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sábado, enero 04, 2020

Dos cuentos de Ari Behn Traducción del noruego de Omar Pérez Santiago


El escritor Ari Behn se suicidó en la Navidad del 2019. Había nacido en 1972 en Aarhus, Dinamarca. Estaba catalogado como el hombre mejor vestido, fiestero y bohemio, comentador de tragos en la tele, con una relación no aclarada con las drogas y el terror de los porteros de las discotecas. Behn tenía la rutina inconfundible del escritor joven y hambriento de éxito. A los 26 años publicó un libro de cuentos llamado Trist som faen (Qué triste). Llegó a vender 80 mil. Ari Behn se convirtió en un escritor pop y top y su estilo fue asociado al realismo sucio de Raymond Carver. Luego publicó la novela Bakgard.
En el 2002 se casó con la princesa Marta Luisa, la primera hija del rey Harald V y Sonia de Noruega. Tuvieron tres hijas. Se separaron en 2017.
Lee dos cuentos del libro de cuentos de Trist som faen, Kolon editorial, Oslo 1999. Traducción del noruego de Omar Pérez Santiago.
* * *

Qué triste
—Me encontré con ella a mediodía, entre el fandango de la gente del centro comercial. Ella era rubia y alta y muy diferente de mí –un gitano de bigote negro y de mirada caliente y diabólica. Cambiamos miradas cuando ella se cruzó. Pero fue todo. Todo hasta que la seguí al subterráneo, más allá de los cabinas telefónicas y directo a los baños. Yo, que siempre ataco a la yugular, le grité:
—Ey, has olvidado algo. Y ella respondió:
—¿Qué?
Y yo le dije que se había olvidado de mí.
—¿Te he olvidado? —respondió ella.
— Sí —dije yo y ella sonrió y me jaló dentro de uno de los baños.
— Cerró la puerta y me besó sin más trámite. Ella era tan noruega y deliciosa. No hubo error, pues bajo toda esa frialdad estaba llena de sangre hirviendo. Le rompí los jeans y la tomé con su chaqueta de tweed puesta. Ella se corrió conjuntamente conmigo y continuamos un poco más. Pero luego nos abrochamos y salimos del centro comercial. Ningún nombre. Ninguna palabra más. Nada. Solo un pequeño palmoteo y una sonrisa y ella había desaparecido.
— Por la cresta, Kare, muy banal —dijo Richard Hageberg.
Él era director de cine y estábamos sentados hablando sobre buenas historias que podían ser películas.
— Banal, huevón, pero una historia completamente cierta.
— Pero… pero tú estarás de acuerdo que esas historias sólo se oyen como tontas fantasías de adolescentes. El sueño de una dama deliciosa, dama desconocida que se deja tomar sin compromiso, unos minutos después de haberla visto por primera vez. Bastante tonto, ¿o no?
— ¿Tú no crees que es verdad?
—¿Verdad? Sí, no dudo que tú tiras 15 veces al día. Pero no se hace una buena película con eso.
—¿No son esas cosas las que exactamente ocurren en las películas? — dije yo.
— Sí, cierto. Sólo clichés por todas partes.
— Es terrible.
—Qué triste — dijo Richard.
— Más triste que la cresta — dije yo.

Después de la fiesta
La cafetería Bjorg está en el tercer piso del centro comercial y las escaleras son mi forma de ejercicio diario. Pero el último tiempo he tenido problemas para caminar. Vacilo un buen rato hasta que aprieto el botón del ascensor. Temo que la gente que me conoce vea que estoy en camino a estar enfermo.
Todo está como siempre en la cafetería, huele a comida barata y no hay tampoco nadie que hable en voz alta en las mesas. Así ha sido siempre. Voy a la barra y me sirvo un sorbo de café amargo. Apoyo la taza en la bandeja y me muevo hacia la caja. En la portada de un diario hay una foto del esquiador que ganó el círculo de campeones. Me agacho un poco y le echo una mirada.
—Debes pagar por el diario, sabes — dice la cajera—. O lo devuelves o pagas. No puedo hacer caridad con todos.
¿Qué se cree? Quería ver lo que se escribió sobre el esquiador en el diario. ¿Cree que yo me he convertido en un ladrón de un escuálido diario? Jaja. Quizás ella no me reconoce. Su parroquiano de cada día. Pero uno no puede esperar otra cosa. Somos muchos los viejos en el centro comercial esta mañana. Y yo no me veo especial. Aparte del mar. Que nunca toca techo. Por dentro.
— Sí, sí. Obviamente que pagaré —respondo y le doy el dinero. Ella lo toma sin agradecer.
¿Es el mar una madre o un amante? pienso y me voy a sentar en la mesa en la esquina. Una muchacha está sentada en la mesa de la muralla. Ella me mira. ¿Pasa algo?
Las olas. Sí, los rompeolas. Rosita Carmen García, se llamaba. Esa vez que llegamos al Callao en el Perú. Ella era la hija del inspector del puerto y su padre intentó todo para que no subiera. Pero, naturalmente, ella logró colarse y subirse al barco. Yo obtuve la primera vuelta y debí siempre pestañear cuatro o cinco veces al mirar a Rosita que era tan fina y buena y tenía ojos tan grandes y tan negros.

¿Son realmente las olas del Océano Pacífico? Las escucho cada noche, pero nunca estoy seguro. El ritmo. ¿No vuelve? Los muchachos me saludan cuando yo me siento. Son los mismos de ayer. Sigurd Skavasen y Gunnar Johansen, ambos obreros jubilados. Edin Holthe es también del grupo, un palo seco que no hace nada más que quejarse de dolores de espalda y del corazón.

Clara Piedad de Panamá era la más ávida de todas. Ella abordó el barco casi junto con el atraque al puerto y no se fue hasta que todos se hubieron vaciado. Exclamó y gritó y nosotros la amábamos por sus rudas bromas y su largo pelo negro. Para no hablar de Linda Hamilton de Brisbane. Eran mujeres que conocían su profesión. El mismo capitán hablaba de ella durante largo rato cuando nos acercábamos a Australia, y era una ley no escrita que él tomaría el primer lugar. Linda era aventurera igual que la Marilyn Monroe y, naturalmente, costaba más que las otras.

Sonrío. Los muchachos siguen mi mirada y se giran. Hay algo que han aprendido. Tratan de seguir lo que yo he comenzado. Ella no tiene más veinte años y sonríe de vuelta. Levanto la mano para saludarla. Gunnar y Sigurd hacen lo mismo. Pero ella no aprecia el gesto. Ella se inclina y comienza a hojear un diario.

Isadora Campos y Calletto de Valparaíso, Chile. Estuve con ella varias veces. Ella no era como el resto de la camada. Era alegre y seria, a la vez. Igual que el mar. Una corona de rosas de cuarenta brazas de profundidad. Oh, querida Isadora. A ti te amé como a nadie. Pero tú nunca querías casarte. Murió sola hace dos años atrás. Recibí tu carta de vuelta con un cordial mensaje de tu hermana.

—Antes la habría conquistado como nada —le dije a Gunnnar—. Entonces era marino y trovador. Ninguna mujer lograba rezar dos veces.

Pero esto no es todo. Alguna vez emergen ellas. Todos los infinitos y extraños ojos del Océano Pacifico. Fiji Samoa. Cook Islands. Pitcairn. Mar verde, corales y arenas naranjas. Por todas partes había whisky y buenas peleas en los bares. En dos ocasiones fui testigo de la muerte de hombres, en peleas por faldas y coronas de flores. Ellas sabían todo sobre el arte de poner a los marinos unos contra otros, y sonreían cuando los muchachos se golpeaban. Yo mismo he golpeado a muchos hombres en el mundo por una mujer. Pero nadie salió herido. Yo los golpeé hasta aturdirlos y eso era todo.

—¿Por qué no te moriste en el mar? —preguntó Sigurd.
Está serio y no bromea. El muy bien podría haber escupido a todos los otros viejos. A todos nosotros que estamos sentados frente al aparato de la televisión por las tardes y que venimos enjutos al centro comercial en cuanto abren por la mañana. Nosotros que estamos de más. El feudo de los náufragos. Nuestra esquina, marineros.
—Sí —respondo—. Sí. ¿Por qué no lo hice?

Ari Behn, Trist som faen, Kolon forlag Oslo 1999.

domingo, junio 22, 2008

Desembarco nórdico según Babelia

"En la enigmática y aislada Islandia, una de cada diez personas publicará un libro a lo largo de su vida. En una Noruega bañada en oro negro, un novelista puede recibir un sueldo vitalicio. En Suecia, ya en 1900, el proletariado organizó su propia red de bibliotecas, convencido de que la educación era la mejor arma frente al poder. Los finlandeses compran de media diez libros al año; y en Dinamarca editar nunca es una ruina porque el Estado compra ejemplares para todas las bibliotecas públicas. Si además se tiene en cuenta que el analfabetismo desapareció en los cinco países escandinavos hacia 1850, no es de extrañar que su producción literaria sea extensa y de calidad."

Así comienza el artículo de ELISA SILIÓ en el último número de Babelia, sobre la literatura nórdica que se publica hoy en España.

Lean Realismo artico de Flogstad,

Nuevo boom de literatura nórdica

Ari Behn, el enfant terrible de la realeza noruega

Realismo mágico islandés

domingo, abril 30, 2006

¿Quién es Ari Behn?

Ari Behn estaba catalogado como el noruego mejor vestido, fiestero y bohemio, comentador de tragos en la tele, con una relación no aclarada con las drogas, el terror de los porteros de las discotecas. Behn tenía la rutina inconfundible del escritor joven y hambriento de éxito. Con sus amigos más pegotes, formó un club social llamado El vino nuevo, dedicado a jaranear, bajo pretextos intelectuales. En el 2000, la televisión noruega mostró un documental realizado por Behn en Las Vegas, acompañado de bellas prostitutas que jalaban cocaína. Behn dijo que se trataba de «una realidad simulada, no documental».

Los Reyes Harald y Sonia, los soberanos de este país nórdico tienen dos hijos, la princesa Marta Luisa y el príncipe heredero Haakon. Haakon se casó el 2001 con Mette Marit, una madre soltera, que se convertirá en Reina el día en que Haakon suceda a su padre en el trono. El pasado díscolo de Mette, en el que tuvo afición a las drogas y a la juerga, y el hecho de ser madre soltera y que el padre de su hijo haya estado en la cárcel, no impidió que se convirtiera en Princesa de Noruega.

En el 2002, el rey Harald condujo, creo que con un poco de julepe, a su hija Marta Luisa hasta el altar para entregársela al debatido escritor Ari Behn, que nació en 1972 en Aarhus, Dinamarca y de niño vivió 5 años en Inglaterra. El mismo se considera un trotamundos y un outsider que ha trabajado como chofer y barman. En 1999 publicó un libro de cuentos de casi cien páginas en la editorial Kolon, llamado Trist som faen. La primera edición fue de 1800 ejemplares pero llegó a vender 80 mil. Ari Behn se convirtió a los 26 años en un escritor pop y top. Trist som faen llegó a las listas de los más vendidos y su estilo fue asociado al realismo sucio de Raymond Carver. Del mismo modo, fue tamborileado por la crítica: “No sabía que teníamos un escritor tan bueno entre nosotros”, “Tiene mucho que contar y talento para ello”, “cualidades indiscutibles, alta precisión, sentido contemporáneo, sensual idioma de imágenes“. En Suecia, donde su libro ya ha sido traducido, los críticos también lo alaban: “Talentoso”, “una especial mezcla de cinismo y melancolía”.

En 1999 activó un debate sobre la literatura noruega, y la acusó de ser aburrida, y que los escritores eran como alumnos que hacían las tareas ante sus profes. Según él, la tarea de un escritor hoy consiste en robarle a los actions films el público que le robaron a la literatura. Hay que escribir libros llenos de vida y de acción. No hay que escribir para torturar a otros con el bostezo. O sea, evitar ser una lata. Un tema universal, ¿no?
Su novela Bakgard es del año 2003.

Lee un cuento de Ari Behn

Un cuento de Ari Behn

Después de la fiesta
De Trist som faen, 1999



La cafetería Bjorg está en el tercer piso del centro comercial y las escaleras son mi forma de ejercicio diario. Pero el último tiempo he tenido problemas para caminar. Vacilo un buen rato hasta que aprieto el botón del ascensor. Temo que la gente que me conoce vea que estoy en camino a estar enfermo. Todo está como siempre en la cafetería, huele a comida barata y no hay tampoco nadie que hable en voz alta en las mesas. Así ha sido siempre. Voy a la barra y me sirvo un sorbo de café amargo. Apoyo la taza en la bandeja y me muevo hacia la caja. En la portada de un diario hay una foto del esquiador que ganó el círculo de campeones. Me agacho un poco y le echo una mirada.

“Debes pagar por el diario, sabes” dice la cajera. “O lo devuelves o pagas. No puedo hacer caridad con todos.”

¿Qué se cree? Quería ver lo que se escribió sobre el esquiador en el diario. ¿Cree que yo me he convertido en un ladrón de un escuálido diario? Jaja. Quizás ella no me reconoce. Su parroquiano de cada día. Pero uno no puede esperar otra cosa. Somos muchos los viejos en el centro comercial esta mañana. Y yo no me veo especial. Aparte del mar. Que nunca toca techo. Por dentro.

“Sí, sí. Obviamente que pagaré”, respondo y le doy el dinero. Ella lo toma sin agradecer.

¿Es el mar una madre o un amante? pienso y me voy a sentar en la mesa en la esquina. Una joven está sentada en la mesa de la muralla. Ella me mira. ¿Pasa algo?
Las olas. Sí, los rompeolas. Rosita Carmen García, se llamaba. Esa vez que llegamos al Callao en el Perú. Ella era la hija del inspector del puerto e su padre intentó todo para que no subiera. Pero, naturalmente, ella logró colarse y subirse al barco. Yo obtuve la primera vuelta y debí siempre pestañear cuatro o cinco veces al mirar a Rosita que era tan fina y buena y tenía ojos tan grandes y tan negros.

¿Son realmente las olas del Océano Pacífico? Las escucho cada noche, pero nunca estoy seguro. El ritmo. ¿No vuelve? Los muchachos me saludan cuando yo me siento. Son los mismos de ayer. Sigurd Skavasen y Gunnar Johansen, ambos obreros jubilados. Edin Holthe es también del grupo, un palo seco que no hace nada más que quejarse de dolores de espalda y del corazón.


Clara Piedad de Panamá era la más ávida de todas. Ella abordó el barco casi junto con el atraque al puerto y no se fue hasta que todos se hubieron vaciado. Exclamó y gritó y nosotros la amábamos por sus rudas bromas y su largo pelo negro. Para no hablar de Linda Hamilton de Brisbane. Eran mujeres que conocían su profesión. El mismo capitán hablaba de ella durante largo rato cuando nos acercábamos a Australia, y era una ley no escrita que él tomaría el primer lugar. Linda era aventurera igual que la Marilyn Monroe y, naturalmente, costaba más que las otras.

Sonrío. Los muchachos siguen mi mirada y se giran. Hay algo que han aprendido. Tratan de seguir lo que yo he comenzado. Ella no tiene más veinte años y sonríe de vuelta. Levanto la mano para saludarla. Gunnar y Sigurd hacen lo mismo. Pero ella no aprecia el gesto. Ella se inclina y comienza a hojear un diario.

Isadora Campos y Calletto de Valparaíso, Chile. Estuve con ella varias veces. Ella no era como el resto de la camada. Era alegre y seria, a la vez. Igual que el mar. Una corona de rosas de cuarenta brazas de profundidad. Oh, querida Isadora. A ti te amé como a nadie. Pero tú nunca querías casarte. Murió sola hace dos años atrás. Recibí tu carta de vuelta con un cordial mensaje de tu hermana.

“Antes la habría conquistado como nada”, “ le dije a Gunnnar.
“Entonces era marino y trovador. Ninguna mujer lograba rezar dos veces.”

Pero esto no es todo. Alguna vez emergen ellas. Todos los infinitos y extraños ojos del Océano Pacifico. Fiji Samoa. Cook Islands. Pitcairn. Mar verde, corales y arenas naranjas. Por todas partes había whisky y buenas peleas en los bares. En dos ocasiones fui testigo de la muerte de hombres, en peleas por faldas y coronas de flores. Ellas sabían todo sobre el arte de poner a los marinos unos contra otros, y sonreían cuando los muchachos se golpeaban. Yo mismo he golpeado a muchos hombres en el mundo por una mujer. Pero nadie salió herido. Yo los golpeé hasta aturdirlos y eso era todo.

“¿Por qué no te moriste en el mar?” pregunta Sigurd. Está serio y no bromea. El muy bien podría haber escupido a todos los otros viejos. A todos nosotros que estamos sentados frente al aparato de la televisión por las tardes y que venimos enjutos al centro comercial en cuanto abren por la mañana. Nosotros que estamos de más. El feudo de los náufragos. Nuestra esquina, marineros.
“Sí” respondo. “Sí. ¿Porqué no lo hice?”
Traducción del noruego: Omar Pérez Santiago

lunes, febrero 20, 2006

Ari Behn: Enfant terrible en la realeza noruega

Ari Behn:
Enfant terrible en la realeza noruega

En Noruega los escritores cubren portadas de los diarios y los libros se venden en abundancia. Los escritores más jóvenes conocen la técnica de usar las cámaras como un cantante pop, para pregonar la obviedad de que la literatura debe ser menos elitista.
Mayo del 2002. El joven escritor Ari Behn se casó con la princesa Marta Luisa.
Ari Behn abrió un nuevo debate sobre el rol de los medios de comunicación en la literatura y en el arte -algo que aquí se lidia aburrido por correctos académicos. Behn estaba catalogado como el noruego mejor vestido, fiestero y bohemio, comentador de tragos en la tele, con una relación no aclarada con las drogas y el terror de los porteros de las discotecas. Ari Behn creó un dolor de cabeza en la liberal realeza noruega. Behn tenía la rutina inconfundible del escritor joven y hambriento de éxito. Con sus amigos más pegotes, formó un club social llamado El vino nuevo, cuyos objetivos eran jaranear, bajo pretextos intelectuales. En el 2000, la televisión noruega mostró un documental realizado por Behn en Las Vegas, acompañado de bellas prostitutas que jalaban cocaína. Dijo que se trataba de «una realidad simulada, no documental».

Los Reyes Harald y Sonia, los soberanos de ese país nórdico, tienen dos hijos, la princesa Marta Luisa y el príncipe heredero Haakon. Haakon se casó el 2001 con Mette Marit, una madre soltera, que se convertirá en Reina el día en que Haakon suceda a su padre en el trono. El pasado díscolo de Mette, en el que tuvo afición a las drogas y a la juerga, y el hecho de ser madre soltera y que el padre de su hijo haya estado en la cárcel, no impidió que se convirtiera en Princesa de Noruega.

En el 2002, el rey Harald condujo, creo que con un poco de regaño, a su hija Marta Luisa hasta el altar para entregársela al debatido escritor Ari Behn, que nació en 1972 en Aarhus, Dinamarca y de niño vivió 5 años en Inglaterra. El mismo se considera un trotamundos y un outsider que ha trabajado como chofer y barman. En 1999 publicó un libro de cuentos de casi cien páginas en la editorial Kolon, llamado Trist som faen (que yo traduzco como Qué triste). La primera edición fue de 1800 ejemplares pero llegó a vender 80 mil. Ari Behn se convirtió, a los 26 años, en un escritor pop y top. Qué triste llegó a las listas de los más vendidos y su estilo fue asociado al realismo sucio de Raymond Carver. Del mismo modo, fue tamborileado por la crítica: “No sabía que teníamos un escritor tan bueno entre nosotros”, “Tiene mucho que contar y talento para ello”, “cualidades indiscutibles, alta precisión, sentido contemporáneo, sensual idioma de imágenes“. “Talentoso”, “una especial mezcla de cinismo y melancolía”.

En 2003 publicó una novela con cierto ruido, en la tradición beat, de título Traspatio, donde describe las experiencias de un gay en la comunidad homosexual de Tánger. Una obra que le ha significado en 2004 recibir el premio "Autor del Año" de una importante revista de Oslo y el premio "Hetero del año" por Blikk Magazine, reconocimiento a los heterosexuales que han hecho algún esfuerzo por la comunidad gay.

Ari Behn es un fragmento de un fenómeno cultural: el nuevo boom nórdico, donde escritores algo mayores como Kjartan Flogstad, Jonstein Gaardar, Jan Kjaerstad, Jo Eggen y Lars Saabye Christersen son la punta de lanza.



Más triste que la cresta
Cuento de Ari Behn

Traducción del noruego de Omar Pérez Santiago

“Me encontré con ella a mediodía, entre el fandango de la gente del centro comercial. Ella era rubia y alta y muy diferente de mi –un gitano de bigote negro de mirada caliente y diabólica. Cambiamos miradas cuando ella cruzó. Pero fue todo. Todo hasta que la seguí al subterráneo, más allá de los cabinas telefónicas y directo a los baños. Yo, que siempre ataco al cuello, le grité: Ey, has olvidado algo. Y ella respondió: ¿Qué? Y yo le dije que se había olvidado de mí. ¿Te he olvidado? Respondió ella. Sí, dije yo y ella sonrió y me jaló dentro de uno de los baños. Cerró la puerta y me besó sin más trámite. Ella era tan noruega y deliciosa. No hubo error, pues bajo toda esa frialdad estaba llena de sangre hirviendo. Le rompí los jeans y la tomé con su chaqueta de tweed puesta. Ella se corrió conjuntamente conmigo y continuamos un poco más. Pero luego nos abrochamos y salimos del centro comercial. Ningún nombre. Ninguna palabra más. Nada. Solo un pequeño palmoteo y una sonrisa y ella había desaparecido.”

-“Por la cresta, Kare, muy banal”, dijo Richard Hageberg. El era director de cine y estábamos sentados hablando sobre buenas historias que podían ser películas.
“Banal, huevón, pero una historia completamente cierta.”
“Pero… pero tú estarás de acuerdo que tales historias sólo se oyen como tontas fantasías de adolescentes. El sueño de una dama deliciosa, dama desconocida que se deja tomar sin compromiso, unos minutos después de haberla visto por primera vez. Bastante tonto, ¿o no?”
“¿Tú no crees que es verdad?”
“¿Verdad? Sí, no dudo que tú tiras 15 veces al día. Pero no se hace una buena película con eso.”
“¿No son esas cosas las que exactamente ocurren en las películas?, dije yo.
“Sí, ¿verdad? Sólo clichés por todas partes.”
“Es terrible.”
“Triste”, dijo Richard.
“Más triste que la cresta”, dije yo.

Ari Behn, Trist som faen, fortellinger
Kolon forlag Oslo 1999.

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