miércoles, mayo 27, 2026

Llega junio y el día de los cerezos. El escritor japonés Osamu Dazai y su amante Yamazaki Tomie se tiran al río Tama





Los Cuentos de cabecera del japonés Osamu Dazai son cuentos preámbulos de un estilo. Publicados en 1945, el narrador está en bunker esperando que caigan las bombas. Tomó cuentos tradicionales y folclóricos japoneses y les aplicó ironía. Era ingenioso.

En solo unos años, en 1948, publicaría su novela tremenda Indigno de ser humano y que ha quedado para siempre en mi memoria:

“Mi vida ha estado llena de vergüenza. La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano.”

Es la tradición japonesa del watakushi shōsetsu (“novela del yo” o ficción autobiográfica), donde la frontera entre autor y narrador se vuelve difusa; la experiencia íntima es central; importa menos la trama externa que la exposición emocional y moral.

Ese mismo año, 1948,  Osamu Dazai se suicidó. Tenía 38 años.

Fue un día de junio, el día de los cerezos, Osamu Dazai se tira al río con su amante Yamazaki Tomie.

“Cerezas”, su último cuento, donde invoca auxilio del Salmo 121: Elevaré mis ojos a los montes.   Un cuento temible porque condensa a Osamu Dazai: una escena doméstica concentrada, una confesión devastadora sobre la culpa, la familia y la imposibilidad de, ¡carajo!, sentirse plenamente humano.


 


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