domingo, diciembre 28, 2008

miércoles, diciembre 17, 2008

La muerte de las vanguardias: El rebelde Kjartan Slettemark


Junto a Patricio Igor visité la exposición Recibir la bendición del arte del vanguardista escandinavo Kjartan Slettemark en Matucana 100 en Santiago. La muestra, que dirigió Juan Castillo, es una colección de su producción realizada en video, afiche político y distintos tipos de materiales y técnicas

Psaron unos días y me llama Sergio Badilla, -otro ex habitante de Estocolmo, que también conoció a Kjartan Slettemark en un centro de video de Estocolmo durante los años 80-, para contarme que murió el iconoclasta y controvertido Kjartan Slettemark en un hospital de Estocolmo, donde vivió gran parte de sus 76 años,

Desde los años 60 Slettemark provocó fuertes reacciones con su estilo pop político, y con sus performances irreverentes, humorísticas y lúdicas. Kjartan Slettemark (1932-2008) fue un artista de origen noruego, pero que vivió largo tiempo en Suecia, fue un inspirador y un hombre silvestre, equilibrista, provocativo, creador de lo que después alguien llamaría “trash art”. No tenía (no hay) reglas para la creación. Fue lo que hoy los jóvenes llaman “performancista”. Pero él era más que eso, mucho más que eso: era un genio sin compromisos de ningún tipo y que ha pasado a ser uno de los grandes en la historia del arte nórdico, por lo menos uno de los más grandes artistas políticos nórdicos, y que además se convirtió con el tiempo en un gurú para artistas jóvenes. No es casualidad que le tuviéramos admiración. Y tampoco es casualidad que Juan Castillo haya organizado su exposición en Matucana 100, que dura hasta el domingo, y a la que Kjartan, desgraciadamente, no alcanzó a llegar pues tenía una cita con la muerte.

La exposición en Matucana 100, para los que le interesan estas cosas, estará abierta hasta este domingo 21 de diciembre.

viernes, diciembre 12, 2008

El día en que oriné en CNN


Una periodista de CNN Chile llama a la oficina de la Corporación de usuarios y consumidores de Chile (Conadecus). Ese día en Santiago presentamos a la prensa un estudio comparativo de productos que se promueven como “colaciones escolares”, productos altamente calóricos que contienen mucha grasa, sal y azúcar. CNN Chile, el nuevo canal de noticias, quería hacer una nota sobre el tema.

Viajé con Hernán Calderón, presidente de Conadecus, hasta los estudios de CNN, en Avenida del Valle de la ciudad empresarial de Huechuraba, y subimos a un quinto piso que tenía una escenografía imitación del viejo CNN, con pantallas de plasma y gente circulando.

Una periodista delgada y risueña de nombre Carla nos llevó a un casinito donde había gente joven comprando snacks y café en máquinas con monedas.

La periodista tomó los “packs escolares” que llevábamos y empezó a tapar las marcas con cinta adhesiva. Las marcas igual se traslucían así que la empeñosa Carla fue a buscar más cinta.

De pronto apareció una señora, que no tenía por hábito presentarse, miró los paquetes de colaciones escolares y reflexionó en voz alta y dijo algo así:
-Sí, hay que taparlas, por que estos productos son legales.
Y se fue.
La flaca siguió tratando de tapar las marcas mientras explicaba las preguntas que había boceteado en un cuaderno universitario.

Después apareció de nuevo la señora. Traía en la mano un ejemplar impreso de nuestro estudio de los packs.

- Aer, dijo, la Cecilia Castillo ¿quién es?
- Una doctora experta en nutrición.
- Y Omar Pérez Santiago.
- Soy yo.
- Y usted ¿es doctor también?
- No. Soy asesor técnico de la asociación de consumidores.
- Ah ¿Y quién es Edison Cid?
- Un ingeniero en alimentos que colabora en los estudios.
- Ah, ¿nutricionista?
- No. IN-GE-NIE-RO EN A-LI-MEN-TOS.
- Y ¿de dónde es él?
- ¿Cómo que de dónde es?
- Sí, ¿de dónde?
- Bueno, estudió en la Universidad de Chile….
- Ya, ¿y el fono de Cecilia Castillo?
- Ahí está.

Y se fue.

Por asociación emotiva, yo me acordé de una profe con cara de nazi que tuve cuando joven.


Entonces yo le digo a Hernán Calderón:
-Vámonos.
-Sí, me dice Calderón, vámonos.

En ese momento llega la flaca y ve a Calderón metiendo los packs en bolsas plásticas.
-¿Qué pasa?
-Nos vamos.
-Pero, ¿cómo? si ya vamos a grabar.

Y yo le digo:
-Es increíble, el estudio de las colaciones escolares se informó por canales de televisión abierta y en los grandes medios de comunicación chilenos y aquí en CNN Chile vienen a tapar las marcas y a proteger a las empresas.

Se produjo un silencio interesante. Todos los pollos que estaban allí tomando café se quedaron callados escuchando.

-Pero, no es un problema mío, dice la flaca periodista de CNN Chile.
-Yo sé que no es problema tuyo.
- Es una orden de arriba, de muy arriba.
- Bueno, le dije, esos de arriba, de muy arriba, no son mis jefes.

Y la flaca se quedó con la boca abierta…

-Dónde hay un baño que quiero orinar, le dije.

Oriné en un baño de CNN Chile y luego la periodista flaca (flaca y ahora muda), nos fue a dejar al ascensor.

Across the universe: Recomendada

viernes, noviembre 21, 2008

Programa de ChilePoesía 2008

Programa ChilePoesía
24 – 30 de noviembre 2008
Martes 25
NUEVOS POETAS VENEZOLANOS Recital poético
Balmaceda-Arte Joven. Avenida Balmaceda 1215, Santiago. 16.30 horas

Poetas Venezolanos: Maribel Prieto, Celsa Acosta, Carlos Duque, Alejandro Silva y Carmen Isabel Maracara.

DE PUEBLO A PUEBLO VENEZUELA EN CHILE Gala poético musical
Plaza de la Constitución. 20:00 horas
Músicos: Perú Negro, Eduardo Peralta, Ensamble Sol Menor, Manuel García, Chinoy, Nano Stern, Plumita y la Puta Banda.
Poetas: Venezuela: Celsa Acosta, Maribel Prieto y Carmen Isabel Maracara.
Clemente Padin (Uruguay), Manuel Vilas (España), Rodolfo Alonso (Argentina), Gladys Mendía (Venezuela-Chile), Alex Pausides (Cuba), Floriano Martins (Brasil) y Renato Sandoval (Perú).

Chile: Horacio Eloy, Florencia Smiths, Gloria Dünkler, Marcela Parra, Marietta Morales, Marcela Saldaño, Ernesto González Barnert y Francisco Véjar.

Miércoles 26
POETAS EN LA ESCUELA Recital poético-musical
Liceo San Agustín, El Bosque, Av. Central 555, El Bosque. 10.00 horas.
Músico: Manuel García (Chile).
Poetas: Manuel Vilas (España), Rodolfo Alonso (Argentina), Ron Ridell (Nueva Zelandia) y Carlos Duque (Venezuela).

POETAS EN LA ESCUELA Recital poético-musical
Liceo Christa Mac Auliffe Gran Avenida 9730, El Bosque. 10.00 horas
Músicos: Ensamble Sol Menor (Venezuela)
Poetas: Renato Sandoval (Perú), Carmen Isabel Maracara (Venezuela), Alex Pausides (Cuba) y Floriano Martins (Brasil).

POESÍA EXPERIMENTAL LATINOAMERICANA Clase maestra para jóvenes
Balmaceda-Arte Joven. Avenida Balmaceda 1215. 16.30 horas
Poeta: Clemente Padin (Uruguay)

POETAS RECIBEN A POETAS Tertulia Poética
Sociedad de Escritores de Chile (SECH)
Almirante Simpson Nº 7, Providencia. 20.00 horas
La Sociedad de Escritores de Chile y su presidente , Reynaldo Lacámara, recibe a poetas invitados.

Venezuela: Maribel Prieto, Celsa Acosta, Carlos Duque, Alejandro Silva, Iván Padilla y Carmen Isabel Maracara.

Colombia: Winston Morales. Nueva Zelandia: Ron Ridell. Argentina: Rodolfo Alonso. Uruguay: Clemente Padin.

Perú: Renato Sandoval. Cuba: Alex Pausides y Damaris Calderón. España, Manuel Vilas.

Chile: Reynaldo Lacámara, Malú Urriola, Paz Molina, Manuel Silva Acevedo, Jaime Quezada y Jaime Huenún.
PEÑALOLEN EN POESÍA Recital poético musical
Municipalidad de Peñalolen. Av. Grecia 8735. 20:00 horas
Músicos: Ensamble Sol Menor, Chinoy y Nano Stern

Poetas: Winston Morales (Colombia), Rodolfo Alonso (Argentina), Floriano Martins (Brasil) y Clemente Padín (Uruguay). Chile: Cesar Cabello, Isabel Gómez y Pavella Coppola.

Jueves 27
DEL OTRO SUR Recital poético-musical
Centro Cultural Otro Sur de San Bernardo.
Casa de la Cultura , Avenida América 504. 19:30 horas
Músicos: Ensamble Sol Menor (Venezuela), Manuel García y Chinoy (Chile),
Poetas: David Añiñir (Chile), Eli Neira (Chile), Óscar Saavedra (Chile), Rodolfo Alonso (Argentina), Winston Morales (Colombia), Alex Pausides (Cuba), Ron Ridell (Nueva Zelandia) y Alejandro Silva (Venezuela).

POESÍA, POLÍTICA Y GESTIÓN CULTURAL.
Conversatorio.
Sociedad de Escritores de Chile
Almirantes Simpsons nº7, Providencia. 19:30 horas.
Iván Padilla, Viceministro de Cultura del Desarrollo Humano
de la República Bolivariana de Venezuela.
Renato Sandoval (Perú), José María Memet (Chile), Alex Pausides (Cuba) y Floriano Martins (Brasil).
Modera: Víctor Sáez.

Viernes 28
LA NUEVA POESÍA DEL SIGLO XXI Conversatorio y Lectura Poética
Auditorium Universidad Academia Humanismo Cristiano.
Avenida Condell 343, Providencia. 17.00 horas
Poetas: Floriano Martins (Brasil), Ron Ridell (Nueva Zelandia), Alex Pausides (Cuba), Rodolfo Alonso (Argentina), Clemente Padin (Uruguay), Renato Sandoval (Perú) y Alfredo Fressia (Uruguay)

DE PUEBLO A PUEBLO VENEZUELA EN CHILE Recital poético-musical
Municipalidad de Buin. Carlos Condell 415. 19.00 horas
Músicos: Ensemble Sol Menor (Venezuela), Francisco Villa (Chile),
Poetas de Venezuela: Celsa Acosta, Carlos Duque, Alejandro Silva,
Iván Padilla y Carmen Isabel Maracara.

CONCHALÍ EN POESIA Recital poético-musical
Américo Vespucio (Altura del 2300) Forestal sin número. 20 horas
Músicos: Chinoy y Manuel García.
Poetas: Alfredo Fressia (Uruguay), Maribel Prieto (Venezuela), Manuel Vilas (España), Damaris Calderón (Cuba).
Chile: Jaime Pinos, Elicura Chihualaf y José María Memet.
Domingo 30
Poetas visitan la Casa de Neruda en Isla Negra y van a tomar té con Nicanor Parra.

viernes, octubre 24, 2008

Familias del Villa María. Nueva novela de Jorge Marchant Lazcano

Amigo, amiga, te aviso: voy a contar el final de la novela El amante sin rostro de Jorge Marchant Lazcano.

La resumo de este modo:
La niña Isabel Reymond Court tiene trece años y se enamora carnosamente de su primo hermano de veintiún años, Juan Sebastian Reymond Capdeville, estudiante de derecho en la Universidad Católica. La nena Isabel -influida ella por la lectura de unos libros, tal como le ocurrió al Quijote de La Mancha- perdió la razón de calentura un verano en el fundo de su abuela.

Efectivamente, la lectura mórbida de la novela de José Donoso, El Lugar sin límite, que Isabel le robó a su primo, la convierte en una loca enamorada. Esa novela de José Donoso trata sobre un prostíbulo del pueblo Estación El Olivo, un lugar sin límite donde prevalece el senador latinfundista, Alejandro Cruz. Don Alejo le apuesta a la Japonesa, una meretriz, que embelese a Manuela, un travesti. La apuesta consistía en realizar "un cuadro plástico" entre la Japonesa y la Manuela. La travesti duda, pero piensa en su futuro y en su dependencia del senador macuquero. Y acepta. Y de esa relación sexual morbosa e interesada nace la Japonesita. Más tarde, Pancho Vega, un pendenciero y camorrista, llega al prostíbulo y busca a la Japonesita.

Esas historias picantosas de Donoso son las que activan el erotismo vegetal de Isabel durante varias noches con su primo Juan Sebastian, en el verano del 1968, cuando los primitos cachonderos veraneaban juntos. Es sexo animal, la antitesis del amor cortés.

Más tarde, Silvia, la madre de Isabel, se dedicaría a encubrir el embarazo con un aborto y al final toda la familia hace como que no pasó nada. Se borró todo.

Una relación carnal con un primo hermano puede ser un bullicio y una especie de pecado original que, en este caso, los acompañará para siempre. El ejercicio pleno de la sexualidad aparece maléfico y puede generar un nudo gordiano. Este es el caso de las familias Reymond Court y Reymond Capdeville, un puñado de seres tan altaneros como afectados.

En realidad, esta es una historia sobre ese amor truncado. Y, al parecer, no hay nada peor, (o nada mejor, según desde donde se le mire) que los amores interruptus, amores fantasmas.

Ya que les conté el final, ahora les cuento el principio.
La novela comienza 40 años después. Isabel está casada con un gringo en Nueva York, con quien ha criado dos hijos. Y su primo fogoso, Juan Sebastian, ahora es un Obispo católico, un “príncipe de la iglesia” al que se le acusa, por cierta prensa, de homosexual o pedófilo y que se ha refugiado en Nueva York.

El punto de la novela es este: historias sobre el fingimiento, la represión y la frialdad emotiva de familias burguesas chilenas. Un tipo de familia minoritaria, pero que, como clase social, han impuesto sus humos hegemónicos al resto de la sociedad, predominio cultural al estilo Gramsciano. Llamemos a esas familias, Familias Villa María, pues, como en la novela de Marchant Lazcano, educan a sus hijas “pelolais” al Colegio Villa María. Y sus familias se constituyen también en especies de conventos con abadesas. Esas abadesas son unas tías mandonas, autoritarias, pobladas de prohibiciones y de encubrimientos sobre los nexos parentales y el fantasma del concubinato y el incesto. Esas señoras, que también retrata José Donoso en sus novelas, normalmente son odiosillas y plomotes, y persistentemente se las arreglan para ocupar un rol preponderante.

El universitario Juan Sebastian luego se hace sacerdote y vive en otra familia piramidal y clasista, que también promueve los mismos temores sexuales y las mismas prohibiciones y que reproduce las mismas programaciones adeníticas. Monseñor, “un cuerpo encerrado en la vestidura de un sacerdote”, parece que llevaba el diablo debajo de sus sotanas. Y finalmente parece que estaba perdiendo la batalla contra ese demonio.
Isabel, por su parte, alejada de su familia chilena en Nueva York, parece vivir eternamente en un oscuro objeto del deseo que sublima en los libros (una técnica de contención, de suspensión sexual). El libro, ese objeto que la perdió sexualmente cuando niña, es ahora su salvación.

Estamos frente a una renovada fábula del discreto encanto de la burguesía. Aquí la leyenda redentora es sobre el secreto que debe ser sepultado en un hueco para la eternidad. La educación sentimental: amores no logrados, pasión inacabada y que se condensan eternamente en la memoria.

El “amante sin rostro” no es Dios. Es su representante en la tierra, un Obispo: Monseñor Juan Sebastian Reymond. No es la primera vez que Jorge Marchant Lazcano escribe sobre abadesas y conventos, civiles o no, ya lo había hecho muy bien en su novela La joven de blanco.

El amante sin rostro no es una novela sobre la decadencia de la familia en general, pues hoy día hay muchos y diversos tipos de familias, como se muestra, por ejemplo, en la novela de Marchant Lazcano (la hija adoptiva de Isabel, Ana Marie, tiene una relación lésbica y estable con una gringa, y Ana Marie decide tener un hijo, consensuado con su primo Matías. ¡Miren qué cosa, no hay cómo igualar a las familias!).

Repasemos entonces: la novela es sobre un tipo específico de familia que hemos llamado, con objetivos didácticos: las Familias Villa María Academy, una minoría de padres y madres bienintencionados que llevan a sus hijas cuicas y mimadas a un colegio turulato. Es una minoría nacional pero que, sin embargo, implantó un protozoo en otras clases sociales, unos microbios desde los que crecieron como aliens nuestras tías pelmas que escandalizan por todo, esas “mujeres que no imaginan cochinadas”. Esas tías que consideraron “rara” a Isabel, “rara desde que era niña chica”.

¿Qué chileno no tiene una tía áspera, metiche e intrusa, hinchada de censuras y monomanías, brujildas, tías que se estremecen cuando alguien dice pico o chucha, o que abren los ojos como lechuzas cuando un joven se corta el pelo a lo mohicano, a lo Beatles o lo hippie, por que según ellas lo único varonil es el corte a lo milico? Aunque esas tías no hayan ido nunca a un colegio tipo Colegio Villa María Academy de la Congregación de las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María, igual las tías con sus ademanes arribistas, aspiracionales y fuera de curso, son capaces de emporcarle la vida al más paciente.

Recomendaré además la novela como una metáfora de la capacidad de encubrimiento que han tenido esas familias, (reitero: llamadas sólo con fines didácticos, Familias Villa María). Familias que mandan sus retoños a colegios privados con mensualidades en UF y que son expertas en encubrir en sus closets sus “anomalías”, sus “rarezas”. Por lo demás, y a propósito, es el mismo tipo de familia que ha sido experta en ocultar lo que ha sucedido en la terrible vida social y política chilena de los últimos 40 años. Ellos no vieron nada, ellos no supieron nada.

En fin.

Una colega me ha contado, cuando le he hablado del libro de Jorge Marchant Lazcano, que en unos talleres literarios que ella da para jubilados ABC1, los vejestorios están muy ávidos de saber lo que realmente pasó en el país. Quieren saber cómo desaparecía la gente, cómo eran los curas y obispos rojos y los sindicalistas que eran relegados a pueblos sin nombre. Los dos únicos diarios permitidos, (los únicos diarios aún existentes), nunca les contaron nada.

Quieren cachar algo, antes de apagarse para siempre.

Ahora deseo ser honesto (o más bien decoroso) y decirles que para simplificar y facilitar (y facilitarme) el texto, he hecho trampa. Un fraudillo estilístico. El libro de Jorge Marchant Lazcano es más complejo y considera otros niveles narrativos, paralelismos de los que yo no he hablado, y que le otorgan grados de circularidad y de amena ambigüedad a la novela. Pongo un ejemplo: un sobrino de Isabel llega a Nueva York, (ciudad numérica en que uno no puede perderse), Matías Reymond, y, de algún modo, él es el testigo discreto, algo silencioso y algo tímido, del desencadenamiento y del caos de la realidad novelada. Este joven escritor participa en un taller de literatura y cavila desde sus lecturas la vida que le toca presenciar.

En su carrera literaria, Jorge Marchant Lazcano ha ido enfrentando sus temas y sus fantasmas con seria honestidad. A mucha diferencia de otros colegas que se entregan fáciles a la farandulización de la literatura, y que desarrollan el lado cómodo, a veces trivialmente liviana, o, pero aún, a veces, se convierten en travestis, y terminan escribiendo exactamente lo contrario de lo que piensan y lo que sienten.

Jorge Marchant Lazcano, en su ya plena, valerosa y madura carrera literaria, ha escrito una novela resuelta, sustantiva y muy recomendable.

miércoles, octubre 22, 2008

En este desierto caerá mi cuerpo

En este desierto caerá mi cuerpo
Carlos Almonte




He murmurado contra ti el impávido epitafio
de los que aún duermen,
y las cínicas palabras de los que no dicen: te amo,
o te extraño.

He vociferado contra ti
el árido epitafio de las voces interdictas
y
un prolijo coro de dementes hacinados
que le cantan sólo a tu belleza.

Eres tú la que dirá: No creo en la distancia y en el tiempo.

Flamenco es un sueño, Editorial Calabaza del Diablo, Santiago de Chile, 2008

lunes, octubre 13, 2008

Realismo Chungo según Javier Milanca

En Los Vilos el bus enfila hacia la cordillera de Lo Andes. Yo sólo espero una subida algo empinada pero constante hacia la sierra. Pero al llegar a Limáhuida debo pararme en el bus al subir la cuesta de Cavilolén de 10 kilómetros de largo, una de las más empinadas y más curvilínea que yo tenga recuerdo. La vista es cinerámica con los cerros y al fondo una cordillera galante. Y luego de esa subida espectacular y sorprendente, llegamos al Valle de Choapa y a la ciudad de Illapel, una ciudad isleña que parece vivir con otro ritmo y con otro movimiento.

Me ingreso en el hotel y voy a almorzar al frente, en el Maderos restobar. En el interior cuelgan unos cuadros de Manuel Alfredo Soto, unas imágenes de iluminación diaguita y cisura de cómics. Luego de comer vuelvo a cruzar e ingreso a la peluquería donde me dejo cortar el pelo por una morena afable. Así de simple y así de cordial transcurre este sábado en Illapel. La Plaza de Armas se ve algo descuidada y sus antiguos y elegantes faros de bronce han sido suplidos por feas y numerosas bombillas de feria. En una esquina hay, en cambio, una nueva casa de la cultura que podría enorgullecer a cualquier ciudad del mundo, donde se presentará el libro de Javier Milanca, Historias Bellacas. En el salón hay bastante gente, entre ellos la batería de escritores y escritoras de la zona.

Historias bellacas son cuentos sin grietas. Se nota desde el inicio que Javier se divierte escribiendo, no como otros que escriben para aburrirse. Son 19 cuentos cortos, concentrados, que hablan de seres algo perdidos, pero vitales. El narrador está concentrado en dos cosas. Las damas y los bares. Mujeres de todo tipo y estirpe, algunas reconocibles, circulan por los cuentos como, por ejemplo, Susy la meretriz, la Caracolera cubana, la bella de Cartagena, la inefable Juanita Chávez, la rubia de los barrios bajos, Scarlette, Betzabé la hija del pastor y la inolvidable Camboyana.

“La Susy no tiene en la memoria la cantidad de abortos que ha hecho y se ha hecho. Entre la cumbia de sus piernas pasó el amor fugaz y la pasión parrandera. Durmió de día y vaciló de noche.”
Y sobre la Camboyana cuenta como quedó después de unas fiestas:
“No encontró nunca sus calzones en el desbarajuste de soldadesca en que quedó convertida la casa después de la fiesta y tuvo que irse a capela, protegida sólo por la reciedumbre de un jeans que el raspaba como lija nueva”

Y otro tema preferido del libro son la historias de bar, como el primer cuento del libro “La noche sin voz” sobre un señor llamado Tiburcio Cañas, un borracho muerto caminando.

“Se le ocurrió sorprenderlos, apareciendo de sopetón y cantando La Joya del Pacífico con su canto lloradito. Saltó con su gracia saltimbanqui y entonó con todos sus pulmones ¡Eres un arco iris de múltiples colores…!”

Pero nadie lo sintió, ni siquiera lo miraron. Fue el Flaco Morales el que habló:

“El primer tema va a ser un homenaje a nuestro amigo cantante que está en otro mundo: Tiburcio Cañas”

De un carácter esperpéntico es el cuento El Ojo. Sobre un ojo que apareció dentro de una vaso.

Hay algo del retrato afectivo de personajes populares del escritor Osvaldo Soriano, sus narraciones sobre gentes tan entusiastas como perdedores. Hay en los cuento de Milanca una visión desgarrada, con humor, ternura, horror, desenfado verbal y léxico escatológico y cuyo tema central es el desamparo en el que mezcla temas de provincia y del folklore genuino y profundo. Una suerte de crónicas fragmentadas algo amargas, picantes y divertidas de gente y costumbres que el autor conoce bien y que recuerdan las influencias del premio Nóbel español, José Camilo Cela.

En el libro alguien dice que “a falta de París, siempre tendremos Illapel”. Me entusiasman estos cuentos pues los valen y son un verdadero aporte. Es sorprendente que en Illapel se escriba de un modo que pueda compararse a la mejor literatura nueva latinoamericana. Lo digo muy en serio. Los cuentos de Javier Milanca fortalece una nueva corriente que yo llamo Realismo Chungo, que propone los temas de la identidad en nuestras difusas sociedades populares y villanas, con logrado humor y punzante ironía.

Milanca de algún modo viene a cerrar y abrir círculos en los que la literatura se ha estado dando vueltas como la corriente de Mcondo que surgió en Chile con Alberto Fuguet y la corriente del Crack mexicano que surgió en 1996 con El manifiesto de Jorge Volpi, Ignacio Padilla y otros. Literaturas oficiosas, con formatos codificados, reelaborados, parodiados del pop y los medios de comunicación y con unas ganas de ser entendidos por las metrópolis. Literatura sin nación, sin ubicación geográfica y con intentos de ser o creerse globalizada.
Milanca retoma realidades latinoamericanas fuertes, en ambientes de desecho, sobre personajes populares reconocibles en cualquier lugar de América latina, en esos suburbios de las ciudades, en la frontera de lo legal y lo bizarro, amantes de las madrugadas y secuaces de la noche. No es casualidad, quizás, que estos cuentos de Milanca aparezcan en el mismo momento en que se produce el crack del 2008, la caída mundial del capitalismo del desastre, como lo llamó Noami Klein. Milanca abre un nuevo círculo para presentar una realidad no presente en los medios de comunicación, realidad muy chunga, de mala calidad, difícil y enrevesada, que dejó el paso de la globalización.

La presentación del libro de Javier Milanca continuó en el Maderos restobar, donde yo ya había almorzado, con una tertulia con escritores y escritoras, una verdadera colmena illapelina telúrica, en esta ciudad isleña que para salir hay que volver a subir hasta la punta de la montaña.

miércoles, octubre 08, 2008

Inger Christensen

Inger Christensen (1935) es, sin duda, una de las voces femeninas más importantes de Europa. La obra maestra de Inger Christensen se llama Sommerfugledalen (El valle de las mariposas) publicada en el año 1991. La novela La habitación pintada fue traducida y publicada en Barcelona en 1999.

Idioma y espíritu

Veo las leves nubes

Veo el leve sol

Veo donde se perfila

un infinito proceso

como si ellos me sintieran en la tierra

como si ellos supieran que yo

soy sus palabras

(de libro Det, 1969.

La traducción del danés es mía)

Sprog og ånd

Jeg ser de lette skyer

Jeg ser den lette sol

Jeg ser hvor let de tegner

Et endeløst forløb

Som om de føler tullid

Til mig der står på jorden

Som om de ved at jeg

Er deres ord

lunes, septiembre 22, 2008

Los elefantes pierden el miedo. El Evangelio según Teresa Calderón

Una elefanta -de cuyo nombre Fresia si quiero acordarme, vivió su cautiverio inútil por cuarenta años desde el año 1951, en el zoológico de Santiago en el cerro San Cristóbal. Yo fui uno de esos niños que mi papá llevó a ver a Fresia, uno de los pocos elefantes que he visto en mi ya dilatada vida. Fresia gustaba mucho de los maníes que yo colocaba en los huecos de su trompa. Llegado un momento, ese niño que era yo, consideró que la elefanta en su insistencia se comería todo el paquete. La próxima vez que estiró la trompa, yo le di una cachetada.
¡Plaf!
Fresia se dio media vuelta y alguien, alguien que debió ser mi padre, dijo que la elefanta se había enojado conmigo y me iría a tirar agua con su trompa.
Sigilosamente me retiré a ver los monos.
Comprenderán, nunca olvidé ese tenso momento.

Y la vida fue, fue y volvió muchas veces.

Otro día, yo ya era mayor, volví a ver a la elefanta Fresia, también ya mayor. Lo noté en sus arrugas alrededor de sus ojos. Fresia me miró fijamente a los ojos y creo que también notó mis arrugas. Se detuvo fijamente y luego levantó los ojos.
Me había reconocido. Estaba seguro que me había reconocido.
Entonces ella se giró y me dio la espalda, tal como lo había hecho cuando ella era una joven.

-Me va tirar agua, pensé.

Recuerdo esta historia asombrosa y verdadera leyendo Elefante (RIL editores), el nuevo libro de nuestra escritora nacional, Teresa Calderón.

Los elefantes tienen memoria.

Los elefantes
no olvidan ni perdonan,
comen pasas.
Con ellos ni perdón
Ni olvido.


El libro tiene tres partes cuyos títulos son Elefante, Palabra de Elefante y Hay más.

La primera parte la escritora mueve bien sus técnicas de seducción. Busca, con gracia y nobleza, introducirnos en un tema peliagudo. Y lo logra. Hay algo que definitivamente me atrae de este libro. Es su sentido pop, cultura popular, citas, comentarios abiertos, notas de prensa, collage impresionista y remembranzas. Con esas técnicas nos introduce en una sólo cosa, pero esencial: el valor de la memoria.
Observen este poema:

Qué lejos estoy del suelo
Donde he nacido,
Inmensa nostalgia
Invade mi pensamiento.
Y al verme tan sola y triste
Cual hoja al viento
Quisiera llorar
Quisiera morir
De sentimiento.

Y poco a poco, sin darnos cuenta, nos está diciendo a los escritores y escritoras que nos pongamos de pie, por que algo muy grave está ocurriendo.

Levántense,
Escriban cartas para esas casas sin número
Terminen sus libros,
No los dejen morir de sed en el desierto.

Levántense por la noches
Para asustar a la platea,
Ensayen frente al espejo,
Terminarán creyendo en lo que ven
Y plasmarán su imagen para siempre
En la eternidad,
Allá donde no importa quién es quién
Ni lo que quiere reflejar,
Lo que importa
Es no caer de los falsos columpios
Ni apoyarse en barandas de utilería.

La segunda parte del libro son citas de personajes importantes. Esta, por ejemplo:

“La vida es muy peligrosa,
No por las personas que hacen el mal,
Sino por las que se sientan a ver lo que pasa.”
Albert Einstein


En el tercer capítulo la advertencia queda clara, los elefantes, por que tienen memoria, acumulan stress post traumáticos, que genera violencia irracional.

Cuando un cazador mata a una mamá elefante,
Lo hace sin tener en cuenta
Que está creando mucho dolor al resto de la familia
Y estimula un ciclo de violencia.
Ante la ausencia de elefantes adultos experimentados
Los jóvenes se vuelven agresivos y atacan.

Y, según nos fuimos enterando en el libro, los elefantes han sido expropiados de su hábitat, han sido usados en guerras, y han generado rebeliones importantes.

La vieja creencia de que los elefantes nunca olvidan
Fue respaldada por la ciencia.
Y aunque no lo estuviera, caramba.

Leyendo a Teresa Calderón me cae la teja de algo importante: ella expresa una corriente de crítica radical a la forma en que se están haciendo las cosas, una crítica a la civilización.

En Chile, el actual modelo exportador neoliberal ha significado una rápida y vasta destrucción de la naturaleza. El escandaloso informe del SAG, escondido durante un año por la autoridad, revela que el 60 % de las frutas y verduras están contaminados con plaguicidas de alta peligrosidad y generadores de enfermedades catastróficas. Los coreanos y japoneses han rechazados los cerdos chilenos por estar contaminados con dioxinas y el gobierno chileno informa que hay 14 predios de un total de 52, que están contaminados y en cuarentena. Los informes sobre el uso indiscriminado de antibióticos en la industria del salmón, la inutilización de ríos y lagos con contaminación de percolados de la industria forestal, los proyectos de las mineras que afectan a géisers, glaciares milenarios, y a las aguas de las comunidades, revelan una extensa y profunda crisis.

Estas empresas de monocultivo desprecian la memoria de las comunidades indígenas, de pescadores y de campesinos. Violentamente han querido volver invisibles la presencia, la experiencia, la memoria y el conocimiento de las culturas indígenas. Esas culturas son nuestros verdaderos elefantes, y han sufrido largamente acciones punitivas, y las han sufrido en silencio, como se sufre el exilio. Han sido asediados, controlados, reducidos y la pregunta es: ¿Cuál es la huella que han dejado sobre nuestra cultura, sobre nuestra memoria, esa serie interminable de usurpaciones y de estropicio de la biodiversidad cultural?

Hay que escuchar a Teresa Calderón pues está hablando -de modo creativo e ingenioso y con cierto pathos- de la esencia de nuestra relación con la memoria y con la naturaleza. Calderón no separa memoria y naturaleza, un elefante vive en su memoria.

Teresa Calderón se dirige a los escritores, “Levántense”, “Terminen sus libros”, pero también se dirige a la elite. La elite: gente que va invitada al Te Deum de Fiestas Patrias con cara de comulgar. Esa elite ya debería pegarse el alcachofazo.

Calderón revela que es inevitable que los elefantes no comulguen con ruedas de carreta y que su memoria y su naturaleza, llevará, -de modo inevitable, repito, de modo natural- a un momento en que los elefantes recuerdan y pierden el miedo.

Rebelión de elefantes en la India

Los elefantes salvajes
En el estado oriental indio de Chattisgarh:
Salen de la selva para ganarle terreno a la civilización.

La pérdida de espacio en su hábitat natural
ha hecho que los elefantes pierdan el miedo
Y se aventuren a visitar la civilización,
donde destruyen todo lo que se cruza en su camino
.

Un mito urbano de Santiago dice que la Elefanta Fresia un día logró agarrar por el cuello a un individuo que una vez, en lugar de maní, le había dado un clavo. Ahora creo que ese mito es cierto.
De eso habla Teresa Calderón en este libro central. Frente a la humillación no habrá ni olvido ni perdón.

(la foto es de José Luis Hernández)

lunes, septiembre 08, 2008

¡Firme, compañero Presidente! 11 de septiembre de 1973

A LAS 7 DE LA MAÑANA del martes 11 de septiembre de 1973, me despierto por unos ruidos en el patio. Me asomé por la ventana y allí estaba Manuel, el dueño de la pensión, quemando libros. Me levanté, y, al ponerme el pantalón pata elefante, el cierre se rompe y lo sujeto con un alfiler de gancho.

-¿Manuel, qué estás haciendo? ¿Cómo se te ocurre quemar a esta hora esos libros?
-Los militares se están tomando el gobierno, lo acabo de escuchar por la radio- me contesta mirándome con un rostro de miedo – y cuando lleguen aquí no quiero que estén estos libros y afiches.
-Pero, si ustedes han estado siempre en contra del gobierno de Allende, ¿De qué te preocupas? Le dije mientras me tapaba entre los sobacos las manos por el frío.
-Sí, nosotros sí, pero tú no.

ALLÍ ESTABA. El miedo. La primera actitud de miedo que vi como consecuencia del Golpe de Estado. El miedo que pronto sería común. El miedo que se instalaría por años.

SALÍ DE LA PENSIÓN con la extraña convicción de transformarme en un guerrero. Pienso en el coraje. Tengo miedo, es cierto, pero estoy resuelto. (A esto viniste). Ya no pensaba si sería leyenda o no. Era un deber.
Me dirigí a la escuela de Ciencias Políticas. Escuché impávido en la radio de la micro parte del discurso de Allende: “Llamo sobre todo a los trabajadores, que ocupen sus puestos de trabajo”.

EN LA ESCUELA ya había unos treinta o cuarenta resueltos.
En Santiago hay centenares de estudiantes de la Universidad de Chile que se juntan para resistir.
Los estudiantes de Medicina y Bellas Artes se juntaron en el hospital J. J. Aguirre;
Los de ingeniería en la Escuela de Bucheaff;
Pedagogía, Filosofía y Periodismo en el Pedagógico de Macul.
Sé que también están con miedo.
Pero resueltos.
Sé que no es épico.
Sé que no es heroico.
Sé que ya no fuimos leyenda.
Pero es la verdad y debo decirlo:
Un día en la historia de un país llamado Chile, digamos un once de septiembre, fuimos centenares de estudiantes de la Universidad de Chile dispuestos, resueltos a luchar por Allende, el compañero Allende.
Allende habla por última vez por radio Magallanes: “El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse.”

ALGUIEN DIJO que era necesario abandonar la escuela, pues detrás estaba la escuela de Carabineros. Era darle leña a la hoguera. Sería una masacre.
Decidí irme al local de mi partido, la Izquierda Cristiana, en Cienfuegos 15, en el centro de Santiago. La micro no pasó de la calle Miraflores. Ya empezaban a escasear las micros y los medios de transportes. Me fui casi trotando por la calle Moneda. Los tanques y las patrullas de militares se tomaban las calles alrededor de La Moneda, la gente corría de un lugar a otro, más hirvientes que riachuelos impetuosos.

LLEGUÉ A LA PLAZA DE CONSTITUCIÓN. En ese preciso momento, unas tanquetas se retiran de la Plaza y los carabineros dejan la Plaza de la Constitución. La plaza vacía tenía un olor a precipicio, a abismo, a aliento fatal. Un país detenido, y toda la historia de Chile concentrada, por un momento, en una plaza. Se siente que aquí en esta plaza, por un momento, se condensa de pronto el pasado y el porvenir de un pueblo.
¿Qué sucederá?

¿QUÉ OCURRIRÁ EN ESTA PLAZA?
Entonces.
Un fotógrafo corre hacia un balcón de la Moneda. Raja el paño del silencio gritando:

“Allende, Allende”.

Corría un camarógrafo gritando:

“Señor Presidente, señor Presidente”.

YO JUSTO IBA CRUZANDO y sucedió lo increíble: El Presidente Allende estaba en un balcón del segundo piso, mirando como se retiran las tanquetas. Corro y ante los gritos de los fotógrafos aparecen otros jóvenes.
Uno de los muchachos le grita:

-Déles duro, compañero Presidente.

Allende levanta la mano izquierda y nos saluda. Lo recuerdo tranquilo, diría sonriente. Yo, en cambio, estoy conmovido, emocionado. Ya les dije que creíamos que vivíamos un momento histórico, único y que no seríamos leyenda. Allí estaba en el balcón de La Moneda, Salvador Allende, el dueño de mis sueños y mis pesadillas, el sol de la revolución que amábamos y que ahora terminaba, dando la bendición de los ancestros que van a morir.
Y allí estoy yo, con mi pelo largo, mis pantalones pata elefante con el cierre malo prendido con un alfiler de gancho, mirando un ícono desde abajo, confundido, sorprendido, insignificante.

LA PLAZA, EXTERIOR, DÍA.
Como un guión de cine para mejor dar la ilusión de eficacia de un relato que está en el subconsciente colectivo.
Plano general de la plaza.
Zoom in.
Allende.
Ya, en ese momento Allende era un ícono. Se presentía ícono, un logo. Desde el fondo de mí, no puedo dejar de gritarle también al ícono, mientras el ícono ya se daba vuelta, para ingresar a La Moneda:

-Firme, compañero Presidente.

LOS FOTÓGRAFOS TOMAN SUS FOTOS. Es la última foto del ícono vivo. Allí estoy yo: ese era yo, jovencito, pelo largo, flaco, pantalón pata elefante con un alfiler de gancho en el marrueco, emocionado, sorprendido, gritando: firme compañero Presidente, firme compañero Presidente.

LLEGUÉ EN UNOS MINUTOS a Cienfuegos 15, vi a algunos de los líderes en Cienfuegos nerviosos darse vueltas por allí. Todo era un tenso desorden. Un grupo de universitarios nos organizamos y nos retiramos a un departamento en la cercanía, Agustinas con Cienfuegos. Esperamos órdenes.

A MEDIODÍA LOS INSURRECTOS lanzan un ataque, resuena la guerra. Aparecen dos Hawker Hunter de la Fuerza Área. Hacen tres pasadas y lanzan 18 proyectiles sobre La Moneda.

¡Boom¡, ¡booom¡, ¡booom¡.

LO INCREÍBLE OCURRIÓ.
Estaba ardiendo La Moneda.
Otro ícono nacía.
Un edificio ardiente. La Moneda será ahora una tumba. Una hora después el Presidente Allende ya está muerto. Ahora surgen pesares, actos de espanto, que dividirán definitivamente a Chile.
El toque de queda ya había sido anunciado para las primeras horas de la tarde.
Entonces nos hablaron nuestros líderes por teléfono.

(NO TODOS LOS RECUERDOS pueden ser agradables. No todas las evocaciones son políticamente correctas. Hacer política en literatura puede ser, además, desconcertante. Pero, bueno, después de más de treinta años que ha ocurrido esto, no estoy desesperado por sorprender).

NUESTROS LÍDERES nos habían asegurados que lucharían hasta el fin, que resistirían hasta el fin. Ahora ordenaban replegarse.
No había nada.
Ni una salida creativa, poética o ingeniosa.
Nada.
Es un recuerdo ingrato y clave, a la vez. Nuestros líderes eran una sombra. Cientos de jóvenes habíamos creído en una sombra. Y acoger imágenes falsas de las cosas, por necedad o incultura, lo convierte a uno, de pronto, en un alienado, o por lo menos, en un ridículo. Estábamos en la edad en que buscábamos conocer el mundo y sus límites, descubrirlo como un modo de entrar al espacio adulto; y su descubrimiento no fue amable. Así terminaban nuestros ritos de pasaje. Nos hicimos viejos un once de septiembre.
Lucha, entonces, no habría, mayormente.

EN EL CENTRO DE SANTIAGO hubo varios que no escucharon la orden.
Cayeron hombres valientes, se desempeñaron dignos en la batalla.

POR LA TARDE, hicimos unos ingenuos panfletos que decían Allende Vive. El país se desangraba en el salvajismo del poderío militar y nosotros hacíamos inocentes volantes que decían Allende Vive. Parece, parece que estábamos desfasados.

LLEGARON LOS MILITARES. Las tropas rodearon el edificio. De pronto subieron a nuestro edificio. Venían por nosotros. Un vecino nos denunció. Rápidamente, tiramos los panfletos por el excusado, lanzamos un juego de cartas sobre la alfombra y colocamos un inocente disco de Palito Ortega.
Los militares no golpearon en la puerta del departamento, prácticamente la echaron a patadas abajo. Yo abrí. No vi a nadie. Solo una voz que gritó:

-¡Todos afuera!

SALIMOS CON LOS BRAZOS en altos, nos pusieron contra la muralla y nos registraron. Estaban entrando a explorar el departamento cuando desde el edificio del enfrente un francotirador comenzó a dispararles. El oficial, nervioso, ordenó responder.

-¡Y ustedes, todos adentro y cuidado con lo que hacen!

Entramos gateando, tirados en el suelo. Mientras la balacera continuó un largo rato.

ESA NOCHE, estuvimos desplomados en el piso, sin dormir, simbólicamente muertos, mientras el fuego se escuchaba en todo el centro. En medio de la noche de pronto de un viejo edificio de enfrente los militares sacaron a patadas a una pareja de brasileños. Sus gritos quebraron la noche.
A la mañana siguiente, en cuanto se levantó el toque de queda, a las 11 de la mañana, salimos despavoridos, cada uno en dirección distinta.

ESA NOCHE, me quedé escondido en una casa de una pareja mayor, en Ñuñoa. Estaba allí también un viejo dirigente socialista y amigo de Allende de toda la vida, don Raúl Ampuero.
Recuerdo, como si fuera hoy, sus palabras esa noche durante la cena, una sopa con pan tostado:

-Salvador me dijo el otro día que de La Moneda sólo lo sacarían con las pies para delante. Yo no le creí. Salvador amaba la vida, la buena mesa, los trajes, las mujeres. No le creí. Pero, hoy..., hoy Salvador está entre los grandes: digamos O´Higgins..., digamos San Martín..., Bolívar..., el Ché Guevara. Salvador Allende entró a ese panteón.

EL VETERANO SOCIALISTA creía, hasta entonces, que Salvador Allende era un frívolo. Mas, Salvador Allende había demostrado, en un solo día, en un solo chispazo, que era el menos baladí de todos.
Por Gabriel Caldés y Omar Pérez,
Capítulo de la novela, Trompas de Falopio, Foro Nórdico, 2002.
Segunda edición: Editorial Universidad Bolivariana, 2007.

sábado, agosto 23, 2008

Los ángeles de ayer partimos camino al olvido. Homenaje a Carlos Geywitz

Poetas: Sergio Infante, Adrian Santini, Sergio Badilla y Carlos Geywitz

“Con nuestra púrpura fragancia
Los ángeles de ayer partimos camino al olvido.
Los días aquellos que oscurecieron los sueños
Reducidos a un susurro.
Muerte…"

Carlos Geywitz


Carlos tenía 29 años cuando llegó a Estocolmo. Joven revolucionario de Concepción, estudió sociología, fue detenido por los militares y luego se exilió en Estocolmo huyendo de la dictadura chilena, junto a otros cientos de chilenos y argentinos perseguidos.

En la hermosa Estocolmo aprendió todo lo que tenía que aprender. Aprendió a tomar café, a tomar mucho café, como lo hacen la mayoría de los suecos. Nunca más “nescafé”. Aprendió a sacarse los zapatos al ingresar a cualquier casa. Aprendió a decir su nombre al contestar el teléfono: “Geywitz”. Aprendió a llegar a la hora.

Pero sobre todo, abrazó a la poesía y nunca más la abandonó. Con sus amigos, Sergio Infante, Adrián Santini, Sergio Badilla y Edgardo Mardones, (que ahora están desolados), fundaron el grupo Taller, uno de los grupos poéticos valiosos de la historia moderna de la poesía chilena, aunque aún no se encuentre una antología del grupo. Esos eran chicos muy creídos y muy serios en la poesía. No era fácil polemizar con ellos, ni entre ellos. Se la tomaban muy en serio. Tan comprometidos que Sergio Infante y Adrián Santini se hicieron doctores en literatura en la universidad de Estocolmo. La disputa de un solo verso en un solo poema podía significar que no se hablaran en semanas.

Y yo creo que soñaban conquistar el mundo cuando en 1981 viajaban en tren desde Estocolmo, pasando por Malmö y cruzando Dinamarca hasta llegar a Rótterdam, para participar a ese gran encuentro, el encuentro en Rótterdam, del Instituto para un Nuevo Chile.

Fue en el departamento de Sun Axelsson. Fue en la casa de la escritora sueca que supe que Carlos era el chico regalón de la dueña de casa. Lo mimaba. Y Carlos tradujo dos libros de la Sun al castellano.

En 1989 se organizó un encuentro mundialmente famoso en Estocolmo. El evento "La Reconstrucción del Tiempo" -un mito en los círculos de poetas chilenos-, se inició con una recepción en el departamento de Sergio Infante y Aurora Azócar. Recuerdo que estaban allí poetas que venían de Chile como Teresa Calderón, Diego Maqueira, Carmen Berenguer, Andrés Morales, Elicura Chihuailaf, y otros venidos de otros países como Gonzalo Millán, Tito Valenzuela, Juan Cameron y Walter Hoefler. Estuvieron también allí los argentinos Mario Romero y Cristian Kupchick y los uruguayos Roberto Mascaró, Sergio Altesor, Juan Carlos Piñeyro. Y se hicieron charlas en la universidad de Estocolmo, cuando aún Sergio Canut de Bonn estaba vivo. Sé que Canut de Bon estaba vivo, por que lo vi entrar a la sala apoyado en un bastón. Apoyado en un bastón pero vivo (Canut de Bon al Nóbel). Recuerdo muy bien el día del encuentro en el monumental auditorium del Moderna Museet de la calle Skeppsholmen de Estocolmo. Digo que lo recuerdo bien, pues Carlos leyó su entonces ya emblemático poema sobre el cerdito, Amacnédota, que producía una risa contagiosa en el público, aunque el poema era triste y desolado y crítico de la civilización. Carlos tenía un estilo rockero, algo duro, irónico e incrédulo:

DESDE SIEMPRE INCREDULO
Una luz se me resbala por la infancia:
estoy yo, niño, sentado
sobre mis abismosdías, nombrando,
hacia las doce de la noche
a un Santa Claus
que lucha por librarse
de su paracaídas.

El año 1990 nos encontramos en Santiago de Chile, en el Encuentro Hispanoamericano de Poesía, de la Universidad de Santiago. Es difícil olvidar ya esas sobremesas en un restaurante cerca de las Estación Central, con Jesús Ortega, Sergio Badilla, Jaime Siles, Teresa Calderón, Antonio Cisneros y otros poetas más.

La última vez que vino a Chile fue en el ChilePoesía, que dirige José María Memet, con otros tantos poetas que viven fuera de Chile (Waldo Rojas, Jorge Etcheverry, Hernán Lavín Cerda, Sergio Infante, Ludwig Zeller, Sergio Macías, Raquel Jodorowsky, Carlos Trujillo, Ronald Kay, Hernán Castellano-Girón y Óscar Hahn). Era el año 2005 y yo estaba allí sentado en unas sillas de plástico que habían puesto en la plaza de la Constitución cuando Carlos Geywitz leyó su poema emblemático con La Moneda a sus espaldas. Estaba contento.

Y la noticia ahora dice que Tito Estrella lo encontró en su departamento.
Tito Estrella, emblema de los años de exilio de Estocolmo, lo encontró ya muerto en su departamento.
Todo ha terminado.
Y me han dado ganas de poner una música dura.

Cierro con un poema sobre la muerte seductora de Sergio Infante, que lo imagino lloroso, hoy en Estocolmo de agosto.

EMBLEMATICA
¡Mira!
La muerte se desnuda
en tu ventana,
Y eso
de la osamenta y la guadaña
apenas era un chiste,
un chisme del más acá,
el último susurro
de un mal fabulador.

viernes, agosto 15, 2008

Grito en la Noche. Visita a Sofía IV

Publicado en Diario Arbetet, junio 20, año 1991.

Es tarde por la noche en la capital de Bulgaria, Sofía. Acabamos de cenar en un restauran muy central y vamos hacia las faldas de la magnifica cordillera Vitosha, de vuelta al pequeño hotel, cuyo dueño es el primer empresario hotelero de la Bulgaria post comunista. Mi empatía con la ciudad crece y yo siento que, en realidad, todas las ciudades son mi ciudad. El que una vez ha emigrado recibe un virus: el virus de la aclimatación, es más fácil acostumbrarse. Mis ojos tienden a cerrarse dentro del taxi y huelo, por un momento, la esencia de la ciudad.
Estoy en camino de dormirme cuando un frenazo me saca del sueño.
¡Dios mío!
Un hombre está allí, frente al auto, al otro lado del parachoques. El hombre se cruzó y el chofer, a último segundo, logró frenar.
El hombre en la avenida grita confundido, como un pequeño niño que se ha perdido:
-¿Dónde está mi mujer? ¿Dónde está mi mujer?
El grito llena la noche con un desesperanzado y angustioso patetismo.
-¿Qué sé yo? le contesta el chofer.
El hombre mira dentro del auto mientras grita:
-¡Devuélvanme mi mujer!
Ahora él está lloroso, triste.
Mi amigo Ricardo Arroyo está sentado a mi lado en el taxi, sale y le pregunta en un nítido idioma búlgaro qué es lo que le pasa.
-Mi mujer me ha abandonado esta noche y debo encontrarla.
-Pero, hombre, tú entiendes bien que tu mujer no está con nosotros, ¿no?
-Sí, lo sé, dice el pobre hombre y llora. Y llorando agrega: pero de todos modos tengo que buscarla. Péguenme si quieren, yo soy tan tonto.

Nosotros no le pegamos, obviamente. Somos ajenos a ese tipo de masoquismo.
El y su mujer habían estado comiendo en el mismo restaurante que estuvimos nosotros. Había creído el hombre que su mujer se había ido con nosotros

En nuestro pequeño hotel post comunista me lavo los dientes, me desnudo y me acuesto. Apago la lámpara. Entonces me vuelve el grito, como un golpe dentro de mí:
¿Dónde está mi mujer? ¿Dónde está mi mujer?

Ese grito es la metáfora de la actual Bulgaria, pienso.
Pero es un pensamiento inconcluso: me quedo dormido.

jueves, agosto 14, 2008

Poeta de pocas palabras. Visita a Sofía III


Publicado en diario Arbetet, 8 junio 1991

Sofía es confusa, pero también muy amable. Es fácil tomar contacto con la gente. El Café Praha está lleno de humo de cigarro y de gente muy vivaz. Bebemos café con coñac. Le pregunto por la literatura búlgara a una amiga búlgara, una espigada bailarina que nos acompaña y que viste un llamativo jersey lila. Hizo unos llamados por teléfono y no nos demoramos mucho en estar en la casa de Deian Ene, un premiado joven escritor, en las faldas del monte Vitosha, donde vive con su mujer y sus dos hijos. El nos invita con un aperitivo de raika, un aguardiente búlgaro.
Deian es un treintañero profesor de inglés, y ha publicado el libro de cuentos “Lecturas para un tren nocturno”. Su segundo libro espera, pues el editor debe encontrar papel, un bien escaso en la Sofía actual. El escribe usualmente en diarios y revistas. Pero vive con una sensación de asilamiento, una claustrofobia que duele.
Miedo
Deian ha pasado toda su vida en Sofía. Sus contactos con el extranjero son pocos, aunque Bulgaria es un país Europeo muy central. Deian –igual que muchos otros jóvenes escritores europeos- es escéptico de la política. “La literatura es una manera de volar”, dice. “Escribir es un modo de buscar armonía entre el mundo interno y externo. Es como el amor: uno no sabe bien como comienza, pero luego uno no desea terminar. Pero cuando uno escribe sobre la gente, siempre está allí el entorno.”
El gran tema en la literatura búlgara es el miedo. Y vendrá a marcar la literatura en el futuro, quizás de modo más abierto ahora. En Bulgaria han empezado, paralelamente con la salida de diarios y revistas, a fundar editoriales independientes. “Hay tres grupos: el primero son los ex jefes, que aún publican mierda. El segundo grupo son editoriales que sólo quieren ganar dinero y publicar pornografía. El tercer grupo es el que está realmente interesado en la literatura, pero que hasta ahora ha tenido dificultades para establecerse en el casi inexistente mercado.
El tiempo pasó rápido y ya era muy de noche cuando terminamos la velada.

Minimalista

Al otro día mi amiga del jersey me presenta a otro escritor: Ivan Radief tiene 33 años y es un minimalista, cuidadoso con el idioma, con la palabra, con miedo a la retórica. Me cuenta que ha escrito una pieza de radio de 15 minutos, con una sola réplica.
-El único problema es que ellos pagan según el largo de la obra, dice y sonríe. El es un escritor que sonríe a menudo.

Raíces

Seis poemarios ha publicado y es redactor de Annales, la gran revista cultural de Sofía. El publica su propia revista, Naba. Mucha poesía minimalista hay allí. Por ejemplo, su poema Familia, tiene tres palabras: “Y era amor”.
-Mientras menos palabras, el poema es más libre. Debemos ir a las raíces, dice. Y las raíces están en un camino donde muchas otras raíces se cruzan. Bulgaria es una cultura mezclada. No son catedrales, son árboles lo que necesitamos, allí están nuestras tradiciones.

martes, agosto 12, 2008

Las campanas de la iglesia doblan de nuevo. Visita a Sofia (I)



Publicado en el diario Arbetet de Suecia, domingo 10 junio 1991

La ciudad de Sofía –una de las ciudades Europeas más verdes- se silencia y en sus numerosos parques la gente por cortos segundos se queda pensativa cuando doblan las campanas de la iglesia rusa . Varias décadas en silencio se reúnen en este momento, todos esos años que las campanas no pudieron doblar en Sofía.


Damos vuelta la cabeza hacia el horizonte de la avenida y allá está el centro moderno de Sofía y su funcional arquitectura comunista.


El lado sur de la plaza 9 de septiembre limita con el ostentoso mausoleo de Dimitrov. Allí marchó la gente el año pasado y los más exaltados querían prenderle fuego al mausoleo donde Georgi Dimitrov (1882-1949), el padre del estado comunista, estaba embalsamado. Un sacerdote habló con energía a las masas, como un gallo de pelea elevado en el mausoleo de piedra iluminado por los focos del monumento. El convenció a las masas de no destruir el mausoleo. Al día siguiente llegó un helicóptero militar y levantó la estrella roja . El cuerpo embalsado de Dimitrov se sacó a escondida por la noche y se enterró en un lugar secreto.



Aún no se sabe quien le prendió fuego al edificio del partido, hacia el otro lado de la avenida. La oposición habla de provocadores y al actual jefe de partido, Dimitri Lilof se le llama “von” Lilof. La explicación está en un pedazo de historia europea: George Dimitrov fue acusado por los nazis de haber quemado el Reichstag en 1933. George Dimitrov es ahora un cuerpo desaparecido y el edificio quemado del partido comunista una marca del presente.




En este preciso momento, las campanas de la iglesia rusa han dejado de sonar.

domingo, agosto 03, 2008

Poeta callejero, mujeriego, bebedor y algo cafiche

La Casa de Dostoievsky. Ultima novela de Jorge Edwards

Todo empezó cuando me enteré que había un nuevo libro de Jorge Edwards, La Casa de Dostoievsky. Conseguirme el libro fue fácil. Buscar un momento para leerlo, eso fue lo difícil. El sábado opté por algo simple y barato: no levantarme de la cama. Llevé el té del desayuno, mi pan con palta y el libro al velador y así transcurrió la mañana y transcurrió la mañana y transcurrió la mañana y ya había leído el primer capítulo de la novela.

Pues, deben saber que la novela tiene tres capítulos.

El primer capítulo, La espalda de Teresita, son los inicios de un joven poeta, llamado simplemente El Poeta, un vate callejero, que con sus amigos, el Chico Adriazola y Eduardito Villaseca, aplanan esas cuadras del centro de Santiago, entre el Mapocho, el parque Forestal, y el cerro Santa Lucía, a fines de los años 40 y años 50, una época en que Santiago era aún un lugar para vagabundear. Una época en que el Poeta vivía en una covacha, una pieza que da título irónico a la novela, la casa de Dostoiesvky. Se iban, a veces, a tomarle el whisky al papá de Eduardito y luego hablar de poesías, de poetas y por su puesto de mujeres. El Poeta se tira a la hermana del chico Adriazola, aborto de por medio, y luego se enamora de Teresa Echazarreta Guzmán o Vidal (no está claro), una chica bien, que descoloca al Poeta y cuya locura lo hace pasar un fin de semana en un calabozo de la Primera Comisaría de Santiago, que estaba ubicada (y aún lo está) en McIver con Santo Domingo.

En el segundo capítulo, De Tránsito, el Poeta abandona su cuchitril Dostoiesvky, sale por la ventana, tira la llave y se va caminando hacia la cordillera hasta llegar a la casa del Antipoeta en los faldeos de La Reina. Después se va a Isla Negra, y en las cercanías arrienda una pieza con piso de tierra. Un día el Poeta se embarca en el aeropuerto hacia Francia. Allí se encontró de nuevo con Teresa Echazarreta, que estaba casada con un palogrueso (como se decía entonces). Un día el marido llegó a su estudio en el séptimo piso con una pistola. Le apuntó a la cabeza y disparó. El sonido fue aterrador, pero la bala era de fogueo. Y, por ese hábito social de que conocidos presentan a conocidos, el Poeta se encontró con un cubano, y colaboró en la revista cubana Casa de las Américas. Y así, o de un modo que se cuenta mejor en el libro, llegó a Cuba, donde ganó el premio Casa de las Américas y, por razones que cuesta saber, se quedó viviendo unos años en La Habana, donde se casó con María Dolores y vivió con ella hasta que María Dolores, cansada de las trasnochadas de su marido, quedó embarazada de un amigo del Poeta. Y María Dolores se lo contó un día directamente:

“-Que estoy embarazada-dijo ella.

-¿De quién?

-De Alejandro –respondió ella- de Tomás Alejandro Tritón.”

Y luego él:

“-¡Imbécil!, dijo, agarrándose los pelos-. He sido un perfecto imbécil.

-Yo no sé –respondió ella, lloriqueando-. Yo creo que me porté mal, pero ya la cosa no tiene remedio.”

Efectivamente, sin remedio, el Poeta se quedó solo. Y siguió conviviendo con esa pandilla, ya algo infectada, de poetas que estaban bajo la mirada sospechosa de los llamados organismo de seguridad del estado. Y ustedes saben bien lo que les pasó a esos poetas en Cuba. Y ustedes saben bien que al final Heberto Padilla se auto inculpó. La mundialmente famosa Autocrítica. El Poeta estaba allí en la sala de Unión de escritores con la cabeza entre las manos cuando Heberto Padilla comenzó su lamentable caída:

“Ya sabemos lo que dijo Heberto Padilla en aquella sesión vertiginosa, sorprendente en más de algún sentido, abismal, y de alguna manera clásica, acorde con la mejores tradiciones del socialismo real, y digna, por lo tanto, de ser registrada.”

El Poeta de la novela La casa de Dostoviesvky, siente también que la mano que aprieta de la seguridad cubana, lo tiene rodeado, le escuchan sus conversaciones y le pinchan los teléfonos.

Y rápidamente, el desencantado poeta estaba volando a Santiago de Chile. En el aeropuerto Cerrillos (que ya no existe y que pronto será habitado por casitas y poblaciones) lo esperaban Adriazola, Eduardito y Teresa Echazarreta. Y ya estamos en el Chile de Allende y su cierre en la dictadura militar, en el capítulo 3 y final, La Ciudad del Pingüino.

El Poeta es, sin duda, un decepcionado de la revolución cubana, tal como lo fue el autor del libro, Jorge Edwards (O Eguar, como le decían los cubanos). Hacia el final, el Poeta, enfermo de cáncer, le pide a Teresa, para sorpresa de todos, que lo velen en una casa del Partido Socialista, sin curas y sin rosarios y esas cosas católicas.

“-Mis restos deberían salir de una casa del Partido Socialista que hay allá por la calle Dieciocho, sin pasar por ninguna iglesia.”

Eso dice el Poeta, al final del libro.

Y muere.

Y cuando muere, el lector, -o sea yo-, yo tirado sobre mi cama de este sábado lluvioso y frío, me da un poco de pena el desánimo interior de El Poeta.

Y eso que yo no soy muy propenso a ponerme triste.

¡Lo qué son las cosas con las novelas!

Luego, en camino al cementerio “el Antipoeta dijo que los funerales sin curas, sin cánticos religiosos, sin responsos de preferencia en latín, acompañados de las correspondientes aspersiones del ataúd con agua bendita, eran demasiado tristes, fomes”

Después que me dio un poco de pena, me dio algo de risa el comentario del Antipoeta.

No sé por qué, pero a mí me dan risa los chistes en los funerales.

Y allí llegué a la página 329 y final.

El día sábado se había puesto oscuro. Me preparo para cenar con amigos, unos de los cuales ya ha leído la novela. Y fue en la sobremesa, ya estábamos en los bajativos, cuando me explico algunas influencias de la novela.

El libro tiene algo de la buena novela de Marcelo Mellado, Informe Tapia y sus poetas estructuralistas (estructuralistas de nivel chileno) de las cuencas de los ríos, (y Edwards toma, por lo demás, esa técnica, de usar diversos apellidos para los personajes, que le otorgan el estilo etéreo y de memoria frágil al relato).

( Y ahora mismo me acuerdo que Informe Tapia la presté y nunca la devuelven los huevones).

Y la novela se parece en algo a Detectives Salvajes de Roberto Bolaño (aunque con menos fondo). Algo tiene de Memorias de un tolstoyano de otro Premio Nacional, Fernando Santiván, sobre una colonia Tolstoyana, una breve experiencia artístico-comunitaria de los años 1904 y 1905, de los jóvenes escritores Augusto D’Halmar, Fernando Santiván y Julio Ortiz de Zárate. Y si vamos a seguir con las referencias habría que citar en Chile, el cuento de Enrique Lafourcade, que se llama Muerte del Poeta, de unos jóvenes poetas que llegan a hueviar al funeral de Vicente Huidobro en Cartagena. Y, ¿por qué no?, lean también El Poeta Chileno, que publiqué inicialmente en sueco, hace casi veinte años.

De la novela se pueden deducir algunas cosas básicas. Por ejemplo, se podría colegir que los poetas chilenos son, por condición, por estructura adenítica, callejeros, mujeriegos, bebedores y algo cafiches, y que acostumbran a tener un lado B, oscuro y retorcido, algo odioso.

¿Conocen ustedes algún poeta chileno?

Si ustedes conocen alguno, como yo, sabrán reconocer que El Poeta de la novela se acerca algo, se parece por lo menos, (sin que nadie se ofenda), a la descripción de un poeta chileno standard. Un tópico.

Quiero decir, por lo tanto, que reconozco aquí en esta novela algo de ficción interpretativa sobre los brillos y las derrotas de la poesía chilena.

Quizás, suena presumido decir “brillos y derrotas de la poesía chilena”.

Ya. Lo reconozco.

Se los presento de otra forma:

La novela recuerda que los poetas chilenos tuvieron relaciones, -a veces utilitaria, a veces fiel y la mayoría de las veces de costado-, con la política y con la izquierda. Y como tales, grandes escritores chilenos sufrieron grandes líos con los cubanos castristas en su época de gloria y dominio cultural. Así ocurrió con Pablo Neruda (la felona carta de los escritores cubanos a Neruda que lo acusaban de dejarse comprar por los imperialistas). Así ocurrió con Nicanor Parra (después de su té con Pat Nixon, una carta visada por el cubano Roberto Fernández Retamar que decía “Como revolucionarios condenamos su confianza en el imperialismo”,) y así ocurrió con Jorge Edwards (encargado de negocios de Allende que fue declarado por Fidel Castro como Persona Non Grata en la isla). Además, esas malas relaciones con los cubanos, llevaban siempre un antipático eco local de escritores chilenos.

¿Me explico?

Esta novela de Edwards no es, naturalmente, una novela de vanguardia, ni de un desesperado e insensato escritor de novelas con barranco. No. Y hay algo de déjà vu en las historias, la sensación de haberlas escuchado antes. Pero es una novela que a mí me entretuvo y me gustó leerla, justamente, -miren qué paradójico-, por lo mismo que algunos critican duramente a Edwards, es decir: su frivolidad, su divertimento, sus alusiones humorísticas, el despliegue de cultura y buen humor para construir, con intrigas bien contadas, una vida.

De cualquier modo, es una novela mucho más útil que la anterior novela de Edwards, El Inútil de la Familia.

Hay varias formas de leer novelas. (Y que cada quien lea como quiera, por lo demás). Yo la he leído este sábado de invierno de lluvia inclemente, como ficción (mentirosa ficción, ambigua construcción sobre una realidad). Una imagen, pero no falsa (¿Borges?).

Aunque en la novela hay hechos muy pegados a cierta realidad, por ejemplo la anécdota de cuando el Poeta conoce a su mujer cubana María Dolores, está ya contada en el libro Persona Non Grata, y allí Edwards nombró directamente a Enrique Lihn y su mujer. Pero a mi me importa un pepinillo de que carne está hecho El Poeta de Edwards.
Yo he leído la novela como si fuera, precisamente, una novela. Pero hay otros, otros por ahí, que ahora la leen como infidencias, como un Roman à clef (novela en clave). Para ellos los personajes son trasuntos (transposición, representación) reconocibles (o semi) de seres reales. Esta novela sería, según se sugiere, la biografía no autorizada de, digámoslo, Enrique Lihn. El “avatar”, así se llama ahora al yo virtual, sería el retrato (arbitrario y cobarde) de una de las figuras más influyentes de la poesía chilena. Es una forma de leer con criterio de farándula.

Puede ser, quizás, que ese mismo licor agrio y descreído que fluye en la sangre densa del Poeta de la novela de Edwards, sea el mismo licor, quizás, que fluya hoy por las venas de esos críticos de Edwards. Quizás, sin que se den cuenta, actúan igual que El Poeta de la novela, en su lado más turbio, en su lado más oscuro de la luna: de modo acre. En el fondo, quizás, le rinden homenaje al lado pesado de El Poeta. Qué sé yo.

En cambio, creo que los lectores masivos leerán la novela, tal como la he leído yo, este sábado frío: como una grata novela, como una buena novela.

miércoles, julio 23, 2008

Cuando el tiempo se pone duro



Tom Waits en la recordada presentación de Chocolate Jesús, en un show de tevé.
"Artista único, ecléctico e inquieto, de voz lijosa, abrigado a la escritura beatnik de William Burroughs o Jack Kerouac y a los sonidos primarios del jazz, el blues, el cabaret, las composiciones pop del Tin Pan Alley, la vanguardia, Lenny Bruce, Harry Partch, Louis Armstrong, el burlesque, Kurt Weill o el rock experimental.
Creador y espejo de outsiders dados al alcohol y a la bohemia que pueblan ambientes tan sórdidos como románticos, tan míseros como fascinantes, tan teatrales como reales, Tom Waits es uno de los grandes personajes de la historia del rock, un crooner noctívago del lumpen, de los clubes de barrios bajos henchidos de alcohol y humo."
Bien dicho aquí.
Y, por supuesto, la descripción de Carlos Boyero es precisa y convulsiva:
"Es más que un músico, que un cantante excepcional, que un showman, que un actor, que un símbolo. Es un estado de ánimo, es el delirio y el analgésico del perdedor, es llenar de belleza el volcán y el desastre cotidiano, es de las cosas más profundas que te pueden ocurrir cuando tienes el hígado roto y el corazón jodido, es el corazón del sábado noche, es el último tren a la ciudad, es las cosas del corazón, es el suelo inmensamente frío, son los halcones nocturnos en el diner, es la chica de Jersey, es noviembre, es el tiempo, es nadie, es la hermosa enfermedad, es la droga que logra establecer una tregua con mis dolores más profundos, es la autodestrucción y la necesidad de vivir, es la autocompasión y el desgarro, es las entrañas de la soledad y del desamparo, es la chulería indefensa y la sensualidad del amanecer, es la necesidad de irse y de quedarse, es la elegía y la obsesión, es un individuo de pinta inquietante y voz incomparable llamado Tom Waits."

sábado, julio 05, 2008

Quién crees que debería ganar el Premio Nacional de Literatura 2008?

¿Quién crees que debería ganar el Premio Nacional de Literatura 2008?
Matilde Ladrón de Guevara
Patricio Manns
Oscar Hahn
Claudio Bertoni
Efraín Barquero
Otro (a)

miércoles, julio 02, 2008

La tumba del danés H.C. Andersen

Grafiteros, en protesta por que cerraron el centro juvenil 69, rayaron la tumba del escritor danés, H. C. Andersen, en el cementerio Assistans.
Lo grafomaniacos escribieron “69 dansk kultur” en el granito que está sobre la tumba. La noticia da la vuelta al mundo y el director del cementerio califica el hecho como “incivilizado e inculto”.
Lean.
H. C. Andersen y su sexualidad

domingo, junio 22, 2008

Desembarco nórdico según Babelia

"En la enigmática y aislada Islandia, una de cada diez personas publicará un libro a lo largo de su vida. En una Noruega bañada en oro negro, un novelista puede recibir un sueldo vitalicio. En Suecia, ya en 1900, el proletariado organizó su propia red de bibliotecas, convencido de que la educación era la mejor arma frente al poder. Los finlandeses compran de media diez libros al año; y en Dinamarca editar nunca es una ruina porque el Estado compra ejemplares para todas las bibliotecas públicas. Si además se tiene en cuenta que el analfabetismo desapareció en los cinco países escandinavos hacia 1850, no es de extrañar que su producción literaria sea extensa y de calidad."

Así comienza el artículo de ELISA SILIÓ en el último número de Babelia, sobre la literatura nórdica que se publica hoy en España.

Lean Realismo artico de Flogstad,

Nuevo boom de literatura nórdica

Ari Behn, el enfant terrible de la realeza noruega

Realismo mágico islandés

sábado, junio 21, 2008

Proponen a Patricio Manns al Premio Nacional de Literatura

Prensa Latina.

Santiago de Chile, 20 jun (PL) El cantautor, poeta y novelista Patricio Manns fue propuesto hoy al Premio Nacional de Literatura 2008 por prestigiosos autores que resaltaron que su obra caló en varias generaciones dentro y fuera de Chile.

Entre los escritores chilenos que hicieron la propuesta, figuran Sergio Badilla Castillo, Omar Pérez Santiago y Aristóteles España, quienes resaltaron, además, que su obra artística tiene “carácter plural y es tamizada de una creatividad múltiple”. Esta, agregaron, germinó y caló profundamente en varias generaciones de chilenos y, además, tuvo una significativa repercusión internacional.

Recordaron que las creaciones de Manns incluyen distintos géneros, desde la poesía, la novela histórica hasta la crónica periodística, pasando por el ensayo y la dramaturgia, que comprende una treintena de libros.

La complexión original de sus obras, con un lenguaje depurado y personal, determinó que éstas sean motivo de análisis en distintas universidades de Europa y Latinoamérica, subrayaron.

Entre sus novelas destacan: De Noche sobre el rastro, Buenas noches los pastores, (1972), Actas de Marusia (1974), Actas del Alto Bío Bío (1985), Actas de muerteputa (1988), De repente los lugares desaparecen (1992) y El corazón a contraluz (1996). Asimismo, Cavalieur Seúl (1996), Memorial de la noche (1998), El desorden en un cuerno de la niebla (1999), La tumba del zambullidor (2001), La vida privada de Emile Dubois (2004) y Diversos instantes del reino (2006).

Ha publicado los libros de poesía: Memorial de Bonanpak, Poemario y Cantología, así como decenas de canciones.

acl/jl Prensa Latina

Vea Sitio oficial de Patricio Manns

Blog Patricio Manns al Premio nacional de Literatura

Veáse La Nación, Chilevisión, La Tercera

martes, junio 17, 2008

Patricio Manns al Premio Nacional de Literatura 2008


¿Qué sabes de cordilleras
si tú naciste tan lejos?
Este año se nombra a un nuevo Premio Nacional de Literatura y ha surgido entre varios de mis amigos, de modo espontáneo y cálido, la decisión de postular al premio a Patricio Manns.
Manns ha desarrollado una conocida obra como novelista, ensayista, poeta y autor teatral.La postulación renovará el debate de la poesía chilena, colocando a un excepcional músico y compositor a la altura de gigantes como Pablo Neruda, Gabriela Mistral o Vicente Huidobro. Patricio Manns es un poeta de profundidad y su postulación al Premio Nacional de Literatura le da renovada fuerza a la poesía fortaleciendo su relación con la música y con el pueblo, como los trovadores de tiempos pasados.
Hay que conocer la piedra
que corona el ventisquero,
hay que recorrer callando
los atajos del silencio
y cortar por las orillas
de los lagos cumbrereños:
mi padre anduvo su vida
por entre piedras y cerros.
El Premio Nacional de literatura se concede cada dos años por decisión de un jurado que preside la Ministra de Educación y cualquiera puede presentar candidaturas. El jurado se conforma en Julio y da su veredicto en septiembre del 2008.
La postulación de Patricio Manns al Premio Nacional vendrá también a renovar los marcos de la poesía pues ya son muchos que consideran que, por ejemplo, Violeta Parra era una gran poeta o en que ya no es raro que el cantante Bob Dylan ha sido postulado en forma reiterada al Premio Nóbel de literatura.
El Premio Nacional de Literatura a Patricio Manns será un gran fiesta popular.
Téngalo por seguro.

Con qué orgullo me querría
si ahora llegara a saberlo
pero el viento no más sabe
donde se durmió mi viejo
con su pena de hombre pobre
y dos balas en el pecho.

jueves, junio 12, 2008

Colaboración en nuevo libro danés sobre Strunge

Clickea imagen
50 años del poeta danés Michael Strunge

Los 50 años del nacimiento del poeta danés Michael Strunge (1958-1986) se cumplen el día jueves 19 de Junio y se celebran en grande en Dinamarca con diversas actividades culturales

A las 16 horas se presenta el libro En bog om Michael Strunge de Anne Marie Mai y Jørgen Aabenhus de la editorial Borgens (incluye textos, entre otros, del chileno Omar Pérez Santiago).
A las 17:30 horas habrá una lectura de poesía en la tumba del poeta en el cementerio Assistens.
A las 20 horas en la LiteraturHaus se realizará el concierto “8 Popsange” con música de Bent Sørensen, con el tenor Mads Elung-Jensen y el pianista Rolf Hind.
Además Thomas Boberg lee poemas de su amigo Michael Strunge, Anne-Marie Mai cuenta sus conversaciones con Michael Strunge y Erik Skyum Nielsen coloca a Strunge en relación con la poesía danesa.

Le Monde diplomatique

Breve Historia del comic en Chile

lunes, junio 02, 2008

Octavio Paz, Jardínes errantes y el 68 latinoamericano

Don Octavio är inte farlig! mi artículo en Kvällsposten, Sábado 4 de Junio de 1988
Escucho voces antes de doblar la esquina. Doblo y, como si fuera irreal, aparece Octavio Paz.
Era una medianoche de luna llena de junio de 1988 y Octavio Paz caminaba directo hacia mí en una calle principal de Malmö en Suecia, canteado por Lasse Söderberg a la izquierda y Jean Clarence Lambert a la derecha. Venían del centro cultural francés y yo venía con mi novia sueca de mi pub preferido.
Entonces lo vi y grité como un groupie: “Octavio Paz”.
Y lo abracé Y Octavio Paz me abrazó.
Mi entusiasmo nocturno tenía bases sólidas.
Octavio Paz era un tipo de escritor muy de moda. Desde 1968 Octavio Paz publicó obras capitales. Dije 1968 y quiero decir “Tlatelolco a las cinco y media del miércoles 2 de octubre”, donde diez mil estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas escuchan a un líder estudiantil que habla desde un balcón. De pronto en el cielo se encienden luces de bengala. Se oyen disparos. Muchos caen en la plaza por el fuego de ametralladoras. La matanza de Tlatelolco fue un ataque militar del gobierno que tomó 29 minutos y dejó un monte de cadáveres.
Aún había olor a pólvora cuando, en protesta, Octavio Paz renuncia a la embajada en la India, donde estaba desde 1962. Tlatelolco gatilló el frenesí de Paz por la libertad crítica. Paz escribe Post Date, uno de cuyos capítulos centrales es sobre la carnicería de Tlatelolco, y sobre la crisis de representatividad política, el desfase entre la elite y el pueblo, el cultura piramidal del partido único, y del “sí, señor presidente”. Luego funda la revista Plural.
Leer a Paz en esos años de dictaduras sureñas, era un chiflón de aire libre. Paz denuncia el golpe contra Salvador Allende, critica la falta de fe de las democracias occidentales, los límites del mercado, el desdoblamiento democrática-imperial de Estados Unidos, defiende el aborto y la liberación femenina, critica la dictadura de Franco, y defiende el aura libertario del movimiento del 68.
Pero a la vez, Paz denuncia la URSS y defiende a Solzhenitsyn y a Padilla en Cuba y critica la doble moral de una cierta izquierda dogmática, la caída cultural de la izquierda stalinista que no perdonó a Paz y que lo vio como una bestia negra.
Pero sobretodo, lo que dijo Paz, lo dijo con un lenguaje creativo y centelleante, nervioso y sustantivo, como si orillara un acantilado.
Hace veinte años, una noche en Malmö, Octavio Paz me abrazó y luego me preguntó:
-Y ¿tú quien eres?
Lasse Söderberg se apuró en presentarme y en contarle que yo había hecho una antología literaria de suecos y latinoamericanos que titulé Jardines Errantes, (Irrande Trädgardar, 1987, Aura Latina). El título del libro estaba tomado de uno de los poemas de Octavio Paz, publicado en 1971 y dedicado a Jean Jacques Lambert, su traductor francés, que estaba también allí parado al lado de Octavio Paz. Además, el poema había sido traducido al sueco por Lasse Söderberg.
Lo qué son las cosas.
De un modo curioso y fantástico, todos los que teníamos algo que ver con el poema Jardines Errantes, un homenaje al dialogo del vagamundo, estábamos allí parados, como troncos bohemios, a la doce de la noche en la calle Södra Förstadgatan de Malmö, bajo la luz centelleante de la luna llena.
-Lasse, dijo Paz, no me has enviado ese libro.
-Sí, Lasse, dije yo haciéndome el interesante, ¿por qué no le has enviado el libro Jardines errantes a Octavio Paz?
-Sí, Lasse, yo también quiero uno, dijo Jean Jacques Lambert.
El año siguiente cundió el rumor en los entornos de la academia sueca, que le darían el premio Nobel a Octavio Paz. No fue así. Ese año el premio recayó sobre Camilo Cela. Se dicen muchas cosas acerca de los criterios de la Academia sueca para nombrar al premio y uno de esos imaginarios, es que la academia no vuelve a premiar a un escritor del mismo idioma dos años seguidos. Sin embargo, la academia premió a Octavo Paz en 1990, desdiciendo los prejuicios.
La historia del poema Jardines errantes no quedaría allí.
Lambert publicaría en 1992 un poemario que titularía también Jardines errantes (México, 1992).
Y hoy Seix Barral, con motivo de los 10 años de la muerte de Octavio Paz, publica otro libro con el título Jardines errantes, con las cartas que escribió el Nobel mexicano entre 1952 y 1992 a Jean Jacques Lambert, una amistad que duraría 50 años.

JARDINES ERRANTES
A Jean Clarence Lambert, entre Suecia y México.
Entre la nieve y el terrón fusco,
El pino y el cacto,
entre
las palabras enterradas del poeta Ekelof
y las profecías desenterradas de Topiltzin,
el erizo de mar y la tuna tenochca,
el sol
de mediodía y el sol de medianoche,
Jean Clarence
tiende un hilo
sobre el que discurre
-del color al sonido,
del sonido al sentido,
del sentido a la línea,
de la línea
al color del sentido:
letras,
exclamaciones, pausas, interrogaciones
que deja caer
desde su divagar vertiginoso
en nuestros ojos y oídos:
Jardines errantes.

Los libros, la piratería y la deuda social

Hace algunos años atrás almorzaba con dos amigos en Las Tejas, un local de la calle San Diego. Un señor se acercó con un bolso de libros que colocó sobre la mesa. Le compré por 3 mil pesos el libro de Jorge Edwards, El inútil de la familia. Por la noche comencé a leerlo y me pareció un libro gratificante, aunque algunas páginas estaban algo amarillentas y me costó leerlas. El libro costaba en librería cerca de 10 mil pesos, el precio total de los almuerzos y el vino.

Cuando se habla de piratería en Chile se habla, casi siempre, desde el punto de vista de los productores, casi nunca del consumidor. Quienes más énfasis ponen en la llamada "lucha contra la piratería" son, justamente, las editoriales, las disqueras, en fin, los empresarios cuasi monopólicos. Existe también una cierta predilección a penalizar al consumidor, o al comerciante callejero.

Sin embargo, hay indicios claros que detrás de la piratería no está un vendedor callejero que vive en lo barrios pobres de Santiago, sino unos cuatreros de plata y que viven, seguramente, en La Dehesa. O la piratería institucionalizada de los centros de fotocopiado de grandes universidades. ¿Por qué entonces esta persistencia en hinchar a los consumidores o al vendedor de cuneta?

Comparto con el venezolano Jorge Gómez Jiménez, director de la excelente revista digital www.letralia.com, cuando afirma que "La lucha contra la piratería editorial sería innecesaria si los gobiernos y los empresarios hicieran un esfuerzo real por reducir la carga económica en beneficio de los consumidores. Es decir, si los precios de los libros no hicieran de éstos artículos de lujo, habría menos piratas editoriales."

Quiero también mencionar al crítico peruano Javier Agreda :" "Por supuesto, las grandes empresas están luchando por mantener sus ganancias acostumbradas. Para ello hacen esas campañas mediáticas que presentan como lucha contra la piratería y por los derechos de autor. Ni lo uno ni lo otro. Lo que ellos califican como piratería es simplemente una consecuencia del nuevo mercado global y liberal".

Y el escritor mexicano Juan Villoro contesta: "Me gustaría vivir en un mundo donde hubiera una clara legislación al respecto (como la hay en Gran Bretaña). Sin embargo, en la situación actual, para miles de latinoamericanos el acceso a los libros sólo es posible si no los compran. Buena parte del trabajo que hago es gratuito precisamente por eso. No se puede someter la cultura en América Latina a las leyes del mercado. Sólo cuando los libros están al alcance de todos eso será posible."

Y el chileno Hernán Rivera Letelier: "En la actualidad no es que la gente lea menos que antes, sino que los libros son caros y la posibilidad de acceder a ellos no es otra que adquirirlos comprando las copias piratas, aunque esto dañe al sistema."

En el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago asistí hace un tiempo atrás, al lanzamiento del libro de Lawrence Lessig, Cultura Libre, Como los grandes medios usan la tecnología y las leyes para encerrar la cultura y controlar la creatividad. Lessig es profesor de la Universidad de Stanford y es una las figuras sobre el tema de la regulación y los derechos de autor. Su libro es base para entender los problemas de la propiedad intelectual. Lessig dice que los derechos de autor, tal como se aplican hoy, son una de las principales barreras para el desarrollo de la cultura y que hay hoy un extremismo peligroso del control de la propiedad intelectual. Lessig concentra su análisis en la concentración de poder producido por un cambio radical en el campo efectivo de la acción de las leyes. (Se puede leer el libro de Lessig en internet y se puede comprar la muy actual edición de LOM).

Lessig ha ido un paso más allá y ha creado la Creative Commons, un nuevo tipo de licencia que fomenta la cooperación y la participación.

El Estado chileno debe preocuparse de lo central: asegurar el libre acceso al arte, la cultura y el conocimiento en general. El Estado debe propugnar el precio único marcado en los libros (como en diarios y revistas), el IVA diferenciado para el libro, fortalecer las bibliotecas públicas, poner fin a la fotocopia indiscriminada de universidades y fomentar la lectura con la presencia de autoras y autores en escuelas, liceos y universidades.

El problema del libro, de los CD o de los sofware no es policial ni se solucionará con demandas judiciales.

El conflicto básico es que la piratería surge por una enferma relación de oferta y demanda. La piratería es parte también de lo que últimamente se ha llamado la "deuda social".

Meses después de comprar en las Tejas el libro de Jorge Edwards, me encontré con el escritor en una comida que invitaba el embajador de Finlandia Ivo Salmi y señora, con motivo de la visita del experto traductor finés, mi cordial amigo Matti Brotherus.
Curiosamente, para que vean como son las cosas, Jorge Edwards le llevó de regalo a los anfitriones su libro El inútil de la familia.
Mientras bebíamos el aperitivo, le comenté al Premio Cervantes, a modo de chanza, que me faltaban algunas páginas que leer de ese libro, pues mi copia pirata tenía algunas páginas borrosas.
Jorge Edwards, con su grata diplomacia, tomó bien mi apostilla, y la conversación con los embajadores y otros escritores presentes derivó así sobre los problemas del libro en Chile y las políticas de promoción del libro de los países nórdicos, de las cuales los chilenos algo deberíamos aprender.