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viernes, diciembre 19, 2025

BOLAÑO El Coraje del Cult-Pop. Bolaño tuvo algo que los cobardes y los acomodados siempre omiten: coraje. Utopista pragmático. La Nación, 2003

 


Artí­culo «Bolaño. El coraje del Cult-Pop» de Omar Pérez Santiago en el Utopista pragmático de La Nación, 2003. Ilustración: Palomo,

Los escritores chilenos Gonzalo Contreras y Camilo Marks, cada uno a su manera, manifestaron su sorpresa por la avalancha de loas y flores a Bolaño después de su muerte. Sin mencionar a nadie en particular (forma oblicua de debatir), Contreras escribió: «Estoy sorprendido por la tumultuosa corte de admiradores que tení­a en Chile». Marks dijo: «Muchos elogios sobre Bolaño me parecen poco sinceros». Por otro lado, Jaime Collyer escribió un bilioso guión de cortometraje sobre un hí­gado que se convierte en objeto de culto luego que no alcanzó a ser transplantado en un escritor latinoamericano. Como si estos escritores estuvieran autorizados por alguien superior, o como si ellos fueran lo polí­ticamente correcto, sospecharon de los que consideraron a Bolaño una verdadera leyenda, o como una estrella de rock que vive rápido, muere joven.
Efectivamente, el lunes 14 de julio ocurrió algo muy preciso: la muerte de Bolaño en el hospital Vall D’Hebron de Barcelona. Y eso, de uno u otro modo, no dejó a nadie indiferente en Chile. Las llamadas telefónicas se activaron, los computadores se encendieron y los correos electrónicos se desplazaron en el ciberespacio. No era raro. Bolaño ya se habí­a metido en el Canon Literario Latinoamericano sin pedir permiso a nadie. Nunca dijo: «Perdón, señores, ¿puedo entrar?». Sin que nadie se diera cuenta ya estaba sentado y separando la grasa de la carne. Bolaño escribí­a sobre la única hermandad que conocí­a, la cofradí­a literaria. Y para esa corporación, el tema primordial es quien define el canon, la composición de la pirámide. Ese es el tema de La literatura nazi en América (1996), en los cuentos Llamadas telefónicas (1997). Esa es la materia de la novela Nocturno en Chile (que él querí­a titular Tormentas de mierda), una visión implacable del crí­tico chileno mercurial y pinochetista. La novela Estrella distante (1996) habla sobre un poeta que después del golpe militar en Chile se dedica a escribir poemas (frases bí­blicas) con humo de avión en el cielo. Los jóvenes poetas es el tema también de la novela Los detectives salvajes (1998). En fin, Bolaño habla sobre las fobias, los sueños y los desatinos de los escritores. (Y, la miseria, la miseria cruel de un escritor en dictadura). Está en la cocina literaria. Todas las sectas tienen sus rituales de iniciación y sus códigos. Son los temas de la credibilidad, de la inserción, de la aceptación en la pirámide literaria. Bolaño explora los secretos, las bondades y las miserias del oficio. El rol de la critica, de los premios, de la polí­tica y las becas, de los modernos «mecenas», de los profes universitarios remolones, y de los funcionarios y aditivos de la literatura: los «aborrecibles» lectores de las editoriales, los poetas voluntariosos, los escritores fracasados.

Es decir, las técnicas de cómo constituirse en eso que los periodistas cursis llaman una «personalidad». O sea, las bondades, los secretillos y las miserias de la casta literaria. En fin, historias de escritores "con o sin talento” pero poseí­dos por la literatura.

Obviamente, este es un tema que les interesa a los nuevos, a los que vienen de abajo, a los excomulgados, a los resentidos y a los marginales (y, créanme, en paí­ses injustos como los nuestros, son muchos), pues la obra de Bolaño puede leerse como manual o diccionario literario. Y también como represalia, o venganza, para qué vamos a andar con cosas. Por eso. Por eso los jóvenes lo leen y lo leerán en el futuro. Pero, además, Bolaño se convertirá, con el tiempo, en un escritor en que otras cofradí­as "artí­sticas, profesionales o polí­ticas” lo descubrirán y lo leerán como metáforas de cómo funciona su mutualidad. Su estilo Cult-Pop,refinado, pero sin miedo a la cultura popular, será un estilo muy de moda.

Al revés, la literatura de Bolaño no es para anquilosados o satisfechos, con razones o no. Ni para escritores viejos, en decadencia o no. Por ejemplo, dos escritores vejetes, Enrique Lafourcade y Luis Sánchez Latorre (Filebo), escribieron, a la muerte de Bolaño, que no le habí­an leí­do y que seguramente no le leerán ya. «Confieso no haber leí­do nada de Roberto Bolaño» (Lafourcade). «No creo que deba dar excusas públicas por no haber leí­do a Roberto Bolaño» (Filebo). ¿Ven? No le han leí­do nada ni le leerán ya, pero igual metieron la cuchara.
Bolaño pertenece a esa estupenda raza de jóvenes (nunca reconocidos, o mal reconocidos, es decir, estigmatizados) que un dí­a, idealistas o tontos, qué más da, estuvieron dispuestos a luchar con y por Salvador Allende. La historia es la siguiente: el dí­a del golpe militar de Pinochet, digamos un 11 de septiembre, Bolaño viví­a en el paradero 20 de la Gran Avenida del sur de Santiago, en la casa del joven poeta Jaime Quezada. Entre el invierno de 1971 y el verano de 1972 Quezada visitó Solentiname de Ernesto Cardenal (Un viaje por Solentiname, 1987). Luego viajó a México y allí­ vivió con la familia Bolaño, que habí­a llegado a México en 1968. La familia Bolaño era originariamente de Los Ángeles, la tierra natal de Quezada. Roberto Bolaño era un chaval introvertido y que se pasaba el dí­a encerrado y leyendo. Influenciado por la visita del joven poeta Bolaño se viene a Chile en los meses antes del golpe. Aquí­ se aloja en la casa de Quezada. En su cuento Buba (de Putas asesinas), como en sueños, recuerda cuando caminaba por el Llano Subercaseaux para ver la estatua del Che, que estaba entonces en la Gran Avenida.

Un dí­a, un dí­a aciago, Jaime Quezada lo despierta:
Roberto, han dado un golpe los militares.
¿Dónde están las armas?, que yo me voy a luchar.
No salgas, no vayas, ¿qué le voy a decir a tu mamá si te pasa algo? 
(según contó Bolaño en una entrevista con Rodrigo Pinto y según me confirma ahora el propio Quezada).
Bolaño salió no más a buscar células de resistencia. Le dijeron que el general Carlos Prats vení­a con tropas leales del sur a defender a Allende. Ya lo sabemos, no era verdad, y los lí­deres de la Unidad Popular llaman a replegarse, o, lo que es lo mismo, a esconderse. En Los Ángeles, su zona originaria, en una estación de buses, lo detienen por sospecha. Lo llevan a una comisarí­a. El teniente de carabineros lo ve como un terrorista extranjero pues Bolaño aún hablaba con acento mexicano. Eso podí­a ser mortal en el mundo enfermo que viví­an los milicos. Luego lo enví­an a una comisarí­a de Investigaciones. Como relata en el cuento Detectives (de Llamadas telefónicas), tuvo la buena raja de encontrarse con dos compañeros de curso que ahora eran tiras y que lo ayudaron a salir. Menos literarias, pero quizás más reales, hay otras gestiones que también habrí­an ayudado; son las de su madre, desde México, y del joven Quezada en Chile.

Bolaño le dio vida literaria a esa generación que rondaba los veinte años cuando murió Allende, esa generación como dijo Bolaño al recibir el premio Rómulo Gallegos de militantes que se llenaron de historias ”heroicas o desastrosas” en todo el continente americano. El escritor dijo también Bolaño es un guerrero que siempre lucha, aunque sea, al final, derrotado. Bolaño se convirtió entonces en un verdadero escritor de exilio. Vivió a la intemperie, en la desprotección, pero siempre buscando rehacerse, como tantos latinoamericanos desamparados y errantes, como putas honradas que viven entre la corrupción, la violencia, la innegable inmundicia y, modestamente, pasan hambre, verdadera hambre.

No es raro, entonces, que Roberto Bolaño deseara un funeral con algo de ceremonia vikinga, en que se prende fuego a la embarcación con el difunto adentro. Los vikingos en esas barcazas (drakkar) navegaban dí­as y noches frí­as y oscuras. A veces, el cielo era tan cerrado que no se guiaban por las estrellas, sino por el instinto y la destreza. En esas condiciones, los vikingos no sabí­an, no podí­an saber lo que era el miedo.

Bolaño tuvo algo que los cobardes y los acomodados siempre omiten: coraje.


jueves, noviembre 19, 2009

Larsson y discovery channel

Termino de leer “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, el tercer libro de la trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson.
L. ha escrito una trilogía adictiva.
Qué duda cabe.
Tan adictiva como son los documentales del Discovery Channel, que anuncian con meses sus programas sobre una conspiración argentina, o la conspiración de los libros gnósticos de la Biblia, o el reportaje sobre un hombre árbol, o el niño del cerro El Plomo. Entertainment.
Son adictivas las conspiraciones. Y parece que está de moda canalizar nuestras paranoias en novelones.

domingo, marzo 18, 2007

Roberto Bolaño conquistó Suecia en una semana

Bastó sólo una semana para que la traducción del libro Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, De vilda detektiverna, fundara un hito literario en Suecia.

Los críticos literarios de los principales diarios del país y también de los diarios regionales consideran de forma unánime una pieza maestra a Los detectives salvajes..

Mats Gellerfeld en el Svenska Dagblet ha escrito: “Lo magistral de la novela de Bolaño es justamente esto: es el dolor que dan las derrotas en la vida, es una canción a la alegría y al lenguaje, a las esperanzas que nunca se cumplieron, pero que sin embargo pueden ser una luz para comenzar el próximo día. Es muy temprano para el fin del año literario sueco, pero yo podría apostar algunos pesos que este libro se constituirá en la más importante traducción del año. Los detectives salvajes es simplemente una obra maestra, un lujo para cada lector. Además dura bastante.”

Por su parte, Anders Paulrud en el Aftonbladet ha afirmado: “En el libro está la mayoría de lo que es ser latinoamericano en el exilio, sobre la amistad, el sexo, las drogas y el dinero, que a veces huele y a veces no.”

“Los detectives salvajes. Una bomba Latinoamericana” titula su artículo Gabriella Hakansson, el diario más importante de Suecia, Dagens Nyheter. Y afirma:

“No es ninguna exageración decir que este es el gran evento literario del año. (…) El genio de Bolaño está en que con su estilo influenciado por el beat, ha recreado una embriagadora sensación de cercanía con la vida.”El libro fue traducido por Lena E. Heyman y editado por Tranan, una pequeña editorial sueca.

Sobre Bolaño lee aquí

Ver Jorgeletralia

viernes, septiembre 30, 2005

Bolaño en la Plaza


Hoy he pasado por la Plaza de la Constitución y le eché una mirada a Chile en 100 miradas, una exposición colectiva de fotografías. Recomendable.

Sor Úrsula Suárez La primera escritora chilena. Por Braulio Arenas. Revista Qué Pasa de julio de 1976.

  composición dé su "Historia" conviene señalar, en lugar destacado, la autobiografía de una monja del convento de Santa Clara de ...