domingo, julio 19, 2026
El día que visité la tumba del gran escritor danés, digteren Hans Christian Andersen, en el cementerio de Assistens, Copenhague
sábado, junio 17, 2023
La importancia de las traducciones actualizadas. El caso de Sören Kierkegaard. Abuso emocional como “Gaslighting” o “Goshting”. Diario de un seductor de Sören Kierkegaard, 1843
El libro “Diario de un Seductor” del danés Kierkegaard de 1843 debería llamarse: “La manipulación perversa por una mente diabólica”.
Trata sobre Juan, un hombre blanco, malhumorado en un paisaje urbano frío, la moderna Copenhague. Arropado como se debe estar cuando se camina sobre los adoquines de las calles de Copenhague, donde el viento helado te come vivo.
Juan, un hombre pálido y frío como los adoquines de Copenhague; frío, analítico y sórdido, aunque Juan cree que tiene un alma tierna y cálida, (como todos los arrogantes no diagnosticados).
La figura del seductor, la relación entre Juan, el seductor” -hábil en las artes del engaño -, y la joven e ingenua Cordelia de 16 años. ¿Para qué?
Para abandonar a Cordelia, para dejar a Cordelia sola con su desconcierto helado, en una noche brutalmente helada y lluviosa. ¿Qué hay más allá de esa desolación de Cordelia?
¿Aprender a sobrevivir?
Si se hace una relectura, veremos que hay detrás una "comunicación perversa" y, que según la describe la sicología, es un tipo de comunicación que, en este caso, Juan manipula a Cordelia y ejerce poder y control sobre ella.
Kierkegard en el Diario de un Seductor usó conceptos de la manipulación sicológica tales como "exacerbatio cerebri", “cuerpo parastático” "reflexividad en sí mismo", y aplicaciones de abuso emocional, hoy tan de moda, como el “Gaslighting” o “Goshting”. O "Actiones in Distans" (ejercer influencia a través del vacío o la distancia. Como la violencia a distancia o bullying que se ejerce hoy en las redes sociales).
miércoles, junio 14, 2023
NO SER FELIZ CON REGINE OLSEN, EL TRISTE SØREN KIERKEGAARD. Por Omar Pérez Santiago Revista Off The Record, nr 47, febrero 2023
La historia que les contaré es ominosa.
Un día caminé desde el
centro de Copenhague hasta el cementerio Assistens, el panteón danés donde está la tumba de Kierkegaard, el patriarca
del existencialismo; un danés triste,
hipocondriaco y melancólico.
Kierkegaard era
un danés tan triste como su nombre: Søren Kierkegaard, traducido como Severo
Cementerio.
El primer libro que yo
leí del danés triste fue el “Diario de un Seductor”. Ese libro no me pareció
triste. En cambio, muy entretenido. Ese libro de galantería enrevesada me sirvió
de inspiración cuando yo escribía mis cuentos de mi libro “Memorias eróticas de
una chileno en Suecia”.
El dramaturgo chileno Juan
Radrigán vivió unos días en mi casa de Malmö, en los años 80. Presentó su obra canónica, “Hechos Consumados”
en el clásico Victoriateatern. Una tarde caminamos a la playa de Ribban. Era verano. Hacia calor. El día reluciente. Al
otro lado se veía la ciudad de Copenhague. Radrigán entonces habló de Kierkegaard.
Radrigán había construido un personaje existencialista “con ojos de animal botao”,
el triste y taciturno Emilio, de
su obra Hechos Consumados. Radrigán nunca fue creído o cínico. Sobresale.
Con seguridad, Radrigán, fue el primer y único escritor chileno en descubrir un
Kierkegaard literario.
Primavera de 1837. Kierkegaard.
Copenhague. El 8 o 9 de mayo, en la casa de un compañero de estudios de teología,
un tal Peter Rørdam que tenía
tres hermanas. Una amiga las acompañaba, Regine Olsen de 15 años. Dicen que Regine era realmente hermosa. Aunque sus retratos me
hacen dudar. Cosa de gustos. Quizá confunden su belleza con su buen gusto
en el vestir, su moda elegante, flotante y alegre, su lindo peinado de rulos. De
cualquier modo, bella o muy bella, Regine quedó registrada en la historia
danesa.
Ella 15, él 24.
Tres años después, el
8 de septiembre de 1840, Kierkegaard le propuso matrimonio. Estaban los dos
solos en el salón de la casa de Regine.
—Toca algo en el piano, Regine.
Entonces, de pronto, él agarró la partitura, la cerró con arrebato,
la tiró sobre el piano y le dijo:
—Oh, ¡La música me trae sin cuidado, es a ti a quien quiero,
a quien no he dejado de querer estos dos años!
Kierkegaard le regaló a
Regina un anillo de compromiso, emblema de su amor.
Pero, pronto le acecha
la duda, una lucha interior, una enojosa incertidumbre. Un año después, en el verano del 1841, Kierkegaard pone fin
a su compromiso matrimonial.
Regine primero le rogó con un riff de canción.
—¡No me dejes!
Luego Regine sacó de su pecho una nota escrita por Søren; la
hizo pedazos y le dijo:
—Lo que has hecho es jugar conmigo a un juego atroz.
Le devolvió el anillo.
La comunidad de Copenhague
era muy pequeña, un poco más de cien mil daneses. Un pueblín. Los rumores corrieron
por sus calles de adoquines. Se preguntaron perplejos: ¿Es todo un pretexto? ¿Un
pretexto de qué? ¿De qué huyes, Kierkegaard? ¿De qué estamos hablando?
Parece irracional,
visceral, neurótico o sutilmente ominoso.
¿Auto tormento o añagaza o artificio?
Exasperados, los
daneses murmuraban, tal como ahora se murmura en las hambrientas redes sociales
sobre la separación de Shakira y Piqué.
En casa con su
familia, Søren llora de angustia.
Nadie entendía bien
por qué.
Era un llorón triste. Histrión.
—Me voy a Berlín,
dijo.
Huir a Berlín siempre ha
sido un consuelo para un filósofo o un escritor.
Un metaverso del mejor exilio.
Después, el verano de 1843, Regine se comprometió con el
abogado Johan Frederik Schlegel, un hombre equilibrado y armónico, según se ha dicho.
En 1855, uno de los últimos días de septiembre, cuando había salido a caminar, las piernas le fallaron y Kierkegaard se
desplomó en la calle.
¡Plaf!
Lo llevaron al hospital Frederik.
Murió a los 43 años el domingo 11 de noviembre de 1855 a las nueve de la noche.
En uno de sus dedos el
muerto triste tenía el anillo de compromiso, el emblema del amor. El anillo se conserva
hoy en el Museo de Copenhague, un fetiche danés que ahora es un emblema del
remordimiento.
Kierkegaard fue velado
en la Vor Frue Kirke, la Iglesia de
Nuestra Señora. Hacía frío en Copenhague, ese frío maldito y ese maligno viento
de noviembre. A pesar del frío y el
viento, la juventud espiritual de Copenhague de los círculos literarios llenó
la neoclásica catedral, para despedir al triste y gran escritor. Entre ellos estaba
su vecino, el escritor de cuentos infantiles, hijo de un proletario, el célebre
Hans Christian Andersen.
Tras la ceremonia en la iglesia, el coche fúnebre se dirigió al cementerio Assistens.
Un día caminé desde el
centro de Copenhague hasta el cementerio Assistens, el panteón danés. Visité la
tumba donde está enterrado el gran Kierkegaard,
el danés triste, hipocondriaco y melancólico.
Allí descansa también su
ex novia, Regine Olsen, que murió anciana en 1904 a los 82 años; murió sin
olvidar a su ex novio, su pasión de juventud.
Cementerio de grandes
escritores. Allí también está enterrado el otro gran escritor danés, su célebre
vecino, Hans Cristian Anderssen. Los rumores biográficos dicen que H. C. Andersen
también murió casto.
Y más al fondo del
cementerio, la tumba del poeta romántico, Michel Strunge, muerto a los 27 años
y de quien yo he traducido algunos de sus bellos poemas de amor juvenil.
Eso.
jueves, junio 23, 2022
ASESINA SERIAL EN COPENHAGUE. HORROR NÓRDICO. Presentación de Asesinato en Copenhague
Volé por primera vez a Suecia en un Boeing 747 de Air France.
Para volver a vivir. Después de años de dictadura, persecución y
escapularios del Opus Dei.
Era el verano del 78.
No sabía casi nada de Suecia. Tal vez un manojo de cosas obvias.
Sabía que había un rey, Carl Gustaf.
Sabía que había un famoso tenista, Björn Borg.
Sabía que había un cineasta, Ingmar Bergman.
Sabía de su película de inusitado erotismo, “Un verano con Mónica”,
creo que de 1953.
Poco más.
En Suecia había un invierno congelador. Frío, gris. Nevaba.
Fui a vivir a Malmö, una ciudad de 200 mil habitantes.
No sabía ni una palabra de sueco.
Cuando los escuché por primera vez, pensé que eran alienígenas, peculiares
como los japoneses.
En Malmö me
aburría los fines de semanas. La biblioteca cerrada. En esa época no había
terrazas en los restaurantes. Y mis queridos amigos suecos desaparecían de la
ciudad. A las 3 de la tarde del sábado estaba todo cerrado.
Y el frío. Y el maldito viento que olía a hierro.
Frío, viento y soledad, así se llamaría la novela. Fingir ser fuerte.
Nosotros, los sin familia, nos refugiábamos los sábados en el restaurante
Zorba, del amable griego
Jashar Alushi. El bueno de Jashar preparaba comida casera, sabrosa y abundante:
moussaka o stifado. Tenía un vino reguleque, pero a precio popular.
Un día, por invitación de una buena amiga, descubrí que lo mejor de Malmö era
la vecindad con Copenhague, la capital de Dinamarca. Subir al ferry y en 40
minutos llegar al centro de Copenhague, una de las ciudades más lindas del
mundo. Existía un largo paseo peatonal, la Strøget, un
hervidero de vida humana.
Pero. En el ferry mi amiga me contó que Copenhague tenía una leyenda
negra, una asesina serial llamada Dagmar Overbye.
Las danesas hoy son independientes en términos de igualdad de género. Pero
no siempre fue así. Hace 100 años la vida no era muy bonita para muchas mujeres
en Dinamarca. Tener un hijo fuera de matrimonio era, para muchas, una
maldición. Mi amiga me cuenta que la estricta sociedad luterana las condenaba socialmente.
Algunas mujeres, forzadas por el escarnio social, optaban por regalar sus bebés.
Ese fue el caso de Caroline Aagesen. En 1920 puso un aviso clasificado
en el periódico Aftenposten de Dinamarca. Ella tenía 21 años y buscaba una
familia dispuesta a adoptar a su bebé de dos meses. Dagmar Overbye respondió al
anuncio. Caroline llevó su bebé a un departamento en Copenhague en un cochecito
azul. Dagmar tomó a la pequeña niña en sus brazos.
—Qué bonita es —dijo.
Caroline dejó a su hija con la desconocida y se marchó.
Dagmar se sentó en el sofá con la guagua en su regazo y la besó. De
repente se dio cuenta de que la pequeña se orinó. La desvistió y la puso en el
cochecito encima del edredón, con la cara hacia abajo.
Dagmar decidió que la niña tenía que morir.
De un cajón, tomó una cuerda roma y la ató con fuerza alrededor del
cuello.
Al llegar a su casa Caroline Aagesen se arrepintió de haber abandonado
a su bebé con una desconocida. Su mala conciencia hizo que volviera al día
siguiente al departamento de Dagmar.
—Devuélveme la niña.
—No recuerdo la dirección de la familia a la que he entregado el bebé,
le dijo Dagmar.
La madre desesperada dio aviso a la policía. La policía visitó el
departamento y encontró la ropa de la niña, su cráneo y huesitos entre las
cenizas de la estufa, en realidad, un clásico calentador de mampostería escandinava, kakelugn.
Dagmar fue arrestada y confesó los monstruosos asesinatos de 16 bebés,
tal vez más, destripados como pescados.
Los diarios titularon la sangrienta noticia. El rostro sádico de
Dagmar horrorizó a las mujeres, a los niños.
Y la Caja de Pandora se abrió: 180
niños fueron reportados como desaparecidos.
Muchos no creyeron que Dagmar actuaba sola. Habría una maquinaria para
hacer desaparecer niños.
Mira qué terrible. Es cierto, duele. Sin sentido.
Un angustioso río de pena y terror moral corrió por los corazones daneses.
Parecía que Copenhague
se estaba yendo al infierno, al verdadero averno.
Los asesores
de susceptibilidad social quizá tuvieron mucho trabajo para calmar, consolar
y superar las amargas experiencias emocionales de la pequeña y cerrada sociedad
danesa.
Debe haber sido muy duro para los tres millones de daneses.
Como lo fue para mí cuando mi amiga me contó esta tétrica historia.
La maldita lunática homicida, la asesina de melena voluminosa, fue
condenada a muerte.
Vivió en prisión hasta que murió.
Creo que fue en 1929.
lunes, marzo 04, 2013
Anarquismo, Rebelión y Libertad en Dinamarca
domingo, junio 24, 2007
La noche es la madre del día. Stagnelius
Malmö, esa hermosa ciudad escandinava de viento infame, me adoptó, a comienzos de los años 80, con su calculado cariño y conjeturada frialdad. La ciudad de mi exilio que yo inicialmente abominaría, sin saber que lo que yo necesitaba era amor. Inicialmente no me divertía el viento frío y miraba con sospecha la amabilidad de su gente.En realidad nada me parecía compasivo.
Hasta que la ciudad me presentó a unas de sus hijas en la antigua taberna Två Krögare, en la calle Storgatan.
Pasan los años y pasan los años y ah cómo añoro esa cantina de barrio, llamada coloquialmente Bullen.
Y así la ciudad permitió que yo me entendiera con ella.
Un día la mujer me llevó a una jornada de copas por el largo bulevar cosmopolita de Copenhague. Y aprendí que lo aun mejor de Malmö es la vecindad con Copenhague, la luminosa capital de Dinamarca. De vuelta nos sentamos en uno de los bares del ferry que cruzaban el estrecho, y como un emparedado de pescado libado con cerveza, sabiendo que allá en la oscuridad se encuentra el mar helado y gris. Entonces, entendí, abrazado a esa sueca linda, que la vida me había dado una oportunidad (nueva).
Era ya imposible que yo no me entendiera con esa ciudad. No había vuelta atrás.
En eso pienso ahora cuando lectores del diario Expressen han elegido el mejor poema escrito en sueco. Se llama Amigo, en tiempo desolado y lo escribió el romántico de Stagnelius (1793-1823). Es un poema elegiaco, que nadie ha traducido al español, hasta donde yo se.
La noche es la madre del día (sánscrito div, es decir dios, es decir luz)
Amigo, en tiempos desolados
Amigo, en tiempo desolado, cuando tu alma se cubre de sombras
Cuando en hondo abismo, mueren memoria y sentido
La idea vacila entre sombras de formas y delirios,
El corazón no puede suspirar, y el ojo ya no llora;
Cuando cubierta de tinieblas tu alma cae en alas de fuego,
Y tú a la nada, con miedo, sientes bajar de nuevo,
Dime, ¿quién te salva entonces?- ¿Quién es el ángel amable,
Que tu alma ordena y da belleza otra vez,
Que construye de nuevo tu mundo derruido, restaura el Altar
caído, y enciende allí la llama con mano sagrada?
Sólo la esencia potente, que nace de la eterna noche
Besa de vida al serafín, despiertan a los soles a la danza.
Sólo la palabra sagrada, que gritó a los mundos: “Existe”
Y cuya viva energía a los mundos aún mueve.
Por eso, alégrate, oh amigo y canta en la oscura pena:
La noche es la madre del día, el Caos es el vecino de Dios
Si quieres leer el poema en sueco
La foto de Malmö es de mi hija, que nació en Malmö (por lo demás)
lunes, febrero 20, 2006
Excitación en lugar público, Henrik Nordbrandt
Tú eres mi amor y mi desesperación.
Tú eres mi cordura y mi locura.
Y eres todos los lugares donde no he estado
y que me llaman desde todos los rincones del mundo.
Tú eres estas seis líneas
a las que debo limitarme para no gritar
De Henrik Nordbrandt, Copenhague, 1945.
¿Que le ocurrió al poeta en Noviembre?
Escuchen:
2
"El año tiene 16 meses: noviembre
diciembre, enero, febrero, marzo, abril
mayo, junio, julio, agosto, septiembre
octubre, noviembre, noviembre, noviembre, noviembre."
O este otro poema excelso:
Amo
Amo a las chicas descaradas.
También amo la naturaleza.
Las chicas descaradas que desprecian la naturaleza
es posiblemente lo que más amo de todo.
Henrik Nordbrandt
El temblor de la mano en noviembre.
(traducción de Francisco Uriz)
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