domingo, junio 04, 2006

¿Vale algo el Premio Nacional?

Un notable conato entre el cineasta Miguel Racz y el bloguero Home Sweet Alameda se produjo en su blog , a raíz del escritor nazi, Miguel Serrano y su postulación al premio nacional. El cineasta Miguel Racz aprovechó luego de escribir un curioso e ilustrativo post sobre su relación personal con Serrano en: Dr Jekill y Mr Hyde: Premio Nacional ?, donde, por lo demás, continuó el conato.

Ignacio Echevarría -un crítico español que se asimila cada vez más a un sociólogo machacón- dijo algo milagroso:

“En la impugnación de un escritor como Miguel Serrano para el Premio Nacional de Literatura se juega algo más que el reconocimiento de una opción estética ejercida con más o menos talento: se juega el ascendente de una ideología repudiable sobre un campo literario minado por los éxitos de ventas, sin duda, pero por cuya representatividad ética corresponde a las autoridades culturales velar.”

Revista de libros

¿Quéé?
¡¡¡¡¿Debe la autoridad cultural velar por la representatividad ética? ¡!!!


Estamos de vuelta a la pregunta inicial:
¿Es acaso la Ministra de cultura la que debe resolver esto?

12 comentarios:

  1. bueno,
    me imagino que el país institucionalizado debería tener una posición clara y entendible para todos los chilenos sobre algunos temas

    a lo menos, dar una opinión "oficial", basada por supuesto, en algo como la constitución del país o en las leyes...

    chile, como país, ¿no tiene una posición ante el nazismo? ¿ante el racismo, en general?

    mmmm, sería muy feo y - como ahora está de moda - muy poco "educativo"

    con algo de tiempo, leeré la pelea esa que mencionas...

    buena semana!

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  2. El Premio Nacional se debiera entregar cada 5 o 6 años. Un sólo país no tiene tantos escritores de trascendencia como para premiarlos tan seguido. Al final se rebusca a quien premiar, pero no hay ninguno cuya calidad literaria se considere de manera unánime.
    Pienso que los realmente buenos ya están premiados o muertos, habría que esperar un rato.
    Por otro lado, en el gobierno no tienen idea de literatura eso está claro. Eso sí, creo que la postura es contra el fascismo y el nazismo, pero por ahí alguien dijo que no le dieron el Nobel a Borges por visitar a un dictador, lo cual tb es injusto.
    Tampoco creo que Serrano se esté rapando y lanzando molotovs a los colegios en toma, ni menos pienso que los pseudoneonazis chilenos lo hayan leído. No es ninguna influencia.

    Saludos

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  3. si hay pocos escritores
    me propongo para el premio!

    lo recibiría encantado
    (y no soy nazi)

    ... empiezo mi campaña ahora mismo...

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  4. ¿A cuánto asciende el premio($)?
    Acabo de leer el blog de sweet home y el conato verbal que en él se produce con Racz... lo bueno y entretenido del asunto es que la lid comienza en forma muy civilizada, hasta cursi, se podría decir, para pasar luego a mostrar la verdadera mentalidad de los interlocutores, es decir, unos pendejos que pasan demasiado tiempo en Internet y no leyendo, como deberían hacerlo.
    La pelea termina pareciendo más una discusión por una supuesta superioridad intelectual que un debate literario sobre el tan vilipendiado premio. Repito, ¿A cuánto asciende ($)?

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  5. el premio creo que son 12 millones de pesos chilenos y una pesión vitalicia de cerca de 600 mil pesos mensuales

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  6. Anónimo7:46 p.m.

    Yo encontré la pelea-discusión buenísima. A pesar que no estoy ni ahí con Serrano, me pareció que el otro tipo dio mejores argumentos. Cuando alguien se pone a sacar los apellidos familiares para ganar un debate, algo anda mal.

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  7. Anónimo12:30 a.m.

    Chuck Norris se llama Gonzalo Baeza y es un nazi aficionado,experto en trivia nazi,admirador de Himmler al cual no le da el ancho para discutir con
    cierto nivel y
    al poco rato empieza a delirar.

    Por eso la discucion no fue buena.

    En todo
    caso Serrano es un personaje irrelevante que solo Chile puede producir y solo un tipo como Baeza admirar.

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  8. No sé cómo estará operando la Red Paidós por estos días, pero les sugiero que instauren una presidencia rotativa. No puedes pasártelas de blog en blog mandando mensajitos anónimos en que me acusas de algo que no soy simplemente por creer que Serrano escribe bien. Es mucha pega para una sola persona. Apuesto a que ni tu mamá te da un abrazo para el Año Nuevo, amargado.

    Si bien ese "debate" se transformó en cualquier cosa, se necesitan dos personas para chacrearlo. De todas formas, si bien el dueño de este blog se decidió a mencionarlo, es porque al menos le entretuvo por más engrupido, cursi o derechamente estúpido que le pareciera. Mis disculpas a O. Pérez (a quien no conozco, así que no lo "denuncies" como a mí) por poner esto aquí, pero no lo quise dejar pasar.

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  9. Gonzalo Baeza12:55 a.m.

    NO, el holocausto no ha sido probado ni refutado tras la sentencia que el juez Charles Gray emitiese la mañana del 11 de abril en la sala 14 de los tribunales de justicia ingleses, luego de un juicio de dos meses. Independiente de la campaña de distorsión y asesinato de carácter en contra del historiador británico David Irving, la verdad es otra.

    Todo se remonta a 1992, cuando la institución Yad Vashem del gobierno israelí comisionó a la académica Deborah Lipstadt de la Universidad de Emory, Atlanta, a realizar una historia del llamado revisionismo histórico del holocausto, el movimiento de historiadores y escritores cuyo objetivo es la reevaluación de las catástrofes humanas acaecidas en la Segunda Guerra mundial (2ª GM).

    Rebautizado por Lipstadt como el "Holocaust Denial movement (Movimiento de negación del holocausto)" en el trabajo que finalmente publicase en 1993 la editorial Penguin Books, Denying the Holocaust: the Growing Assault on Truth and Memory (Negando el holocausto: el Creciente Asalto a la Verdad y la Memoria), la corriente historiográfica enmarca distintas vertientes. Según Lipstadt, hay quienes como Irving niegan la existencia de cámaras de gas homicidas al menos en escala masiva (aunque conceden un número de hasta 4 millones de víctimas judías en la guerra), pasando por el conservador Ernst Nolte, quien sólo comete el pecado de comparar el holocausto con masacres como los Gulags soviéticos (una "equivalencia inmoral", de acuerdo a L., por lo único de vulnerar al pueblo judío), hasta Robert Faurisson, quien enumera a las víctimas en cientos de miles.

    David Irving es sin dudas un historiador de fuste, que adquirió fama mundial tras la publicación en 1977 de La Guerra de Hitler, libro que propuso la polémica tesis que el Führer germano jamás dio una orden directa para la llamada "Solución Final" (hecho del que no consta documento alguno) y que por lo tanto desconocía de muchas de las atrocidades que hoy se denuncian como mantra no sujeto a discusión en películas, novelas, discursos políticos, monumentos y propaganda, entre otros. Su obra le valió esperables comentarios hostiles de la academia, junto con loas de eminencias respecto del período histórico, como Hugh Trevor-Roper ("Ningún elogio es demasiado alto para la infatigable y erudita industria de Irving"), Gordon Craig ("los historiadores siempre aprenden algo de Irving") y A.J.P. Taylor (que pese a su palpable germanofobia, exculpase a Hitler de haber desencadenado el conflicto, lo que en su tiempo le valió condenas y polémicas hasta con el mismo T-R., mas no condenas legales).

    La postura confrontacional de Irving le ha valido la expulsión de países como Australia, Canadá (donde el Board of Deputies inglés, institución judía, maniobró en altas esferas para que se implantasen informes difamatorios falsos entre documentos gubernamentales y así impedir el ingreso de Irving para dar lecturas), y Alemania (donde fuera convicto por citar un artículo de Le Monde que a su vez cita a Faurisson negando la existencia de gaseamientos, a raíz de la particular figura jurídica de "difamar la memoria de los muertos". Hoy, el historiador no tiene acceso a los archivos históricos en poder del estado alemán, a los cuales ha donado raros documentos que él mismo descubriese. La presión alemana es tal, que a poco de comenzado el juicio, autoridades de Mannheim solicitaron a Inglaterra la extradición de Irving por otra presunta falta). Asimismo, en países en que los gobiernos no han cedido a la presión descarada en contra de la libertad de expresión del Board of Deputies o la Anti-Defamation League (ADL, la misma a la que en 1988 se le descubrió un archivo de 150 páginas en contra de Noam Chomsky por criticar a Israel, con detallados instructivos de cómo entorpecer sus actividades), las organizaciones chantajean a decanos de universidades o incautos presidentes de federaciones de alumnos, los que han sido violentados, obligados a disculparse por apenas aceptar que Irving debatiera en su campus y hasta forzados a tours por el museo del holocausto local.

    La paciencia de Irving fue colmada cuando una campaña publicitaria de intrigas y presiones a los editores de St. Martin's Press y encabezada por Lipstadt consiguió en abril del '96 que la compañía desistiese de publicar una biografía del ministro de Propaganda del Tercer Reich, Goebbels. Junto con calumnias y epítetos descalificativos en su trabajo por comisión del '93, Irving consideró que los ataques de Lipstadt ponían en peligro su fuente de ingreso además de al descubierto una campaña internacional para terminar con su reputación como historiador. Por esos tiempos, la pequeña obra publicada en EEUU se distribuía en Inglaterra, lo que permitiera a Irving tomar acción ante los tribunales de su país.

    'David contra Golipstadt': Ya es un lugar común en estos casos evocar a Orwell o, si la ADL prefiere, a Kafka. Pero es que en palabras del inglés, el escenario que comenzó a desenvolverse el pasado martes 11 de enero es el clásico de una "ortodoxia prevaleciente" en que el que disiente puede ser "silenciado con sorpresiva efectividad".

    Nominalmente, 21 abogados defendieron a la académica y la editorial Viking-Penguin frente a un Irving que presentó su caso sin consejero legal alguno, lo que muchos estiman influyó en el desenlace del juicio. Pero además de la comisión de informes e interrogatorios a cuatro "expertos" (entre ellos Robert van Pelt, presentado como profesor de "historia cultural" de la Universidad de Waterloo y entendido en Auschwitz, y Hajo Funke, profesor de ciencia política de la Universidad Libre de Berlín y llamado a testificar como especialista en "extremismo"), destaca la inmiscusión de un Estado soberano en la persona del procurador general israelí (para bulladamente dar a conocer las memorias de Adolf Eichmann, por décadas guardadas por Israel, las que finalmente llegaron en un disquete (nunca se vio el manuscrito) que la defensa no utilizó porque en definitiva no contenían nada relevante al caso. Es decir, ninguna mención a cámaras de gas pese a que la prensa lo bautizase como el "ingeniero de la Solución Final" y el hecho que visitara Auschwitz) y un fondo de ¡seis millones de dólares!, recaudado por el American Jewish Comitee de celebridades del "Shoa Business" como Steven Spielberg.

    Qué dice el panfleto Lipstadt: ¿Por qué la necesidad de hablar in extenso de genocidios, cámaras de gas y testimonios de sobrevivientes cuando lo que está en discusión es el prestigio de Irving como historiador? Para probar que las múltiples etiquetas que se le achacan al británico son ciertas. El historiador sería un "partisano de Hitler" que deliberadamente maneja la evidencia para exonerar a los jerarcas nazis de toda responsabilidad en genocidios que, además, pondría en duda. Pero además de los clásicos aruina-reputaciones de "racista" y "anti-semita", según L., Irving tendría contacto con Hamas, Hezbollah y el líder supremacista negro de la nación del Islam en EEUU, Louis Farrakhan.

    Para enfrentar la seriedad de sus denuncias, L. Se acogió a un resquicio de la ley británica que le permitió no hablar una sola palabra durante el juicio ni ser sometida a interrogación por parte de Irving. La misma ley de la que se quejaran los medios por poner el peso de probar la verdad de las acusaciones en el demandado, la que según medios internacionales desde CNN a las agencias cablegráficas, vulnera la libertad de expresión. Mas pese a ser Irving quien exigía reparaciones, fue él quien fue sometido por la virtual duración del juicio a extensos interrogatorios, además de "trucos del oficio" por parte de la defensa, como: anunciar testigos que finalmente no se presentaron para que I perdiese tiempo preparando preguntas, conseguir que todo punto de los extensos informes preparados por los "expertos" para el juicio que no fuese rebatido por I (con escaso tiempo para revisarlos y siendo algunos de ellos al parecer deliberadamente confusos) se concedía al bando de Lipstadt y esconder evidencia cuando según las reglas del proceso ambas partes debían estar en conocimiento de todas las pruebas.

    Pero vamos a las acusaciones de Lipstadt, que es de lo que se trata un juicio por injurias y no un tribunal político sobre hechos históricos supuestamente incontrovertibles y hasta sagrados. Por la forma en que se llevó el juicio, ya se ha dicho que pauteado por la defensa, Irving sólo pudo dar pruebas del accionar inescrupuloso de la demandada y de la campaña en su contra en su discurso final. Entre ellas: memorandums de la editorial Macmillan asegurando a entidades judías que "No volveremos a publicar a Irving" y órdenes de altos directivos para destruir la totalidad de ejemplares no vendidos de sus obras, además de rescindir contratos y honorarios; panfletos de manifestaciones en su contra organizadas por la Campaign Against Fascism in Europe (entidad desenmascarada por el Sunday Express como frente del Mossad) que rezaban "Gaseen a Irving Ahora", llamando a la formación de una "alianza de clase trabajadora (...) compuesta por comunidades negras, judías, lesbianas y gay" (¡!); o la directriz de Sol Littman, a título de jefe ejecutivo del Centro Simon Wiesenthal en Toronto que a toda costa, "sus actividades han de restringirse" y como historiador "su legitimidad debe ser erradicada".

    En cuanto a Lipstadt, los testimonios son aun más decidores. Durante la confección de su panfleto, muchas fueron las autoridades que lo escrutaron y una de las preguntas que surgió fue el por qué en su borrador original (no presentado en el juicio, pese a ser parte integral del caso), supuestamente un estudio acabado del revisionismo, no había mención alguna de David Irving. Un documento de Littman (en que aparece la frase de "erradicarlo") le recomienda a la académica que lo utilice pero no lo cite ni publique directamente, ya que "contiene muchas frases y comentarios que ni usted ni yo utilizaríamos en una situación que involucra considerable delicadeza". Terminar, inequívocamente, con la labor de Irving. Un historiador que hasta en el litigio hizo gala de su manejo de fuentes, al reconstruir las maniobras de Lipstadt y sus contradictores sobre la base de memorandums secretos debido a la mala fe de la defensa al esconder evidencia.

    La razón es clara y es que esta funcionaria de segundo orden, "aburrida como sólo los santurrones políticamente correctos pueden serlo", como la denominara el historiador John Keegan (y claro contradictor de Irving), no dominaba el tema que le encargaron y mucho menos conocía al historiador que difamó. Es por eso que una revisión sumaria de su libro nos lega joyas como que: Irving asiste regularmente a manifestaciones de la Deutsche Volks Union (pero la referencia en la sección de fuentes es un recorte de un diario que dice que el británico simplemente fue invitado a hablar a una en 1992, sin mencionar el hecho que por años el ingreso a ese país le había sido denegado); referencias a acciones de Irving posteriores cronológicamente a la fecha en que Lipstadt redactase el prólogo al libro, lo que evidencia que las referencias al inglés han sido insertadas malamente; o que la opinión de un parlamentario haciendo referencias denostativas al historiador en un debate se haga pasar por la política oficial de la Cámara de los Comunes. ¿Quién manipula las fuentes?

    Todo, irrespectivo del hecho que hasta la sentencia del juez constató que Irving jamás se ha relacionado de manera alguna con los grupos armados ni personeros antes puestos en cuestión. Si hasta las notas de una conferencia dada por Lipstadt (¡un año!) después de la publicación de su escrito constatan que Irving no niega "la ocurrencia" del holocausto. Curioso que dos años se acordase de lo que puso en su libro y montara una campaña en su contra.

    Lipstadt, un engendro del "establishment" académico: Pero si de racistas se trata, es la señora Lipstadt la que mejor puede darnos clase, no denunciando por encargo, sino con su propio comportamiento. Por ejemplo, cuando en su columna para la publicación conservadora judío Jewish Spectator declara que "debemos decirle a los jóvenes [judíos] que el matrimonio con gente de otro credo es un serio peligro al futuro de la comunidad judía" o que entre las diez cosas que los padres le deben decir a sus hijos, la número uno es: "espero que te cases con un judío". En una sociedad tolerante, nadie la puede reconvenir por pensar ello, pero son esas las mismas ideas que a otros les cuestan su reputación al tratárseles de "supremacistas".

    "Manipular evidencia" fue otra de las acusaciones. Lipstadt de nuevo sabe de qué está hablando, pues incorporaba como lectura para su cátedra las "memorias" del "sobreviviente" del holocausto Bruno Wilkomirski. Cuando se supo que la obra en cuestión, Fragments, ganadora en 1995 del National Jewish Book Award, era autoría de un tal Bruno Döseckker, quien jamás puso un pie en Polonia y viviera en Suiza durante el conflicto, Lipstadt no se complicó. Reconociendo que el hecho podía "complicar los asuntos un poco", insistió en que el texto de cualquier forma podía hacerlas de una "poderosa" novela.

    A Irving se le achaca el no ser un historiador con estudios, y por ende, no "legítimo". Los cursos que enseña Lipstadt para Emory, conocida como la "Coca Cola University" por tratarse de un establecimiento menor que recibe subsidios de aquella empresa, son el "Holocausto y el Film" y, para los estudiantes de lengua alemana, "Memorias del Holocausto". Una casa de estudios en que para poder hablar bien alemán hay que hacer un curso del holocausto en que se leen "poderosas" novelas bajo la tutela de una dilettante que se indigna por encargo.

    La evidencia en cuestión fue expuesta durante el juicio, pero le valió una condena unilateral tanto por parte del juez como de los medios a Irving, por ser un "historiador nazi que niega el holocausto", además de sustentar otras tesis "absurdas". Al parecer, mucho más que las que le valieron a Goldhagen ser un best seller, además de una cátedra en Harvard.

    Mucho aspaviento se ha hecho por las credenciales académicas en juicios de esta índole. Independiente de los reparos técnicos que posteriormente se le han hecho, el discutido "Informe Leuchter" fue desestimado en el juicio en Canadá en que el revisionista Zündel lo diera a conocer, porque su autor, Fred Leuchter, especialista en construcción de cámaras de gas, no era un ingeniero titulado. No es de interés de este comentario discutir sobre la calidad de este trabajo (que durante el presente juicio, Irving descalificó pese a haberlo publicado bajo su propia firma editorial. Asimismo, no pudo llamar como testigo a Germar Rudolf, ex - ingeniero del Instituto Max Planck, porque Alemania persigue extraditarlo por confeccionar otro informe que en teoría corrige a Leuchter y asevera que no hubo gaseamientos durante la guerra), mas sí llamar la atención de por qué el "experto" en la arquitectura y construcción de Auschwitz/Birkenau, Van Pelt, no es un arquitecto y no obstante se le citara como autoridad.

    De hecho, tal observación, entre muchos reparos formulados por Irving cuando le interrogaba, fueron víctimas de los curiosos "apagones mediáticos" que sufría el juicio (en particular a manos del Times y el Guardian) cada vez que el historiador británico sometía a escrutinio a los testigos de la defensa e incidentalmente le daban la razón. Un cálculo hecho por Irving al respecto dice que cuando él era interrogado el número de artículos fue ocho veces mayor que viceversa.

    La sentencia: Se puede argüir que en términos financieros el desenlace del caso es catastrófico para Irving. Junto con confirmar cada uno de los juicios de valor formulados por Lipstadt en su contra, la sentencia le obliga a pagar los costos de la defensa (que se estiman entre EEUU $3,2 millones (AP) y $4,5 (Reuters) ). Gray aceptó que se hicieron aseveraciones sin fundamento respecto de Irving, pero no les da mayor relevancia.

    Quizás la frase más importante para acallar a quienes ven en este juicio un dictamen respecto de la verdad de la historia, es la sección 1.3 de la sentencia, en que Gray dice que "no me corresponde formular, ni mucho menos expresar, un juicio respecto de lo que ocurrió [en la 2ª GM]. Esa es una labor para los historiadores. Es importante que quienes lean este veredicto tengan bien en mente la distinción entre mi rol jurídico de resolver los temas que surgen entre las partes y el rol del historiador buscando entregar una narración exacta de los hechos del pasado (subrayado nuestro)".

    Para los reporteros y sus entrevistados que dijeron que la reputación de Irving estaba acabada, si alguna vez la tuvo, están pasajes de la sección 13.7: "es claro por la forma en que [Irving] condujo su caso y se manejó ante una sostenida y penetrante contra interrogación que su conocimiento de la 2ª GM no tiene paralelo. (...) Es sin lugar a dudas capaz e inteligente. (...) Más aún, escribe su historia militar en un estilo claro y vívido".

    También hay pasajes en que trata la banalización de calificativos como "anti semita" y reconoce "el argumento de Irving que los judíos no son inmunes a sus críticas. (...) [D]a como ejemplo lo que Irving asegura fue su crítica justificada a los judíos por suprimir su libertad de expresión. Otro supuesto legítimo de criticar es la manera en que judíos en ciertas partes del mundo parecen explotar el holocausto (subrayado nuestro)".

    Una curiosidad es su comentario respecto de Auschwitz, en la sección 13.71: "Debo confesar que, en comunión con lo que sospecho es la mayoría, supuse que la evidencia de exterminio masivo de judíos en cámaras de gas en Auschwitz era convincente. He, sin embargo, hecho a un lado este prejuicio al evaluar la evidencia aducida por las partes en estos procedimientos...". Y agrega que Irving "está en lo correcto al indicar que los documentos contemporáneos, planes, correspondencia con los contratantes y afines, brindan poca evidencia clara de la existencia de cámaras de gas diseñadas par matar humanos".

    Mas con estas citas aisladas de una sentencia de 220 páginas muy desfavorable a Irving no se persigue dar la razón post facto a Irving, sino mostrar cómo la fuerza de los prejuicios (sancionados o no por ley) se puede imprimir hasta (o incluso con mayor fuerza) en las autoridades supuestamente a cargo de administrar justicia. De hecho, Gray hace otras concesiones disputables como en la sección 13.35: "La evidencia sugiere que en la conferencia de Wansee en enero de 1942 un programa de exterminio de los judíos fue discutido y acordado en amplios términos", al parecer sin considerar la dudosa legitimidad del único documento generalmente mostrado como prueba. Lo que es verdaderamente revelador de los tiempos en que vivimos es el comentario aparecido en Le Libre Journal respecto a cómo las opiniones de Gray sobre Auschwitz podrían costarle cárcel en Francia, en virtud de su legislación en contra de cuestionar aspectos del holocausto. Como dijera Irving tras saber el desenlace del juicio: "Una palabra: perverso".

    El juego de las etiquetas es el más fácil para quienes cuentan con la anuencia de los ingenieros del consenso subsidiado. Tanto es así, que ni siquiera se puede cuestionar el dogma historiográfico respecto a que unos muertos son más importantes que otros, sean los cerca de 20 millones de víctimas del "Gran Salto Adelante" de Mao o los 9,3 millones de alemanes en el período 1944-49. Hasta el historiador judío Raul Hillberg se ha visto en problemas por decir que la cifra oficial de muertos es de cinco en vez de seis millones de personas de tal confesión.

    Ante artículos de prensa que suscitan la furia de lectores desinformados por decir que el relato acerca de seres humanos convertidos en jabón y pantallas de lámpara es una invención propagandística que data de la Primera Guerra Mundial o que la cámara de gas de Dachau jamás fue utilizada (The Atlantic Monthly, marzo 2000), da para pensar cuán útiles son las leyes que prohiben decir ciertas cosas y los costosos monumentos a la hora de realmente informar a la ciudadanía. ¡Si hasta un drama basado en el juicio se acaba de estrenar en la televisión inglesa! Todo quien respete el valor de una opinión informada, sea del bando que sea e irrespectivo de sus simpatías, haría bien en revisar las transcripciones del juicio para acercarse a la verdad. Por de pronto: David Irving no es un héroe ni un apologista del crimen, no es un nazi ni un revisionista. Y, de seguro, lo medular del juicio no tiene nada que ver con ningún holocausto.

    "Lift up your heart!
    You also won losing.
    From now on, the heroes of the World are with you until the end.
    The Archetype is taking you by the hand"
    -- Miguel Serrano,

    misiva del escritor y ex-embajador chileno a David Irving tras enterarse del fallo.

    Gonzalo Baeza

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  10. Efectivamente, es demasiado fácil usar el "Usuario Anónimo" para superponer nombres y decir lo que uno no se atreve a decir con su propio nombre. Aunque todos los que tenemos algo de experiencia lo sabemos bien y miramos el efecto mentiroso con compasión o a veces con algo de ira. La mayoría de la veces con desdén.
    Pero, cuando el efecto de abusar del "Usuario Anónimo" busca castigar o desvirtuar a alguna persona de modo pernicioso y sistemático y con claro afán persecutorio, es entonces que este señor "Usuario Anónimo" (o señora, quien sabe?) está cayendo en lo mismo que cree condenar: está cayendo en una especie de fascismo cibernético.

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