lunes, octubre 10, 2011

La poesía de Tomás Tranströmer y sus vínculos con escritores chilenos

Artes y Letras. El Mercurio, domingo 9 de octubre de 2011. SEMBLANZA | Premio Nobel de Literatura 2011 
El gran público no conoce al poeta Tomás Tranströmer. Pero el reciente Nobel tiene finos enlaces con escritores chilenos y latinoamericanos a través de una lírica que remite a la naturaleza y el misterio. "Hay más que Stieg Larsson en la literatura sueca", señala el escritor chileno Omar Pérez Santiago, quien se vinculó con el premiado en Suecia.  



Omar Pérez Santiago 
El año 1987, en un pequeño bar del barrio viejo de Malmö, Tomás Tranströmer inauguraba los días de la poesía que organizaba cada año su amigo y compañero de generación Lasse Söderberg. Yo había sido alertado por algunos de mis amigos escritores de la llamada "Pandilla de Malmö" sobre la "irrelevancia" de Tranströmer. Pero esa noche el poeta sueco se levantó, y desde un rincón del lugar leyó con seguridad y con el acento de Estocolmo uno de sus más famosos poemas: "Los recuerdos me miran". Se hizo un silencio. Supe de inmediato que estaba frente a un poeta admirable.
Sentados casualmente cerca, intercambiamos palabras. Tranströmer tenía entonces 56 años, y era amistoso, sencillo y cálido. "Su poesía tiene cierta afinidad con Jorge Teillier, un poeta chileno", le comenté. Me pareció que el poeta del paraíso perdido tenía algo del poeta de la naturaleza mística: la apelación a la memoria. Tranströmer me sorprende, y me responde que la escritora Sun Axelsson (1935-2011) le había hablado mucho de Teillier.
Misterio y naturaleza
Tomás Tranströmer tenía 23 años cuando publicó su primer libro, "17 poemas" ("17 dikter"), en 1954. Con habilidad técnica, expuso los temas que lo acompañarían por la vida: el misterio y la naturaleza. Como en este poema, "Tormenta", escrito en estrofa sáfica:
De pronto el viajero halla el viejo
gran roble, como un alce de piedra,
ancha copa en el cenizo fortín del
mar de septiembre.
Tormenta del norte. Tiempo de serbas
Maduras. Despierto en la noche él oye
Las constelaciones estampadas
sobre el roble
La crítica lo aplaude y la fama de "poeta de la metáfora" le llega de inmediato. Tranströmer era entonces parte de la corriente sueca de surrealismo tardío, entre los que se hallaban dos conocidos de Chile: Lasse Söderberg y Sun Axelsson. Eran redactores de una revista literaria, y cosmopolitas; viajan a París, se vinculan con las migajas del surrealismo y conocen a Octavio Paz. Luego traducen a Neruda, a Paz y a otros latinoamericanos al sueco.
Un día, a finales de la década de 1950, apareció Nicanor Parra, y en una fiesta de escritores se enamoró de Sun Axelsson. Ella viaja a Chile en 1960, trabaja un año en la Universidad de Chile, y se convierte en amiga de Neruda, Teillier, Lihn y Edwards. Sun Axelsson traduce a Teillier y lo invita alguna vez a visitar Suecia. Dicen que Teillier se arrepintió a último minuto.
En los años 80 se articuló un activo grupo de jóvenes escritores latinoamericanos en Suecia. El poeta uruguayo Roberto Mascaró con el poeta tucumano Mario Romero (1943-1998) traducen a Tranströmer, y lo publican en una antología de poetas suecos en 1985, "La nueva poesía sueca". El poeta chileno Sergio Badilla ronda también a Tranströmer, y se deja influenciar por él. El argentino Cristian Kupchik hace sus avances, y publica unos cuadernillos.
Después de los años 70, Tranströmer pudo vivir de su poesía. Se torna popular en Suecia y conocido internacionalmente. Vive de manera intensa como poeta y escribe algunos de sus mejores y más populares poemas: "Los recuerdos me miran" (1983)
Tan cerca, que los escucho respirar
A pesar que el trino de las aves es estridente.
También "Arcos romanos", de 1988:
Un ángel sin semblante me envolvió
Y me susurró a través de todo el cuerpo:
"No te avergüences de ser persona, ¡sé orgulloso!
Dentro de ti se abre cúpula tras cúpula infinitamente
Tú nunca estarás completo, y así es como debe ser.
Versos premonitorios
Tranströmer no hace caso a la migraña que lo persigue desde niño, y en noviembre de 1990, a los 59 años, sufre una hemiplejia que le produce afasia y le paraliza parte de su lado derecho. Al comienzo, el poeta no se preocupa mucho. Su capacidad intelectual no había sido afectada. El habla y los movimientos en la mano derecha volverían, pensó.
Pero después del tiempo de rehabilitación llegó a la convicción de que sería difícil -si no imposible- tener de vuelta la capacidad de hablar. El movimiento de su mano derecha estaba definitivamente perdido, y queda inmóvil, pegada en su pecho como un ala.
Curiosamente, en 1969 había escrito un poema llamado "Concierto de la mano izquierda", que termina así:
El trabajo de la mano izquierda llega en fragmentos.
O brilla como un arco iris
¿Qué hace mi mano izquierda, la del corazón?
Mi mano toca alto
La música y su capacidad de tocar el piano con la mano izquierda lo rescataron nuevamente de la oscuridad. Su mujer, Mónica, se convirtió en su voz y su secretaria. Tranströmer puede contestar sí o no, y usa gestos y mímica, pero es Mónica quien interpreta. Lograron publicar dos poemarios más, "Góndola Fúnebre" (1996) y "El gran enigma" ( 2004), un libro con sus famosos haikus o poemas breves.
El sol está bajo.
Nuestras sombras son largas.
Ya somos sombras.
Tranströmer, con una gran dignidad, ha seguido participando de festivales de poesía. Pertenece a la categoría de poetas silentes, sin pretensiones de poner su vida por delante. Se ha ganado sus seguidores, desde el inicio, con sus poemas, que unen la naturaleza con el misterio. Más que su vida, sus experiencias. Es una poesía con ciertos rasgos oscuros, y que tiene influencias de T.S. Eliot, Dylan Thomas y Rilke.
"Mi vida. Cuando pienso en esas palabras veo ante mí una línea de luz. Mirada de cerca, esa luz tiene la forma de un cometa con su cabeza y su cola. La parte más luminosa, la cabeza, es la infancia y el crecimiento. El núcleo, la parte más concentrada, es la más primera infancia donde se determinan las más importantes características de nuestra vida. Yo intento recordar, yo intento ingresar allí. Pero es difícil intentar moverse en esas regiones tan tupidas, se siente como si yo pudiera estar cerca de la muerte. Más atrás se adelgaza el cometa- es la parte más larga, la cola. Se hace más y más dispersa, pero también más ancha. Yo estoy muy afuera de la cola del cometa, tengo 60 años cuando yo escribo esto", escribió en 1993.
¿Ícono nacional?
Total unidad sobre el ícono nacional no existe en Suecia. Hay escritores a los que les fastidia el título de "poeta nacional" y la idea de subirlo a un pedestal, sin mostrar sus contradicciones y debilidades.
Durante los años 60, Tranströmer no se adaptó a la corriente predominante de la poesía social y mantuvo un silencioso exilio interior. Lo acusaron de burgués y soberbio. Que escribía salmos para la clase media, que le daba la espalda a la sociedad y que su sistema poético era convencional.
Poetas más recientes, como Kristian Lundberg, fundador de la Pandilla de Malmö, en los años 80, afirma que fue amenazado de muerte cuando en una reseña escribió que los libros de Tranströmer demostraban la carencia de valentía del mercado del libro sueco. Y en días recientes escribió provocativamente: "¿Merece el Premio Nobel? No. ¿Merece él una clase de premio popular? Evidente".
Aún así, Tranströmer ha entrado con todo los méritos a la gloria de los Nobel. El lector descubrirá que hay más que Stieg Larsson y sus novelas policiales en la literatura sueca.
Hace 10 años, Omar Lara editó el libro "Góndola Fúnebre", de Tranströmer, con traducciones de Roberto Mascaró. Una tarde fui al bar El Perseguidor del barrio Bellavista de Santiago a la presentación del libro. Roberto me dijo: "lee un poema de Tranströmer, que a mí no me gusta mucho leer en público". Leí una de sus traducciones:
Soñé que llegaba tarde el primer día de clases.
Todos en el salón llevaban máscaras blancas
sobre el rostro.
Imposible decir quién era el maestro.
"Es el mejor de nuestra generación, y significa mucho para nosotros", señaló, en cambio, su viejo amigo Lasse Söderberg. Es la generación del 50 que hoy abre botellas de champán.
Los poemas de Tranströmer sobre la fugacidad de la vida -el Memento mori, la finitud, la vida pasajera- son lúcidos, serenos, tensos y auténticos. La capacidad de hablar con sus recuerdos, sus propios cementerios, es una canción envolvente para los que ya no están. Está dicho: Tranströmer no escribe sobre la muerte. Escribe sobre los muertos. Recordar es un tributo a nuestros propios muertos y revela la importancia fantasmal que ellos tienen en nuestras vidas.

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