viernes, marzo 06, 2026
La Novia! de Maggie Gyllenhaal
miércoles, marzo 04, 2026
El día en que el poeta Jorge Teillier de 20 años lleva su primer libro "Para ángeles y Gorriones" al redactor de La Nación, Teófilo Cid de 42 años
JORGE TELLIER escribió en 1967
La primera vez que vi a Teófilo Cid fue en el brumoso fondo
de la sala de redacción de un periódico. Allí él escribía esos artículos que yo
seguía como los episodios de las viejas seriales
Fui a ver a Teofilo Cid para llevarle mi primer libro de
poemas, Para ángeles y gorriones, 1956. Nada más como una tarjeta de
presentación. Me sorprendieron su aspecto indefenso, de niño mirando al vacío,
su compuesta voz, su inesperada afabilidad. A la semana siguiente apareció un artículo
sobre ese libro primerizo, el único articulo (perdonen la vanidad) en donde se
hablaba del trasfondo de lo que yo, el adolescente de ese tiempo, había querido
decir.
TEILLIER, UN POETA DE LA OVACIÓN
(Por Teófilo Cid. Diario La Nación, 7 de abril de 1957).
No acostumbro escribir
acerca de las
frecuentes meditaciones que tengo del problema poético. He juzgado
siempre con recelosa actitud las
abundantes notas críticas
escritas en torno a los
libros de poesía, malamente así llamados en razón de
que han sido redactados en renglones cortos, con grave atropello de las
virtudes principales de la prosa. En estos libros se
refugia, por lo
general, el pensamiento
incapaz de expresarse discursivamente enhebrado, tan
sólo en la urdimbre fantasiosa de lo alógico y lo descomunal. Tanto se revela
esa inferior calidad mental en muchos de nuestros soi-dissant poetas, que tengo
por costumbre higiénica el mirar cada nuevo libro de versos que aparece a la
luz pública con zozobra y sospecha. Mala fortuna para el hombre que debe o se
fabrica el deber de revisarlos y comentarlos. Los libros de versos no se
redactan, se viven desde adentro y se
encarnan, por decirlo
así, en la
vida misma del
hombre que antes de escribirlos se ha condenado a una
especie de ostracismo cívico.
Contemplar la vida no es lo mismo que vivirla, ni tiene
accesión civil de ninguna clase a los compromisos que atan a los que se empeñan
en configurar eso que se llama "hacerse un lugar en la vida". El
hombre que verdaderamente ha sentido el goce -que a veces resulta dolorido de
la poesía llega siempre atrasado a los postres de la existencia. Su forma de
existir interior le impide reconocer las bondades del mundo práctico y
corriente, por más que a veces las cante y celebre.
Confieso que mi filiación en materia de poesía es dolorida y
de carácter algo lágnico. Creo que los cantos más bellos son los desesperados,
coincidente como soy de la herejía baudeleriana y estoy distante de considerar
que las relaciones morales que actualmente rigen a la humanidad sean dignas de
encomio y celebración. Los versos epitalámicos y de bautizo y los cantos a la
clase obrera intentados por más de un bardo de almanaque me parecen todos ellos
una feroz pamplina. Optimismo, tal como lo consideran algunos, en buenas
cuentas, es mal acicate para espolear a Pegaso.
Sin embargo, y bien entendida esta posición, no deja de ser
notoria la existencia de una
poesía que podríamos
llamar de la
ovación. Mi buen amigo
Rosamel del Valle
la habría llamado
de la adoración.
Cuestión de términos, al cabo.
Existen poetas cuyo fin es loar y aderezar la vida, bien que esta los
nazca, como ciertas plantas maravillosas, turbia colaboración de légamo.
Se ha dicho más de una vez que el poeta siente la nostalgia de otra vida
más legítima y
ordenada. Los poetas
de la ovación
tienen la fortuna de sorprender
los verdaderos ritmos, las genuinas armonías, en un mundo que a los demás se
nos ofrece, por desgracia, disoluto y anárquico.
Jorge Teillier pertenece
a esa clase
de dichosos seres
nacidos para destacar, precisar y
delinear con claridad las obscuras percepciones vitales. Los gestos de los
seres —humanos y bestias; los olores y las imágenes del paisaje; los
reductos familiares y
humanizados por el
recuerdo instado y permanente;
y, en fin,
la propia conciencia
de estar vivo—
conciencia adquirida en forma
cultural y no
meramente zoológica, como
le ocurre a muchos,
todo eso es
materia que le
llena de un
melancólico regocijo. Nombrar, se
ha dicho, es
poetizar; Teillier se
goza en una
especie de sustantivación del
mundo que lo ha formado.
¡Y qué mundo!
Es el mío
también. Como en
ningún otro libro
he reconocido «románticamente» el paisaje; en los otros cantores de esta
tierra natal se evadieron los contactos particulares en retóricas abstracciones
que nada dicen al corazón. Mientras leo:
«Y horas que sean
reflejos de sol en el dedal de
la hermana,
crepitar de la leña
que se quema en la chimenea
y claros guijarros
lanzados al río por un ciego».
Es evidente que Teillier no alienta ningún deseo de
deslumbrarnos con la novedad de la imagen. De este respecto estamos ya bastante
amagados por la fulguración imaginativa de otros poetas. El que ahora nos
preocupa no crea la imagen como una realidad separada, en el sentido
creacionista de un Huidobro, por ejemplo, sino que la abre hacia la realidad
descrita, de tal manera que, para
sentirla como bella,
debemos invocar la
belleza de la realidad que la inspiró. Es frecuente en
su libro esta participación vital entre su pensamiento y lo real. He sentido
acaso en forma muy especial dicha relación porque soy hijo del mismo paisaje:
«Era un puerto donde desembocaba el trigo.
Terminaba su viaje en el molino
la espiga, transformada en bella harina».
Poesía de la celebración. El poeta tiene veinte años o algo
más. Está en la edad en que hasta los dolores son bellos, y:
«Qué importa recordar que una
vez cerramos la puerta de nuestro cuarto
para llorar con el rostro oculto entre las manos.
El aire, dice que una vez sonreímos por nada,
y que nos conoce, desde ante que supiésemos quiénes somos…»
Me satisface que haya aparecido por lo menos una voz cruda,
exenta de la fatigosa endemia mental que parece perseguir a tanto poeta como
hay en el país. Perfectos padres de familia, buenos imponentes del seguro, a
quien los fantasmas acosan
desde el malhadado
instante en que
se ponen a escribir. Uno olfatea la mentira detrás de
la vacua retórica.
No son desesperados
los cantos de
Teillier, pero no
por eso menos bellos. Él nos dice su verdad y eso es
lo que maravilla.
lunes, marzo 02, 2026
El joven Bernardo Por Omar Pérez-Santiago Revista Off The Record, marzo 2026. Ilustración: Luis Martínez Solorza
Cádiz, 1800. Bernardo O'Higgins cumple 22 años en la ciudad trimilenaria, frente a su mar antiguo, con el corazón en fuga y los bolsillos vacíos.
Está confundido, sí. Está pobre, también. Solo y sin dinero. Pero vive. Y eso, aunque aún no lo sepa, es ya una forma de esperanza.
No tiene noticias de su madre, Isabel.
De su padre, Ambrosio, sabe poco: apenas un recuerdo lejano. Nunca responde sus cartas.
Malvive en casa de su tutor, el opulento Nicolás de la Cruz, Conde de Maule por compra de título, millonario por herencia y comercio. Desde su palacio frente a la plaza de la Candelaria, Bernardo contempla una riqueza que no le pertenece.
Está desolado.
Entonces escribe a su madre:
«Le pido por aquel amor de madre debido a un hijo…»
Y toma una decisión que le nace desde el fondo del pecho: volver a Chile.
Zarpa el 3 de abril de 1800 en la fragata Confianza. Pero el viaje muere al nacer: un cañonazo, dos corbetas inglesas enemigas, la rendición. Es llevado a Gibraltar, donde lo liberan.
Comienza su peregrinaje.
Sin comida, sin dinero, en harapos, camina cuarenta kilómetros hasta Algeciras. Ruega por un pasaje de vuelta a Cádiz. Lo consigue. Regresa maltrecho. Golpea otra vez la puerta de Nicolás de la Cruz.
—Sosténgame mientras consigo pasaje a América.
Pero el destino aún guarda pruebas.
Una corbeta llegada desde La Habana trae la fiebre amarilla. Los hospitales colapsan, el horror se instala casa por casa. Mueren más de diez mil personas. El pueblo implora al Nazareno del Amor.
Las familias ricas huyen. Nicolás parte hacia Sanlúcar de Barrameda, a orillas del Guadalquivir.
Bernardo lo sigue.
Y allí, como un golpe bajo, la enfermedad lo alcanza.
Su piel amarillea. Vomita negro. Le dan infusiones, lavativas. Nada funciona.
Llaman a un sacerdote. Lo unge.
—Adiós, Bernardo.
Colocan un ataúd barato al pie de la cama.
Mueren miles en Sanlúcar. Se improvisan cementerios. Se queman pertenencias. La muerte camina libre por las calles.
Bernardo se apaga.
Nicolás de la Cruz sentencia:
—Está perdido.
Pero desde lo más hondo, apenas audible, Bernardo responde:
—No. No quiere morir.
Y entonces ocurre lo improbable.
Aparece Felipe Hoche, médico irlandés y viejo amigo de su padre. Desinfecta la habitación, le da quinina —la corteza que los incas ya usaban contra la fiebre—. La temperatura baja. El cuerpo resiste.
Contra todo pronóstico, Bernardo vuelve.
Sobrevive.
Pero la vida aún le exige coraje.
Su tutor le comunica:
—Tu padre está indignado. Dice que no has hecho carrera. Ya no te reconoce como hijo. Quiere que te eche.
Bernardo queda en silencio, con el estupor del hijo herido.
Le escribe una carta feroz y dolida:
«Yo, señor, no sé qué delito haya cometido para semejante castigo. ¡Una puñalada no me fuera tan dolorosa!»
La carta nunca llega.
Ambrosio muere en Lima, a los 81 años. Y quizá, al borde de su propia noche, comprende. En su testamento deja la herencia a Bernardo.
De pronto, el joven enfermo, errante y humillado, ya no es pobre.
Ahora es rico.
Ya no será más Bernardo Riquelme, el huacho.
Ahora será Bernardo O’Higgins.
Y todo lo que ha sobrevivido —hambre, guerra, fiebre, abandono— comienza a cobrar sentido.
Porque no era para morir en una cama extranjera.
Era para quedarse.
Era para levantarse.
viernes, febrero 27, 2026
Oh Sole Mío. Qué día de emociones.
| Héctor Gallardo Mackenzie |
La primera vez que visité las ruinas de Pompeya fue a mitad de los años 80. Lo hice con el que fue mi suegro, Héctor Gallardo Mackenzie, un gran hombre, muy alegre y fanático de la historia.
Un plato exquisito.
Alguien tocaba en el piano la música de la popular canción napolitana: Oh Sole Mío.
Qué cosa bonita. Qué grato ambiente. Qué día de emociones.
De pronto, una delgada y joven japonesa que estaba comiendo al fondo del restaurant, se levantó y empezó a cantar Oh Sole Mio,
Che bella cosa, na jurnata'e'sole
N'aria serena doppo na tempesta
Oh. Su voz espléndida llenó la trattoria de auténtica nostalgia napolitana.
Noto que mi suegro se emociona mucho.
Y de pronto ella la japonesa llega al estribillo:
Ma n'atu sole cchiu' bello, oi ne'
'O sole mio sta nfronte a te
'O sole o sole mio
A Héctor se le caen unas lágrimas de emoción al plato de pasta.
También me emocioné yo.
También lloro.
Esa mezcla de intensa melancolía y alegría.
Qué inolvidable día de emociones...
jueves, febrero 26, 2026
Una triste calamidad. Morir en la Arena de Leonardo Padura
La novela me la prestó mi amigo Raúl Aedo Riffo. A las tres páginas de lectura ya estaba enganchado con la historia. Diré más bien, atraído con el lenguaje de Leonardo Paduro. Directo y divertido. Así hablan los cubanos, pensé. Rodolfo es un jubilado que le gusta el ron, come quimbombó con plátano, se acuesta con una novia llamada Yunisleidis, una culigorda.
lunes, febrero 16, 2026
Gramsci - lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer:
§ <34>. Pasado y presente, El aspecto de la crisis moderna que es lamentado como "oleada de materialismo" esta vinculado a lo que se llama "crisis de autoridad". Si la clase dominante ha perdido el consenso, o sea, si no es ya "dirigente", sino u nicamente "dominante", detentadora de la pura fuerza coercitiva, esto significa precisamente que las grandes masas se han apartado de las ideologías tradicionales, no creen ya en lo que antes creían, etcetera. La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos mas variados.
Cuadernos de la cárcel Antonio Gramsci 1930
domingo, febrero 15, 2026
sábado, febrero 14, 2026
STIG DAGERMAN 1923-1954. UN ESCRITOR PRODIGIO SUECO DEL DOLOR Y LA ANGUSTIA. Por Crister Enander
STIG DAGERMAN 1923-1954.
UN ESCRITOR PRODIGIO SUECO DEL DOLOR Y LA ANGUSTIA.
Por Crister Enander
Destacado escritor, ensayista y crítico sueco.
— Versión en español de Omar Pérez-Santiago —
... . . . . . . . . . . . . ::.:...:.:
París, 1948. Stig Dagerman escribe a tientas. Acompañado por su esposa Anne-Marie —una anarquista alemana de 24 años— y sus dos hijos, cruzaron Dinamarca, Alemania y Holanda con un plan ambicioso: establecerse un año en Francia.
A sus 25 años, Dagerman habita la cima del éxito. En su Suecia natal ya ha sido ungido como un genio; todo lo que toca se convierte en oro literario.
Todos —o casi todos— lo adoran.
Es una figura ubicua: en los círculos sindicalistas se le sigue como al redactor comprometido del diario anarquista Arbetaren; en los salones burgueses se le convoca como el testigo sufriente de la posguerra, capaz de dar voz a la angustia tórrida que crece bajo la sombra de la bomba atómica. El Dramaten, el teatro nacional más importante de Suecia, le encargó obras de teatro y su rostro aparece a menudo en la prensa sensacionalista. Es la mega estrella literaria de su tiempo.
Un prodigio venerado, con el dolor como especialidad.
Es pleno verano y el escenario parece idílico. La familia está muy feliz. Stig Dagerman tiene su vida en sus manos. Pero los días en Francia pronto derivan en tedio. Generalmente es infeliz y lo atormenta cada día una creciente conciencia culpable. El tiempo se agota y escribe muy poco.
Pese a ser corresponsal del diario Expressen y tener un contrato con la editorial Norstedts para un libro de reportajes titulado Primavera francesa, el autor de Otoño alemán se encuentra en un callejón sin salida. Vagabundea solo por París, registra rostros y escenas, pero el motor creativo se ha detenido. Hay un punto muerto. Es un callejón sin salida. Debió de ser un shock para Stig Dagerman.
"Solo hay una persona en el mundo en la que puedes confiar, y esa persona eres tú mismo", escribe por entonces. "Es un pensamiento terrible, pero al reflexionar sobre él un rato, te das cuenta de que también es un pensamiento tranquilizador. Mientras puedas confiar en ti mismo, nada está perdido. Todo solo se pierde cuando te das cuenta de que ni siquiera puedes confiar en ti mismo".
La cita es premonitoria. Siete años antes de su muerte, Dagerman ya vislumbraba que esa desconfianza sería su perdición. En ese vacío, comenzó a abrir, de forma recurrente, la vía del suicidio como escape de lo que llamaba "la prisión de la vida".
En su novela Niño quemado (1948) inició un diálogo frontal y público con su propia muerte inminente. A la vez, sentía una necesidad extrema de esconderse, de proteger la personalidad oculta de su alma y los acuciantes problemas existenciales tras una coraza dura e impenetrable.
En La isla de los condenados (1946) ya había expuesto el terror a que alguien viera tras su coraza. En Kymmendö, una isla del archipiélago de Estocolmo, en la cabaña que fue refugio creativo del escritor August Strindberg, escribía en una suerte de embriaguez inconsciente, alcanzando estratos del subconsciente donde la decencia de la vida palidecía ante la liberación de la muerte.
«¿Qué es toda la literatura comparada con un único suicida con talento? ¿Qué significa la decencia de la vida comparada con la decencia de la muerte?», escribe Dagerman. Solo en la muerte vio un camino hacia la liberación, la única manera de librarse del sentimiento de culpa que creía haber cargado consigo durante casi toda su vida. Y el calambre al escribir solo empeora.
1948. Publica la novela Niño quemado, su penúltimo libro. Solo tiene veinticinco años y ya tiene el futuro a sus espaldas.
En 1949 escribe la divertida novela Complicaciones nupciales.
Y entonces se acabó. El tormento, el calambre y la ansiedad lo dominan.
Se siente atraído por la muerte como una polilla nocturna a la llama ardiente de una vela. Lo atrae y lo seduce. Allí ve su salvación, su camino para escapar del calambre al escribir, la apatía y el aterrador vacío que constantemente encuentra en su interior. Stig Dagerman parece haber perdido el contacto con sus sentimientos.
Sonríe a la gente que conoce, pero solo sonríe porque sabe que debería sonreír. Es amable solo porque eso es lo que se espera de él.
La vida social se ha convertido en teatro. Interpreta el papel de un ser humano. Lo atormenta. Le duele. La falsedad que constantemente ve en sí mismo le provoca un enorme asco. Un disgusto consigo mismo.
1954. Unos meses antes de morir, Stig Dagerman le escribe una carta a su segunda esposa, la famosa y brillante actriz Anita Björk, quien se encontraba en Berlín rodando la película Gente de Noche. Le pide perdón. "Querida Anita, perdóname por todas las estúpidas palabras, no las digo en serio. Es solo que cuando llevo un tiempo solo aquí, me invade la amargura y pienso que no hice todo esto para estar solo, sino para encontrar compañía. Ayer quise morir y lo hice creyendo que nadie me echaría de menos, salvo, como mucho, unas cuantas novelas mediocres; al llegar a casa, cerré la válvula siguiendo todas las reglas del arte del suicidio y me dormí con el corazón entumecido, pero esta mañana me desperté igualmente, mareado y con los pulmones quemados, pero al menos con algo de vida. Ahora no volverá a suceder.”
5 de noviembre de 1954. Tenía 31 años. A las 2 de la mañana bajó al garaje. Iba a conducir su auto hasta el Park Hotell, donde se alojaba mientras reparaban su habitación en la torre de su hogar.
Stig Dagerman solo llegó al garaje. Allí lo encontraron unas horas después con todas las puertas y válvulas cerradas y el motor en marcha.
Todo indica que en el último momento se arrepintió e intentó salir.
Pero ya era demasiado tarde.
viernes, febrero 13, 2026
martes, febrero 03, 2026
Sinners de Ryan Coogler. Sorprende con una comunidad de sentido, música y baile: el blues. Pero se horada y se diluye en lo de siempre.
lunes, febrero 02, 2026
El cautivo de Alejandro Amenábar. Débil trama queer. Pero más aburren los españoles en las redes, nerviosos discuten sobre si Miguel de Cervantes era gay
domingo, febrero 01, 2026
Bugonia de Yorgos Lanthimos. Era del cine pesimista. A nadie le importamos un carajo.
Cerebral sátira sobre la indecencia corporativa y la paranoia de dos adictos de Instagram. Dos jóvenes que quieren eliminar el deseo.
Con Emma Stone y Jesse Plemons.
Con estas rocas trasfiero un mito. Aka Niviâna, poeta Inuk de Groenlandia. Revista Off The Record, febrero 2026
Aka Niviâna escribe poesía chamánica. Teje un susurro con el espíritu del agua, las
ballenas, los osos polares; fueron creados con tierra y agua. Su voz poética es
una alerta sobre el cambio climático, el entendimiento con la vida y sus leyes
de transformación. También sobre el colonialismo, los derechos de un pequeño
pueblo de pescadores y sus almas pacíficas que habitan el frío.
Groenlandia obtuvo el estatus de autogobierno en 1979. Se
convirtió en autónoma en 2009, después de casi trescientos años de dominio
colonial danés. Aunque Groenlandia es cincuenta veces más grande que Dinamarca
y uno se demora 4 horas y media en avión desde Copenhague a Nuuk.
Groenlandia fue periférica de los principales centros
políticos y culturales del mundo. Hoy, sin embargo, durante el veloz año 2026, esta
vasta isla y sus 56 mil habitantes está en el ojo de una tormenta dual.
UNO, el infierno. El planeta arde. Groenlandia está
afectada, como el planeta, por el cambio climático y el calentamiento global. El
año 2025 fue el año más cálido jamás registrado en el mundo según el
observatorio europeo Copernicus. Así como en Chile se queman bosques, hay un
fuego que licúa rápidamente la nieve, el alma de Groenlandia.
DOS, la ambición. Groenlandia es hoy el botín de un
conflicto sordo por sus recursos naturales y el dominio de su vientre mineral.
Trump sostuvo que anexará a Groenlandia.
—Quiero Groenlandia: su ejército son unos trineos tirados
por perros, dijo Trump con su traje neoimperialista.
Parece una broma, pero convertirlos en vasallos es un
delirio que palpita en el aire gélido. Ya
nada volverá a ser como antes. Ante la vasallización,
en las calles de Nuuk el pueblo inuit rompió el silencio con su verdad: "Groenlandia
es de los groenlandeses".
Hay estrés en el ambiente. El vértigo de una civilización
que se desploma, una colosal caída histórica y cambio de ideas. Hay
un temor de que su cultura sea exterminada, un presagio de dolor que nubla el
horizonte. Aunque en la grieta de la incertidumbre, algunos atisban la luz de alguna
oportunidad de desarrollo propio.
La voz de Aka Niviâna es un llamado, un despertar del hielo
que se niega a desaparecer.
—Es hora de levantarse, dice Aka Niviâna en el poema
"Rise".
Con
estas rocas transfiero el eco de un antiguo mito,
que
ha rodado por siglos.
Invoco
a Sassuma Arnaa, la que habita el abismo,
Madre
del Mar, custodia del mundo su pulso original.
Descifra
el hambre oscura, la codicia
que
nos roe el pecho como una herida.
Cada
ballena que surca el frío, cada lágrima de río,
cada
iceberg es de su propia sangre un latido.
Pero la Madre ante el agravio nos devuelve
el
espejo de nuestra obra: furia y de justicia.
¿Merecemos
el llanto, el derretimiento del glaciar?
¿Es
el oso polar muerto de hambre en nuestras orillas?
Los
icebergs colosales ahora golpean estas aguas con furia.
Dime,
¿merecemos a la Madre que viene a reclamar,
nuestra
vida, nuestra morada?
Mi versión en español
sábado, enero 31, 2026
“Sirât”, película de Óliver Laxe no ganará un Oscar
Odiseo era "un hombre complicado" según Emily Wilson
viernes, enero 16, 2026
Dinamarca. “Invocación”, hermoso salmo del poeta danés, Michael Strunge. Traducción de Omar Pérez-Santiago.

En 1980 el poeta danés tenía 22 años cuando publicó este poema.
Es el primer poema de su libro Recuerdos del Futuro (Fremtidsminder).
Michael Strunge
Invoco, pues, las imágenes primordiales y las visiones
del ayer; reclamo la clarividencia y la lengua nueva. Invoco la intuición pura,
el asombro que habita en el niño, la herencia de los ancianos y el fuego que desean
los jóvenes. Traigo ante mí el vientre de la experiencia y el clamor de las
mujeres.
Invoco la obra y el denuedo para llevarla a su gloria; el
onirismo secreto de las plantas y la sagrada urgencia de los animales. Bendigo
el nacimiento de los ingenios y el color que viste los muros, allí donde la
noche celebra sus victorias.
En mi memoria habita la guerra: el rastro de la sangre y
el pavor en las pupilas, el aliento gélido que exhala la tiniebla. Anhelo el
reposo, el retorno al presagio; pues mis ojos miran hacia el mañana y mi morada
es el tiempo venidero. Porque el pasado es polvo y el presente un espejismo que
se desvanece.
Ebrio de nacimientos de visiones, herido por los
recuerdos de la pena, habito el tiempo de la premonición, que es el tiempo del
aprendizaje. A ti te llamo, Ángel mío, fuego de mis ojos, mi amada. Predilecta:
despliega tus alas y trae contigo el milagro. Regresa, y colma el vacío del
mundo con tu plenitud.
Y he aquí que respondes, y la creación se transfigura.
Son otras las flores, es otra la luz y el verbo se hace imagen; se restauran
los sueños descoloridos y el orden de las cuatro estaciones vuelve a su cauce
eterno.
lunes, enero 12, 2026
domingo, enero 11, 2026
El arte del saber ligero: Una breve historia del exceso de información. Nueno Xavier
viernes, enero 09, 2026
domingo, enero 04, 2026
V. Origen del Fuego. Eferencias Parra. Por Pérez-Santiago. 2012.
1. Eferentes de la PLACA PARRA
Nicanor
Parra con “Poemas y antipoemas” en 1954 le da impulso definitivo a una nueva y poderosa escuela irónica, sarcástica y
descreída que, junto a la poesía coloquial, se adueñan del espacio poético por
casi cincuenta años.
Así fue naciendo una corriente imponente, el coloquialismo o poesía
narrativa. Cotidianidad e ironía frente a la Placa
Neruda, placa épica. Era la antipoesía de Nicanor de Parra y la poesía
conversacional que se funde con elementos surrealistas como en Enrique Lihn.
Enrique Lihn con su obra La pieza oscura (1962) ya se inscribe en el
coloquialismo o poesía situada o en los recursos de la oralidad, aunque más
apasionado y menos burlona que Parra. Del mismo modo ocurre con Armando Uribe
Arce (n. 1931) y Jorge Teillier (1935-1995). Se alejan de la Placa Neruda, por
el uso del habla cotidiana o conversacional, pero desposeída de la risa ambigua
de Parra.
1. Marco
poético internacional internacional. Poetas hacen su revolución.
Estaba el Beat. Howl (Aullido) de Allen Ginsberg
(1956), están por la ruptura y la bohemia vitalista y sueltan el verso libre,
optan por el conversacionalismo y/o el coloquialismo, el relato autobiográfico.
En 1952 con el grupo Noigrandes (Haroldo de Campos (1929-2003) y Décio Pignatari (n. 1927) fundan el
concretismo literario. Y en Europa en 1953 aparece el manifiesto "For
Concrete Poetry" del primer artista multimedial sueco, Öyvind Fahlström (Sao Paulo, 1928 - Estocolmo, 1976) y las
"Constelaciones" de Eugen Gomringer (n.1925), poeta suizo nacido en
Cachela Esperanza, Bolivia. La Poesía Concreta se centró en la palabra y la valorización del "espacio gráfico
como agente estructural". Es decir, eran afiches realizados con letras.
Así nació también la poesía Neoconcreta, de Ferreira-Gullar y la poesía
Espacial de Wlademir Dias-Pino que dió origen al Poema Semiótico y al
Poema/Proceso.
2.Nadaísmo
Algunos colombianos inventaron el Nadaísmo (“No hace nada, pero
existe”) un movimiento anárquico fundado
con el "Manifiesto Nadaísta".
Gonzalo Arango (1931-1976), periodista y
bibliotecario, estaba en Cali, sin un peso y sin ningún triunfo, pensó en
regresarse para Medellín. “pero un paisa no puede volver sin nada” se dijo así
mismo y como nada tenía, le dio status a esa nada y fundó el Nadaismo y con eso
regresó a Medellín. Con un movimiento basado en la Nada con el que pretendía,
desde la poesía, cambiar el país. Entonces se le pegaron Amilkar U., Jotamario
Arbeláez y el 20 de junio de 1958 en el Bar Olivos de Medellín lanzaron su
manifiesto Nadaista.
A la poesía había que sacarla de los libros.
Entonces hicieron volantes y manifestaciones, pegaron afiches y pisotearon
ostias. La gente decía que se dedicaban a orgías satánicas, pero más que todo
parrandeaban. Su movimiento fue celebrado por la juventud de los sesenta y
criticado por la iglesia y el gobierno. Desde la
quema simbólica de libros en la Plazuela de San Ignacio hasta la herejía
cometida en la Basílica Metropolitana con las hostias, los nadaístas se
proponían abrir los ojos de una sociedad encismada en un falso moralismo y el
te a las 5 de la tarde. Actos públicos que le ameritaron más de una visita a la
cárcel, lugar que no en vano sirvió para escribir una de sus obras, “Memorias
de un presidiario nadaísta”.Entonces la muerte encontró a
Gonzalo Arango en una carretera.
Pero, para que
ustedes reafirmen la idea de que nada es casual una de sus participantes es la
chilena Raquel Jodorovski (n. 1937), hermana de Alejandro. Los nadaístas
propusieron la desacralización del orden establecido tanto en el plano
literario como en el de la acción política y social. Uno de sus integrantes,
Eduardo Escobar, caracteriza al movimiento por su "gusto [al] escándalo"
(Jaramillo Agudelo 757), y Juan Carlos Galeano, señala que estos autores
preferían abrazar su nueva religión:
'la literatura como un ocio', como lo afirmaba Jota Mario, y una vida
errante en los bares y cafés como El Metropol, La Bastilla, La Clínica Soma;
una peregrinación a la que agregaban su búsqueda del amor libre, el consumo de
marihuana y LSD.
3.
Coloquiales de los años 60
Luego el coloquialismo cubano, el exteriorismo nicaragüense y la poesía
conversacional,
El coloquialismo y el conversacionalismo, y sus referencias
internacionales: Ernesto Cardenal, Carlos Germán Belli, Juan Gelman que
privilegia el habla de barrio, Antonio Cisneros, Mario Benedetti, Ginsberg,
Fellineti y Jack Kerouac).
América Latina se llenó de poesía conversacional, prosa breve,
documentalismo, neosimplismo y concretismo: los poetas del coloquialismo
cubanos de los años 60, los mexicanos Efraín Huerta, Rosario Castellanos, Jaime
Sabinas, José Emilio Pacheco. Efectivamente esta poesía tendría su mayor auge
en los años 60 y 70, ligándose a los movimientos juveniles y contestatarios.
Hippies y pacifistas.
La poesía parriana del contradiscurso lírico, tuvo su pico hace treinta
años en las barricadas de la contracultura.
Allí se construyó también el culto a la personalidad poética.
4. Techo de Ballena
En un garage de una modesta casa de Caracas, un grupo de jóvenes pintores y escritores levantaron un movimiento de rebeldía
iconoclasta y agresiva que se llamaba el Techo de la Ballena. El Techo de la
Ballena es un movimiento fundamental para la vida cultural venezolana del siglo
XX.
En sus filas contó con escritores, artistas plásticos, fotógrafos,
cineastas, etc., de la talla de: Carlos Contramaestre, Juan Calzadilla,
Caupolicán Ovalles, Edmundo Aray, Francisco Pérez Perdomo, Efraín Hurtado,
Salvador Garmendia, Adriano González León, José María Cruxent, Fernando
Irazábal y Perán Erminy, entre otros. Se constituyó a comienzos del año 1961,
siendo marzo el mes que marcó el inicio definitivo con la apertura de la
exposición intitulada “Para restituir el Magma”, la cual se montó en el garage
de una casa ubicada en la urbanización El Conde, en el centro de Caracas. En su
primer manifiesto, Rayado sobre el Techo, nº 1, se dieron ciertas pautas y
premisas acerca de la “ideología” del movimiento. Ya acotaban Carlos
Contramaestre, Gonzalo Castellanos, Caupolicán Ovalles, Edmundo Aray, Juan
Calzadilla y Salvador Garmendia, en “El gran Magma” (marzo de 1961):
5.
Movimiento Tzantzicos
El año 1961, en Ecuador cuando Fernando Tinajero, Bolívar Echeverría y
Luis Corral tenían 21 años la mayoría de integrantes a la Universidad Central
llegó el poeta argentino Leandro Katz que traía toda una tendencia de la poesía
argentina de ese entonces, integrada alrededor de la Revista Airón. El
pintor cubano René Alis venía de Colombia con su esposa Elizabeth Rumazo.
Influidos por el movimiento Nadaista. se les ocurrió el nombre en una
noche de tertulias larguísimas y por supuesto matizadas con rones; salió así
espontáneamente, surgió el nombre Tzántzicos, palabra sacada de la tzantza de
los shuar. Deseaban vincular el teatro y la poesía. Planificaron el Primer
Recital Tzántzico que se realizó en Abril de 1963. Se apagaron totalmente las
luces y se oyeron los cuatro gritos, cada grito iba acompañado de un manifiesto
y encendían una vela y leíamos en papel higiénico.
En el año 63 se fueron decantando los procesos y la relación con la
política. Se llegó a un momento cúspide, con un recital célebre que se llamó
"Anfiteatro", que se hizo precisamente en el anfiteatro del hospital
Eugenio Espejo. La convocatoria era simplemente "Tzántzicos invita al
anfiteatro, participan un médico, 2 practicantes y un muerto". Más de 300
estudiantes allí metidos, fue una cosa impresionante. Uno de los poetas estaba
en la mesa de disección como muerto, era Simón Corral y 2 practicantes, yo era
el médico. Era un trabajo de happening muy bien elaborado.
6. Los
Huevos de Plata
Entre diciembre de 1965 y noviembre de 1969 unos jóvenes editaron en
Montevideo una revista que castigaba a
la generación del 45 (Mario Benedetti, Idea Vilariño, Angel Rama) y la
cultura oficial.
En un bar El Timón de la calle General Flores en 1965 Clemente Padín, Héctor Paz, Juan José Linares
y Julio Moses, fundaron la revista Los Huevos de Plata.
Fans de las corrientes surrealista, letrista, la "Beat
Generation", los poetas ultraístas uruguayos de la década del Centenario.
Asimismo difundían diversas el espacialismo, concretismo, poesía visual, las
tendencias neodadaístas, el happening, etc.
Además de literatura, en Los Huevos del Plata podemos encontrar letras
de los Beatles y de Bob Dylan.
7.Solentiname
El año 1966 Cardenal funda esa comunidad en una isla del archipiélago
de Solentiname en el Lago de Nicaragua. En esa comunidad se fomentó el
desarrollo de cooperativas, se creó una escuela de pintura primitiva que ha
sido muy apreciada en Nicaragua y en el extranjero, se creó un movimiento
poético entre los campesinos, y lo más importante de todo fue el trabajo de
concientización a base del Evangelio interpretado revolucionariamente.
En 1971 Quezada hizo un viaje a la Meca: llegó a Solentiname a visitar a Ernesto
Cardenal en su comunidad poética de campesinos en el Lago de Nicaragua.
8. Chilenos
“Yo tenía el
pelo largo que me llegaba hasta las tetillas. Yo era un hippie que hacía
Karate” G. Millán
se prolongó directamente en los poetas chilenos de los años 60 Oscar
Hahn (n. 1938), Omar Lara (n. 1941), Manuel Silva Acevedo (n 1942), Jaime
Quezada (n. 1942), Waldo Rojas (n. 1943), Gonzalo Millán (n. 1946) o Jesús
Ortega. Nueva Poesía
Chilena en elt r a t a m ien to de loe r ó t i c o , la m inim
ización dely o , la i r r e s p e t u o s i d a d en lo r e l i g i o s o y en general,
la burla,la comicidad, el hum
or, la descanonización, y en la aparición d e l m achism o y del individualism o.
Yo
rescato a Gonzalo Millán de una noche en Estocolmo, malhumorado, que estaba é
mismo harto de la poesía testimonial, lacrimosa, que se había convertido la
poesía nacional. Llorona. Gonzalo Millán no quería ser un lloron, un poeta
llorón.
9. Tribu No
1967. Santiago Chile. Se funda el grupo Tribu No con Claudio Bertoni, Cecilia
Vicuña, Coca Roccatagliatta y Marcelo Charlín, y publican su No Manifiesto.
Escribían con tizas en las paredes de Santiago "lean a Henry Miller".
Luego Vicuña y Bertoni visitaron a Miller en California. En su casa Miller
tenía entre otros afiches un recorte de un diario chileno que decía “Alguien
anda por Santiago escribiendo con tizas de colores ‘Lea a Henry Miller’ ”.
10. Infrarealistas
Bolaño y su grupo de los infrarrealistas, fundado en 1975 en Ciudad de
México conjuntamente con Mario Santiago, eran tributarios de las vanguardias de
los 60 y de la Placa Parra (y de los nadaistas y Techo de la Ballena) La
fundación del infrarrealismo fue en 1976, en un viejo edificio de las calles de
Argentina, junto a la librería Porrúa; no hubo ninguna ceremonia oficial, sólo
fue una borrachera, hubo baile y tragos; éramos como 40 personas, pero en
realidad los infrarrealistas eran como 10 "Volarle la tapa de los sesos
a la cultura oficial", consigna infrarrealista. Bolaño decía-
con esa tendencia al abuso de la hipérbole: “Para mí, Parra es desde hace mucho
el mejor poeta vivo en lengua española.” Bolaño no se alcanzaría a enterar que
su poesía sería considerada epigonal. Seguramente eso le habría dado una pataleta
en el riñon.
11. Años 80
La tragedia y desesperación contextual le quitaron a los nuevos poetas
la risa, la ironía de las generaciones anteriores, era un coloquialismo serio.
La generación poética de los años 80 sufría de insularidad. El poeta se sentía
solo y aislado, por que el poeta estaba solo y aislado, es tan simple. Se
trata, pues, de un derrumbe total. No era una dicha vivir en Sudamérica.
La fuerza de la poesía coloquial, a pesar de los cambios del
contexto, queda rebotando largo tiempo
en los poetas de los 80, en su aislamiento y su desesperación. Poesía de los 80
se sustenta mucho, por lo menos en lo grueso, en el discurso, en que descansó
la poesía de los años 60 y 70 (la actitud informal y el achoramiento
generalizado). Los años ochenta no eran los sesenta, y los poetas
adquieren la conciencia del deterioro,
del caos, de la incertidumbre, de la angustia y de la indignación, aunque todavía
estén en la Placa Parra. en su aspecto social: Eduardo Llanos, Clemente
Riedemann, Jorge Montealegre, Bruno Serrano, Aristóteles España; en su versión
amorosa: Jaime Hales y en la marginal, paródica experimental y desesperada
Rodrigo Lira y de Juan Luis Martínez cuya obra La Nueva Novela tiene sus raíces
en los Quebrantahuesos de Parra, Lihn y Jodorovsky y en Artefactos de 1972 de
Parra. Mauricio Redoles, Eric Pohlhammer
en su área divertida o paródica La mujeres adquirieron el mismo marco, eso se
nota en poetas como Teresa Calderón.
Esta poesía, es cierto,
sembró, el culto a la memoria, la decisión de luchar contra el olvido y forzó a
desarrollar la capacidad de comprensión. Textos coloquiales que ponen en escena
los destinos de sujetos devastados.
13. Fractura
en la Placa Parra
La influencia Parra, esa placa tectónica, se empezó a fracturar
lentamente. Así se comenzó a cerrar un arco de la poesía chilena: Se está bajando la Placa Parra, de dominio
largo y prolongado de la poesía conversacional o coloquial. El coloquialismo y
el prosaísmo, ha entrado al ocaso de su
enorme influencia durante los
años 50, 60 y 70. aunque todavía hay muchos poetas, como la orquesta
del Titanic, aunque el barco se hunde, no dejan de tocar la música coloquial.
El
arco desde los años 50 cuando se redistribuyen las energías poéticas se triza y
en los años 80 y cohabitan varios modos de producción
poéticos. Aparentemente sin peleas, aparentemente sin coaliciones, sin
discusiones, rebajan el nivel estético en los productos poéticos. Reaparece el yo poético, y la
poesía lírica que había excluido la poesía coloquial.
Qué nadie se confunda. Parra fue un Dios, para mí y mis amigos de
universidad. El año 1972 organizamos un operativo literario-militar para
robarnos de la librería de Moneda al llegar a San Antonio, su obra Artefactos,
cuyas raíces ya estaban en el Quebrantahuesos del año 1952.
Pero los años 90 fue algo parecido a los 80 y los 90 parecido a los 80.
Hasta aquí todo conocido
14. La sociedad cambió
Lo comenzamos a ver desde los años 80 la Placa Parra se encuentra en
todas partes como cliché y pastiche, como imagen y fetiche en la publicidad de
los objetos del mercado, patria de la cultura estetizada, multimediática,
procesual, visual, programada. Los nuevos metarrelatos- el mercado y los
medios- están cambiando las descripciones con que hemos pensado la poesía,
pues, con la estetización, entra en escena una poesía de coexistencia pacífica,
controlada, que no posee como fundamento la intencionalidad del cambio, sino la
mismidad homogénea. Poesía como estética urbana. La poesía coloquial se
hizo mercado. La poesía del ready made, la poesía coloquial o la antipoesía se
hizo marketing, letrero publicitario, diseño industrial. Esta poesía, con la vana intención de epatar
o sorprender, romper cierta solemnidad. El rol de francotirador que amaba
Nicanor Parra o de mago que amaba Jodorovski o de irreverente que amaba Lihn
son actitudes que se han transformado en productos de mercado.
15.
Temblores en la Placa Parra
Toda esta masa de poetas, poetas del fragmento, del cuestionamiento,
del desgano, del descontento, poesía discursiva, irónica, situada en su tiempo,
color local y los sucesos vulgares y pedestres, poesía anti-utópica, descreída,
castigadora de la realidad, está en crisis.
Esto
coincide con algo que tampoco se habla en Chile: la crisis de versolibrismo y
su caída libre en la prosa. Gracias al verso libre la creación poética adquirió
una libertad plena (Walt Whitman, Juan Ramón Jiménez). Ahora bien: la poesía
medida y rimada tuvo su período de crisis, pero el verso libre, sobre todo en
su expresión coloquial, lo está teniendo ahora.
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