El Placer de llorar.
La novela sentimental ocupa un lugar espléndido en las
cifras de ventas de todo el mundo. Está a la cabecera de las listas de
best-seller. El fenómeno es extenso. Ocurre, hasta donde sabemos, en Estados
Unidos, Europa y América Latina. Es la llamada revolución sentimental. Una
recuperación de la nostalgia, de un tiempo donde el bien y el mal estaban nítidamente
separados y donde la mirada social demarcaba perfectamente las identidades, las
conductas y la cordura.
Las novelas rosas revalorizan los sentimientos. Esto puede
explicar el éxito enorme en el mercado literario de novelas del tipo Como agua de
Chocolate de Laura Esquivel y La edad de la inocencia de Edith Wharton.
En esa línea se ubica la novela Los puentes de Madison
County, de Robert J. Walter. Se vendieron millones de ejemplares. El libro se mantuvo
más de un año y medio las listas de best-sellers de la New York Review of
Books. En ella Robert Waller, un fotógrafo y escritor, vuelve a vertebrar la
sentimentalidad. La novela se hunde en
una moral que compensa una sociedad puritana más cerca de los años 50.
En el fondo, la novela Los Puentes de Madison, como todas
las novelas rosas, defiende la familia en esta época de Sida y drogas, como un
lugar donde la chica se realiza finalmente y el amor (el amante) como esa
trampa donde ella sueña una vida distinta a la rutinaria vida marital. La difícil
opción es entre los niños y el adulterio.
Optar por los niños sin olvidar la pasión, la convierte en
una santa.
La lacrimosa película de Clint Eastwood y la Meryl Streep
está basada en esta novela. Mi abuela, que no era tonta, decía que las buenas películas
eran las que hacían llorar a mares. "Qué buena película, me lo pasé
llorando”. Es parte del encanto. Y esta película, como Lo que el viento se llevó,
es un ejemplo.
Se recomienda, entonces, el libro Los puentes de Madison a
los que les gusta soñar y llorar por causa del amor imposible, ese amor que nos
hace sentir que todo pudo haber sido distinto, "pero, no quise, opté por
los niños". Y a aquellos que ya vieron la película y que les gusta hacer comparaciones
en la reunión social diciendo que “la película es mejor que el libro" o
viceversa.

