lunes, septiembre 25, 2006

Gonzalo Rojas y el esplendor de un ángel caído

"Yo tenía 22 años cuando escribí el poema, y en ese tiempo íbamos mucho a los prostíbulos que había frente al mercado de la calle San Pablo. No sólo bailábamos allí el encanto del fornicio, sino que también íbamos con Jorge Millas a jugar ajedrez, a mirar. Una noche fui a ver a mi moza , una muchacha que me gustaba mucho, y cuando llegué al segundo piso encontré que la estaban velando. Fue un golpe fuerte y de ahí sale el poema"
(Gonzalo Rojas, Edición crítica de La Miseria del Hombre)

PERDÍ MI JUVENTUD EN LOS BURDELES

Gonzalo Rojas

Perdí mi juventud en los burdeles
pero no te he perdido ni un instante,
mi bestia, máquina del placer,
mi pobre novia reventada en el baile.

Me acostaba contigo,
mordía tus pezones furibundo,
me ahogaba en tu perfume cada noche,
y al alba te miraba
dormida en la marea de la alcoba,
dura como una roca en la tormenta.

Pasábamos por ti como las olas
todos los que te amábamos.
Dormíamos con tu cuerpo sagrado.
Salíamos de ti paridos nuevamente
por el placer, al mundo.

Perdí mi juventud en los burdeles,
pero daría mi alma
por besarte a la luz de los espejos
de aquel salón, sepulcro de la carne,
el cigarro y el vino.

Allí, bella entre todas,
reinabas para mí sobre las nubes
de la miseria.
A torrentes tus ojos despedían
rayos verdes y azules.
A torrentes tu corazón salía hasta tus labios,
latía largamente por tu cuerpo,
por tus piernas hermosas
y goteaba en el pozo de tu boca profunda.

Después de la taberna,
a tientas por la escala,
maldiciendo la luz del nuevo día,
demonio a los veinte años,
entré al salón esa mañana negra.

Y se me heló la sangre al verte muda,
rodeada por las otras,
mudos los instrumentos y las sillas,
y la alfombra de felpa, y los espejos
que copiaban en vano tu hermosura.

Un coro de rameras te velaba
de rodillas, oh hermosa
llama de mi placer, y hasta diez velas
honraban con su llanto el sacrificio,
y allí donde bailaste
desnuda para mí, todo era olor
a muerte.

No he podido saciarme nunca en nadie,
porque yo iba subiendo, devorado
por el deseo oscuro de tu cuerpo
cuando te hallé acostada boca arriba,
y me dejaste frío en lo caliente,
y te perdí, y no pude
nacer de ti otra vez, y ya no pude
sino bajar terriblemente solo
a buscar mi cabeza por el mundo.

La Miseria del Mundo, 1948.

Este poema me recuerda el poema a una
striptisera de Charles Bukovsky

1 comentario:

  1. Vagando llegué a tu blog, muy interesante, hace un par de años escribí unos poemas muy parecidos, claro que no tan depurados como los del señor Gonzalo Rojas, sino que mucho mas ardientes, sórdidos, tal vez vulgares, quien sabe. Uno siempre cree estar inventando algo. Pensaba que nadie se metía con Germán Marín, no lo he leído nunca, siempre he tenido la sospecha, la duda, estos caballeros son los marinakis apolillados de las palabras?, gansters de los libros, un ghetto de la izquierda mas oportunista.

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