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domingo, agosto 09, 2009

El añejo debate sobre la narrativa latinoamericana


Inverosímil.
Estamos en el año 2009.
Y sin embargo, el escritor venezolano Gustavo Guerrero, consejero de Gallimard, aún discute en un empalagoso artículo titulado Critica del panorama en Letras Libres, el exotismo del realismo mágico o el izquierdismo de la revolución cubana, como fenómenos literarios que habrían sido, según él, paradigmáticos y predominantes (metarrelatos o “panoramas” los llama él).

A consecuencia de eso, sostiene Guerrero, la literatura latinoamericana no existe más y, también sostiene Guerrero, la flacuchenta tesina de que ahora la literatura latinoamericana es un producto disímil, difícil de enmarcar en una estética particular, y que se encuentra más bien en la línea de la posmodernidad.
Sorprende lo antigualla.
Añejo, pues eso ya lo representó inicialmente desde la Zona de Contacto de El Mercurio el chileno Alberto Fuguet y su segundo abordo, Sergio Gómez, en los primeros años 90. Esas movidas publicitarias colocaron, finalmente, un solo tema en debate. El asunto del posicionamiento del escritor en el mercado, la desesperación del reconocimiento, las ganas de convertirse en un negocio, el deseo de respetabilidad literaria. Es decir, el tedio y la complacencia en el hoyo, en el culo del mundo. En realidad ningún tema literario.
Y, vaya cómo ha pasado el tiempo desde entonces.
Mas, parece que, a pesar de la tinta que corrió debajo de los puentes, ese facilismo alucina aún a Guerrero. Gustavo Guerrero revive el asunto del Mcondo y su réplica mexicana del Crack para argumentar que la actual narrativa latinoamericana es un híbrido.
Pero a Gustavo Guerrero lo atajó bien y fácil otro Gustavo, el peruano Gustavo Faverón Patriu, en un artículo llamado justamente Sobre un artículo de Gustavo Guerrero.
Sostiene Faverón, con razón, que han habido líneas estéticas muy diversas y poderosas en América, y no sólo el realismo mágico. Argumento cierto y fácil, muy fácil de probar.
Además, sostiene Faverón, que la corriente del realismo mágico, no es sólo latinoamericana. Está en la obra de Rushdie o Morrison o Mahfuz o el último Mulisch. Yo podría agregar que ya estaba presente en varios otros buenos y ya antiguos escritores escandinavos como los premios nóbeles, Laxness y Lagerlöf. Asimismo, eso se reproduce en los nuevos escritores como el islandés Gudbergur Bergsson, el danés Peter Høeg o el noruego Kjartan Flögstad, y su realismo ártico.
Guerrero afirma que el desconocimiento y la geografía provocan la balcanización de las letras latinoamericanas y una dificultad para conocer lo que ocurre en nuestros países. Y así afirma: “siempre se consigue más información sobre América Latina en Europa o en Estados Unidos que en la propia América Latina.”
El neófito no se entera como van las literaturas nacionales. Mas, es difícil de creer que le ocurra a un escritor activo. Peor aún, es difícil de aceptar que para enterarse de literaturas latinoamericanas, uno debería viajar a Europa. (Al parecer, un editor en Europa, que camina de su departamento a su trabajo, necesita simplificaciones)
Voy a poner el ejemplo chileno, país que más conozco, porque viajo por nuestras ciudades y por que me relaciono con escritores y hablo con ellos. Y no sólo hablo, también a veces, ceno y bebo con ellos. Y, para hacerla corta, mi conclusión es que una de las corrientes más fuertes es el nuevo realismo.
Lo ha dicho también en un excelente artículo el escritor chileno Iván Quezada, a raíz de la lectura de las novelas Fumador y otros Relatos, de Marcelo Lillo; Las Manos al Fuego, de José Gai; y Los que sobran, de Mario Silva: “Además, creo yo, surge de una necesidad colectiva por volver a compartir valores como la historia, la intuición, la conciencia omnisciente del escritor y el arte con sentido.”
Es la misma línea está el escritor mapuche Javier Milanca y su realismo chungo o Jorge Marchant Lazcano. Y una de las figuras indiscutibles de la nueva literatura latinoamericana es el chileno Roberto Bolaño, cuyo “panorama” es un ambicioso realismo cult-pop.
Esa nueva narrativa realista responde a la gramática de la post globalización.
Retoma realidades latinoamericanas fuertes, en ambientes de desecho, en esos suburbios de las ciudades, en la frontera de lo legal, lo duro y lo bizarro. Se admite aquí que vivimos entre la fragilidad y la violencia, en un presente desolador: catastrófico en términos de equidad y justicia social, siniestra en materia de respeto a los derechos humanos y apocalípticos para la salud ecológica del planeta. Es una literatura que fortalece un nuevo círculo para presentar una realidad muy chunga, de mala calidad, difícil y peliaguda que dejó el paso de la globalización en América Latina.

viernes, marzo 06, 2009

Historias Bellacas, gramática de la post globalización

Omar Pérez Santiago y Javier Milanca, Feria del Libro La Serena, Febrero 2009


Historias Bellacas de Javier Milanca (n. 1970) son cuentos de la post globalización. Es decir, de la decepción.

Son 19 cuentos de seres fantasmales pero vitales, sitiados en la resaca de un barrio de provincia, en el relegamiento femenino, en la precariedad laboral, en la vida de frustraciones, de pesadez, de lentitud y de la inmovilidad social y sin redes sociales que dejó el paso de la globalización.


Lo central del libro es, entonces, el desamparo en la provincia de perjudicado folklore. Una suerte de crónicas fragmentadas amargosas y picantes sobre la espiral de la violencia, el alcohol, la miseria, la soledad, los mata gatos callejeros, el odio racial al inmigrante, la pobreza, la discordia y los prejuicios. Las calles polvorientas de los suburbios, los escombros que la tele no quiere mostrar. Desengaño o cesantía, prostitutas, y el navajazo en la puerta de una discoteca camorrista. Todo tan real.

Los cuentos de Javier Milanca fortalecen una nueva corriente de Realismo Chungo, que repropone los temas de la identidad en nuestras vagas sociedades populares y villanas, sociedades con débil conciencia de sí.

Mcondo y el Crack

Milanca de algún modo ayuda a cerrar y abrir círculos en los que la literatura latinoamericana se ha estado dando de cabezazos, desde que la corriente de Mcondo surgió en Chile con Alberto Fuguet y desde El Manifiesto del Crack mexicano en 1996, que aspiraban a escribir sobre temas internacionales, que interesarían al mundo desarrollado.

La mercadotecnia y los editores asumieron literaturas oficiosas, con formatos codificados, reelaborados, parodiados del pop y los medios de comunicación y para consumo de las masas. Literatura sin nación, sin ubicación geográfica y con intentos de ser o creerse (da lo mismo) globalizada.

Roberto Bolaño y los inútiles correteos de grupo

Y mientras el efecto de promoción y marketing del Mcondo y del Crack funcionaba en el mercadillo, en el año 1999 Roberto Bolaño gana el premio Rómulo Gallegos, con su obra Los Detectives Salvajes. Y esto produjo un temblor de tierra grado 7 y afectó a los autores de Mcondo y del Crack mexicano. Hoy Roberto Bolaño es considerado como uno de los mejores escritores, demostrándoles a los de Mcondo o a los del Crack, que en la literatura, como en muchos otros ámbitos de la vida, las carreras son individuales y nunca de cuadrilla o de tropel

Propuesta de Realismo Chungo

Y ahora aparecen los cuentos de Javier Milanca.
Está claro entonces que Javier Milanca no repite ni a los de Mcondo ni menos a los del Crack. Tiene una propuesta estética peculiar, distinguible, y se observa en él una voluntad por forjar un estilo, una voz propia consistente y, también está claro, retoma realidades latinoamericanas fuertes, en ambientes de desecho, sobre personajes populares, en esos suburbios de las ciudades, en la frontera de lo legal, lo duro y lo bizarro. Se admite aquí que vivimos entre la fragilidad y la violencia, en un presente desolador: catastrófico en términos de equidad y justicia social, siniestra en materia de respeto a los derechos humanos y apocalípticos para la salud ecológica del planeta.

Milanca fortalece un nuevo círculo para presentar una realidad muy chunga, de mala calidad, difícil y enrevesada que dejó el paso de la globalización en nuestros pueblos.
Abre, además, un diálogo creativo, una convocatoria sobre la necesidad de reflexionar críticamente y que genere discusiones, sobre el desencanto y la indiferencia o cinismo que dejó en los pueblos la post globalización.

Narrativa Mapuche

Dicen que Javier Milanca significa mixtura de oro y plata en mapuzugún. No estoy seguro. Sé, sin embargo, que Milanca guarda raíces mapuches y está aportando a la narrativa etnocultural. Tiene origen e identidad dual. Esto puede incomodar, pero es una señal de los tiempos que vivimos, un signo de que la literatura latinoamericana la harán de modo más frecuentes, escritores con identidades duales, pertenecientes a más de una tradición a la vez, con una cosmogonía étnica en busca del proceso de construcción de una diversidad cultural más digna, más justa y más consecuente. Amén.


lunes, octubre 13, 2008

Realismo Chungo según Javier Milanca

En Los Vilos el bus enfila hacia la cordillera de Lo Andes. Yo sólo espero una subida algo empinada pero constante hacia la sierra. Pero al llegar a Limáhuida debo pararme en el bus al subir la cuesta de Cavilolén de 10 kilómetros de largo, una de las más empinadas y más curvilínea que yo tenga recuerdo. La vista es cinerámica con los cerros y al fondo una cordillera galante. Y luego de esa subida espectacular y sorprendente, llegamos al Valle de Choapa y a la ciudad de Illapel, una ciudad isleña que parece vivir con otro ritmo y con otro movimiento.

Me ingreso en el hotel y voy a almorzar al frente, en el Maderos restobar. En el interior cuelgan unos cuadros de Manuel Alfredo Soto, unas imágenes de iluminación diaguita y cisura de cómics. Luego de comer vuelvo a cruzar e ingreso a la peluquería donde me dejo cortar el pelo por una morena afable. Así de simple y así de cordial transcurre este sábado en Illapel. La Plaza de Armas se ve algo descuidada y sus antiguos y elegantes faros de bronce han sido suplidos por feas y numerosas bombillas de feria. En una esquina hay, en cambio, una nueva casa de la cultura que podría enorgullecer a cualquier ciudad del mundo, donde se presentará el libro de Javier Milanca, Historias Bellacas. En el salón hay bastante gente, entre ellos la batería de escritores y escritoras de la zona.

Historias bellacas son cuentos sin grietas. Se nota desde el inicio que Javier se divierte escribiendo, no como otros que escriben para aburrirse. Son 19 cuentos cortos, concentrados, que hablan de seres algo perdidos, pero vitales. El narrador está concentrado en dos cosas. Las damas y los bares. Mujeres de todo tipo y estirpe, algunas reconocibles, circulan por los cuentos como, por ejemplo, Susy la meretriz, la Caracolera cubana, la bella de Cartagena, la inefable Juanita Chávez, la rubia de los barrios bajos, Scarlette, Betzabé la hija del pastor y la inolvidable Camboyana.

“La Susy no tiene en la memoria la cantidad de abortos que ha hecho y se ha hecho. Entre la cumbia de sus piernas pasó el amor fugaz y la pasión parrandera. Durmió de día y vaciló de noche.”
Y sobre la Camboyana cuenta como quedó después de unas fiestas:
“No encontró nunca sus calzones en el desbarajuste de soldadesca en que quedó convertida la casa después de la fiesta y tuvo que irse a capela, protegida sólo por la reciedumbre de un jeans que el raspaba como lija nueva”

Y otro tema preferido del libro son la historias de bar, como el primer cuento del libro “La noche sin voz” sobre un señor llamado Tiburcio Cañas, un borracho muerto caminando.

“Se le ocurrió sorprenderlos, apareciendo de sopetón y cantando La Joya del Pacífico con su canto lloradito. Saltó con su gracia saltimbanqui y entonó con todos sus pulmones ¡Eres un arco iris de múltiples colores…!”

Pero nadie lo sintió, ni siquiera lo miraron. Fue el Flaco Morales el que habló:

“El primer tema va a ser un homenaje a nuestro amigo cantante que está en otro mundo: Tiburcio Cañas”

De un carácter esperpéntico es el cuento El Ojo. Sobre un ojo que apareció dentro de una vaso.

Hay algo del retrato afectivo de personajes populares del escritor Osvaldo Soriano, sus narraciones sobre gentes tan entusiastas como perdedores. Hay en los cuento de Milanca una visión desgarrada, con humor, ternura, horror, desenfado verbal y léxico escatológico y cuyo tema central es el desamparo en el que mezcla temas de provincia y del folklore genuino y profundo. Una suerte de crónicas fragmentadas algo amargas, picantes y divertidas de gente y costumbres que el autor conoce bien y que recuerdan las influencias del premio Nóbel español, José Camilo Cela.

En el libro alguien dice que “a falta de París, siempre tendremos Illapel”. Me entusiasman estos cuentos pues los valen y son un verdadero aporte. Es sorprendente que en Illapel se escriba de un modo que pueda compararse a la mejor literatura nueva latinoamericana. Lo digo muy en serio. Los cuentos de Javier Milanca fortalece una nueva corriente que yo llamo Realismo Chungo, que propone los temas de la identidad en nuestras difusas sociedades populares y villanas, con logrado humor y punzante ironía.

Milanca de algún modo viene a cerrar y abrir círculos en los que la literatura se ha estado dando vueltas como la corriente de Mcondo que surgió en Chile con Alberto Fuguet y la corriente del Crack mexicano que surgió en 1996 con El manifiesto de Jorge Volpi, Ignacio Padilla y otros. Literaturas oficiosas, con formatos codificados, reelaborados, parodiados del pop y los medios de comunicación y con unas ganas de ser entendidos por las metrópolis. Literatura sin nación, sin ubicación geográfica y con intentos de ser o creerse globalizada.
Milanca retoma realidades latinoamericanas fuertes, en ambientes de desecho, sobre personajes populares reconocibles en cualquier lugar de América latina, en esos suburbios de las ciudades, en la frontera de lo legal y lo bizarro, amantes de las madrugadas y secuaces de la noche. No es casualidad, quizás, que estos cuentos de Milanca aparezcan en el mismo momento en que se produce el crack del 2008, la caída mundial del capitalismo del desastre, como lo llamó Noami Klein. Milanca abre un nuevo círculo para presentar una realidad no presente en los medios de comunicación, realidad muy chunga, de mala calidad, difícil y enrevesada, que dejó el paso de la globalización.

La presentación del libro de Javier Milanca continuó en el Maderos restobar, donde yo ya había almorzado, con una tertulia con escritores y escritoras, una verdadera colmena illapelina telúrica, en esta ciudad isleña que para salir hay que volver a subir hasta la punta de la montaña.

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