martes, noviembre 06, 2012

Gabriela Mistral, valiente mujer resentida con Chile “Me sentí sola” "De nuevo hay un muro a mi espalda"



Una mañana de marzo de 1960 los niños ven pasar a Gabriel Mistral en su urna

Los escritores la habían retirado del Mausoleo de Profesores del Cementerio General  de Santiago para llevarla en su último viaje hacia Montegrande, en el Valle de Elqui, del Norte chico de Chile. Los poetas iban a cumplir  el deseo de Gabriela Mistral de descansar en Montegrande.
El féretro pasó por el corazón de la capital de Santiago hacia la plaza Ercilla, y los niños de colegio, formaron calle con el corazón recogido. Era la maestra poeta, envuelta en la bandera de la patria, que viajaba para bajar a la tierra humilde y soleada de Montegrande. 
Regresaba al reducto que ella más amaba y donde ella había formado todos sus valores. Su núcleo mítico eran las montañas de Montegrande y el silencio tenaz de sus hombres y mujeres. 
Allí, en una colina, luego de emocionados discursos,  quedaría abandonada por largos años.
En 1922 se fue a México: Tenía sus razones. Gabriela Mistral tenía fuertes razones para irse de Chile y ya no volver más. Y entonces en Chile ella fue borrada. Funcionó la moledora del olvido. Ninguno de sus libros se publicó en Chile. (Desolación, Nueva York, 1922; Ternura, Madrid, 1924 y Tala, Buenos Aires, 1938). Y en Chile sólo se le recordará por sus poemas escolares. Nada de sus ideas indigenistas, feministas, pedagógicas, religiosas, ecológicas.
La brutal chilensis moledora del olvido.
Un día preciso de 1954 vuelve a Chile. Tiene ya 65 años. Había dado ya vueltas el mundo varias veces. Tiene diabetes y una afección cardiaca. Pero se le ve altiva cuando el día 4 de septiembre la motonave “Santa María” cruza la frontera marítima y llega a Arica. El barco venía gobernado por un conde ruso, el capitán Vladimir Zernin.
Arica estaba abanderada. Los pescadores habían adornado sus botes y se subieron a la motonave.
En Antofagasta el pueblo sale a recibirla también en toda la ciudad, cuando la barca recala en el puerto.
Cuando pasa frente a Iquique sufre ella una descompensación. Le colocaron cataplasmas en los pies y hielo en la cabeza.
El lunes 6 amanece y se detiene en la caleta de Barquito, vecina de Chañaral. A dos cuadras del barco se ven las hileras de niños y niñas escolares saludando a la poeta.
Y por la tarde la motonave siguió su barco hacia el sur.
El Santa María ancla en el puerto de Coquimbo.
Aquí en Coquimbo, su tierra, ella se comporta de modo muy diferente. Aquí le salen las espinas desde su piel.
-No quiero ceremonias, ni discursos, ni niños en las calles.
Baja a su tierra y se dirige al oriente de la ciudad. Llega al cementerio de La Serena. Camina hasta la calle número tres  y se enfrenta con un mausoleo que dice “Tumba de la familia de Gabriela Mistral”. 
Allí están los restos de su media hermana Emelina Molina viuda de Barraza (1869- 1939) y su sobrina Graciela Amalia Barraza Molina. Y allí están los restos de su madre Petronila Alcayaga de Godoy (1845-1929). 
Gracias en este día y en todos los días por la capacidad que me diste de recoger la belleza de la tierra, como un agua que se recoge con los labios, y también por la riqueza de dolor que puedo llevar en la hondura de mi corazón sin morir. Para creer que me oyes he bajado los párpados y arrojo de mí la mañana, pensando que a esta hora tú tienes la tarde sobre ti. Y para decirte lo demás, que se quiebra en las palabras, voy quedándome en silencio...”
Más tarde llega a Valparaíso. Los habitantes de la ciudad de Valparaíso se desbordan desde los cerros. Miles de niños y luego otros miles canteaban el camino del tren que la llevó a Santiago. El pueblo de la capital también se agolpó en la estación para recibirla.
Fue en 1954 cuando Gabriela Mistral es instituida como monumento oficial. Las autoridades la pusieron en el lugar que a ellos más les convenía: el rol de estatua.
Un escritor o una escritora, da lo mismo el género, es tratado en Chile de dos modos:  primero, no existe y luego es un blasón. Primero, no se le reconoce, es un extranjero y cuando el escritor por sus méritos ha logrado un reconocimiento, entonces es una efigie improductiva.
Pero.
Gabriela Mistral  tenía 65 años  y ya se cansaba fácil, pero su núcleo mítico inicial, que condiciona su visión del mundo, está intacto y ella no se va a quedar callada.
Ella es la misma pedregosa que sale de Montegrande, la única diferencia es que ella, la nómada, la viajera (“en el 2000 se señalará como un albino a aquel que no lleva en el cuerpo el olor de sus cuatro Continentes”)  ha adquirido trucos y oficios.
Gabriela Mistral venía clara, venía lúcida.
Ya se había realizado.
Ya era lo que sería cuando joven.
Mistral recordó a los periodistas aquel momento en que alguien –un miserable-  le solicitó abandonar la dirección del Liceo de Niñas Nº 6.
Postuló y ganó el puesto prestigioso de directora del Liceo, pero ciertas fuerzas poderosas le reprocharon su falta de estudios profesionales: 
"Aquello me dolió profundamente, y me sentí inmensamente sola". 
Además, les recordó cuando a ella, siendo niña, en la escuela la trataron de ladrona.
En el Salón de Honor de la Universidad de Chile, mientras recibe el Doctor Honoris Causa, en presencia  del Presidente de la República, Carlos Ibáñez del Campo, Gabriela Mistral  recuerda la necesidad de la Reforma Agraria.
Los problemas de Chile eran sus campesinos, eran sus obreros, era la gente sencilla.
La patria es un concepto político, es una unidad. No quería ella entregar u obviar el concepto patria, pues de ese modo se le regala el derecho a decidir por todos nosotros a la oligarquía endogámica, auto reproducida.
En la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, les dice a las mujeres que lean dos poemas de Lagar: "La desasida" y "La abandonada".
Esto dice en parte "La desasida":
 "Y yo decía como ebria:
 ¡Patria mía, Patria, la Patria!
(&)/ Pude no volver y he vuelto.
 De nuevo hay muro a mi espalda,
 y he de oír y responder
 y, voceando pregones,
 ser otra vez buhonera.”
Gabriela Mistral está obviamente resentida y quiere cobrar.
Pero no es el resentimiento de  la simple mala leche.
Es el resentimiento de la rockera empelotada con la estrechez de corazón.
Es el sentimiento de rockera, rasposa agitadora de consciencia. 
“Ahora no voy a aguantar”. 
Es la ojeriza que existe en la barricada.
Es la animosidad contestataria, rebelde, sediciosa.
Es la falta de cordura de la rockera.
Sí.
Me late que el año 1954  estábamos entrando en otro planeta. El  rock nació ese mismo año de 1954. “Rock Around The Clock” de Bill Halley. Tres meses después, el 5 de julio de 1954, un chofer de camioneta de 19 años de edad, un tal Elvis Presley, entró  a un pequeño estudio de grabación en Memphis a realizar una canción épica inaugural,  That's All Right Mama. Ese año de 1954 nacía el rock con un sonido de acordes y ferocidad, fruto de un descontento social.
Qué curioso. Ese año de 1954, Nicanor Parra publica Poemas y antipoemas, el lenguaje de la tierra.
Nicanor Parra, otro rockero. 1954.
El rock y Nicanor Parra y dos hechos fácticos,  puros y simples, una canción y un libro,  marcaron a toda mi generación, durante los siguientes cincuenta años.
Nos hicimos viejos con el rock y con Parra. Y por supuesto, con la presencia inmanente de Gabriela Mistral, que también está hecha de rocas, rocas de la montaña.
En el camino, durante ese viaje de 1954, Gabriela Mistral, como vieja rockera, no se quedó callada.
Cuando un periodista le pregunta cual lugar le ha gustado más de todos los que ha visitado en su largo viajar, ella dice: 
“Montegrande.”
Cuando ella piensa en que se ocuparán sus derechos de autor, cuando ella ya no esté,  ella deja testamentado:
 “se los lego a los niños pobres del pueblo de Montegrande, Valle de Elqui, Chile.”
Son sus años humildes en los que ella piensa, son sus años en Montegrande. Es la gente del Valle: 
 “casta sobria en el comer, austera en el vestir, democrática por costumbre mejor que por idea política”

En septiembre de 1954 visita el Valle de Elqui y desde allá le envió el siguiente telegrama al Presidente Carlos Ibáñez del Campo: 
“Vuestra Excelencia ofrecióme solicitarle algo en favor de mi valle de Elqui. Deseo que Vos. Excmo. Señor, que en anterior Gobierno unisteis Serena con Vicuña con camino carretero, completéis esa obra monumental que perpetuará vuestro nombre, ordenando su inmediata pavimentación. Respetuosa y afectuosamente, vuestra elquina. Gabriela Mistral”.
Los derechos de autor de Gabriela Mistral nunca llegaron a los niños de Montegrande. Y hay gente con poder que  han dado vergüenza más de una vez por este tema.
La ley de propiedad intelectual, 17.336 de 1970  estipulaba que el plazo de protección de las obras intelectuales sería durante toda la vida del autor más treinta años luego de su muerte. Esto significa que, a la fecha de la publicación de esa ley, la obra de la poetisa pasó al dominio público el año 1987, treinta años luego de su muerte. 
Los habitantes de Pisco Elqui, de Paihuano y Montegrande, esparcidos en el Valle del Elqui, unidos por delgados hilos de agua, las montañas secas y un cielo siempre despejado, están siendo sobre explotados por grandes empresas. Las cooperativas han dado paso a la centralización del capital y, por lo tanto, a un molesto desequilibrio de poder. 
Las laderas de las montañas que encajonan el verde del valle, están siendo súper explotados y las grandes destilerías generan problemas sociales, ambientales y políticos.
La eliminación de humedales han sido reemplazados con parras. El uso de fertilizantes y pesticidas provocan en sus habitantes molestias físicas, enfermedades, e incluso casos recientes de malformaciones congénitas. La mayor parte de la población del Valle del Elqui trabaja como temporero en la uva y se ha convertido en un  trabajo precario. La gente del Valle  se ha empobrecido.
Gabriela Mistral era piedra, era roca inspirada. 
Sobria como su terruño. 
Seca y sólida. 
Ciudadana y demócrata. 
Y no está en el pasado. 
Está muy presente.
La estatua en que algunos hombres la pusieron se está bajando de su pedestal y ya empezó a caminar.

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