El martes 19 de febrero de 1952 era pleno invierno frío, ventoso, oscuro y
nevado en Grimstad, al sur de Noruega. Día oscuro y corto. Un mundo
muerto de nieve. El frío hace castañetear los dientes.
En su enorme casa llamada Nørholm, a los 92 años
muere el brillante escritor noruego y Premio Nobel, Knut Hamsun. Según su
esposa Marie, Hamsun murió pobre, casi sordo y casi ciego, como un grifo
oxidado.
En su último libro de 1949, Por senderos que la maleza oculta, Hamsun
reconoció:
“Mi arterioesclerosis resulta terriblemente molesta. No
oigo. De acuerdo. Pero no veo, y eso es peor. Ya no soy capaz de leer una
revista, ni un miserable periódico. Lo mismo da.”
Sus últimos años fueron de aislamiento.
¿Lo mismo da?
Finalizada
la Segunda Guerra Mundial, fue detenido por las autoridades noruegas acusado de
colaboración y traición debido a su apoyo público a la ocupación alemana de
Noruega.
“El 14 de junio me trasladaron desde mi casa al hospital
de Grimstad —a mi mujer habían venido a buscarla un par de días antes para
llevarla a la cárcel de mujeres de Arendal—.”
Estuvo detenido bajo diversas formas de confinamiento entre 1945 y 1946. Internado en un primer
momento en una residencia de ancianos, y luego cuatro meses de internación en una
clínica psiquiátrica de Oslo, una institución para «nerviosos y enfermos
mentales».
Recibió el repudio público intenso de Noruega.
Perdió su prestigio.
Un día presentamos una novela del prolífico y prominente
escritor noruego Kjartan Flogstad en Santiago. Luego en un bar del barrio
Lastarria, le mencioné a Hamsun. Kjartan casi escupió. Kjartan Fløgstad
(nacido en 1944) ha analizado en sus obras las continuaciones de la ideología
de derecha en la política y la ideología de la posguerra.
El destacado escritor sueco Per Olov Enquist escribió un guion
ciertamente condescendiente para el film de Jan Troell en 1996. Allí Hamsun dice
que inclinó su cabeza ante Hitler porque odiaba a los imperialistas ingleses. Dicen
que en el juicio, Knut Hamsun lloró cuando le mostraron imágenes de los campos
de concentración nazi. Al final, Hamsun justificó su loco proceder apelando a
la conocida evasiva: “yo no sabía”.
“¿No sabía nada de los asesinatos, del terror, de las
torturas?
No. Apenas lo vi mencionado, justo antes de que me
arrestaran.”
(Lo mismo habría dicho el escritor argentino Jorge Luis Borges
al justificar su dignidad inclinada ante el asesino de Pinochet en Santiago de
Chile. “Yo no sabía”. O, Pablo Neruda pusilánime con Stalin. Adoradores de
modelos patriarcales. ¿Lo mismo da?)
El funeral de Knut Hamsun fue sobrio y silencioso.
"Nuestro querido Knut Hamsun falleció tranquilamente
anoche.
Nørholm, 19 de febrero de 1952.
Marie Hamsun.
Hijos. Nietos."
La necrología no contenía cruces ni otros símbolos. Dieciséis
palabras. Ningún político se presentó en el funeral. Casi ningún periódico lo
mencionó.
Foto del sueco Karl W. Gullers de Knut y Marie Hamsun, mayo 1950

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