miércoles, marzo 25, 2009

Escritora fogosa


Termino de leer este buen libro con la convicción de que tiene un solo gap.

Fuego es el tercer volumen de la serie “Diario amoroso” de Anaïs Nin, continuación de Henry y June e Incesto.

En Fuego, desde diciembre de 1934 hasta el 3 de marzo de 1937, entre París y Nueva York, Anaïs Nin establece relaciones paralelas (por llamarlas de algún modo) con:
su esposo, el bueno de Hugh Parker Guilem (1898-1985),
con el escritor Henry Miller (1891-1980),
el doctor sicoanalista austriaco, Otto Rank (1884-1939) y
el artista peruano, Gonzalo Moré (1897-1966).

Anaïs Nin –que se enamora de modo expedito y le dedica entera dedicación a sus amores- relata las pequeñas trampas, los pequeños engaños para ver a un amante y para ver enseguida a otro, y, a menudo, acostarse con uno y enseguida con el otro. Formas de evitar pequeñas tragedias, los celos y las posesiones, los sadismos y los masoquismos.

“Tres vidas. Tres hogares. Tres amores. ¿Es que no puedo dejar que nada muera, no puedo desprenderme de lo anterior, no puedo soportar la separación, los finales, la muerte, el paso del amor? O ¿es que mis amores son eternos e intensos, que la transformación de mis sentimientos.”

En ese aspecto el libro se lee como una novela –aunque a veces se desestabiliza- de una buena chica escritora, -bien hembra, por supuesto-que surge y sale bien. Uno busca o espera ver a la narradora en esos paquetes sentimentales sin los que ella no puede vivir. Está bien editada como una novela sobre la inmediatez, que fortalece el lenguaje que parece vivo.

Y son morbosas sus reflexiones sobre como olvida a uno, mientras está acostada con otro y como NO olvida a otro, mientras está con uno.

“Deseo, deseo que Gonzalo pudiera penetrar en mi seno como hizo Henry, y permaneciera allí, oscuramente, dentro de mi carne”

Es interesante además la discusión sobre el valor artístico de un diario de vida versus una novela. La posmodernidad volvió autobiográficas las novelas y eso a nosotros nos parece muy normal ahora (brumosos límites de la ficción y la realidad, no separación del arte pop y arte fino, juego lúdico con el pasado y el futuro) . En la época de Nin, el tema se debatía pacientemente, como ella misma lo relata en el libro:

“Henry Miller volvió a decirme que creía que yo debía dejar de escribir el diario y escribir una novela.
No me siento natural fuera del diario. El diario es mi forma. No tengo objetividad. Sólo puedo escribir mientras las cosas están calientes, mientras están sucediendo. Cuando escribo más tarde me vuelvo artificiosa. Estilizo. No soy natural. He combatido bastante mi neurosis. Ya no soy neurótica. Sé lo que soy. Soy como los chicos. Escribiré libritos al margen del diario. Vivir intensamente y producir un solo poema. Me siento bien conmigo misma. He de perfeccionar lo que es natural.
-Si lo miras desde esa perspectiva tan elevada, no tengo nada que decir- dice Henry y añade: El diario es una droga, un narcótico”

En ese sentido, el libro no sólo es apto para erotómanos, sino especialmente para escritores erotómanos

La story, para volver al primer párrafo, tiene un solo gap. Y es éste:
El libro está escrito en primera persona. La escritora relata lo que a ella le pasa, o como ella se inventa y reinventa amores.
Pero, no cuenta o no sabe, o no le interesa saber ni contar, lo que sus amantes realmente piensan de ella.
Esa es la brecha.

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