viernes, agosto 28, 2009
La Videocracia de Berslusconi ¿o el país de Piñera?
Videocracy es un documental de Erik Gandinis que se estrena en septiembre.
domingo, agosto 23, 2009
Sobre lo irreversible de la historia, poema de Sergio Infante
Sobre lo irreversible de la historia
Poema de Sergio Infante
Poema de Sergio Infante
jueves, agosto 20, 2009
La escueta movida literaria de Santiago. Año 1990. La cueva de la Sech, el Jaque Mate, El Biógrafo, la Unión Chica y la estación Central. Por Omar Pérez Santiago. Revista Marusia, 1990
De la soledad del escritor nadie puede hablar en Chile. Un escritor que llega a Santiago será de inmediato invitado a las charlas de los martes en la Sociedad de Escritores de Chile, y a su tertulia posterior casi interminable, en un cuartucho pequeño y sin ventanas, una cueva, un chiflón literario. Mientras su espartano presidente, Jaime Quezada, atiende a la gente en la sala de sesiones, en la Cueva de la SECH el vino es barato, casi a precio de costo, y la conversación es grata y en voz alta.
No lejos de la cueva está el Jaque Mate, bar feo y de mal gusto, donde está sentada la poeta Carmen Berenguer rodeada de un lote de poetas jóvenes, poetas malditos chilenos que anuncian la hecatombe para cualquier momento (nadie les ha dado la noticia de que el apocalipsis ya tuvo lugar). Carmen es mujer y por lo tanto sabe cosas que nosotros los hombres no sabemos
Sus amigos hambrientos y vitales, andan abrazados con jóvenes poetas argentinos que han cruzado la cordillera de los Andes para participar de un encuentro de escritores en Santiago. Se fotografían en la esquina más horrible de la ciudad, pues no quieren que la historia los olvide, y se estacionan en el Jaque Mate, aspirando esa entidad gris e indecisa del aire, el smog terrible de Santiago. Se rumorea que resuelven sus disputas literarias a puñetes.
Allí está también, aunque en otra mesa, el joven José Paredes, editor y escritor de buen humor. (Hace algunos años en Malmö luego de entretenida charla nos fuimos de fiesta por ahí. Todavía, la poca, pero leal bohemia de la cuidad, recuerda esa noche con nostalgia: José Paredes canta a dúo con una agradable sueca amiga nuestra, y nosotros coreamos y llevamos el ritmo con golpecitos en la mesa).
Pero ahora Paredes está mal humorado porque el nuevo gobierno nombró agregado cultural en Italia a Raúl Zurita y no a su amigo, cuyo nombre dar no quiero, que está sentado allí en la misma mesa hojeando un libro de poesía.
Un bar un poquito más blazé y light, es el bar El Biógrafo, a la vuelta del Jaque Mate. Más de cuarentones, revolucionarios en pausa, renovados y renovadores de barba cuidada, algún “retornado” con beca, que buscan el amor de su vida en muchachitas de mirada oscura e intelectual. Los cuadros naivistas que allí cuelgan, por ejemplo, son del neo democratacristiano y actual agregado cultural de la municipalidad de Santiago, Alberto Jerez. Allí está el sueco-chileno Sergio Badila, escritor y periodista vestido dandy con ropa sueca y Andrés Morales y José María Memet, dos escritores taquilleros en Santiago. Andrés Morales bebe solo whisky y José María Memet no bebe nada, porque dice estar "chantado", viene de un encuentro de poetas en Valparaíso en donde bebió hasta el cansancio. De repente pasa, como el vendedor de huevos, Erwin Diaz ofreciendo su revistita café de poesía, El Organillo.
En la Unión chica, un bar de hombres bien adultos, Jorge Teiller, rodeado de escritores jóvenes y viejos, en la "mesa de los poetas”, solo bebe vino tinto. Tellier me dice, a pesar que ese rincón es casi suyo, que el barman no quiere a los poetas. El barman se hace el sordo y prácticamente tira con desprecio los vasos sobre la mesa de los poetas. Teiller me cuenta la historia con humor, le gusta esa imagen de desplazado. Jorge Teillier me cuenta que la editorial sueca Bonniers publicará una antología de poesía el próximo año, y aunque el barman de la Unión Chica no lo quiere, toda la gente que entra lo saluda e inclusive ha llegado una bella mujer a conversar exclusivamente con él.
Y como hay congreso literario en la Universidad de Santiago -la última moda de la elite cultural santiaguina son los festivales literarios y la consecuente habladuría de quienes son invitados y quienes no. Hay extranjeros por ahí, parte de la internacional literaria: los valsecitos peruanos del poeta limeño Antonio Cisneros a coro con el poeta Jesús Ortega suenan nítidos en un restaurant frente a la estación Central o la voz llena de zetas del poeta español Jaime Siles que, con esa irreverencia que han adquirido los españoles post, distribuye graves infidencias de los reyes españoles o de las bellas de la corte.
domingo, agosto 09, 2009
El añejo debate sobre la narrativa latinoamericana
Estamos en el año 2009.
Y sin embargo, el escritor venezolano Gustavo Guerrero, consejero de Gallimard, aún discute en un empalagoso artículo titulado Critica del panorama en Letras Libres, el exotismo del realismo mágico o el izquierdismo de la revolución cubana, como fenómenos literarios que habrían sido, según él, paradigmáticos y predominantes (metarrelatos o “panoramas” los llama él).
A consecuencia de eso, sostiene Guerrero, la literatura latinoamericana no existe más y, también sostiene Guerrero, la flacuchenta tesina de que ahora la literatura latinoamericana es un producto disímil, difícil de enmarcar en una estética particular, y que se encuentra más bien en la línea de la posmodernidad.
Sorprende lo antigualla.
Añejo, pues eso ya lo representó inicialmente desde la Zona de Contacto de El Mercurio el chileno Alberto Fuguet y su segundo abordo, Sergio Gómez, en los primeros años 90. Esas movidas publicitarias colocaron, finalmente, un solo tema en debate. El asunto del posicionamiento del escritor en el mercado, la desesperación del reconocimiento, las ganas de convertirse en un negocio, el deseo de respetabilidad literaria. Es decir, el tedio y la complacencia en el hoyo, en el culo del mundo. En realidad ningún tema literario.
Y, vaya cómo ha pasado el tiempo desde entonces.
Mas, parece que, a pesar de la tinta que corrió debajo de los puentes, ese facilismo alucina aún a Guerrero. Gustavo Guerrero revive el asunto del Mcondo y su réplica mexicana del Crack para argumentar que la actual narrativa latinoamericana es un híbrido.
Pero a Gustavo Guerrero lo atajó bien y fácil otro Gustavo, el peruano Gustavo Faverón Patriu, en un artículo llamado justamente Sobre un artículo de Gustavo Guerrero.
Sostiene Faverón, con razón, que han habido líneas estéticas muy diversas y poderosas en América, y no sólo el realismo mágico. Argumento cierto y fácil, muy fácil de probar.
Además, sostiene Faverón, que la corriente del realismo mágico, no es sólo latinoamericana. Está en la obra de Rushdie o Morrison o Mahfuz o el último Mulisch. Yo podría agregar que ya estaba presente en varios otros buenos y ya antiguos escritores escandinavos como los premios nóbeles, Laxness y Lagerlöf. Asimismo, eso se reproduce en los nuevos escritores como el islandés Gudbergur Bergsson, el danés Peter Høeg o el noruego Kjartan Flögstad, y su realismo ártico.
Guerrero afirma que el desconocimiento y la geografía provocan la balcanización de las letras latinoamericanas y una dificultad para conocer lo que ocurre en nuestros países. Y así afirma: “siempre se consigue más información sobre América Latina en Europa o en Estados Unidos que en la propia América Latina.”
El neófito no se entera como van las literaturas nacionales. Mas, es difícil de creer que le ocurra a un escritor activo. Peor aún, es difícil de aceptar que para enterarse de literaturas latinoamericanas, uno debería viajar a Europa. (Al parecer, un editor en Europa, que camina de su departamento a su trabajo, necesita simplificaciones)
Voy a poner el ejemplo chileno, país que más conozco, porque viajo por nuestras ciudades y por que me relaciono con escritores y hablo con ellos. Y no sólo hablo, también a veces, ceno y bebo con ellos. Y, para hacerla corta, mi conclusión es que una de las corrientes más fuertes es el nuevo realismo.
Lo ha dicho también en un excelente artículo el escritor chileno Iván Quezada, a raíz de la lectura de las novelas Fumador y otros Relatos, de Marcelo Lillo; Las Manos al Fuego, de José Gai; y Los que sobran, de Mario Silva: “Además, creo yo, surge de una necesidad colectiva por volver a compartir valores como la historia, la intuición, la conciencia omnisciente del escritor y el arte con sentido.”
Es la misma línea está el escritor mapuche Javier Milanca y su realismo chungo o Jorge Marchant Lazcano. Y una de las figuras indiscutibles de la nueva literatura latinoamericana es el chileno Roberto Bolaño, cuyo “panorama” es un ambicioso realismo cult-pop.
Esa nueva narrativa realista responde a la gramática de la post globalización.
Retoma realidades latinoamericanas fuertes, en ambientes de desecho, en esos suburbios de las ciudades, en la frontera de lo legal, lo duro y lo bizarro. Se admite aquí que vivimos entre la fragilidad y la violencia, en un presente desolador: catastrófico en términos de equidad y justicia social, siniestra en materia de respeto a los derechos humanos y apocalípticos para la salud ecológica del planeta. Es una literatura que fortalece un nuevo círculo para presentar una realidad muy chunga, de mala calidad, difícil y peliaguda que dejó el paso de la globalización en América Latina.
viernes, agosto 07, 2009
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