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viernes, febrero 27, 2026

Oh Sole Mío. Qué día de emociones.

 

Héctor Gallardo Mackenzie


La primera vez que visité las ruinas de Pompeya  fue a mitad de los años 80. Lo hice con el que fue mi suegro, Héctor Gallardo Mackenzie, un gran hombre, muy alegre y fanático de la historia. 
Cuando salimos de las ruinas de Pompeya, veníamos sorprendidos por la tremenda experiencia de ver ese pueblo que fue devastado en el siglo I, año 79 d.C, por el Vesubio.

Entramos a una trattoria al lado de la Villa de los Misterios de Pompeya. Pedimos unas sabrosas pastas italianas con mariscos, specialitates de Fruit de Mer. 

Un plato exquisito.

Alguien tocaba en el piano la música de la popular canción napolitana: Oh Sole Mío

Qué cosa bonita. Qué grato ambiente. Qué día de emociones.

De pronto, una delgada y joven japonesa que estaba comiendo al fondo del restaurant, se levantó y empezó a cantar Oh Sole Mio, 

Che bella cosa, na jurnata'e'sole

N'aria serena doppo na tempesta

Oh. Su voz espléndida  llenó la trattoria de auténtica nostalgia napolitana.

Noto que mi suegro se emociona mucho. 

Y de pronto ella la japonesa llega  al estribillo:

Ma n'atu sole cchiu' bello, oi ne''O sole mio sta nfronte a te'O sole o sole mio

A Héctor se le caen unas lágrimas de emoción al plato de pasta.

También me emocioné yo.  

También lloro.

Esa mezcla de intensa melancolía y alegría.

Qué inolvidable día de emociones...

"Te estoy agradecido, ¿sabes? Quería decírtelo." Para Tess Gallagher de Raymond Carver.

  Para Tess En el Estrecho, el agua está agitada, como dicen aquí. Está bravo, y me alegro de no estar ahí. Me alegro de haber pescado ...