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miércoles, julio 29, 2026

Tomás Tranströmer. Placas de la Poesía. Leo Lobos, Juan Cameron, Leonardo Sanhueza, Sergio Badilla, Soledad Fariña, Eduardo Farias

 



Leo Lobos  

“Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel”; estos versos del poeta sueco Tomás Tranströmer (Estocolmo, 15 de abril de 1931), traducidos por el escritor Omar Pérez Santiago (Chile, 1953) parecen encarnar lo que el poeta, ensayista, músico y crítico estadounidense Ezra Pound predicó sobre la fanopéia, una de las modalidades de la poesía; es decir, la

proyección de una imagen visual sobre la mente. Tomás Tranströmer es un psicólogo, escritor, poeta y traductor sueco, cuya poesía goza de una gran influencia; la crítica internacional lo considera uno de los poetas más sobresalientes de Suecia. En 2011 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura; la concesión del galardón hará posible que la obra literaria y psicológica de este creador de ochenta años “llegue a un público más amplio”. La naturaleza y la música son los dos grandes motivos que llenan los libros de este autor poco conocido fuera de Escandinavia a pesar de que su obra poética ha sido traducida a más de cincuenta idiomas.

Este libro es el primero que se publica en español sobre la obra del poeta; contiene ensayos y traducción sobre la poesía sueca, las generaciones literarias, sus vínculos con la poesía latinoamericana, que permiten entender la relevancia de Tomás Tranströmer en el panorama sueco, europeo y mundial. Omar Pérez Santiago estudió en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile e Historia económica en la Universidad de Lund en Suecia y fundó en Europa la editorial Aura Latina. El libro Introducción para inquietos / Tomás Tranströmer / Premio Nóbel de Literatura 2011, de Omar Pérez Santiago, ha sido publicado por Cinosargo Ediciones, una productiva editorial de Arica que dirige el escritor Daniel Rojas Pachas. “En los años 80 se articuló”, comenta Omar Pérez Santiago, “un activo grupo de jóvenes escritores latinoamericanos en Suecia, escritores traductores. El poeta uruguayo Roberto Mascaró con el poeta tucumano Mario Romero traducen a Tranströmer y lo publican en una antología de poetas suecos en 1985. El poeta chileno Sergio Badilla, el argentino Cristian Kupchik hacen lo propio. En julio de 1986 tres poetas viajan en tren desde Estocolmo a Malmö, Roberto Mascaró, Sergio Badilla y Raúl Zurita. Ese agitado fin de semana en Malmö, uno de los temas de conversación con los poetas traductores fue la poesía de Tranströmer”.

La poesía, como la prosa, es ante todo una cierta forma de pensar y conocer, en palabras de Omar Pérez Santiago. “Llegué a Suecia un frío día de invierno. Había nieve y estaba oscuro. Algo realmente mágico. Al otro día, a las 8 de la mañana, ya estaba estudiando el idioma”. El poeta francés Paul Valéry dice: “Se reconoce a un poeta cuando éste transforma al lector en un inspirado”, el lector encuentra en el poeta la causa admirable de su admiración. Aquel que lee ofrece al creador de los poemas los méritos trascendentes de las fuerzas y de las gracias que se desenvuelven en él. Este libro se sustenta en una original teoría sobre las placas poéticas de la poesía, es decir la conexión terrestre, el tejido, cruces y las referencias de la humana poesía. “Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento”; el bosque de Tomás Tranströmer en traducción de Omar Pérez Santiago.

 Leonardo Sanhueza

Las Últimas Noticias

Domingo 23 de septiembre 2012.

Desde la ya remota telenovela entre Sun Axelsson y Nicanor Parra hasta los vínculos establecidos por el exilio de poetas chilenos en dictadura, la literatura sueca en Chile ha tenido una pequeña pero importante resonancia, lo que ya es mucho decir para un país que suena igual al chino en el ámbito hispano hablante. Por eso el poeta sueco Tomas Tranströmer no era en absoluto un desconocido en estos lados cuando el año pasado le fue concedido el premio Nobel.

Uno de los activistas de ese conocimiento es el escritor Omar Pérez Santiago, quine publica ahora una especie de dossier sueco. Como lo sugiere el título, es una especie de introducción a Tomas Tranströmer e incluye algunas traducciones a su poemas, pero también recorre sucintamente varios hitos de la poesía sueca, desde el romántico de Eric Johan Stagnelius hasta Michael Strunge y los años ochenta, además de su conexión con poetas daneses y latinoamericanos. Visto así, parece una ensalada, pero en realidad se trata de traducciones, notas y recuerdos con los que Pérez Santiago plantea una “teoría de las placas” literaria, en la que la “placa Tranströmer” ocupa un lugar central: son literaturas conectadas por un cierto dominio del paisaje, los bosques y el terruño, la omnipresencia del invierno, la densidad simbólica, etcétera, de modo que a través de la poesía, se dibuja otra geografía, en las que hay zonas de los países nórdicos que parecen quedar mucho más cerca de nosotros, entre Lautaro y Pillanlelbún, por ejemplo.

Eduardo J. Farías Alderete

Tomas Tranströmer

Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la inconstante y movediza corteza literaria mundial.

Omar Pérez Santiago acomete en este libro un trabajo concienzudo y conciso para un tema que cada año por estos meses llama la atención a los escritores, lectores y amantes de la literatura: el anuncio del Premio Nobel. Este año fue premiado Mo Yan escritor chino autor de la novela el Sorgo Rojo, y que actualmente Chile carece de sus obras como para adquirir leer y formarse una idea de qué cómo escribe el

flamante Nobel. Si su trayectoria justifica tal reconocimiento. Actitud generalizada.

El año recién pasado fue premiada la poesía, Tomás Tranströmer y como es costumbre se alzaron aquellos que decían conocerle, algunos avalando la designación y otros mostrándose como firmes detractores, difícil tarea pues sería para los curiosos de siempre hacerse un juicio.

La Introducción para Inquietos soluciona ésta intríngulis a través de una teoría que más que provocar una cuota de extrañeza por lo geológico del uso en sí aplicado a algo tan poco monolítico o de litósfera como es la poesía, lo cierto es que parece calzar a la perfección y Pérez lo logra con una línea cronología y concatenación de autores suecos y de alguna forma casi dialéctica llegar a una definición acabada de la posición que ocupa Tranströmer no sólo en su nación sino que en Escandinavia, Latinoamérica y Chile.

La Cartografía aplicada a cómo abarcar en pocas páginas el quehacer de un poeta de la relevancia de Tranströmer; nuestro periplo comienza con el pilar de la poesía sueca y quien en su impronta dio el puntapié inicial de esta forja tectónica: Eric Johan Stagnelius poeta y dramaturgo romántico, no está demás clarificar que , el autor de esta tesis selecciona un trabajo poético ilustrativo del exponente además de la descripción de su perfil quedando cada “placa tectónica-poética” ensamblada a la Placa Tranströmer desde el remoto siglo XIX, pasando por el ya discutido concepto de generación, (útil no sólo para estudiosos) al Modernismo de la década del 30 del siglo pasado, los años 40, los años 60 , la generación escandinava de los 80, los vínculos con autores latinoamericanos internacionalmente reconocidos, pero dentro de este desarrollo conceptual hay, en el acápite “Nobel y Nicanor Parra” la explicación de fondo de lo que para muchos

es algo casi ininteligible: la “misteriosa” y a veces “caprichosa” manera en que surge la nominación y posterior premiación del Nobel de Literatura. Los parámetros que entran en juego, las circunstancias además de los méritos de cada candidato para ser galardonado.

Pero una cosa queda clara luego de la lectura de este libro, a la vista los poemas, la trayectoria, la influencia e incluso los “antagonistas” determinan que la “lárica — universalidad espiritual” de Tomás Tranströmer como hablante poético merece el premio con largueza.

Es un privilegio para los poetas, lectores aficionados y los avezados en poesía poseer este “plano de placas tectónicas” sísmica poética, la inconstante y movediza corteza literaria mundial.

Cinosargo en su colección Pink Cigarrette, ha demostrado más allá de toda prueba un gusto exquisito por la poesía extranjera y la traducción precisa, un siempre loable intento por traernos aquellos autores relevantes “ajenos” al habla hispana

Sergio Badilla

Comenzaré haciendo intertexto en mi exposición de hoy, sobre el libro: Tomas Tranströmer, Introducción para Inquietos, de Omar Pérez Santiago refiriéndome a las palabras del propio Nobel, en su libro: Tolkningar(Interpretaciones) que dice: de una manera teórica, señala él, la traducción de la poesía puede ser considerada un absurdo, en sí, pero en la práctica debemos creer en su traducción.

En este volumen, Tolkningar, él hace una selección de poemas de poetas norteamericanos tales como James Wright, Robert Bly, W. S. Merwin, y de los húngaros: János Pilinszky y Sándor Weöres, entre otros.

El libro de Pérez Santiago que hoy nos convoca, aquí, en la casa de Neruda, es justamente un libro que alude y se refiere a interpretaciones de poesía, a poetas, a personajes de la poesía que han sido figuras ilustres en el culto de esta expresión

alegórica en el idioma sueco, comenzando, este volumen, por Tomas Tranströmer, nuestro conocido y reciente Nobel.

Pérez Santiago tiene la virtud de atrapar momentos; de ser, en la mayoría de los casos, testigo cronista de historias urdidas en estas páginas que dan cuenta de episodios que nos dejan abierta una mirilla, por donde nosotros, los lectores curiosos, podamos fisgonear algunas intimidades de esta pléyade de creadores; como por ejemplo la animadversión de muchos de sus contemporáneos , en la década del 60, que criticaron su poética, porque no aludía el entramado ideologizante de la época Le exigían compromiso y sencillez de lenguaje. Contingencia y arenga. En pocas palabras: intransigencia y prédica poética. Afortunadamente, eso no ocurrió, gracias a su perseverancia lírica en el rumbo que se había trazado.

El siguió su propio camino, vinculado a la música y a su plectro íntimo, donde surge un lenguaje, a veces, con tintes expresionistas, otras veces con una euritmia surreal, que lo distanció de esa generación de la soflama y que determinó que tuviera, durante muchos años, un escaso reconocimiento en su país natal, pero que, sin embargo, lo hizo crecer notoriamente en el exterior, sobre todo en el mundo anglo parlante, donde poetas connotados como Robert Bly, Robin Robertson o Robert Fulton, tradujeron profusamente su obra, dejando en claro, que para Tranströmer el camino sería muy largo para ser un profeta en su propia tierra, hasta que las clarividencias se enfriaran.

Los poemas elegidos por Pérez Santiago, en esta selección tienen un acento o aroma boscoso, a naturaleza diáfana que, de una u otra forma, lo emparientan con nuestro sur; y el responsable de este libro, lo enfatiza deliberadamente, como por ejemplo cuando traduce jätteeken, o gran pino, por araucaria. Sin embargo, el poeta Nobel, es un hombre que

se deja vincular a través de las imágenes que capta su ojo o percibe su oído nórdico, porque el bosque surge ocurrente y redundado como un espejismo, ya sea en su relación poética contextual como en el paisaje poético insinuado.

Pero, Tranströmer no es un asteroide desorbitado en este cosmos poético y justamente la tarea que se propone el autor de Introducción para Inquietos, es ponernos en evidencia la relación que existe entre el ganador del Nobel con las voces primigenias, es decir, nos induce a la poesía sueca, a través de sus alturas.

El libro continúa con Eric Johan Stagnelius, un poeta de fines del 1700 quien es segregado por los círculos de poder literario de la época en una vida que será breve y azarosa, en su cuerpo deforme.

Karin Boye, una de las grandes modernistas del siglo XX, una suicida en sus años de la madurez primaria, también es convocada por nuestro autor, con su poesía cristalina, donde el psicoanálisis, el jazz y la mirada cosmopolita, se entretejen: Aquí, nos sobreviene una muy buena traducción de su poema: Visst Gör det Ont; Sí, duele.

No podía faltar a esta incitación colectiva, Gunnar Ekelöf, como bien rotula Pérez Santiago, el más grande de los modernistas suecos, que desvaría y alucina. Para entrelazar su poética; venida de la cesión de un ángel y no de una musa, como acota, Introducción para inquietos.

Posteriormente, dos excelentes poetas, Hjamar Gullberg y Eric Lindegren el primero relacionado con Chile, por las traducciones formidables que hiciera de Gabriela Mistral y el

otro, por la poesía existencialista de los años 40, como epígono de los años de guerra y crueldad.

Después, otros cuatro nombres, vinculados a la que nosotros concebiríamos como Generación del 50, Lars Forsell, uno de los más cercanos, quizás, con ojo heterodoxo, en poética y registro, con Tranströmer y quien introdujo a Ezra Pound al mundo nórdico. Lasse Söderberg, poeta conciso y también amigo de Tranströmer, uno de los más conspicuos traductores del español; Göran Palm, de la poesía coloquial, satírica y política y posiblemente, uno de sus críticos más connotados y, finalmente, en este grupo, Dag Hammarskjöld, el ex Secretario General de la ONU, que murió trágicamente en un accidente de aviación el año 61 y que logró la rehabilitación social de Ezra Pound, logrando derribar, con su influencia, la severidad puritana y punitiva de los Estados Unidos.

Las últimas páginas de este libro, echan una mirada a la poesía danesa; sobre todo a partir de Michael Strunge, que integró la llamada “Pandilla de Malmö”, nombre acuñado por el mismo Omar Pérez Santiago, sentado aquí a mi lado.

Finalmente, el remate de este volumen, está dedicado a la relación que hemos tenido los escritores latinoamericanos, con Tranströmer, una anécdota vivida por el autor con Octavio Paz y, como colofón, la historia interminable de Parra tras el inalcanzable Premio Nobel.


Juan Cameron

La Sebastiana, Valparaíso. 21 de julio 2012

Mis queridos amigos, antes que nada –y como indica la norma- debo agradecer a Omar Pérez Santiago y a Sergio Badilla el haberme convocado a esta mesa para hacer pública la aparición de Introducción para inquietos. Hay dos razones importantes en esto: ellos tienen señalada importancia en mi ubicación en Suecia y en esa cultura, que nos es ahora común, y por cierto, para celebrar una nueva edición, sobre todo tratándose de escritores queridos y conocidos, en estos tiempos de barbarie y oscuridad.

Llegué a Estocolmo a comienzos de 1987, pocos días antes de cumplir mis cuarenta años. El promotor de ese viaje, como el de la recepción allí –estuve en su casa hasta que fui enviado a un campamento de refugiados en el Báltico– fue precisamente mi antiguo compañero de estudios de Derecho y del Directorio

en la Sociedad de Escritores de Valparaíso –aunque ya no figuremos en sus registros –Sergio Badilla Castillo. Sin su apoyo y el grupo de amigos, mi estancia en ese campo nórdico habría sido un verdadero infierno. Y luego, tras aquella temperada, la suerte y los encuentros con otros chilenos, como el narrador Jorge Calvo y el ex compañero de universidad Juan Ángel Tapia, pude establecerme en el sureño puerto de Malmö. Allí campeaba por entonces Omar Pérez Santiago (Pancho para nosotros y con unas P muy suecas y explosivas) junto a Rubén Aguilera y otros grandes y hasta hoy queridos amigos, como Gastón Candia, el Cono (Luis Tejo) a quienes hace poco abracé allá in situ. Por eso entonces saludar a los escritores de aquellos lares sea un motivo de inmensa alegría.

A la par de avanzar en el aprendizaje del idioma, con atisbos de tempranas traducciones y esa soledad definitiva –matizada de cuando en vez por nuestra misérrima red social- me fui adentrando en la poesía sueca. De hecho mi primer intento ocurrió en el departamento de Sergio, en Koksgatan, cerca de la Medborgarplatsen cuando, sin mediar provocación alguna del idioma, comencé a traducir algunos párrafos de Fåglarna (Los pájaros) de Lars Gustafsson. El resultado fue, como supondrán, similar al del traductor automático de Google. Y en otra oportunidad, sólo por lucirme, aprendí de memoria un corto poema de Gunnar Ekelöf que, en mi sueco de entonces, no entendían ni los refugiados iraníes. Fue en la Biblioteca Municipal, ya viviendo en Malmö, donde ubiqué las obras del buen y afable Tomas Tranströmer, avecindado a ratos en esta ciudad y muy cercano de nuestro amigo Lasse Söderberg.

Por cierto, más allá de los idiomas y del origen, existe una actitud viral, repetida y casi esquemática en todos los poetas. De allí que no fuera difícil identificarse con ellos. Pérez Santiago da cuenta de su visión en el texto ahora a vuestro alcance y, aunque su interés apuntaba a un ejercicio de plena

actualidad y el mío a lo ya establecido (no dominaba el idioma) nuestros héroes resultan casi los mismos.

Gunnar Ekelöf, por citar alguno, quien cargó con el rol de un marginal nacido en la alta burguesía. Por ello habría de sufrir la omisión y el ocultamiento. Más aún cuando su actitud contestataria apuntaba directamente contra el modo sueco de vida. Aclaro, al modo sueco de hace unos años, mucho antes que la barbarie capitalista echara por el suelo el sistema de protección social. Tal olvido no carece de inocencia: la ironía y el desprecio del poeta por todo lo burocrático hiere en sus raíces el concepto de folkhemmet (la casa de todos en cierto sentido), baluarte de la izquierdizante Socialdemocracia de aquellos lejanos tiempos. Prima en sus obras una actitud de desamparo y rebeldía que lo habrá de acompañar hasta su muerte. “En atención a las exigencias estéticas / (que también son las de la funcionalidad/ (escribe en 1945) los arquitectos han hecho las nubes cuadradas”; y más aún: “Cada día se hace noche y los asexuados trabajadores / cargados de vitaminas / llegan en rebaños a sus casas/ a través de los parques / según los convenios colectivos / a su vida privada / a Svea, la reina de las hormonas / vigilada rigurosamente por porteros que inspiran confianza”

Y tras este poeta emerge la obra de Tranströmer, autor de un profundo y conmovedor sentido estético. No son meros elogios: la estructura semántica de sus textos, esa misma que es intraducible –pues los signos no transitan las calles de otras lenguas- resulta poderosa, amable, descubridora, plena de ternura y profundidad al mismo tiempo. En Retrato y comentario, un poema, supongo, a su padre dice (leo párrafos saltados): He aquí el retrato de un hombre que he conocido / se sienta a la mesa con el periódico abierto / los ojos cerrados tras las gafas / Su traje lavado en el brillar de los pinos (…) El diario, esa gran mariposa sucia, / la silla la mesa y el rostro

descansan (…) Aquel que soy en él descansa. / Existe. No reconoce / y por eso vive y existe.

Toda relectura de Tranströmer lleva, más allá de nuestra natural necesidad de traducirlo, a la cuestión de la validez literaria. Una vez, mientras intentaba llevar al castellano por goce y complacencia personal, nada más, el poema Un artista en el norte, de su libro Sonidos y Huellas (1966) hallé la respuesta a una cuestión teórica que me tenía a mal traer por esos tiempos. A medida que ingresaba a los planos de significación de esa obra dedicada al músico noruego Edgard Grieg, por oposición a tanta maravilla porqué es mala esa poesía que a nosotros, a simple vista, observamos como inútil o vana o desquiciada. Tranströmer lograba allí algo extraordinario; conseguía el oximorón de unir en un solo plano la fragilidad del sentimiento y la dureza del medio; el simple artilugio de las proposiciones golondrina-tejado, pino-choza, corazón-pecho, así como el juego de las múltiples posibilidades ofrecidas por esta gama metafórica (además de sus fluidez y resonancia y sonido y sentido, se entiende) me indicaba ya estar frente a un buen, cuando no frente a un excelente poeta. O, en otros términos, ante la poesía. Después supe que Roland Barthes lo llamaba concordancia simbólica y concordancia taxonómica; pero ese es un punto ajeno a esta presentación.

El trabajo que nos trae Omar Pérez Santiago reúne una serie de notas, que él ordena por décadas –de los 30 a los 80- e inicia con sus traducciones y un breve estudio de este poeta estocolmeño nacido en 1931 y a quien le fue concedido el Premio Nóbel el pasado 2011. Rescata además, como uno de los pilares de esta expresión nacional, a Eric Johan Stagnelius, sin duda el mayor exponente del romanticismo sueco pero, en términos generales, un clásico del idioma: Del eco ciudadano se distingue, tranquilamente oculto entre las edificaciones /

ese corazón que sólo aprende a amar y a soñar escribe en 1814, Y encontramos aquí también, aparte de los nombrados, a poetas cuya obra, como siempre ocurre, merecen una mayor difusión por el goce estético aportado. Es el caso de la gotemburguesa Karin Boye, heroína del feminismo más militante, o de Hjalmar Gullberg, que tan maravillosamente tradujo a Gabriela Mistral alrededor de 1940. La precisión en el ritmo y en la acentuación del verso mistraliano conforma un alegato muy difícil de replicar para quienes sostenemos que la poseía es -por los secretos avatares del oficio- del todo intraducible. Y así continúan, otros nombres: Larss Forsell, Göran Palm, y aquellos ya más cercanos al autor, tal vez reunidos en el Café Siesta o en los pubs de Copenhague, integrantes de la Pandilla de Malmö, o como bien se moteja The Danish Connection; poesía de apertura frente a la presión post industrial que, en cierta medida, se convoca en torno a la figura del joven suicida Michael Strunge. De este tronco germinan Clemens Altgård, Håkan Sandell, Jens Fink-Jensen y Lukas Moodysson (quien optará posteriormente por la novela) entre los más conocidos.Mucho se puede hablar de esa Suecia que ocupamos e hicimos nuestra a pesar de las condiciones adversas y de un definitivo enfrentamiento cultural. Se trata de un idioma y una literatura preciosos. Y este libro resulta una buena oportunidad para que el lector interesado acceda a ella.


Soledad Fariña

Agradezco doblemente la oportunidad de presentar este libro del poeta Tomas Tranströmer, traducido por el poeta chileno Omar Pérez Santiago.

Doblemente porque, por un lado, me ha permitido conocer más profundamente a este gran poeta sueco y por otro, recordar la lengua con la que hablé y escribí durante 5 años, y que ha permanecido latente durante tanto tiempo.

“Cosmos, árboles como robles o como símbolos que podrían ser araucarias, tormentas, lluvias, la hierba que se oye respirar, bosques sombríos”, escribe Omar en la nota introductoria, acercando el lenguaje poético de Tranströmer a la cosmogonía originaria del pueblo mapuche. Al escuchar la expresión bosque sombrío no puedo sino volver a experimentar la marca indeleble de esa presencia: imagen y

sonido Skogen, unido al silencio que esa palabra evoca. La poesía de Tranströmer ha sido y es señalada por Omar como una poesía silenciosa, tal vez mística y cuyo intento profundo es verse a sí mismo tal y como uno es.

Sin embargo, lo que más llama la atención de esta introducción es el sistema que ha creado Omar para abordar la poesía, partiendo de la convicción de que todo lenguaje poético es herencia de uno anterior “y está en diálogo con la cultura circundante”. Al quehacer poético llama Omar “Placas poéticas”.

“Los poetas viven y desarrollan la imaginación y la creatividad en un mundo indivisible e intercomunicado (…) Nada existe en aislamiento” “Las influencias viajan por redes neuronales vitales y siempre activas, viajan geográficamente y viajan en el tiempo; construyen corrientes interconectadas. Así se conforman las placas poéticas, mezclando lenguas y tradiciones”.

De esta manera, podemos ver que el punto de vista del traductor en torno a la poesía de Tranströmer es lo que llamaríamos “poesía en relación”.

Los diez poemas que componen esta muestra tratan, seguramente, los aspectos más cercanos a la experiencia y lenguaje del propio poeta-traductor: los sombríos meses de invierno donde solo el cuerpo amado da fuego y vida. El árbol –traducido como araucaria- que ordeña vida de la lluvia. El alto y viejo árbol que aparece en la tormenta como un alce petrificado. La alegría de la nieve recién caída sobre la ciudad. El llamado de la hierba memoriosa en verano. La herencia ineludible: el bosque sombrío donde vivos y muertos cambiarán de rol. El espléndido verso de las verdades, “Dos

verdades se acercan. Una viene de adentro, la otra de afuera, y ahí donde se cruzan uno tiene la ocasión de verse a sí mismo”. Y nuevamente los árboles “Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles del bosque. Y los árboles los árboles en silencio entre ellos”. Árboles, silencio, bosque, esa es la imagen del poeta Tranströmer que prima en esta selección, y es la imagen que yo guardo de la Suecia profunda.

Pero siendo la de Transtromer una poesía en relación, el traductor nos regala una visión de la poesía sueca y danesa modernas, donde, para mí, destaca el fuego y la intensidad de Karin Boye, poeta que desplegó su intensidad en Estocolmo a inicios del siglo XX y que junto a Mesterton y Riwkin fundó la revista Spektrum. Ellos se encargaron de traducir a Eliot, a Rimbaud, a los surrealistas. El entrañable poema de Karin Boye (Visst det gör ont när knoppar brister, Sí, duele cuando los tallos brotan. ¿Por qué sino la primavera vacila?) dice tanto de ella como su intensa vida.

Poemas y notas sobre sus contemporáneos -Lars Forsell, Lasse Söderberg, Sun Axelsson, Dag Hammarsköld, Göran Palm- y la conexión danesa -el joven Michael Strunge, Jen Fink-jensen, Lucas Moodysson, de la Pandilla de Malmö- enriquecen esta traducción. Además de establecer un importante vínculo con Dylan Thomas, Saint John Perse y Eliot, es interesante la relación que nos presenta Omar de Tranströmer con la poesía latinoamericana, a través de sus encuentros y anécdotas.

Volviendo al inicio, agradezco una vez más a Omar Pérez-Santiago el habernos abierto la puerta a esta delicada y profunda poesía, donde se encuentra el clima, el nervio y el tono profundo de una Suecia lejana, casi desconocida y que, a la vez, tan profundamente arraigada llevamos quienes fuimos acogidos allí en los años duros de lejanía y añoranza. La experiencia más profunda de vivir en otra tierra tal vez es

inefable, pero una vez más la poesía cumple su rol, si es que alguna vez tuvo uno, en poemas como

Minnena ser mig

En junimorgon da det är för tidigt att vakna men för sent att somna om. Jag maste ut i grönskan som är fillsatt av minnen, och det följer mig med blicken. De syns inte, det smälter helt ihop med backgrunden , perfekta kameleonter. De är sa nära att jag hör dem andas fast fagelsangen är bedövande.

Los recuerdos me miran

Una mañana de junio ya es muy temprano para despertar, pero tarde para dormir de nuevo. Debo ir a la hierba que está llena de recuerdos que me siguen con la mirada No se ven, se mezclan completamente con el fondo, camaleones perfectos. Tan cerca que los escucho respirar a pesar de que el canto de los mirlos es estridente

martes, abril 07, 2026

sábado, agosto 09, 2025

Patricio Manns, premio nacional.

Omar Pérez-Santiago, Patricio Manns, Sergio Badilla

Hace algunos años, me encontré en el centro de Santiago con mi amigo, el cálido y amistoso poeta Aristóteles España, el joven poeta de la Isla Dawson. Con la humanidad de siempre me invitó a un café.
El Tote España había escrito unos poemas terribles y conmovedores sobre su estadía en Isla Dawson, el campo de prisioneros políticos de Augusto Pinochet:
"La venda es un trozo de oscuridad que oprime,
un rayo negro que golpea las tinieblas."
El Tote España tenía apenas 17 años, era presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Magallanes y militante socialista, cuando lo detiene la llamada Fuerza Aérea. Lo llevaron a la Base Aérea Bahía Catalina y posteriormente a la Isla Dawson. El Tote vestía ropas livianas y estaba muerto de hambre.
Unos incontrolables infantes de Marina lo torturaron; lo torturaron: es decir, se trata de esto: simulacros de fusilamiento, comer mierda hirviendo, meterlo en el agua helada en mallas de pescadores, trabajos forzados: cabro de mierda, entrega a tus compañeros, habla, huevón, habla.
Su registro era el F-13. No tenía nombre, sino un registro alfa numérico como en los campos nazis.
Su libro Dawson es un texto testimonial que atrapó el tiempo.
Aristóteles España aprendió a resistir con la poesía.
Pertenece a la raza de poetas chilenos que estuvieron en los campos de prisioneros como Sergio Badilla, Raúl Zurita, Jorge Montealegre, Rubén Aguilera, Mauricio Redolés, Heddy Navarro, Bruno Serrano.
Y con Aristóteles, esa tarde, fuimos a tomar café y era el momento de elegir a un nuevo Premio Nacional de Literatura y Aristóteles me sugiere, mientras sopla su café cortado, que el mejor candidato se llama Patricio Manns.
Y en eso quedamos.
Llamé luego a Sergio Badilla.
Patricio Manns agradeció el gesto.
Con la colaboración de Alejandra Lastra, la fiel compañera de largos años de Patricio Manns, lo proclamamos en Valparaíso y luego en la Biblioteca Nacional de Santiago.
Patricio Manns fue candidato al merecido Premio Nacional de literatura.
Han pasado los años.
Y, para ser consecuentes, al igual que la primera vez, fuimos con el poeta Sergio Badilla, esta semana reciente a proclamarlo de nuevo en la Biblioteca Nacional.
Patricio Manns reivindicaría el Premio Nacional, dijo Aristóteles España en ese café, entonces. Le daría un nuevo status. Lo acercaría a la gente, al pueblo chileno que ha escuchado la poesía de Patricio Manns desde hace ya 50 años.
Aristóteles España ya no está entre nosotros y lo echamos de menos.
Pero yo recuerdo, como si fuera hoy, sus emocionadas palabras en el café, hace algunos años:
"Debemos ser agradecidos los chilenos," dijo Aristóteles España.
Una virtud algo perdida.
En eso quedamos.


viernes, febrero 21, 2025

Las angustias de un mal pagado amor. Sergio Badilla y Pérez-Santiago en el castillo de Hamlet

 

Sergio Badilla y Omar Pérez-Santiago



Las angustias de un mal pagado amor

Permítanme ser autobiográfico.


Un día de marzo, hace ya muchos años, hace ya muchos años, un día frío y mustio de marzo andaba con mi amigo Sergio Badilla, perdidos en una ciudad de nombre Helsinborg.
Pertenecíamos entonces a la secta de los Transterrados Escarchados.

Éramos un par de entristecidos y macilentos chilenos exiliados, cruzando un estrecho, perdidos en el frío.

Andábamos perdidos, ya lo dije.
Sergio andaba perdido -sufriendo las angustias de un mal pagado amor- por una señorita alemana de rizos cortos y de nombre simple como una gota de agua, Ute. Ella había desaparecido de su vida. 
Yo andaba afligido por una sueca con nombre de soberana, Anna, cuyo recuerdo -miren lo que son las cosas- aún me desconcierta.
Mientras tanto y como un modo de dejar pasar el tiempo, desde Helsinborg tomamos un ferry, y desembarcamos luego en Elsinor (Helsingör). De ahí fuimos a ver el castillo Kronborg donde Hamlet consumó su tragedia.

En la explanada frente las altas entradas al castillo, Sergio saca de su mochila un sombrero doblado de pluma roja, y esperó y esperó colocarselo y decir unas palabras en su inglés algo afectado.

For who would bear the whips and 
The pangs of despised love, 

Creo recordar que Badilla repitió dos veces:
"The pangs of despised love, The pangs of despised love."

De algún modo, con este rito Badilla viajaba en el tiempo, con zozobra. En ese momento Badilla estaba atado al surrealismo o a un cierto tipo de estética automática. Allí quizás, frotó la lámpara para que apareciera un genio que le hablo de transrealidad. Como en el poema de Coleridge, fue al sueño y del sueño volvió con una rosa.

Las sorpresas no terminarían ahí.
En el restaurante pedimos un vino español de La Rioja y unos emparedados de alce. De pronto, fue el vino o la poesía trágica y melancólica, que nos hizo sentir cosas fantásticas en el castillo.

Una vela de nuestra mesa se encendió sola frente a nosotros.
Nos dio algo de miedo y no éramos lo únicos.
Le contamos a la camarera y ella nos explicó que estaba acostumbrada.
-A veces veo una sombra detrás de mí, agregó.

Inmediatamente una botella cayó de las estanterías.

Yo de pronto sentí un frío en la espalda y un olor a cadáver.

Inspirado en esta visita, hace ya muchos muchos  años, Badilla escribió este poema:

EL PRÍNCIPE ACOSADO

Habito desde hace unos meses en una fortaleza de
paredes altas donde las puertas están siempre cerradas
Un príncipe como yo, necesita morar en un castillo verdadero
Sin embargo, Kronborg Slot está encantado
He visto varias veces al fantasma de mi padre en las escalinatas
y he observado desde lejos a mi madre con Claudio

miércoles, junio 02, 2010

Ministro de Cultura Luciano Cruz-Coke anuncia reforma de la Ley del libro

El Ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, ha respondido hoy positivamente a una petición de un grupo de escritores en orden a reformar la actual Ley del Libro, al menor plazo posible.

Con fecha 22 de Marzo del 2010, los escritores   Andrea Jeftanovic, Fesal Chain, Malú Sierra, Carmen Gloria Berrios, Sergio Badilla, Teresa Calderón, Mario Artigas y yo, le enviamos una carta al Ministro de Cultura, Luciano Cruz Coke, pidiéndole que se abriera a la reforma de la Ley del libro. Para nosotros la actual situación institucional no está adecuada a los tiempos y consideramos que el Estado chileno perdió el rumbo con respecto a los escritores y la literatura. Por eso le solicitamos al Ministro que, por el bien de la literatura y el lenguaje, se abriera a la reforma inmediata de la Ley del libro, con una amplia participación de los escritores en su reformulación.

martes, mayo 25, 2010

Dinko Pavlov (1943-2010)

Dinko Pavlov junto a poetas y escritores ( Patricio Manns, Leo Lobos, José María Memet, Marcelo Lira, Omar Pérez Santiago, Marcelo Arce, Alejandro Lavquén, Angela Montero,  Sergio Badilla, Ana Montrosis e Isabel Gómez.) 1 de agosto del 2008, Biblioteca Nacional de Chile

jueves, abril 01, 2010

Carta al Ministro de Cultura Luciano Cruz-Coke

Santiago, 22 de marzo de 2010
Señor
Luciano Cruz-Coke
Presidente del Consejo del Arte y la Cultura


De nuestra consideración.

El jueves 12 de Julio del 2007, un grupo de escritores y escritoras llegamos a la calle San Camilo de Santiago y subimos al séptimo piso para reunirnos con la Presidenta del Consejo de Cultura, la señora Paulina Urrutia. Llevábamos una carta titulada La crisis de la cultura nacional. La infelicidad permanente, firmada por más de 300 escritores y que reflejaba un profundo malestar. En la ocasión le planteamos a Paulina Urrutia los puntos de las erróneas políticas públicas que afectaban de modo alarmante a las escritoras y escritores chilenos y a la literatura en general. Era nuestro interés establecer una plataforma que abriera un real debate nacional sobre una nueva institucionalidad para el libro. Los asuntos del libro radicaban, según nosotros, en una institucionalidad que no beneficia a los escritores. Desgraciadamente, no obtuvimos mucho de aquella reunión.

viernes, diciembre 25, 2009

La factoría literaria de la desolación

El copiapino Romeo Murga escribió a comienzos del siglo XX poesía triste y melancólica:

“Lentamente marcho.
Junto a mí, la negra sombra de los álamos”

Textos nunca olvidados e inscritos en el río de la poesía lírica de Hölderlin, Stagnelius, Baudelaire y Rimbaud. O de Georg Trakl que, a comienzos del siglo XX, con su augurio del fin del mundo, sus conjeturas de la desolación, sostenía la añoranza a su casa, su ciudad natal y su terruño.
Es la misma tradición lírica del ruso Esenin:

lunes, octubre 05, 2009

Mercedes Sosa: “Che, ¡aquí voy con Patricio Manns! ¡el gran chileno Pato Manns!”

Sería hace un año atrás, exactamente, en el departamento de Patricio Manns y Alejandra Lastra, quizás mientras oíamos el océano Pacífico de fondo-, junto al poeta Sergio Badilla.

Hablamos esa tarde encantadora de Violeta Parra, de Víctor Jara y, de modo inevitable, de Mercedes Sosa.

Pato Manns recuerda entonces aquella vez en que él iba con Alejandra y la Negra Mercedes en un auto por las calles de Buenos Aires.

Los porteños, cuando reconocían a Mercedes Sosa, desde sus autos tocaban las bocinas o le gritaban:

¡Maestra! ¡Grande, Negra!

Mercedes Sosa lo tomaba con alegría, saludaba de vuelta y sacando la cabeza por la ventanilla gritaba:

"-Che, ¡aquí voy con Patricio Manns! ¡el gran chileno Pato Manns! ¡Aquí va conmigo!

La voz de Mercedes Sosa rebotaba en las calles de Buenos Aires.

Y como nos reímos esa tarde los cuatro- Alejandra Lastra, Patricio Manns, Sergio Badilla y yo- por el carácter tan expresivo, tan alegre y tan entusiasta de Mercedes Sosa.

Además de rica en talento, Mercedes Sosa era rica en amor y era rica en amigos.

sábado, mayo 30, 2009

Historia literaria: Stockholm, 1989


Teresa Calderón, Andrés Morales, Carmen Berenguer, Elicura Chihuailaf, Diego Maqueira, Sergio Badilla, Daniel Moore, Pancho Pérez Santiago.
Se cumplirán 20 años del encuentro “Reconstrucción del tiempo” que se organizó en Estocolmo en 1989.

Así escribe la nueva generación de Chile


martes, marzo 31, 2009

Así escribe poesía la nueva generación de Chile

Se cumplirán 20 años (¡20 años!) del encuentro “Reconstrucción del tiempo” que se organizó en Estocolmo en 1989. En aquellos días Anders Cullhed publicó el siguiente artículo en el diario Dagens Nyheter, el más importante diario sueco.

Así escribe poesía la nueva generación de Chile

Anders Cullhed, Dagens Nyheter, octubre 1989

Cada cuatro años se realiza la Copa América y entonces la samba la lleva. Tras cada victoria aparecen caravanas de autos tocando las bocinas durante toda la noche en las grandes ciudades. Justamente una de esas noches, Gustavo Wojciechowski, uno de los destacados poetas uruguayo de la joven generación, se encontraba en bus 546 de Montevideo:

“desearía escribir un homenaje a la Copa América

pero no puede ser, pues supongo que Neruda

ya lo había hecho.”

Los versos de Wojciechowski se me vienen a la mente cuando el sábado pasado escucho poesía chilena en el Moderna Museet Es Sergio Badilla, poeta, hombre de radio, y residente de Estocolmo desde hace varios años, que ha invitado poetas de Suecia, del resto de Europa y de Chile.

El fin de semana estuvo lleno lecturas poéticas y de seminarios, con un público sorprendentemente masivo y Badilla, recién convertido en padre de una niña, hace una semana atrás, feliz y sobre estresado.

En el escenario está Carmen Berenguer y lee su poema pulsante de gran ciudad, Santiago Punk

La libertad pechitos al aire

Jeans, sweaters de cachemira

Punk artesanal made in Chile

Punk de paz

La democracia de pelito corto

Punk, Punk; Der Krieg, Der Krieg

Beau monde. Jet-set

Rightists Jet-set leftists

Hablo un rato con Berenguer en la pausa y ella me cuenta sobre la joven poesía chilena en una economía por ahora estable, donde Pinochet muy pronto –eso esperamos- será parte del pasado. Es un poema que ha extraído bastante del lenguaje de la calle, humorístico, irónico, provocador.

Neruda definitivamente no es un nombre para el hoy. Un poeta como Diego Maqueira, también de visita en Estocolmo, influenciado por los films americanos y los dibujos animados. El se describe a sí mismo como un poeta dramático y satírico. Yo quisiera ser un romántico, pero no funciona. Los tiempos son duros.

Sun Axelsson presenta en total a nueve poetas, interpretados al sueco por tres actores. Yo no hallo ningún estilo común que los una, a parte de que vienen de un mismo país- en la formulación de Badilla:

“Al fin del mundo hay un país arruinado

el horizonte ya no es mi casa

ha sido invadido por los perros.”

El fascismo en Chile no ha sido bueno con la cultura, y el objetivo de estos días de la poesía, tal como se llama el programa, “reconstrucción del tiempo”, dibujar la imagen de una generación que sido obligada a vivir en un estado de excepción, tanto dentro como fuera de Chile.

Teresa Calderón, también de visita desde Chile, colaboró con el poema más corto. Se llama "Bodas":

"Hasta que la muerte nos separe-

Y cómo brillaba

en su mano

el puñal".

Calderón entrega buenos consejos a las esposas con maridos infieles: Tan mortal puede ser resbalarse en la ducha, un accidente casero cualquiera tiene en la vida, arreglabas un enchufe y ¡oh, sorpresa, Fiat Lux! - hágase la luz. En comparación, las jóvenes poetas suecas aparecen como más complejas, más espirituales, y –menos mal- más peinaditas, que sus colegas chilenas.

Queda por ver si esta Chilean connection tendrá alguna consecuencia para nuestra propia poesía de los noventa. Lo dudo, aunque probablemente tengamos una que otra cosa que aprender. Algunas cosas son imposibles de aprehender. Como la flecha de Sergio Infante, arraigado en Estocolmo, lanzada desde el regimiento al firmamento:

¡Es mi tiempo!, confieso al Santo Oficio.

¡Es mi tiempo!, le grito a quien me inquiere.

¡Mirad los senderos en el cielo, allí van los astronautas!"


Traducción del sueco: Omar Pérez Santiago.

sábado, agosto 23, 2008

Los ángeles de ayer partimos camino al olvido. Homenaje a Carlos Geywitz

Poetas: Sergio Infante, Adrian Santini, Sergio Badilla y Carlos Geywitz

“Con nuestra púrpura fragancia
Los ángeles de ayer partimos camino al olvido.
Los días aquellos que oscurecieron los sueños
Reducidos a un susurro.
Muerte…"

Carlos Geywitz


Carlos tenía 29 años cuando llegó a Estocolmo. Joven revolucionario de Concepción, estudió sociología, fue detenido por los militares y luego se exilió en Estocolmo huyendo de la dictadura chilena, junto a otros cientos de chilenos y argentinos perseguidos.

En la hermosa Estocolmo aprendió todo lo que tenía que aprender. Aprendió a tomar café, a tomar mucho café, como lo hacen la mayoría de los suecos. Nunca más “nescafé”. Aprendió a sacarse los zapatos al ingresar a cualquier casa. Aprendió a decir su nombre al contestar el teléfono: “Geywitz”. Aprendió a llegar a la hora.

Pero sobre todo, abrazó a la poesía y nunca más la abandonó. Con sus amigos, Sergio Infante, Adrián Santini, Sergio Badilla y Edgardo Mardones, (que ahora están desolados), fundaron el grupo Taller, uno de los grupos poéticos valiosos de la historia moderna de la poesía chilena, aunque aún no se encuentre una antología del grupo. Esos eran chicos muy creídos y muy serios en la poesía. No era fácil polemizar con ellos, ni entre ellos. Se la tomaban muy en serio. Tan comprometidos que Sergio Infante y Adrián Santini se hicieron doctores en literatura en la universidad de Estocolmo. La disputa de un solo verso en un solo poema podía significar que no se hablaran en semanas.

Y yo creo que soñaban conquistar el mundo cuando en 1981 viajaban en tren desde Estocolmo, pasando por Malmö y cruzando Dinamarca hasta llegar a Rótterdam, para participar a ese gran encuentro, el encuentro en Rótterdam, del Instituto para un Nuevo Chile.

Fue en el departamento de Sun Axelsson. Fue en la casa de la escritora sueca que supe que Carlos era el chico regalón de la dueña de casa. Lo mimaba. Y Carlos tradujo dos libros de la Sun al castellano.

En 1989 se organizó un encuentro mundialmente famoso en Estocolmo. El evento "La Reconstrucción del Tiempo" -un mito en los círculos de poetas chilenos-, se inició con una recepción en el departamento de Sergio Infante y Aurora Azócar. Recuerdo que estaban allí poetas que venían de Chile como Teresa Calderón, Diego Maqueira, Carmen Berenguer, Andrés Morales, Elicura Chihuailaf, y otros venidos de otros países como Gonzalo Millán, Tito Valenzuela, Juan Cameron y Walter Hoefler. Estuvieron también allí los argentinos Mario Romero y Cristian Kupchick y los uruguayos Roberto Mascaró, Sergio Altesor, Juan Carlos Piñeyro. Y se hicieron charlas en la universidad de Estocolmo, cuando aún Sergio Canut de Bonn estaba vivo. Sé que Canut de Bon estaba vivo, por que lo vi entrar a la sala apoyado en un bastón. Apoyado en un bastón pero vivo (Canut de Bon al Nóbel). Recuerdo muy bien el día del encuentro en el monumental auditorium del Moderna Museet de la calle Skeppsholmen de Estocolmo. Digo que lo recuerdo bien, pues Carlos leyó su entonces ya emblemático poema sobre el cerdito, Amacnédota, que producía una risa contagiosa en el público, aunque el poema era triste y desolado y crítico de la civilización. Carlos tenía un estilo rockero, algo duro, irónico e incrédulo:

DESDE SIEMPRE INCREDULO
Una luz se me resbala por la infancia:
estoy yo, niño, sentado
sobre mis abismosdías, nombrando,
hacia las doce de la noche
a un Santa Claus
que lucha por librarse
de su paracaídas.

El año 1990 nos encontramos en Santiago de Chile, en el Encuentro Hispanoamericano de Poesía, de la Universidad de Santiago. Es difícil olvidar ya esas sobremesas en un restaurante cerca de las Estación Central, con Jesús Ortega, Sergio Badilla, Jaime Siles, Teresa Calderón, Antonio Cisneros y otros poetas más.

La última vez que vino a Chile fue en el ChilePoesía, que dirige José María Memet, con otros tantos poetas que viven fuera de Chile (Waldo Rojas, Jorge Etcheverry, Hernán Lavín Cerda, Sergio Infante, Ludwig Zeller, Sergio Macías, Raquel Jodorowsky, Carlos Trujillo, Ronald Kay, Hernán Castellano-Girón y Óscar Hahn). Era el año 2005 y yo estaba allí sentado en unas sillas de plástico que habían puesto en la plaza de la Constitución cuando Carlos Geywitz leyó su poema emblemático con La Moneda a sus espaldas. Estaba contento.

Y la noticia ahora dice que Tito Estrella lo encontró en su departamento.
Tito Estrella, emblema de los años de exilio de Estocolmo, lo encontró ya muerto en su departamento.
Todo ha terminado.
Y me han dado ganas de poner una música dura.

Cierro con un poema sobre la muerte seductora de Sergio Infante, que lo imagino lloroso, hoy en Estocolmo de agosto.

EMBLEMATICA
¡Mira!
La muerte se desnuda
en tu ventana,
Y eso
de la osamenta y la guadaña
apenas era un chiste,
un chisme del más acá,
el último susurro
de un mal fabulador.

Desplazamiento simbólico. Alone no tenía razón

Desplazamiento simbólico. Alone no tenía razón. “La literatura femenina empieza a existir seriamente en Chile, con iguales derechos que la m...