De la soledad del escritor nadie puede hablar en Chile. Un escritor que llega a Santiago será de inmediato invitado a las charlas de los martes en la Sociedad de Escritores de Chile, y a su tertulia posterior casi interminable, en un cuartucho pequeño y sin ventanas, una cueva, un chiflón literario. Mientras su espartano presidente, Jaime Quezada, atiende a la gente en la sala de sesiones, en la Cueva de la SECH el vino es barato, casi a precio de costo, y la conversación es grata y en voz alta.
No lejos de la cueva está el Jaque Mate, bar feo y de mal gusto, donde está sentada la poeta Carmen Berenguer rodeada de un lote de poetas jóvenes, poetas malditos chilenos que anuncian la hecatombe para cualquier momento (nadie les ha dado la noticia de que el apocalipsis ya tuvo lugar). Carmen es mujer y por lo tanto sabe cosas que nosotros los hombres no sabemos
Sus amigos hambrientos y vitales, andan abrazados con jóvenes poetas argentinos que han cruzado la cordillera de los Andes para participar de un encuentro de escritores en Santiago. Se fotografían en la esquina más horrible de la ciudad, pues no quieren que la historia los olvide, y se estacionan en el Jaque Mate, aspirando esa entidad gris e indecisa del aire, el smog terrible de Santiago. Se rumorea que resuelven sus disputas literarias a puñetes.
Allí está también, aunque en otra mesa, el joven José Paredes, editor y escritor de buen humor. (Hace algunos años en Malmö luego de entretenida charla nos fuimos de fiesta por ahí. Todavía, la poca, pero leal bohemia de la cuidad, recuerda esa noche con nostalgia: José Paredes canta a dúo con una agradable sueca amiga nuestra, y nosotros coreamos y llevamos el ritmo con golpecitos en la mesa).
Pero ahora Paredes está mal humorado porque el nuevo gobierno nombró agregado cultural en Italia a Raúl Zurita y no a su amigo, cuyo nombre dar no quiero, que está sentado allí en la misma mesa hojeando un libro de poesía.
Un bar un poquito más blazé y light, es el bar El Biógrafo, a la vuelta del Jaque Mate. Más de cuarentones, revolucionarios en pausa, renovados y renovadores de barba cuidada, algún “retornado” con beca, que buscan el amor de su vida en muchachitas de mirada oscura e intelectual. Los cuadros naivistas que allí cuelgan, por ejemplo, son del neo democratacristiano y actual agregado cultural de la municipalidad de Santiago, Alberto Jerez. Allí está el sueco-chileno Sergio Badila, escritor y periodista vestido dandy con ropa sueca y Andrés Morales y José María Memet, dos escritores taquilleros en Santiago. Andrés Morales bebe solo whisky y José María Memet no bebe nada, porque dice estar "chantado", viene de un encuentro de poetas en Valparaíso en donde bebió hasta el cansancio. De repente pasa, como el vendedor de huevos, Erwin Diaz ofreciendo su revistita café de poesía, El Organillo.
En la Unión chica, un bar de hombres bien adultos, Jorge Teiller, rodeado de escritores jóvenes y viejos, en la "mesa de los poetas”, solo bebe vino tinto. Tellier me dice, a pesar que ese rincón es casi suyo, que el barman no quiere a los poetas. El barman se hace el sordo y prácticamente tira con desprecio los vasos sobre la mesa de los poetas. Teiller me cuenta la historia con humor, le gusta esa imagen de desplazado. Jorge Teillier me cuenta que la editorial sueca Bonniers publicará una antología de poesía el próximo año, y aunque el barman de la Unión Chica no lo quiere, toda la gente que entra lo saluda e inclusive ha llegado una bella mujer a conversar exclusivamente con él.
Y como hay congreso literario en la Universidad de Santiago -la última moda de la elite cultural santiaguina son los festivales literarios y la consecuente habladuría de quienes son invitados y quienes no. Hay extranjeros por ahí, parte de la internacional literaria: los valsecitos peruanos del poeta limeño Antonio Cisneros a coro con el poeta Jesús Ortega suenan nítidos en un restaurant frente a la estación Central o la voz llena de zetas del poeta español Jaime Siles que, con esa irreverencia que han adquirido los españoles post, distribuye graves infidencias de los reyes españoles o de las bellas de la corte.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario