Mostrando las entradas con la etiqueta Libro. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Libro. Mostrar todas las entradas

martes, enero 06, 2015

Ey, escucha. Los escritores hemos perdido batallas, muchas batallas, pero oye, no vamos a perder la guerra.


Sociedad de escritores de Chile, 6 de noviembre de 2014

En el día aniversario de la Sociedad de Escritores de Chile, creada un 6 de noviembre de 1931, una sociedad histórica dirigida por escritores como Pablo Neruda o Manuel Rojas, es un orgullo estar aquí esta tarde.
La escritora y académica brasileña Nélida Piñón aseguró recientemente que Brasil se perdió el boom latinoamericano de la década de 1970 y que por ello, entre otras cosas, pagó el precio de ser un país "periférico" en las letras mundiales. "La creación brasileña es de primera, pero el reconocimiento nos vuelve un país periférico." Nélida Piñon dice que los escritores brasileños tampoco tuvieron el apoyo del gobierno. Todo el esfuerzo lo tuvieron que pagar los escritores.

domingo, diciembre 10, 2006

La muerte de Pinochet y los escritores

Estoy de acuerdo con Bachelet por Jorge Edwards
La agonía, la muerte, etc de Rodrigo Fresán
Adiós dictador de Aristóteles España
Video Clip de Juan Cameron
Un día de tristeza y alegría de Reinaldo Edmundo Marchant
Hoy es un mal día para el diablo de Carlos Fuentes

Luis Sepúlveda
"Cada vez que algún miserable fallece, abro una botella de vino. Pero para el sátrapa, para el asesino, el cínico ladrón, el cobarde, el traidor de Pinochet, tuve dispuesta una botella de Dom Perignon. Es un reserva especial y me la obsequió con ese fin mi querido amigo Vittorio Gassman. Ahora, la Justicia debe seguir adelante."

Antonio Skármeta
"Una dictadura tan cruel deja secuelas. La sociedad fue tan ultrajada que hoy es más conservadora. La herencia de Pinochet sigue presente."

Ariel Dorfman
"Pinochet era la personificación de la tiranía, el culpable de los asesinatos que convirtieron a Chile en una copia infeliz del infierno."

Murió el fantasma que se nutría de pulmones

Murió el fantasma que se nutría de pulmones
Las canciones sueltan sus amarras por los mares libres
Murió el vampiro que sorbía los globos de la luz
Las flores lanzan campanadas sobre el mundo
Murieron las aves de rapiña en su leyenda negra
Las olas juegan como los niños
Murió el señor de las batallas y la señora de las llagas
Los árboles bailan tomados de la mano

Vicente Huidobro,
"Ver y Palpar" 1941.

sábado, noviembre 18, 2006

Spotorno & Electorat : Rosca chilena en España


El año 82 se produce un encuentro mundial de escritores en el Ateneo de Madrid. Nicanor Parra llegó desde Chile. También se coló allí una división juvenil de poetas chilenos que estudiaban en Barcelona: Mauricio Electorat, Cristóbal Santa Cruz y Andrés Morales. Y en Madrid estaban ya otros pollos: Radomiro Spotorno, León Canales, Gonzalo Santelices y Jaime Collyer. Al encuentro llegó esa vez también desde París otros dos chavales, Gustavo Grillo Mujica (que publicó libros de poesía en París) y José María Memet de 24 años. Desde Suecia bajó el treintañero pero siempre dandy, Sergio Badilla.

A la tribu chileno-española habría que sumar, por otro lado, a los residentes en Cataluña, Luis Sepúlveda y Roberto Bolaño. Así también a Sergio Macias y Omar Lara que se instaló con su editorial en España en 1981 después de unos años en Rumania.

Vivirán entonces como traductores, porteros de hoteles y de camping. Spotorno nos contó el otro día en el bar El Cuervo de Santiago, que alguien intentó vivir imitando consoladores para venderse en los incipientes Sex-shops del destape madrileño. La rosca se reunía en el piso de Spotorno en el barrio El Retiro, donde él guisaba unos ya mitificados tallarines con aceite de oliva y pimiento morrón mientras bebían vino de La Rioja. El único que no bebía vino era Andrés Morales, que sólo bebe whisky con agua.

Era la época en que Spotorno viajaba también a Italia a la casa de la tiernísima sexy-woman Marcela Osorio y donde, según se jactó un día, la vio deslizarse en cueros.

Spotorno publicó una antología que se llamó, Puente Aéreo. Jóvenes Escritores Chilenos en España (1985). Después en Chile publicó Glosario del amor chileno y en 1994 la novela La Patrulla de Stalingrado, en la portada una ilustración de Andrés Gana. Relata una noche de alcohol, cocaína y sexo entre Santiago y Valparaíso de una pandilla que se reúne tras la muerte de uno de sus compinches, se van de copas, pelan a las hembras y visitan un burdel. Mariano Aguirre trató bien y con simpatía a la novela. Pero Guillermo Chandía dijo que era grosera e intrascendente. Javier Edwards en El Mercurio dijo que la novela era "un pretexto para ejercitar cierta técnica expresionista". Y Eduardo Guerrero del Río la consideró "elemental en su estructura" en el diario La Segunda.

La Pandilla de Stalingrado es una novela tabernaria y chucheta, es cierto. Y no puede ser de otro modo, si es una novela picaresca. Tiene apuros de estructura, también es cierto. Pero esta novela del desencanto tiene más vitalismo y brío que otras novelas publicadas entonces con más éxito de crítica. Y, a pesar de sus yerros, la novela de ritmo ágil, inteligente y cínica, mirada en el tiempo de diez años, se salva.

¿Cómo se explica entonces? Hace diez años, la regencia quería el país como patio de colegio, donde todos, por fin, nos portaríamos bien. Recuerden que aún nadie decía una chuchada por la tele. La novela de Spotorno, el especialista en pasta, no era políticamente correcta. (Las novelas divertidas, hasta hace poco, eran una ofensa a la rutina de fomedad y almidón. Vean: Roberto Merino realizó una antología de cuentos de humor chileno, pero los cuentos no hacen reír, son más fomes que un día sin comer. Asimismo, hay colecciones de cuentos eróticos que caldean menos que estufa eléctrica).

La rosca de chilena-española dio un nuevo take off: Mauricio Electorat ganó el premio Biblioteca Breve 2004, con su novela La burla del tiempo. Electorat llegó a Barcelona en 1981 cuando tenía 21 años y se licenció de Filología Hispánica. Luego en 1987 se trasladó a París. Su primera novela, El paraíso tres veces al día, (1995) fue premiada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura y el Municipal de Literatura.

Durante el verano frente al mar de Isla Negra leí la novela. Un tal Alfredo Martín trabaja de portero en un hotelucho de París, conoce a una tal Valérie Wong de orígenes asiáticos, dealer que trabaja para el tío Wong, narco. Alfredo es pollito nuevo. Valérie es una dura, una yonqui de glamour canalla y, como ustedes ya prevén, arrastrará a Alfredo a un espacio barriobajero de cuchillazos, travestis y traiciones. La novela está bien escrita pero, ustedes ya saben, eso no subraya mucho para mí. La novela negra, en su percepción clásica, ajusta cuentas con las lacras sociales y el poder. Y esta novela habla sobre sexo y dinero, pero elude los temas del poder y de los ideales.

Electorat publicó luego cuatro cuentos en Nunca fui a Tijuana y otros relatos (2000). Yo enfatizo dos: La Noche a ti debida y Yo nunca fui a Tijuana.

La noche a ti debida es la nostalgia de un señor, Tito Cáceres, que vaga por Roma y a la salida de un cine cerca de la Vía del Corso, se encuentra con Sole, su ex-novia de adolescente de hace 25 años atrás. Nostalgia de la primera etapa del transplantado. Tito cuenta velozmente un hecho tras otro. En el segundo cuento ocurre algo análogo, han pasado décadas y un personaje -de nombre Bonilla- ajusticiará al homicida de su padre. Es la venganza de su padre, Jorge, un comandante de la Marina chilena que fue asesinado por sus camaradas después del golpe militar de 1973. El tiempo ha pasado, pero la condena igual está por realizarse.

La burla del tiempo, la novela del premio, será presentada por Mauricio Electorat en los próximos días en Santiago. Es previsible que Electorat vaya una tarde al depto de Spotorno frente al Parque Forestal, a gustar tallarines con salsa de pimentón, con varios de esos compinches que, tiernos en Madrid, soñaban invadir el "mundo literario".

Utopista Pragmático, Abril 2004

domingo, noviembre 05, 2006

Fuguet agita el cosmopolitismo: ¿moda o estafa?

Alberto Fuguet realiza campaña. Con instinto publicitario, como si le pagara un editor con olfato comercial, le da a una idea básica. Sound bite. Cuña periodística.
Ahora itera la idea unidimensional que el escritor del futuro es alguien cosmopolita, que ha cambiado y recambiado de lenguas. Es la realidad, según Fuguet.

Es el mismo subtexto que tuvo el domingo pasado en la entrevista con Santiago Rocangliolo en la feria del libro de Santiago, y es lo que hace hoy, un domingo después, en una entrevista en El Mercurio con otro joven peruano, Daniel Alarcón (escritor de Alfaguara, la misma editora de Fuguet, por lo demás, o ¿justamente por eso?).

Alberto Fuguet se nota ansioso. Y comete el mismo error que critica: suponer que hay un eje para medir la literatura.

El problema es, Alberto Fuguet, el problema es si tienes algo interesante que decir sobre el fenómeno de la migración, de la cual tú eres posiblemente un producto Y eso, Fuguet, eso aún no está claro en tus obras.

Esto no es una mala voluntad de escritor de barrio. (alguna vez escribí en sueco una nouvelle, Malmö är Litet). Fuguet, lee, por ejemplo, lee este comentario Lost in Translation de Johanatan Messinger a tu libro Las películas de mi vida.

Los Poetas No-nombrados de la Resistencia Chilena

Los Poetas No-nombrados de la Resistencia Chilena: Madonna benedetta, fate la grazia che non debba morire

Por Pedro Urdemales



La Bohème es la cuarta ópera de Giacomo Puccini (después de Le Villi 1884, Edgar 1889 y Manon Lescaut 1893). “En La Bohème, Puccini reunió en su música elementos de distintas corrientes. Las arias y los dúos de amor de los actos primero y último se pueden atribuir al Romanticismo Tardío, el comienzo del tercer acto con la silenciosa y desalentadora nevada en una alborada gris al Impresionismo y algunas cosas del segundo acto al Verismo”[1]. En ese tiempo Puccini compartía habitación con Mascagni (autor de la “Caballería Rusticana”), en París. Muchas situaciones de la Resistencia política en Chile se ajustan a esos relatos operáticos, sobre todo a partir de la depresión económica del año 80 y la privatización de las empresas estatales, por parte de la dictadura. Y donde amasaron fortuna, muchos esbirros del antiguo régimen. Rebela escribir acerca de lo “verdadero” como si otros, desde sus dispositivos, intervenciones e intenciones, no lo fueran. Para el purismo futuro: escribo desde esa “otredad”: la que enjuicia pero en tono solidario. Duele tener que asumir ese compromiso con la centralidad del discurso oficial (como aproximación a la verdad única y a la certeza histórica), porque de alguna manera, quien embiste esa tarea (por generosa que parezca su actitud) se hace acreedor de un desprecio social (y del adjetivo Inquisidor), tan propio de la chilenidad. Sin embargo, alguien tiene que decir (sin ningún mesianismo) para que sea honrada la verdad en todo su esplendor y se pueda construir desde ella, otro mundo. Ni más ni menos. Por otro lado, está la necesidad viva de corregir ciertas inexactitudes. Y en esa necesidad de corrección, se nos va verdad y vida. Como antes. Hecha la salvedad al grano. La tuberculosis de Mimí y la pobreza de Rodolfo, igual que en la Opera “La Bohéme” de Giacomo Puccini, estaban latentes. La enfermedad en Mimí (”Que gelida manina”) y la imposibilidad de salvarla de ese destino trágico, anunciado pero inevitable. Los destinos de los pueblos asumen esa carga trágica en sus momentos difíciles (“Questa è Mimì,gaia fioraia”). Y desde esos subterráneos de la condición, surgieron voces que dieron cuenta de la dignidad humana. Este intervalo es como una Oración para que los protagonistas de esta historia aún permanezcan vivos (como así lo deseo). En una oportunidad, hace años, jóvenes vinculados al Movimiento Sebastián Acevedo (y admiradores, de Monseñor Arnulfo Romero), le pidieron a un amigo poeta un slogan para rayar en los Cuarteles clandestinos de la CNI: habían varios cuarteles identificados. Antes habíamos escrito: Castígalos, Señor, porque saben lo que hacen. Y como se venía el Paro Nacional, le sugirió que escribieran: El Miedo cambió de dueño, porque si empezaba a amanecer para el pueblo, para los opresores (militares, esbirros y civiles) comenzaba su crepúsculo. De sus cuevas salían los mandriles, y leían esta frase que, a simple vista, no tenía una connotación política directa y un cierto estremecimiento, aún humano, les doblaba la mirada. Muchas frases como éstas quedaron en la memoria de Chile. Otras se perdieron en la Noche de los Tiempos. Y de las cuales hemos construidos esperanzas y con las cuales tenemos una deuda social (que, de ninguna manera, intento reparar con este articulito). Una deuda que se hace extensiva a los creadores de la Resistencia Civil. Muchas cosas sorprendentes ocurrieron en aquellos años, como un libro maravilloso de poesía que era firmado por Santiago Cienfuegos, lógicamente un seudónimo. Nunca supe quien era el autor de esa Obra, que circulaba en la clandestinidad en papel roneo, que era leída casi en tono sagrado y litúrgico sobre desventuradas mesas y en fríos dormitorios de Chile: como ofrenda el libro recibía manchas de aceite, o arrugas de bolsillos estrechos. Era un Manifiesto hermosísimo de ética, política y poesía, un conjunto de poemas de un poeta combatiente, escritos “desde ahí”. También había otro poeta que firmaba como Sebastián Silvestre, cuyos poemas daban cuenta de la realidad inmediata con una belleza imprevisible. Estuve “invitado” al Lanzamiento de ese libro, que se llevó a efecto en el Paradero 18 de Santa Rosa, en Santiago de Chile: todo un montaje de suspicacias, criterios y oportunidades. Al evento llegó un viejo militante del socialismo chileno que estremeció a la concurrencia, tocando en acordeón, quizás por primera vez después del Golpe Militar, la Marsellesa socialista. Algunos poemas del autor (que estaba presente) fueron leídos por un actor chileno radicado en Canadá. Luego se sirvieron jugos “Royal” y marraquetas con paté. Ese mismo día se acabó la Primera Edición de dos mil ejemplares. Ciclistas que en verdad eran comprometidos dirigentes poblacionales, o destacados militantes de los partidos populares, venían a buscar el Libro de Poema en bolsas de pan. No digo que fueran los únicos poetas chilenos que actuaban en la Línea de Fuego, imagino que había otros. Se lamentaban esos poetas que sus poemas no tuvieran la capacidad de secar colchones, ni de transformar la palabra en alimento. Era otra poética. No recuerdo el nombre y si lo recordase seguramente sería falso, pero un poeta de tomo y lomo, escribió un texto a su enamorada, una muchacha de la Juventudes Comunistas: ella lo había abandonado, quizás porque así son los comportamientos de los corazones en Estado de Sitio y fuera de ese Estado. La muchacha tenía unos hermosos ojos negros y una cabellera que le caía hasta la cintura: puro desprendimiento. Quizás no le abandonó porque el Tiempo del Amor hubiera cesado, sino porque asumía compromisos más radicales en la lucha por la liberación social, como entiendo que sucedió, aunque no lo sabemos con claridad. El muchacho-poeta, sintió que la fugacidad de las cosas, amores y procesos, eran tan temibles que debía dar cuenta de ese aspecto heracliteano, de manera pedagógica y desde la poesía. El día elegido estaba previsto y agendado: jóvenes de una Comunidad Eclesial de Base harían un Homenaje a Ernesto Cardenal, el poeta monje nicaragüense. Algunas muchachas hervían vino con naranja, las mismas que más tarde leyeron “Oración por Marilyn Monroe”. Otros freían empanadas, las que asumías las tareas de seguridad del local, y que cantaron canciones trova. Y los más se dedicaban al noble oficio de la preparación de completos. Jamás el gran poeta nicaragüense podría imaginarse un homenaje de mayor estatura: él y la revolución vivos en un Salón Parroquial. Un pintor realizaba un croquis de escenografía: una figura a contraluz sentado junto a una mesa de comedor (tan de Chile), cansado, y con toda la luz del mundo cayendo en su espalda, quizás el mismo Ernesto en Solentiname, quién sabe. El poeta de quien no sé su nombre, aunque recordarlo quisiera, subió a ese escenario con un impermeable blanco de dudosa calidad (e impermeabilidad). Tengo la seguridad que la noche anterior no había dormido. Cuando fue anunciado salió como Torero de lid al redondel. Pidió que apagasen la luz del Escenario, solicitud que fue aceptada por los organizadores (como en el I Acto de La Boheme). Y comenzó a leer el poema en medio de la oscuridad, al mismo tiempo que un compañero encendía la hoja por el lado opuesto. Era un bellísimo poema de des-amor, la propia existencia vulnerada y rota, como en este caso. La tensión dramática era doble: por un lado, el texto que iba leyéndose y dibujándose. Por el otro, el fuego que le quemaba la mano y le iluminaba el rostro. Quizás la muchacha a quien estaba dirigido ese texto, nunca supo de este acto heroico de su poeta enamorado. Quizás sí lo supo y desde la clandestinidad, hasta lanzó unos claveles rojos al río como señal de fugacidad en las relaciones humanas, y como señal contestaria que seguía en pie su compromiso social y que no había camino de regreso, como diciendo (en esos otros lenguajes): no estoy enamorada de un sólo hombre, sino de todos los hombres. Realmente no lo sé. En un momento el fuego tocó la mano del muchacho y el poema terminó en la preposición “de”. El humo, la ceniza y la tinta chamuscada eran la nueva escritura. El poeta saltó desde el escenario y se perdió en la Noche, dejándonos un texto inconcluso (y en llamas). Eran otros poetas, quizás más dulces. No lo sé. “Quand men vo”, el Vals de Musetta, los aretes de Musetta, la medicina, traigan el doctor. “Madonna benedetta, fate la grazia che non debba morire”[2]. El final sólo Dios lo sabe. Y Puccini.
[1] www.Opera2001.net
[2] Señora bendita, dale tu gracia; que no muera...

lunes, octubre 30, 2006

Operadores políticos: moscas alrededor del culo del político

De todos los lanzamientos de libros de la feria del libro, la presentación Del profesor Lagos a la Chica de Rojo, crónicas de la casta política del Reino de Estupidilandia se convertirá en mito. El libro recopila las crónicas políticas de Rafael Gumucio Rivas, que firmó como Diógenes de Pelequén, en las Ultimas Noticias.
Su hijo, Rafael Gumucio Araya, el editor de la Últimas Noticias, Patricio Abarca y el diputado y sobrino, Marco Enríquez-Ominami alabaron al escritor. Pero Gumucio inició su disertación tratándolos de siúticos. “Mi mamá decía que un siútico es aquel que alaba a un huevón en vida”.

Gumucio, con uso reiterado de la chuchada, criticó la "Borregolandia" y la “Tontilandia” de la política chilena y se rió de la mediocre casta de operadores políticos: “son moscas que andan alrededor del culo de un diputado o un senador. Cuando hay algo de caca siempre aparece una mosca, esos son los operadores políticos. Nunca van a ser nada, sólo moscas alrededor de la caquita.”


Prólogo del libro
Rafael Gumucio Rivas

La verdad, es que nunca se me había ocurrido escribir columnas y, mucho menos, que los Diarios las publicaran. En el transcurso de vida me he dedicado a burlarme de los mitos de la historia de Chile ante los pacientes alumnos de la Universidad Bolivariana, con miras a desarrollar el análisis y el espíritu crítico en el alumno universitario. De cuando en vez publicaba algunos artículos en la Revista Polis, de esta Universidad. Debo esta nueva pasión, que absorbe mis horas libres, al periodista Sergio Mardones que, después de una inesperada entrevista al Gumucio desconocido, una especie de jamón de sándwich entre mi padre, Rafael Agustín Gumucio, (fundador de la Falange Nacional) y mi hijo, Rafael Gumucio Araya, (escritor de renombre en las letras nacionales), sólo podía ocupar la Tumba del Soldado Desconocido, en la Plaza Baquedano que es tan falsa como la mayoría de los acontecimientos chilenos. No sé cómo se le ocurrió a Sergio Mardones ofrecerme una columna, nada menos que en la página política del diario Las Últimas Noticias. El seudónimo fue todo un acierto: Diógenes, el filósofo helenístico, que vivía en un tonel, y que se burlaba del poder; además, le agregamos de Pelequén ciudad que no conocía, pero me parecía muy chilena. Con el tiempo supe que se celebraba a Santa Rosa que, seguramente, debe ser muy parecida a la virgen Michelle.
Posteriormente, fui conociendo a los editores de Diarios electrónicos, como mis amigos Paul Walder, editor de El Clarín.cl; Raúl Gutiérrez , del Gran Valparaíso; César Carrasco, (amigo desde mi estada en Canadá, donde fui Agregado Cultural), director de Chile Informa, el doctor Hermes Benítez, que envía mis columnas a Piensa Chile dirigido en forma brillante por un ángel; Manuel Cabieses, director de Punto Final; a Patricio Abarca, director de Últimas Noticias. Y Paskin.cl Todos ellos son los responsables de haber dejado pasar mis insolentes estulticias.
No quise titular este libro como Crónicas Irreverentes, pues pienso que muy pocos seres humanos merecen reverencia. Por lo demás, pretendo ser un hombre respetuoso y honesto, que sólo se dedica a criticar lo que encuentra mal en nuestro país. La verdad es que no sirvo para la apología ni, mucho menos, para rendir pleitesía a quienes detentan el poder.
Las Crónicas se constituye en género literario, a mi juicio, mucho más valioso que muchas de las eruditas obras académicas; a veces bastan unas pocas páginas lúcidas e irónicas para presentar una época a algún personaje. El recuerdo de las sopaipillas, degustadas en el campo por el exiliado Padre Lecunza, retrata mejor el amor a Chile, que su famosa Segunda venida del Mesías en gloria y majestad. Algunas frases de Joaquín Edwards Bello bastan para pintar un personaje, como Pedro Montt o Ramón Barros Luco: La tontilandia; de los artículos de Genaro Prieto, en El Diario Ilustrado pintan, a la perfección, a los limitados habitantes de este país. Reconozco que tengo un dulce vértigo por el plagio, por esta razón uso y abuso del cándido Voltaire y de la Tontilandia del escritor Genaro Prieto y, para que no me sorprendan, llamo al Chile actual Borregolandia, Vencejolandia y con otros epítetos. Nada más entretenido que copiar las Vidas Paralelas, de Plutarco, aplicándolas a los mediocres políticos chilenos que, a veces se creen Julio César o Alejandro Magno. Por lo demás, dejémonos de hipocresías: todos los historiadores se plagian unos de otros: Encina, a Nicolás Palacios y Barros Arana, y así suma y sigue.
No pretendo ser un cronista, apenas me alcanza para un plumario columnista que sólo persigue, con esta obra recopilar una especie de conjunto de escritos que retratan un período corto -que los historiadores llaman escenario- que va desde octubre de 2005 hasta junio de 2006. Es una visión irónica y crítica desde la elección presidencial, hasta los cien días de la diosa Michelle. Espero que al lector le provoque, al menos, una sonrisa y, si no le agrada el sarcasmo, puede botarlo al basurero de la historia.
Agradezco a Antonio Elizalde, rector de la Universidad Bolivariana, quien me alentó a publicar estos trabajos; a Eduardo Yentzen, recopilador y corrector; a Ana María Sanhueza, que aportó sus artísticos y creativos diseños; en fin, a todos los editores de Diarios, que han tenido la paciencia de corregirlos y la amabilidad de publicar mis artículos.
Dedicado a mi señora, Clara Castro, a mis hijos, Rafael e Ignacio y a mi sobrino Marco.

Rocangliolo se llama Santiago


En la Feria del Libro subí también a la presentación del libro Abril Rojo del peruano Santiago Rocangliolo (1975). La presentación estuvo a cargo de Alberto Fuguet.
Fue más bien una conversación, que nos informó que Rocangiolo se llama Santiago pues sus padres se enamoraron en una marcha allendista en Santiago de Chile. Rocangliolo escuchó a menudo en su casa la canción del cubano Pablo Milanés, sobre pisar las calles de Santiago nuevamente y en una plaza liberada llorar por los ausentes. La conversación no ahondó en ese tema.
(Ni en ese ni en otros temas).
Derivó hacia las preocupaciones de un escritor joven que viaja promocionando su libro. Me dio la impresión que Alfaguara (el editor de Abril Rojo) envía a sus escritores a un curso standard sobre como promocionar un libro en público.
Muy pronto me levanté y me fui a otra presentación mucho más sabrosa, mucho más sustanciosa, la presentación del libro de Rafael Gumucio, Del profesor Lagos a la chica de rojo Bachelet, que comentaré en mi próxima nota.
Al que le interese saber algo sobre Abril Rojo, lea este link del peruano Iván Thays

Coré y el Peneca

Ayer domingo bebimos un aperitivo de vino arreglado (vino tinto, frutilla de la estación, azúcar a gusto, hielo) y almorzamos merluza frita con ensaladas varias.

Luego de una breve siesta fui a la feria del libro de Santiago en la estación Mapocho. A las 17 y 30 presentaron el libro Coré, del artista Mario Silva Ossa (Coré), (1913-1950), que reúne las mejores ilustraciones que Coré publicó en las portadas de El Peneca con la compilación y textos de Juan Domingo Marinello. Alfonso Calderon, un cronista destacado, contó sus encuentros con El Peneca en su sureño pueblo natal y luego su conversación con Coré en Santiago. El joven Rodrigo Salinas contó su especial relación con un original de Coré que permanecía en la casa de su abuela.
El libro es un placer hojearlo, ( cuesta 18 mil pesos, unos 35 dólares)
Presentación del libro de Juan Domingo Marinello :

“Mario Silva Ossa, quien tomó su seudónimo Coré del nombre de un ángel rebelde que aparece en la Biblia, es uno de los ilustradores más importantes de nuestra historia, un creador de seres mágicos, un artista prodigioso cuyo trabajo pobló el inconsciente de los niños latinoamericanos durante décadas, y que hoy recuperamos para las nuevas generaciones.
La exquisita sensibilidad de Coré confirió vida eterna a hadas, ogros, duendes, piratas y aventureros sin cuenta, haciendo navegar por el mar de la fantasía a miles de mentes juveniles. Maestro en aprisionar con su trazo el instante de un gesto hiperrealista, siempre espontáneo, reconocible, cinematográfico, en sus «seres de tinta y hueso» –como los llamó el poeta Jorge Montealegre–, no deja de inquietar la expresión malhumorada de un pirata, la sensualidad de una princesa, la humanidad de sus gnomos. Sus personajes, que viajan por las historias representando y custodiando un ideal, son seres convincentes, no convencionales, expresiones esenciales de la bondad y la maldad. Sorprende la permanente curiosidad y la capacidad de estudio de épocas pretéritas en Coré, así como su fantasía y su amor por la infancia; él mismo fue un eterno soñador, un niño buscador de tesoros, un explorador de lejanos e insospechados continentes.
Mario Silva Ossa nació en San Fernando el 9 de marzo de 1913 y murió en Santiago en 1950, arrollado por un tranvía. Estudió arquitectura en la Universidad de Chile un par de años, pero abandonó la carrera para trabajar como ilustrador en la Editorial Zig-Zag, editora de El Peneca (1908-1960), la legendaria revista infantil que desde 1921 dirigía su tía Elvira Santa Cruz, la célebre Roxane, y que circulaba por toda América Latina. Desde entonces su genio otorgaría a El Peneca ese sello que fascinaba a los lectores y que motivó a gente como Constancio Vigil, dueño de la editorial argentina Atlántida, y al mismísimo Walt Disney, a realizar tentadoras ofertas para que Coré se incorporara a sus equipos de trabajo, las que éste rehusó siempre.
Tal era la sensibilidad artística de Silva Ossa que llegó a construir su propia casa de acuerdo a la imaginería de sus obras. Eximio carpintero, la ornamentó con puertas, cerrojos, lámparas y muebles medievales de inspiración propia. Su esposa, Nora Morvan, fue su modelo femenina predilecta, reconvertida múltiples veces en hada o princesa. Sus conocidos del barrio o del trabajo se reencarnaron a su vez en aventureros o piratas, y sus tres hijos les dieron identidad visual a los niños soñadores que habitaron la galaxia fantástica de El Peneca.
Mi primer contacto con las imágenes de Coré fue gracias al Silabario hispanoamericano de Adrián Dufflocq, que me regalara a comienzos de la década de 1950 mi tío Luis Lucero Quezada. También durante mi infancia, mi padre nos regaló a mí y a mis hermanos unos maravillosos boletos de viaje en la forma de una inolvidable colección de textos juveniles, la Biblioteca Amarilla de Zig-Zag, donde leímos a Salgari, Verne, May, Conan Doyle y muchos otros. Allí, en Corazón, La isla del tesoro, Lautaro, Oromaika, la virgen de la selva, Aventuras de una gorra y muchas otras novelas, seguí fascinándome con los mundos evocados por el ilustrador, y cuando el mundo mágico de la infancia se adormeció, las imágenes de princesas, hadas, ogros y duendes siguieron vigentes en mi imaginación gracias a Coré. Muchos años después, a mediados de los años setenta, en un mercadillo de Valparaíso di con una vieja maleta que contenía 189 pruebas de imprenta de portadas de El Peneca. Estaban extraordinariamente conservadas. Esa fue la chispa que encendió el motor, que me ha animado durante todos estos años siguiendo la pista de las obras de Silva Ossa. Probablemente el desafío más grande haya sido reunir una selección consistente de su obra inigualable, puesto que, tanto por tratarse de ilustraciones realizadas en soportes frágiles como por su magia intrínseca –que hacía a sus propietarios renuentes a cederlos–, después de su muerte esa obrasufrió una gigantesca dispersión.
En efecto, si consideramos sus casi veinte años de trabajo en la Editorial Zig-Zag, la aparición semanal de El Peneca y el medio centenar de libros que ilustró, un simple cálculo arrojaría una cifra cercana a las diez mil ilustraciones. Las imágenes que componen este libro se han seleccionado de un universo de más de tres mil dibujos, que a su vez constituyen el resultado de una treintena de años de búsqueda apasionante. Con mi hermano Jorge, camarada de aventuras en la exploración de mercados de viejo, hemos peregrinado cientos de kilómetros en busca de estos dispersos personajes. Cada fin de semana era, y aún lo es, dedicado a la pesquisa de las obras de Coré. Así, sin quererlo, fuimos elevando el precio de las portadas o libros que contenían sus ilustraciones. Desde hace un tiempo, sin embargo, este camino ya no ha sido en solitario. En la década de los noventa el Fondart y la Dibam me apoyaron en la reproducción fotográfica de las obras de Coré que se encuentran en la Biblioteca Nacional. Agradezco la ayuda de Carmen Martínez Valiente, quien compartió conmigo varios meses en la reproducción y ordenamiento de ese material. Vayan asimismo mis saludos a un hermano de la cofradía coretiana, Gonzalo Catalán, de la Dibam, quien manifestó en forma permanente su apoyo a esta iniciativa. En la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica, que acogió la idea de continuar investigando, sumando el aporte de la doctora Soledad Puente, hemos logrado reunir 4.567 obras, de las cuales hemos fichado y clasificado 2.456. Resta por ubicar más de la mitad de lo que probablemente fue su producción total.
Gran parte de las imágenes que reúne este volumen corresponden a originales; otras son pruebas de impresión y/o calce de la impresión en color. Muchas de ellas tienen manuscritas en el dorso fechas que no corresponden necesariamente al año de la publicación a que estaban destinadas. De todos modos la discrepancia se da casi exclusivamente en imágenes para novelas o libros, y no sobrepasan por más de un año la fecha de aparición en el mercado. En el caso de las portadas e ilustraciones de El Peneca, pueden diferir hasta en un par de meses, o variar de año cuando se trata de series muy extensas. Cabe recordar que muchas de las imágenes de Coré fueron utilizadas más allá de su primitivo destino y ocupadas después para ilustrar publicaciones varias o reediciones. Siempre que nos fue posible fechamos de acuerdo a nuestro dato más antiguo.”
Compilación y textos: Juan Domingo Marinello

lunes, octubre 23, 2006

Octálogo del Escritor

Ser escritor o escritora:

1. Es una actitud interdisciplinaria, mental, multifocal.
2. Se necesita talento, que no se explica ni se enseña.
3. Es una viaje a un abismo. Se sabe la partida, nunca el final.
4. Es una dignidad y una independencia.
5. También es una condena.
6. Es un universo, de reglas propias, donde está siempre el bien y el mal
7. No hay que olvidar nada. La memoria es igual a la imaginación y a la creación.
8. La memoria es también un contexto emocional (miedo, envidia, celos, coraje, etc).

Octálogo inspirado en el libro El arte de enseñar a escribir de Mario Bellatin (coordinador), Fondo de Cultura Económica, 2006.

sábado, octubre 21, 2006

Bellatin: No es posible enseñar a escribir

José Luis Hernández –editor de la revista Derechos Consumados y del Diario del consumidor- está editando una nueva revista para profesores y anteayer desde la imprenta trajo el libro El arte de enseñar a escribir.

Intuí desde que lo vi, que el libro sí me interesaría.

Así fue.

Escribir, ser escritor, es una actitud mental, se deduce del libro que coordina Mario Bellatin.
Bellantin dirige Escuela Dinámica de Escritores en México donde sólo existe una prohibición: la de escribir. Bellantin postula la premisa de que No es posible enseñar a escribir. Es una escuela que busca precisar que la literatura es un arte y que pertenece a la misma estructura que cualquier otro arte..

Esta escuela NO ES UN TALLER de literatura convencional.

¡TALLEREAR NO!

El libro El arte de enseñar a escribir postula desde el inicio la paradoja de que No es posible enseñar a escribir.

Lo CREO.

El libro incluye, además del prólogo de Mario Bellantin, 40 reflexiones –cortas- de mentores de esa escuela (fotógrafos, psicólogos, críticos, músicos y también escritores). Varios de esos maestros reconocen que la escuela misma los revolucionó o los desconcertó. El libro también incluye el currículo de la escuela y los cursos impartidos.

Entre los 40 maestros de la escuela que escriben en el libro se encuentran: Laura Benetti, Ximena Berecochea, Fabienne Bradu, Juan Arturo Brennan, Aldo Chaparro, Federico Campell, Adriana Díaz Enciso, Guillermo Fadanelli, Raúl Falcó, Héctor Fernández, Margo Glantz, Anamari Gomís, Mario González Suárez, Juan José Gurrola, Francisco Hinojosa, Mónica lavín, David Lida, Sandra Lorezano, Mónica Mansour, Ricardo Martín, Alvaro Mata Guillé, Fabrizio Mejía Madrid, Benjamín Mayer Foulkes, Gerardo Montiel Klint, phillipe Ollé-Laprune, Ignacio Padilla, Eduardo Antonio Parra, Edmundo Paz Soldán, Mauricio Pilatatowsky, Sergio Pitol, Giovanna Polarollo, Cristina Rivera-Garza, Marcela Rodríguez, Marisol Schulz, Enrique Serna, Iván Thays, Milagros de la Torre, Miguel ventura, Jorge Volpi.

Mario Bellatin estudió Teología y Ciencias de la Comunicación en Lima. En 1987 fue a Cuba para estudiar guión cinematográfico. Publicó sus primeras cinco novelas en el Perú y luego regresó a la Ciudad de México. Actualmente, Bellatin dirige la Escuela Dinámica de Escritores.

lunes, octubre 16, 2006

Poetas lloran a Gonzalo Millán

Una gran concentración de poetas chilenos se vivió ayer domingo en el cementerio general, para despedir a uno de sus talentos, el poeta Gonzalo Millán (1947-2006).

Pato Igor me dijo el otro día que mi blog parece obituario.
Y es que, estimado amigo, que le voy a hacer: como dijo Teresa Calderón ayer en el cementerio, la señora de la guadaña se ha portado muy cerda estos últimos meses con el arte nacional.

Una enorme cantidad de poetas leyeron ayer poemas de Gonzalo Millán, y quedó demostrado que Gonzalo Millán tenía alto poder convocante.

-Falta alguna autoridad de gobierno, una ministra, un subsecretario, un senador o un diputado, me dijo un poeta ayer.

-Es que no hay tele.

-Un diputado se podría haber equivocado de país…
Vean la apostilla en poesias.cl
Imagen: con Gonzalo Millán en la Biblioteca Nacional

miércoles, octubre 11, 2006

General Bachelet: A veces escribo cartas




LAS CARTAS DEL GENERAL BACHELET
Reinaldo Edmundo Marchant
Escritor

“Alberto escribía a mano los borradores de sus cartas y posteriormente los tipeaba en su máquina de escribir. De todo ello guardé cuidadosamente los borradores y lo mismo hice con todos los demás escritos, reflexiones y trabajos en cobre que realizó en los meses que estuvo recluido en la Cárcel Pública”. Quien habla es Angela Jeria, esposa del general Alberto Bachelet, en el prólogo del libro “Las cartas del general Bachelet” (Grupo Editorial Norma, 2006), texto que acaba de ser presentado y que, sin duda, por el valor íntimo e histórico que trasunta, no sólo se convierte en el mejor instrumento fidedigno para conocer al general Alberto Bachelet, su entorno familiar y principios políticos, morales y humanistas, sino además se convierte en la geografía indicada para entender las raíces más profundas de la primera Presidenta que ha tenido Chile, Michelle Bachelet.

El libro, testimonial y autobiográfico, con la voz del propio general en primera persona, enfrentando múltiples felonías, sombrías aspiraciones de sus propios camaradas, evoca de forma realista los grandes libros epistolares de todos los tiempos, de reconocidos personajes nacionales y mundiales, escritos en cárceles y prisiones de gobiernos dictatoriales y fascistas. La briosa pluma del general, con sus descripciones precisas, con tonos a veces dramáticos, irónicos y punzantes, empalidecen muchos testimonios escritos en la sobriedad de un escritorio.

Cuando los historiadores e investigadores emprendan la búsqueda ancestral de la primera mandataria de Chile, no podrán soslayar los escritos de puño y letra entre la entonces estudiante de medicina de apenas veintidós años y su padre, ofrecidos a plena autenticidad en este libro, que develan una naturalidad insólita ante el drama que en él y en el país acechan, ante el encierro paternal, las traiciones lacerantes e inesperadas, la calma de una esperanza que no llegaría jamás y la carencia de odio de un general leal que no pierde la hidalguía, el honor de los valores humanos, que no piensa caer a pesar de “…cuando la escala de valores se cambia violentamente, cuando los conceptos, las ideas y los ideales son destruidos, cuando, en fin, todo el templo arquitectónico se derrumba, uno se encuentra indefenso frente a algo absolutamente nuevo, frente a algo realmente opresor y fuerte. Y cuando uno ha sufrido la experiencia de esa opresión, preso e incomunicado por largo tiempo, con cargos infundados, verdaderas felonías y traiciones de personas que uno creía eran sus amigos, entonces ya no se piensa, sino que se asegura que algo anda mal, que el mundo está loco o que uno ha estado equivocado durante cincuenta años…”, señala a puño y letra en una hoja cualquiera, en prisión, enfermo, en una misiva que después su señora se encargará de sacar oculta en los más impensados lugares del cuerpo, desde los primeros días de septiembre de 1973 hasta marzo de 1974, fecha que en que el corazón torturado del general Bachelet deja de latir.

Hay en el libro, pasajes notables, que, por su legado político, hasta literario y de carácter emocional, recuerdan con fuerza las últimas frases inolvidables del Presidente Salvador Allende: ambos las escribieron para la posteridad desde el infierno de la Moneda, en el caso del Presidente Allende, y desde la celda N° 12, Galería N° 2 de la Cárcel Pública de Santiago, en el caso del general Bachelet.

Es posible que “Las cartas del general Bachelet” hayan sido editadas en este escenario nacional del 2006, donde las miradas interesadas están en carreras presidenciales precipitadas, en berrinches cotidianos que no permiten el silencio para pensar en este legado que debieran conocer las futuras generaciones. Si el libro hubiera salido en su momento, o años más tarde de la tragedia que le tocó vivir, el general Alberto Bachelet tendría carácter de prócer de la patria, por su valentía, consecuencia inalterable de lucha, de ideales que no se cansa de repetir a lo largo de las misivas, “..Mami – le escribe a su heroica esposa, Angela Jeria-. Si algo valgo, si algo he hecho, si algo de participación he tenido en un proceso que ha quedado transitoriamente detenido, te lo debo exclusivamente a ti, que has sabido en todos los años que te conozco, que ya son varios, inculcarme un espíritu de lucha y un deseo de justicia, de igualdad, de derecho para con todos nuestros semejantes... Y como el preso N. 9, si volviera a nacer, seguiría la misma huella...”. Y sigue el general, “Gelucha – forma cariñosa para tratar a su esposa- mía y más mía que nunca, quiero enviarte en estas letras, todo mi amor, mi recuerdo, mis deseos de verte, de estar junto a ti, mirando el horizonte infinito, libres, absolutamente libres para poder dirigir juntos nuestros pasos buscando la forma y luchando para que el hombre deje de ser el lobo del hombre y la libertad, la igualdad, la justicia social se traduzca en hechos concretos, aunque en ello se nos vaya la vida...”. El proceso donde fue juzgado junto a una cincuentena de militares de la FACH, se denominó “Contra Bachelet y otros”, lo que demuestra no sólo la aberración jurídica premeditada, sino también el encono contra el general, que fue acusado cobardemente de conspiración y de otros hechos ridículos que nunca se probaron, que buscaban castigar – sin éxito, a pesar de las torturas y vejaciones como prisionero de guerra, realizado por oficiales de la Fuerza Aérea, que intentaron degradarlo sin ningún respeto por la dignidad humana ni grado militar-, en el fondo, la libertad de sus pensamientos y respeto absoluto de apego a la Constitución del gobierno de la Unidad Popular. Indica el general, “¿Cuál fue mi error? Mi error fue haber sido totalmente leal a la Constitución, totalmente leal a la Fuerza Aérea y totalmente leal a un hombre que se llamaba Salvador Allende”.

Nada doblegó al general. Ni “los ablandamientos”, la cárcel incierta, los vigilantes que lo custodiaban hasta en la enfermería, las constantes y delicadas dolencias cardíacas, todo ello jamás disminuyó su ánimo, la esperanza de continuar luchando, “Pero una cosa debe tener bien clara: mis manos y mi conciencia están limpias, son claras y transparentes, y creo que si alguien debe sentir vergüenza porque yo me encuentro en la cárcel, son nuestros propios opresores. Para mí, al margen de las limitaciones, ha sido una experiencia extraordinaria”, ironizaba el general desde su cautiverio.

Incluso la alegría del general se deja ver en medio de ese tiempo lúgubre, como cuando le escribe al ex Senador Hugo Miranda, detenido en la Isla Dawson, “Santiago empieza a ponerse caluroso – escribía-. Pienso que si lográramos combinar la temperatura de ustedes en Dawson con la nuestra, obtendríamos una medida bastante aceptable... Pero desgraciadamente, aquel que compaginó geográficamente este mundo, lo hizo sin consultar a nadie, lo hizo a su soberano arbitrio y olvidó que la democracia en la vida de los pueblos constituye la felicidad de ellos...”.

También esa chispa a flor de labios afloró cuando su esposa Angela Jeria rindió exámenes brillantes en la carrera de arqueología en la Universidad de Chile, y para celebrar le pidió que entrara a la cárcel pisco sour... Angela Jeria, intentó diversas técnicas para ocultar algo de pisco: finalmente logró su propósito en un termo con “tutifruti”... Desgraciadamente, el licor fue recibido el mismo día de la muerte del general Bachelet: aquella noche sus compañeros brindaron en su memoria.

A lo largo del relato, en las páginas finales, se han rescatado cartas del coronel Carlos Ominami Daza, donde describe los momentos finales del general Bachelet: “El día de su muerte estaba terminado de lavar los platos, la vajilla... Murió en una parrilla de madera que hacía de cama, rodeado de sus acongojados compañeros de celda...”. Por su parte, el entonces capitán Raúl Vergara, su asesor y hombre de confianza, también detenido en una celda contigua, le dedica un estremecedor poema:

No me despediré de ti/porque no te has ido/ni te llamaré
Hermano/porque hiero tus oídos/con palabra falsa/ni camarada/
Porque te evoca la ingratitud/ni siquiera compatriota/ porque huele
A traición... Te nombraré con nuestra canción de amor/y marcha de
De combate/te llamaré simplemente/¡compañero!/admirable/compañero
General/querido compañero Alberto/siempre:/¡compañero! (extracto).


A su vez, su hijo Alberto, radicado en el extranjero, al enterarse de la aciaga noticia, le escribe otro sentido un poema:


Mucho se dijo en su contra
De mucho se le acusó
Que era un traidor, un comunista
Que era un ladrón, un instigador
¿Que quería evitar un golpe?
Nada se pudo comprobar
Pues él siempre fue inocente.
Parece que es pecado defender al gobierno
Ayudar al país y a la gente pobre. (extracto).


A lo largo del libro, donde cuesta marginarse de la emoción, por el largo calvario del general, el constante sufrimiento al que es sometido, asaltan preguntas, ¿por qué no se asiló?, ¿por qué no pidió ayuda externa, como lo hicieron tantos perseguidos? La respuesta es una: ¡Al general Alberto Bachelet le importaba “demostrar” que tener ideales y luchar por la justicia social no es delito! Incluso, en una carta deja entrever su deseo, si quedaba en libertad, de establecerse en Chile, con todo el peligro y la hostilidad que entonces significaba.

Antes de la publicación de “Las cartas del general Bachelet”, yo había escrito en diarios y libros sobre él, destacando el aspecto deportivo que desarrolló cuando era Vicepresidente del Club Deportivo Aviación y Director de Finanzas de la Fuerza Aérea de El Bosque, época en que formaba parte de las inferiores de ese equipo. Con mis compañeros muchas ocasiones estuvimos con él, como jugaba al arco se ponía a atajar balones, armaba partidos informales los fines de semana, escuchaba a todo el mundo. Camaradas de él, como Belarmino Constanzo, recuerdan su solidaridad cuando el dinero no rendía para llegar a fines de mes y el general no se hacía problema en adelantar parte del salario. En una ocasión, nos llevó a tres juveniles a jugar un partido a San Bernardo. Era en contra de gente adulta. En un momento, con una convicción impecable, le explicó a los del otro equipo “que no le llegaron unos convocados” y pidió autorización para que “jugaran los más jóvenes”. No pusieron traba. Ganamos por un marcador casi indigno. Esta parte de su vida es la que tangencialmente conocí de don “Beto”, como lo llamaban. Ignoraba esta parte estremecedora de la prisión y de su muerte, acaecida el 12 de marzo de 1974, sólo tres días después que yo cumpliera diecisiete años.


Por lo que hizo, por lo que fue, por su valentía y extremada sencillez, por no haber hecho ostentación jamás de autoridad y cargos, tenemos una deuda histórica con el general Alberto Bachelet. Es un mártir de la tragedia de Chile. Un soldado que la historia no puede omitir. Un hombre que infundió coraje, optimismo, comprensión, fuerza, elevó la moral de los caídos, detenidos, a pesar de padecer malos tratos, tortura, un cautiverio humillante. Su nombre debe estar en un parque, avenida o población; debe estar en el corazón del pueblo.

Chile le debe un lugar permanente en la memoria de la patria; y a su maravillosa esposa, Angela Jeria, está pendiente el reconocimiento a su valentía, consecuencia, coraje, que debe quedar plasmado con letra inmarchitable por el ejemplo de una mujer que venció el dolor, las pesadillas de las situaciones más adversas que se puedan imaginar; sin su valentía este valioso texto nunca hubiera salido a la luz.

Decía el general Alberto Bachelet: “Yo no voy a ser castigado por algo que he cometido, sino por una falsedad y esa es la manera más difícil de ser castigado. Cuando el momento llegue, lo afrontaré lo mejor que pueda, pero me atrevo a decir, aún cuando no se me escuche ni a muchos les pueda importar, que la presunción es errada. Ni todos los descubrimientos de todos los jurados, ni todos los procesos de todos los tribunales, ni todas las sanciones, por drásticas y extremas que sean, de todo el mundo, pueden hacer que sea lo que no es”.

A veces sabemos cuando nacimos y no cómo moriremos. Sin embargo, quizás lo más triste, es no llegar a saber cómo fueron y qué hicieron los demás en la vida que les tocó. El general Alberto Bachelet vivió con el ejemplo en la comisura de los labios. Ese fue su honra. Su valioso legado. Vale, mil veces siete, conocerlo.


Reinaldo Edmundo Marchant
Escritor


viernes, octubre 06, 2006

¿Julio César Rodríguez pagó derechos de autor al asesor de Lagos, Ottone por lucrar con su imagen?

Julio César Rodríguez era director de la revistilla Plan B, cuando se publicó allí la caricatura Don Tottone, una serie cómica dibujada por el talento de Leo Ríos, en la que se presentaba a un irritable asesor político. La serie era ácida y valiosa y obviamente tenía su raíz en el asesor de Ricardo Lagos, del famoso segundo piso de La Moneda, Ernesto Ottone.

Ahora, miren lo que son las cosas, el mismo Leonardo Ríos es uno de los dibujantes de Idolos de la Farándula, un álbum de monitos de los que hoy hacen piruetas en la tele y en el que aparece un tal Mulo César Rodrígue.

Sin embargo, ahora, según me informo por un diario, Julio César Rodríguez ha presentado, junto a otros conocidillos, un recurso de protección en contra de Salo, la empresa que edita el álbum, por que asegura que los dibujantes de las láminas y los editores, vulneraron sus derechos de propiedad al ocupar y lucrar sin autorización con su imagen y nombre: Mulo.
¡Qué Mulo!

viernes, septiembre 29, 2006

Germán Marín: Neocriollismo encriptado

La primera novela de la trilogía de Germán Marín (n. 1934), Círculo Vicioso (1994), consta, en los hechos, de tres partes o segmentos: un diario de vida, unas notas a pie de página y la novela en sí.

LA BITACORA EMPIEZA el día 7 de febrero de 1980 hasta el día 5 de agosto de 1983. Son notas de un solitario chileno exiliado en Barcelona, un ermitaño compatriota, malas pulgas, sin humor, pagado de sí mismo, editor que intercala notas en la novela sobre su exigua y rutinaria vida y sus disgregaciones literarias.

Ejemplos:"1980, 7 de febrero
La canción nazi Schön ist das Leben, cuyo título, traducido, significa Hermosa es la vida""

17 de junio
Acabo de terminar de leer, bajo los primeros calores del verano mediterráneo, una novela chilena publicada tiempo atrás, tan falsa como los dientes postizos del locutor de televisión."
"29 de junio
La única casa en el exilio es la mente"

LAS NOTAS A PIE DE PÁGINAS son colocadas al final de cada uno de los cinco capítulos en que sobre explica personajes, lugares o hechos de la novela. Son 46 páginas de notas, más del 10 % del libro. Un ejemplo es este comentario sobre el cometa Haley:"19) El famoso cometa hizo su reaparición en febrero de 1910 y, como se sabe, vuelve a divisarse cada setenta y seis años."

LA TERCERA PARTE ES LA NOVELA propiamente tal donde el narrador, Raúl Marín, le cuenta a su hijo Germán Marín sobre sus raíces mestizas de genoveses y temuquenses mientras inserta referencias literarias, fuentes, sugerencias o consultas.
Ejemplos:
"Fuente: Luis Duran, Frontera" o
"Fuente: Augusto D´Halmar, Recuerdos olvidados" o
" Consultar. Lutz Winckler, La función social del lenguaje fascista" o
"Fuente: Adolphe Bavaria, De Boucher a Renoir".
También le agrega al texto comentarios sobre caminos a seguir en la novela.

¿QUÉ RESULTA DE ESTA MIXTURA?
Es obvio que el libro ambiciona ganar por nock out, no por juego de piernas o de cinturas. El libro desea hacernos sentir el espesor intelectual. Pero, los pies de páginas -colocados al final de cada capítulo-, importunan la lectura, al igual que las interrupciones, los agregados, las adiciones informativas.

ESTA PERCEPCIÓN NO ES NUEVA. Ni es sólo mía. Ya lo dijeron los críticos hace más de 10 años:
"En todo caso, es necesario decirlo, a pesar de su temática y la ubicación espaciotemporal del relato principal (años veinte), no es un texto de fácil acceso;"
Eduardo Guerrero, La Segunda 1995)
O Filebo en las Ultimas Noticias en 1995: "Reconocemos haber hecho mil rodeos en torno al libro antes de encararnos con su materia, que, por de pronto, no es una sola"
Difícil acceso y mil rodeos.

¿DE QUÉ TRATA ESTA NOVELA ENCRIPTADA?
Un padre, Raúl Marín le cuenta a su hijo, Germán Marín Sessa, sobre su vida familiar antes de que él naciera. La familia Marín vivía en un fundo de Carahue, y endeudados se lo venden al latifundista vecino, Alberto Etchegaray. Así mueren sus padres en unos hoteluchos. Es el fin de la familia Marín. Es el periplo que transcurre desde comienzo del siglo xx hasta 1934.Por otro lado, los Sessa llegan a Buenos Aires y luego se van a vivir a la comuna de Independencia del norte de Santiago, donde mantienen un almacén. Raúl Marín se casa con la hija de los italianos, Elvira Sessa. Así nace Germán Marín Sessa en 1934.

¿QUIÉN ES ESTE RAÚL MARÍN, narrador en primera persona, con ambiciones de omnisciente?
Un mataindios, violador de su esposa, un tipo hosco y pesado de sangre, machista, prejuicioso y misógino. Un oblicuo y formal pueblerino tímido pero rígido, acomplejado pero con cierta ambición de grandeza, falto de humor y carente de risa franca.

CÍRCULO VICIOSO tiene vallas, es descriptivo, de tono autobiográfico, con pocas anécdotas de excepción y, además, el narrador no genera empatía. Círculo vicioso parece un reflujo del criollismo, es un círculo que vuelve a la épica de la novela criollista, y su anhelo de convertir la "chilenidad", en un registro de identidad. Al igual que en el viejo criollismo, este neocriollismo subraya el mestizaje, la localidad sobre el origen, la posicionalidad socio-política sobre el linaje. Esta novela es un Proyecto País, como decían los siúticos en los años 90, un proyecto para perfilar una Identidad Nacional clasemediera. Es decir, la novela intenta ser un destino y la voz de una sociedad civil ausente. De ahí, quizás, su tono serio. (Aquí nada se toma para el hueveo). El narrador, Don Raúl Marín, ahogado por el ambiente, por su carácter mimético recuerda su familia con realismo duro, seco, asceta.

ES CIERTO, MUY CIERTO, que en Chile se evita la memoria (también creo que en Argentina, en América Latina, en Europa, en fin, en el mundo). Pero, no ayuda a la memoria que un novelista la encripte.Es verdad que Marín con sus notas a pie de página, citas textuales, su alter ego/editor, la fragmentariedad y la mezcla de géneros ha logrado convencer a algunos de que eso le da profundidad a la novela. La novela tiene volumen, ambición, lucidez, cultura y atrevimiento. Pero eso lo han confundido con profundidad.

YO NO RESCATO los agotadores pies de página y las cándidas invitaciones de lecturas. Yo rescato los pasajes mejor novelados. Por ejemplo, la tarde en que Raúl Marín remata gratuitamente a un mapuche, a quien primeramente le había pegado un escopetazo por inexcusable error. Valoro también el pasaje cuando más tarde, el mismo Raúl Marín se encuentra por casualidad con Victoria Olea -ex dama de compañía de su madre- y al llegar a su casa en Domeyko, cerca del Parque Cousiño, descubre que la amiga de su madre se ha convertido en la Madame de un notable burdel.Esos dos pasajes nos aclaran mejor la violencia gratuita y la hipocresía de nuestra "bonita" identidad, que todas las notas a pie de páginas y sugerencias de lecturas.

El sarcasmo gráfico es de Leo Ríos

viernes, agosto 04, 2006

Ganadores de gran premio literario chileno no están publicados por las grandes editoriales

Cada año el Consejo Nacional del Arte y la Cultura premia las mejores obras en diferentes géneros, publicados el año anterior, con 8 millones de pesos cada una. Es uno de los premios literario más significativos de Chile.

Ayer fueron premiadas las mejores creaciones editadas durante el año 2005. En novela, la obra premiada fue Cadáver tuerto, de Luis Eduardo Labarca; en cuento, Luisa Eguiluz, Ceremonias interrumpidas – cuentos breves; David Benavente en teatro, por la recopilación de sus obras Teatro chileno: Pedro Juan y Diego – Tres Marías y una Rosa – Tejado de vidrio – Tengo ganas de dejarme barba; Pablo Oyarzún se adjudicó el premio en ensayo por Entre Celan y Heidegger, y en poesía Gonzalo Millán, por Autorretrato de memoria.
Dos cosas hay que resaltar en esta premiación.

Primero, a primera vista, (no tengo la lista de los demás concursantes) los premios parecen haber sido escogidos con la mayor seriedad. Todos los ganadores tienen la trayectoria suficiente para aceptar que sus obras pueden ser premiadas. También la calidad de los jurados es importante. (En cuento: Teresa Calderón, Lucero de Vivanco, Carlos Iturra, Patricio Lizama y Claudio Rolle. En novela: Guadalupe Santa Cruz, Elvira Hernández, Virginia Vidal, Alberto Madrid y Pedro Pablo Guerrero. En Teatro: Carola Oyarzún, Flavia Radrigán y. Alejandro Goic. En Ensayo: Kemy Oyarzún, Humberto Gianini, Leonidas Morales, Grinor Rojo y Oscar Luis Molina. En Poesía: Delia Domínguez, Malú Urriola, Floridor Pérez, Eduardo Llanos y Elicura Chihuialaf.

Lo segundo: las obras fueron publicadas en editoriales, pequeñas, algunas de ellas autogestionadas. Catalonia Libros (Labarca y Eguiluz), CESOC (Benavente), Ediciones Universidad Diego Portales (Millán) y Metales Pesados (Oyarzún) La conclusión es muy definitiva: Las grandes editoriales transnacionales no están publicando lo mejor de la actual literatura chilena. Las razones son variadas, pero sin duda que la fuerte tendencia a publicar obras comercialmente rentables, los ha llevado definitivamente a perder el rumbo como agentes del arte. Esas editoriales han optado por el Señor Mercado, donde los central son las ganancias rápidas.

sábado, julio 29, 2006

Bianca Jagger y Borges


Blanca Rosa Pérez Mora (Managua, 1950) más conocida como Bianca Jagger, la primera mujer de Mick Jagger y activista de los derechos humanos, se encontró en New York con Borges en el año 1983, tres años antes de la muerte del poeta. La foto es del libro James Woodall's Borges; una vida.

Mick Jagger arrodillado frente a Borges


Ya se ha visto que Rollings Stone, The Beatles y Jorge Luis Borges tienen en común la cercanía al inmenso mago negromante de Aleister Crowly (1875-1947) y un cierto placer con el ocultismo.
No es raro, entonces, no es nada de raro que a Borges le gustara la música de Rollings Stone. Según la viuda de Borges, Maria Kodama, Borges tuvo un encuentro casual con Mick Jagger en España.
Dice Maria Kodama al diario Correo de Perú (y tal como ha sido reportado por Ivan Thays)
”Nosotros estábamos esperando, sentados en el hall del hotel, que nos viniesen a buscar para ir a cenar. En ese momento llega Mick Jagger, se acerca, se arrodilla y le dice: “-Maestro, qué maravilla encontrarlo, usted no sabe cómo lo admiro, he leído toda su obra”. Borges levanta la cabeza (ya no veía) y le dice: “¿Usted quién es, señor?”. “Mick Jagger”, le dice él. “¡Mick Jagger!”, exclama Borges, “uno de los Rolling Stones”. “¿Cómo, maestro, usted me conoce?”, le pregunta lleno de asombro. “Sí, sí, pero lo conozco por María, a quien le gusta lo que hace”.

martes, julio 25, 2006

Ideología de la obra única y los narradores chilenos

Cánovas, Canales, Tropa, Pizarro & Santos y Sepúlveda
Ideología de la obra única

“Es muy duro ser escritor en un país
donde no te consideran de los suyos.”
Roberto Bolaño

El día que dejé de creer en Santa Claus, lo recuerdo ahora con nostalgia, sentí un aire fresco, una malicia y un don irónico ingresó a mi vida. Ya nada sería lo mismo. Los tiempos de dejar de creer son relativos y esplendorosos, unos caemos antes que los otros.
Pongan atención.
El profesor Rodrigo Cánovas y sus colaboradores Carolina Pizarro, Danilo Santos y Magda Sepúlveda en Novela Chilena, nuevas generaciones el abordaje de los huérfanos (1997) analizaron detenidamente la generación de narradores del 87. Se sostenían, técnicamente, en otros dos prominentes profesores, José Promis y Cedomil Goic.

Del profesor Goic, Cánovas tomó la periodización generacional, hoy ampliamente aceptada. Goic distingue seis generaciones: la generación de 1927 (nacidos entre 1890 y 1904), la de 1942 (nacidos entre 1905 y 1919), la de 1957 (1920-1934), la generación del 72 (nacidos entre 1935 y 1949), la del 87 (nacidos entre 1950 y 1964) y la generación del 92 (nacidos entre 1965 y 1979). Cada generación tiene quince años de gestación, de los treinta a los cuarenta y cinco y quince años de vigencia, de los cuarenta y cinco a los sesenta.
Del profesor Promis, Canovas mira el proceso de ejecución de las generaciones. José Promis postula que cada generación contiene un orden estructural singular. Así, la generación del 57 corresponde a la novela del escepticismo, a la generación del 1972 corresponde la novela de la desacralización.

Canovas acepta la periodización de Goic y define a la generación del 87 como la nacida entre los años 1950 y 1964, pero, furtivamente, incluye a una hornada de autores de la generación del 72: José Leandro Urbina (1949), Damiela Eltit (1949), Ana María del Río (1948), Darío Oses (1949), Luis Sepúlveda (1949), Jaime Hales Dib. (1949), Eugenio Mímica (1949). Cánovas considera que estos autores tienen una producción cercana “al espíritu de la nueva generación”.

Estos autores tienen, efectivamente, una vasta obra y su impacto es reconocido. Justamente, los escritores nacidos en esos años son muchos y potentes. Habría que incluir además a escritores interesantes como Adolfo Pardo (1949), Jaime Casas (1949), Martín Faunes (1949), Javier Campos (1947) o Juan Pablo Uribe-Etxeverría (1949). En consecuencia, instalarlos, de muto propio, en la generación 87 desvirtúa el análisis.
No es un detalle.
Gran parte del argumento posterior del libro de Cánovas se sustenta en estos autores. Allí se produce el primer gran desfalco y desconcierto. Cánovas no está hablando nuclearmente de la generación del 87. Cánovas desplaza, a fin de cuentas, el objeto de su estudio.
Iba a darnos manzanas y nos dio peras.
Matemáticamente, la generación del 87 debe rondar alrededor de los nacidos entre los años 55 y 58. Jamás alrededor de los nacidos en los años 48 o 49.
En estricto sentido, si hablamos de escritores de la frontera, con propiedad esos escritores son los (la) muchachos (a) nacidos (a) en el año 1950: Jorge Marchant, Roberto Rivera, Radomiro Spotorno, Desiderio Arenas, Mario Banic, Eugenia Brito, Hernán Rivera Letelier y Sergio Marras.
En cambio, Canovas no incorporó, entre otros, a novelistas como Michell Bonnefoy, y Alejandro Pérez, autores de exilio. Y, miren lo que son las cosas, tampoco consideró a Roberto Bolaño, también autor de exilio, aceptado casi unánimemente hoy como el príncipe de nuestra generación. Bolaño había ya publicado tres novelas, (publicó su primera novela en 1984, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, que realizó en colaboración de Antoni García Porta. Con esta novela obtuvo el Premio Ambito Literario; La pista de hielo (1993), ganadora del Premio de Narrativa Ciudad de Alcalá de Henares, y La senda de los elefantes (1993), ganadora del premio de novela corta Félix Urabayen y publicada luego con el título de Monsieur Pain).
¿Raro, verdad?
Cánovas excluyó a Roberto Bolaño, el verdadero eje de nuestra generación y, de ese modo, sin quererlo, se invalidó a sí mismo.

Con estas desacertadas premisas, Cánovas identifica las características de la generación. La novela de la generación del 87 habla de la Orfandad, el delirio de un huérfano, afirma.
Casi ya no vale discutir esta deducción. Ya lo dijo el escritor y profesor Ricardo Cuadros, toda la literatura universal puede leerse como literatura de los huérfanos.
El discurso de Canovas pretendió – ya no lo logró– ser un macro-relato único, paradigmático y, por eso mismo, normativo y didáctico. Una historia literaria oficiosa o académica y por otro lado, no menos significativa, de la prensa y la difusión editorial. Era la unión perfecta. La academia y el mercado, por fin, de acuerdo.
El profesor Cánovas sobrevaloró la vitrina comercial para así contentar a autores y editores y a los sujetos de la normalización. Lo suyo fue, es fácil decirlo ahora, un gran invento. Un gran invento ideológico.

Su estética y su ética intentaron legitimar la novela que sonaba en el mercado, principalmente aquella que producían los escritores formados en el taller de José Donoso, estipulándola como eje central de la nueva narrativa. Lo demás eran escrituras marginales. Canovas intentó legitimar un conformismo, un pacto que probablemente –yo no creo en la ingenuidad- no sea independiente del conservadurismo del mundo cultural de mitad de los años 90. De este modo, su visión enmascara el supuesto “consenso” estético que afectaba al arte. Cánovas, hay que decirlo, fue alumno de Donoso en Estados Unidos.
El estudio de José Canales y Emerson Tropa, La novela de la generación de 1980. La escritura del antipoder (1995) mantiene la periodización de Goic. Y, a partir de allí, realizan una verónica –con algo de elegancia- para afirmar que la generación de los ochenta son los nacidos en los años 50. Algo que no está del todo mal, teniendo en cuenta que los escritores nacidos después de los 60 son hoy una minoría (12 escritores, el 10 %). Aunque, al igual que Cánovas, incorporan a escritores de la generación del 72 (Oses, Eltit, Urbina) y también soslayan a Bolaño, a Bonnefoy y a Alejandro Pérez.

La sociedad Canales & Tropa afirma que la generación de los ochenta, es literatura del antipoder, al incorporar fórmulas desacralizadoras de la novela como formas paraliterarias (característica que, por lo demás, Promis le otorgaba a la novela de la generación del 72).
Esta conclusión, aunque de otro signo, también es ideológica, es decir, ilusoria.

Si no es una escritura de Orfandad ni del Antipoder,
¿Cual es entonces el tema de la visión de la generación del 87?
La sola pregunta me parece pérfida.
No hay ninguna fórmula. No hay centros. No hay metanarrativas.
Hay libros muy diferentes en su complejidad. No creo que se deba racionalizar, encauzar, canalizar, o sea, domesticar la narrativa de nuestra generación. Simplemente los libros se miden por sus méritos propios.
¿A qué cuento viene esto de estandarizar la fabricación literaria de una generación?
Tenemos una literatura plural, con estilos, conocimientos e historias diferentes. No hay una versión de lo real. Hay de todo: El pastiche, la mezcla de estilos, tonos, géneros, niveles de lenguaje, lo lúdico y lo paródico, irónica, el humor, la incorporación de iconos de la cultura de masas junto a elementos de la llamada alta cultura, la presencia de lo metaficcional.

Hay obras buenas y no tan buenas en mi generación.
Pero, ¿un discurso? ¿Una ley?
¿No estaremos ya asaz viejos para creer en Papá Noel?
Escritores de la Guerra, Foro Nórdico, 2004-
Textos
© Omar Pérez Santiago
Registro de Propiedad Intelectual Inscripción Nº 143.168
Derechos reservados

Memorias eróticas de una chileno en Suecia de Omar Pérez-Santiago. Lorena Amaro, Juan Pablo Sutherland, Carlos Olivárez.

  Amor a las suecas [artículo] / Lorena Amaro. Las Últimas Noticias (Diario : Santiago, Chile)-- abr. 18, 1993, p. 8-9 (suplemento) retr. Me...