soldado que la historia no puede omitir. Un hombre que infundió coraje, optimismo, comprensión, fuerza, elevó la moral de los caídos, detenidos, a pesar de padecer malos tratos, tortura, un cautiverio humillante. Su nombre debe estar en un parque, avenida o población; debe estar en el corazón del pueblo.

Chile le debe un lugar permanente en la memoria de la patria; y a su maravillosa esposa, Angela Jeria, está pendiente el reconocimiento a su valentía, consecuencia, coraje, que debe quedar plasmado con letra inmarchitable por el ejemplo de una mujer que venció el dolor, las pesadillas de las situaciones más adversas que se puedan imaginar; sin su valentía este valioso texto nunca hubiera salido a la luz.

Decía el general Alberto Bachelet: “Yo no voy a ser castigado por algo que he cometido, sino por una falsedad y esa es la manera más difícil de ser castigado. Cuando el momento llegue, lo afrontaré lo mejor que pueda, pero me atrevo a decir, aún cuando no se me escuche ni a muchos les pueda importar, que la presunción es errada. Ni todos los descubrimientos de todos los jurados, ni todos los procesos de todos los tribunales, ni todas las sanciones, por drásticas y extremas que sean, de todo el mundo, pueden hacer que sea lo que no es”.

A veces sabemos cuando nacimos y no cómo moriremos. Sin embargo, quizás lo más triste, es no llegar a saber cómo fueron y qué hicieron los demás en la vida que les tocó. El general Alberto Bachelet vivió con el ejemplo en la comisura de los labios. Ese fue su honra. Su valioso legado. Vale, mil veces siete, conocerlo.


Reinaldo Edmundo Marchant
Escritor