jueves, diciembre 01, 2005

El Juez Guzmán y las gallinas

En la última Feria del libro de Santiago estaba el Juez Juan Guzmán Tapia (nacido en 1939 en la República de El Salvador), firmando su libro En el borde del mundo. Memorias del juez que procesó a Pinochet, que fui impulsado a comprar.

El Juez Guzmán resume en los primeros capítulos del libro sus días juveniles, con un estilo poético y de ideas, no narrativo. No es raro. Es su ADN. Su padre (“mi sol”) es Juan Guzmán Cruchaga, poeta y Premio Nacional de Literatura (“Alma, no me digas nada, / que para tu voz dormida / ya está mi puerta cerrada”). Guzmán Cruchaga era diplomático y estuvo destinado en El Salvador, Colombia, California, Venezuela, Argentina. Así el Juez Guzmán creció cosmopolita.

El Juez Guzmán tiene giros meritorios. Como cuando trabajó de receptor judicial y notificaba embargos a familias endeudadas. “Es una obscenidad embargar los bienes de gente que nada posee.” Era una obscenidad hace 35 y no hemos hecho nada. Aún hoy es una impudicia.
Aunque al Juez Guzmán se le pasan algunos lugares comunes (“lengua de Moliére”, “lengua de Shakespeare”), la obra se lee fácil y de modo pedagógico.

Uno de los temas preferido de un joven Guzmán es la frase de Mateo “Bienaventurados los pobres de espíritu por que de ellos es el renio de los cielos.” Son bienaventurados por que pueden vivir sin honores, sin vanidad y sin las cosas materiales, fuera de la suficiencia, la envidia y la codicia.

Las memorias del Juez Guzmán son un efugio para relatar lo que le parece cardinal en su vida y con lo que meritoriamente entrará a la historia: el año 1998 se hizo cargo de examinar una querella presentada contra Pinochet. El centro del libro es el juicio al dictador chileno Augusto Pinochet.

La labor fue una cruz en un sistema judicial que –como él mismo lo dice- estaba invadido de ambiciosazos, intrigantes, discriminatorios, gallinas, soberbios, gruñones y timoratos, todo lo contrario de los pobres de espíritu que el Juez Guzmán admiraba.
Al final, fue censurado por esos superiores y presionado por oscuros intermediarios políticos. El juez Guzmán juzgó a Pinochet. Pero los fácticos lo salvaron de la condena, invocando informes médicos.

Así, el juez Guzmán hizo su periplo y se convirtió él mismo en un subversivo y en un bienaventurado. No llegaría a la Corte Suprema y no tendría honores oficiales al retirarse del poder judicial. No lo necesitaba. Pasará a la historia como un hombre honesto y veraz. Un bienaventurado.

Me crispa que el Juez Guzmán sea una excepción entre los jueces chilenos.
Los magistrados –ellos sobre todos nosotros- deberían ser honestos y justos.
Los jueces cobardes y acomodaticios –las gallinas- deberían ser la minoría.
No fue así en Chile.
El juez Guzmán fue una distinguida excepción.
Un bienaventurado.

4 comentarios:

  1. Una gran excepción, sin duda.

    Hay otros héroes de la justicia, que en un mundo justo serían solo personas haciendo su trabajo. Solo hacer su trabajo.

    Simplemente realizar aquello para lo cual fueron contratados como jueces.

    Pero es que también el sentido, el fin del derecho ha cambiado desde su definición: Ya no se persigue dar justicia, sino dar a cada uno lo que merece. Ese cambio tiene numerosas implicancias morales y prácticas.

    Un brindis por Guzmán y aquellos que se la han jugado por la justicia en cada espacio de poder que les ha tocado actuar.

    Un saludo afectuoso también a Silvia Oneto, que por tratar de hacer lo justo muchas veces fue incomprendida.

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  2. Omar ¿te acordaste de los cuentos?

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  3. esperemos ser todos algo así, igual de dignos, igual de justos, igual de consecuente. Abrazos y navidad

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  4. El Juez Guzmán nos enseñó muchas cosas: lo fácil y conveniente que es hacer leña del arbol caído, lo conveniente que resulta hacerle caso a las organizaciones cuya propaganda es lejos la más persistente (se asegura fama, viajes y reconocimientos), lo útil que resulta hacer lo que los influyentes (medios) te piden, ganar dinero redactando después un libro ad hoc y abrazando impunemente a la parte favorecida por el propio dictamen del juez, exteriorizando la alegría de haber estado en el lugar y momento precisos para aprovechar las oportunidades que a veces nos da la vida.
    Todo lo contrario a la jueza Chevesich, que hipotecó su futuro pese a un trabajo bien hecho, por no seguir la corriente de los "influyentes", que hace rato dejaron de ser los que Uds. piensan. Exactamente, hace malditos 16 años.

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