lunes, mayo 04, 2026

La tarde en que la uruguaya Ema Risso Platero de 28 años visitó a Gabriela Mistral en Petrópolis, Brasil: "Pensé en una montaña, en un valle, en un río."

Ema Risso Platero

Ema Risso Platero nació en Montevideo en 1915, y murió en París, en 1981. Fue una escritora y diplomática uruguaya. También incursionó en la actuación y en las artes plásticas.

TARDES CON GABRIELA MISTRAL

Ema Risso Platero

Publicado en Los Anales de Buenos Aires nr 3 de 1946.

Una tarde de verano de 1943, en la Academia de Letras de Río de Janeiro, discutían varios escritores. Ya entonces el continente reclamaba el premio Nobel de literatura para la querida y admirada poetisa de América. Aunque todos reconocíamos que el talento de Gabriela Mistral merecía tal honor, recuerdo que yo protesté con enérgica vehemencia, explicando que Gabriela no reclamaría nunca los merecidos laureles. Sólo el tiempo pudo lentamente arrebatarle su obra, pronto difundida de tal modo, que Gabriela no supo ya luchar contra una reputación literaria que ella jamás buscó. No sé qué métodos persuasivos empleé, utilizando mi mejor portugués, pero creo que convencía a estos venerables señores pues, al poco rato, aprobaban plenamente mi manera de pensar.

Han transcurrido mil días, castigando mis recuerdos, mis esperanzas, mis arrepentimientos.

Hoy, por primera vez, manos sudamericanas han recibido los gloriosos laureles. La majestuosa silueta avanzó con su rostro grave y sereno. Gabriela —montaña, valle y río— agradecía modesta y naturalmente al anciano rey Gustavo "en nombre de todas las mujeres de América”.

En un tibio atardecer de verano, llegué a Petrópolis, la hermosa ciudad de las flores que albergó las horas más felices del emperador Pedro II, último monarca de América, el hombre culto que consiguió abolir la esclavitud en el Brasil y que mantuvo estrechas relaciones de amistad con los grandes espíritus de su época, Pasteur, Charcot, Lamartine, Víctor Hugo, Wagner, Nietzsche ... Yo iba a visitar a la admirada escritora, llevando mis pocos méritos y mis innumerables inquietudes.

En una amplia avenida de la ciudad de las hortensias se encuentra la casa de Gabriela Mistral. El gobierno de Chile le ha concedido el privilegio de poder llevar al lugar que desee el consulado de su país.

Después de haber llamado y esperado en vano alguna señal, decidí empujar la puerta del jardín que sin duda no tuvo nunca cerrojos, lo que me invitó a franquear también la de la casa. Desde entonces, ya me pareció natural y hasta necesario internarme en el silencio y comencé la ascensión de una crujiente e ignorada escalera como si no hubiera hecho otra cosa en mi vida. Recién en el primer piso apareció una sonriente muchacha a quien inmediatamente regalé la preparada frase destinada a la autora de "Desolación”. La joven me miró asombrada diciéndome que la dueña de casa tenía cincuenta y tres años. Yo no lo ignoraba; sin embargo, desde que me encontré en su casa y aún antes de verla, sentí que todo estaba tan misteriosamente ligado a su presencia, que ésta podía ocultarse en cien metamorfosis que no habían de extrañarme. Cruzamos cinco, seis puertas y me encontré delante de una extraña belleza poseedora de los más suntuosos ojos verdes que he visto jamás. Estuve a punto de convertirla también en Gabriela, pero mi acompañante, amante de la verdad, se apresuró en presentármela con un nombre de complicada ortografía. Era una famosa actriz del primer teatro de Varsovia, que la guerra había desplazado hasta el lejano Brasil.

Gabriela la albergaba en su casa; a ella acuden escritores y artistas ávidos de consejo. Incontables en el corredor, me habían hecho tropezar los gruesos baúles de Falconetti.

Inadvertidamente, al fin, se abrió otra puerta, formando marco a la silueta inconfundible.

Pensé en una montaña, en un valle, en un río.

Me agradecía Gabriela que yo hubiera tenido "la fineza de subir a verme” (en Petrópolis se dice: bajar a Río). Olvidé enteramente el tan pensado discurso. Su voz, milagrosamente dulce, repetía las palabras de bienvenida, mientras yo, absorta, la contemplaba. Era un paisaje luminoso, un canto sin fin, a veces un lamento.

Conversamos largamente en tono ceremonioso y confidencial. Ella había ido a Petrópolis "siguiendo la mirada portuguesa”, pues había vivido mucho tiempo en Portugal. El suave carácter de los portugueses no chocaba a su timidez.

—¿Usted no es tímida? —me preguntó imprevisiblemente.

—Creo que no —respondí avergonzada.
Declinaba la tarde del caluroso día. Las sombras invadían la estancia, una ventana empezó a golpear reclamando preparativos para la noche. Movida por no sé qué mandato, me levanté.
—¿Mañana a las cuatro? —dijo Gabriela.
Esa fórmula se repitió y al correr de las tardes me despedí al tácito acuerdo de la inexorable ventana.
Habla Gabriela y su voz de agua me explica cómo adoptó su seudónimo, Mistral, en recuerdo del poeta provenzal laureado en 1904 junto con Echegaray con el premio Nobel de literatura (Gabriela vivió mucho tiempo en Provenza y ama a Francia muy especialmente). Y me cuenta del verde color del valle de Elqui, de Vicuña, la pequeña ciudad del norte de Chile que vio nacer a Lucila Godoy Alcayaga, de los años en que fue maestra, de la alegría de las rondas de niños.
En el cuarto vecino se escucha el teclear incesante de una máquina de escribir. Una hija del barón de Río Branco está traduciendo un extenso trabajo sobre Santos Dumont. Entra un apuesto muchacho, un sobrino que llama cariñosamente "mamá” a su tía Gabriela y que poco después murió en trágicas circunstancias. Un perro lacio y taciturno pasea tristemente sus inexplicables orejas. Una sirvienta obesa y familiar deposita sobre un banquillo la bandeja con el "cha”.
El azar de la conversación trae los nombres de la amistad o de la admiración: Valéry, Claudel, Supervielle, Juana de Ibarbourou, Victoria Ocampo, Manuel Bandeira, Claudio de Souza, la última persona que vio vivo a Stefan Zweig, cuyos restos descansan en Petrópolis. Y me dice Gabriela su amor por la tierra, en la que ha sumergido sus manos. Y la enseñanza de los largos viajes.
Hay, sin embargo, en el Brasil un lugar donde le gustaría "terminar sus días”. Es la isla de Paquetá, una de las islas más exóticamente bellas del mundo, que pocos días después visité y que tampoco hubiera querido dejar. Isla donde el dinero es casi desconocido, la sonrisa la única ley, y cuyas flores desprenden al atardecer misteriosas notas musicales que toda la noche, incansablemente y por doquier, repiten felices los negros habitantes.
Una tarde me habló Gabriela de la Biblia, de la muerte, de extraños presentimientos y de inexplicables coincidencias. Caía sobre Petrópolis una de esas imprevistas y persistentes lluvias que lo anegaban todo y que al interrumpirse no dejaban rastros.
Prematuramente oscurecía. Las palmas de Gabriela expresaban un extraño dolor.
De pronto "vi” dibujarse claramente en una pantalla luminosa, nítidas, las palabras de Gabriela. Se perseguían las letras, formando palabras, frases, páginas. En ese momento mi pensamiento se sintió bruscamente ocupado en colocar comas, puntos, punto y coma . .. No sé cuánto tiempo duró el extraño sortilegio, no sé cuántas páginas se esparcieron en el espacio. El cuarto estaba ya completamente oscuro. Las palabras se perseguían luminosas y vibrantes, materializadas, visibles.
Al irme quedó Gabriela inmóvil y muda, olvidada totalmente mi presencia. No me atreví a interrumpir su diálogo con extrañas fuerzas para mí ignoradas. Salí en una atmósfera de sueño, cerrando sin ruido la puerta.
Había cesado la lluvia. Ávida de realidad respiré el olor de la tierra húmeda, nerviosamente lastimé mis dedos en la corteza de un árbol.
Hoy, mudo, mi recuerdo se prolonga desde este lejano Buenos Aires. Mis manos reposan, reflexivas, sobre la inmerecida dedicatoria de un libro.
El viento llama, insistentemente, a la ventana de mi cuarto.
¿Es verdadero el episodio de la última tarde en Petrópolis? Tal vez no. Por lo pronto, cuenta con demasiados antecedentes en la buena literatura: las vocales de algún soneto de Rimbaud, la selva oscura del Infierno, dove il sol tace, la luz tácita de Virgilio. . . Así es, tal vez he mentido, ¿pero cómo trasmitir la impresión que causa Gabriela Mistral, sin esa inocente metáfora?


NORAH BORGES

domingo, mayo 03, 2026

La cárcel del preso político Tzinacán del artista Horacio Zavala, sobre el cuento de Jorge Luis Borges, La escritura de Dios

Anteproyecto para Tzinacán de Horacio Zavala (Buenos Aires, 1943) destacado artista conceptual y arquitecto argentino. Proyecto arquitectónico de una cárcel inspirada en el cuento La escritura de Dios (1949) de Jorge Luis Borges:
La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; este, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.

 

¿Reconfiguración del mundo? La autenticidad del arte en Chile

Ilustración de Luis Martínez Solorza

 Publicado en Revista Off The Record, mayo de 2026

Trump intenta reír en la tele después del atentado en Washington en la breve cena de corresponsales, donde sobró el trago. Trump ríe como si hubiese tomado una navaja y se cortara las comisuras de los labios. Lastimera risa sin humor. Carajo. Con ese mismo rictus, Trump atiza una guerra que nos afecta a todos.

Ya lo había dicho Tucídides. El clásico choque de egos en el balance de poder, el ascenso de Atenas sobre Esparta provocó la larga guerra del Peloponeso.  Cuando una potencia emergente le pisa los talones a una dominante, hay cruenta guerra.

Trump ríe sin humor, como un comediante de stand-up de cuarta categoría. Cringe. Pero, detrás de las cortinas de la Casa Blanca asoma el verdadero elenco: gigantes tecnológicos supremacistas. Bélicos y ambiciosos. No buscan únicamente dominar mercados: aspiran a aplanar culturas, erosionar identidades. Su proyecto es reconfigurar el poder global con algoritmos opacos. Manipularnos como androides, a ti y mí, con los datos de la inteligencia artificial.


LOCA GEOGRAFÍA

Nací en Chile, una tierra maravillosa y temblorosa,  con las emociones que despierta su loca geografía. Desde niño todas las mañanas me estremeció el corazón, ver nuestra cordillera, o el asombro al llegar al océano Pacífico. La materialidad. En nuestras ciudades florece el arte chileno. Teatros, cines, anfiteatros, música, esculturas, murales, bibliotecas, librerías, centros culturales; incluso el metro, con sus muros intervenidos, forma parte de ese entramado vivo. No es un lujo: es una expresión esencial de lo que somos, que nace del alma.

En mi adolescencia marcaron mi juventud las canciones de la Nueva Ola: Cecilia, la incomparable y Patricio Manns y su Arriba en la Cordillera. Luego fueron las canciones de la Nueva canción chilena, la Plegaria del Labrador de Víctor Jara. Me llegaban al corazón. Le dieron sentido a mi vida. La mirada interior.

Hace años, con unos amigos instalamos las esculturas del comic en el parque el Llano de la Gran Avenida: Condorito, Mampato, Pepe  Antártico y Von Pilsener, nuestras caricaturas tradicionales chilenas. Nuestros arquetipos, nuestra mitología nacional. Aunque no fue fácil. Significó una ardua batalla cultural con fuerzas conservadoras.

Es la diversidad del espíritu de Chile: una energía emocional que permite que nuestras diferencias no sean abismos; crea un impulso de pertenencia, un vínculo metapolítico que, más allá de nuestras divisiones, nos reúne como comunidad.


NEUROESTÉTICA

Las investigaciones recientes en neuroestética confirman que el arte no es un lujo abstracto: es una experiencia tangible: moldea nuestro cerebro, fortalece comunidades, influye en empresas y atraviesa todas las etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez. Incide en la educación, la salud y la asistencia social. La conciencia se construye con otros, a través de rituales, vínculos, música y palabras compartidas.

Entonces.

Frente al acoso global, hay una respuesta chilena: afirmarnos en nuestra identidad, con el arte como instrumento. Escritores, poetas, pintores, músicos y cineastas articulan esa fuerza. La creatividad brota de la cohesión social, de la voluntad compartida y el espíritu de colaboración. Impulsa el desarrollo económico y científico, así como la estabilidad institucional y política. De ese proceso emerge un círculo virtuoso intergeneracional: una dinámica de renovación que fortalece el pensamiento crítico y encuentra su mayor riqueza en entornos multiculturales.


ISLANDIA

Les pongo por ejemplo Islandia. Es el país más pequeño de Escandinavia, pero es el más grande en cultura, según los estudios del profesor Njörður Sigurjónsson. ¿Por qué? Porque en Islandia la cultura está al servicio de la soberanía y la independencia. Islandia es uno de los países que porcentualmente más invierte en cultura.


NUEVA  AUTENTICIDAD

Observen. En las artes globales hay una tendencia hacia la autenticidad. La metaficción posmoderna que nos sorprendió en los años 80—sostenida en el juego de citas e intertextos— ha perdido impulso, desarmándose como un castillo de naipes. Hay una exigencia más urgente: decir algo propio, una nueva sinceridad, de corazón a corazón.

Combate la comercialización excesiva y la superficialidad que dominan espacios culturales, amplificados por las redes y la lógica del influencer. Frente a ese ruido, la autenticidad propone otra búsqueda: la de una voz singular, una verdad interior, una conexión emocional.

La autenticidad no es espontánea ni improvisada. Exige años, disciplina y formación. Se construye lentamente, a través del aprendizaje, la práctica sostenida y la disposición al riesgo. Ser auténtico implica ensayar, equivocarse, insistir. Es un acto de valentía, sí, pero también de imaginación, sensibilidad y apertura a experiencias intensas —fantasía, sensualidad, placer, incluso incomodidad.

Las artes requieren reflexión, diversidad de miradas y una voluntad persistente de explorar lo incierto. Quiero decir que no se sostienen solo en el talento individual, sino en algo más profundo: hábitos culturales que se transmiten, se arraigan y, con el tiempo, configuran nuestra forma de ser.

En ese marco, lo que está en juego no es únicamente la aparición de artistas destacados, sino la solidez de ciertos patrones: tradiciones vivas, prácticas compartidas, lenguajes que se heredan y se transforman. Es allí donde nuestra cultura encuentra no solo lo que es, sino también lo que puede llegar a ser.


PARALISIS

Pero Chile ha perdido el rumbo.

Amigas y amigos, lo digo con preocupación: el arte en Chile está estancado. No sabe dónde ir. No tiene dinámica. Es desigual y precario. Existe una brecha de género —con menores ingresos y reconocimiento para mujeres. Hay desigualdad en el acceso a espacios de difusión. El éxito llega a una pequeña minoría, normalmente hereditarias. Hay poca meritocracia.

Entonces, ¿cómo mejorar la autenticidad y  el dinamismo del arte?

Permítanme tres ideas.


REDUCIR IMPUESTOS, MEJORAR LAS ESCUELAS Y PREMIAR A LOS MEJORES

El artista chileno se sostiene principalmente por su familia y sus amigos. No por el mercado ni los fondos del Estado. Entonces, hay que permitir que los artistas reciban donaciones de su familia y amigos para sus exposiciones, estudios de posgrado, publicaciones o residencias artísticas. Es indispensable mejorar la ley Valdés de donaciones culturales de tal modo que ese donante reciba el beneficio tributario. No solo las corporaciones deben tener el derecho de bajar impuestos. También las familias y los amigos de los artistas que los apoyan. Eso dinamizará el mundo del arte.

Segundo, invertir en las escuelas públicas. ¿Qué tal si construimos pequeños teatros en todas las escuelas públicas de Chile? ¿Qué tal si esos teatros los dirigen jóvenes profesionales del arte, como poetas, dramaturgos, músicos?

Tercero, el Estado debe premiar a los creadores de libros editados y publicados, a los espectáculos teatrales o exposiciones ya montados, las películas entrenadas. Los artistas deben competir con obras realizadas. También lo premios deben favorecer a las empresas editoriales y productoras, emprendedores que han tomado el riesgo.

¿Cómo financiar esos premios? Con los actuales recursos de los fondos concursables, que no generan dinamismo y son un fracaso. Postulan cerca de 14 mil de “proyectos” o “ideas” cada año. Año tras año, como Evento Canónico. Geniales sueños, quizás. Pero son bellas ilusiones simples y abstractas, “valorados” por evaluadores incógnitos. Pues sí, evaluadores anónimos, clandestinos o encubiertos, pero financiados por el Estado.  ¿No les parece un chiste? No hay un país en el mundo donde pasa algo tan ocurrente. Si reclamas, te dejan en visto. De los 14 mil proyectos sólo se financian el 16 por ciento, según el Observatorio de Políticas Culturales. Más de 11 mil de esas “grandes ideas” van a la basura.

(Por favor. No les cuenten esto al “Club de Evaluadores Anónimos”. Se ponen tristes como los semáforos bajo la lluvia. A veces son mala onda y no soportan la crítica. Capaz que me stalkeen y funen. LMA, laughing my ass off, me parto de risa.)


UNA ROSA ES UNA ROSA ES UNA ROSA

Hoy, en medio de la incertidumbre global, el orgullo chileno puede generar un devenir creativo. Nuevos y fecundos novelistas, músicos, poetas, pintores, cineastas, se esfuerzan por hacerla vibrar con creatividad y pensamiento independiente.

Para que así la rosa de la belleza nunca muera.                  

viernes, mayo 01, 2026

¡Despierten, jóvenes de la nueva era! ¡Enfrenten con decisión a los mercenarios ignorantes! William Blake


 «¡Despierten, jóvenes de la nueva era! ¡Enfrenten con decisión  a los mercenarios ignorantes! Porque tenemos mercenarios en el ejército, en la corte y en la universidad: quienes, si pudieran, rebajarían para siempre la mente y prolongarían la guerra material.»

La cita original proviene de la obra Milton: A Poem (c. 1804–1810), uno de los textos proféticos de William Blake,  en inglés es:

“Awake, young men of the new age! Set your foreheads against the ignorant hirelings! For we have hirelings in the camp, the court, and the university: who would, if they could, forever depress mental and prolong corporeal war.”



La tarde en que la uruguaya Ema Risso Platero de 28 años visitó a Gabriela Mistral en Petrópolis, Brasil: "Pensé en una montaña, en un valle, en un río."

Ema Risso Platero Ema Risso Platero nació en Montevideo en 1915, y murió en París, en 1981. Fue una escritora y diplomática uruguaya. Tambié...