martes, marzo 31, 2026

La Batalla no fue en Maipú. 5 de abril. Revista Off The Record, abril 2026.

 


En mi familia pervive una tradición carmelita que no es una simple costumbre: es herencia espiritual. Mi madre era Fresia del Carmen y mi hermana mayor es Patricia del Carmen. De mi abuela materna heredé, además, una Virgen milagrosa que alienta y acompaña. Esto también es chilenidad. Una chilenidad honda, a veces incomprendida. Hay quienes creen —yerran— que todos sentimos igual. No es así.
La tradición carmelita es popular y está arraigada en el corazón de muchos chilenos. Es un ardor religioso que aumenta cuando el pueblo le pide a la Virgen que nos socorra en las penurias. Porque somos humanos: la amamos con mayor intensidad en el dolor.
Así fue tras el desastre de Cancha Rayada, el 19 de marzo de 1818. El golpe resultó devastador. La derrota dejó cuerpos, sangre y almas quebradas. José de San Martín y Bernardo O'Higgins vieron a sus hombres caer o dispersarse, muertos o heridos. O’Higgins mismo escapó con el brazo ensangrentado. Todo parecía anunciar el derrumbe de un sueño.
En Santiago hay miedo. Un temor intenso se adueñó de las calles: un miedo espeso, visible, que se respiraba. Son los peores días, tú ves, los más amargos. También hubo algunos tan agobiados por una intensa crisis espiritual —o por locura moral— que desertaron de la causa y huyeron a la Argentina.
Entonces, tú ves, el pueblo, que no quiso vivir enjaulado como un jilguero, escuchó el tañido de las campanas de la catedral: sonidos graves, profundos, un llamado al alma de un pueblo amortajado en su dolor. En respuesta a esos miedos, para contener la histeria y el desbande, se juntaron en la catedral. Allí, secadas las lágrimas, juntos le rogaron a la Virgen. E hicieron un juramento: levantarían un templo en el mismo lugar donde se lograra la victoria definitiva.
“Vencer o morir, madre”.
La victoria fue el domingo 5 de abril de 1818. A mediodía estalló el primer cañonazo, ese estruendo que aturde. La batalla se libró en las haciendas de El Bajo y Lo Espejo, y en los llanos de Lepe —los llanos del Maipo.
Casi dos mil hombres murieron. Sus cuerpos fueron arrojados a una fosa común, en un lugar que hoy se ha vuelto incierto. Tal vez allí se alza el Cementerio Metropolitano; tal vez, ya no lo sabremos nunca. Entre ramas y llamas, patriotas y realistas ardieron juntos, indistinguibles en la muerte: mil realistas, ochocientos patriotas.
Entonces, la promesa exigía cumplimiento. El 7 de mayo de 1818, fiel a su palabra, O'Higgins decretó la construcción de la Capilla de la Victoria.
Pronto, fieles de corazón peregrinaron en caballos y carretas hasta el lugar para poner la primera piedra de la Capilla de la Victoria.
Mas hay un mal en los políticos chilenos, que surge de la maleza de la pereza: les gusta plantar primeras piedras y dejar luego que el tiempo pase.
Bernardo O'Higgins abdicó el 28 de enero de 1823. Partió al destierro, a Lima. Con él se desvaneció también el impulso de aquella promesa. ¿Cuánto tiempo pasó? Demasiado. Sesenta y siete años. Ya tú ves.
Solo en 1885, durante la presidencia de Domingo Santa María, se destinaron finalmente los fondos para la construcción.
Diez años más tarde, en 1895, el presidente Jorge Montt inauguró el primer templo dedicado a la Virgen.
Y sólo entonces se creó la comuna de Maipú.
Ya tú ves.


lunes, marzo 30, 2026

El joven Bernardo Por Omar Pérez-Santiago Revista Off The Record, marzo 2026

 


Cádiz, 1800. Bernardo O'Higgins cumple 22 años en la ciudad trimilenaria, frente a su mar antiguo, con el corazón en fuga y los bolsillos vacíos.

Está confundido, sí. Está pobre, también. Solo y sin dinero. Pero vive. Y eso, aunque aún no lo sepa, es ya una forma de esperanza.

No tiene noticias de su madre, Isabel.

De su padre, Ambrosio, sabe poco: apenas un recuerdo lejano. Nunca responde sus cartas.

Malvive en casa de su tutor, el opulento Nicolás de la Cruz, Conde de Maule por compra de título, millonario por herencia y comercio. Desde su palacio frente a la plaza de la Candelaria, Bernardo contempla una riqueza que no le pertenece.

Está desolado.

Entonces escribe a su madre:

«Le pido por aquel amor de madre debido a un hijo…»

Y toma una decisión que le nace desde el fondo del pecho: volver a Chile.

Zarpa el 3 de abril de 1800 en la fragata Confianza. Pero el viaje muere al nacer: un cañonazo, dos corbetas inglesas enemigas, la rendición. Es llevado a Gibraltar, donde lo liberan.

Comienza su peregrinaje.

Sin comida, sin dinero, en harapos, camina cuarenta kilómetros hasta Algeciras. Ruega por un pasaje de vuelta a Cádiz. Lo consigue. Regresa maltrecho. Golpea otra vez la puerta de Nicolás de la Cruz.

—Sosténgame mientras consigo pasaje a América.

Pero el destino aún guarda pruebas.

Una corbeta llegada desde La Habana trae la fiebre amarilla. Los hospitales colapsan, el horror se instala casa por casa. Mueren más de diez mil personas. El pueblo implora al Nazareno del Amor.

Las familias ricas huyen. Nicolás parte hacia Sanlúcar de Barrameda, a orillas del Guadalquivir.

Bernardo lo sigue.

Y allí, como un golpe bajo, la enfermedad lo alcanza.

Su piel amarillea. Vomita negro. Le dan infusiones, lavativas. Nada funciona.

Llaman a un sacerdote. Lo unge.

—Adiós, Bernardo.

Colocan un ataúd barato al pie de la cama.

Mueren miles en Sanlúcar. Se improvisan cementerios. Se queman pertenencias. La muerte camina libre por las calles.

Bernardo se apaga.

Nicolás de la Cruz sentencia:

—Está perdido.

Pero desde lo más hondo, apenas audible, Bernardo responde:

—No. No quiere morir.

Y entonces ocurre lo improbable.

Aparece Felipe Hoche, médico irlandés y viejo amigo de su padre. Desinfecta la habitación, le da quinina —la corteza que los incas ya usaban contra la fiebre—. La temperatura baja. El cuerpo resiste.

Contra todo pronóstico, Bernardo vuelve.

Sobrevive.

Pero la vida aún le exige coraje.

Su tutor le comunica:

—Tu padre está indignado. Dice que no has hecho carrera. Ya no te reconoce como hijo. Quiere que te eche.

Bernardo queda en silencio, con el estupor del hijo herido.

Le escribe una carta feroz y dolida:

«Yo, señor, no sé qué delito haya cometido para semejante castigo. ¡Una puñalada no me fuera tan dolorosa!»

La carta nunca llega.

Ambrosio muere en Lima, a los 81 años. Y quizá, al borde de su propia noche, comprende. En su testamento deja la herencia a Bernardo.

De pronto, el joven enfermo, errante y humillado, ya no es pobre.

Ahora es rico.

Ya no será más Bernardo Riquelme, el huacho.

Ahora será Bernardo O’Higgins.

Y todo lo que ha sobrevivido —hambre, guerra, fiebre, abandono— comienza a cobrar sentido.

Porque no era para morir en una cama extranjera.

Era para quedarse.

Era para levantarse.

Era para hacer historia.


domingo, marzo 29, 2026

Mister Shakespeare de Marco Antonio de la Parra, el mejor dramaturgo chileno, es útil para estudiantes de teatro y para estudiosos de la obra de Shakespeare.




 
Marco Antonio de la Parra es el mejor dramaturgo chileno. Lo admiro desde que él era joven. Desde que yo también era joven. Su humor e ironía. Su reciente obra Mister Shakespeare es útil para los estudiantes de teatro, para estudiosos de la obra de Shakespeare. 

Texto y subtexto sobre el oficio. Un obra sobre el legado de un escritor.

 

Marco Antonio de la Parra

Ficha técnica

Dramaturgia e interpretación: Marco Antonio de la Parra

Dirección: Pablo Schwarz

Iluminación: Teatro Finis Terrae

Producción: Verónica Díaz

Iluminación fotografía: Almendra Silva








Marco Antonio de la Parra como Mister Shakespeare


 

sábado, marzo 28, 2026

Nefilim en Alhué, performance de Pablo Lacroix, Foto de Claudia Pérez


Nefilim en Alhué, performance de Pablo Lacroix. Foto de Claudia Pérez

 


Nefilim en Alhué, presentación de Claudio Orellana

 


Ezra Pound según Armando Uribe

 NO HALLO LAS HORAS DE MORIR. ARMANDO URIBE & EZRA POUND

Ezra Pound hace el saludo fascista en Nápoles, Italia.


Era una helada mañana de invierno santiaguino, el 30 de agosto de 2004 y en una muy desabrida sala del Ministerio de Educación, el poeta Armando Uribe, un hombre largo y flaco de 71 años, se levantó para recibir el Premio Nacional de Literatura.
El jurado basó su decisión en "el compromiso existencial del hombre frente a la vida y la muerte, manifiesto en un estilo dramático y singular desarrollado a través de una extensa producción".
Armando Uribe es uno de los poetas chilenos más cultos y sabiondos.
Eso sí, cultiva un estilo o forma de ser algo cursi y vanaglorioso. El humor nunca fue lo suyo.
Uribe es un poeta intelectual hijo del ultra modernismo tardío que alababa la poesía por contener una invención, o por ser una contribución precisa al arte de la expresión verbal.
Uribe se tituló de abogado de la Universidad de Chile, en agosto de 1957 se casó con Cecilia Echeverría -con quien viviría hasta su muerte- y con ella viajó a Roma becado por el Instituto Chileno-Italiano de Cultura.
Entonces en Roma estaba de moda el monstruo, el erudito de Ezra Pound.
El día 10 de julio de 1958 la figura de Ezra Pound con paso elástico desembarcó en Génova del Cristoforo Colombo.
Pound tenía ya setenta y tres años. Vestía de blanco, camisa abierta y fieltro ancho gris claro. Estaba acompañado por su esposa Dorothy, y por una joven y bella secretaria o amante (según conveniencia), la texana Marcella Spann de 26 años.
Azotaba un intenso calor provocado por un anticiclón africano.
El poeta transpiraba cuando, en algún momento, sonrió y extendió su mano con el saludo fascista.
.
Volvía a Italia después de 13 años.
Recuerden jóvenes que la noche del 23 de mayo de 1945, sus compatriotas norteamericanos lo arrestaron y lo pusieron en una jaula en Pisa, acusado de traicionar a los Estados Unidos por hacer propaganda fascista en Radio Roma.
Entonces Pound tenía sesenta años, mirada de loco, melena pelirroja. Llevaba un libro de Confucio y un diccionario de chino. Después de seis meses Ezra Pound fue llevado a Estados Unidos para ingresar en el hospital psiquiátrico St. Elizabeth, donde pasaría los próximos doce años de su vida.
En 1958, una corte liberó a Ezra Pound del manicomio de Saint Elizabeth en Washington D. C.
Pound había vuelto a Roma.
Ese año, 1958. el chileno Armando Uribe tenía 25 y entró a una librería en Roma y compró su primer libro de Pound, el poeta modernista que marcó a toda una generación.
Uribe pasó cinco años estudiando a Ezra Pound.
Hasta que al final, Uribe Arce publicó en el año 1963 un libro titulado Pound.
Tiene tres capítulos: Un lector de Pound, Su vida, Su obra. En la página 100 comienza una antología de poemas de Pound, en la versión de Uribe, de 35 páginas.
La prosa de Armando Uribe en esta etapa de su vida, no es fluida. Está más preocupado de dar la impresión. Es un pedante, tal como Uribe cataloga a Pound. La pedantería es un mal literario contagioso.
El primer capítulo Armando Uribe cuenta como Ezra Pound lo obligó a leer a los clásicos. Y a descubrir que Pound es el defensor del palimsepto, la poesía como una empalizada de retazos y fragmentos, la mayor parte ilegible y que debe leerse con una trabajoso y estoico aparato explicativo.
La mayor parte de The Cantos es ilegible o intrascendente, pero Uribe se dejó fascinar y se rindió gozoso frente una obra que es dificilísima de leer y de furia vanguardista.
Pound dijo, con su talento de líder, que la poesía no se hizo para entretener a nadie, se escribe poesía para salvarse. Pound parece no haberse salvado y parece que en Los cantos, lucha infructuosamente en el infierno, un hombre, quizá Ulises, perdido en el inframundo. Se satisface con la fama de no ser comprensible sino para quienes imaginan entenderla.
Una actitud muy arrogante de ciertos modernistas, sin humor, para mi gusto. La poesía como escuela duramente educativa, severo y áspero. “Tonto grave”, como el mismo Uribe ha dicho de sí mismo: “prefiero ser tonto grave que tonto tonto”, asumiendo la seriedad como si fuese una supuesta sobriedad chilena.
Ese parecer ser el aporte del ultra modernismo tardío de Armando Uribe en este libro. Un ultra modernismo tardío nieto del simbolismo francés y su malestar con el gusto del público. Y un solo valor: la búsqueda de la originalidad.


viernes, marzo 27, 2026

El Teatro y la Risa: UN ENSAYO SOBRE LA COMEDIA de George Meredith


 Londres, febrero de 1877. El auditorio de la London Institution está a reventar. Ante 750 espectadores, George Meredith de 49 años sube al estrado para diseccionar el intelecto humano. Su conferencia, "An Essay on Comedy and the Uses of the Comic Spirit", era un manifiesto que cambiaría la crítica literaria victoriana para siempre.

Más que humor, una arquitectura del espíritu.
Su ensayo es una pieza de orfebrería poética destinada a quienes entienden que la comedia es, ante todo, un ejercicio de la inteligencia.
Para el autor, la verdadera comedia carece de bilis. Es un medio para pensar y sentir, pero nunca para odiar. Meredith reivindica la risa como un instrumento de conocimiento, una lente capaz de atravesar el denso velo de la hipocresía social y la rigidez de los roles de género.
Una visión vanguardista
Lo que hace que este ensayo siga resonando hoy es su sorprendente modernidad.
Meredith fue un visionario que:
Desafió las apariencias: Criticó la estructura social acartonada de su época.
1.Celebró el papel de la mujer: Le otorgó un lugar central y activo en el engranaje cómico, algo inusual para el siglo XIX. Lo más extraordinario del ensayo es la defensa de las mujeres de la comedia. Cuanto más elevada es la comedia, dice Meredith, más prominente es el papel que disfrutan en ella las mujeres.
2.Genealogía del ingenio: Rastreó la esencia del humor desde la Grecia clásica y Molière hasta el drama de la Restauración.
3.Estudios de Audiencias: desarrolla agudas reflexiones sobre las diferencias de los públicos de acuerdo a sus tradiciones nacionales para apreciar el humor.
Un legado que trasciende el tiempo
Su impacto fue inmediato en los círculos académicos y literarios. Lo que nació como una conferencia en una tarde londinense, hoy se mantiene como una pieza clave para entender que la risa, cuando es lúcida, es la forma más elevada de la crítica social.
CONTENIDO DEL LIBRO
Qué necesita la comedia
Agelasto, misogelasto, hipergelasto
El rizo robado y Tartufo
Puritanos y bacanales
Comedia costumbrista y Dionisios
La campesina y el sexo explícito
Rústica y desaliñada campesina
Dorina y la moralidad chaperona
El abanico y el pudor
Molière y la autenticidad
Los ingleses y la exageración
Shakespeare y Menandro
Francia: nobles y burgueses
La audiencia y la clase media
Las mujeres y la comedia
El sentimentalismo y la audiencia
La comedia y el vicio
Coquetas y Millamant
Congreve versus Molière
El estilo y Congreve
Celimene y Millamant
Menandro
Terencio y Menandro
Menandro y Molière
Idealizar la vida
Italia y Boccaccio
España y cuerpo de baile
La pesada gracia alemana
El oriente y el silencio
La locura contra lo cómico
Desprecio versus inteligencia cómica
Aire renovador y el chistoso
Egoísmo y sobrevivencia
Aristófanes o la torpeza humana
Audiencia inglesa y sentido común
Vivir en sociedad o ser vacío
Cómicos ingleses y moral nacional
Risa versus sátira
Don quijote y Sancho Panza
Laurence Sterne y el sentimentalismo
Poeta cómico y la condición natural
La risa reflexiva o el sentido común
El temperamento y la educación
Los alemanes y el espíritu cómico
La aventurera y la musa francesa
Críticos literarios y carne de cerdo

La Juventud. Paolo Sorrentino, Película italianas que yo amo.


Película italianas que yo amo. 8 y medio, La dolce vita de Fellini y La juventud de Paolo Sorrentino.

Voyage au bout de la nuit  Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline

La Juventud

Título original
 
La giovinezza - Youth
País
 
Italia
Fecha de edición
 
2015
Duración
 
118
Género
 
Drama
Dirección
 
Paolo Sorrentino
Reparto
 

Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano, Jane Fonda, Tom Lipinski, Poppy Corby-Tuech, Madalina Ghenea, Emilia Jones, Mark Kozelek, Anabel Kutay, Rebecca Calder, Ian Keir Attard, Roly Serrano

Fotografia
 
Luca Bigazzi
Música
 
David Lang
Montaje
 
Cristiano Travaglioli
Producción
 
Nicola Giuliano, Francesca Cima, Carlotta Calori
Distribución
 
Vertigo Films. Disponible en DVD
Estreno en España
 
2015


 

domingo, marzo 22, 2026

El maestro y Margarita, obra de HR Giger, 1976. Foto de Carmen Giger. Taschen 2024.


Obra genial. El maestro y Margarita, obra de HR Giger, 1976, acrílico sobre papel y madera.
Foto de Carmen Giger.

CARMEN MARÍA GIGER * Nacida en 1964, directora del Museo HR Giger en Gruyères.
Carmen se casó con Hans Ruedi Giger en diciembre de 2005. Hans Ruedi y Carmen compartían intereses como la egiptología, el misticismo, la alquimia, la música y el arte.

Desde 2001, dirige el Museo HR Giger en el Castillo de Saint-Germain en Gruyères.

sábado, marzo 14, 2026

Manhattan Transfer de John Dos Passos. Genio, cine y estilo. Tenía solo 29 años cuando publicó Manhattan Transfer en 1925. De dónde surgió su talento precoz.

 


John Dos Passos tenía solo 29 años cuando publicó Manhattan Transfer en 1925. Fue traducida al español por José Robles Pazos en 1930.

De dónde surgió su talento precoz.

El talento con el que John Dos Passos escribió Manhattan Transfer a los 29 años no apareció de la nada. Se formó por varias influencias fuertes en su vida y su época.

El “genio” literario de Dos Passos proviene de la combinación de educación intelectual, experiencias históricas intensas, influencias modernistas y una observación aguda de la vida en Nueva York. Todo eso le permitió escribir Manhattan Transfer con una madurez sorprendente a una edad relativamente joven.

1. Una educación cultural muy amplia

Dos Passos creció en un ambiente privilegiado y estudió en Harvard University.

Allí estudió literatura, historia y arte, leyó a muchos escritores europeos modernos, y aprendió técnicas narrativas innovadoras

Esta formación le dio una base intelectual muy sólida desde joven.

2. La experiencia de la Primera Guerra Mundial

Durante la guerra, Dos Passos trabajó como conductor de ambulancias en Europa.

Esta experiencia: lo expuso a la violencia, el caos y la desigualdad social. lo volvió crítico del nacionalismo y del sistema económico

Muchas de esas ideas influyen en la visión crítica de la sociedad que aparece en Manhattan Transfer.

3. Influencia del modernismo literario

Dos Passos formó parte de una generación de escritores que experimentaban con nuevas formas narrativas. Fue influido por autores como James Joyce, T. S. Eliot

De ellos tomó técnicas como narración fragmentada, múltiples perspectivas, mezcla de escenas rápidas, casi como un montaje cinematográfico-

Esto explica el estilo innovador de la novela.

4. Observación directa de la vida urbana

Antes de escribir la novela, Dos Passos pasó mucho tiempo en New York City observando la vida de los inmigrantes, los barrios pobres, el mundo del espectáculo y los negocios

Ese contacto directo con la ciudad le permitió crear un retrato realista y complejo de la vida urbana.

¿Por qué Manhattan Transfer no ha llegado al cine?

Dato interesante: Paradójicamente, muchos críticos dicen que el estilo de la novela se parece al montaje cinematográfico, algo que más tarde influiría en escritores y cineastas del siglo XX.

La novela Manhattan Transfer de John Dos Passos es considerada muy influyente, pero no ha tenido una gran adaptación cinematográfica. Esto se debe principalmente a dificultades narrativas y estructurales.

¿Por qué?

1. No tiene un protagonista claro

La novela sigue decenas de personajes cuyas historias se cruzan en New York City.

En el cine, normalmente la historia se centra en uno o pocos protagonistas y hay una trama principal clara

En Manhattan Transfer la ciudad es casi el verdadero protagonista, lo que hace difícil convertirla en una película convencional.

 2. Su estructura es muy fragmentada

El libro está formado por muchas escenas breves, casi como flashes de vida saltos rápidos entre personajes, escenas que duran solo unas páginas, cambios de perspectiva constantes.

Esta técnica funciona muy bien en literatura modernista, pero puede resultar confusa en una película.

3. Falta de una trama tradicional

La novela no sigue una estructura típica de cine como inicio, conflicto central, resolución clara

En cambio, muestra fragmentos de vidas urbanas, más parecidos a un retrato social que a una historia con principio y final.

4. Es una obra muy literaria

Gran parte de su fuerza está en el estilo narrativo, el lenguaje, la ironía del narrador

Estos elementos son difíciles de trasladar directamente al cine sin perder parte del efecto original.

Es decir, Manhattan Transfer no se ha adaptado ampliamente al cine porque su estructura fragmentada, la gran cantidad de personajes y la falta de una trama central hacen que sea una novela más fácil de experimentar en la literatura que en una película tradicional.

La novela no tiene un único protagonista. En cambio, sigue las historias de muchos personajes cuyas vidas se cruzan o se rozan en Nueva York. A través de ellos se muestra el crecimiento vertiginoso de la ciudad, las desigualdades sociales, la búsqueda del éxito y el dinero, la soledad en la vida urbana

Entre los personajes más destacados están:

Jimmy Herf: un joven idealista que intenta encontrar sentido en la vida moderna.

Ellen Thatcher: una actriz que busca ascender socialmente.

George Baldwin: un abogado ambicioso que representa el lado competitivo y materialista de la ciudad.

Sus historias reflejan diferentes clases sociales y aspiraciones, desde inmigrantes pobres hasta empresarios exitosos.

La novela es famosa por su estilo moderno y experimental. Dos Passos usa escenas muy cortas, cambios rápidos entre personajes, fragmentos que parecen titulares de periódico o conversaciones

Todo esto crea una especie de “mosaico” de la vida en Nueva York, como si el lector estuviera viendo la ciudad en movimiento.

El libro muestra cómo la vida en la gran ciudad puede ser llena de oportunidades, pero también alienante y deshumanizante. Muchos personajes persiguen el éxito, pero terminan perdidos, desilusionados o solos.

 Manhattan Transfer es un retrato colectivo de Nueva York en los años 1900-1920, donde múltiples historias muestran el impacto de la modernidad, el capitalismo y la vida urbana en las personas.


Cuántas partes tiene la novela

Manhattan Transfer de John Dos Passos está dividida en tres grandes partes, y cada una contiene muchos capítulos muy breves (escenas). En vez de seguir una historia lineal, muestra fragmentos de vida en New York City.

Primera sección — Metropolis

Presenta la ciudad y muchos personajes cuando Nueva York está creciendo rápidamente.

Escenas iniciales: Llegada de inmigrantes, movimiento en el puerto y calles. Se muestra el caos y la energía de la ciudad.

Infancias y comienzos: Aparecen personajes como Jimmy Herf, Ellen Thatcher y George Baldwin en sus primeros años.

Primeras ambiciones: Algunos buscan trabajo, fama o dinero.

Contrastes sociales: Se ven barrios pobres, oficinas, teatros y la vida de la clase media.

Nueva York como una máquina enorme que atrae gente y sueños.

Segunda sección— Tracks

Los personajes ya son adultos y sus caminos se cruzan o se separan.

Carreras y fracasos: Ellen intenta triunfar como actriz; Baldwin se convierte en abogado ambicioso.

Relaciones y matrimonios: Hay romances, divorcios y conflictos personales.

Éxito material: Algunos personajes ganan dinero y estatus.

Desilusión: Aunque logran éxito, muchos se sienten vacíos o frustrados.

 La vida urbana como una red de caminos (“tracks”) donde todos corren detrás del éxito.

Tercera sección — Money

Muestra las consecuencias del mundo dominado por el dinero y el éxito social.

Ascensos sociales: Ellen se vuelve una figura famosa.

Ambición extrema: Baldwin representa el éxito material y el poder.

Crisis personales: Relaciones rotas, soledad y cinismo.

Decisión de Jimmy Herf: Se da cuenta de que no quiere vivir atrapado en ese sistema y decide dejar Nueva York.

 El dinero domina la ciudad, pero no da sentido a la vida.

La novela muestra cómo diferentes personas llegan a Nueva York buscando éxito. Algunos lo consiguen, pero muchos terminan alienados, frustrados o perdidos. El único que logra escapar del sistema de la ciudad es Jimmy Herf, quien decide marcharse.

 Cómo es el humor de la novela

En Manhattan Transfer de John Dos Passos, el humor no aparece como comedia directa, sino más bien como ironía y sátira sobre la vida moderna en New York City. El autor usa el humor para criticar la sociedad urbana, el dinero y las ambiciones de las personas.

1. Humor irónico

Gran parte del humor surge de la ironía: las situaciones muestran lo contrario de lo que los personajes esperan.

Personajes que buscan riqueza o fama terminan frustrados o vacíos.

Escenas de éxito social aparecen descritas de manera que revelan superficialidad o ridiculez.

 El lector percibe un humor amargo o crítico, porque se burla de las ilusiones de la sociedad moderna.

2. Humor satírico (crítica social)

Dos Passos usa la sátira para criticar el materialismo, el deseo de fama, el mundo del espectáculo y los negocios.

Al mostrar personajes obsesionados con el dinero o el estatus, muchas escenas resultan casi caricaturescas, lo que genera un humor crítico hacia la sociedad.

3. Humor en los diálogos

Algunos diálogos incluyen comentarios sarcásticos, conversaciones absurdas o triviales, exageraciones del lenguaje cotidiano

Esto crea momentos humorísticos que muestran la superficialidad de ciertas relaciones sociales.

4. Humor en el contraste de situaciones

También aparece cuando el autor coloca escenas muy distintas una al lado de la otra lujo vs. Pobreza, éxito público vs. fracaso personal

El contraste puede resultar irónico o incluso cómico, porque muestra lo contradictoria que es la vida en la ciudad.

El humor en Manhattan Transfer es principalmente irónico, satírico y crítico. Sirve para mostrar las contradicciones de la vida moderna y cuestionar la obsesión por el dinero, el éxito y la fama en la sociedad urbana.

3 ejemplos concretos de humor en la novela

En Manhattan Transfer, el humor aparece sobre todo como ironía y sátira. No son chistes directos, sino situaciones que muestran lo absurdo de la vida moderna en New York City. Aquí tienes tres ejemplos concretos.

1. La obsesión por el éxito social

Un ejemplo de humor irónico aparece en la historia de Ellen Thatcher, que quiere triunfar como actriz y entrar en la alta sociedad.

Sus fiestas, relaciones y contactos parecen muy elegantes.

Pero el narrador muestra que muchas de esas relaciones son superficiales e interesadas.

 El humor surge porque lo que parece glamour termina siendo ridículo o vacío.

2. El éxito material de George Baldwin

El abogado George Baldwin representa al hombre exitoso del mundo de los negocios.

Se presenta como alguien respetable y poderoso.

Sin embargo, sus decisiones y actitudes revelan ambición exagerada y falta de escrúpulos.

El humor es satírico: el autor exagera su comportamiento para mostrar lo absurdo del culto al dinero y al poder.

3. La mirada crítica de Jimmy Herf

El personaje Jimmy Herf observa muchas situaciones de la vida urbana con sarcasmo.

Ve cómo la gente corre detrás del dinero o la fama.

Percibe que muchas conversaciones y eventos sociales son banales o artificiales.

 El humor aparece en su mirada irónica sobre la sociedad y sus valores.

Los momentos humorísticos de la novela no buscan solo hacer reír. Más bien sirven para criticar la superficialidad, el materialismo y las contradicciones de la vida moderna en la gran ciudad.

Cómo se relacionan humor e ironía con la crítica social

En Manhattan Transfer de John Dos Passos, el humor y la ironía están directamente relacionados con la crítica social. El autor no utiliza el humor solo para entretener, sino como una forma de mostrar y cuestionar los problemas de la sociedad moderna, especialmente en New York City.

1. Humor e ironía para criticar el materialismo

Muchos personajes creen que el dinero y el éxito social traerán felicidad.

Sin embargo, la narración muestra de manera irónica que:

quienes logran riqueza o fama siguen sintiéndose vacíos

las relaciones sociales están basadas en interés o apariencia

 El humor surge cuando el lector percibe la contradicción entre lo que los personajes esperan y lo que realmente ocurre.

2. Sátira de la vida urbana moderna

Dos Passos describe la vida de la ciudad con escenas que a veces parecen exageradas o absurdas:

fiestas elegantes llenas de conversaciones superficiales

personajes obsesionados con el dinero o la fama

situaciones sociales que parecen importantes pero resultan triviales

Esta exageración crea humor satírico, que critica los valores de la sociedad urbana.

3. Ironía para mostrar la alienación

La novela también usa la ironía para mostrar que, en una gran ciudad moderna:

las personas viven rodeadas de gente, pero al mismo tiempo se sienten solas o desconectadas

El contraste entre la vida social intensa y la soledad interior de los personajes produce un efecto irónico que refuerza la crítica social.

En Manhattan Transfer, el humor y la ironía funcionan como herramientas literarias para criticar el materialismo, la superficialidad y la deshumanización de la vida moderna. A través de situaciones irónicas y satíricas, Dos Passos muestra las contradicciones de la sociedad urbana del siglo XX.

El rol de la mujeres en la novela

En Manhattan Transfer de John Dos Passos, las mujeres tienen un papel importante para mostrar las oportunidades y limitaciones que enfrentaban en la sociedad urbana moderna de comienzos del siglo XX en New York City. A través de ellas, la novela refleja la posición social de la mujer, sus aspiraciones y las presiones del mundo moderno.

1. Mujeres que buscan independencia

Algunas mujeres intentan construir una vida independiente en la ciudad: buscan trabajo, desean reconocimiento social, intentan decidir su propio destino

Por ejemplo, Ellen Thatcher aspira a triunfar como actriz y a ascender socialmente. Representa a la mujer moderna que quiere autonomía y éxito personal.

Sin embargo, la novela también muestra que este camino es difícil y muchas veces implica sacrificios o relaciones complicadas.

2. Mujeres dentro del sistema social

Muchas mujeres están atrapadas en las expectativas sociales tradicionales, donde su valor depende de el matrimonio, la belleza o el estatus social, su relación con hombres influyentes

Esto refleja cómo la sociedad de la época limitaba las opciones reales de las mujeres.

3. Crítica a la superficialidad social

Dos Passos también utiliza algunos personajes femeninos para mostrar la superficialidad del mundo social urbano: fiestas elegantes, relaciones basadas en conveniencia y obsesión por el estatus.

A través de estas situaciones, la novela critica la forma en que la sociedad convierte a las personas —especialmente a las mujeres— en símbolos de éxito social.

4. Símbolo de la modernidad

Las mujeres de la novela también representan los cambios culturales del siglo XX: mayor libertad social, nuevas profesiones, cambios en las relaciones amorosas.

Pero al mismo tiempo, la novela sugiere que la modernidad no siempre trae verdadera libertad.


"Atrajo a Adriana sobre sí. Ella se quitó los calzones al sentirlo y sentirse lista." Jolie Madame de José Donoso. Cuatro para Delfina


 "Atrajo a Adriana sobre sí. Ella se quitó los calzones al sentirlo y sentirse lista. Él le abrió las piernas, extrayéndole todo pensamiento con la voraci
dad de su beso mientras la penetraba dulcemente consentidora, allí mismo, Adriana gimiendo ahogada con el placer de la barba colorada del vikingo, dura como virutilla, hiriendo sus pezones, y la eréctil pelambre colorada del pecho de Sebastián, hiriendo sus pechos.

Después Adriana se durmió profundamente."

Jolie Madame de José Donoso. Cuatro para Delfina


sábado, marzo 07, 2026

Peluquería Francesa del barrio Yungay



La Peluquería Francesa del barrio Yungay está de moda. Abierta desde 1860 como barbería tradicional de navaja y toallas calientes es la más vieja de Santiago. Un clásico.

 

viernes, marzo 06, 2026

La Novia! de Maggie Gyllenhaal


Qué película entretenida de Maggie Gyllenhaal La Novia!
No tiene moderación y eso me seduce. Ingeniosa y creativa.
Actuación genial de Jessie Buckley, gran estrella que en unos días ganará un Oscar como mejor actriz por su rol en la película Hamnet como Agnes Shakespeare.


 

miércoles, marzo 04, 2026

Sergio Badilla y Omar Pérez.Santiago en el centro cultural Gabriela Mistral. GAM

Sergio Badilla y Omar Pérez.Santiago

 

El día en que el poeta Jorge Teillier de 20 años lleva su primer libro "Para ángeles y Gorriones" al redactor de La Nación, Teófilo Cid de 42 años

 



JORGE TELLIER escribió en 1967

La primera vez que vi a Teófilo Cid fue en el brumoso fondo de la sala de redacción de un periódico. Allí él escribía esos artículos que yo seguía como los episodios de las viejas seriales

Fui a ver a Teofilo Cid para llevarle mi primer libro de poemas, Para ángeles y gorriones, 1956. Nada más como una tarjeta de presentación. Me sorprendieron su aspecto indefenso, de niño mirando al vacío, su compuesta voz, su inesperada afabilidad. A la semana siguiente apareció un artículo sobre ese libro primerizo, el único articulo (perdonen la vanidad) en donde se hablaba del trasfondo de lo que yo, el adolescente de ese tiempo, había querido decir.

TEILLIER, UN POETA DE LA OVACIÓN

(Por Teófilo Cid. Diario La Nación, 7 de abril de 1957).

No  acostumbro  escribir  acerca  de  las  frecuentes  meditaciones  que tengo del problema poético. He juzgado siempre con recelosa actitud las  abundantes  notas  críticas  escritas en torno  a  los  libros  de  poesía, malamente así llamados en razón de que han sido redactados en renglones cortos, con grave atropello de las virtudes principales de la prosa. En estos libros  se  refugia,  por  lo  general,  el  pensamiento  incapaz  de  expresarse discursivamente enhebrado, tan sólo en la urdimbre fantasiosa de lo alógico y lo descomunal. Tanto se revela esa inferior calidad mental en muchos de nuestros soi-dissant poetas, que tengo por costumbre higiénica el mirar cada nuevo libro de versos que aparece a la luz pública con zozobra y sospecha. Mala fortuna para el hombre que debe o se fabrica el deber de revisarlos y comentarlos. Los libros de versos no se redactan, se viven desde adentro y se  encarnan,  por  decirlo  así,  en  la  vida  misma  del  hombre  que  antes de escribirlos se ha condenado a una especie de ostracismo cívico.

Contemplar la vida no es lo mismo que vivirla, ni tiene accesión civil de ninguna clase a los compromisos que atan a los que se empeñan en configurar eso que se llama "hacerse un lugar en la vida". El hombre que verdaderamente ha sentido el goce -que a veces resulta dolorido de la poesía llega siempre atrasado a los postres de la existencia. Su forma de existir interior le impide reconocer las bondades del mundo práctico y corriente, por más que a veces las cante y celebre.

Confieso que mi filiación en materia de poesía es dolorida y de carácter algo lágnico. Creo que los cantos más bellos son los desesperados, coincidente como soy de la herejía baudeleriana y estoy distante de considerar que las relaciones morales que actualmente rigen a la humanidad sean dignas de encomio y celebración. Los versos epitalámicos y de bautizo y los cantos a la clase obrera intentados por más de un bardo de almanaque me parecen todos ellos una feroz pamplina. Optimismo, tal como lo consideran algunos, en buenas cuentas, es mal acicate para espolear a Pegaso.

Sin embargo, y bien entendida esta posición, no deja de ser notoria la existencia  de  una  poesía  que  podríamos  llamar  de  la  ovación.  Mi  buen amigo  Rosamel  del  Valle  la  habría  llamado  de  la  adoración.  Cuestión  de términos, al cabo. Existen poetas cuyo fin es loar y aderezar la vida, bien que esta los nazca,  como ciertas plantas  maravillosas, turbia colaboración de légamo. Se ha dicho más de una vez que el poeta siente la nostalgia de otra  vida  más  legítima  y  ordenada.  Los  poetas  de  la  ovación  tienen  la fortuna de sorprender los verdaderos ritmos, las genuinas armonías, en un mundo que a los demás se nos ofrece, por desgracia, disoluto y anárquico.

Jorge  Teillier  pertenece  a  esa  clase  de  dichosos  seres  nacidos  para destacar, precisar y delinear con claridad las obscuras percepciones vitales. Los gestos de los seres —humanos y bestias; los olores y las imágenes del paisaje;  los  reductos  familiares  y  humanizados  por  el  recuerdo  instado  y permanente;  y,  en  fin,  la  propia  conciencia  de  estar  vivo—  conciencia adquirida  en  forma  cultural  y  no  meramente  zoológica,  como  le  ocurre  a muchos,  todo  eso  es  materia  que  le  llena  de  un  melancólico  regocijo. Nombrar,  se  ha  dicho,  es  poetizar;  Teillier  se  goza  en  una  especie  de sustantivación del mundo que lo ha formado.

¡Y  qué  mundo!  Es  el  mío  también.  Como  en  ningún  otro  libro  he reconocido «románticamente» el paisaje; en los otros cantores de esta tierra natal se evadieron los contactos particulares en retóricas abstracciones que nada dicen al corazón. Mientras leo:

«Y horas que sean

reflejos de sol en el dedal de

la hermana,

crepitar de la leña

que se quema en la chimenea

y claros guijarros

lanzados al río por un ciego».

Es evidente que Teillier no alienta ningún deseo de deslumbrarnos con la novedad de la imagen. De este respecto estamos ya bastante amagados por la fulguración imaginativa de otros poetas. El que ahora nos preocupa no crea la imagen como una realidad separada, en el sentido creacionista de un Huidobro, por ejemplo, sino que la abre hacia la realidad descrita, de tal manera  que,  para  sentirla  como  bella,  debemos  invocar  la  belleza  de  la realidad que la inspiró. Es frecuente en su libro esta participación vital entre su pensamiento y lo real. He sentido acaso en forma muy especial dicha relación porque soy hijo del mismo paisaje:

«Era un puerto donde desembocaba el trigo.

Terminaba su viaje en el molino

la espiga, transformada en bella harina».

Poesía de la celebración. El poeta tiene veinte años o algo más. Está en la edad en que hasta los dolores son bellos, y:

«Qué importa recordar que una

vez cerramos la puerta de nuestro cuarto

para llorar con el rostro oculto entre las manos.

El aire, dice que una vez sonreímos por nada,

y que nos conoce, desde ante que supiésemos quiénes somos…»

Me satisface que haya aparecido por lo menos una voz cruda, exenta de la fatigosa endemia mental que parece perseguir a tanto poeta como hay en el país. Perfectos padres de familia, buenos imponentes del seguro, a quien los  fantasmas  acosan  desde  el  malhadado  instante  en  que  se  ponen  a escribir. Uno olfatea la mentira detrás de la vacua retórica.

No  son  desesperados  los  cantos  de  Teillier,  pero  no  por  eso  menos bellos. Él nos dice su verdad y eso es lo que maravilla.

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